martes, 23 de septiembre de 2008

Abyalí (2) - Otra mirada sobre Africa es posible

Yo sigo sin verla, pero si Nicolás dice que vale la pena, a fumar... La foto no será muy original (es la que la productora repartió por todos lados) pero la crónica sin duda sí...
África: otra narración es posible.
Por Nicolás Fernández Bravo
nhicuf@arnet.com.ar

En varias oportunidades – aunque con mayor insistencia a partir de mi involucramiento junto a la diáspora africana en Buenos Aires – me he referido al triste modo en que “África” se narra en Argentina. Sea a partir de los prejuicios sobre los negros que cotidianamente parecen reafirmar la pretendida blanquedad de la sociedad Argentina, por medio de muestras y exhibiciones que reproducen la “miseria esencial” de los africanos (o su correlato optimista: su alegría esencial), o a partir de textos dispersos en hojas de novelas de supermercado, diarios y revistas, no es fácil encontrar motivos para entusiasmarse sobre el futuro de las miradas Argentinas sobre África. Muchas veces incluso, los mismos africanos – acaso algo exhaustos por ser tratados como objetos exóticos, incluso cuando se afirma todo lo contrario – terminan por aceptar los estereotipos y los venden en primera persona en el mercado de la cultura a cambio de algunas monedas. En última instancia, de algo hay que vivir.
Pero esta vez la historia es diferente. No me llama a escribir como respuesta a la ignorancia, ni al prejuicio, ni al oportunismo: todo lo contrario. La película - documental del realizador argentino Matías Saccomanno, demuestra que “otro mundo es posible”. Al menos, en el terreno de las representaciones vernáculas sobre la otredad de color. La película Abyala, actualmente en cartel en la confortable sala del MALBA, realmente me pareció muy buena. No encuentro otro modo de decirlo. En un formato emparentado pero original que evoca a Buena Vista Social Club o a la reciente El Café de los Maestros, narra la historia de un grupo de percusionistas que se propone recrear los ritmos tradicionales para un festival de música en Camerún. A mi entender, tiene muchas virtudes, entre las cuales se destaca una bastante poco habitual: su carácter pedagógico. Si hay una idea que cruza toda la trama y desborda también la pantalla, es que se puede educar, aprender y comprender. Saccomanno y los protagonistas se enseñan entre ellos, crecen en su proceso de enseñanza-aprendizaje, y también le enseñan al público algo verdaderamente sencillo: en las ciudades africanas viven personas, con aspiraciones y dificultades. Algo que, a primera vista, parece hablar de una raza humana ligada globalmente por la vida cotidiana: los obstáculos para la profesionalización de los artistas, la dificultad para el pago del alquiler, el peso de la mirada familiar ante opciones personales. Algo que, en las circunstancias particulares de los barrios periféricos de una capital africana, adquiere características ciertamente distintivas: recrear ritmos musicales tradicionales para su difusión pública, cuestionar las ideas sobre el significado del color de la piel, respetar el sentido mítico guardado en calentamiento de los tambores. Aspiraciones y dificultades perfectamente traducibles sin la necesidad de apelar a los artificios arbitrarios que oportunamente hemos cuestionado. Se trata de una pedagogía fílmica humanista profunda, crítica y estética.
El mérito de Saccomanno y los protagonistas tiene una cualidad que los críticos literarios admirarían por su actualidad (estos jamás utilizarían el término moda). La forma de narrar cuestiona doblemente los campos “clásicos” del sentido común africanista, sin salirse del territorio africano. Por un lado, los protagonistas dan vuelta el imaginario exótico y tribalista que se suele seleccionar en las pantallas de Occidente para hablar sobre África (y, para bien o para mal, cada vez más también en las representaciones africanas sobre África). Los protagonistas lucen remeras cancheras y tocan música tradicional, se preocupan por los ancestros y toman Coca-Cola, y abordan el campo de las tradiciones culturales de Camerún sin caer en los lugares comunes del folklore fosilizado. Muy por el contrario, ellos mismos lo construyen y lo representan para un público local que parece interesado en consumir productos de mayor “actualidad”. Por otro lado, los protagonistas tienen una conciencia política crítica que, mientras señala los condicionantes históricos producto del colonialismo, se anima a cuestionar también el rol de la propia sociedad en la construcción del presente: desde la corrupción travestida de emancipación, hasta la apática pereza al momento de optar por asistir a un espectáculo camerunés gratuito. Hasta allí – se podría decir – la narración comparte los rasgos típicos del afro-pesimismo posmoderno, tan atento en marcar los errores y, sin embargo, tan alegre en alejarse del compromiso.
Saccomano y los protagonistas reflexionan y se involucran de un modo admirable y persistente. Cuestionan y transforman, y lo hacen (ooops!) con alegría. Se trata de una alegría contagiosa y bella, del todo alejada de aquella que los fotoperiodistas humanitarios o los afro-novelistas aventureros pretenden encontrar detrás de niños hambrientos o mujeres hermosas como montañas. El esfuerzo de la producción (no quiero imaginar lo que le habrá costado a Saccomano poner a rodar esta película!) y de los protagonistas (tampoco quisiera saber el valor del caché del grupo por su participación en el festival de música tradicional camerunesa) está puesto por encima de la retórica política: se trata de una retórica estética. Todos ellos hacen – y se nota – lo que les gusta, sin calcularlo más que para que salga bien. Es la coherencia estética y ética de la película lo que le da su fuerza y su originalidad.
Lo curioso de estas y otras virtudes de la película, es que no parecen ser el producto de un proceso deconstructivo en clave derridiana, sino más bien una narración producida a partir del ojo relativamente espontáneo e interactivo de un argentino compartiendo momentos despojados con un grupo de jóvenes percusionistas en una ciudad africana. Es evidente que Saccomanno entiende cómo filmar en un suburbio de Yaoundé: su cámara no incomoda. No es una cámara violenta, sino que se trata de una cámara que acompaña y permite adentrarse (es invitada) a participar de la escena. Las calles de Yaoundé remiten a escenas tal vez no tan caóticas ni autodestructivas como señala la reseña del MALBA (más abajo), sino más bien cercanas y hasta familiares, como en más de una periferia urbana latinoamericana. A fin de cuentas, tal vez haya algo de novedoso en la posibilidad de filmar una periferia desde otra periferia sin declamar cómodamente que ya nada es posible.

lunes, 22 de septiembre de 2008

La belleza es blanca

Blanquearse la piel, una tendencia que preocupa en Asia y Africa
El uso de cremas con ese fin y la cirugía para redondear rasgos faciales triunfan en ambos continentes; el estándar de belleza y modernidad es occidental

La Nación - Ciencia y salud
Miércoles 17 de setiembre de 2008 08:25 (actualizado hace 6 días)
Por Lali Cambra y Ana G. Rojas
De El País, España

La promesa: aclarar uno o dos o tres tonos el color de la piel. Millones de mujeres -y cada vez más, hombres- de todo el mundo han convertido las cremas que dicen blanquear la piel en un filón para la industria cosmética que, consciente de ello, las anuncia de forma agresiva y sin ambages, especialmente en la India y en los países del sureste asiático, lo que le ha otorgado el dudoso honor de ser acusada de abanderar una nueva -y multimillonaria- vanguardia racista: lo blanco es hermoso; lo negro, vergonzante. Una herencia maldita, pero todavía vigente en las sociedades poscoloniales. Esto es, en la mayoría del mundo.
Para muestra, un botón. El anuncio de White Beauty (Belleza Blanca), una crema de Pond´s, de la filial india de Unilever. Priyanka Chopra, una de las actrices más guapas y famosas de Bollywood, sufre porque su novio, Saif Ali Khan, el héroe indio del momento, se ha ido con la otra guapa del plató, Neha Dhupia. La chica abandonada recuperará su amor cuando logre tener una piel más pálida -gracias a White Beauty-.
El desarrollo de este famosísimo triángulo amoroso, anunciado por entregas en la televisión india ha reabierto el debate sobre la gran obsesión por la piel blanca en aquel país, donde la mayoría de la población es de piel oscura. "Es un escándalo, es un anuncio muy racista, que aumenta los prejuicios por el color de la piel en un país con complejos poscoloniales", dice Subashini Ali, presidenta de Aidwa, ala feminista del Partido Comunista de la India, promotora de la campaña contra el anuncio.
Para Hindustán Unilever, "no hay intención alguna de discriminar". "Como compañía valoramos y respetamos la diversidad de las necesidades y aspiraciones de nuestros clientes", dice su portavoz, Prasad Pradhan, que recuerda que en la India se usan de forma tradicional remedios caseros para blanquear la piel, por lo que la compañía sólo está aportando un producto que el mercado requiere. Sin embargo, para el profesor de la Escuela de Negocios Ross de la Universidad de Michigan y estudioso de la campaña de Unilever, Aneel Karnani, el anuncio refuerza antiguos prejuicios, "no tradiciones inexistentes".
Karnani se muestra preocupado también por el sexismo de la publicidad -"la mujer tiene que estar guapa para satisfacer al hombre"- y recuerda que, en cambio, Unilever comercializa en Occidente la marca Dove, responsable de iniciar una campaña para "liberar a la nueva generación de estereotipos de belleza".
El anuncio en la India ha encendido las alarmas por tratarse de tres superestrellas. Pero no es el primero ni el único. Las cremas blanqueadoras llenan los estantes de las tiendas indias, accesibles a todos los bolsillos -empezando desde lo equivalente a menos de un euro-. Y la gran mayoría tienen deslumbrantes anuncios. Infinidad de firmas locales, pero también multinacionales como Nivea, L´Oréal, Procter and Gamble, The Body Shop, Avon, Clinique o Revlon comercializan sus productos. Y es que el mercado indio gasta en el "cuidado de la piel" más de 640 millones de dólares al año, según un estudio de mercado de AC Nielsen, una cifra que crece a pasos agigantados.

Avance en Asia. Los analistas consultados muestran su preocupación por la facilidad con la que este racismo global -y sus anuncios- es aceptado en Asia, y especialmente en China, Japón, Filipinas y Corea. En este último país, la cirugía estética en los párpados para lograr unos ojos redondos es uno de los remedios favoritos para lograr un aspecto más occidental. Aunque el cambio no es radical, sí se logra el efecto de unos ojos más grandes, dicen los especialistas. En Estados Unidos, ésta es la tercera cirugía estética más buscada, sólo tras la liposucción y el aumento de pechos. Los descendientes de asiáticos son los que más la piden y anualmente se hacen unas 120.000 operaciones a gente de esta comunidad, según la Asociación Estadounidense de Cirujanos Plásticos.
Rasgo femenino. "En muchos países asiáticos, mantener una piel blanca era un rasgo femenino, pero ahora, además, con campañas agresivas y racistas, tiene un signo de modernidad y es aceptado por toda la sociedad", explica Amina Mire, profesora del Departamento de Antropología y Sociología de la Universidad de Carleton (Canadá). El mercado de blanqueadores está, de acuerdo con Mire, perfectamente asentado en el continente asiático, el tercero en beneficios después de Estados Unidos y Europa (donde se comercializan para mujeres blancas como producto antiedad o antimanchas).
Pero el incremento en el consumo de cosméticos no se limita al subcontinente indio y al continente asiático. En Estados Unidos también se practica aunque en menor medida por el vigor del movimiento por los derechos civiles entre la población negra. Al igual, de acuerdo con Amina Mire, que en África, "donde el emblanquecimiento se ha asociado a la opresión colonial blanca y los que lo practican son acusados de tener complejo de inferioridad, de odiarse. Por ello, se practica a escondidas". Dado que blanquear la piel es algo de lo que avergonzarse, los productos se venden clandestinamente.
"África es el vertedero de las cremas tóxicas, por lo tanto más baratas", asegura Mire que añade que como la gente los usa a escondidas, sólo llegan al médico cuando los productos tóxicos ya han causado daño, a veces irreparable. En muchos países africanos han prohibido el uso de determinados productos por su riesgo para la salud y llevado a cabo campañas para promover la belleza estética local, lo que, de acuerdo con Margaret Hunter, especialista en políticas raciales y de género de la Universidad Mills de California es "un trabajo crucial dado que el mensaje de superioridad blanca satura el mercado".
Para Hunter, este nuevo racismo global, originado por ideologías coloniales (las personas de razas mixtas de complexión más blanca disponían de situaciones de privilegio por encima de las más oscuras) y por un racismo interiorizado en las ex colonias, viene espoleado además por visiones de un nuevo orden mundial. Éste tiene como premisa la exportación por parte de Estados Unidos y de sus medios de la belleza blanca. Y, ocasionalmente, la de mujeres negras de piel clara. Cuanto más clara, mejor, vista la reciente polémica creada por el supuesto emblanquecimiento, mediante Photoshop, de la piel de la cantante Beyoncé en un anuncio de L´Oréal.
Cuestión de piel. Por todo el mundo, "en la televisión, cine, Internet o la prensa se prima a la mujer rubia y blanca ya no como el ideal cultural, sino como el imperativo cultural", dice Hunter. Y se sigue premiando. Estudios recogidos por Hunter apuntan a que, en Estados Unidos, los latinos y los afroamericanos de piel más blanca disponen de mayor acceso a trabajo, estatus, dinero o a encontrar pareja. Algo que también sucede en la India, donde las mujeres más morenas tienen más problemas para encontrar marido y su dote se encarece. En las secciones de matrimoniales, donde los padres buscan pareja a sus hijos, la palabra fair , de piel blanca, resalta en todos los anuncios.
"Cuando mis hijos nacieron, en vez de preocuparse por saber si estaban sanos, la familia preguntó primero si tenían piel clara u oscura", cuenta Diya Vig. Ella tiene un moreno claro, pero dice que sentía presión de la familia de su esposo, de clase social alta y con menos pigmentación. "Quiero ser menos oscuro para que se me acepte mejor. Así tendré una novia más guapa y mis ganancias aumentarán porque seré más carismático", dice un joven pillado en un mercado de Nueva Delhi comprando Fair and Handsome (Blanco y Guapo), uno de los productos destinados al consumo masculino.
(anuncio en revista argentina de principios del Siglo XX -no estaba dirigido a afroargentinos, pero sí denotaba que la condición preferida, al menos desde la perspectiva de quienes hacían los avisos, era la blanquedad)

Si bien el afán por blanquear la piel cruza el espectro social, es entre las clases medias y bajas donde la industria tiene más adeptos. Y eso es lo que más critica también el profesor Karnani: "Los productos se venden a gente joven e impresionable y a mujeres pobres a las que venden envases económicos. Es explotación. Esto no es potenciar a la mujer. Potenciar a la mujer es hacerla sentir bien tal y como ha nacido, de forma que no sienta que tiene que comprar este producto. Y encima, a diferencia de la longitud del pelo, de ser más o menos gordo, el color de la piel es imposible de cambiar". Para otros, la cuestión no tiene nada que ver con supremacía racial: "La obsesión por ser blanco en India no tiene cortes racistas, sino que es sólo el concepto de belleza, todos queremos lo que no podemos tener", dice una estudiosa india de conductas del consumidor. Curiosamente en esos países lo que se anhela es una "bella" piel blanca.
© EL PAIS, SL


La santidad es blanca

Ceferino Namuncurá


Ceferino Namuncurá beatificado


Agradecimiento a: http://culturabarbara.blogspot.com/

sábado, 20 de septiembre de 2008

Otra mirada argentina sobre Africa - Abyalí

Como aún no la pude ver, no sé si es "otra", "una nueva" o "la misma" mirada argentina sobre Africa. En principio, el director no parecería calzarse ni el traje del explorador, ni el del caritativo y tampoco el del turista hippie, las formas que parecen tomar las aproximaciones argentinas a Africa hoy.
La información que sigue es la que está en la página del MALBA, donde la película se proyecta los jueves (20 hs.) y domingos (22 hs.) de septiembre. Me gustan más, sin embargo, el texto y las opiniones que salieron en la revista digital Quilombo. No las transcribo para no repetirnos entre amigos, pero sugiero que los interesados las vean allí.

Abyali,
de Matías Pablo Saccomanno

Sinopsis
Taxis, infinidad de ellos, atraviesan la ciudad de Yaundé, un laberinto construido en metal, cemento, madera y tierra, dándole forma a un transito tan caótico que resulta imposible explicar cómo no se destrozan los unos a los otros. En las veredas la casi totalidad de fisonomías, rasgos y contexturas físicas del África subsahariana se pasean esquivándose y esquivando, milagrosamente, la basura esparcida por todas partes.
Samy, un joven musculoso con rastas, nos guía por la aventura que lleva a cabo con otros seis talentosos jóvenes músicos: dar a luz a Abyali Percussion. Un proyecto musical que tiene como objetivo rescatar del olvido los diferentes ritmos tradicionales del país, para que no se pierdan y con el tiempo lograr la evolución de la música tradicional. Sueñan con difundirlos por el mundo. Ellos aspiran a poder vivir de su pasión en un país donde la industria discográfica es inexistente (en el país no hay una sola casa de venta de CDs originales, la música se compra en puestos callejeros, CDs pirateados y MP3) y donde las salas de espectáculo escasean. Dentro de este panorama desolador, luego de 2 años de intenso trabajo, enfrentando graves dificultades económicas, una posibilidad se presentan en el horizonte, el festival de danza y percusión Abok I N’goma.
La tensión aumenta en el grupo a medida que la fecha se acerca. Roces internos, molestias con su mentor, el maestro Amadou Kienou, y el miedo a no estar a la altura de las circunstancias los asaltan. Pero ellos saben que solo pueden seguir trabajando, porque solo el trabajo paga. Abyali, es una visión del África urbana contemporánea, de sus defectos y virtudes, de su idiosincrasia, narrada a golpes de tambor, los mismos golpes que alimentan el sueño de Abyali Percussion.

Comentario del director
Hacía tiempo que trataba de encontrar una historia acerca de Camerún que narrara lo que percibí, sentí, olí y con lo cual conviví por dos años, pero me resultaba imposible hallar una síntesis que lo reflejara y lo hiciera comprensible hasta que esta historia se presentó frente a mí.
Camerún se encuentra en la región de África central y comparte con casi la totalidad de los países del continente ciertas características que solemos conocer todos. Una fauna sorprendente, en una geografía que vio nacer a la humanidad y donde aun hoy existen culturas tan diferentes como la pigmea. Pero también nenes con estómagos hinchados que arrancan lágrimas e indignación. Países con una esperanza de vida que no supera los cuarenta años, el paludismo, el sida, las guerras civiles, la corrupción y los abusos…
En este continente que parece estar predestinado a desaparecer encontré esta historia, otro tipo de historia. El relato de un sueño, que no niega lo que publican la Géo o la National Geographic, ni lo que muestran los documentales o las noticias que cada tanto difunden los informativos, pero que lo cuenta desde otro lugar, a partir de jóvenes que creen que pueden hacerse un futuro mejor y posible.
En esta historia se pone de manifiesto la realidad mágica en la que está envuelta la cotidianidad camerunesa, hermosa y terrible. Tan compleja que contada por partes parece exagerada, o totalmente igual a la que vivimos diariamente, pero que aquí, siento, logra resumirse en su integridad.
Me hubiese encantado inventarla pero no fue así. Estos personajes se instalaron frente a mí y no pude más que seguirlos, porque yo también me hice parte de este bello proyecto dentro del pesimismo de África. Abyali es una reflexión acerca de que es posible, porque ellos así y todo, sueñan.

Ficha técnica
Director: Matías Pablo Saccomanno
Productora: Las Lechuza, ideas audiovisuales
Productora Ejecutiva: Marie Pessiot
Idioma original: Francés
Subtítulos: Castellano, Inglés
La música en la película es de: Abyali Percussion
Datos Técnicos: Argentina / 2007 / DV CAM / 80 minutos / Dolby Digital

Fuente: http://www.malba.org.ar/web/cine_pelicula.php?id=2911&idciclo=542&subseccion=programacion_actual

Ver también: http://www.revistaquilombo.com.ar/revistas/39/q39.htm

viernes, 19 de septiembre de 2008

¡Horóscopo Africano!

reLa cultura afro está tan de moda que hasta Para Tí sacó, en su última edición, un "horóscopo africano". Es claro que, viniendo de dónde viene uno no se lo va tomar en serio (se puede tomar un horóscopo en serio?) y quiere, más que nada ,ver qué imagen de Africa se va a transmitir o qué mezcolanza de elementos de qué procedencia se van a utilizar para armarlo. El resultado, excede, por mucho, los límites de mi a esta altura ya superada imaginación.
(doble click en las imágenes para agrandarlas y verlas bien)

El titular, en tapa, como ven en lugar y tamaño destacado, anuncia: "Signo por signo, las claves de tu personalidad y qué te espera en los próximos meses de acuerdo con un sistema predictivo ancestral basado en las fuerzas de la naturaleza".
Bueno, como ya pasó en otras publicaciones (principalmente Predicciones, creo que era) uno imagina que "horóscopo africano" es una manera exótica de (no querer) decir "su personalidad según los orixás de candomblé" o algo similar.


El comienzo de la nota, a doble página, ya desconcierta un poco, ,pero a la vez reafirma estereotipos, claro, si es un "horóscopo africano" va a tener elefantes, gacelas, leones, y chozas (adentro). Pero entonces no era de orixás?

El copete señala que: "La astrología africana ha guiado a su pueblo durante siglos, basándose en una cultura que valora y sostiene la fuerza de la naturaleza como la principal fuente de energía que impulsa a movernos y a vivir. Este sistema predictivo ancestral te cuenta, signo por signo, cuales son las claves de tu personalidad y que pasará en la inminente primavera"

(La nota tiene 8 páginas. Muestro sólo algunas):

¡Sí, era de orixás! (cada "signo" es un orixá. Pero en un alarde de creatividad digna de mejor causa a cada orixá (escrito a lo cubano) se le asigna un símbolo de lo que el sentido común argentino asocia con Africa. Además de la gacela, el león y el elefante del comienzo tenemos una choza, una flecha, una estrella, un árbol, una cascada...

Ahora, si pueden leer la imagen o la agrandan ven que quien escribió la "nota" ni siquiera se compró un librito trucho en una santería! (para los que se quejan de esos libros, ¿ven como siempre puede ser peor?). El símbolo de "Yemaya" es... EL ARBOL!!!

Ochosi es el sol, Oggun la cascada, Eleggua la estrella, Orunmila la flecha... y así...

Como parece que se quedaron sin imágenes estereotípicas, aparece un brujo a la Harry Potter (Yewa) y "La Diana", cuya imagen no es otra que una Diana Cazadora de la mitología romana y representa supuestamente a... Changó!
La autora del adefesio es una tal "Mariángeles". No te vamos a felicitar.

martes, 16 de septiembre de 2008

La(s) identidad(es) afro en cuestión (1)

Alejandro Frigerio (FLACSO/CONICET)

Presentado en el Taller de pensamiento “Conversaciones con la diáspora africana”, Buenos Aires, 13 de septiembre de 2008. Organizado por Movimiento de la Diáspora Africana en Argentina.

Un proverbio beduino (a veces citado como árabe, o como africano, y con versiones diferentes pero parecidas) dice:

Yo contra mi hermano,
Mi hermano y yo contra mi primo,
Nuestra familia contra las otras de la tribu,
Nuestra tribu contra la aldea vecina
Todos nosotros contra el invasor….

Este proverbio explica perfectamente, para mí, el carácter relativo, contextual, estratégico y construído de la identidad,

Esto no quiere decir que las identidades sean falsas o no tengan basamento real, pero sí que no hay una esencia que determine una identidad.

Que es la identidad?
La identidad es "una definición socialmente construida de un individuo” (Weigert 1986: 34). Qué es lo que un individuo es (socialmente) ya sea para los otros o como intenta transmitirlo él (yo prefiero poner el énfasis en la identificación de la persona y además utilizar la palabra imagen para cuando la identificación viene solamente de afuera para dentro)

Una característica de los individuos en sociedades complejas es que varias y cambiantes definiciones del yo(soy) están disponibles como identidades. Una u otra identidad puede ser presentada por el actor o impuesta por otros interactuantes mientras cada uno negocia por el control de la situación o, al menos, por establecer un consenso de trabajo. Los individuos deben enfrentar la tarea de continuamente manejar identidades múltiples dentro - y a través- de situaciones sociales. (Weigert et al. 1986: 46).
Existe un ordenamiento de las identidades en términos del grado de compromiso que cada actor tiene con ellas . Los individuos ofrecen para su validación una identidad principal (o maestra) que representa una organización implícita de todas las otras identidades. ( Weigert et al. 1986: 51; 53).
Así, un individuo que en distintos contextos puede identificarse como padre, sociólogo, argentino, católico, peronista, blanco y tenista, puede -aunque no siempre- reivindicar una de estas identidades como la principal y las otras como subordinadas.
La principal será reivindicada en una mayor cantidad de contextos sociales que las subordinadas. Podrá, además, afectar el desempeño de los roles que expresan a sus otras identidades.
La reivindicación de una identidad maestra puede ser establecida por los deseos del individuo, por las exigencias del grupo social al que éste pertenece, o puede, en determinadas ocasiones, ser impuesta por el medio social. Tal es el caso de la raza en EEUU que se transforma habitualmente, lo quieran los individuos o no, en la identidad principal que afecta principalmente casi todas las interacciones sociales.
La mayor o menor injerencia en el establecimiento de una identidad principal por parte del individuo, de un grupo al que pertenece o del medio social en que se desenvuelve resulta vital para comprender la lógica de los actos de identificación que un individuo realiza y sus estrategias de reivindicación identitaria.
Sostendré aquí que el hecho de que un individuo posea varias identidades con las cuales puede llegar a identificarse es una característica común de las sociedades complejas y no es una condición reciente característica de las sociedades posmodernas.
Las identidades son siempre situadas, emergentes, recíprocas y negociadas.
El carácter eminentemente situado y performativo de las identidades hace que, para una adecuada conceptualización de la identidad quizás sea mas correcto, en vez de utilizar este vocablo, hablar de identificaciones o de actos de identificación, puntuales, momentáneos, cuya coherencia en el tiempo depende de la relevancia de esa identidad dentro de la estructura de compromisos identitarios del individuo.

Expresado de manera más sencilla, las identidades serían respuestas situadas a la pregunta “quién soy yo?”, que en cada contexto podría ser respondida de manera divergente.

lunes, 15 de septiembre de 2008

La(s) identidad(es) afro en cuestión (2)

Distintos niveles de análisis del concepto “identidad”

Para entender cómo se construyen las identidades (identificaciones) y sus características, es útil reconocer que hay 3 niveles de análisis distintos. Cada uno de éstos términos denota un fenómeno social (y un objeto de estudio) diferente -aunque ciertamente interrelacionados.
Siguiendo la pista de perspectivas actuales desarrolladas desde el estudio de movimientos sociales (Snow y McAdam 2000) sugiero que resulta fructífero distinguir entre la identidad: personal, social y colectiva. La importancia de esta distinción radica en que los mecanismos de interacción que se deben poner en movimiento para lograr transformaciones en estos distintos niveles de identidad no son los mismos; los esfuerzos por modificar la identidad personal de quienes se acercan a un grupo religioso no son los mismos ni transcurren en los mismos ámbitos que los realizados para construir una identidad colectiva. Como muestran los estudios de movimientos sociales, para lograr una efectiva movilización colectiva de sus miembros en pro de los objetivos que el movimiento propone, el grupo debe lograr un cierto grado de correspondencia entre la identidad personal del individuo y la identidad colectiva propuesta por el movimiento. Esta tarea de “correspondencia identitaria” (identity correspondence) supone esfuerzos adicionales y específicos (Snow y McAdam 2000: 47).

Resulta indispensable, por lo tanto, diferenciar entre la identidad personal de los individuos, sus identidades sociales y la identidad colectiva propuesta por el grupo. Cada uno de éstos términos denota un fenómeno social (y un objeto de estudio) diferente -aunque ciertamente interrelacionados.
La identidad personal sería " la conceptualización que la persona realiza de su continuidad como sujeto y de los atributos que la caracterizan y la diferencian en relación a otros seres humanos. Es el concepto que el individuo tiene de sí mismo como un ser físico, social, espiritual y moral" (Carozzi 1992 apud Goffman 1986: 56-57)
En este caso,
la identidad reclamada responde a la pregunta Quién soy yo? Y la respuesta sirve para diferenciar al individuo del resto de sus congéneres.
Qué es lo que a mí, Alejandro Frigerio, me hace distinto de otros antropólogos, argentinos, varones, de una cierta edad, etc. Quizás la suma y combinación de todos los rasgos que a mí me parecen relevantes y me hacen diferentes de otros individuos. Es lo que a veces se llama el self o el yo.
La identidad social sería "la categoría de persona adjudicada a un individuo mediante mecanismos de auto-atribución y atribución por otros, en el curso de la interacción. " (Carozzi 1992, mi énfasis) . Estas categorías deben ser sociales, es decir reconocidas por los miembros de una sociedad como agrupando a individuos con alguna/s característica/s similar/es (aunque no organizados para la acción colectiva) . Asimismo, que sean atribuídas principalmente -y que sean relevantes- durante las interacciones sociales .
La diferencia entre la identidad personal y la social es que la primera enfatiza habitualmente características que el individuo considera únicas y singulares, aunque su carácter social puede ser analíticamente establecido, como estilo, experiencias, señas físicas y la segunda se basa en categorías que se consideran comunes y con amplia aceptación social. Una diferencia más importante para este análisis es que la primera puede sostenerse en soledad, mientras que la segunda se da principalmente en interacciones sociales -son las identificaciones que el individuo propone en sus interacciones. Puede haber una separación radical -o, por el contrario, una correspondencia importante- entre ambos niveles.
Para el caso de las identidades sociales
la identidad reclamada responde a la pregunta Quien soy yo según me presento en esta situación social y según cómo me ven los otros?
En este nivel es donde adquieren mayor relevancia las identidades ètnicas, raciales, religiosas y donde existe una disputa entre los distintos individuos que participan de una situación social por reivindicarse para sí mismo o atribuir a los otros una determinada identidad.
Para el caso de identidades raciales una persona puede reivindicar la identidad social de negro y que no se vea validade en interacciones (en Argentina, si uno no es “negro negro” (tez oscura, rasgos que evidencian clara ascendencia africana) o “negro mota” no es realmente “negro”) o puede ser que no quiera reivindicar, presentar, una identificación como “negro” y la sociedad, a pesar de todo, por determinadas características físicas, se lo otorgue (EEUU, Brasil también dependiendo del status socio-económico). O uno puede querer reivindicar la identificación de “afrodescendiente” y siempre se le imponga la de “negro”.

El tercer nivel de identidad sería el de la identidad colectiva. En una reseña reciente, Snow (2001) señala que las discusiones acerca del mismo “sugieren que su esencia radica en un sentimiento compartido de “sentirse unido” (“one-ness”) o “sentirse un nosotros” (“we-ness”), arraigado en atributos o experiencias compartidas real o imaginariamente (…)”. Pero a la vez -continúa el autor- “inmerso en este sentimiento colectivo de nosotros hay un sentimiento correspondiente de agencia colectiva. Este sentido, que sería el componente de acción de la identidad colectiva, no sólo sugiere la posibilidad de la acción colectiva en la prosecución de intereses comunes, sino que invita a ejercerla. Por lo tanto, se puede sugerir que la identidad colectiva está constituída por un sentido compartido e interactivo de un nosotros y de agencia colectiva ” (Snow 2001).
Sentirse parte de un nosotros e intentar hacer colectivamente algo por ese nosotros).
La creación de una identidad colectiva definida en estos términos ha sido una de las características típicas asignadas a los movimientos sociales. Deben crear un “nosotros” que propicie a acciones colectivas que se dirijan a cambiar algún aspecto de la sociedad en beneficio de los fines del grupo
[1].

Es necesario recalcar que estos tres niveles de identidad no necesariamente convergen o resultan relevantes para todos los integrantes de una agrupación religiosa.
Un individuo puede o debe adoptar una identidad social sin que ésta forme, necesariamente, parte importante de su identidad personal y puede no reivindicar la pertenencia a una identidad colectiva (“Yo no soy o no me siento negro”). Esta situación se da para grupos raciales cuando el sistema de clasificación racial de la sociedad es lo suficientemente laxo como para que no en todas las interacciones sociales un individuo sea clasificado de la misma manera (Brasil, por ejemplo, que hay bastante flexibilidad de contexto en contexto social).
=>”Yo no me siento negro, porqué se empeñan en clasificarme así?”

Alternativamente, para un individuo la raza puede significar una parte relevante de su identidad personal (ser un converso) pero sin una clara conciencia de pertenecer a un colectivo social, sin llegar a formar una identidad colectiva (sentir que no puede o no debe hacer nada por “los negros”). No hay construcción de una identidad colectiva que lleve a la acción, a procurar por ejemplo un mejor reconocimiento del grupo étnico-racial en la sociedad argentina. No creen que es necesario o posible que quienes pertenecen a un determinado grupo racial o étnico se movilicen presionando sobre funcionarios, políticos o realizando manifestaciones públicas para acabar con la discriminación, etc.
=>”Sí, me reconozco negro o me siento negro o afrodescendiente pero no creo que se pueda o deba hacer algo por los demás como yo. No creo en la militancia “racial” “

Para un individuo una determinada identificación racial puede ser parte relevante de su identidad personal pero puede "pasar" (pretender que no es parte) de su identidad social (desenfatizar, en el trabajo, o en relaciones sentimentales, que es “negro” o “afrodescendiente”). No hacen pública, o no en todos los contextos, su identidad personal.
=>> “ me identifico como negro o afrodescendiente sólo en algunos ambientes”.

Visto en estos términos, y como para otros movimientos sociales (feministas, religiosos, de clase) la tarea es hacer que las tres identidades coincidan (o al menos dos, las más importantes en términos de movilización, la personal y la colectiva).
=>Que una persona se sienta negra, que se identifique como tal en todos lados (para quebrar la invisibilización) y que tenga voluntad de hacer algo por ese nosotros.

Ahora bién, cuál es ese nosotros? (“afroargentino”, “afrodescendiente”, “afroamericano”, “africano”, “de la diáspora”).

La historia del activismo negro local muestra una transición entre éstos términos, un pasaje de unos a otros, en busca de una identificación más inclusiva.

Referencias Bibliográficas

Carozzi, María Julia (1992) La Conversión a la Umbanda en el Gran Buenos Aires. Conicet: Informe Final no publicado
Goffman, Erving (1986). Stigma: notes on the management of spoiled identity. New York: Simon and Schuster.
McAdam, Doug y David Snow, eds. (1997) Social Movements: Readings on their emergence, mobilization and dyanmics. Roxbury.
Snow, David (2001) Collective Identity and Expressive Forms. In: Neil J. Smelser y Paul B. Baltes (orgs.). International Encyclopedia of the Social and Behavioral Sciences. Londres: Elsevier Science.
Snow, David y Doug McAdam (2000) Identity work processes in the context of social movements: Clarifying the identity/movement nexus. In: Sheldon Stryker, Timothy Owens y Robert White (orgs.) Self, Identity and Social Movements. Minneapolis: University of Minnesota Press. p 41-67.
Weigert, Andrew, J. Smith Teitge y Dennis Teitge (1986) Society and identity.


[1] En una reseña reciente, McAdam y Snow (1997: XVIII) han definido a un movimiento social como “una colectividad actuando con algún grado de organización y continuidad fuera de los canales institucionales para el propósito de promover o resistir cambio en la sociedad de la que forma parte”. Esta definición refleja bien las utilizadas dentro de la escuela norteamericana del estudio de movimientos sociales.