lunes, 19 de enero de 2009

Los umbandistas vuelven al obelisco

El 27 de diciembre de 2007 se sancionó en Brasil la ley que promulga que los días 21 de enero se celebra el Día Nacional de Combate a la Intolerancia Religiosa. En su segundo año, la celebración ha encontrado eco entre los practicantes de religiones de origen africano en Argentina y Uruguay, quienes enfrentan los mismos problemas de discriminación que sus pares brasileros.
A continuación, la conocida líder religiosa argentina
Iyálòrìsà Peggie Ti Yemojá (Fawunmi) explica los motivos de la convocatoria.

"Apreciados Hermanos y Colegas Religiosos:
La iniciativa de esta Convocatoria para el 21 de enero en el Obelisco, se corresponde con la que se realiza en Brasil con motivo de la muerte de la Iyálòrìsà Gilda de Ogun quien sufriera un paro cardíaco al verse en una foto de la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD) bajo el titulo de "Macumbeiros charlatões lesam o bolso e a vida dos clientes"......
Desde entonces cientos de Agrupaciones religiosas de Matriz Afro apoyan el juicio iniciado a la IURD por los familiares e hijos de Santo del Abaça Ogun de Bahía San salvador. El juicio fue ganado, pero la IURD lo apeló a la Corte Suprema quien tiene en sus manos la tarea de decidir.
A raíz de este hecho y sumado a las presiones políticas que ejercen legisladores de la IURD desde sus bancas Parlamentarias en clara persecución a las Religiones de Matriz Afro prohibiendo ofrendas en playas, toques de tambores y la constante demonización de nuestras más sagradas Entidades de Culto tanto en Brasil como en Uruguay y Argentina por intermedio de la TV, Diario Universal y programas radiales, Brasil está activamente combatiendo pacificamente por la Intolerancia religiosa mediante "Caminadas" en distintos puntos de ese país.
Dado que:
-Padecemos iguales hostigamientos.
-Provenimos de una religión de Matriz Afro.
-Estamos insertos en el Mercosur con posibilidades de gestiones paralelas y al mismo tiempo bajo similares reclamos nunca atendidos por el aréa de Culto Nacional a pesar de varias denuncias.
Concluimos que es una buena oportunidad enlazar nuestros reclamos apoyando a Brasil y así entrando a un RECLAMO INTERNACIONAL.
Sin banderas Federativas ni Asociativas, solo bajo la consigna individual que indica la CONCIENCIA PROPIA DE PERTENENCIA A RELIGIONES DE MATRIZ AFRO.
Pacificamente. Dignamente. Concurramos al Obelisco el 21 de enero de 2009 a las 18 hs y hasta las 20 hs para expresarnos, adherir y reclamar a la IURD su obligación de RESPETAR nuestra FE, así como nosotros respetamos la de ellos en el marco del Pluralismo y la Libertad Religiosa de Argentina.
"Basta de Demonios!
Que no nos usen más como caballito de batalla.
Nos Asiste Derecho.
Iya Peggie Ti Yemonjá "

sábado, 17 de enero de 2009

Paradoja africana

Según Clarín del martes 13 de enero de este año, los "curiosos" regalos que la abuela Obama le llevaría a su nieto para la asunción presidencial son "un taburete de tres patas y un matamoscas fabricado con rabo de buey".
Sin embargo ¿no es absolutamente lógico que la abuela le lleve estos elementos que en muchas culturas africanas son, precisamente, emblemas de los reyes? (podría haber llevado también un bastón, o quizás lo hace y no figura en la nota....)
Es que los periodistas no pueden averiguar un poco qué significan las cosas antes de escribir o titular notas?? (si, ya sabemos, el que titula no es el que escribe la nota, los periodistas no están especializados en culturas africanas, etc.)........

Sobre Paradojas (1)


Comentario de Pablo Cirio:
Bueno, aunque coincido con vos en la ignorancia enciclopédica de quienes escriben sobre África en la prensa, el calificativo de "curiosos" no es incorrecto. Salvando la distancia de que se trata de otra nota "de color", hay que considerar que está escrita desde nuestra cultura occidental y, en ese marco, dichos regalos sí son "curiosos". Es como la adjetivación de "exótico", obviamente entre el objeto adjetivado y el adjetivador media la distancia. Nadie es exótico para sí mismo.
Atte. Pablo Cirio.

Sobre Paradojas (2)

Comentario de Alejandro Frigerio:
Pablo
Me voy a extender un poco en la respuesta a tu comentario porque me permitirá explicitar algunos de los criterios de inclusión de entradas en el blog.
Si le doy (en este blog y en mi trabajo académico) tanta atención a lo que escriben los medios sobre Africa, Afroamérica o sobre los “negros” es porque creo que hasta la notas más pequeñas y aparentemente irrelevantes (“notas de color”) son absolutamente importantes y necesarias para construir y perpetuar el sentido común de lo que “desde nuestra cultura occidental” se dice o piensa sobre esas personas, lugares y actividades.
Por esto creo que es importante proveer una lectura crítica y ejemplos cotidianos de cómo nos vemos inmersos en esta red de significados peyorativos que día a día se tejen sobre Africa, Afroamérica y temas relacionados.
También se podría decir que “desde nuestra cultura occidental” no resulta sorprendente la opinión de que Africa es un continente primitivo y salvaje, que sus habitantes también lo son, que los negros en general son inferiores o sólo buenos bailarines, que los afroargentinos desaparecieron, etc. Afirmaciones con las cuales ni vos ni yo ni los lectores del blog estamos de acuerdo.
Precisamente, “desde (los presupuestos de) nuestra cultura occidental” se pueden realizar toda una serie de afirmaciones que denotan un amplio espectro de juicios exotizantes, estigmatizadores, racializantes, discriminativos sobre los otros culturales y raciales –que muestran, confirman y por lo tanto perpetúan prejuicios de la más variada índole.
Una de las intenciones del blog es exponer, hacer públicas este tipo de afirmaciones y –aunque sea mínimamente- criticarlas.
Por mi propia experiencia sé que por más que participemos de actividades de la cultura negra y la apreciemos e investiguemos; o que estudiemos la historia africana y afroamericana, o aún las relaciones interraciales y la discriminación, igual participamos de algunos de los muchos (pre)juicios que “desde nuestra cultura occidental” existen sobre los objetos, personas, lugares y actividades afro.
Para ayudar a desmistificar estas afirmaciones e imágenes es que las expongo y critico en el blog –de manera tan reiterativa como estas imágenes aparezcan en nuestra cultura cotidiana y yo pueda percibirlas.
La nota sobre “la abuela de Obama” me pareció interesante porque –ya más que un personaje mediático, por la cantidad de notas que aparecen sobre ella- la mujer se ha transformado en una figura alegórica de lo que desde nuestra cultura” se piensa sobre “los africanos”. Cada tanto los medios argentinos resaltan o construyen algún personaje negro y por algún tiempo esta figura es depositaria de nuestra imagen sobre Africa o sobre “los negros”. La “abuela africana” parece cada vez más ser la contrapartida cómica o bizarra de la figura del nieto negro presidiendo la primera potencia mundial. Extrapolando y exagerando –para eso entre otras cosas está un blog, para provocar- algo así como la figura que permite decir “habrá llegado muy lejos pero todavía tiene una abuela africana que hace cosas de negro”.
La nota se podría haber titulado, de manera más adecuada, algo así como : “La abuela de Obama le regalará a su nieto emblemas reales”. Si uno busca en google “african flywhisk” o “african stools” fácilmente se da cuenta de qué significan estos objetos en las culturas de donde provienen. A esta altura de la vida y de internet no es necesario ser un especialista en cultura africana para escribir una nota que no perpetúe imágenes estereotipantes. Sólo hay que tener un mínimo de voluntad. Esa falta de voluntad y sus posibles motivos y consecuencias es lo que me interesa recalcar en el blog.
Abrazo, AF

Sobre Paradojas (3)


Comentario (2) de Pablo Cirio:
Hola Alejandro
Totalmente de acuerdo con lo que decís. Cada tanto -como cuando salió la nota en Veintitrés hace unos meses sobre La Madre de la Patria, el periodista responsable en una nota sobre "lo afro" llama a los académicos -como me ha llamado, y creo que a vos también- para pedir asesoramiento. Aún son la excepción (aunque la nota fue buena, sigo sosteniendo que fue de color, o sea de ocasión). Clarín en este caso no lo ha hecho y prefirió eso, una nota de color (no por lo nego de Obama... aunque según Berlusconi...), o sea de ocasión.
Como anécdota de cómo África es un bloque inconmensurable de ignorancia, recuerdo una reunión íntima para recibir a no sé ya qué musicológico norteamericano especialista en música negra (Nicolás se debe acordar, él estuvo), quien al detallar las ciudades donde dio conferencias, dijo "Ah, sí, Nueva York, París, Madrid, La Habana... África". En fin, ¡y eso que era especialista entre especialistas!
En todas partes se cuecen habas, el problema que estás (estamos) viendo, es que en los medios argentinos parece que lo único que se comen son habas.
Atte. Pablo Cirio.

jueves, 15 de enero de 2009

El Rojas festeja 25 años - y la cultura afro????? (2)

Como un pequeño aporte a la memoria, el programa de las Primeras Jornadas de Arte Afroamericano que tuvieron lugar en el Rojas en 1988. La organización estuvo a cargo de José Delfín Acosta Martínez, con la colaboración de Yoji Senna y Angel Acosta Martínez.
Fue el primer evento que integró danza afro, capoeira y candombe


(doble click en la imagen para ver todas las actividades)

miércoles, 14 de enero de 2009

Congo Belga: Historia de un genocidio


La aventura colonial
Por Mario Vargas Llosa para El País
Publicado en La Nación, sábado 10 de enero de 2009

Durante muchos siglos, la empresa colonial fue transparente: un país, aprovechándose de su fuerza, invadía a otro más débil, se apoderaba de él y lo saqueaba. Nadie ponía en cuestión semejante estado de cosas porque se trataba de algo que se venía practicando desde la noche de los tiempos, y todos, colonizadores y colonizados, aceptaban o se resignaban a esta cruda realidad como a una fatalidad inevitable, consustancial a la historia.
El descubrimiento y la conquista de América por los europeos introduce una importante variante. Por primera vez, y por razones religiosas, el colonizador se interroga a sí mismo sobre la justicia de la empresa colonizadora y, en acalorados debates de juristas y teólogos, se arma de razones, humanas y divinas, para justificar sus conquistas. Desde entonces, sin dejar de ser lo que fue siempre, es decir, un acto de fuerza y de rapiña, la colonización se atribuye a sí misma una misión evangelizadora y civilizadora: desanimalizar a quienes viven en estado feral y humanizarlos gracias al cristianismo y a la cultura occidental que aquél inspira. Para que este objetivo tenga algún viso de realidad es imprescindible establecer como un hecho indiscutible, científico, que el colonizado carece de los conocimientos y las luces indispensables para juzgar por sí mismo lo que más le conviene, pues se trata de un ser desvalido y primario cuyos intereses y conveniencias son mejor percibidos por la potencia que a partir de ahora ejercerá sobre él la tutela colonial, una forma de autoridad benévola.
Sin embargo, en el siglo XIX, las empresas coloniales europeas en Africa y Asia olvidan casi este prurito de justificación religiosa y moral e invaden y ocupan territorios, que empiezan a explotar de inmediato, sin otra explicación que la necesidad de proveerse de materias primas. Cuando Hitler, en Mi lucha , explica que en el programa del Partido Nacional Socialista figura en lugar prominente la adquisición, por las buenas o las malas, de colonias para instalar los excedentes demográficos del pueblo alemán, no hace más que poner sobre papel lo que casi todas las grandes potencias europeas habían venido haciendo, cierto que sin decirlo con tanta claridad, desde el siglo XV.
(figura Yombe)

La excepción era la pequeña Bélgica, país más bien reciente y, ay, sin colonias. Esta condición entristecía y desmoralizaba a su soberano, Leopoldo II, cuya energía, ambiciones y sobresaliente inteligencia desbordaban por los cuatro costados las fronteras del diminuto reino que le había asignado la Providencia. El se dio maña para conseguir mediante la astucia, la paciencia, la intriga y la diplomacia lo que los grandes países colonizadores habían logrado a través de los ejércitos y la matanza. Por increíble que parezca, Leopoldo II convirtió Bélgica en una gran potencia colonial sin disparar un solo tiro.
Para ello, primero se fraguó una imagen de monarca humanitario, altruista, condolido por la suerte de los salvajes y paganos de este mundo, que sedujo a la opinión pública de Europa y de los Estados Unidos. Invirtiendo en ello el dinero de su reino y el suyo propio, fundó asociaciones benéficas y centros para combatir la esclavitud que hacía estragos en Africa Occidental, costeó el viaje de misioneros a esas regiones bárbaras, impulsó investigaciones, estudios y publicaciones sobre las condiciones de vida de las tribus africanas que todavía practicaban el canibalismo y eran diezmadas por los traficantes árabes y peroró sin tregua, en orquestadas manifestaciones públicas, exigiendo a las grandes potencias que intervinieran para poner fin a aquella lacra indigna que era el comercio de carne humana en los mares del mundo.
La campaña dio el resultado que esperaba. En febrero de 1885, catorce naciones reunidas en Berlín, y encabezadas por Gran Bretaña, Francia, Alemania y los Estados Unidos, le regalaron a Leopoldo II todo el Congo, un inmenso territorio de más de un millón de millas cuadradas, es decir, unas 80 veces el tamaño de Bélgica, para que "abriera ese territorio al comercio, aboliera la esclavitud y cristianizara a los salvajes". No había un solo africano presente en aquel Congreso y no hay un solo indicio de que alguien en Europa o Estados Unidos se preguntara siquiera si era aceptable que la suerte de ese inmenso país fuera decidida de este modo, por 14 naciones advenedizas, sin que un solo congolés hubiera sido consultado.
(copa Kuba)

Seguro de lo que iba a ocurrir en el Congreso de Berlín, Leopoldo II ya se había adelantado, desde un año antes, a operar en el territorio que de la noche a la mañana lo convirtió en el amo de un formidable imperio. Para ello había contratado al célebre explorador galés-norteamericano Henry Morton Stanley, el primer europeo en recorrer los varios miles de kilómetros del río Congo. En una expedición que es una mezcla de grotesca pantomima cínica y proeza etnológica y geográfica, entre 1884 y 1885, los expedicionarios enviados por Leopoldo II recorrieron buena parte del Alto y Medio Congo repartiendo cuentecillas de vidrios de colores y retazos de tela en 450 aldeas y villorrios africanos y haciendo "firmar" contratos -los llamaban "tratados"- en los que los caciques y jefes indígenas, que no tenían idea de lo que firmaban, cedían la propiedad de sus tierras a la Asociación Internacional del Congo, se comprometían a dar hombres para que trabajaran en las obras públicas que aquella institución emprendiera, cargadores para transportar los bultos y materiales, a proveerla de brazos para la recolección del caucho y a alimentar a los peones, funcionarios y soldados y policías que vinieran a instalarse en sus dominios. Cuando las grandes potencias le entregaron el Congo, Leopoldo II ya tenía en sus manos 450 "tratados" en los que los congoleses legitimaban mediante sus firmas aquella donación y le entregaban sus vidas y haciendas.
A diferencia de otras colonizaciones, en que los invadidos resistieron de alguna forma al colonizador, en el Congo prácticamente no hubo resistencia. Los congoleses no tuvieron tiempo ni posibilidades de resistir a un sistema que cayó sobre ellos -una miríada de culturas y pueblos desconectados entre sí- como una malla inflexible en la que perdieron, desde el principio, toda libertad de iniciativa y movimiento, y en el que fueron sometidos a una explotación inicua, las 24 horas del día, hasta su extinción. Los castigos, para los recolectores que no entregaban el mínimo exigido de látex, eran brutales. Iban desde los chicotazos y las mutilaciones de manos y pies hasta el exterminio de aldeas enteras, cuando se producían fugas o aquellas comunidades no cumplían con la obligación de alimentar a sus verdugos como éstos esperaban. Hace un año que leo testimonios diversos de misioneros, viajeros, aventureros o de los propios colonos y todavía no me cabe en la cabeza que fuera posible una monstruosidad tan atroz, un genocidio en cámara lenta semejante, sin que el mundo llamado civilizado se diera por enterado. Cuando aparecen las primeras denuncias en Europa, por boca de pastores bautistas norteamericanos, hay una incredulidad general. Y los plumíferos alquilados por Leopoldo II actúan de inmediato en la prensa hundiendo en la ignominia a aquellos denunciantes y llevándolos ante los tribunales por calumnias.
(bastón de mando Luba)
Durante un cuarto de siglo, por lo menos, el Congo fue desangrado, esquilmado y destruido: un horror sólo comparable al Holocausto. Pero, a diferencia de lo ocurrido con el exterminio de seis millones de judíos, ninguna sanción moral comparable a la que pesa sobre los nazis ha recaído sobre Leopoldo II, al que muchos europeos, no sólo belgas, todavía recuerdan con nostalgia, como un estadista que, venciendo las limitaciones que la historia y la geografía impusieron a su país, hizo de Bélgica un país imperial. La verdad es que detrás de la behetría y las violencias en que se debate todavía ese desdichado país se delinea la mortífera sombra de ese emperador que conquistó el Congo sin disparar un solo tiro y consiguió en menos de 20 años aniquilar a por lo menos 10 millones de sus súbditos africanos.
Fuente texto y primera imagen:
Otras imágenes de cultura material de grupos de,la actual República Democrática del Congo: sitio web del Metropolitan Museum of Art
Kuba cup
http://www.metmuseum.org/toah/ho/11/sfc/ho_1978.412.541.htm
Yombe figure
http://www.metmuseum.org/toah/ho/11/sfc/ho_1996.281.htm
Luba staff
http://www.metmuseum.org/toah/ho/11/sfc/ho_1978.412.646.htm