miércoles, 13 de junio de 2012

Afroargentinos en la escuela...

El suplemento Educación del Clarín de hoy trae una nota y dos fotos que muestran la presencia de alumnos afro-argentinos en grupos escolares de 1895 (aprox.) y 1923.
Como en otras oportunidades, la encomiable tarea del historiador de la fotografía Abel Alexander sigue aportando a la visibilización de la presencia afroargentina en nuestro pasado.

 
 Click en las imágenes para agrandarlas y leer la nota

No puede dejar de llamar la atención, sin embargo, la diversidad de formas de referirse a esta presencia. En la tapa del suplemento, se lee "Africanos en aulas argentinas". El título de la nota, sin duda más correcto, dice "Afroargentinos en la educación". El copete, "chicos de grupos étnicos cuyos ancestros provenían del Africa". Como ya dije en otras oportunidades, qué difícil está resultando hablar de raza ("raza", racialidades?, racializaciones?) en Argentina....
Cada caracterización sugiere distintas maneras de mirar, conceptualizar y situar a estos niños dentro (o fuera) de la nación.... 


Fuente: Suplemento Educación del diario Clarín, 13 de junio de 2012

martes, 12 de junio de 2012

Por qué exhibimos seres humanos...

Reproduzco una interesante y necesaria reflexión del periodista/antropólogo Marcelo Pisarro, publicada hace pocos días en Ñ. Señala los peligros inherentes a la "apreciación multicultural" -en términos de cosificación, mercantilización y escenificación de la "cultura tradicional"-  y llama la atención hacia las inadvertidas consecuencias que puede tener la aguda "folklorización" por la que pasan, actualmente, grupos afroamericanos.

Ota Benga, "el pigmeo del zoológico del Bronx", exhhibido en 1906

Revista Ñ - 29 de mayo de 2012
Por qué exhibimos seres humanos
En Sucre dos tejedoras tejen en el patio de un museo, como testimonio cultural. A partir de allí esta nota recorre una polémica aún no agotada.

Por Marcelo Pisarro


El letrero advierte que está prohibido tomarles fotografías. Objetos, salas, personas, nada puede ser fotografiado. La muchacha está sentada en el patio del museo, en Sucre, Estado Plurinacional de Bolivia. Dormita con la cabeza apoyada sobre su telar. Metonímicamente, la muchacha representa una “cultura superviviente”, una “tradición” más “genuina” y más “pura” que fue “rescatada” de los embates de la “civilización”, de “la modernidad”, de “Occidente”, por etnógrafos, organismos estatales y promotores turísticos. Esta cultura superviviente difiere de la cultura de aquellos que han sentado allí a la muchacha: la cultura de los antropólogos que dirigen el museo, la cultura de los visitantes que abonan su ticket de ingreso para observar esas culturas supervivientes.
En las salas los artefactos se amontonan en vitrinas y en estantes; en el sótano se exhiben momias y otros cadáveres que prueban que la continuidad cultural, restringida por la concordancia espacial, garantiza que el pasado y el presente converjan en un punto donde las distancias se asumen como evidencia de autenticidad.
Junto a la muchacha que dormita, en el patio, con la cabeza apoyada sobre su telar, está sentada otra muchacha frente al suyo propio. Según los desvíos metonímicos y las clausuras semióticas, la segunda muchacha representa a una cultura que difiere de la cultura de los patrocinadores y de los visitantes, pero que es también diferente de la cultura de la primera muchacha. Las han colocado allí como pruebas empíricas de la conservación de los saberes y prácticas del pasado andino. Cada mañana llegan desde sus comunidades y tejen a la vista de quienes ya han husmeado los textiles y los cadáveres en exhibición. La principal atracción del museo es una baratija de mercado llamada “cultura”.
Apenas pasa del mediodía, nadie más está en el patio. La segunda muchacha teje. Hay algo nervioso en sus movimientos, ese frío que uno siente cuando está atareado y sabe que alguien más mira por sobre su hombro. Está siendo escrutada, escudriñada no como individuo, no como sujeto con una existencia particular, sino como componente de una colectividad, de una abstracción identitaria, de un “ellos” difuso y circunscripto. Pasan los minutos, empieza a relajarse, se acostumbra, se aburre, se cansa. Deja sus utensilios a un lado y se apoya sobre el telar.
Reconozco la posición de su cuerpo. Apenas brota la tarde, ese momento en que los mercados bolivianos disminuyen la intensidad de sus intercambios de bienes y símbolos, en que los puesteros abrazan sus productos como si de un colchón se tratase, cierran los ojos y dormitan. La muchacha trazó ese movimiento: se apoyó sobre su telar, como si lo abrazara, y cerró los ojos. Ahora descansa. Estamos solos, los tres, en el patio.

Tejedoras en el museo

Las observo a poca distancia, sentado en un banco, justo a espaldas de la muchacha que acaba de dormirse. Vuelvo a notar los insistentes letreros que plagan el museo: “Prohibido tomar fotografías”. Pero el cuadro es demasiado bueno. Saco mi cámara y les tomo una fotografía. Luego otra. Y otra más. Podría preguntarme por la ética, pero no me parece interesante; prefiero preguntarme a qué llamado histórico obedece la necesidad de fotografiarlas.
Entonces la segunda muchacha, la que acaba de recostarse sobre el telar, la que está justo frente a mí, levanta la cabeza y se voltea. Bajo la cámara fotográfica. La mirada de la muchacha sigue dos inclinaciones, como si fuesen dos actos armoniosos y ensayados. Primero me observa, con fijeza, sin ningún dejo de emoción ni de interés; luego desvía la mirada levemente por sobre mi hombro, como si observara a alguien más. No volteo, allí no hay nadie, ¿o lo hay? Por fin, vuelve a su telar y me da la espalda. Le tomo una última fotografía. El resultado es malo, pero dice mucho sobre ese llamado histórico, sobre esa necesidad de fotografiarlas.
Cosas sagradas
Toda la tensión que provoca la expresión muda de esa muchacha está contenida en una fotografía tomada en 1906 a un pigmeo congolés de la etnia mbuti, un cazador recolector originario del Rio Kasai, un Twa. El pigmeo se llamaba Ota Benga y ese año fue exhibido en una jaula del Zoológico del Bronx, en Nueva York, acompañado de monos y otros animales. En esa fotografía, Ota Benga (nacido en 1884 en el Congo belga, su mujer y sus hijos –considerados “nativos en estado inferior de evolución”– asesinados y desmembrados por la Fuerza Pública del Rey Leopoldo II, capturado y cedido en trueque en el mercado de esclavos, expuesto en ferias mundiales estadounidenses como “eslabón perdido”, finalmente convertido en mano de obra asalariada y empujado al suicidio: disparo en el pecho a los 32 años) está de pie junto a un árbol, mirando a cámara; en el brazo derecho sostiene un chimpancé. Sólo se hicieron cinco imágenes promocionales, pues, al igual que una centuria más tarde, estaba prohibido tomar fotografías. El gesto de su rostro es inexpugnable, aunque un siglo después, como consumidor de baratijas, como partícipe directo de algo llamado modernidad, uno sienta un sudor frío en la nuca y se obligue a desviar la mirada.
El registro etnográfico está repleto de estas miradas, aún cuando los ojos tengan las cuencas vacías. Estas fotografías han sido tomadas en “zoológicos humanos” y “exposiciones etnográficas” enmarcadas en ferias de los siglos XIX y XX. La corrección política colonial asumía la presentación de la otredad, de la diferencia, como componente de un paradigma constituido alrededor de la raza, de la distinción biológica, del adelanto y del atraso evolutivo. Las personas pagaban su entrada, hacían cola, se amontonaban para ver a esas razas diferentes. Tampoco podían tomarles fotografías, ni alimentarlos. En una exposición de Bruselas, en 1897, cuando los africanos acabaron indigestados por la comida que los visitantes les arrojaban, las autoridades colocaron un letrero: “Los negros son alimentados por el comité organizador”. En el museo de Sucre no había letreros, pero las indias andinas también son alimentadas por el comité organizador.


Las cuencas vacías –ahora mirá los ojos muertos de los Niños del Llullaillaco en el refrigerador del Museo de Arqueología de Alta Montaña de Salta– tienen un marco legal más estudiado. El Código de Deontología Profesional del Consejo Internacional de Museos establece cómo deben tratarse los “objetos dedicados”: restos humanos y cosas sagradas. “Deben presentarse con sumo tacto y respetando los sentimientos de dignidad humana de todos los pueblos”, dice. Pero allí no se explicita cómo debe presentarse ese “objeto dedicado” constituido por personas vivas en exhibición, como las muchachas del museo de Sucre, en nombre de un artefacto llamado “cultura”, o como Ota Benga en el zoológico de Nueva York, en nombre de un artefacto llamado “raza”.
El llamado histórico se disuelve en la clandestinidad de los actos cotidianos. Nadie está por fuera de su época y por eso, mientras uno se horroriza ante el relato de Ota Benga, abona su entrada para observar cómo las muchachas andinas tejen en el patio del museo. Su exhibición está tan naturalizada que la correspondencia histórica entre raza y cultura se desvanece, cede ante la exigencia del gesto cínico que desnaturalice el vínculo. Raza o cultura, da igual. Todo fue hecho con amor.

domingo, 10 de junio de 2012

Omolù en cementerio de Neuquèn...

No coincido con muchos de los conceptos vertidos en la nota, y me hubiera gustado una foto que mostrara la real importancia (y ubicaciòn) de la imagen de Omolù, pero parece ser una muestra de pluralismo religioso para celebrar...

Foto: Marìa Isabel Sànchez para La Mañana 

Diario La Mañana (Neuquèn) - Viernes 8 de junio de 2012

El Cementerio Central tiene una imagen umbanda 
La colocaron ayer en el contexto de la ordenanza que permite la libertad de culto.

Con una sentida ceremonia se colocó ayer en el Cementerio Central la imagen del Orixa Omulú, divinidad de la religión umbanda. Un hecho inédito en la provincia y en Argentina que se da en el marco de la ordenanza municipal 10.407 que permite la libertad de culto en el cementerio municipal.
La imagen se pudo inaugurar por intermedio de Julio César Ros Poblet (pai de Omulú), integrante del templo “Pae Cipriano de las almas”, y contó con el apoyo de la delegación del INADI en Neuquén.  Omulú representa a los fallecidos y por eso la trascendencia para los creyentes de tener su imagen en el cementerio.
“Representa a distintas naciones de matriz afro. Dentro de ese concepto el Orixa  guía a las almas de los desencarnados hacia la luz. Es de vital importancia que nuestro guía esté dentro de lo que es el cementerio”, contó el pai Julio de Omulú.
“Hacía falta que un grupo tome coraje para que se haga respetar la ordenanza municipal. De esta manera se garantiza el derecho de las minorías. Les pido que no se autocensuren y que vengan a ejercer su fe junto a esta iconografía de acuerdo a sus creencias”, dijo Carlos García, representante de la delegación de INADI en Neuquén. 
Con rezos, canciones, música, quema de inciensos y velas se llevó adelante la liturgia Umbanda donde se descubrió la imagen del Orixa Omulú. 
Orixa es una creencia africana que se trasladó a través de los esclavos a Brasil donde nació el Umbanda hace 103 años. En tanto que el culto Omulú tiene más de 5 mil años de antigüedad.

sábado, 9 de junio de 2012

Intelectuales negros en Brasil - Conferencia

GEALA (Grupo de Estudios Afrolatinoamericanos) 
invita a la conferencia
“Términos de inclusión: Intelectuales negros en Brasil, siglo XX”


Dictada por la Dra. 
Paulina Alberto 
(Associate Professor, Department of History, University of Michigan)

Lunes 11 de junio - 15.30 hs.
Instituto Ravignani (25 de Mayo 225, 2º piso, Aula C)
La asistencia es libre y gratuita

jueves, 7 de junio de 2012

Dr. House plays the blues..

Este fin de semana el Dr. House (Hugh Laurie) toca blues en el Luna Park. Lamentaré no verlo -el disco me pareció muy bueno.
Ya subí a este blog en otra oportunidad parte de estas declaraciones, pero acá va el texto (casi) completo.
Me parece sumamente interesante porque el mismo dilema enfrentan, diariamente, miles de argentinxs blancxs de clase media que eligieron practicar candombe, capoeira, danza afro -en muchos casos dedicando su vida a estas artes. Lo mismo vale para las religiones de origen afro, claro...
Cuestionamientos basados en pertenencias de "raza", clase, nacionalidad son comunes.
"¿Por qué lo haces? -si no sos x, y, o z?". 
Porque me gusta. Porque no puedo vivir sin ello...




Suplemento Radar, Página 12, domingo 3 de junio de 2012
Un inglés en Nueva Orleáns
Por Hugh Laurie

Nunca tuve, nunca compré música pop. Nunca me gustaron las bandas que mis compañeros escuchaban en la escuela. (…) No recuerdo dónde estaba cuando escuché que John Lennon había sido asesinado, pero sí recuerdo dónde estaba cuando murió Muddy Waters. Estaba manejando por la autopista A1 hacia Lincolnshire y tuve una reacción horrible, egoísta. Pensé: nunca voy a verlo tocar.
Con el blues sentí que era algo muy lejano a mi experiencia. La primera vez que escuché blues no entendí mucho de qué se trataba, pero me hacían sentir de una manera especial, como ninguna otra cosa. Supongo que, al venir de una familia presbiteriana, entendía cierto valor de sufrimiento y escasez que tenía un grado de nobleza. Posiblemente me atrajo una música que tenía que ver con la falta y con la pérdida, aunque yo nunca experimenté eso en mi vida. Pero estoy tratando de racionalizar algo que no es racional. Sencillamente lo que sucedió fue que el blues me erizó la piel, me paró los pelos de la nuca. Para mí es música que expresa todas las emociones humanas posibles. Me hace reír, me hace llorar. Y puede ser muy ingeniosa. Y muy sensual. Puede ser gozosa, alegre y también melancólica y terriblemente triste. Me alucina la gente a la que no le gusta el blues. No puedo creer que la gente no esté escuchando a Leadbelly y James Booker todo el tiempo. El primer blues que escuché fue de Willie Dixon. Yo iba en el auto con mi hermano, debía tener 11 años. Cambió todo. Dejé mis clases de piano a pesar de que mi madre enloqueció. Hice una huelga de hambre de tres días porque sencillamente no quise seguir aprendiendo música clásica: la profesora se la pasaba diciendo “no vamos a tocar esto, es un negro spiritual”. Era lo único que yo quería tocar. Solamente me reconfortaba tocar “Swannee River”, lo más parecido a un blues que me enseñaban. Esa batalla la gané. Tres días sin comer y logré no tomar más clases. Otra decepción para mi madre, que entonces decidió mandarme pupilo.


El elemento central de todo este proyecto es mi genuino amor por esta música y mi deseo de comunicar este amor y esta música a otra gente. (…)  Esto no es turismo. Si es honesto no puede ser malo.
No nací en Alabama a fines del siglo XIX, nunca comí grits, ni trabajé en los campos de algodón ni manejé un boxcar. Ninguna mujer gitana le dijo a mi madre, antes de que yo naciera, que me perseguirían perros del infierno. Quiero, también, que este disco muestre que soy un inglés blanco de clase media alta que está entrando sin permiso en la música y el mito del sur americano. La pregunta sobre por qué un chico de manos flojas y de escuela pública británica se emociona con música nacida de la opresión y la esclavitud en otra ciudad, otro continente y otro siglo es algo que otros deben responder: desde Alexis Korner hasta Clapton, de los Rolling Stones a Jools Holland. Digamos que sucede.
(…) Si a alguien les importan la genealogía y el origen, debe ir a buscar a otro lado. Yo no tengo nada de calibre. Solamente amo el blues.
Y amo Nueva Orleáns. Es una ciudad que la pasó muy mal en toda su historia, no sólo en los últimos años después de Katrina. Sufrió todo tipo de tragedias. Y en la ciudad se respira una sensación muy mundana y una resignación a la dura realidad de la vida en la ciudad. Y la sensación de que sólo vivimos un período corto y que, por eso, debemos pasarla bien. Los Angeles es exactamente lo opuesto. Es un lugar donde la gente espera poder vivir 500 años y se perturba muchísimo cuando se dan cuenta de que no será así. Todos quieren ser eternamente jóvenes y hermosos. (…)

martes, 5 de junio de 2012

Rap contra el racismo en Argentina

Rap contra el Racismo en Argentina: 
Fidel Nadal al principio, y el (verdaderamente) Negro Garcia Lopez, al final, ponen la piel de gallina.. En el medio, varios invitados de lujo -incluyendo al Chojin y a Chuck D. de Public Enemy!!. 
Bien Federico Pita !!

lunes, 21 de mayo de 2012

Viaje

 Estimad@s:  Probablemente no haya entradas por unos 15 dias -salvo que algo me entusiasme mucho- por motivos de viaje.