martes, 6 de julio de 2010

La Malinche

Me dio mucha bronca la "princesita" festejando tan alegre los goles de Holanda.. con los veranos que se habrá pasado en Punta del Este...
Tendría miedo que la hicieran dormir fuera del palacio?

(foto AP)

sábado, 3 de julio de 2010

Postales de Harlem (3): Invocando al Espíritu

Una iglesia Bautista en Harlem, un domingo a la mañana. Lo que más llama la atención es la ropa de los parroquianos. Blanco inmaculado (y sombrero) para ellas, traje negro (o tuxedo?) con moñito para ellos -parecen más de la Nación de Islam según los muestran en las películas que creyentes evangélicos. Cualquier noción de "elegante sport" queda, decididamente, poco elegante en este ambiente. En lo que parece ser un universal de las iglesias en esta época, hay bastantes menos devotos de los que cabrían en el gran salón. Casi todos son adultos, más cerca de los 50-60 que de los 30.
Es inevitable no sentirse un poco como en un candomblé en Bahía. Ademas de la ropa blanca y el protagonismo afroamericano, una gran presencia de turistas -en número casi mayor al de los nativos. Los visitantes están concentrados en (relegados a) el primer piso, aunque también los hay abajo, en las filas traseras. Hay miembros de la iglesia que cuidan de su comportamiento. El trato es a veces amable, a veces como el que se dedica a una molestia de la cual uno no se puede librar. Nunca queda muy claro si se puede sacar fotos o no, se supone que no pero muchos sacan igual -yo incluído, sin flash, total qué puede molestar? En Bahía, sin tanta distancia entre el público y los oficiantes de la ceremonia, sí sería más disruptivo. Además, si la presencia de los orixás en general no debería ser filmada o fotografiada -no por cámaras que no sean de la casa, al menos-, aquí los efluvios del Espíritu Santo seguro no alcanzan el mismo grado de sacralidad.
Me llama la atención y me agrada la fuerte participación de la congregación. Distintos miembros de la misma se dirigen a la audiencia y parecen tener distintos roles. Una pasa anuncios, otra lee el evangelio. Una tercera es la encargada de una oración poderosa, una invocación a Dios que tiene mucho de incantación; sin duda con el mismo axé de la palavra falada bahiana. Es obvio que la señora es una especialista en este tipo de oración, no todos deben tener el mismo poder de llamar la atención del Señor. Como en cualquier performance afro-americana, sobresale el call and response: los "Hallelujah!", "Thank you God!" o "Amen! se suceden a cada momento.
No hay cruces en las paredes, claro, porque aquí el momento más importante no es la crucifixión ni aún la muerte/resurrección de Jesus, sino su mensaje, su presencia interna y su continuada capacidad de obrar milagros.
Una banda musical -con varios músicos e instrumentos- ubicada arriba a la izquierda, dominando el salón, no sólo acompaña las canciones: sus diversos instrumentos acentúan también partes de las oraciones.
Cuando llegan las canciones religiosas, se puede observar qué tanto han influenciado la música moderna. Pese a escucharlas en vivo por primera vez, uno no puede sino sentir que esta música, de tan familiar que resulta, es decididamente secular. Pero el tránsito ha sido a la inversa: no del mundo hacia las iglesias, sino de las iglesias hacia el mundo (profano) -como bien muestra la película Ray.
En un momento dado aparece un gran afro-norteamericano vestido de riguroso smoking. Algo teatralmente, se pone guantes blancos. Empieza a hacer unos gestos que parecen una extraña pero bella danza de manos que acompaña la música. Sin embargo, está señalando, de manera poética, que debemos (los extranjeros) levantarnos e irnos. No pronuncia palabra pero sus gestos son elocuentes: lo que sigue de la ceremonia es absolutamente privado. Otra de las parroquianas se para frente al micrófono, y agradece entonces la presencia de los visitantes, y les desea bienestar y felicidad, y que se lleven algo del mover del Espíritu que han presenciado.
Uno espera que la presencia de tanto observador foráneo sea menos una intrusión que una muestra de aprecio por un legado que -más allá de lo espiritual- ha afectado de manera decisiva gran parte de la música contemporánea.....

Incantación

No se ve ni se escucha tan bien -la acentuación de la oración por parte de los distintos instrumentos musicales dificulta su comprensión- pero da una idea de la multidimensionalidad del rezo/invocación/incantación.

La señora que está al medio reza pidiéndole distintas bendiciones a Dios, la que está a su izquierda va reafirmando, a la manera de call and response, sus pedidos. La música acentúa distintos momentos de la oración...

miércoles, 30 de junio de 2010

Los negros y la revolución de Mayo

En su grupo yahoo "Esplendor Afro-Argentino", Pablo Cirio pasó el dato de este interesante artículo de la conocida antropóloga/historiadora franco-argentina (argentino-francesa?) Carmen Muñoz Bernand. Vale la pena leerlo.

Batalla de Chacabuco, óleo de José Tomás Vandorse C. (1850). Museo Histórico Nacional de Chile
"Un cuadro pintado por Tomás Vandorse en 1850, y expuesto en el Museo Histórico de Santiago de Chile, representa la batalla de Chacabuco. En él toda la infantería de las Provincias Unidas es mulata o negra." (del artículo de Bernand)

Los olvidados de la revolución: el Rio de la Plata y sus negros
por Carmen Bernand

Resumen:
Los esclavos negros, los pardos y los hombres libres de color participaron activamente en una serie de combates patrióticos que desembocaron en las luchas por la independencia a partir de 1810. La primera actuación de relieve fue bajo las órdenes del capitán general don Pedro Cevallos, en la toma de Colonia de Sacramento, contra Portugal, episodio con el cual fue inaugurado el Virreinato del Rio de la Plata. Las invasiones inglesas en 1806 y 1807, y las luchas por la independencia principalmente como soldados del Ejército de los Andes. Los diferentes ejemplos son reveladores del patriotismo de estos hombres, posteriormente olvidados por la historia oficial. Sin embargo, y a pesar del heroísmo de muchos de estos soldados, la integración social a la patria fue difícil a partir de los años 1820 y la abolición de la esclavitud no fue promulgada por la Revolución.

El artículo se puede bajar de:
http://nuevomundo.revues.org/58416

Fuente de la imagen: http://www.bernardoohiggins.cl/chacabuco.html

¿Negros, afroargentinos, afrodescendientes?

Dice Carmen Bernand en la nota 6 del trabajo que menciono arriba;

"Empleamos la expresión « negros » por ser la que se utiliza en la época. Jamás se habla de « afroargentinos », término moderno que implica una unidad que nunca existió en el pasado. Si en cambio de « africanos » después de 1810, para distinguirlos de los « americanos ». Sin contar que la « Argentina » como tal tampoco existe en esa época."

lunes, 28 de junio de 2010

Postales de Harlem (2) - Harriet Tubman

En una visita a Nueva York en diciembre del 2008, paseando en ómnibus por la parte oeste de Harlem, me llamó mucho la atención una poderosa estatua de una mujer afroamericana. Viéndola de pasada, probablemente por el turbante en su cabeza, pensé que quizás sería un monumento a una especie de líder religiosa –dada la creciente popularidad de la santería afrocubana, ahora devenida “orisha religion” entre los afronorteamericanos. A los pocos días volví al barrio, pero no la pude encontrar.
Al regresar a Buenos Aires, e internet mediante, pude enterarme no sólo de su ubicación, sino también de a quién y qué representaba. No se trataba de una improbable mae de santo vernácula, pero la formidable estatua había sido, de todas maneras, inspirada por una poderosa mujer con una notable historia detrás.
Cuando volví a Nueva York hace unas semanas, una de las primeras cosas que hice fue visitar Harlem de nuevo y fotografiarla.
La escultura, que está ubicada en el cruce de Frederick Douglass Boulevard, St. Nicholas Avenue y la calle 122, representa a Harriet Tubman (1820?-1913), una afronorteamericana esclavizada que pudo escapar de su condición huyendo hacia los estados del norte. Una vez allí, no conforme con su nueva libertad, retornó a su lugar de origen, para rescatar a sus hermanos y sobrinos, que continuaban en cautiverio.
Devenida ya en liberadora de sus hermanos, realizó un total de trece viajes al sur, guiando a más de 70 compañeros hacia la libertad (primero a los estados norteños norteamericanos, luego, cuando fue necesario llevándolos hasta Canada). Otros sesenta o más también pudieron evadirse gracias a sus precisas instrucciones sobre la ruta a tomar. Tubman aprovechó la existencia del Underground Railroad , una red compuesta por negros libres, abolicionistas y cristianos blancos (generalmente Quákeros) que albergaban a los fugitivos, ayudándolos en las distintas etapas del viaje. Actuando de esclavos o escondiéndose durante el día, viajaban de noche, principalmente cuando éstas se hacían más largas, durante los crudos inviernos. La incansable Harriet tuvo más tarde una activa participación en la Guerra Civil, y cuando ésta terminó, se convirtió en activista por el sufragio femenino.



Si la necesidad de un homenaje público a esta valiente mujer está fuera de duda, las características de la estatua de la artista Alison Saar –y la forma de su emplazamiento- despertaron un agitado debate en la comunidad, parte del cual se puede seguir en internet. Por un lado, las raíces que salen de la parte posterior de la estatua despertaron dísimiles interpretaciones. Según algunos, el andar decidido de Harriet en busca de la libertad (propia y luego de sus seguidores) era tan fuerte que podía arrancar raíces del suelo. Para otros, representan sus propias raíces en el Sur donde nació, o su labor pionera que sirvió de raíz para los valores norteamericanos de la libertad y la igualdad.
Lo que más intensa polémica suscitó, sin embargo, fue el posicionamiento de la estatua mirando hacia el sur. Para muchos habitantes y figuras notables de Harlem la estatua debería estar mirando hacia el norte que era el horizonte de su libertad. Los defensores de la artista sostienen, por el contrario, que el monumento está bien orientado, ya que tanto o más importantes eran los viajes de Harriet hacia el sur, ya que en ellos arriesgaba su propia vida y libertad para el beneficio de sus congéneres.



Los comentaristas más cínicos se dedican a notar que, como puede observar cualquiera que ande por la zona, la estatua llega en el momento en que esta zona de Harlem -particularmente- está siendo gentrificada y muchos de los antiguos moradores han sido expulsados hacia zonas más lejanas –fuera de Manhattan.
Como sugerí en otros posteos, es emocionante ver las numerosas marcas -ahora oficiales- de la historia y cultura negra en el barrio: los nombres de Malcolm X y Martin Luther King en las calles; las estatuas de Harriet Tubman, Duke Ellington y Adam Clayton Powell. Sin embargo, son todos reconocimientos que parecen llegar cuando la población afronorteamericana está siendo expulsada –como ya sucedió otras veces, por ejemplo del Village- del mítico barrio negro de la Gran Manzana.
Así, las espectrales caras afro que asoman en la falda de la libertadora negra pueden representar no tanto fantasmas del pasado, sino del presente, y aún, del futuro….

sábado, 26 de junio de 2010

Los guitarristas negros de Carlos Gardel

El jueves, como todos saben, se cumplieron 75 años de la muerte de Carlos Gardel.
Muchos también saben que dos de los más (re)conocidos guitarristas que tocaron con él eran negros –pero me parece justo recordarlo/s.
En la foto, el Mudo entre Guillermo Barbieri y José Ricardo.
Ricardo fue el primer guitarrista del dúo Gardel-Razzano, a partir de 1915. En 1921 se les sumó Guillermo Barbieri. Ambos siguieron con Gardel en su carrera solista. Ricardo hasta mayo de 1929 y Barbieri –el guitarrista que más lo acompañó, con alguna que otra intermitencia- hasta fallecer en el fatídico accidente de Medellín. Tanto Ricardo como Barbieri, además de eximios músicos, fueron compositores de algunos de los tangos que cantaba Gardel.