sábado, 28 de febrero de 2009

Juan Velorio y el "Lobo" Nuñez en La Nación (1998)

(doble click en las imágenes para agrandarlas y leer la nota)

Revisando material de archivo encontré esta nota de la revista dominical del diario La Nación del 2 de agosto de 1998.
Vale la pena rescatarla por la entrevista al famoso y ya fallecido fabricante de tambores Juan Velorio, y al no menos conocido luthier, tamborero y activista cultural Fernando "Lobo" Nuñez. Por si fuera poco, también trae una pequeña entrevista a Marta Gularte!
La nota está muy bien (sobre todo para la época), enfatizando las propias voces de los actores.





viernes, 27 de febrero de 2009

Cursos de Antropología en FLACSO

(doble click en la imagen para poder ver los cursos)

Algo (mas?) de autobombo:
Va la lista de cursos que se dictarán este semestre en la Diplomatura y Maestría en Antropología Social de FLACSO.
Atención al curso "Raza, nación y cultura en el Mercosur", dictado por un servidor. Comienza en mayo. Habrá mas noticias al respecto....

miércoles, 25 de febrero de 2009

El "Negro Arigós" y la comparsa Los Negros Santafesinos

(doble click en la imagen para agrandarla)

A medida que crece (lentamente) nuestro conocimiento del pasado y el presente afroargentinos, aparecen nuevas figuras de hombres y mujeres que contribuyeron (o aún lo hacen) a nuestra cultura.
En este caso, la Casa de la Cultura Indo-Afro-Americana de Santa Fé invita a rememorar a un prócer del carnaval santafecino.
Homenaje al “Negro Arigos”

José Braulio Acosta era conocido popularmente como el “Negro de Arigos” o “Negro Arigos”, ya que en su lugar de nacimiento, el Barrio del Tambor en Paraná, provincia de Entre Ríos, habría servido en la familia del Dr. Arigos.
En la navidad de 1900, en el viejo almacén de don Goyo en el barrio sur de esta ciudad, donde siempre se reunía la comunidad de los afrodescendientes deciden formar la "Sociedad Coral Carnavalesca - Negros Santafecinos".
Y… comenzaron los ensayos, en la casa de Acosta, que estaba ubicada en la esquina NE de San Jerónimo y Uruguay, sobre la base de viejas canciones que el Negro Arigos recordaba y de algunas que compusieron especialmente; el éxito fue inmediato.
Cumpliendo a rajatabla su juramento hecho en un lejano carnaval en el proscenio del Teatro Municipal de Santa Fe: “Mientras tuviera una guitarra y me acompañaran cuatro negros, los “Negros Santafecinos” han de salir a la calle para estas fiestas”. Este fenómeno de cultura popular, que fue la comparsa, duró casi cincuenta años. El 16 de enero de 1951 muere Acosta y “Negros Santafecinos” deciden no salir.
El “Negro Arigos” era el soberano indiscutido e indiscutible no solo del carnaval santafesino, sino también en el seno de la comunidad afrodescendiente. Una crónica de 1933 describe así su entrada al desfile de carnaval: “El Negro Arigos no faltó a la cita del corso. La presencia del héroe inmutable de los carnavales santafesinos, cabalgaba un asno de marcha lenta y solemne, vestía chaqueta y pantalones rojos, mientras sobre la cabeza canosa descansaba un gran chambergo de paja... Las murgas a su paso enmudecían y algunos estandartes se inclinaban a sus pies, reverentes; desde las aceras lo aplaudían los niños arrojando serpentinas y el homenaje era sin duda melancólico, pues aquello también pertenecía a un pasado remoto. Cuando empezó a marchar por la calle San Martín, al paso lento de su asno, el cronista pensó en la entrada de Jesús de Nazaret”.

A 58 años de su fallecimiento hacemos este homenaje para: “reavivar el fuego de una raíz y de toda una tradición. Lo hacemos con la convicción que nosotros, santafesinos de hoy, tenemos el derecho y la obligación de recuperar esa parte sustraída de nuestra identidad”.

☻ ☻ ☻ CANDOMBE ARGENTINO ☻ ☻ ☻
28 DE FEBRERO A LAS 18,30 HS.
DESDE NUESTRA SEDE HASTA LA VECINAL
“PARQUE JUAN DE GARAY”

CASA DE LA CULTURA INDO-AFRO-AMERICANA
Lamadrid 2956 (3000) Santa Fe. Tel.: 0342 154775381
Email: indoafro@hotmail.com

lunes, 23 de febrero de 2009

Afrodescendientes contra el paco

La nota de tapa de la última Viva (22/2/2009), la revista dominical del diario Clarín, es sobre un grupo de madres que, en los cada vez más carenciados barrios bonaerenses, hace lo (im)posible por evitar que sus hijos caigan en las garras del paco y la tentación del delito. Una de las familias que se ha movilizado en contra de estos flagelos es claramente afrodescendiente.
Es claro que esta identificación no es relevante ni mencionada en la nota –es sólo una familia argentina más luchando para que sus reclamos sean atendidos
.
Llamar la atención a su afrodescendencia, sin embargo, es importante por varios motivos. En primer lugar, ante la frecuente pregunta, “¿dónde están los negros argentinos?”, las fotos claramente contestan: “acá, sufriendo como otras familias carenciadas”.
La nota y las fotos muestran que los afrodescendientes no sólo existen sino que también forman parte de movilizaciones sociales.
Sugieren, asimismo, algunas preguntas que esperemos puedan ser respondidas en la medida en que el campo de los estudios afroargentinos se continúe desarrollando.

Reconocida la existencia de afrodescendientes, ¿cuál es su ubicación mayoritaria dentro del espectro socio-económico?. Y sobre todo, ¿en qué medida el fenotipo de “negros” (en este caso, con comillas y sin comillas) de algunos de estos jóvenes contribuye a su marginación social?

Si existiera una identificación como “afrodescendientes”, “afroargentinos”, “negros argentinos” se podrían implementar políticas de acción afirmativa dirigidas específicamente a estos grupos? También, uno podría dar vuelta la pregunta y plantear: si existieran políticas afirmativas, ¿habría más individuos dispuestos a identificarse como “afrodescendientes”?.
Mi experiencia, así como los estudios sobre distintos movimientos sociales, indican que la existencia de una “estructura de oportunidades políticas” (concepto muy usado para el estudio de la movilización social) ayuda fuertemente a, o es un prerrequisito para, ciertas identificaciones que, sin la existencia de estas oportunidades, tienen un alto costo social y son, en lo posible, evitadas.

domingo, 22 de febrero de 2009

Fiesta de Iemanjá en Montevideo (3): Devociones





Fotos: Alejandro Frigerio
(Doble click en las imágenes para agrandarlas)

sábado, 21 de febrero de 2009

Fiesta de Iemanjá en Montevideo (2): Altares








Fotos: Alejandro Frigerio
(Doble click en las imágenes para agrandarlas)

viernes, 20 de febrero de 2009

Fiesta de Iemanjá en Montevideo (1): Devotos









Fotos: Alejandro Frigerio
(Doble click en las imágenes para agrandarlas)

jueves, 19 de febrero de 2009

Sobre instrumentos únicos, tradiciones y estilos

Piano gigante en homenaje al luthier Juan Velorio, Museo del Carnaval, Montevideo.
Foto: Alejandro Frigerio


Aunque aparentemente desvinculado de la tradición afroamericana el artículo que reproduzco abajo - aparecido en el suplemento dominical Radar del diario Página 12- me pareció sumamente interesante. Lo escribe un músico de tango, y digo que está “aparentemente desvinculado” del temario del blog porque, debido a los numerosos aportes de bailarines y músicos negros al género -cuando no a su génesis- el tango bien puede incluirse dentro de la órbita afroamericana, aún cuando sea en sus márgenes. Un buen ejemplo es el del mismo instrumento que protagoniza el escrito, el bandoneón: varios de sus primeros y más influyentes ejecutantes eran negros.
Pero no es necesariamente por ello que incluyo el artículo en el blog. En primer lugar, porque siempre me gustó el título del tema de Piazzola: “Tristezas de un Doble A” y más aún cuando supe a qué hacía referencia. En segundo lugar, porque el derrotero de los bandoneones “Doble A” es fascinante e ilustra muy bien los dilemas e inequidades planteadas por la globalización. Estos bandoneones, los mejores en su género según los músicos que los utilizan, se dejaron de fabricar (en Alemania, de donde se importaban). Al natural deterioro de los existentes, se suma el hecho de que, con la globalización del tango, cada vez más los que quedan van a parar a manos de músicos o coleccionistas extranjeros. Los desniveles económicos entre los intérpretes locales y los foráneos hacen que los músicos argentinos difícilmente puedan resistir las ofertas que se les hacen por estos instrumentos y esto lleva a que cada vez queden menos en el país. Los que quedan se venden a precios internacionales y son muy caros para los músicos locales.
Esta “narrativa de pérdida” –¿o situación de pérdida?- tiene semejanzas con las que se pueden tejer –o encontrar- alrededor de tambores fabricados por determinados luthiers o con los berimbaus fabricados por famosos mestres y/o con determinadas maderas cada vez más difíciles de conseguir y sólo en algunos lugares de Brasil.
Hace muchos años, cuando estudiaba capoeira con Joao Pequeno en Bahía, el mestre fabricaba y vendía berimbaus, que no eran exactamente iguales a los que se utilizaban en las rodas y en las clases. Estos eran mayores, sonaban mejor y tenían una historia, eran “los de la academia”. En algún momento empecé a notar que estos venerables instrumentos que colgaban de la pared también iban desapareciendo paulatinamente porque los capoeiristas de otros estados –generalmente de Sao Paulo o de Río ya que no había tantos practicantes extranjeros en la época- también hacían ofertas que no se podían rechazar. El mestre cobraba –durante al menos los diez años que fui su pupilo- un monto irrisorio por las clases y los berimbaus eran una fuente de ingreso suplementario que no podía ser despreciado. En esa época, además, la angola era todavía la cenicienta de los estilos de capoeira, no tenía la fama ni la demanda que tuvo después, y parecía que iba a desaparecer ante el empuje de la dinámica y deportiva regional. Sintiéndome otro corruptor más, le dije al mestre que si él tenía que vender los berimbaus de la academia, que yo prefería quedarme con uno. El me dijo que también prefería que fuera un alumno suyo quien los tuviera a que fuera cualquier capoeirista desconocido. Algo más tarde, el mismo berimbau ilustró la tapa de una edición local del libro Tienda de los Milagros de Jorge Amado, editado por Losada –en una época en que los objetos brasileros no eran tan fáciles de conseguir en la ciudad. Aún tengo ese berimbau –sin duda ya digno de un museo- pero la falta de espacio me impide darle el lugar que se merece.
Otro motivo por el que gustó la nota, es porque Mosalini, como buen músico que es, rescata o ejemplifica bien, a mi criterio, cómo “la tradición” se puede perpetuar y a la modificar en la consecución de estilos personales. Especialmente reveladora me parece la parte en que Piazzola le dice que puede cerrar los ojos e improvisar a la manera de sus bandoneonistas preferidos y la consiguiente refllexión del autor de la nota acerca de cómo lo que empieza siendo inspiración y copia imperceptiblemente se transforma en un estilo propio. El estilo propio no viene del desconocimiento de la tradición, sino de su aprendizaje conciente (o quizás no) pero siempre laborioso y esforzado.
En las ya lejanas épocas en que intentaba transmitir algún conocimiento acerca de la práctica de la capoeira angola, los pocos videos que teníamos de jogos en Bahía eran un recurso pedagógico –además de un placer- frecuentemente utilizado. Luego de ver varias (demasiadas) veces un determinado movimiento y de intentar realizarlo de repente un día éste aparecía en mi práctica o en mi jogo –y yo ahí casi sentía que era alguno de los capoeiristas cuyos movimientos había estudiado mil veces antes. Por eso, años después, me encantó saber que los miembros de mi grupo local preferido de música afrocubana “se pasaban el día viendo videos de Los Muñequitos de Matanzas” –según me contó un amigo-. Ahí entendí por qué el grupo sonaba tan bien.
Qué otra manera hay de suplir, al menos en parte, todo lo que uno no pudo ver personalmente de chico porque no vivía en el lugar? Bueno, al menos, viendo videos continuamente de grande. No quiero con esta breve reflexión hacer tanto una apología del video sino de la necesidad de tener varios referentes –en un país en que las sectas afro suelen tener sólo un maestro/a- y de estudiar obsesivamente sus estilos en la búsqueda del propio.
Suplemento Radar de Página 12 – Domingo 15 de febrero de 2009
FAN > UN MUSICO ELIGE SU CANCION FAVORITA

Cerrar los ojos y dejarse ir
Por Juan Jose Mosalini

Hay una chorrera de temas que me vienen a la cabeza, pero hay uno en particular que me ha vuelto últimamente y que me resulta muy evocativo. Se trata de “Tristeza de un Doble A”, de Astor Piazzolla, y lo considero muy especial porque es una melodía que encierra la posibilidad expresiva de hacer una larga improvisación a su alrededor. Como su título indica, el Doble A es la marca del bandoneón: es “Doble A” por Alfred-Arnold, los constructores de bandoneones alemanes que tienen su fábrica en un pueblito cerca de Checoslovaquia, que tuve la suerte de conocer. Yo estoy radicado en Europa desde 1977, y luego de la unificación de las dos Alemanias hubo más acceso a ese lugar, que se llama Carlsfeld. Y cuando tomé contacto con este pueblo, con el lugar físico donde estaba la fábrica, fue realmente emocionante: uno ve de dónde salen estos extraordinarios instrumentos que llegaron y se hicieron muy importantes en el Río de la Plata. Encontrarse con ese lugar puede ser, para un bandoneonista, tan impresionante como para un violinista ir al atelier de los Stradivarius. Y yo tuve esa suerte. Cuando se unificó Alemania, una de las posturas políticas y económicas nuevas fue la de tratar de apoyar a las ciudades de la ex Alemania del Este con su vida y su pasado cultural y económico; así fue que me invitaron, ya que en este pueblito una de las fuentes de trabajo importantes había sido la fábrica de bandoneones. Incluso en los últimos años se propusieron reactivarla, y la tataranieta de los A-A recuperó ese lugar físico, que es de una gran superficie y conserva algunos elementos que habían quedado olvidados.
El tango está repleto de homenajes hacia el bandoneón, incluso en temas cantados como el de Troilo “Che Bandoneón”. Pero “Tristeza...” es muy particular porque permite al intérprete explayarse con lo que la memoria le da, acudiendo a todos esos extraordinarios bandoneonistas que marcaron y todavía hoy están marcando el crecimiento de este instrumento. Una de las versiones que hizo Piazzolla empieza con una cadencia de bandoneón; el bandoneón se expresa con lo que podría ser una melodía de Francisco De Caro, tiene ese perfume. Esto me lo contó el propio Astor, cuando yo le pregunté cómo hacía para improvisar así, en qué pensaba cuando tocaba, cómo era posible que cuando yo escuchaba el tema sentía que aparecían recursos bandoneonísticos que me paseaban por todos los grandes: Troilo, Laurenz, Maffia y tantos otros. Lo conocí de chico, cuando yo tenía 17 años; no sólo fue uno de mis referentes sino que tuve la suerte de compartir una relación personal que se convirtió en amistad de familia en familia y, en consecuencia, yo asistía a sus ensayos y vi nacer una serie de obras increíbles “en la cocina”. Así que cuando escuché “Tristeza de un Doble A” y tuve la ocasión, le pregunté. Y él me contestó: “Es casi inconsciente. No tenés más que pasearte por las imágenes de los diferentes bandoneonistas; cerrás los ojos y te dejás ir, y de pronto aparecen todos esos recursos en la memoria, y estás improvisando a la manera de, o haciendo una fraseología, un vibrato, o la manera de octavar de Troilo. En fin, toda una cantidad de cosas que entroncan con nuestras mayores influencias, y a las que se suma el aporte personal”. Y creo que es así. A través del tiempo, el lenguaje de un bandoneonista se va basando en los modelos que uno tiene, y luego en un aporte personal que uno va incorporando casi imperceptiblemente, porque no hay que romperse el coco tratando de ser original. Como me dijo Pugliese cuando le pregunté cómo había resuelto el problema del estilo: “Con un trabajo cotidiano e imperceptible. Si es que lo tengo”, agregó con modestia. Y creo que Astor y los grandes en general son el resultado de la misma postura: trabajar incansablemente con influencias de todos los costados, hasta que su fuerte personalidad hace que aparezca una música que les pertenece. “Tristeza de un Doble A” permite trabajar y dejarse llevar por esas influencias en su ejecución, da un espacio para que uno le ponga su propia salsa.
Hay una versión de “Tristeza...” que tiene una introducción de cuerdas magnífica, que crea un ambiente tal que para cuando entra el bandoneón ya es un desgarro; es una preparación a lo que va a venir, que es alucinante. En los últimos tiempos yo estuve interpretándolo. Al principio no lo hacía, creía que si no iba a violar un territorio sagrado; pero cuando hicimos un homenaje a Astor con Antonio Agri, él me dijo “¿por qué no lo tocás?” Y lo toqué, y poco a poco lo que hice no fue más que lo que me había dicho Astor en su momento: cerré los ojos y me dejé ir. Sólo que esta vez se sumó el mismo Astor a mi manera de hacerlo.

Doble A
La historia de los bandoneones Doble A se remonta al siglo XIX. En 1864, Ernst Louis Arnold, de Carlsfeld, adquirió la fábrica de Carl Friedrich Zimmermann y comenzó su producción de bandoneones E. L. A. (Ernst Louis Arnold). A su muerte, en 1910, sus hijos Paul y Alfred abrieron su propia fábrica en el mismo pueblo; ahí es donde se empiezan a producir los emblemáticos AA. Sus hijos Arnold (hijo de Paul) y Horst Arnold (hijo de Alfred) se ocuparon de la fábrica AA, y se considera que fue entre 1940 y 1945 cuando salió de allí la última gran tanda de piezas Alfred Arnold. Buena parte de la producción de esos años tenía como destino la Argentina. Tras la Segunda Guerra, con las matrices originales destruidas, se inició una nueva etapa que nunca alcanzó la calidad original. En 1949 la cerraron para dedicarse a la industria automotriz. En 1950 Arno Arnold abrió su propia fábrica en Alemania Occidental y produjo la línea de bandoneones Arno Arnold.
En el libro de Natalio Gorín, Astor Piazzolla, a manera de memorias (Perfil 1990/98), que recoge varios testimonios, dice Piazzolla: “Yo no nací en un frasquito ni el sonido de mi bandoneón es una rareza del cielo. Todo está ligado, lo expreso con mi música. En el primer tema de la Suite Troileana, que se llama ‘Bandoneón’, el Gordo está siempre a mi lado, por momentos toco como Piazzolla, y de a tratos como Troilo. Algo parecido ocurre en ‘Tristezas de un Doble A’; en la versión del Quinteto incluyo un solo de bandoneón que puede durar 10 o 15 minutos, según cómo me agarre. Ahí me voy de viaje y me llevo a Maffia, a Laurenz, a Di Filippo, a Federico, a Troilo, y tengo la sensación de estar tocando con ellos. Lo peor que le puede ocurrir a un bandoneonista es ser tímido. Los del gremio sabemos decir: tocan para adentro. Eso no sirve. No hay que tener miedo. Si uno se equivoca no importa”.


Mosalini interpreta "Tristezas de un Doble A" en Youtube:
http://www.youtube.com/watch?v=2f64YsRlIKc

Piazzola interpreta "Tristezas de un Doble A" en Youtube:

lunes, 16 de febrero de 2009

Sobre el candombe porteño en La Nación (1)

El problema de la raíz: en torno a los imaginarios esencialistas de los “afro”.
Por Nicolás Fernández Bravo
nhicuf@arnet.com.ar
Cuando en el número de Febrero de la revista Quilombo!, Alejandro Frigerio publicó una nota sobre la metáfora del árbol para dar cuenta de las ramificaciones de las religiones africanas en América, señaló adecuadamente los problemas que supone ubicar el tronco y las ramas en un mapa en constante transformación. No obstante – entiendo yo – defendió el uso de esta metáfora más por tener ciertas características pedagógicas, que por tratarse de un reflejo de la realidad. La primera vez que escuché, yo también, esta metáfora, me pareció engañosa. ¿No escondía una trampa? ¿No habilitaba la emergencia de ciertas ideas sobre la autenticidad y la pureza, esas que tanto le agradan a Robert Mugabe? Si bien todo indica que la sofisticación sobre el debate en torno a la idea de la cultura ha quedado encerrada en los claustros académicos – mientras el poder continúa defendiendo esencias culturalistas con bombardeos, torturas y tanques – es necesario advertir una vez más, sobre los problemas prácticos que resultan de la teoría. De esto, los antropólogos sabemos bastante.
Uno de los motivos por los que le presto tanta atención a la prensa escrita, es porque construye imaginarios. Los imaginarios se nutren del lenguaje cotidiano y, en algunos casos, de citas de expertos – muchas veces manipuladas y sacadas de lugar. No han sido pocas las veces en las que noto que las personas “son habladas” por discursos que les preceden y sobre los cuales desconocen su arquitectura. Es entonces que me pregunto: ¿en qué momento emergen esos discursos? ¿Quién los construye? ¿Cómo se difunden las ideas que luego guían las acciones? Es aquí cuando los comunicadores sociales adquieren relevancia y poder. Nuevamente, me referiré a un ejemplo actual.
Nos encontramos indudablemente ante la re-emergencia de las prácticas culturales y los imaginarios afro en la Argentina: ya nadie puede cuestionarlo. Quienes aún se refieren a la invisibilidad, evidentemente “están mirando otro canal”. Las religiones, el candombe, los comerciantes, los activistas y sus organizaciones, los capoeiristas, los inmigrantes, los músicos, la danza: todos los actores de la diáspora africana han construido la idea de lo afro de un modo vernáculo, en conflicto y sui generis. Los intelectuales también tenemos una cuota importante de responsabilidad en ello, toda vez que muchas de las cosas que se dicen y se hacen, tienen mayor respaldo si se ha leído a fulano o a mengano.
En las notas aparecidas hoy en el diario La Nación parece defenderse la idea de una filogenia de pura cepa argentina negra, que practica una forma del candombe distinta al de Uruguay, forma que no habría desaparecido nunca. El lenguaje esencialista no es casual, dado que es lo que subyace a la necesidad de afirmar tácitamente la pureza (idea que se opone a la de “contaminación”) de la argentinidad de algunos negros. Desde el punto de vista de esas personas argentinas que han sido negadas por la historia, no tengo más que respeto: su lucha y la resistencia – con sus ups and downs – son absolutamente admirables. Pero el libreto teórico que acompaña algunas acciones se encuentra, por decirlo elegantemente, algo añejo. El “rescate” de los sin voz y el “salvataje” de la cultura original para la posteridad (del turismo, probablemente), es una misión propia de los antropólogos nobles de otras épocas, si bien la práctica inventada por la disciplina goza hoy de muy buena salud.
¿Es necesario rivalizar? ¿Afro-uruguayo? ¿Afro-porteño? Si de defender genealogías estrictas se trata, cuando los esclavos llegaron a las costas del Río de la Plata, ni Argentina ni Uruguay se habían inventado. En contextos tan problemáticos como el del campo afro – contextos que muchos conocemos bastante bien – alimentar identificaciones esencialistas puede traer como correlato tensiones de envergadura: competencia por saber quién es más esto o aquello. La competencia no es mala en sí, pero ¿ordenarla en torno a la pureza racial y musicológica? La antropología colonial medía cráneos; ahora parece que es más civilizado medir tambores.
Está muy bien echar luz sobre la historia de los afro-argentinos, una historia negada y ultrajada como pocas, apenas escrita en los márgenes y con fuentes documentales encriptadas. Es necesario señalar que – estadísticas al margen – “afro” no es sinónimo de “extranjero”. Incluso, allí donde sea estratégico, resulta legítimo que las organizaciones exageren el legado histórico en la conformación de nuestra sociedad. Pero sorprende que una terminología propia de la taxonomía botánica y el folklore regionalista se desplacen con tanta libertad hacia el campo de las relaciones socioculturales con el fin de señalar que existen afro-porteños y que practican una forma “típica” del candombe. Hay quienes afirman que los afro-argentinos provienen exclusivamente de una “cepa” esclavista, y que ello los hace diferentes – como consecuencia lógica, tocan el tambor con las dos manos, a diferencia de los uruguayos, que lo hacen acompañados de un palo. Una conjetura igualmente lógica sería: si alguno de los inmigrantes uruguayos tiene descendencia negra con una afro-argentina, ¿su hijo tocaría el tambor con las dos manos o también con un palito? Y si estudiaba ingeniería, ¿dejaría de ser afro?

Sobre el candombe porteño en La Nación (2)

Respuesta de Pablo Cirio:
Hola Nicolás
Pese al fructífero intercambio que tuvimos a raíz de la nota tuya que antes de subirla tuviste la gentiliza de enviarme, y que pensé que ibas a enriquecerla con lo que hablamos, al ver que está sin cambiar una coma, deseo dar mi parte de las cosas, que básicamente es el e-mail que te mandé, aligerado ligeramente ante la necesidad de hacerlo público.
La nota no está mal, aunque no deja de ser lo que es, una nota de verano escrita a partir de un desconocimiento total de tema y por una necesidad laboral en un marco de un tiempo exiguo. A tal punto que cuando la periodista me llamó fue para hacerme una nota sobre candombe (uruguayo), hace unos 15 días, no solo cambió ligeramente de temática, sino que tuvo que aprender un mundo para ella desconocido, desandar prejuicios y falsas ideas, además de cambiar el lugar de la entrevista: del cómodo San Telmo de un domingo con cerveza al lejano Merlo. Y si bien la provincia no es para todos, la verdad que logró sortear todo muy bien (hasta último momento estuvo llamando para preguntarnos detalles, como los banners del video). Pero no me entusiasmo, el periodismo es el periodismo y para mí también hay frases olvidables, empezando por el título: nadie debe rescatar el candombe porteño porque el candombe porteño está vivo y no corre peligro, sólo que se está haciendo público y los afroporteños quieren tener el mayor control posible sobre la cuestión.
Creo que entendiste mal lo de la rivalidad transplatense: este candombe es local, el uruguayo es... uruguayo, allá y acá. Creo que la cosa es simple. Respecto a sus diferencias, no hace falta tildarme de taxonomista folclórico porque tenga la capacidad de síntesis al explicar en dos o tres renglones las variaciones formales entre ambos géneros: a lo simple lo simple, para retruécanos posmodernos plagados de lugares comunes rimbombantes, paso. Creo que la antropología argentina sufre de anorexia descriptiva, so pena de cargar con la cruz positivista.
Quizá, si hubo rivalidad advertida por vos es porque se da, paradójicamente, al revés: por si no lo sabías, en Uruguay mi cabeza ya tiene precio, se me acusa de robarles "su" candombe, como en otra época les robamos el tango, entre otras yerbas, pero no importa, chauvinismo mediante, ese es su problema, no el mío.
Respecto a lo puro e incontaminado... salvo que haya leído mal la nota, en ningún lado nadie dice eso ni defiende ninguna pureza, quizá sea una lectura oblicua tuya cuando hablo de las diferencias (formales y estructurales) que hay entre los candombes de ambas orillas del Plata. Por favor, revisá eso, porque en tu conjetura final el que peca de genetista cultural sos vos.
Mi lema de trabajo es trabajar con la comunidad, no estudiar a la comunidad, eso ya lo sabés. En todo caso, en la nota prima su discurso, el que acaso por primera vez se oye, y eso es, creo, lo más rescatable del artículo: hablan por si mismos. Si pude ser el puente para que La Nación llegue a ellos (volveré sobre ello en otra intervención, para no hacerlo acá tan largo), bueno, es mi trabajo y en todo caso un pequeño honor. En esa lucha, su lucha es mi lucha y no puedo no involucrarme.
Insisto, si esta nota suena a esencialista es a los fines no de mostrar purezas, que obviamente no las hubo ni las hay, pero sí para mostrar las diferencias, que si las hay: no todos los afrodescendientes son negros, no todos los negros en la Argentina son extranjeros, no todo candombe es uruguayo, no todos los argentinos somos blancoeuropeos... Cuando hablo con el común de la gente (y lo más paradójico, con no pocos académicos), luego de estas frases desestructurantes sobre la contemporaneidad de música afroargentina, la necesidad de ver esencias viene del público mismo: primero te dicen “bueno, te creo, y en qué se diferencia un candombe del otro?”. A partir de un punteo de ellas (palo y mano, duelas, etc... cuestiones técnicas al fin, fácilmente observarles), la gente va aprendiendo y si no es porfiada comienza a llamar a las cosas por su nombre: candombe argentino, candombe porteño o con el prefijo afro, como quieran, por un lado, y candombe uruguayo, candombe montevideano, con el prefijo afro, por el otro. Al pan pan…
Volviendo a la nota como sucedáneo de un trabajo de investigación, ahí quizá radica diferencia al ejercer la antropología: trabajo con personas de carne y hueso y trato de que mi trabajo les sirva, "estoy allí”, como decía el viejo Geertz... todo lo demás es literatura. Y la literatura periodística, como decía el también viejo Borges, se lee para el olvido.
PD 1: No sé si advertiste que en el video no se los ve cantando. Fue una decisión de ellos y la periodista, con gran ética, los respetó: hay mucho buitre tanguero revoloteando para hacer CDs. y espectáculos del tango negro con insumos gratis.
PD 2: Respecto al poco aprecio que le tengo a la literatura periodística del tema, ojalá te enteres por ella -aunque lo dudo- de que en Saladas (Corrientes) acaban de matar a garrotazos al director de candombe de san Baltazar. La realidad es la realidad, la prensa la prensa y mi deber es estar allí para dar cuenta de las cosas en sí mismas, no hacer antropología del revistero o, como se dice vulgarmente, ver las cosas por TV. Con esto no pretendo mi redención ni juzgar a nadie, pero al que le quepa el sayo que se lo ponga.

Atte. Pablo Cirio.
pcirio@fibertel.com.ar

Sobre el candombe porteño en La Nación (3)

Comentario (2) de Nicolás Fernández Bravo:
Entiendo que este acotado pero interesante intercambio, contribuye bastante al debate contemporáneo sobre el campo de la diáspora africana en la Argentina, y es necesario agradecer a los que intervienen (Pablo, los blog-lectores y Alejandro, por albergar y administrar el blog). Me parece muy apropiado el formato, porque creo que es en la esfera pública donde se da actualmente lo más rico de las ideas y las acciones: medios de comunicación, plazas, llamadas, rodas, encuentros abiertos, reuniones menos abiertas - pero casi nunca cerradas. Con esto quiero aclarar que estamos discutiendo sobre ideas que nos trascienden tanto a Pablo como a mí, y que esperamos puedan hacer más sofisticado el discurso y las acciones en torno al candombe específicamente, pero también al conjunto de relaciones que lo atraviesan - habitualmente catalogadas como "movida afro", si bien no me agrada del todo el mote. Es muy bueno que los lectores de estas líneas sean los practicantes, los entusiastas, los activistas, los líderes.
Ante todo, es necesario aclarar (si acaso alguien no lo sabe) que Pablo Cirio posee una reconocida trayectoria en materia de musicología específicamente orientada a las prácticas de origen africano en Argentina. No obstante, e invitando a los lectores del blog, a quienes leen la prensa, y a quienes de un modo u otro practican, investigan y consumen manifestaciones culturales afro, propongo considerarnos a todos como actores de estas relaciones: en términos relativos, somos pocos y nos conocemos bastante. Y lo que hacemos o dejamos de hacer influye mucho.
El motivo por el cual consideré enviar mi comentario en su estado original, incluso después de intercambiarlo con Pablo, fue precisamente para distinguir entre sus palabras y las mías. De hecho, me parecen muy ricos sus comentarios y entiendo que ayudan a esclarecer los distintos puntos de vista. Insisto: aunque "es periodismo", creo que la esfera pública ha moldeado y aún moldea los significados y las prácticas de la movida afro de un modo mucho más influyente que la academia. Con esto claramente NO quiero decir que la gente que practica distintas manifestaciones culturales esté influenciada por la prensa unidireccionalmente, sino que su público en buena medida sí lo está, y muchas de estas manifestaciones no serían posibles sin público. En este sentido, la cita de Borges es simpática, pero no se adecúa estrictamente al caso. Claro que la nota no está mal: constituye un avance. Lo cual no supone evitar un ejercicio crítico - para alegría de nuestro "host". Sobre las rivalidades, creo entender perfectamente la voluntad de Pablo y la periodista, al señalar la existencia de una forma del candombe local. Voluntad que comparto plenamente.
Pero está claro que, si del otro lado del Río de la Plata hay interpretaciones antagónicas, las rivalidades existen. Para que haya rivalidades, es necesario que haya al menos dos rivales. Dejando de lado lo específico de las rivalidades – lo cual nos llevaría a considerar, incluso, los cambios en los imaginarios bilaterales como resultado del conflicto con Botnia – me sorprende la necesidad de la rúbrica nacional/local: candombe "argentino/porteño", candombe "uruguayo". A mi entender, se trata de una discusión poco relevante, dado que lo interesante sería considerar al candombe como una práctica rioplatense. Digo: por encontrar una identificación publicitaria que permita expandir su campo de influencia con "marca propia". Y en honor a Quintín Quintana. Pero ¿"nacionalizar" una práctica que las Naciones africanas tuvieron que mantener a escondidas y en contra de las políticas de Estados que querían borrarlas? Desde mi particular manera de hacer uso de la razón, lo encuentro algo ajeno a los principios de la lógica.
Por último, mi punto de vista está orientado explícitamente a señalar los problemas que históricamente se han generado - precisamente - por las rivalidades al interior del campo afro. Dentro de los círculos más acotados entre los que nos movemos, creo que está bastante claro que la discriminación y el racismo no explican por sí sólo ni de manera absoluta, el lugar que ocupan en la esfera pública las manifestaciones culturales, políticas, religiosas, económicas, filosóficas y sociales de origen africano en Argentina. En lo personal, no considero una novedad señalar la existencia del racismo. Eso ya lo sé. Me interesa saber qué mecanismos podemos construir colectivamente para revertir, acaso de un modo más exitoso, esta pesada herencia.
Creo que las organizaciones necesitan seriamente transitar el ejercicio de la autocrítica para que su lucha, que es nuestra, pueda tener mejores resultados. Si excluimos las rivalidades internas (y los discursos que las alimentan) como una parte sustantiva del problema, no veo qué pueda mejorar en el futuro. Y nos encontramos, creo yo, ante una coyuntura bastante auspiciosa. Acaso a un grupo le vaya mejor que a otro, pero si reproducimos rivalidades, el colectivo afro-descendiente probablemente siga ocupando un lugar marginal. Es allí que el rol de las personas que tenemos el tiempo de pensar, escribir, colaborar y poner el cuerpo junto a los afro-descendientes, resulta fundamental. Y se trata de un rol que debe ser ejercido con cierta responsabilidad. Por eso, contribuir a la fragmentación, por mínima que esa contribución sea, creo que "não adianta, não".

Sobre el candombe porteño en La Nación (4)

Comentario (2) de Pablo Cirio:
El candombe porteño: las cosas por su nombre
Agradeciendo la paciencia de Alejandro por este “a dos voces” en su blog (esta será mi última intervención en el tema), me permito contestarte lo más brevemente posible centrándome en tu frase “Sobre las rivalidades [entre uruguayos y argentinos respecto a sus candombes], creo entender perfectamente la voluntad de Pablo (y la periodista) al señalar la existencia de una forma del candombe local, voluntad que comparto plenamente” y cómo empleás el concepto “afrorioplatense”.
Para mi gusto, y como se dice ahora ante casi cualquier frase, “con todo respeto”, me parece que hay mucha teoría y poco trabajo práctico. Más allá de que conozcas o no la teoría de música y te simpatice o no medir tambores, evidentemente desconocés el discurso nativo de los que se autodenominan afroporteños y que practican una música que denominan candombe argentino o sus derivados, como dije. No fue, precisamente, ni mi voluntad ni la de la periodista señalar la existencia de un candombe local, sino la voluntad de los propios actores sociales: ahora ellos son los que tienen la palabra. Se habló mucho de ellos, por ellos, a pesar de ellos, en contra de ellos, a favor de ellos, pero ahora hablaron ellos: a su música la llaman así, cualquier otra denominación es falsa.
Su argumentación: más allá de que su colectivo preceda a la nación argentina y puedan ocasionalmente subsumirse en categorías transnacionales como afroamericanos, muy orgullosamente se definen argentinos y su candombe quieren que se lo llame igual. Su prueba: tanto a nivel sonoro como danzario el candombe de cada orilla del Plata es diferente (no distinto): se toca y se baila de maneras particulares, su simbolismo es diferente, su historia es diferente y su marco de lucha es diferente.
Yendo a lo más práctico: ningún tamborero afroargentino podría tocar en una cuerda uruguaya y viceversa: son lenguajes sonoros diferentes y sólo comparten parte del nombre (candombe) y una parte de su historia (el período de la esclavitud). Casi doscientos años a esta parte en la Argentina y un poco menos en Uruguay, sus identidades nacionales nacieron, crecieron y existen, por lo que tampoco se las pueden ignorar. En este marco, unir no es un sinónimo natural de “vamos a estar mejor” y llamar a las cosas por su nombre “este candombe es mío”, “este candombe es extranjero” es, creo, la manera más eficiente de dar cuenta de una realidad desde la visión de sus cultores.
El desconocimiento de la práctica del candombe porteño en Uruguay, que te comentaba ha llevado a no pocos fanáticos del paisito a ponerle precio a mi cabeza, tuvo ribetes rayanos en lo absurdo: además de acusarme de robarles “su” candombe, me tildaron de “inventor del candombe argentino” (vaya negocio, lo hubiera patentado!!) y de querer llamar al candombe en su versión montevideana (candombe a secas, para los desinformados) que se practica en la Argentina, candombe argentino. Nada más lejos de la realidad. Y para la realidad, como dije en mi otra intervención, la gente de carne y hueso.
Por si quizá no quedó claro cuando hablo de cepas, el único colectivo negro con el que trabajo son los descendientes de los negroafricanos traídos a lo que hoy es nuestro país en el marco del comercio esclavista. Ellos hoy se autodenominan, básicamente, afrodescendientes, afroargentinos, afroporteños, morenos o, simplemente, afros. Para diferenciarse de otros agregados negros del país, como los inmigrantes caboverdianos llegados desde comienzos del siglo XX, también emplean los apelativos “los históricos” y “afrodescendientes del tronco colonial”. Ni pureza ni contaminación: las cosas por su nombre.
Los afroporteños con los que comparto mi investigación advierten que cualquier otra denominación que no contenga la palabra argentino para ellos y sus prácticas, constituye una nueva manera de invisibilización e incluso de extranjerización: no son rioplatenses, son de acá. En musicología tuve y tengo bastantes debates sobre la implementación de la categoría “música afroargentina” para con lo que estudio: unos me dicen “no, es música popular”, “no, es música urbana”, “no, es música folclórica”, “no, es música afrorioplatense”. Para mí, nuevas maneras de no querer hacernos cargo de nuestra tercera raíz. En ese sentido, concuerdo plenamente con mis amigos-informantes y me sumo a llamar a las cosas como ellos quieren llamarlas, por su nombre. Y para cerrar y pasar a otro tema, una antigua cuarteta candombera afroporteña vigente:
Venimos a cantar
un ritmo sin igual,
candombe nacional
que a todos va a gustar.


La Nación, quién te ha visto y quién te ve
El 31 de enero de 1987, el diario La Nación publicó una nota titulada “Proyecto para comedia negra”, anónima en la que las hermanas Carmen y Susana Platero, afroargentinas del tronco colonial, daban cuenta de su agrupación recientemente fundada, el teatro-escuela La Comedia Negra de Buenos Aires, cuyo objetivo era -es- por decirlo brevemente, revalorizar la cultura afroargentina.
En la nota explican que interesaron de su propuesta al por entonces Secretario de Cultura Provincial, el Dr. Félix Luna, a fin de conseguir la financiación necesaria.
Días más tarde salió publicado en el mismo diario y con el título “Comedia Negra en Buenos Aires” (sic), un artículo también anónimo en el que se recenciona la noticia y se explica que si bien la población argentina, especialmente la de la ciudad de Buenos Aires, acusa muy diversos orígenes culturales y raciales (sic), “sin subestimar el valor de la iniciativa y de los aportes culturales que la raza negra trajo al país, deberá evitarse caer en artificios carentes de asidero en nuestra realidad histórica y actual, habida cuenta de que, por muchos motivos bien estudiados por los especialistas, no es la Argentina uno de los ámbitos latinoamericanos donde hayan quedado los mayores rastros de la cultura negra”.
Veintidós años más tarde, La Nación, uno de los diarios más conservadores porteños, necesitó de los irrelevantes afroporteños para hacer una nota y darse lustre de que está actualizado en un conveniente marco transnacional en el que el “efecto Obama” marca nuevas líneas de valores a estimar.
Si a enemigo que huye puente de oro, a enemigo que deja se serlo se le dirige la palabra. La nota que la Comparsa Negros Argentinos de la Asociación Misibamba. Comunidad Afroargentina de Buenos Aires (de la que formo parte) concedió a La Nación del 12 de febrero de 2009 es la respuesta.
Atte. Pablo Cirio
pcirio@fibertel.com.ar

Sobre el candombe porteño en La Nación (5)

Solo tratamos de educar e informar
Mi nombre es Flavia Fernandez soy afroargentina, pertenezco a la Asociación Misibamba, participo en Bakongo y en la comparsa que fue entrevistada por La Nacion. Simplemente quiero contarles una situacion que vivi hace unos dias en un evento organizado por la Unesco, en el cual Bakongo tuvo el agrado de participar.
Esperando que comenzara el evento en una especie de sótano, que se les otorgó a todos los musicos, unos de los presentes, el cual por cuestiones de respeto no voy nombrar, se dirigio a nosotros:
...¿Ustedes son los que cierran hoy?
Yo: si
...Entonces son los que hacen candombe,¿ de donde son ? ¿de uruguay?
Yo: No somos argentinos, la mayoria de zona Oeste.
...Ahhh.. Son de aca, no como el candombe siempre es de alla, pense que no eran argentinos
Yo: Pero nosotros hacemos candombe argentino
... Uy que bueno
Dos minutos despues
... ¿y como es el candombe argentino?
Este ultimo comentario me terminó de mostrar que esta persona (musico que actuaba en este evento minutos antes que nosotros), desconocía por completo la existencia del candombe argentino.
Esta es la situación mas cercana que recuerdo, pero de momentos como estos esta llena mi memoria y la de muchos de nuestra comunidad. No tenemos nada en contra del candombe uruguayo simplemente queremos informar y educar a nuestros pares argentinos para sepan que hay un candombe argentino , por que como el termino lo dice (argentino) significa que es de todos.
Y para cerrar les dejo una frase que siempre utilizamos en nuestra comunidad: "el candombe afroargentino somos todas y todos ".
Agradezco por el espacio que nos otorgan.

sábado, 14 de febrero de 2009

Candombe porteño en La Nación (edición online)

Sábado 14 de febrero de 2009 - diario La Nación (edición online)
Rituales de verano en la ciudad / Nota II
Al rescate del candombe afroporteño

Descendientes de esclavos traídos a la ciudad de Buenos Aires en la colonia decidieron hacer públicas la cultura, música y baile heredados de sus antepasados y demostrar que se trata de una práctica que continuó en la intimidad y que nunca desapareció
María Elena Lamadrid, afrodescendiente porteña Foto: lanacion.com
Por Silvana Santiago
De la Redacción de lanacion.com

Dicen que el sonido del tambor afroporteño no se apagó. Que la idea extendida de que el candombe que se practicaba en la ciudad de Buenos Aires se extinguió con la fiebre amarilla de 1870 y con la guerra del Paraguay que terminó ese mismo año, no es verdadera.
Cuentan que el tambor continuó tocando, retirado de las calles de la ciudad, en los livings de los descendientes de aquellos esclavos de la colonia. Primero, en los barrios de Flores, Floresta, San Telmo y Monserrat, y después, empujados con las sucesivas crisis del país, en distintas localidades del conurbano bonaerense.
"Hubo guerra del Paraguay, hubo fiebre amarilla, pero también hubo un mecanismo de invisibilización por parte del estado para blanquear a la Argentina y considerarnos a todos descendientes de los blancos", sostiene Pablo Cirio, antropólogo e investigador del Instituto Nacional de Musicología Carlos Vega.
Europa. El mecanismo se originó "desde un sector social que quiso armar un país a imagen de Europa. La idea fue borrar todo pasado que nos uniera con la etapa colonial", aseguró a lanacion.com Juan Suaqué, presidente de la asociación Misibamba, que agrupa a la comunidad afroargentina porteña.
Lo que sucedió, aseguran, es que el candombe, que en la colonia se escuchaba en el aquel entonces conocido como barrio del tambor (lo que hoy sería San Telmo y Montserrat), fue retirándose del espacio público hacia el espacio privado de las casas de las familias de descendientes de aquellos esclavos porteños.
"Nuestros antepasados mantuvieron la cultura en un ámbito privado. Esto, por un lado, le hizo el caldo gordo a ese discurso [europeísta], pero por otro, permitió la conservación de algunas lenguas africanas de la zona del Congo por ejemplo, el kikongo, los modos de organización interna de la comunidad y las comidas tradicionales", sostiene Suaqué.
Video:Al rescate del candombe afroporteño
"Por discriminación y por un montón de otras cosas que sucedieron a nivel social todo pasó a hacerse muy adentro [en la comunidad]. Pero se mantuvo en las fiestas íntimas de la familia. Yo recuerdo desde chica que en los cumpleaños siempre había tambores, cantos y música, aunque nunca en público como ahora estamos empezando a hacer", señala Flavia Fernández, quinta generación en Buenos Aires de descendientes de esclavos y secretaria en la
Asociación Misibamba .
Desde los primeros tiempos, en carnaval las comparsas de candombe siempre vincularon tambores, cantos y bailes. Pero se hicieron más conocidas las
uruguayas, ya que en los últimos años en Buenos Aires muchos de los emigrados en los setenta de la dictadura del vecino país, la cultivan en la mayoría de los barrios porteños.
Distinto. Pero "el candombe porteño es distinto y anterior al uruguayo", advierte Cirio. Ahora "casi nadie lo conoce pero [la comunidad] mantiene bastante de su vocabulario africano, tradiciones religiosas, literatura, aunque a un nivel de hermetismo tal que no lo muestran", señala.
Entre las diferencias, según explican, está la del sonido, que es más grave que el de los tambores uruguayos. También, están en el formato y estructura del tambor: el porteño, se construye ahuecando un tronco y el uruguayo, con duelas de madera. El sonido, además, en Uruguay se logra al batir el cuero en la combinación de un palo y la mano, mientras que en Buenos Aires, sólo se lo hace con las manos.
"Cuando empezó la vuelta del candombe en su versión uruguaya, como acá se tenía la certeza de que había desaparecido, nadie hablaba de candombe uruguayo o montevideano, se hablaba de candombe a secas. Pero de unos cinco años a esta parte, muy tímidamente y todavía de forma no totalmente resuelta dentro de la comunidad afroporteña, decidieron volver a tomar la palabra y volver a luchar por su identidad y mostrar su cultura", cuenta Cirio.
Resueltos a luchar contra el olvido, además de la actividad que desarrollan con la Asociación Misibamba hacia adentro de la comunidad afroporteña, crearon una comparsa (Negros argentinos) que ya participó del rodaje de la película Felicitas , a cargo de Teresa Constantini. El sábado próximo, además, fueron invitados a desfilar por el carnaval en el
A contramano que organiza el Centro Cultural Rojas en la avenida Corrientes.
Quienes están vinculados al sonido del tambor dicen que se trata de una expresión muy profunda, casi religiosa. En eso coinciden uruguayos y porteños, que definen el sonido del tambor como algo que va más allá. "Dice cosas", "dialoga", "llama"?
Y define Suaqué: "El carnaval es la forma en que se lo conoce en el espacio público, pero el tambor es un instrumento de una espiritualidad profunda. El candombe transforma a la gente. Se olvidan del callo, la hernia y el dolor de cabeza y bailan como si fueran jóvenes otra vez. La fuerza la sacan del tambor, que es lo que mantiene viva a nuestra comunidad."

Ver Video en:
http://videos.lanacion.com/video8290-al-rescate-del-candombe-afroporteno

Fuente texto y foto : http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1099258&pid=5838409&toi=6270
Rituales de verano en la ciudad / Nota II - Sábado 14 de febrero
El candombe afrouruguayo también se hizo porteño
El sonido del tambor originario de la otra orilla del Río de la Plata ahora se multiplica en decenas de comparsas desde La Boca hasta Lugano; reclaman que se oficialice un espacio para esta música en el Carnaval
Llegaron a Buenos Aires escapando de la dictadura de los setenta en Uruguay. Muchos eran afrodescendientes. Muchos trajeron su tambor.
Cuentan que también importaron su "toque" de candombe a esta ciudad del mismo modo que en la colonia los esclavos traídos de las distintas naciones de Africa conservaron el sonido que los identificaba con su pueblo.
Así, repitiendo el ritual del tambor, comenzaron a juntarse y a salir por las calles con el candombe los domingos, los carnavales y las fiestas. Pero ahora en Buenos Aires, en la otra orilla del río.
"¿Y eso qué es? ¿Es murga?", cuenta Andrés "Cocoa" Roselló
(Kumbabantu) . Y no. Es candombe. El mismo que aprendió otro músico, Fernando Longobardi (El Mondongo) de Artigas Martirena un uruguayo que había nacido en uno de los últimos conventillos demolidos en Montevideo, el del Medio Mundo.
Chico, repique y piano. Son los nombres de los tres tambores con los que los uruguayos "ensamblan" esta música. Para afinarlos, la tradición indica que debe realizarse con calor, es decir con un pequeño fuego. Sin embargo, en Buenos Aires "no hay cultura de tambores en la calle y menos del fuego", sostiene Fernando.
Son muchos los músicos que fueron corridos por la policía tanto por los fueguitos que iniciaron como por las denuncias de los vecinos sobre "ruidos molestos". A pesar de todo, las comparsas de candombe fueron creciendo en la ciudad de Buenos Aires, y ya casi en todos los barrios se puede encontrar una.
Aunque alejadas de la fecha de carnaval, en la ciudad ya se consiguieron organizar tres llamadas, la última con 25 comparsas y miles de asistentes. Todavía muy lejos de la enorme estructura desarrollada en Montevideo, aunque, según César Castro
(Atalakimbamba) , "allá se perdió la alegría."
Antes de que fueran demolidos los conventillos en la capital uruguaya "había dos o tres toques en otros tantos barrios. Escuchabas y sabías quién venía. Ahora están en cualquier barrio", explica Cocoa. Esta situación, sostienen, cambia la forma en que se toca el candombe. "La comunicación entre los tambores se pierde, se transforma en una cuestión comercial", dice Castro.
En Buenos Aires, en cambio, la situación es tan incipiente que el reclamo es por un permiso para formar parte del carnaval. "No podemos desfilar porque no existimos por eso estamos peleando para que se institucionalice un día para el candombe", sostiene Hector Priguetti (Lonjas de San Telmo).
Tal como sucede con el candombe porteño, cuyos herederos están luchando contra el olvido, los uruguayos defienden, como dice Cocoa, la necesidad que hay de "desenterrar esta cultura, porque a pesar de que se ocultó, es parte de la identidad. Estuvo y va a seguir estando".
Ver video en:
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1099259

jueves, 12 de febrero de 2009

Libro online sobre desigualdades raciales en Uruguay

En diciembre pasado se presentó en Montevideo un valioso trabajo sobre la situación actual de la población afrodescendiente en Uruguay.
A continuación, la nota publicada en el periódico
La Diaria, reproducida en la página web del Programa Naciones Unidas para el Desarrollo.
El libro se puede bajar gratis de
http://www.undp.org.uy/showNews.asp?NewsId=617

La publicación Población afrodescendiente y desigualdades étnico-raciales en Uruguay, una investigación que se realizó con el apoyo y la participación del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Fondo de Población para las Naciones Unidas (UNFPA), el Instituto Nacional de Estadística (INE), el Parlamento Nacional, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM).
La investigación fue realizada por destacados investigadores, historiadores, sociólogos, demógrafos, economistas y psicólogos, que abordaron temas como la infancia, la educación, el mercado de trabajo y el racismo. Tal como lo explican los autores en un comunicado de prensa, el estudio contiene “datos actualizados sobre las condiciones de vida de la población afrouruguaya, los mecanismos y determinantes de su posición desfavorable en el conjunto de la sociedad, y el contexto histórico en el que esta realidad se ha configurado a lo largo del tiempo”.
La investigación parte de la base de que la población afrodescendiente no padece en forma homogénea la discriminación, por eso se incluyó una categoría analítica para visibilizar cuadros agravados de desigualdad racial. El estudio tiene un capítulo dedicado a la historia de los afrodescendientes en el país, que arranca con la llegada de esclavos a estas tierras en tiempos de la colonia y llega hasta la época de la dictadura, cuando se desalojaron los conventillos Medio Mundo, Ansina y Gaboto. La historiadora Ana Frega, Carla Chagas, Óscar Montaño y Natalia Stalla analizan el tráfico de esclavos en la zona, el modo en que éstos se las ingeniaron para preservar su cultura y cómo fueron discriminados durante el transcurso del siglo XX a contrapelo del modelo que se proponía instaurar la sociedad uruguaya.

Rubén Rada en la presentación del libro - Foto diario El País del 4/12/2008

La economista Marisa Bucheli y el sociólogo Rafael Porzecanski abordan el tema de la discriminación racial en relación a la desigualdad salarial. “Se partió de la base de que el ingreso laboral constituye el principal medio de sustento de las familias y uno de los factores explicativos más importantes de otras dimensiones de la desigualdad, tales como el acceso a la salud, la educación y la vivienda. De acuerdo con datos de 2006, la remuneración promedio de un hombre asalariado afrodescendiente es equivalente al 70% de la remuneración de un trabajador blanco. En el caso de las mujeres, la remuneración promedio de las afrodescendientes es equivalente al 72% de la remuneración de las trabajadoras blancas”. Entre las conclusiones a las que arriban los autores, figura que los afrodescendientes tienen menos oportunidades que los blancos para acceder a las ocupaciones mejor pagas, y que quienes más padecen esta forma de desigualdad son los hombres.
Wanda Cabella indaga en la infancia y la adolescencia de la comunidad afrouruguaya. La demógrafa observa que el 50% de los niños afrouruguayos se encuentra en el sector más desfavorecido de la sociedad y sólo el 3,2 % se ubica en el más favorecido.
Con un enfoque cualitativo, la psicóloga Susana Rudolf, Amanda Díaz, Javier Díaz, Carolina Ricarte y Óscar Rorra indagan en las condiciones de vida y la salud de los integrantes de esta comunidad, analizan sus sentimientos, reacciones, defensas y experiencias en instituciones educativas, laborales, espacios de socialización y el barrio, entre otros ámbitos.
“La primera conclusión que se deriva del análisis -se lee en un material de prensa- es que la sociedad uruguaya es discriminadora y que los afrodescendientes sufren esta discriminación en forma personal y directa, más allá de la segregación estructural que supone su condición de pobreza. Estas formas actuales de la discriminación se unen a la determinación siempre presente de un pasado de esclavitud que aún marca, en forma cualitativa y simbólica, la identidad. Las fuentes múltiples de discriminación colaboran en la construcción de una identidad autodesvalorizada, que se recorta a sí misma posibilidades de desarrollo”.
Fuente del texto:
Fuente de la foto:

miércoles, 11 de febrero de 2009

¿Titulares que atrasan?

La tapa del diario Crítica de hoy trae este recuadro en el sector inferior izquierdo.
¿Un titular racista?
Como primera reacción, leyendo la información del copete sobre el suntuoso festejo que prepara el presidente de Zimbabwe (ver enlace a la nota abajo) uno podría pensar: "si, este tipo es un h. de p.".
Ahora bien, qué tiene que ver que el señor sea negro con que sea un h. de p.? Salvo que uno piense que su "ser negro" de alguna manera causa o afecta "ser un h. de p." (o las conductas que llevan a que uno así lo clasifique), la mención de su fenotipo en el titular está injustificada.
Es una provocación, claro, pero parece que alguien en el diario estuviera esperando una oportunidad (supuestamente) "políticamente correcta" para llenarse la boca (o la tapa) con el insulto.
Pulgares abajo para el recuadro .....
La tapa se puede apreciar en
http://www.criticadigital.com.ar/tapaedicion/tapa343.pdf

La nota, titulada:
Mugabe prepara su megafiesta de cumpleaños
Caviar y champagne en el reino de la pobreza
se puede ver en
http://www.criticadigital.com.ar/impresa/index.php?secc=nota&nid=19814

lunes, 9 de febrero de 2009

¿Imágenes que atrasan?

Esta imagen de un conocido café de Montevideo, ¿no es, cuando menos, algo "políticamente incorrecta" para los días que corren? La imagen de un negro, sirviente, infantilizado, refleja bien el estereotipo vigente en avisos desde hace casi un siglo. No sería hora de cambiarlo por algo mejor? Sobre productos e imágenes similares se han dado debates en distintos países. De algunos daremos cuenta en este blog.....
Este chiste, aparecido en el diario El País de Montevideo, el domingo 1 de febrero de este año, tendría en Argentina, connotaciones inequivocamente racistas -sabemos que "macacos" es un insulto utilizado contra jugadores brasileros desde hace unos ochenta años -si recuerdo bien la fecha del titular del diario que comenzó la adjetivación. Ignoro si en Uruguay se usa la misma palabra. Quizás no.... De todas maneras.... pulgar para abajo....