lunes, 23 de julio de 2012

Colonialismos... (1903)


Revista Caras y Caretas de noviembre de 1903 - tomado a su vez de la revista francesa L'Illustration

sábado, 21 de julio de 2012

"El Gran Río"(2) -una mirada...


Aguas calmas, memorias turbulentas: sobre la película “El Gran Río”.
Por Nicolás Fernández Bravo

¿Se puede regresar? Si, es posible. Violentamente posible. Pero el desafío de un kalabanté es viajar, desplazarse hacia adelante, reinventarse con la memoria. El film El Gran Rio (Argentina/Guinea, 2012) del cineasta rosarino Rubén Plataneo, es un relato de una profunda y encantadora belleza: la historia verdadera y a su vez inverosímil de David Bangoura (a.k.a. Black Doh), un joven guineano que llega como polizón en un barco al puerto de San Lorenzo con el sueño de prosperar como rapper. Su “prosperidad” no es la del sueño americano, aunque sí es un sueño en aquella perdida porción de América donde no hay tanta gente negra: la tierra de Maradona, donde la pintura de las paredes se descascara pero aún es posible volverlas a pintar.
El destacado contrapunto entre los símbolos más complejos y más trillados de los imaginarios africanistas –la música, el cuerpo, el viaje, la discriminación racial– construye una narración conmovedora y seria, inusualmente grata. El diálogo que Black Doh mantiene con sus amigos rosarinos sobre la brujería y el carnibalismo (mientras comen un asado en una terracita rosarina) es una buena muestra de la lucidez con la que el director es capaz de captar la alienación de los cuerpos-mercancías en un mundo capitalista que te come dentro tuyo, espiritualmente, en una serie de tomas de una espesura etnográfica magistral. La totalidad del film podría pensarse como un canto a la posibilidad de vincularse, al recuerdo del otro, a la fuerza de su presencia tácita. Las muy logradas imágenes portuarias rivereñas y marítimas, entre barcos mercantes y frágiles cayucos, adquiere una significación clara sin caer en los lugares comunes tan caros en nuestros acotados vuelos creativos “afro”, anclados en iemanjá y en circulares riñas sobre el lugar que debería ocupar el tambor. 

Black Doh (imagen: perfil de la película en Facebook)

La cámara de Plataneo no siempre viaja junto a la mirada del protagonista, pero al hacerlo siempre viaja su poesía, las ganas de contar y cantar historias, para que la canción que cada uno tiene familiarmente, sea escuchada. Las escenas de la familia extendida de Black Doh filmadas en Guinea, donde el encuentro se produce a partir de cartas y sonidos distantes traídos por unos personajes venidos del otro lado, le otorgan un meritorio giro al guión. Hubiese sido un verdadero desatino un reencuentro hollywoodesco entre la madre y el hijo. Una decisión casi obvia en cualquier guión apresurado, que juiciosamente se logra evitar para no caer allí. El film tiene una sofisticada vigilancia epistemológica: cada vez que la trama parece caer “ahí”, se evita y se sale, se devuelve la imagen al mundo del canto, a la extraordinaria destreza que aprenden y desarrollan los cuerpos en Guinea, al arte de una plasticidad potente y liberadora, de una sabiduría y una ternura que creíamos ya difícil de evocar.
En la actualidad, cuando todos los debates parecen estar empantanados en la posibilidad más bien escéptica de la representación subalterna, las canciones –la voz– de Black Doh y la mirada inteligente de Plataneo son una bocanada de aire fresco que permite reencontrarnos con una ética profundamente estética, un ojo que coloca a las adormecedoras discusiones sobre la estereotipación en el lugar de donde nunca deberían haber salido: la academia. ¡Viva el cine!

viernes, 20 de julio de 2012

"El Gran Río" - El inmigrante africano que se transformó en rapper...

Sigue, por segunda semana, en el Cine Gaumont la película El Gran Rio, sobre cómo un inmigrante africano que llega por casualidad a estos pagos se convierte en un rapper.


Página 12, jueves 19 de julio de 2012
El Gran Río, un documental sobre el rapero Black Doh
¡Doh!
No, no se trata de un Homero negro, sino de un rapero nacido en Guinea y que tiene un nombre artístico que suena a onomatopeya simpsoniana. Un grosso.
 Por Luis Paz

Cuando está por cumplirse una hora desde el comienzo del documental El gran río, David participa de un soberbio asado, que detona entre vasos plásticos con esa cerveza de nombre de tribu autóctona y una admirable jarra de sangría. Pero David no es un pibe argento más: su apellido es Bangoura, su país es Guinea y su nombre artístico, Black Doh. La curiosidad de la escena es mínima si se la compara con los recovecos de la gran historia de este joven músico que llegó a Rosario como polizón y grabó un disco de rap. Su vida reciente, digna de un dramón a la manera de Biutiful, de un documental sobre la música underground negra como Rise Up o de una de aventuras como Tintín en igual medida, fue registrado por el realizador Rubén Platáneo en El gran río, documental en cartelera en el Gaumont.
Antes de recalar en el puerto rosarino de San Lorenzo a bordo de un barco vietnamita, Bangoura pasó por Uruguay, de donde lo deportaron; por París, Ucrania, Siberia y Egipto, donde le pasó lo mismo. Hasta que, sin agua ni comida, durante un mes navegó sin saber adónde. Su camarada no lo soportó y falleció en altamar, y él terminó como “refugiado político” en Santa Fe. Del giro del destino, Black Doh capitalizó una plataforma para hacer música que, igualmente, no es el foco de este documental. 


Más bien, lo que Platáneo construye es una historia no lineal (la de David, familia y amigos argentinos) que le sirve para ilustrar la vida en este país de la diáspora africana, los lazos fraternales que se tienden en el bajofondo social y un relato sin tiempo ni lugar sobre la inmigración. Su película permite un acercamiento crudo, apenas editado, y por cierto muy bello –la fotografía es fantástica– al detrás de escena de los africanos que, para muchos, sólo han llegado aquí a vender bijouterie.
El regreso del rapero al puerto de Conakry, en Guinea, con su primer disco (cuya realización documenta El gran río) como equipaje, despunta un final sin orquesta, donde las vibraciones artísticas y personales se repelen: Doh debió abandonar su lugar en el mundo y errar en su elección de un barco para poder encontrar, en ese revés, su lugar en la música.

El gran río será proyectada hasta el próximo miércoles 25 en el Cine Gaumont (Rivadavia 1635). A las 17.15.

jueves, 19 de julio de 2012

Afroargentinos: La inclusión subordinada..


En una clase sobre estereotipos, en el curso "Raza, Nación y Cultura en América Latina" que actualmente estoy dando en Flacso, una alumna tucumana trajo como ejemplo la  foto que reproduzco arriba -que había encontrado en el facebook del ente de Turismo de la provincia. Planteó si podía ser vista como un caso de visibilización o de estereotipación.
El ejemplo me trajo a la memoria una entrevista que tuve hace muchos años atrás con Enrique Nadal (padre de Fidel, y pionero del activismo afroargentino) en la que me manifestaba su preocupación por  cómo se realizaba la integración de varios de sus conocidos dentro de sus grupos de amigos: como "el negro" de la barra, que recibía continuas bromas por su condición fenotípica. Tenían amigos, pero debían aceptar esta "inclusión subordinada": el lugar que sus amistades "blancas" les otorgaban, por el cual nunca dejaban de ser alguien diferente, y de alguna manera, inferior. Nunca llegaban a ser una persona con los mismos derechos que los otros. Concientes de ésto, adoptaban algunas estrategias adaptativas: en ocasiones, ser los primeros en burlarse de su propia diferencia, en otras intentar disimularla (si era posible), en otras la hipercorrección para mostrar que (pese a todo) "tenían el alma blanca".  Probablemente fue a partir de allí que se me hizo evidente la necesidad de comprender mejor las distintas modalidades que adopta el "racismo cotidiano" argentino -con sus variaciones geográficas y temporales, siempre frecuentemente desestimadas aún por sus propias víctimas.
En este caso, creo que la propia foto no deja muchas dudas respecto de la duda planteada por mi alumna. Es caricaturizante hasta lo simiesco -una imagen tradicional en Argentina cuando de "negros"  se trata- y perpetúa el estereotipo -también común- de la mujer negra como cocinera o doméstica. La diferencia con los rasgos más naturalistas y no grotescos de los hombres (¿próceres?) blancos es marcada -y no permite argumentar que "es sólo un muñeco". Si alguien del gobierno de Tucumán tuvo la intención de visibilizar a la población afrodescendiente de la provincia, habría que avisarle que recurrir a las imágenes trilladas, estereotipadas y ofensivas que habitualmente se han empleado no es una buena idea.

lunes, 16 de julio de 2012

"Afrodescendientes: El latido de una identidad silenciada"

El programa tiene un año ya, pero no lo había visto. Brinda un interesante panorama -académico y vivencial- de los afrodescendientes en Córdoba.



viernes, 13 de julio de 2012

Afroargentinos - según Sara Facio

Foto: Sara Facio

Una fotografía publicada en el libro de Sara Facio "Buenos Aires Buenos Aires", editado en 1968.

Fuente: Facebook de Sara Facio

Agrego comentario de Diáspora Africana de la Argentina: "En la foto aparecen Justo Manuel Pita tocando un pequeño tambor, y unos pasos más atrás Nelida Mercedes Nadal. Muy linda foto! "

Muestra de artistas afrodescendientes


La muestra estará desde el lunes 16 (apertura) hasta el jueves 19 (acto de cierre).


Agradezco a María Gabriela Perez