Me enteré de esta nota gracias al blog de la comparsa Nigeria, de Montevideo. No soy un asiduo lector de El País (Uruguay) pero dudo que haya sacado muchas notas de esta extensión y profundidad sobre un músico de candombe -si es que así se puede denominar a Jorginho Gularte. Ya que digan que es al candombe lo que Piazzolla al tango es una impresionante carta de presentación. Y aún más si la próxima comparación es con Santana.
(por Daniel Morena)
" (...) La frontera. Alguien dijo que Jorginho es al candombe lo que
Piazzolla al tango. Y desde la mira que propone categorizaciones de nuevo cuño
para clasificar su música, la analogía es legítima. Para hacer aprensible
teóricamente a Piazzolla hubo que inventar o añadir categorías musicales a las
existentes, cuando con su obra traspasó el esquema binario de música
popular/música culta -la otra opción hubiera sido concluir que Piazzolla es un
género musical (3). También la tipificación de Jorginho fuga a la taxonomía
actual: no es candombe de comparsa; no es candombe-beat (Jorginho se oponía
radicalmente a hacer candombe con tumbadoras); no es canto popular, no es
bossa, no es jazz, no es rock.
Jorginho Gularte - tapa de su disco Fata Morgana (gracias Vivi Parody)
¿Qué es? Es una música en la frontera; que por
momentos apela a las armonías disonantes; que abre espacios para solear a cada
músico, incluso al batería (que en candombe, salvo honrosas excepciones,
obstruye e incluso sustituye a los tambores); que descree de la cuerda de
tambores como un bloque monolítico: Jorginho liberó a los tambores de la
prisión formal de tocar sólo para la cuerda, habiendo dotado a cada tamborilero
de una libertad de diálogo con el resto de los instrumentos, desagregando en
fraseos la estructura rítmica de la percusión y poniendo en entredicho el
aparato conceptual (muy básico) del candombe compuesto hasta entonces. Un sonido
que por momentos recuerda a otro ser en el límite, Carlos Santana. Al Santana
de "Gitano", de "Oye como va", de "Black Magic
Woman". El Santana más negro. Verificable en canciones de Jorginho como
"Cascatunga", o "La bomba H", o "Mi sangre t´alborotá".
Tom Jobim y Elis Regina - Foto: Fernando Duarte para Página 12
He dicho otras veces que la bossa nova no es mi género favorito de música brasilera. Me parece una adaptación (bastante pasteurizada) del samba a los gustos de la clase media brasilera (reconozco, no es la afirmación de la que me siento más orgulloso, pero no puedo evitarlo). Esto no quita que haya algunas -varias- canciones del género que son simplemente maravillosas. Águas de Março es, sin duda, una de ellas. En los párrafos que siguen, Mariano del Mazo nos cuenta la bella historia por detrás de la canción....
Suplemento Radar, Página 12, 18 de marzo de 2012
Cerrando el verano
Por Mariano del Mazo
Hace 40 años, Tom Jobim se sentó en un banco de su finca
carioca frente al río Preto y comenzó a escribir la canción que, según Frank
Sinatra, en la versión del disco Elis & Tom, “es lo más cercano a la
perfección”. “Aguas de marzo” es, efectivamente, una de las más hermosas
catedrales de la bossa nova y la canción que refleja el intento de Jobim de una
nueva vida. Ya había conquistado los Estados Unidos con la versión en inglés de
“Garota de Ipanema” y arrastraba una vida bohemia prototípica que no podía
domar. Los médicos le habían aconsejado que parara. “Mi papá había decidido
dejar de fumar y de tomar”, dice Paulo Jobim, también músico, para UOL de San
Pablo. Tom tenía 45 años y aspiraba a reformularse con una nueva casa y un
retiro espiritual en las afueras de su adorado Río.
La letra habla de eso, de la construcción, del “proyecto de
una casa”: “el palo, la piedra, el fin del camino” y también “la noche, la
muerte”, el aparente contraste de “es un ave en el cielo, es un ave en la
tierra / es arroyo y es fuente y un poquito de pan / es el fondo del pozo, el
final del camino / y en el rostro la sombra de la soledad”. Paulo dice que su
padre atravesaba una crisis existencial y que se sentía muy solo. Las “aguas de
marzo cerrando el verano” eran la metáfora de una ilusión, la esperanza de una
etapa diferente, un plan.
Hay un testigo insospechado de esta historia: Claudio Gabis.
Después de Manal, el guitarrista se radicó varios años en Brasil y, por esas
cosas del destino, compró una casita en esa misma finca. Allí, dice, fue feliz.
Cuenta los orígenes del predio: “A unos 130 kilómetros de Río, en la sierra de
Teresópolis, la familia Jobim, perteneciente a la alta burguesía carioca,
poseía una propiedad rural que originalmente se destinó a la cría de aves. Como
el negocio fracasó, la finca se dividió en parcelas entre sus miembros (madre y
tía de Tom, su hijo Paulinho, su hermana Helena, y primos y sobrinos), que
construyeron sencillas pero primorosas casas de fin de semana recorridas por un
tranquilo río de montaña que desciende, formando cascadas y piletas naturales.
En marzo, el río Preto crece y se vuelve más impetuoso con el agua de las
lluvias que cierran el verano. En la parte más alta del terreno, en el fin de
un pequeño camino, Tom construyó con piedra y madera su casa, un lugar de
retiro que amaba profundamente”.
Tom Jobim mostró la canción terminada en la casa del
arquitecto José de Caldas Zanine, acompañándose con una guitarra. Todas las
frases comenzaban con “é”. Los testigos, Paulo Jobim y su tía Helena incluidos,
quedaron impresionados. Era una genialidad. Tom leía la letra garabateada en un
papel. La grabó relativamente rápido y la publicó en su álbum Matita Peré junto
a otras bellezas como “Ligia”. El disco es uno de los mejores de su carrera,
sin embargo no tuvo reconocimiento en Brasil. Según el crítico Nelson Motta, el
motivo es que el compositor había estado demasiado tiempo fuera de Brasil,
trabajando en Estados Unidos. Además, escribió, “en los ’70, la bo-ssa empezaba
a ser parte del pasado. Eran tiempos de la MPB”.
La consagración llegaría en 1974, con el extraordinario Elis
& Tom. “Aguas de marzo” abría el álbum que fascinó a Frank y quedó
consolidado como el cenit de la interpretación a dos voces entre un hombre y
una mujer. Ese maravilloso contrapunto con Elis Regina de algún modo clausuró
el tema, a pesar de algunos intentos vocales interesantes, como el de Marisa
Monte y David Byrne editado en el primer Red Hot + Rio.
Antonio Carlos Jobim murió en 1994. En 2010, una terrible
inundación barrió Teresópolis. El caserío no existe más. La finca es un pantano
de lodo. Una de las pocas personas que resiste es el casero de las cabañas de
los Jobim. Manda otro mail Gabis: “Se llama Tito y prácticamente se crió con
Tom, entre los matorrales del valle. Perdió todo lo que tenía en la inundación.
Llora desconsoladamente cada vez que escucha o le mencionan ‘Aguas de marzo’”.
Se cumplen 40 años de una profecía: palo, piedra y el fin
del camino.
Hoy, el "pirulo de tapa" de Página 12 sorprendió con una referencia a la "Marcha do Axé", realizada en el famoso Parque Ibirapuera de São Paulo, en protesta por la persecución y exclusión social que sufren los practicantes de religiones afrobrasileñas (ver dirección del Manifiesto, abajo).
El diario también podría hacerse eco de la lamentable situación de los practicantes locales (argentinos) de estas religiones. Pero sabemos que una persecución en otro país a practicantes (supuestamente) negros (claro que en São Paulo, como en Brasil en general, no todos lo son) resulta una causa más exótica, claramente "étnico-racial" y por ende más simpática de apoyar. El racismo sería evidente, y la denuncia, fácil.
Por comparación, resalta el no lugar (o la no pertenencia) de estas religiones en una Argentina supuestamente blanca y católica o racional. Su práctica entre personas blancas, mayormente de clase media baja o sectores populares en el conurbano bonaerense resulta menos interesante.
También se podría decir que "más de dos mil personas" llama más la atención que los cien o doscientos que alguna vez pudieron reunirse en el obelisco -en festejo por el Día de la Umbanda
A favor del diario, también debemos mencionar que si cubrió la presentación de un petitorio en el Congreso de la Nación por parte de los umbandistas argentinos (la nota, en algún lugar de este blog)...
Hace unos días, en el BAFICI se mostró la película argentina "El Gran Río", que narra la historia de David Bangoura, un joven de Guinea-Conakry que llegó a Rosario como polizón en un navío mercante y ahora, ocho años después, acaba de grabar su primer disco de rap (Cruzando el mar) cantado en español, soussou y francés. El diario La Nación le dedicó una interesante nota, y también el suplemento Sí de Clarín, que además lo sacó en tapa.
David Bangoura -foto nota Clarín
La Nación, martes 17 de abril de 2012
Otras vidas / Una historia de película que se presenta en el
Bafici
Cruzando el mar sobre la hélice de un barco sojero
David Bangoura escapó a los 17 años de Guinea y, sin
saberlo, terminó en Rosario
Por Franco Varise
El sonido de la hélice es imposible de olvidar. Debajo de la
piel de David, el rotor gira, gira y se enrosca en sus entrañas. Algo que en
palabras sonaría como un ugg-ugg-ugg-ugg interminable, según define. No le
pidan a David Doda Bangoura (25) que se dé el pequeño lujo de prescindir de ese
sonido. No puede: lo tiene dentro del alma.
Entre la sed y el hambre, las esperanzas y la desesperación.
Los más de 20 días cruzando el mar en un pequeñísimo habitáculo seco entre el
timón y el casco (bracage, dice) dejan para siempre cosas en la cabeza.
A los 17 años, David emergió por casualidad en el puerto
santafecino de San Lorenzo, cerca de Rosario, desde la mismísima panza de un
buque de ultramar. La soja cosechada en la rica pampa húmeda viaja hacia China
y, en su contramarcha, trae visitas inesperadas. David es una de esas visitas.
Su extraordinaria historia comenzó hace ocho años en Guinea-Conakry, un país de
Africa ubicado sobre la costa occidental del continente. Un terreno golpeado
por la pobreza, el hambre, el sida y los intermitentes desahogos violentos de
la política interna.
"Todos los chicos queríamos irnos por problemas de
pobreza o de familia... yo estaba estudiando el liceo, quería también cantar,
pero no me permitían entrar en la universidad porque mi mamá no apoyaba el
régimen... Tenía la esperanza de una mejor vida. Yo necesitaba tener un
país...", relata a La Nacion.
David es hoy un "vecino" que divide su tiempo
entre Buenos Aires y Rosario. Un trashumante con una vida literalmente de
película, pues inspiró el documental El gran río, de Rubén Plataneo, que por
estos días se presenta en el Festival de Cine de Buenos Aires (Bafici).
El film recorre los sueños de Black Doh (su nombre musical y
hiphopero) y hace el viaje al revés hasta Guinea para llevar la noticia a su
familia de que David no ha muerto.
"En ese momento estaba en el Port Autonome de Conakry;
siempre íbamos a ver los barcos. Unos amigos estaban juntando comida para
viajar... alguien nos dice que aquel buque salía para Europa... en la madrugada
nadamos con unas bolsas de gary (harina de mandioca) y unos bidones de agua;
subimos al bracage y esperamos dos días hasta que el barco empezó a
navegar..."
David emprendió la aventura con otros tres amigos, Abdulay,
Lamine y Kámara. El destinoera Europa. Pero a los trece días de viaje se
quedaron sin agua. El frío de la noche casi a la intemperie, con la única ropa
que llevaban puesta y el hacinamiento empezaron a trastocar el ánimo del grupo,
que había salido a alta mar cantando y rezando.
David Bangoura - foto Graciela Calabrese para La Nación
"Petit Abdulay empezó a morirse... Estuvimos ocho días
tomando agua de mar; quedaba muy poca comida, entonces empezamos a golpear el
casco del barco para que nos sacaran, pero nadie respondía... Un día bajé a
tomar un poco de agua y era más dulce: así nos dimos cuenta de que habíamos
llegado a un país..."
La tierra de Maradona
Hasta ese momento no sabían que el barco de bandera
vietnamita estaba ingresando en el estuario del Río de la Plata, muy lejos de
Europa. David ya había viajado con esta modalidad varias veces. Antes había
hecho cuatro travesías como polizón y siempre fue deportado, incluso de China.
La pulsión orgánica por encontrar un "país", como dice, de y cantar
hip-hop (Guinea es un país con una cultura musical riquísima) y el clima de su
país lo expulsaban hacia el mar. En las diez canciones cuenta los detalles de
su aventura con precisión quirúrgica.
"Como a los cuatro días el barco frena y nos suben;
eran vietnamitas, que son muy duros, pero como ya estábamos llegando a un
puerto nos dejaron en una especie de cárcel con arroz en el piso... después de
un tiempo el barco amarró y llamaron a la gente de migraciones..."
Cuando salieron a la luz del día eran cuatro esqueletos.
David, que habla perfecto castellano con una entonación como de príncipe
francés, desliza que le teme mucho a la brujería ("Africa tiene mucha
brujería", asegura). Cuando los cuatro chicos salieron del barco eran
espectros productos de esa brujería, o más bien un milagro de la supervivencia.
"Cuando nos dijeron que estábamos acá nos pusimos
recontentos: ¡La tierra de Maradona! El lugar donde nació un jugador así no
puede ser malo; nos morimos de risa, cantamos contentos abrazados y agradecimos
a Dios hasta que nos llevaron al hotel Bahía de Rosario..."
La vida de David ya en tierra fue y sigue siendo difícil.
Pero no deja de agradecer la calidez de una sociedad donde la gente negra es
tan rara como un extraterrestre. Quiere mencionar, con los ojos llorosos, el cariño
que le prodigaron Claudia ("fue nuestra madre"), la familia de su
amigo Martín (que lo alojó por muchos años) y a "mis productores" de
la película, que, además, viene acompañada de la edición de su primer disco
(Cruzando el mar) cantado en español, soussou y francés..
"Estoy muy feliz y orgulloso de mi disco, pero todavía
me falta terminar de estudiar... hasta que no tenga un título no me voy a
sentir satisfecho... por mi mamá. Ahora sé que encontré por lo menos un
país", cierra el relato. Una historia mínima, asombrosa que, quién sabe,
podría estar apenas comenzando..
Es la época del año que los chicos (muy blancos) de Genios se visten de "aborígenes" para las tapas de la revista. Ya traté el tema varias veces en este blog -uno se repite, pero la realidad también lo hace. Y el calendario escolar es un relojito que siempre vuelve a dar las mismas horas.
¿Visibilidad multicultural o construcción de la blanquedad argentina?
Como sea, todavía falta una tapa dedicada a los afroargentinos -para que después podamos quejarnos de los chicos blancos disfrazados de candomberos. Cuando llegue, ¿será un avance? Creo que sí...
Curso de posgrado: Raza, Cultura y Nación en América Latina Profesor: Dr. Alejandro
Frigerio Comienza 15 de mayo de 2012
El curso brindará un panorama introductorio al estudio de la
relación entre raza, cultura y la construcción de la nación en diversos países
de Latinoamérica, con especial énfasis en los del MERCOSUR.
Reinvindicará la importancia de la noción de
"raza" para el análisis de la realidad social argentina
contemporánea, a despecho de narrativas dominantes de la nación que la
construyen como una sociedad blanca, homogénea y europea.
Tendrá tres ejes de discusión dominantes; 1) el lugar
asignado a la raza en la construcción de la nación; 2) la producción actual y
pasada de cultura negra, su constitución en un ítem más de la cultura juvenil y
las conflictivas construcciones identitarias que a partir de allí se producen
en un contexto de globalización y transnacionalización y 3) los procesos de
racialización y etnicización de las poblaciones de origen africano en diversos
contextos nacionales, los cambios causados por modificaciones recientes en los
ordenes juridicos nacionales y el desarrollo de movimientos sociales afrodescendientes transnacionales.