sábado, 7 de agosto de 2010

Afroargentinos en Diario Z (2)

La nota ya la había subido, pero de la versión online del diario. Para aquellos a quienes les gusta/interesa ver cómo los medios plantean los títulos, fotos, recuadros, etc. va un escaneo del original.


Agradezco a Federico Pita por enviar las imágenes

Fuente: Diario Z del 29 de julio de 2010

jueves, 5 de agosto de 2010

Santería en Madrid (2) - Miralda en el Palacio de Velázquez

La presencia de las religiones afro-americanas en Madrid no se limita tan sólo a las santerías en las que se venden productos religiosos, ni a los templos que las practican.
Juan Batalla y Dani Barreto envían estas fotos de la exposición retrospectiva del artista catalán Antoni Miralda (1942-) que se está realizando en el Palacio de Velázquez (dependiente del Museo Reina Sofía).


En la exhibición, que muestra distintos momentos de la obra del artista, están las instalaciones que realizó en 1984 para el Museo del Barrio, situado en Spanish Harlem, NY. Miralda se había instalado en esta ciudad en 1972 y tuvo oportunidad de entrar en contacto con la Santería afro-cubana. La obra, titulada Santa Comida, está claramente inspirada en los altares y elementos litúrgicos y simbólicos de esta religión.

Transcribo la información pertinente de la página web del museo:
"Miralda se instala en Nueva York en 1972. (…) El multiculturalismo estadounidense es toda una invitación al descubrimiento, y la obra de Miralda dialoga con esa fusión de culturas y con sus manifestaciones populares, entre las que se cuentan las tradiciones culinarias. (…)

Profundamente ligados a las afinidades y costumbres de toda comunidad, los alimentos son portadores de múltiples connotaciones y simbolismos. Comer no es un mero acto de satisfacción física, pues brinda también la ocasión de dar, de compartir, de comunicar o de celebrar. En él, cada uno encuentra la memoria viva de su colectividad: hasta los propios Orishas del panteón africano, que son, según la tradición, aquello que comen.

Santa Comida, realizada en el neoyorquino Museo del Barrio en 1984, se integra de manera espontánea en la comunidad latinoamericana del Spanish Harlem. Los siete altares que evocan a la vez a los antepasados africanos y a sus «máscaras» cristianas —los santos y las vírgenes de la santería afrocubana y el candomblé brasileño— están provistos de sus alimentos favoritos, y no hay día en que no se les añadan otras ofrendas anónimas, en obsequio a la tradición. "

Fotos: Juan Batalla y Daniel Barreto

Fuente del texto y mas info sobre el artista:

lunes, 2 de agosto de 2010

El candombe ilustrado... (2)

“Bailemos sobre las cenizas del rencor, es carnaval” - Bianki
Diario Clarín, Cultura, 2 de agosto de 2010
Candombe: un libro sobre esa “cosa de negros” tan nuestra
El artista plástico trabaja sobre la fusión de las culturas africana y occidental.
Por Julieta Roffo
El tiempo se detiene, nadie para de bailar”. Con esas palabras define el artista plástico Bianki el carnaval uruguayo en uno de los versos que acompaña los dibujos, pinturas y collage recopilados en su libro Candombe. Fiebre de carnaval , publicado por el sello Pequeño editor. En esas páginas, fruto de una experiencia personal dentro de las comparsas y del estudio del encuentro entre la cultura africana y la occidental en el Río de la Plata, Diego Bianchi –como dice en su documento– hace una radiografía de la vida diaria en Colonia del Sacramento, con plaza de toros, palmeras, autos antiguos y tamboriles incluidos.
Es que desde 1999 Bianki, que nació en La Plata en 1963, vive durante gran parte del año en la casa-taller que tiene en la ciudad uruguaya. Allí se involucró cada vez más con las comparsas: “En un principio me atrajo el color , tanto de la imagen como de la música”, cuenta, y agrega: “Con el tiempo me acerqué a los grupos, conviví con ellos en los toques, los dibujé mientras bailaban, mientras bebían, mientras esperaban para desfilar, hasta que llegó el momento de consustanciarme del todo, y me puse a tocar yo también”. Hace varios años que participa de la comparsa Las lonjas del Sacramento y toca el chico , uno de los instrumentos de percusión del candombe uruguayo.
En su libro, Bianki se propone “evitar la mirada del turista”. No quiere, dice, contar lo que se ve cuando se da un paseo rápido por Uruguay en tiempo de llamadas de carnaval, sino ir más allá: su interés central, el que dispara su obra, es investigar y dar a conocer l a fusión de la cultura occidental con la africana que configuró el carnaval en los tiempos coloniales.
“‘Candombe’ quiere decir ‘cosa de negros’ ; los candomberos eran los esclavos que los domingos tenían permitido salir a bailar. Con el tiempo, los blancos se sumaron, lo que implicó mayor aceptación del ritual, y se convirtieron en lubolos , es decir, blancos que se pintan de negro para presentarse y tocar”, explica Bianki, que incluyó en su libro una imagen que es casi una infografía sobre cómo convertirse en uno de ellos, con pintura, guantes y alpargatas.
El artista, que trabajó en la revista Fierro, fundó la publicación Lápiz Japonés, y actualmente es ilustrador de Revista Ñ , combina en su libro trazos finos, sobrecitos de azúcar o papeles de caramelo pintados en medio de sus dibujos, y explicaciones, en castellano y en inglés de los términos típicos del candombe, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco el año pasado.
Durante la presentación de Candombe , la semana pasada, el sociólogo Christian Ferrer definió la relación del artista con la ciudad uruguaya y con el género musical que da nombre a su libro: “En la estancada noche de Colonia, vos encontraste qué hacer; disfrazarte de negro y tocar el tambor”, le dijo. Convertido en un lubolo militante, Bianki asintió y sonrió.

sábado, 31 de julio de 2010

Afroargentinos en Diario Z


Diario Z de la Ciudad de Buenos Aires. Jueves 29 de julio de 2010
Porque esto ¡es África!
Contra el mito que dice que los negros se extinguieron en las guerras de la Independencia y por las epidemias, dejando sólo su legado cultural, se estima que hay unos dos millones de afrodescendientes en el país. Muchos viven en la Ciudad.
Por Fernanda Sández

Para la historia argen­tina, nosotros sólo hi­cimos pastelitos. Y nos morimos todos en 1810", dice con voz rasposa Mag­dalena "Pocha" Lamadrid. Sabe de lo que habla. La patria del Bi­centenario se armó sobre un par de mentiras claramente racistas. Y la primera es esa que a Mag­dalena la enardece tanto: que en este país no hay negros, y que -si los hubo, como cuentan los textos y las pinturas- se murie­ron todos hace mucho y sin he­rederos. En las guerras de la In­dependencia, algunos; en la del Paraguay, el resto; durante la epi­demia de fibre amarilla de 1871, todos los demás.
Ya lo dijo -y con convicción- el por entonces presidente Carlos Saúl Menem: "En la Argentina no hay negros. Ese problema lo tie­ne Brasil". Sin embargo, para La­madrid y tantos más la historia es otra, y parte de ella saldrá a luz el 27 de octubre de este año, cuan­do se realice el décimo Censo Na­cional de Población, Hogares y Vivienda. Ese día, y por primera vez desde los tiempos de Fausti­no Sarmiento, el cuestionario in­cluirá una pregunta referida a la existencia de antepasados africa­nos en la familia.
Pero, ¿bastará con esto para comenzar a revertir un proceso deliberado de "blanqueamiento" social con más de un siglo sobre sus espaldas? Posiblemente, no. especial si, como sostiene Ale­jandro Frigerio, doctor en Antro­pología e investigador del Conicet, "la invisibilización de los negros se produce no sólo en la narrativa dominante de la historia argenti­na -aspecto más tratado y sobre el cual existe bastante consenso- sino también en las interacciones sociales de nuestra vida cotidia­na. La ‘blanquedad' porteña, que habitualmente es considerada un dato objetivo, resulta de un proce­so socialmente construido".
¿Cómo se dio entonces esa in­vención de una ciudad europea y clara sobre una realidad muy dis­tinta, donde negros, pardos y mu­latos representaron alguna vez un tercio de la población total? Se­gún Frigerio, las estrategias fue­ron varias. Entre ellas, la idea de considerar como afrodescen­dientes solamente a los "negros mota" (los de características fe­notípicas más inconfundibles), "el ocultamiento de antepasados ne­gros en las familias y el despla­zamiento, en el discurso sobre la estratificación y las diferencias so­ciales, de factores de raza o color hacia los de clase". Dicho de otro modo: las familias porteñas tradi­cionales "exorcizaron" su proba­ble negritud escamoteando toda referencia al respecto. Se ocul­taron historias, retratos, docu­mentos y hasta parientes que pu­dieran llegar a poner en duda la alegada "blanquedad". Ál­varez, afrodescendiente y secre­tario de la ONG África y su Diás­pora, dice sin embargo que "así y todo, en los relatos familiares sue­le filtrarse la alusión a esos ante­pasados. El problema es que el ser negro está asociado a un es­tereotipo de pobreza, ignorancia y exclusión. ¿Y quién puede sen­tirse orgulloso de eso? Entonces, esa referencia se borra. Pero esto ocurre además porque la invisibili­zación, en la Argentina es una po­lítica de Estado. Este discurso de que en nuestro país no hay afro­descendientes y que todos fueron muertos en las luchas indepen­dentistas es el discurso de un Es­tado que no incorpora la diferen­cia", se lamenta.
La piel de Judas
Pocha Lamadrid es, nueva­mente, la que pone las cosas en su sitio. Cuenta que -en eso que los sociólogos llaman "proceso de suburbanización"- su familia pasó alguna vez de un conventi­llo en San Telmo a una villa en el Gran Buenos Aires. "Nuestra gente siempre ha sido muy mar­ginada de todo. De los estudios, del trabajo, de la posibilidad de progresar", explica. "Y de la po­sibilidad de ser argentinos tam­bién, porque durante años acá se dijo que argentinos negros no había." Y el mito aquel de la na­ción blanca, de "la París de Suda­mérica" y de los europeos veni­dos en barco hasta el Río de la Plata caló tan hondo que hace ocho años un oficial de Migracio­nes puso en duda el pasaporte de Magdalena. "Vos sos negra, así que no podés ser argentina. ¿Sos peruana? ¿Entendés el es­pañol?", le espetó el 22 de agos­to de 2002. En ese momento, como presidenta de la organiza­ción África Vive, estaba a punto de embarcar con destino a Pana­má para asistir a un congreso en honor a Martin Luther King. No pudo ser; perdió el vuelo y per­maneció tres horas detenida "por portación de cara", como ella misma recuerda hoy. Ni el pasa­porte ni el documento de iden­tidad bastaron para persuadir al funcionario de que estaba tra­tando de engañarlo. "Es trucho", sentenció apenas vio los pape­les. Ocho años, una denuncia y un veredicto adverso más tarde ("no fue discriminación", dijo la Justicia) Lamadrid todavía se in­digna. Es que, como argentina de quinta generación, sabe de sobra que los hechos de este tipo no son precisamente una rareza sino la norma en un país que siempre optó por imaginarse sin minorías ni conflictos raciales.
Sin embar­go, desde el Colectivo Para la Di­versidad (Copadi), la abogada Lu­ciana Sánchez agita un concepto cuco: "racismo de Estado". Y ha­bla -sin pausa, sin dudas, sin ma­quillaje- de historias que conoce desde adentro. "El racismo sigue tan potente como antes. Y esto te lo digo no sólo como afrodes­cendiente, sino como abogada. La gente del Movimiento Afro­cultural, en Barracas, fue despla­zada sin importar nada porque hoy, y desde hace un tiempo, en los barrios que tradicionalmente ocuparon los negros (como San Telmo, Monserrat y Barracas) se están dando movidas inmobilia­rias importantes. Compra la cla­se media blanca y con dinero, y desaloja a los afrodescendientes que tienen historia en el lugar, pero son pobres y sin papeles. Y así están todos: de desalojo en desalojo. ¿Y qué vida podés or­ganizar así? ¿A qué escuela po­dés ir, cómo te podés atender en un hospital? Nuestras cárceles están llenas de afrodescendien­tes. ¿Querés algo más elocuente que eso?"
Las palabras y las cosas
En septiembre de 2001, se re­unió la I Conferencia Mundial con­tra el Racismo, también conocida como la Cumbre de Durban por la ciudad sudafricana en la que tu­vieron lugar las reuniones.
La Argentina suscribió al do­cumento final de aquel encuen­tro, en cuyo punto 33 se lee: "Consideramos esencial que to­dos los países de la región de las Américas y todas las demás zonas de la diáspora africana reconoz­can la existencia de su población de origen africano y las contri­buciones culturales, económicas, políticas y científicas que ha he­cho esa población, y que admitan la persistencia del racismo, la dis­criminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia que la afectan de manera especí­fica, y reconocemos que, en mu­chos países, la desigualdad históri­ca en lo que respecta, entre otras cosas, al acceso a la educación, la atención de salud y la vivienda, ha sido una causa profunda de las disparidades socioeconómicas que la afectan".
Desde entonces, la corrección política marca que a los hijos de los hijos de los africanos traídos al Río de la Plata se los llame "afro­descendientes" y que el antiguo "negro" sea una palabra maldi­ta. Un insulto, casi, tal vez porque en el discurso de los triunfadores los negros también fueron "cons­truidos" únicamente con rasgos negativos. Haraganes, violen­tos o bien bailarines como los de las pinturas de Fígari y divertidos como Eusebio de la Santa Federa­ción, uno de los bufones de Juan Manuel de Rosas en su quinta de Palermo.
Lo que fuera, menos iguales. "Toda la historia oficial, que es la que se enseña en las escuelas, hace de lo afro una rareza de otro tiempo. Por eso los negros apare­cen sólo para el 25 de Mayo o el 9 de Julio y para representarlos siempre hay uno que se pinta la cara con carbón. ¿Qué nos dice todo eso? Que los negros son un fósil. Algo del pasado, y que son tan distintos de nosotros que lo más parecido que podemos con­seguir acá es un blanco pintado", ironiza Federico Pita, politólogo y presidente de la Diáspora Afri­cana Argentina. "Por eso, sin­ceramente, no sé qué es lo que podemos esperar del nuevo cen­so. Primero, porque no sé cuán­ta gente conoce la palabra ‘afro­descendiente'; segundo, porque no sé cuántos realmente se ha­rán cargo de sus raíces -cuestio­na, y agrega-: Aun así, y aunque vayamos de cabeza a un subre­gistro, creo que la idea del censo es muy válida."
La razón es que tal vez -sólo tal vez- a la luz de un censo, de una pregunta repetida casa por casa y en todo el país, la Argenti­na casi caucásica de los textos es­colares comience a lucir algo más morenita. Menos pálida. Más real.
Fuente de la nota: http://www.diarioz.com.ar/nota-porque-esto-es-frica.html

viernes, 30 de julio de 2010

Santería en Madrid (1)

Hace no tanto subí fotos de botánicas que venden artículos religiosos de tradición afrocubana en Nueva York. Creo que dije que actualmente, en casi cualquier ciudad que uno vaya, puede encontrar negocios similares.
Para confirmarlo, desde Madrid, Juan Batalla y Daniel Barreto me mandan estas fotos de una santería local.
La tienda se había mudado, y habían dejado estos posters que anunciaban la nueva dirección. Una vez allá, Juan y Dani pudieron sacar algunas fotos que tuvieron la gentileza de enviar.

(doble click en las imágenes para agrandarlas)
Poderoso trono de Changó.

No menos impactante trono de Ochúm

Eleguas para ser cargados e imágenes de San Lázaro/Babalú Aye

Santería Milagrosa

Comentario llegado luego de la entrada de arriba:
Hola amigos, gracias por hablar de nuestra tienda en su blog, les comentamos que la tienda ubicada en la calle de Espoz y Mina se encuentra ahora mismo en remodelación, su reinauguración tendrá lugar en Septiembre, y estaremos realizando una gran fiesta de reapertura, con invitados, tambores, música, danza afrocubana entre otras sorpresas.
Nuestra tienda en la Calle de San Alberto 1, ya cuenta con 13 años, tenemos una gran cantidad de clientes fieles, y otros tantos que se suman a diario, nuestras tiendas son un referente en el mundo esotérico, somos fabricantes, y exportamos a toda Europa, tanto como distribuimos a otras tiendas aquí en España, nuestros productos son de alta calidad, vendemos toda clase de artículos esotéricos, magia, ritual, metafísica, Santería, Umbanda, Kimbanda, Candomblé, Palo Mayombe, Abakua, Vudú, Chamanismo, etc. Contamos con productos de más de 20 países del mundo, ofrecemos variedad y calidad.
Nuestras principales sedes están ubicadas en la calle San Alberto 1, y en la calle de Epoz y Mina, en Madrid, las cuales ustedes han fotografiado. Les invitamos a que visiten nuestro blog, santerialamilagrosa.blospot.com allí encontraran tanto información de nuestras tiendas como información general sobre temas de santería, nuestro espacio en flirk donde tenemos fotos y nuestros videos publicitarios en el Youtube, muchísimas gracias y estamos a la orden para resolver cualquier inquietud. Les dejamos también, el enlace de nuestra página Web: http://www.santeriamilagrosa.com/
Un saludo
Santeria Milagrosa.