miércoles, 13 de octubre de 2010

Black Family Reunion: La afroargentinidad al palo...

El domingo pasado, como anuncié en el blog, la asociación Diáspora Africana de la Argentina (DIAFAR) organizó la Black Family Reunion -ver entradas anteriores que describen su propósito.
Pese al nombre en inglés, el evento derrochó (afro)argentinidad, como veremos por las fotos abajo. No reflejan todo lo que pasó, ni todos los que estuvieron. No pretendo realizar una crónica "objetiva".
Además de premiarse con la entrega de los "Diaspora Honors" a activistas culturales, políticos y emprendedores sociales afrodescendientes, varios de los presentes, artistas con larga trayectoria, mostraron sus talentos en diversos géneros. Las fotos pretenden registrar, minimamente, algunos momentos de esa entrega -para apreciarla en su magnitud, habrá que esperar el video. Mis disculpas a los que quedaron afuera, las condiciones de luz no eran buenas para una camarita no profesional..

Nengumbi Celestin Sukama, maestro de ceremonias, con Federico Pita, presidente de DIAFAR

Diálogo conmigo mismo (lo tuve, juro...):
Yo1-¿No queda un poco estereotipante mostrar principalmente fotos de afroargentinos bailando, como si esto fuera lo único o lo mejor que pueden hacer?
Yo2-  Es que las fotos de la entrega de premios no están muy bien -no me acerqué lo suficiente para que rindiera el flash- y el blog tampoco intenta ser la revista Hola afroamericana
Yo2- Además, fue muy fuerte y esperado ver a varios de los más conocidos bailarines de la última época de la Casa Suiza -a quienes conocía de nombre por entrevistas, o por haberlos visto circunstancionalmente- bailando juntos....

Candombe argentino, por el grupo La Familia:

 Pocha y Hugo Lamadrid

 Con invitados del público: Teté Salas y Pochi Luna , (re)conocidos bailarines afroargentinos

 Hugo Lamadrid, Pochi Luna, Pelusa Yannone, Teté Salas, Pocha Lamadrid

 Atrás de Pochi Luna, Puchi Zambrano, otro famoso bailarín de la Casa Suiza

Puchi, Pochi, Pelusa y Teté

Premios Diaspora Honors:

Los premios que fueron entregados a activistas culturales, políticos y emprendedores sociales afrodescendientes.

Rita Montero fue una de las premiadas, pero ante el pedido generalizado tuvo que cantar (candombe) y, como suele suceder, se robó los flashes

La Familia toca Rumba Abierta:

Pelusa, rumbera de aquellas.. en Cuba no se consigue...

Pocha y Teté no se quedan atrás...



Pochi Luna improvisó un tango y una milonga -un capo..

El invitado estelar de la noche: el famoso guitarrista de rock (afroargentino) Carlos García López.
Jimmy Hendrix de Floresta

Una de las (muchas) sorpresas de la noche: Carlos Pita (padre de Fede) cantó varios blues con su primo García López. Arrasaron. ¿¿Para cuándo el CD??

El "Candombe Federal" de Martín Boneo, una de las imágenes recurrentes de la noche, con el nombre del evento y el logo de DIAFAR. Y la silueta de un niño afrodescendiente.
Pasado, presente y futuro...

Motivos del evento

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martes, 12 de octubre de 2010

¿Qué hacemos con el 12 de octubre? (2)

Según Página 12 de hoy, "El Gobierno envió al Parlamento la propuesta de que el 12 de Octubre no sea más llamado el Día de la Raza y se lo denomine “Día del respeto a la diversidad cultural”. Y otros sectores plantean que se lo bautice como “Día de los pueblos originarios”. " (pirulo de tapa)
La Nación de  hace unos días decía que "los diputados que integran las comisiones de Legislación General, Turismo y Cultura de la Cámara de Diputados acordaron ayer emitir dentro de quince días el dictamen sobre el nuevo régimen de feriados nacionales impulsado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, aunque se le introducirían modificaciones.(...) En lo que no hubo disidencia es en que el feriado del 20 de junio sea inamovible y que el 12 de octubre se llame Día de la Diversidad en lugar de Día de la Raza. " (La Nación, 1 de octubre de 2010)
En cualquier momento, más noticias para este boletín  ... (radio Colonia? dixit)

¿Qué hacemos con el 12 de Octubre?

Hace unos días, la agrupación político-religiosa uruguaya Atabaque liderada por la mãe de santo Susana (Andrade) de Oxum y el pai Julio (Kronberg) de Omolu realizó una presentación ante los legisladores orientales sugiriendo el cambio de nombre de la celebración del 12 de octubre. La reproduzco abajo.
Algunas fotos del fotógrafo argentino Marcos López (varias de la serie Pop Latino) ilustran bien, creo, en clave artística posmoderna el dilema de ¿qué hacemos con la fecha?

Foto: Marcos López

" Estimad@s Legisladores del Parlamento del Uruguay - 5/10/2010
En el marco del bicentenario de la revolución americana proponemos cambiar el nombre al 12 de octubre por: Día de la Integración y el Respeto a la Diversidad Cultural, o Día de la Integración Cultural o Día de la Multiculturalidad. SOLICITUD- Ponemos en vuestro conocimiento la siguiente propuesta iniciativa a ser discutida en los ámbitos legislativos competentes:
Reemplazar la actual denominación del 12 de octubre por la de “Día de la Integración y el Respeto a la Diversidad Cultural o Día de la Integración Cultural o Día de la Multiculturalidad”, efemérides hasta ahora asumida como Día de la Raza, llamada así por uso y costumbre, tal vez antigua normativa, prensa, libros de texto educativos y ciudadanía en general.
Aunque actualmente el concepto “raza” aplicado a los seres humanos es visto como discriminatorio, se lee sin embargo tal referencia en sitios web turísticos o culturales, y en algunos organismos públicos en sus respectivos portales de Internet al enumerar los feriados de nuestro país.

Imágenes del culto a María Lionza, Venezuela - Foto: Marcos López
Simón Bolívar, Negro Felipe, Reina María Lionza e Indio Guaicaipuro


MOTIVOS SOCIALES LOCALES-
a) Resaltar el valor integración como sustento de la convivencia pacífica y el desarrollo social.
b) Brindar oportunidad de festejos en conjunto. El Día de la Raza fue así denominado desde la visión europea de la historia. Por eso mismo, hace años en Uruguay han sonado tambores por la principal avenida la víspera del 12 de octubre, en una especie de contrafestejo, rescatando el sentido de “último día de la libertad” o “último día de la resistencia indígena”, en contraposición a una fecha instaurada de espaldas al sufrimiento de los grupos humanos sometidos durante la llamada “conquista”. No hay tambores de fiesta los doces de octubre.
c) Tomando como antecedentes los casos de países latinoamericanos incluso la vecina Argentina que en breve y por idea de su Presidenta reemplazará el nombre de la citada fecha, proponemos el cambio como forma de reconocimiento a las poblaciones aborígenes y de la diáspora africana esclavizada, teniendo en cuenta la necesidad de cohesión y respeto entre los diferentes colectivos, y la importancia de emblemas que comulguen más pluralmente con lo que somos en cuanto a nutrientes diversos del concepto identidad, en el cual confluyen variados componentes; indígenas, afros y migrantes de distintas partes del mundo por múltiples razones. Proponemos transformar el nombre de una fecha cuyo sentido hoy es rechazado por sus connotaciones racistas y colonialistas, en una celebración de la multiculturalidad que, más allá de la dura realidad del genocidio americano, cobije en igualdad de condiciones a la pluralidad de sus vertientes humanas, pues hoy somos todos y todas, parte de una población felizmente mestizada que necesita hermanarse para subsistir.

Foto: Marcos López

d) Elemento integrador:
En cuanto al contenido de la conmemoración relativa a la fecha 12 de octubre para la cual solicitamos el cambio de nombre, se procura sea ocasión para profundizar el conocimiento y el diálogo entre culturas, celebrar la pluriculturalidad posterior a las colonias y en la modernidad, revalorizar el aporte a la identidad de las etnias aborígenes, promoviendo y apoyando la elaboración de actos y actividades conmemorativas y la profunda dimensión de su sentido histórico para los grupos endémicamente postergados, fundamentando la celebración de la integración cultural por encima de diferencias, hecho que hoy día nos permite convivir en paz y crecer, sin por ello olvidar las tradiciones de cada quién, en un plano de igualdad y sin jerarquías entre las culturas.
Por la descolonización ideológica y por la equidad entre las comunidades, proponemos que el 12 de octubre sea denominado oficialmente como “Día de la Integración y el Respeto a la Diversidad Cultural o Día de la Integración Cultural o Día de la Multiculturalidad”
ANTECEDENTES Y CONTEXTO SUR REGIONAL-
En varios países de Latinoamérica se ha procedido a un reemplazo del nombre de esa fecha. Ejemplos: 2003 en Venezuela “Día de la Resistencia Indígena”, en el 2000 Chile le puso Día del Descubrimiento de Dos Mundos, en Costa Rica en 1994 Día de las Culturas, en Perú es el Día de los Pueblos Originarios y del Diálogo Intercultural, según un decreto presidencial, y en Bolivia el Presidente Evo Morales lo ha llamado recientemente Día de Luto por la miseria, enfermedades y hambre que trajo la invasión europea a América.
Incluso en la propia España se llama actualmente Fiesta de la Hispanidad.
En estos momentos en Argentina, el Congreso tiene en sus manos un proyecto de ley en tal sentido, enviado por la Presidenta Cristina Fernández pidiendo sea reemplazado el nombre Día de la Raza por el de “Día del Respeto a la Diversidad Cultural” en homenaje a los pueblos originarios con quienes planea celebrar en el Chaco dicha jornada de fiesta.
Creemos que en el marco del bicentenario de la revolución americana a celebrarse durante esta legislatura parlamentaria, estamos maduros cívicamente como población para darnos esa discusión, reafirmando conceptos de respeto a la diversidad cultural e integración social, a la vez de revalorizar y promover las expresiones de los pueblos originarios y su papel de víctimas durante la funesta colonización y no descubrimiento.

Imágenes del culto a María Lionza, Venezuela - Foto: Marcos López

OTRAS CONSIDERACIONES- Se ha querido imponer sin éxito el nombre Día de las Américas celebrado el 14 de abril. Reivindicar el nombre “América” para el 12 de octubre, sería aceptar que aquí no había pobladores autóctonos.
El término “américa” es cuestionado y eurocéntrico. La Abya Yala de los habitantes originales, luego de apropiada mediante el genocidio, fue rebautizada por los conquistadores.
CONCEPTO RAZA: “La denominación del 12 de octubre como "Día de la Raza", resulta inadecuada en virtud de que la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación Racial -proclamada por la Asamblea de la ONU el 21 de diciembre de 1965- determina que toda idea o doctrina de superioridad basada en la diferenciación racial es científicamente falsa, moralmente condenable y socialmente injusta.” INADI (Argentina) Instituto Nacional contra la Discriminación.

Foto: Marcos López

Para el INADI, la utilización del término "raza" es abandonada por su carencia de sustento científico porque la biología no ha podido demostrar la existencia de estructuras genéticas de "raza" y por razones políticas y culturales. El proyecto de decreto en fase de aprobación en la Argentina, considera "imprescindible revalorizar las culturas originarias de América, tanto en su faz histórica como presente, reconociendo la diversidad cultural".
El cambio en el significado del feriado, implicará consagrar y reconocer que los derechos humanos tienen los caracteres de universalidad, indivisibilidad e interdependencia. Es definitivamente inaceptado el concepto raza aplicado a las personas sea cultural o científicamente. Es ofensivo y discriminatorio pretender separar o definir al ser humano por rasgos físicos. Existe un gran consenso entre los antropólogos y genetistas humanos de que, desde el punto de vista biológico, las razas humanas no existen y el llamado “día de la raza”, alude directamente a pueblos diferentes que convergen, por lo tanto, hace énfasis en el ítem “raza” aplicado a lo humano, una comunidad avasallada; los propios y una privilegiada; los colonizadores.
En el caso del ser humano (Homo sapiens), existe opinión mayoritaria entre los especialistas en que es inadecuado el uso del término raza para referirse a cada uno de los diversos grupos humanos, y se considera que es más apropiado utilizar los términos etnia o población para definirlos. Más aún, algunos científicos consideran que para referirse a seres humanos, biogenéticamente, las "razas" no existen, tratándose sólo de interpretaciones sociales.
GRUPO AFROAMERINDIO ATABAQUE – FEDERACIÓN IFA DEL URUGUAY
SUSANA ANDRADE – JULIO KRONBERG - TELS. 22006821 - 099215451

NOTA: Este documento va destinado a la Comisión de Educación y Cultura de Cámara de Representantes del Parlamento, legisladores en general, y particularmente a un representante de dicha Comisión Diputado Walter de León (MPP).
Se difundirá la iniciativa a medios de prensa, embajadas, organizaciones civiles y religiosas, sociedad en general y organismos públicos y privados vinculados a la Educación y la Cultura. "


lunes, 11 de octubre de 2010

Calunga Andumba - vuelve la Comedia Negra de Buenos Aires

Falta todavía, pero la gente de la Comedia Negra de Buenos Aires ya está anunciando su reaparición en noviembre.
La Comedia Negra, fundada por las hermanas Susana y Carmen Platero, estrenó en la década de 1980 obras teatrales con temática y actores afro-americanos (de distintas nacionalidades).
Ahora, con la dirección de la actriz afrocubana Alejandra Egido, reponen una de sus obras fundamentales: Calunga Andumba.
Para ir reservando entradas...

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domingo, 10 de octubre de 2010

Imaginando la población afrodescendiente...

Hoy se realiza la Black Family Reunion  o -en mi traducción- Reunión de la Familia Negra -iniciativa que hace unos días venimos anunciando en el blog, y sobre la cual ahora adjuntamos información más abajo. 
 A partir de ello, y enhebrando el evento con una anécdota personal,  Nicolás Fernández Bravo reflexiona lúcidamente acerca de las dificultades -y también la necesidad- de imaginar -pensar, concebir, interpelar- a los afrodescendientes de y en Argentina de la manera más inclusiva posible. Tarea sin duda nada sencilla...


The Gap (la distancia) y the challenges (los desafíos)
Por Nicolás Fernández Bravo

El tren de la línea Mitre es insólito. Viniendo desde Retiro, su recorrido experimenta una bifurcación al llegar a su intersección con la avenida Monroe, en el barrio de Coghlan. A partir de allí, un ramal se dirige hacia la localidad de José León Suárez, en el conurbano bonaerense. El recorrido termina literalmente en medio de uno de los barrios más marginalizados del país. Conocí bastante bien ese barrio, la villa de Carcova y su tristemente célebre vertedero de residuos mientras trabajaba con la población que se dedica a la recolección informal de residuos. Muchos recordarán al Tren Blanco, el “tren de los cartoneros”. Bueno, ese mismo tren. Esos mismos cartoneros. El otro ramal de la línea Mitre es el que se dirige hacia la localidad de Olivos, terminando exactamente frente a la Quinta Presidencial. Es un ramal en el que estadísticamente viajan muchos menos cartoneros y muchos más abogados e ingenieros. Fue conversando con Cristina Sampaio que “descubrimos” lo racializado que estaba cada uno de los ramales. Quiero decir: no es que no lo hubiese notado antes, pero fue con ella que logramos una conversación en profundidad sobre el tren, las miradas y los lugares. Es más, dejamos pasar algunos trenes para ver quién subía a uno y quién (y cómo) lo hacía al otro. Los resultados nos dejaron perplejos.
Tengo el raro privilegio de residir exactamente entre las dos estaciones que le siguen a la bifurcación. Esto me permite tomar indistintamente uno u otro servicio. Nunca llegué al extremo de analizar mi propia subjetividad al momento de elegir, pero tengo a favor de mi propia corrección política el hecho de que el servicio de José León Suárez cuenta con más frecuencias que el de Coghlan. De modo tal que tomo seguido el de Suárez. ¡Pero también tomo el de Coghlan! Especialmente en la mañana, cuando viene comparativamente más vacío. Debo reconocer que disfruto muchísimo comprando mi boleto en una de las estaciones mejor preservadas del sistema ferroviario urbano, una bellísima construcción de estilo inglés con puentes de hierro hechos en Glasgow y relojes de colección, que la Asociación de vecinos de la Estación – de la que soy miembro – ha ayudado a preservar. Por lo general puedo viajar sentado, leer, y disfrutar del sol tibio que de mañana entra por las ventanas del lado izquierdo. Mi propia experiencia de viajero urbano, más cercana a la de un ciudadano común que a la de un etnógrafo pretensioso, me ha transformado en un cultor del tren y en un observador de las relaciones sociales que allí se establecen.


Entre los distintos habitué de la línea, hay un señor cuyos ancestros seguramente hayan sido africanos. El tipo es muy negro, digamos. Suele pedir limosna de la mano de un niño de unos ocho o diez años. El niño también es ostensiblemente negro. De tantas veces que nos hemos visto, suelo saludarlo y él me saluda. Ojo, no soy tan obsesivo: también acostumbro saludar a un tipo que se pasea en silla de ruedas, y muchas veces he hecho lo propio con el hippie de la armónica que se las tira de canchero. Y con la violinista que –según mi entender– está un poco alienada. Ni el hippie parece particularmente marginal, ni la chica toca tan bien el violín. Son algo así como vecinos y siempre me pregunto si ellos improvisarán mapas sociales del mismo modo en que lo hago yo. El punto es que el negro es muy conversador, y varias veces me sentí tentado de participarlo de alguna de las actividades que se realizan entre las redes de la población de origen africano en Buenos Aires. Me obstaculiza la incomodidad del señalamiento, esa forma de identificación violenta que supone cargar con un corpus de pensamientos, lecturas y experiencias sobre un pobre tipo que probablemente le importe bastante poco lo que yo pueda pensar de él. Así las cosas, el tiempo transcurre y los trenes pasan. Los encuentros también. Nos seguimos cruzando con frecuencia y nos saludamos, obliterando la circunstancia de su pedido de limosna y mi poca simpatía a las prácticas caritativas. De hecho, hace tiempo que no me pide nada – pero nos seguimos saludando con idéntico respeto.
Fue en el servicio del miércoles en la tarde cuando me volví a cruzar con el negro y recordé que tenía las tarjetas que Fede Pita me había dado para promocionar la Black Family Reunion ®, un encuentro que aspira a reunir a los afrodescendientes dispersos que hoy residen en Buenos Aires y sus alrededores. Para “empezar a reconocernos entre nosotros”, como dice Pita, líder de la Asociación Civil DIAFAR. Inmediatamente pensé ¡esta es mi oportunidad para intercambiar dones! Le entregué una de las tarjetas y le dije: “fijate, esto tal vez te interese”. La miró, agradeció, la guardó y siguió con su trabajo. Claro, después me quedé pensando: ¿qué iría a interpretar este tipo al llegar a su casa? Lo más probable es que olvide inmediatamente el hecho y pierda contacto con la referencia de una de las miles de interacciones que seguramente tenga a diario con los miles de pasajeros que se desplazan por la ciudad. También es probable que pierda la tarjeta o que esta termine cumpliendo una función absurda emparejando la pata de una mesa despareja, o como aporte ridículo a la industria del reciclaje de cartón. Pero supongamos que no, que le preste atención y le genere intriga: ¿qué leería en la invitación esta persona que –eventualmente– podría llegar a identificarse como afrodescendiente en el próximo censo nacional de población?
Esto no lo podemos saber. Pero sí podemos ensayar algunas conjeturas.


La primera y más evidente, es la necesidad de pensar una y mil veces las formas en las que se imagina a la población afrodescendiente en un país como Argentina. Por lo general, existe una distancia enorme, un abismo (un “gap”, en inglés), entre las políticas que se suponen para la población afrodescendiente y la población objetivo en sí. Déjenme aclarar mi jerga. Todos los actores del campo afro tienen una política, en el sentido etimológico de la palabra. No solo el Estado, sino también los artistas, las agencias “bienintencionadas”, las asociaciones, los activistas (tanto los corporales como los virtuales), los investigadores. Por su parte, muchos de los que cuestionan –con razón– la “objetivación” de los sujetos de derecho, ¡suelen tener una “población objetivo” en mente! Tal vez los únicos que no tengan una “población objetivo” (ni les interese) sean los afrodescendientes dispersos en todo el país, desconectados de debates que parecen atraer a un público cada vez más previsible. La población afrodescendiente, al margen de la apelación discursiva y estratégica a la existencia de una “comunidad”, se encuentra fundamentalmente dispersa y fragmentada. Esta dispersión no supone necesariamente un conflicto en el sentido que le asignó recientemente un funcionario de una agencia involucrada en promocionar su “visibilidad”. Como sabemos, es el resultado de un proceso histórico de mezclas y omisiones que ha fagocitado radicalmente la memoria histórica y su relevancia en el presente. Y se ha sentado elegantemente sobre las diferentes formas de denuncia del prejuicio racial y de clase.
La segunda conjetura se desprende de la primera: ¿quién imagina a la población afrodescendiente y para qué? Dejemos de lado al Estado. Más allá del hecho de que muchos afrodescendientes tengan contacto con otros afrodescendientes, lo cierto es que la presencia recurrente de algunas pocas personas en las actividades de mayor o menor envergadura, denota un déficit al momento de generar entusiasmo entre una población que no se siente muy atraída por la oferta de reivindicaciones. Este problema es complejo y no es nuevo. En este sentido, la investigación de Lea Geler sobre finales del siglo XIX genera paralelismos escalofriantes. Pero ante todo, no constituye una particularidad de la población afrodescendiente: nada es más desafiante en una democracia, que generar participación. En las actuales circunstancias, no puedo sino solidarizarme en la reflexión. Considero que el diálogo entre los intelectuales y el activismo puede traer aire fresco a un conjunto de reclamos que pueden estar transitando un recorrido circular y corriendo el riesgo de tornarse irrelevantes para la misma “comunidad”.


La tercer conjetura, sobre la cual tengo muchas más preguntas que respuestas, tiene que ver con el lenguaje. ¿Qué lenguaje puede atraer a la población afrodescendiente a la esfera pública? (o aunque sea, al auto-reconocimiento) ¿El lenguaje de valoración de las tradiciones olvidadas por la historia? ¿El de la mitología afro-argentina? ¿El del arte y la música, en sus múltiples y variadas resignificaciones? ¿el de la reivindicación de los derechos? ¿El de un panafricanismo politizado? ¿El del hip-hop? ¿Una combinación? La iniciativa de recuperar el sentido de uno de los lugares más emblemáticos de la memoria reciente (los bailes del Shimmy Club) en la próxima Black Family Reunion ®, con una estética moderna y joven, es ciertamente una novedad. Como miembro del grupo que lo organiza, entiendo que es una apuesta interesante y merece especial atención. He escuchado voces críticas respecto de una convocatoria “en un idioma extranjero”. ¡Como si el lenguaje de la liberación fuera el español! Incluso se observó cruzadamente el hecho de apelar a una estética innovadora y no tradicional. No estoy seguro de cuál es el lenguaje más acertado. Sí creo que intentar algo nuevo puede traer resultados inesperados. Tal vez no para que el mendigo del tren pague $ 20 para asistir a un local en Palermo, pero quizás sí para que el niño encuentre en el bolsillo del pantalón de su abuelo, una razón que le permita transitar el “gap” que actualmente separa las reivindicaciones del entusiasmo.

Ilustraciones: Detalles de Manifestacion (1934) de Antonio Berni

Black Family Reunion

(Foto de la invitación: Rocío Frigerio)
Invita
Diáspora Africana de Argentina

Texto de la invitación:
"BLACK FAMILY REUNION® es un encuentro de familias afrodescendientes y africanas residentes en el país. Es una antigua costumbre la de reunirse para compartir y transmitir nuestras tradiciones.
Como alguna vez lo fueron los encuentros en la "Casa Suiza" en la Argentina, hoy en el mundo las Black Family Reunions® son una experiencia en expansión. En su versión local vamos a descubrir el encuentro entre las viejas costumbres como la transmisión oral de nuestra historia, el candombe y el tango, y las nuevas expresiones culturales como las proyecciones audiovisuales, el rock, el reggae y el hip hop, etc.
En esta ocasión inauguraremos los premios “Diaspora Honors”, un reconocimiento a las personas y organizaciones de la comunidad de ayer y de hoy, que se hayan destacado en los campos de lo social, lo cultural y lo político.
Recordando el pasado, viviendo el presente y conquistando el futuro.
Celebremos nuestra identidad! "