En la entrada anterior reproduje el cuento "El Fin", de Jorge Luis Borges (del libro Ficciones, 1944). Ahora, la versión dibujada por Alberto Breccia
miércoles, 19 de febrero de 2014
lunes, 17 de febrero de 2014
Cuando El Negro mató a Martín Fierro -según Jorge Luis Borges..
(dibujo: Alberto Breccia)
El Fin (Jorge Luis Borges -Ficciones, 1944)
Recabarren,
tendido, entreabrió los ojos y vio el oblicuo cielo raso de junco. De la otra
pieza le llegaba un rasgueo de guitarra, una suerte de pobrísimo laberinto que
se enredaba y desataba infinitamente…
Recobró poco a poco la realidad, las cosas cotidianas que ya no cambiaría nunca por otras. Miró sin lástima su gran cuerpo inútil, el poncho de lana ordinaria que le envolvía las piernas. Afuera, más allá de los barrotes de la ventana, se dilataban la llanura y la tarde; había dormido, pero aun quedaba mucha luz en el cielo. Con el brazo izquierdo tanteó dar con un cencerro de bronce que había al pie del catre. Una o dos veces lo agitó; del otro lado de la puerta seguían llegándole los modestos acordes. El ejecutor era un negro que había aparecido una noche con pretensiones de cantor y que había desafiado a otro forastero a una larga payada de contrapunto. Vencido, seguía frecuentando la pulpería, como a la espera de alguien. Se pasaba las horas con la guitarra, pero no había vuelto a cantar; acaso la derrota lo había amargado. La gente ya se había acostumbrado a ese hombre inofensivo. Recabarren, patrón de la pulpería, no olvidaría ese contrapunto; al día siguiente, al acomodar unos tercio de yerba, se le había muerto bruscamente el lado derecho y había perdido el habla. A fuerza de apiadarnos de las desdichas de los héroes de la novelas concluímos apiadándonos con exceso de las desdichas propias; no así el sufrido Recabarren, que aceptó la parálisis como antes había aceptado el rigor y las soledades de América. Habituado a vivir en el presente, como los animales, ahora miraba el cielo y pensaba que el cerco rojo de la luna era señal de lluvia.
Recobró poco a poco la realidad, las cosas cotidianas que ya no cambiaría nunca por otras. Miró sin lástima su gran cuerpo inútil, el poncho de lana ordinaria que le envolvía las piernas. Afuera, más allá de los barrotes de la ventana, se dilataban la llanura y la tarde; había dormido, pero aun quedaba mucha luz en el cielo. Con el brazo izquierdo tanteó dar con un cencerro de bronce que había al pie del catre. Una o dos veces lo agitó; del otro lado de la puerta seguían llegándole los modestos acordes. El ejecutor era un negro que había aparecido una noche con pretensiones de cantor y que había desafiado a otro forastero a una larga payada de contrapunto. Vencido, seguía frecuentando la pulpería, como a la espera de alguien. Se pasaba las horas con la guitarra, pero no había vuelto a cantar; acaso la derrota lo había amargado. La gente ya se había acostumbrado a ese hombre inofensivo. Recabarren, patrón de la pulpería, no olvidaría ese contrapunto; al día siguiente, al acomodar unos tercio de yerba, se le había muerto bruscamente el lado derecho y había perdido el habla. A fuerza de apiadarnos de las desdichas de los héroes de la novelas concluímos apiadándonos con exceso de las desdichas propias; no así el sufrido Recabarren, que aceptó la parálisis como antes había aceptado el rigor y las soledades de América. Habituado a vivir en el presente, como los animales, ahora miraba el cielo y pensaba que el cerco rojo de la luna era señal de lluvia.
(dibujo: Alberto Breccia)
Un chico de rasgos aindiados (hijo suyo, tal vez) entreabrió la puerta. Recabarren le preguntó con los ojos si había algún parroquiano. El chico, taciturno, le dijo por señas que no; el negro no cantaba. El hombre postrado se quedó solo; su mano izquierda jugó un rato con el cencerro, como si ejerciera un poder.
La llanura, bajo el último sol, era casi abstracta, como vista en un sueño. Un punto se agitó en el horizonte y creció hasta ser un jinete, que venía, o parecía venir, a la casa. Recabarren vio el chambergo, el largo poncho oscuro, el caballo moro, pero no la cara del hombre, que, por fin, sujetó el galope y vino acercándose al trotecito. A unas doscientas varas dobló. Recabarren no lo vio más, pero lo oyó chistar, apearse, atar el caballo al palenque y entrar con paso firme en la pulpería.
Sin alzar los ojos del instrumento, donde parecía buscar algo, el negro dijo con dulzura:
—Ya sabía yo, señor, que
podía contar con usted.
El otro, con voz áspera,
replicó:
—Y yo con vos, moreno.
Una porción de días te hice esperar, pero aquí he venido.
Hubo un silencio. Al fin,
el negro respondió:
—Me estoy acostumbrando a
esperar. He esperado siete años.
El otro explicó sin
apuro:
—Más de siete años pasé
yo sin ver a mis hijos.
Los encontré ese día y no
quise mostrarme como un hombre que anda a las puñaladas.
—Ya me hice cargo —dijo
el negro—. Espero que los dejó con salud.
El forastero, que se
había sentado en el mostrador, se rió de buena gana. Pidió una caña y la
paladeó sin concluirla.
—Les di buenos consejos
—declaró—, que nunca están de más y no cuestan nada. Les dije, entre otras
cosas, que el hombre no debe derramar la sangre del hombre.
Un lento acorde precedió
la respuesta de negro:
—Hizo bien. Así no se
parecerán a nosotros.
—Por lo menos a mí —dijo
el forastero y añadió como si pensara en voz alta—: Mi destino ha querido que
yo matara y ahora, otra vez, me pone el cuchillo en la mano.
El negro, como si no lo
oyera, observó:
—Con el otoño se van
acortando los días.
—Con la luz que queda me
basta —replicó el otro, poniéndose de pie.
Se cuadró ante el negro y
le dijo como cansado:
—Dejá en paz la guitarra,
que hoy te espera otra clase de contrapunto.
Los dos se encaminaron a
la puerta. El negro, al salir, murmuró:
—Tal vez en éste me vaya
tan mal como en el primero.
El otro contestó con
seriedad:
—En el primero no te fue
mal. Lo que pasó es que andabas ganoso de llegar al segundo.
Se alejaron un trecho de
las casas, caminando a la par. Un lugar de la llanura era igual a otro y la
luna resplandecía. De pronto se miraron, se detuvieron y el forastero se quitó
las espuelas. Ya estaban con el poncho en el antebrazo, cuando el negro dijo:
—Una cosa quiero pedirle
antes que nos trabemos. Que en este encuentro ponga todo su coraje y toda su
maña, como en aquel otro de hace siete años, cuando mató a mi hermano.
Acaso por primera vez en
su diálogo, Martín Fierro oyó el odio. Su sangre lo sintió como un acicate. Se
entreveraron y el acero filoso rayó y marcó la cara del negro.
Hay una hora de la tarde
en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice
infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una
música… Desde su catre, Recabarren vio el fin. Una embestida y el negro reculó,
perdió pie, amagó un hachazo a la cara y se tendió en una puñalada profunda,
que penetró en el vientre. Después vino otra que el pulpero no alcanzó a
precisar y Fierro no se levantó. Inmóvil, el negro parecía vigilar su agonía
laboriosa. Limpió el facón ensangrentado en el pasto y volvió a las casas con
lentitud, sin mirar para atrás. Cumplida su tarea de justiciero, ahora era
nadie. Mejor dicho era el otro: no tenía destino sobre la tierra y había matado
a un hombre.
jueves, 13 de febrero de 2014
Los peligros de ser africano en Buenos Aires
Estremecedora crónica de Lucía Cámpora acerca de los abusos de la Policía Metropolitana contra inmigrantes senegaleses:
"Nar, Thierno y Macoeou comparten habitación en un
conventillo de Balvanera. (...) La semana pasada, la Policía Metropolitana les
secuestró la mercadería en el marco de un allanamiento, realizado en la
madrugada y a la fuerza. Entraron a todas las habitaciones del edificio,
maniataron a menores y desnudaron a mujeres. A los senegaleses los obligaron a
firmar -a punta de pistola- documentos que no entendían porque no hablan
español. La Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires denunció por los
hechos a la fuerza de seguridad y a funcionarios del gobierno porteño."..
Continúa en:
http://www.infojusnoticias.gov.ar/nacionales/los-peligros-de-ser-africano-en-buenos-aires-3168.html
http://www.infojusnoticias.gov.ar/nacionales/los-peligros-de-ser-africano-en-buenos-aires-3168.html
Agradezco a Maricel Martino
miércoles, 12 de febrero de 2014
Documentos sobre la esclavitud en Argentina (AGN)
En su página de facebook, el Archivo General de la Nación viene reproduciendo y divulgando parte de su valiosísimo patrimonio. En los últimos días, mostraron algunos documentos respecto de la esclavitud que aquí reproduzco:
Transcripción:
Decreto de la Asamblea General Constituyente del Año XIII que limita el decreto del 4 de
febrero de 1813 sobre la libertad de esclavos, 21 de enero de 1814.
Documentos escritos. Sala X 23-5-3.
Transcripción:
La Asamblea General Constituyente de las Provincias Unidas del Río de la
Plata en sesión de este día ha expedido el decreto siguiente
El decreto expedido por la Asamblea General Constituyente en 4 de febrero del
año pasado de 1813, en que declara libres a todos los esclavos que de cualquier
modo se introduzcan desde dicho día de países extranjeros por solo el hecho de
pisar el territorio de las Provincias Unidas, se deberá entender para con
aquellos que sean introducidos por vía de comercio o venta contra las
disposiciones anteriores prohibitivas de dicho tráfico, y de ningún modo para
con los que hubiesen transfugado, o tránsfuga sen de los otros países, ni los
que introducidos en estas Prov. por los viajantes extranjeros en calidad de
sirvientes, se conserven en su propio dominio y servidumbre que no podrán pasar
al de otro por enajenación, o de otro modo alguno, sobre cuyo particular se
encarga al S. P. E. la mas estrecha vigilancia para que de ningún modo sea
eludido el presente decreto en esta parte” .
Lo tendrá así entendido el Supremo Poder Ejecutivo para su debida observancia y
cumplimiento. Buenos Aires 21 de Enero de 1814.
Valentín Gomez
Presidente
Hipólito Vieytes
Secretario
Permiso al Conde de Liniers para introducir los negros
que quiera y también las producciónes de Naturales de África. Madrid, 1793.
Documentos escritos. Fondo Biblioteca Nacional. Legajo 215.
Transcripción:
Permiso al Conde de Liniers para introducir los negros que quiera, y también
las producciones naturales de África.
Excelentísimo Señor. El Conde de Liniers ha recurrido al Rey, solicitando que
el permiso que se le concedió para introducir dos mil negros de las costas de
África en ese Virreinato, se le amplíe a cuatro mil, y que igualmente se le
permita traer a bordo de las embarcaciones negreras las producciones naturales
del África, como gomas, marfil, especias, ébano, (vapor) y cristal de roca. En
su vista se ha dignado S. M. resolver que mediante a estar habitando Montevideo
para el comercio libre de negros, introduzca Liniers los que tenga por
conveniente, concediéndole el permiso que solicita para introducir las
producciones naturales del África, pero pagando los mismos derechos que adeudan
estos artículos a su introducción en esta península. Lo que de su Real Orden
participo a V.E. para su inteligencia y cumplimiento. Dios guarde a V.E. muchos
años. Madrid y enero 3 de 1793. Gardoqui. Señor Virrey de Buenos Aires.
Concesión a Matías López Arraya -comerciante
portugués-para conducir 600 negros al puerto de Buenos Aires, 1784. Firmado por
José Galvez Titular de la Secretaría de Indias.
Documentos escritos. Biblioteca Nacional. Legajo 215.
Transcripción:
Concesión a López Arraya para conducir negros a Buenos Aires según las
condiciones que se previenen.
El Rey se ha servido conceder permiso a Matías López Arraya natural del Reino
de Portugal para conducir a ese puerto seiscientos negros bozales bajo las
condiciones siguientes: Ha de pagar todos los derechos establecidos. No podrá
llevar efectos comerciables; y víveres únicamente los precisos para el viaje,
pena de comiso. A la llegada de la embarcación se pondrá a su bordo el
resguardo, que sea necesario para evitar fraudes; celando con la mayor
vigilancia sobre este particular. Lo participo a V.S. de orden del Rey para su
inteligencia y cumplimiento. Dios guarde a V.S. muchos años. San Lorenzo, diez
de noviembre de mil setecientos ochenta y cuatro. José Gálvez.
Señor Intendente de Buenos Aires
lunes, 10 de febrero de 2014
miércoles, 5 de febrero de 2014
Mazamorrero afroargentino (1900)
"Juan José de Urquiza, mazamorrero y sirviente de la
familia Urquiza, combatió en la batalla de Caseros.
Foto año 1900.
Documento Fotográfico. Inventario 94059"
Fuente: Facebook del Archivo General de la Nación
Etiquetas:
afroargentinos,
fotografías
viernes, 31 de enero de 2014
Iemanjá vandalizada: La precaria situación de las religiones de origen afro
Varias
veces sostuve que la fiesta a Iemanjá era la mejor carta de presentación de las
religiones afro en sociedades como las nuestras en que son injustamente miradas
con desconfianza y mal comprendidas.
Las estatuas de Iemanjá que se levantan a
lo largo de la costa de Brasil, llegando hasta el Río de la Plata, dan cuenta
de lo mucho que se ha progresado desde que estas religiones eran perseguidas
como hechicería a principios del siglo XX pero también de lo mucho que resta por
hacer. La instalación de imágenes nuevas encuentra resistencias -disfrazadas
ahora de objeciones que intentan ser no religiosas- y las antiguas sufren, con
mayor frecuencia de lo que sabemos, ataques y vandalismos.
La bella
y significativa imagen de Iemanjá en Montevideo, cercana a la playa Ramírez,
donde miles y miles de uruguayos ofrendarán este domingo, ha sufrido varias agresiones
este año.
Transcribo
el texto que al respecto acaba de redactar la mãe Susana (Andrade) de Oxum. Sin
duda que acierta al exigir medidas reparatorias (efectivas y simbólicas) del
gobierno, y en pedir el acompañamiento de organismos de derechos humanos y
civiles, que no suelen prestarle atención a esta problemática.
¿Qué pasa con Iemanjá?
Por Susana (Andrade) de Oxum.
Nuevamente agredieron la imagen de la Orixá Iemanjá ubicada en rambla de playa
Ramírez. Denunciamos y deploramos los ultrajes de que ha sido objeto el
monumento a la Reina del Mar en Montevideo. Nuestro símbolo máximo femenino
integrante del panteón yoruba, devoción africana que representa la fuerza de
las aguas en los cultos afro y religión Umbanda, fue ensuciada adrede vilmente
volcándole un tacho de pintura arriba, además de hurtarle parte de sus
elementos y placas.
Sin ser la única vez, han arreciado los ataques en frecuencia e intensidad. El
año pasado fue a fin de año y en estos últimos quince días de enero ¡dos
veces!! ¿Los fieles vamos a tener que limpiarla todos los días por la
perturbación emocional de algunos violentos?
Siempre cercanos al 2 de febrero fecha de su celebración aunque cada vez más
sin tiempo previsible, surgen estos atentados irracionales y cobardes que
denotan una intolerancia religiosa aguda focalizada en la comunidad espiritual
afroumbandista. Esto sucede en un país que consagra constitucionalmente la
libertad de cultos, protegida en nuestro orden jurídico con leyes penales
previstas ante los delitos de odio e incitación al odio en razón de la fe.
Nos sentimos impotentes. Sobre todo porque a estar por los hechos reiterados,
no se trata de un agresor aislado, sino de grupos organizados con el fin de
destruir las manifestaciones de los cultos afro. Un ataque racista y
sistemático en definitiva, que podría tener origen en la prédica fundamentalista
y demonizadora contra la religiosidad africana, que llevan adelante noche a
noche año tras año hace décadas por televisión, los integrantes de la Iglesia
Universal- Pare de Sufrir, mensajes de intolerancia y desprecio directamente
dirigidos a las comunidades pertenecientes a las creencias de matriz afro y sus
prácticas.
NECESITAMOS:
1- QUE EL MINISTERIO DE CULTURA PROMUEVA UN ACTO DE DESAGRAVIO A IEMANJÁ Y A
LOS AFROUMBANDISTAS POR LOS REITERADOS ATENTADOS QUE HA SUFRIDO SU MONUMENTO
PÚBLICO.
2- QUE LOS ORGANISMOS COMPETENTES -MINISTERIO DEL INTERIOR, INTENDENCIA-
IMPLEMENTEN EN FORMA URGENTE POSIBLES MEDIDAS DE SEGURIDAD PARA EVITAR FUTUROS
ATAQUES.
3- QUE LOS COLECTIVOS DE DERECHOS HUMANOS DE LA SOCIEDAD CIVIL URUGUAYA, SE
CONDUELAN PÚBLICAMENTE Y NOS ACOMPAÑEN EN ESTA SITUACIÓN TAN DESGRACIADA DONDE
NOS VEMOS COARTADOS DE EJERCER LIBREMENTE NUESTRO DERECHO DE CULTO.
SUSANA ANDRADE – JULIO KRONBERG
IFA DEL URUGUAY
ATABAQUE: Por un país sin exclusiones
099215451-22006821
Etiquetas:
discriminación,
Iemanjá,
religiones afro
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

















