jueves, 19 de diciembre de 2013

Huellas (fugaces) de Candombe en Buenos Aires: El proceso de legitimación de las Llamadas de San Telmo (2)


Por Viviana Parody (entrada 2 de 3)

Las Llamadas de San Telmo, entre 2006 y 2012
Como parte de las actividades generadas durante la conformación de la comparsa Kalakán Güé, se dictaron talleres gratuitos de candombe en el Centro Cultural Fortunato Lacámera, sito en las calles San Juan y Balcarce, esquina parte del recorrido tradicional de los tambores de candombe que parten de Plaza Dorrego en feriados. A cargo de los mismos talleres o clases iniciados por Ángel Acosta Martínez, hoy se encuentra –y ya desde hace años- el afrouruguayo Claudio “Artigas” Martirena, oriundo de Barrio Sur de Montevideo, venido a la Argentina en 1980, año en el que vino a “actuar con la comparsa Morenada”, para desde entonces radicarse en nuestro país. Tales talleres, forman parte de los dictados bajo el Programa Cultural en Barrios, dependiente del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.
Es precisamente por iniciativa del Centro Cultural Fortunato Lacámera, luego de varias salidas con tambores por Avenida de Mayo impulsadas por la Asociación Amigos de Avenida de Mayo, que en 2006 se realizan las Primeras Llamadas de San Telmo, de las cuales la comparsa Lonjas de San Telmo (comparsa producto de las clases de este centro cultural, e integrada por familias uruguayas y jóvenes argentinos) es anfitriona. La falta de acompañamiento del gobierno de la Ciudad (al que se le solicitaba agua, baños químicos, difusión y micros para que pudieran participar las casi 25 comparsas que solicitaban hacerlo, sin obtener respuesta positiva desde entonces y hasta 2012), hizo que en 2009 las IV Llamadas de San Telmo fueran dos: la correspondiente con esta organización “oficial” (hecha casi sin recursos reiteradamente año a año), y la correspondiente con la gestión “independiente” de las mismas por parte de las comparsas de candombe que repudiaban esta política cultural abandónica. Los “referentes” afrouruguayos, exceptuando a los hermanos Bonga Martínez, no coincidieron en confrontar al gobierno de la Ciudad en pos de un reclamo decisivo (“no salir en las Llamadas si no se obtenían estos recursos mínimos”). 
Así surgen, paralelamente al desalojo de las familias afrouruguayas y de la escuela de candombe de la calle Herrera 313 –último quilombo urbano-, las Llamadas de “Lindo Quilombo”, organizadas por quienes para entonces se constituían como un colectivo de comparsas, aspirando a conformarse a futuro en una asociación o agrupación formal que pudiera nuclear a las mismas y representarlas en las gestiones comunes. Es decir, se realizaron dos Llamadas, que continúan desde entonces, mal entendidas como “oficial” e “independiente”. En ese mismo momento, en las reuniones de comparsas, se anunciaba que el candombe había sido declarado “patrimonio inmaterial de la humanidad” por Uruguay, hecho que reconfortaba y a la vez generaba dudas sobre el futuro de esta expresión en Argentina.



Los siguientes tres años fueron definitivos para la afirmación de una política nacional multicultural, que en lo que respecta a cultura afro dio su inicio en los mega festejos del Bicentenario (2010), tuvo luego su afirmación con la creación del Programa Afrodescendientes perteneciente a Secretaría de Cultura de la Nación, y su finalización con la declaración del Día de las y los afroargentinos y la Cultura afro (8 de Noviembre, en 2013). Durante los mismos hitos, “los candomberos” y directores de comparsas se mantuvieron bastante al margen de todos estos hechos de redefinición político-cultural, por lo tanto no contaron a posterior con una serie de informaciones necesarias en materia de políticas culturales. Insistiendo durante cuatro años al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por los recursos mínimos para la realización de las Llamadas de Candombe de San Telmo (micros para todas las comparsas y no solo las 5 cercanas, baños químicos, botellas de agua) llegaron a costear  de su bolsillo los traslados para la realización de las mismas en 2012. 
En tanto, Lindo Quilombo se hubo convertido en un “colectivo de candomberos” jóvenes -y no así de comparsas- que con 30 años de edad promedio pertenecían a una generación que aprendió candombe a partir de “clases”, y que posteriormente (actualmente) buscaron la “convivencia en contexto” (en su caso, en Uruguay). De entre dicho colectivo, un grupo cada vez mas experto (de ocho jóvenes) organizó año a año las Llamadas “Independientes”, teniendo como consigna que quien participara de las Llamadas “oficiales” no podía participar de la organización de las Llamadas de Lindo Quilombo (si de su desfile). Llamativamente, las mismas poco a poco obtuvieron el apoyo de CTA Capital de Calle Independencia, de un sector de ATE, y del MOI (Movimiento de ocupas e inquilinos), y de la comparsa Zumbaé de Montevideo (dirigida por un músico, y secretario político, afrodescendiente, integrante joven del Grupo Asesor de Candombe conformado en Montevideo a partir de la Declaratoria de UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad para el Candombe). De este modo, las controversias internas de la “comunidad” afrouruguaya de Montevideo, comenzaron a atravesar el ya complejo contexto candombero porteño: el Programa Afrodescendientes de Argentina se encontraba a cargo de Javier Ortuño, “primo” del ex diputado y hoy Ministro de Industria Edgardo Ortuño de Uruguay (línea política que no cuenta con el apoyo de los afrouruguayos jóvenes de Montevideo en interacción con los candomberos porteños pertenecientes a Lindo Quilombo).



Los ecos del “que se vayan todos” –consigna de los cacerolazos de Argentina de 2001 con los que se “pidió la renuncia” del presidente De la Rúa- se hicieron lugar en las consignas compartidas por muchos de los candomberos argentinos: “queremos diferenciarnos, y organizar las llamadas por nosotros mismos, y no con el Estado”. Dos sindicatos alineados en contra del gobierno nacional dieron su apoyo año a año para las Llamadas de Lindo Quilombo, apoyos que se sumaron –desde ya, y es meritorio- a una muy buena dinámica de grupo y a las habilidades propias de la cultura juvenil de clase media, más que propicias para lo gestivo-comunicativo-organizativo.
El 2012, encontró a los “candomberos” reunidos en el nuevo predio otorgado por el gobierno de la Ciudad a los hermanos Bonga Martínez en Defensa 535 (previo juicio por desalojo del espacio de la calle Herrera 313). En esta oportunidad, “los candomberos” -unidos nuevamente, aunque aún con dos Llamadas (“Oficiales” e “independientes”)- planificaron una “única Gran Llamada” para 2013, a realizarse “entre todos y unidos”, saldando así las diferencias de 2009 entre los diversos actores, para luego juntos  “golpear nuevas puertas” que dieran lugar a la obtención de recursos (ya NO al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, o no únicamente). Sin embargo, frente a la iniciativa de los jóvenes de Lindo Quilombo de adelantarse en lo que refiriera a las reuniones con las nuevas esferas del gobierno nacional (puntualmente, con el Programa Afrodescendientes), los candomberos afrouruguayos (unidos los dos centros culturales y las dos generaciones de inmigrantes) pidieron ser poder “ser ellos quienes acudieran a las oficinas del Estado” a una primer entrevista con el Programa Afrodescendientes –reconociéndose como tales- para plantear por nota la situación del candombe en Buenos Aires en representación de todos los grupos integrantes de “las reuniones de comparsas”. 
En desacuerdo con ello –aunque sin verbalizarlo-, los dos a tres jóvenes representantes de Lindo Quilombo consolidaron en enero y febrero de 2013 sus alianzas con Uruguay –representando en marzo al candombe por nuestro país en eventos relacionados a Patrimonio organizados por Secretaría de Cultura de la Nación y el proyecto Patrimonio Vivo de UNESCO Uruguay en Buenos Aires- y se retiraron tanto de las reuniones de comparsas como de las construcciones colectivas, dejando como aporte igualmente su participación en las Llamadas de San Telmo, pero también la confirmación de que continuarían con la realización de las usuales Llamadas de Lindo Quilombo en 2013 también. 



Tras varios meses de convocar a acuerdos, se obtuvo que Lindo Quilombo organizara “su” Llamada (“independiente”) en una fecha algo anterior (2 de Noviembre) y en barrio aledaño, igualmente emblemático (Montserrat), permitiendo así a las comparsas restantes de jóvenes argentinos y uruguayos “organizar la llamadas” también “entre todos” junto a las comparsas de directores afrouruguayos de San Telmo, pero en este caso con el apoyo del Estado para los recursos (sígase entendiendo por “recursos”: baños químicos, agua, corte de calles y micros, y nunca un caché para cada comparsa, precisamente por el rumor de que “los referentes [léase los afrouruguayos, o directamente los negros] lo que querían es dinero”).
 En las reuniones organizativas de las VIII Llamadas de San Telmo, reuniones que esta vez comenzaron en Marzo luego del desfile de comparsas ya usual del Carnaval Afrodescendiente organizado por el Programa coordinado por Javier Ortuño, los diálogos no fueron sencillos. Aún tratándose de directores o integrantes de comparsas que acordaban en solicitar al Estado “un apoyo” (no así en delegar los criterios organizativos), llevó varios meses establecer pautas comunes y respetarlas, sobre todo por los diferentes códigos comunicativos, y no tanto por las ideas centrales en cuestión. Aun así, la organización conjunta de las comparsas en sus reuniones hizo que en Mayo de 2013 se entregara a la Secretaría de Cultura de la Nación (Programa Afrodescendientes) el pedido formal de apoyo para las VIII Llamadas de San Telmo (la solicitud incluía junto a los detalles de recursos, el pedido de declaratoria de interés cultural de la Llamada). Se solicitó también la posibilidad de incluir al candombe en los nuevos carnavales nacionales, definidos como “federales y latinoamericanos”, y la respuesta resultó afirmativa por demás en primer término, aunque finalmente no se concretaron todos los recursos (sino algunos), ni la logística esperada, aunque a cambio se demandó durante todo el año una dinámica de trabajo que supiera dar cuenta de que “las comparsas querían organizarse” y trabajar “consensuadamente”. Como saldo, la construcción de esta dinámica (pautas comunicativas, distribución de tareas) resultó positiva y si bien no estuvo concluida y aún resulta mejorable, la misma quedó incorporada a las reuniones de comparsas -no aún al funcionamiento hacia el interior de las mismas, que muchas veces siguen en situación de desinformación de estos procesos-.
La participación en las reuniones, de todos modos, y las pautas para la participación en las Llamadas –que tuvieron al expectativa de responder a los requerimientos internacionales que cualquier evento cultural tiene en el casco histórico de una ciudad- estuvieron “impulsadas” por una serie de principios escritos que los afrouruguayos consensuaron entre sí (pudiendo interactuar por primera vez entre pares sin competir entre ellos). Estos principios organizativos, que trascendieron entre los candomberos como “el reglamento”, luego debieron ser flexibilizados dado el rechazo de algunos grupos o comparsas integradas fundamentalmente por argentinos. En dicho proceso, las comparsas integradas por jóvenes uruguayos y afrouruguayos, se mantuvieron ausentes (en muchos casos como estrategia para no pronunciarse ni en contra ni a favor dada su doble pertenencia: siendo uruguayos “respetan la tradición”, pero siendo jóvenes tienen lazos de amistad con los “candomberos jóvenes argentinos”). Estas pautas entonces, aunque finalmente no fueron tenidas en cuenta (al extremo de no debatir cuáles podrían ser viables para el lucimiento de la expresión, en tanto no significara el perjuicio de los procesos sociales implícitos), incentivaron a algunos grupos a mejorar su presentación, sea en su vestuario, en la inclusión de personajes tradicionales, o en la viabilización de consignas comunicativas (a modo de “mensajes”) para la sociedad mayor.



Indagando la pluralidad dada por “los otros candombe(S)”
“Nosotros no queremos que el Estado provea a las comparsas de micros para ir a la Llamada, porque consideramos que allí donde el Estado resuelve las cosas por la gente, la inhibe a su vez de poder conseguir recursos por sí mismos, con las interacciones que esto implica”
Candombero organizador del Encuentro de Candombe(s)
de Punta Lara, 2013, integrante de la comparsa “La cuerda” de La Plata.

Evidentemente hubo tantas interpretaciones de esta propuesta de “estatuto o reglamento” que regularía desde 2013 las Llamadas de San Telmo dado por “los referentes”, como traductores del mismo. Dicha construcción de criterios (que podía oscilar entre crear categorías como simplemente establecer dos días o partes para el desfile, una correspondiente con “expresiones tradicionales” y otra con “innovaciones juveniles”), llegaron a oídos de todos los jóvenes “candomberos” de todo el país, dada supuestamente “la gravedad de estas exigencias”. Siendo que desde Argentina se rechaza el mecanismo mercantil del carnaval montevideano, se descarta cualquier política cultural del vecino país, aun desconociéndola. 
Especialmente las políticas referidas a La Movida Joven, dirigidas a este sector de la población que cuenta con espacios públicos y cortes de calle para su esparcimiento artístico o deportivo (a cargo e iniciativa de la Intendencia de Montevideo), o las denominadas “cooperativas de vivienda” de modelo uruguayo, presentan principios bastantes coincidentes con los promulgados por los jóvenes argentinos en sus Encuentros de Candombe(S). Cada vez que algún uruguayo o afrouruguayo referencia su país, sin embargo, los candomberos argentinos inmediatamente asocian la mención al dispositivo del carnaval, y no a las políticas sociales y culturales más generales. Puntualmente, varios grupos de candombe de escenario integrados por argentinos, hicieron en 2013 manifiesto su rechazo por ambos gobiernos nacionales (el de Pepe Mujica, y el de Cristina Kirchner), afirmando que los gobernantes lo que deben hacer es “devolver la plata que se robaron”. Es de destacar como el Estado, y el dinero, aparecen de manera conjunta o separada como demonizados.
La variedad y diversidad de prácticas hace, sin embargo, que también encontremos –aunque con mucho menor impacto- el acercamiento de los referentes afrouruguayos de mayor edad (hoy con 70 años, exiliados en 1974) al sector juvenil, aún incluso a las generaciones recientes o más jóvenes de candomberos, como resultan ser los Encuentros (juveniles) de Candombe(s). Si bien estos Encuentros tienen su origen en ciudades del interior del país, hacia los grupos de candombe del interior existió circulación (intercambio) de figuras afrouruguayas, aunque los candomberos afirmen “que no existen entre el candombe del interior y el de Buenos Aires relación, sino más que con Córdoba o directamente con Montevideo”. La apropiación de la práctica, se ha dado sin dudas por múltiples vías. La circulación del material discográfico de Afrocandombe entre los jóvenes “candomberos” del interior, da cuenta también de la importancia de las herramientas de referencia, facilitadoras o “transportadoras” de acervos culturales colectivos: “nosotros aprendimos a tocar con Afrocandombe”.



 En los encuentros (o mas específicamente, en el Encuentro de CandombeS de Punta Lara en 2013), la pluralidad se vio plasmada en el compartir alimentos, en el abonar todos un dinero de base que cubriera los costos de tres días de camping –que incentivaban a cumplir- y en las conversaciones centradas a veces más en la danza (o en las mujeres y sus procesos en el candombe) que en los “tambores” o en los “tamborileros” (ya que muchas mujeres argentinas tocan tambores). Aun así, al momento de desfilar en el espacio público aledaño al camping con los tambores (avenida alejada del centro de la ciudad de La Plata, por lo tanto sin dificultades para el corte de tránsito parcial), lo que se observó fue nuevamente un desfile de comparsas de estilo uruguayo, con vestuario. En los momentos de “compartir y aprender entre todos” se generaron “jumps” (improvisaciones) de agrado y disfrute, pero donde el conocimiento performático no circulaba con facilidad a falta de lo que en políticas de patrimonio se denomina como “portadores”, a pesar aún de la cantidad y calidad de instrumentos-tambores a disposición. De manera aledaña a estos espacios de “aprender entre todos”, se generaban espacios de serigrafía (para pintar remeras al instante con la consigna del encuentro), y de venta y exposición de tambores, talíes, palos, etc. Al Encuentro, muchos jóvenes se habían acercado en tren o micros, pero una gran cantidad –llamativamente- se movilizaba para todo tipo de traslados en automóviles de su propiedad (hecho que agrega un dato a sus pertenencias de clase, pero no desdibuja ni desvaloriza de ningún modo sus construcciones).
Al Encuentro de “Candombe(S) en plural”  (realizado en Punta Lara, La Plata, para que supuestamente pudieran asistir los grupos de San Telmo que a los encuentros del interior del país no pudieron asistir en años anteriores por los costos del viaje) finalmente no fueron invitadas las “comparsas de Buenos Aires” (“por temor a que nos desborde la participación”). Fueron avisados del mismo, igualmente, de manera personal, algunos “candomberos” argentinos del contexto porteño que supieron asistir con algunos miembros de sus grupos (escasos).



Claramente, entre todas estas prácticas –más allá del uso del espacio verde en un caso, y del uso del espacio público emblemático en otro- existe un factor común y una clara diferencia: todos quieren “hacer /organizar el candombe entre todos”, pero algunos quieren hacerlo “CON el apoyo del Estado”, y otros “de manera independiente” (SIN el Estado, buscando otros modos de solventar los recursos, que en muchos casos termina siendo particular, o de sindicatos u ONGs). Esto pareciera ser una huella también de la coyuntura sociopolítica de la Argentina del 2001, propia de las asambleas de vecinos que se solidarizaban para resolver sus problemas “entre todos”. Muy a pesar de quienes creen que tales iniciativas se han terminado una vez terminado el “corralito” (y así ocurre en un alto porcentaje), vemos como determinados sectores de la población (no incluidos en la planificación estatal por diversos motivos, como los jóvenes o los feriantes, para el caso de la Ciudad de Buenos Aires) si han incorporado y mantenido estas prácticas de tipo solidario como modo organizativo, y como “forma de vida”. Quienes viven el candombe desde estos principios emanados de la crisis del 2001, fusionan muchas veces significantes propios de la cultura afrouruguaya con los sentidos locales porteños que ellos les asignan a sus prácticas con el tambor: “candombe como forma de vida”, “resistencia”, “comunidad”.
Por otro lado, las maneras del hacer entre quienes coinciden en interpelar al Estado, dan cuenta de diferencias intergeneracionales y/o culturales que oscilan entre formas más o menos autoritarias o paternalistas, a formas más participativas y “horizontales” de comunicación y organización. En tal “horizontalidad”, la cantidad y calidad de información, la experiencia de vida, la trayectoria con el candombe, y las herramientas de comunicación masivas que los actores manejan es extremadamente disímil, y hasta que tal “brecha” (digital, social) no se reduzca, siempre se tenderá a caer en la repetición de las fragmentaciones ya existentes, siempre halladas.