viernes, 30 de noviembre de 2012

El candombe uruguayo y la percusión en Buenos Aires -según Tiempo Argentino

Interesante,  provocativa -y en ocasiones hasta irritante- nota del diario Tiempo Argentino, que entrevista a varios referentes de la percusión (de escenario y callejera) de la ciudad. Presenta numerosas afirmaciones cuanto menos polémicas -cuando no inexactas- pero refleja la diversidad de opiniones sobre la historia y actualidad del género y la  labor de reconstrucción histórica y de la memoria que realizan y realizaron varios músicos. Dicha labor muestra una necesidad aún no del todo bien cubierta por la academia, pese al incremento en la producción local y, también, ya la pérdida de su monopolio -si alguna vez lo tuvo- sobre las interpretaciones del pasado y los orígenes de los géneros musicales. Los entrevistados realizan una sugerente mezcla de arte, reconstrucción histórica y militancia social.
El artículo evidencia, asimismo, la influencia de la posición en el campo candombero y percusivo en la valoración de determinadas actividades.  La afirmación de Martirena sobre el "nuevo candombe argentino" puede resultar particularmente polémica, pero señala una cuestión importante: dejando por un momento de lado la notable cantidad de tamboreros uruguayos activos en la ciudad, ¿cómo empezar a conceptualizar una práctica cuyo origen es inequívocamente (afro)uruguayo pero que ya está siendo practicada y difundida por cientos -ya casi miles- de argentinos en muchas de las principales ciudades del país? ¿Podrá o debería su origen seguir condicionando la manera en que es percibido y practicado, y por cuánto tiempo más? Lo mismo sucede con las religiones de origen afro presentes en el país. ¿Son "afrobrasileras"? ¿"de origen afrobrasilero"? ¿"brasileras"?"¿ de origen africano"? ¿"afroamericanas"? Con casi cincuenta  años de presencia en el país y una abrumadora mayoría de practicantes argentinos, ¿cómo habría que denominarlas?  ¿Qué tan importante -y por cuánto tiempo- es el origen de una manifestación cultural? ¿Deja de serlo recién cuando aparecen características locales propias suficientemente relevantes? ¿O cuando el número de practicantes locales pasa a ser abrumadoramente mayoritario? Un tema que será fuente de disputas por varios años más....
Ya menos inequívocamente  errónea es la trivialización de las Llamadas independientes  Lindo Quilombo como una "preLlamada". Posición que el cronista parece compartir de manera acrítica y que menosprecia  o ignora un esfuerzo sostenido y valioso por  cuestionar  la espectacularización y la utilización de las llamadas por parte del gobierno de la ciudad  (particularmente éste) cuando la práctica del candombe sufre una serie de trabas, dificultades e inatenciones el resto del año. Pensar por qué, cómo, para qué y para quién se realiza una costosa, sacrificada y bellísima muestra de cultura  popular no debería ser visto como un impedimento sino más bien como una condición para evitar su banalización y para la reivindicación de memorias históricas, identificaciones étnico-raciales y, de manera más general, otras causas sociales relevantes.




Tiempo Argentino, 26 de noviembre de 2011
El baile ocupa las calles
Tambores de este lado del Río de La Plata
 Desde hace unos años el revisionismo por la historia de los ritmos africanos y la necesidad de investigar las raíces de la música latinoamericana influyeron en una gran afluencia de grupos que, entre bombo y tambor, invitan a levantar  los pies del suelo.  
Por: Sebastián Duarte


 En los últimos diez años, el fenómeno de los tambores acapara la atención tanto de jóvenes como de familias enteras en Buenos Aires. Cientos de agrupaciones se han organizado en la búsqueda de los ritmos de raíces latinoamericanos con ascendencia negra y tribal de cada región. El revisionismo lleva a muchos músicos a estudiar y rescatar los ritmos del tambor y sus significados. Claudio Artigas Martirena no es argentino, sino charrúa. En la década del '80, se transformó en un eslabón fundamental en la fomentación de la recuperación de los ritmos de los tambores en la calles de Buenos Aires. Desde hace muchos años, todos los domingos, junto a Las Lonjas de San Telmo, la agrupación que dirige, recorre los empedrados de la calle Defensa, divulgando la cultura de ascendencia negra en las orillas rioplatenses. "Nací en un conventillo en el Barrio Sur de Montevideo. Vine en los '80 a tocar al estadio Obras junto al grupo Morenada. Esa misma noche, conocí a mi mujer y nunca más me fui. Traje la cultura de Uruguay. Aquí no había tambores. En 1997 fundé Las Lonjas de San Telmo, mi escuela de tambores. Tuve que revisar la historia argentina para saber qué sucedió. No quedó registro sobre el candombe local. Sin embargo, hoy me dedico a difundir el nuevo candombe argentino", explica.
Mientras que Artigas Martirena al principio se ocupó de divulgar su experiencia traída desde el otro lado del río con los parches de cuero, el argentino Daniel Buira encontró su lugar en el mundo de lo rítmico a través de La Chilinga, uno de los colectivos de tambores más importantes de Buenos Aires. Antes pasó por el grupo de rock Los Piojos, y se transformó en uno de los primeros en mixturar el candombe con el rock nacional. "A principio de los '90, viajé mucho por Latinoamérica y estudié en cada país. Comprendí que en Buenos Aires había una desvalorización de nuestro ritmo porteño y que era mi deber enseñarlo." Fue así como en 1995, Buira, ya alejado de Los Piojos, fundó La Chilinga. "Nada se imita, todo se acciona. Y a los ritmos que tomamos de otros folklores, les damos el toque de nuestro corazón. Entendí el folklore a través de lo que el pueblo después canta o palmea. Así encontré la riqueza cultural", añade Buira. 
Es claro que nuestro instrumento rítmico regional es el bombo legüero. Según cuentan los estudiosos, el cruce entre el criollo con el esclavo africano fue fundacional para su creación. Uno de los grandes expertos sobre el tema es Carlos Rivero, docente en la Escuela de Música Popular de Avellaneda hace más de 20 años, y director musical de Los Bombos Legüeros. "El bombo es un instrumento representativo y tradicional de nuestro folklore. A diferencia de otros tambores, el bombo cuenta con una fricción distinta porque tiene parche con pelos. Dentro de la chacarera, existe una fusión y un nexo con lo afro y árabe, existe una combinación de ritmos binario y terciario. Es una unión de los pueblos originarios con quienes llegaron a nuestras tierras como esclavos. En la zona de Santiago del Estero había muchos negros. Y es allí desde donde se difundió con mayor fuerza el bombo legüero", explica el músico y docente. Tanto para él como para Buira, el rock dio una gran mano a los ritmos de los tambores desde la década del '80. “Desde hace algunos años el bombo se incorporó en el rock y hasta en músicas de México y Brasil. Trascendió fronteras. Cae bien porque tiene mucha esencia de ritmos de tierra. Aquí fue fundamental cuando Divididos versionó 'El Arriero', de Atahualpa Yupanqui. La Bersuit también sumó candombe", opina Rivero al respecto. Por su parte, Buira, además de la búsqueda del rock por el tambor, también analiza el tango y su vínculo con los sonidos de la negritud. "Tiene su origen en la raza negra. La palabra tango venía del tangó. Tangó, a su vez, significaba tambor. Los negros decían 'tocá tangó'. El ritmo del tango, que siempre lleva bandoneón, antes llevaba tambor. La desaparición de la cultura negra de este lado del río hizo que el bandoneón ocupara su lugar. Respecto al rock y su búsqueda de mixturas, creo que 'Verano del '92', de Los Piojos, y 'Matador', de Los Fabulosos Cadillacs, fueron los que marcaron tendencia", explica Buira.
La diversidad de culturas y razas que abundan en Argentina lleva a otras agrupaciones a interesarse en la difusión de ritmos negros de diferentes partes de América y mezclarlas con excelentes resultados. La Bomba de Tiempo es la más famosa de todas. Desde el Centro Cultural Konex, los lunes de todas las semanas y un sábado al mes esta agrupación marca el pulso porteño con miles de personas –además de público local, predominan los turistas– que danzan sin cesar frente a sus 17 percusionistas. Alejandro Oliva es uno de sus integrantes y de sus directores musicales. Sin duda, es un apasionado por los tambores y lo experimental. "La Bomba, a diferencia de otras agrupaciones, cuenta con un lenguaje particular: la improvisación, el aquí y ahora. Quien dirige, lo hace a través de señas. Organizamos a partir de la propuesta del músico. Creemos que es lo más genuino." Para mezclar su propuesta, La Bomba de Tiempo suele invitar a artistas de diferentes estilos musicales a sus espectáculos. Han pasado Jorge Cumbo, Teresa Parodi, Kevin Johansen, Hugo Fattoruso y Raúl Barboza, entre otros tantos. "Cuando vienen invitados, la idea también consiste en que improvisen. Los invitamos a la aventura", revela el talentoso músico. A su vez, Oliva aprovecha para contar que su grupo cuenta con una particularidad: sus integrantes llegaron desde diferentes estilos musicales. "Yo venía de la música culta, la ocular. Y hay quienes llegaron de otros estilos. Hay quienes venían del jazz y del rock, pero también quienes directamente venían del candombe, de lo afroperuano y lo afrobrasilero. Se juntó todo", rememora. Así como La Bomba se pasea por diversos ritmos afro en el marco de la experimentación, Cafundó se encarga particularmente de rescatar los ritmos afrobrasileros, pero especialmente el samba reggae, cuyo epicentro es San Salvador de Bahía. Su director, Ezequiel Szusterman, narra que a los 23 años se fue a Curitiva a estudiar Música Popular Brasilera. "Después me fui solo a Río de Janeiro y me metí en los bares, para conectarme con los grupos de batucadas. Al regresar, me di cuenta que lo mío era todo eso. Allá cada uno toca su tambor y todos son lo mismo. Por ejemplo el panadero se detiene a tomar un trago y el resto sigue. Hay mucha libertad. La gente está bailando. Todo se arma en función de la fiesta popular", cuenta. Pero para Ezequiel, lo crucial llego después, con sus viajes a Bahía. “Me involucré con el samba reggae. Tenía mi grupo Saravá, pero cuando regresé nos juntamos y armé Cafundó. Ensayábamos en la plaza de Pappo, en la Paternal. Crecimos tanto que hasta llegamos a tocar en el carnaval de Bahía." ¿Cómo surgió la posibilidad? Ezequiel se entusiasma: "En 2011 realicé mi cuarto verano estudiando en San Salvador y presenté un proyecto que fue bien catalogado. Este año, el 17 de febrero, tocamos por primera vez en su carnaval. Nos invitaron ellos. El promotor fue Pacote Do Pelo, uno de los fundadores de Olodúm. Tocamos en el Pelurinho."  A pesar de que la mayoría de las agrupaciones de tambores están dirigidas por varones, también hay quienes se encargan de plantear propuestas rítmicas con formaciones exclusivamente femeninas. Tal es el caso de Paola Fassi, que dirige musicalmente a Tamborelá. Y en su largo aprendizaje por sonidos e instrumentos, llegó a viajar a Cuba, como para nutrirse de buena fuente. "Me involucré en tambores de las religiones africanas. Sus tambores y sus toques responden a las religiones, por ejemplo yoruba, arará o bantú", explica ella, y añade que "en los últimos diez años, hay un revisionismo que se fue transmitiendo en los diversos países de América. En Argentina se puede estudiar lo que quieras a nivel tambores. Vinieron cubanos, peruanos y brasileros a enseñar." Convencida en el poder que ejerce el tambor, Paola lo traduce de la siguiente manera. "En el tambor podés encontrar un ritmo y conversar un sonido con otros tambores. Es algo realmente apasionante", concluye. «

La comparsa Yumba -una de las organizadoras de la Llamada Independiente Lindo Quilombo- en las Llamadas "oficiales". Foto: Alejandro Frigerio

las pre llamadas que anticipan la gran fiesta de carnaval
Todos los años, en el mes de diciembre –este año será el 1º–, en San Telmo se realizan las Llamadas de Candombe Independiente. Las Pre Llamadas ya arrancaron el sábado 16 de noviembre. Uno de sus impulsores es el uruguayo Claudio Artigas Martirena, junto a su agrupación Las Lonjas de San Telmo.  A lo largo de la calle Balcarce –desde el Parque Lezama y hasta el pasaje San Lorenzo–, los sábados, desde las 16:30 y hasta las 21, desfilan decenas de agrupaciones de percusión de diferentes barrios, tal como sucede en el Barrio Sur de Montevideo. Cada grupo flamea su bandera gigante con los colores que los caracterizan. Las Candomberas, maquilladas, bien lookeadas y de prominentes curvas,  bailan delante de cada cuerda rítmica. Y los Tamborileros llevan pintados parte de sus rostros de negro y, mientras golpean los parches de sus tamboriles –piano, repique y chico– marchan a pasos lentos con sus alpargatas y unas cintas finas que recorren sus tobillos, que simbolizan las cadenas que los negros llevaban en épocas de la esclavitud.  También cada formación cuenta con la representación de personajes básicos dentro de lo que era la sociedad negra en el Río de la Plata de antaño, ya sea porteña o montevideana. Estaban El Gramillero o Yuyero (médico o curandero africano), la Mama Vieja (representa la dignidad de las mujeres negras y su bondad suprema de madres abnegadas), el Escobero o Escobillero (el Ministro de las naciones africanas en el candombe), y el Bastonero (lo mismo que un Escobero pero con un bastón).

la chilinga, una cuestión social y bien barrial
 A diferencia de otras agrupaciones de tambores taquilleras de la Argentina, la Chilinga cuenta con una impronta barrial. Y posee escuelas de percusión en Capital y en el Conurbano Bonaerense. En total son 50 docentes que enseñan a chicos y grandes. Porque además de La Chilinga, existe La Chilinguita, la escuela para los pequeños. "Tenemos cinco sedes: Palomar, Coronado, Saavedra, Lomas de Zamora y Florencia Varela. Además anexos como el ECUNHI", cuenta Daniel Líder, su fundador. La relación con instituciones como la ex ESMA –ahora un centro de divulgación cultural–, deja en claro que Buira cuenta con una posición tomada al respecto. De hecho, todos los 24 de marzo –Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia–, la agrupación suele participar activamente con una tocata en Plaza de Mayo. "La Chilinga nació como una necesidad de revalorar, sin estar presente la raza negra, hay y hubo un estilo rítmico oculto, que es y era bien contemporáneo y ligado al pueblo. El tambor es un instrumento callejero, integrador, convocante. El mismo año que formé La Chilinga también nació la agrupación H.I.J.O.S, donde tengo muchos amigos. Desde hace 17 años, apoyamos a ellos, a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y todos los organismos de lucha que lleven esa clase de ideología", enfatiza el músico.


Agradezco a: Fernando Longobardi

jueves, 29 de noviembre de 2012

Afroargentinos vendiendo empanadas - siglo XX

Foto: Archivo General de la Nacion

La foto fue publicada en el facebook del Archivo General de la Nacion. 

Buenos Aires. Puesto de empanadas atendido por su dueño, siglo XX.
Documento fotográfico. Inventario 138629_A.

Agradezco a Nicolas Viotti

lunes, 26 de noviembre de 2012

¡Lindo Quilombo! Llamada Independiente de Candombe


Como siempre, si Dios(es) quiere(n), iremos a las llamadas "oficiales" (¿gubernamentales?) del sábado, pero nuestro corazoncito está con las esforzadas, contestatarias y autónomas....


Fotos: Alejandro Frigerio. 
Llamada Independendiente de Candombe Lindo Quilombo del 17 de noviembre de 2012





sábado, 24 de noviembre de 2012

¡Pasamos las mil visitas al blog en el día!


A veces más, a veces menos, pero ¡hoy sobrepasamos las mil visitas al blog en el día!
¡Folguetes!

viernes, 23 de noviembre de 2012

Candombe y protesta social


Comparsa Iyákereré Lelikelen - Foto: Alejandro Frigerio

Las 12, suplemento de Página 12, viernes 23 de noviembre de 2012
El cuerpo como resistencia
Grupos de mujeres se unen para tocar y bailar candombe o afro y se adueñan del espacio público para apoyar distintas protestas. La danza es su modo de militancia, una forma de expresar y decir desde el baile en las calles.
Por Silvina Herrera

Caminan lento, avanzan a un ritmo extraviado de silencio y acompañan los sonidos que hacen las palmas de sus manos cuando rozan los círculos del tambor. Alrededor los cuerpos bailan, fluyen y se deslizan por los adoquines y la tierra gastada debajo de las antiguas vías de la Plaza de los Bomberos en La Boca. El barrio se congregó para acompañar la convocatoria abierta de IyaKerere Lelikelen, una cuerda de candombe compuesta sólo por mujeres, que invitó a participar con danza y música en el Día Internacional contra la Explotación y la Trata de Personas, con el lema “Bajale la mano a la trata”.
Las agrupaciones de tambores y danza se adueñan de las calles para apoyar causas sociales. Se congregan en alguna esquina de la ciudad, se cuelgan los tambores y marchan en fila para tocar y bailar siguiendo el compás del candombe o la música afro. El espacio público se vuelve escenario de una manifestación artística con una fuerte tradición de resistencia, que estas nuevas formaciones recuperan para hacer visibles reclamos actuales, a través de encuentros festivos. “Creemos que la vida es militancia. Los tambores surgen desde las personas esclavizadas, víctimas de la trata. Era la forma de expresarse de los esclavos, representaba la libertad y la sigue representado desde la toma de un espacio en la calle”, dice María Navarro, una de las integrantes de IyaKerere Lelikelen, que reunió en 2007 a un grupo de mujeres que además de bailar quería tocar candombe. “La resistencia de las mujeres es distinta, a nosotras estar en la calle nos genera problemas, hay denuncias y contravenciones. Y siempre lo resolvimos sin violencia, desde la palabra”, afirma sentada en la vereda, frente a la casa donde ensayan y se reúnen, a una cuadra de La Bombonera, para debatir y decidir entre todas, por consenso, en qué movilizaciones participar. IyaKerere quiere decir en yoruba, “madre pequeña” y Lelikelen, en mapuche, “abrir los ojos”, dos nombres que unidos reflejan ese nacimiento para hacerse ver y expresarse con el cuerpo y con el ritmo de los tambores. Por lo general, son los hombres los que tocan y las mujeres las que bailan, pero esta formación porteña quiso revertir esa tradición, calzarse los tambores para salir a tocar y transformar la fuerza masculina en una energía femenina muy personal. “Se genera otra energía desde lo natural, por la cuestión física. Y como somos mujeres participamos en cuestiones que tienen que ver con el género porque nos sentimos más responsables”, agrega Laura Ruffa, otra de las integrantes de la comparsa autogestionada.

Comparsa Iyákereré Lelikelen - Foto: Alejandro Frigerio

Ponerse en movimiento
“Mujer que quiere ser, mujer que se libera saliendo de la quietud, mujer que se estremece tocando un tambor” es la frase de presentación de Mwanamkembe, otra cuerda de candombe también compuesta sólo por mujeres de La Plata que participa con su música en movilizaciones. “Tenemos una extraordinaria fuerza de transmisión respecto de lo que comunicamos. Somos un grupo de mujeres luchadoras y creo que eso se transmite en nuestro candombe, ya sea en el toque o en la danza. Además, en tanto mujeres seguimos siendo un grupo minoritario y eso nos conduce a tomar más postura al respecto. La justicia y la libertad se pueden reclamar de muchas maneras, en nuestro caso el cuerpo es nuestra herramienta, como lo fueron para los negros en la época de la esclavitud”, dice Gabriela Hoz, integrante activa de la comparsa compuesta por psicólogas, biólogas, periodistas, docentes, diseñadoras, artistas, artesanas, abogadas de entre 22 y 40 años. Cuando se juntan a tocar y bailar, sus cuerpos se ponen al servicio de la misma causa, enfundados con calzas o babuchas de colores. Gabriela aclara que su participación es política, pero no partidaria: “El candombe es militancia y está cargado de ideología. Toda decisión acerca de dónde y cuándo o en qué contexto tocar es una decisión política. Nosotras debatimos en dónde participamos y por qué lo hacemos. Estos cuatro años de constitución de la comparsa fueron de buscar caminos. Siempre tuvimos claro que no queríamos vincular nuestro candombe con cuestiones partidarias, por eso no tocamos en actos políticos ni nada por el estilo. Pero sí creo que hicimos camino en debatir ciertas cuestiones ideológicas de fondo, como la inclusión/exclusión”.
Los Tambores no Callan - Foto Cecilia Galera

Los tambores no callan
Antes de empezar una movilización por los derechos de los Qom, por la legalización del aborto, en contra de la megaminería a cielo abierto o en un nuevo aniversario de la masacre de Avellaneda, suele verse sobre el asfalto una fogata rodeada por tambores acostados. Es un ritual que hacen para templar el cuero de los tambores y lograr que se endurezca y adquiera más sonoridad. Luego se los cuelgan al hombro y antes de iniciar el baile se toman unos minutos para comentar los motivos para apoyar cada protesta. Los tambores no callan es una construcción colectiva que se arma y desarma en cada encuentro y que realiza convocatorias abiertas cada vez que se reúne para acompañar alguna causa.
“Danzar es un acto de libertad, es gritar, decir y ser libre desde el cuerpo”, explica Lorena Tapia Garzón, integrante de La Revuelta Candombe Cimarrón, y participante habitual de las convocatorias de Los tambores no callan. “Es para mí un modo de hacer escuchar un reclamo colectivo o una reivindicación colectiva, pero desde la danza, porque es cuando bailo en las calles el momento en el que más libre me siento”, agrega.

Oduduwa (y convocadas) - Foto: Alejandro Frigerio

Danza que habla
Desde 2001, el grupo de danza afroamericana Oduduwa convoca cada 24 de marzo a marchar bailando hasta la Plaza de Mayo para recordar el aniversario del último golpe militar. El primer año fueron cuatro bailarinas y el último pasaron el centenar. “Se genera una energía que tiene que ver con las mujeres llegadas de diferentes lugares que intentan encontrarse con ellas mismas. La danza relata historias y personajes, que convocan a un encuentro diferente. Significa una nueva instancia de comunicación porque el cuerpo habla mucho más que lo que se puede decir con palabras. El cuerpo es el que está contando”, dice Cecilia Benavídez, una de las mujeres que inició la convocatoria.
Los últimos años las marchas comenzaron a filmarse y las imágenes quedarán plasmadas en el documental Piedra Libre, que incluyó una campaña de financiamiento colectivo. Cecilia apunta que se trata de “un proyecto colectivo que tiene vida en sí mismo. En manos de más de 100 mujeres. Todo hecho artístico es político, construimos ciudadanía y una sociedad más justa a través de manifestaciones estéticas. El arte y la política están unidos, no se los puede pensar por separado”. Cecilia cree que el baile de cada 24 de marzo sirvió para apoyar la nueva etapa de los juicios a los represores de la dictadura y que se abre un camino para generar nuevos espacios de participación, para ella “podemos hacer mucho poniendo el cuerpo”.

Foto: Cecilia Galera

jueves, 22 de noviembre de 2012

Los orichas bailan timba...



Adalberto Alvarea y su son

Impresionante video, que derrocha virtuosismo, alegría como manera de estar-en-el-mundo, y que muestra el amor colectivo por la danza, la música y la religión afro de los cubanos. Al principio parece un "show foklórico" más -con varias Iemanjás, Ochunes, Changós bailando con esa precisión (y mecanicidad) ya un poco atemorizante de los bailarines cubanos- pero luego se transforma en una fiesta colectiva. 
Muy buena idea la de intercalar los bailes de los ensayos -atrás de la virtuosidad también hay sudor- y conmueve la gente bailando parada en medio de las butacas -nunca entendí por qué, por ejemplo, algunos grupos brasileros se presentan en paquetes teatros porteños donde hay que verlos sentaditos y solemnes.
La afroamericanidad al palo...

Agradezco a Berenice Corti

martes, 20 de noviembre de 2012

20 de noviembre: Día de la Conciencia Negra

Foto: Nengumbi Celestin Sukama.
La artista afroargentina María Gabriela Perez y su obra sobre María Remedios del Valle

El 20 de noviembre se celebra en Brasil el Día de la Conciencia Negra, tomando como referencia la fecha de la muerte de Zumbi dos Palmares, el líder del famoso quilombo nordestino. Es una fecha para recordar y festejar la resistencia cultural -y de todo tipo- de los afrobrasileros y pensar su lugar en la sociedad y las innumerables trabas que aún restringen su derecho a una ciudadanía plena.
Desde hace unos años, la fecha también es celebrada en nuestro país por numerosos grupos de practicantes de cultura afro y/o militantes afroargentinos y afroamericanos. Imposible no recordar a este respecto la labor del Movimiento Afrocultural y del grupo de capoeira Terreiro Mandinga de Angola (TMA).
Hace rato, también, vengo insistiendo en la necesidad de encontrar una fecha y una(s) figura(s) o evento locales para anclar, inequívocamente, el recuerdo y el homenaje a nuestra memoria e historia. 
Quizás dos días de la conciencia negra sean mejores que uno...