sábado, 8 de noviembre de 2008

Obama según los afroamericanos locales - en La Nación

Aunque quizás escriba sobre esto con más detalle, creo que mi posición inicial respecto de la elección de Obama será "Con Obama todo cambia y nada cambia". No esperaré cambios importantes en lo sustancial pero que un negro sea presidente tiene una importancia simbólica que esperemos alcance a impactar positivamente en la vida cotidiana de los afroamericanos.
En el orden local, empezaron los inevitables chistes (que deberán ser analizados y discutidos) pero ya se logró el pequeño milagro de que, por ejemplo, el diario La Nación consulte a activistas afroamericanos y africanos locales e inclusive a una afro-umbandista. Poco, pero quizás sea un comienzo....


(chiste aparecido en el diario Clarín el 6/11/08)

La reacción en la comunidad local
Opinan los afroamericanos residentes en la Argentina

Sábado 8 de noviembre de 2008 Publicado en edición impresa
Por Julieta Bravo De la Redacción de LA NACION


La llegada de un afroamericano a la Casa Blanca ha despertado esperanza y entusiasmo entre las agrupaciones que representan a esa cultura en la Argentina.
Diego Bonga, presidente del Movimiento Afro-Cultural Bonga, señaló que el triunfo de Barack Obama le parecía una señal muy positiva para la comunidad afroamericana por diversos motivos. "En primer lugar, por la exposición de un hombre de color en un puesto tan significativo. Es una prueba de que el negro se ha superado", afirmó Bonga a LA NACION. "Esto da mucha esperanza a los afrodescendientes que vivimos en la Argentina", agregó.
El movimiento que preside Bonga es una organización cultural en Barracas dedicada exclusivamente a la investigación y difusión de la cultura afro en la sociedad argentina.
"Como afroamericano, espero que Obama no se olvide de sus orígenes. Ha logrado un objetivo que en otros tiempos era inalcanzable, producto de mucha lucha y sufrimiento", continuó Bonga. Y señaló que, más allá de las razas, lo principal es que el presidente realmente se comprometa tal como lo expone en sus discursos.
"Es para nosotros un gran logro la llegada de un afroamericano al poder. Es un acto de justicia, evolución y reivindicación de la gente negra", dijo Bonga, que espera que Obama se maneje bien y a conciencia en su puesto. "Hay que aprender de la historia", concluyó.
En ese sentido, Walter Balhazart, presidente de la Unión Argentina Jóvenes Afrodescendientes, dijo a LA NACION que ellos luchan por la defensa de los derechos humanos. "Apoyamos a Obama por la política social que promueve, por sus ideas, pero más allá de su raza. A él le interesa la pobreza y, además, le preocupan las minorías. Acompañamos toda acción que promueva los derechos humanos."
Por otra parte, Balhazart agregó que hubo muchos blancos que también apoyaron a Obama. "A partir de ese hecho tan significativo y sin pretender caer en una generalización, sería primordial que la gente empiece a evolucionar con su pensamiento", sostuvo.
En referencia al éxito de Obama, Rosa González, investigadora y filósofa, presidente de la Asamblea Integradora de la religión Afro-Americana, una agrupación integrada por blancos que profesan una religión de base africana, dijo a LA NACION que "ante tanta injusticia en el mundo ya era hora de que se levantaran las banderas contra la discriminación".
Según González, la llegada del candidato demócrata a la Casa Blanca es un signo de una gran transformación social y cultural. "Creo que Obama está capacitado intelectualmente para asumir semejante responsabilidad y suprimir esos prejuicios raciales. Que la inteligencia humana aflore por sobre la educación. Hoy en día, en la sociedad norteamericana hay mucha violencia", agregó.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1067857

viernes, 7 de noviembre de 2008

Cultura afro y conciencia negra


Sábado 8 de noviembre en el Museo José Hernández
18.30 hs. Cultura afro y conciencia negra: El ejercicio consciente de la práctica cultural.
Panel: Alejandro Frigerio, Cecilia Benavídez, Dinah Schonhaut y un representante de la diáspora africana en Argentina.
Coord: Bruno Valentini.
17 hs. Clínica de percusión y tambores
Tambores afrobahianos, tambores de candomblé.
Prof. Leonardo Puchetta.
Asistir con tambor.
16 hs. Libros con nuevas perspectivas
Novelas y ensayos 2008 sobre la temática afro. Debate con los autores.
Panel de autores: Miguel Rosenzvit, Pablo Cirio, Juan Batalla y Luis Ferreira Makl.
Coord.: Nicolás Fernández Bravo.
14.30 hs. ¿Qué es la capoeira angola?
Charla y roda a cargo del grupo de capoeira angola Fundo do Quintal (Mestre Dedeco)
14hs. "Quilombo! en Buenos Aires"
Audiovisual sobre cultura afro en Buenos Aires. Duración: 18 min.
Museo de Motivos Popular José Hernández
Av. Libertador 2373, entre San Martín de Tours y Coronel Díaz

VII Exposición y Feria artesanal-cultural de los Pueblos Originarios
31 de octubre al 9 de noviembre
Coordina el día afro:
Instituto de Investigación y Difusión de las Cultuas Negras
Ile Ase Osun Doyo

Sobre el ejercicio conciente de la cultura afro....

Mi intervención en la mesa:

El año pasado, invitado por el Movimiento AfroCultural a hablar en el día de la conciencia negra me preguntaba qué seria, para alguien que no es negro o afrodescendiente -como es el caso de la mayor parte de quienes practican actualmente alguna forma de cultura afro en Buenos Aires- qué sería esto de tener conciencia negra, o como está muy bien fraseado en esta oportunidad, el ejercicio conciente de la cultura afro. Propuse entonces que este ejercicio consciente para el caso de un no afrodescendiente, debería al menos incluir el reconocer:
1) que la cultura de origen afro es una parte invisibilizada, negada, de la cultura argentina;
2) que los afroargentinos cumplieron un rol relevante en la historia argentina pero que fueron invisibilizados –y aún lo son, ya que todavía existen en la ciudad;
3) que los afroargentinos y otros grupos afroamericanos y ahora africanos que aquí están son discriminados y marginados;
4) que cada una de las diversas formas artísticas que conforman la rica cultura negra incluyen a su vez distintos géneros, y estos poseen sus técnicas específicas, sus criterios estéticos y su ética. La complejidad multidimensional de la cultura negra no se aprende de un día para el otro. La puede practicar y dominar cualquiera -pero que se haya tomado el trabajo y los años de aprender con los maestros correctos;
5) Que los distintos géneros de cultura negra están emparentados y que en virtud de su origen común poseen criterios estéticos y éticos comunes;
6) que hay una opresión social sobre esta cultura, ya sea que la practiquen negros o blancos y
7) que la actual popularidad de la cultura afro (negra, afroamericana, de origen africano -esto ya es otra larga discusión) que la hace parte innegable de la cultura juvenil porteña no implica, necesariamente, está lejos de significar un ejercicio conciente de la misma.
En la charla que salió publicada en la revista Quilombo, y que también está en su versión un poco más completa en este blog resaltaba las dimensiones históricas y políticas del ejercicio conciente de la cultura afro –o una dimensión de respeto y otra de compromiso con y por esta cultura.

El compromiso –La dimensión política
Compromiso es darse cuenta que practicar cultura afro es convertirse, en mayor o menor medida, en un “militante afro”. Es necesario tomar conciencia de que practicar alguna forma de cultura afro en la Buenos Aires tradicionalmente “blanca y europea” se transforma en una actividad política, ya que para hacerlo hay que ir en contra de las condiciones sociales dadas y de los estereotipos vigentes acerca de cómo somos y qué deberíamos hacer de nuestra vida cultural, especialmente en los espacios públicos, los porteños. Aunque uno no esté conciente de que está realizando resistencia cultural, la resistencia frecuentemente se siente del otro lado. Aún quien cree que no resiste culturalmente es discriminado socialmente. Las reacciones sociales ante estas prácticas muestran la continuidad centenaria de procesos cotidianos de racismo, discriminación, invisibilización, estereotipación –de los cuales son víctimas no solamente los practicantes afrodescendientes sino todos aquellos que practican “cosas de negros”.
El ejercicio conciente de la cultura afro sería, en una primera instancia, darse cuenta que por sus orígenes esta cultura, y por ende sus practicantes, no importa si son negros o blancos, son discriminados.

El respeto –La dimensión histórica y la dimensión estética
Respeto, en su dimensión histórica, quiere decir reconocer que todas las manifestaciones de la cultura afroamericana nacen de un hecho original de esclavización de poblaciones enteras y de la continuada opresión de un grupo por otro. Aún cuando lo que practicamos hoy en día no sea cultura de esclavizados (porque se desarrolló después de la abolición de la esclavitud) siempre es cultura de oprimidos. Cuando alguien empieza a practicar alguna forma de cultura negra, lo quiera o no, lo sepa o no, está participando de un proceso de más de cuatrocientos años de esclavización, opresión y despojo cultural de una raza por otra. Si uno participa con respeto y ayuda a ubicar a la cultura negra con sus características específicas y sin olvidar sus orígenes en el lugar que se merece en el patrimonio cultural de la humanidad, está ayudando mínimamente a reparar cientos de años de injusticia.
Pero si se lo toma a la ligera, como la práctica de algo que sólo es “divertido”, está colaborando con el actual proceso de estereotipación, de banalización y de mercantilización de la cultura negra -las nuevas formas de la opresión cultural. Sigue siendo parte del problema y no de la solución
Aunque puede y debe haber diversión en la práctica de la cultura afroamericana no puede haber frivolidad. La práctica de cultura afro es divertida,pero a la vez también siempre es un asunto serio, con una larga historia de resistencia cultural. Es una cultura cuyo desarrollo costó sangre, sudor y lágrimas. Nace de la diversión pero en un contexto de opresión. Aún las mezclas, hibridaciones o nuevos desarrollos que se puedan y deban realizar (ya que ninguna cultura es estática) no tendrían que olvidar estos orígenes.
Si la consideramos como, y queremos darle el estatus de, patrimonio cultural de la humanidad, debemos conservar una conciencia de, y un respeto por, estos orígenes.
También debemos guardar un respeto similar por su dimensión estética.

Respeto, en su dimensión estética,
Hoy quiero insistir sobre la dimensión estética, sobre el hecho de que cada uno de los géneros artísticos afroamericanos posee sus técnicas específicas, sus criterios estéticos y su ética. La complejidad multidimensional de la cultura negra no se aprende de un día para el otro. La puede practicar y dominar cualquiera -pero que se haya tomado el trabajo y los años de aprender con los maestros correctos.
En su creciente expansión por todo el continente y aún por el mundo –uno encuentra grupos de percusión y danza afro de distintos orígenes en casi todos los países, ya- se corre el peligro de contribuir a una creciente estereotipación, exotización, banalización y/o mercantilización de la cultura negra.
Especialmente en un primer momento de la expansión de estas manifestaciones culturales, se las asocia –aún cuando positivamente- con lo lúdico, cuando no lo erótico, lo primitivo, el desenfreno emocional y corporal. el dejarse llevar, conectarse con lo primordial que todos llevamos adentro.
O sea, en vez de considerarlas como manifestaciones culturales complejas, legítimas, con sus propias y complicadas técnicas de expresión (musical, dancística) se las racializa y naturaliza. Se considera que “los negros” las saben en virtud de su raza o de su pertenencia nacional (o de ambas combinadas) y que más importante que la técnica y el trabajo duro para los blancos que las quieran aprender es entrar en la modalidad lúdica y relajada que caracterizaría a los “negros”.
De esta simplificación participan, muchas veces, los propios afroamericanos quienes, por haber aprendido algunas de estas artes como parte de su socialización primaria, las han incorporado por un proceso de mimesis prolongado. Un aprendizaje informal -pero aprendizaje sin duda- de varios años durante la niñez, la adolescencia, a veces hasta la adultez. Aprendizaje que da como resultado un cuerpo y habilidades modeladas durante años de repetición, de ensayo y error, de participación en y ante una audiencia de elevada capacidad crítica de la forma cultural que se practica. El resultado práctico es el de haber pasado por un conservatorio (musical, dancístico) sin la necesaria percepción de que así fue.
La falta de reglas claras y formas explícitas de enseñanza, transmisión y aprendizaje de las técnicas específicas, hace que muchas veces los propios profesores enfaticen que los alumnos deben encontrar dentro de sí mismos las capacidades -adoptando las disposiciones de ánimo y de relajación que ellos creen caracterizan a la cultura negra y por las cuales sería posible bailar de una determinada manera.
Si persisten el tiempo necesario, los alumnos terminan aprendiendo, más por mimesis inconciente que por relajarse o encontrarse con su “lado primitivo” o con algún arquetipo universal. Pero la riqueza técnica y conceptual de la danza y percusión afros continúan mayormente invisibilizadas, a la espera de quien quiera y pueda codificarlas y transmitirlas como los saberes complejos que son…. (continuará, pero no en breve…)

martes, 4 de noviembre de 2008

I believe in (small) miracles....

El diario Página 12 de hoy publica este perfil de Barack Obama, realizado por el periodista Diego Llorente. Es interesante porque muestra claramente la medida en que Obama no es un afroamericano típico, no sólo por la familia de la que proviene, sino también por haber pasado casi toda su adolescencia fuera de los EEUU continental. Su experiencia de vida, por lo tanto, no se corresponde exactamente ni con la de un afroamericano ni con la de un Wasp convencionales. Quizás ese encanto le alcance para el milagro.... (cualquier cosa que acabe con la supremacía republicana es un pequeño milagro....)
A lo largo de su vida, Barack Obama conoció las dos caras de la sociedad estadounidense. Palpó la pobreza y la discriminación hacia los inmigrantes, los negros y la población de los barrios más humildes de Chicago. Pero también pudo disfrutar del reconocimiento de los sectores intelectuales más prestigiosos, tras alcanzar un gran desempeño académico en la Universidad de Harvard. Hoy está en las puertas de convertirse en el primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos, pero para llegar a este lugar debió adaptarse a situaciones cambiantes en su vida. Obama nació el 4 de agosto de 1961 en el estado de Hawai, y con sus 47 años sería el candidato más joven en llegar a la Casa Blanca.
Proveniente de Kenia, su padre llegó a los Estados Unidos gracias a una beca para estudiar en el Universidad de Hawai. Allí conoció a la que sería su esposa, una joven blanca de 18 años nacida en Kansas, Stanley Ann Dunham, cuando los matrimonios interraciales aún estaban prohibidos en los Estados Unidos. A pesar de su corto matrimonio, tuvieron un hijo al que llamaron Barack Obama, al igual que su padre.
Cuando Obama tenía sólo dos años, su padre abandonó la familia y ambos volvieron a verse sólo una vez más, ocho años después. Su madre se casó de nuevo con otro estudiante, Lolo Soetoro, oriundo de Indonesia, adonde fueron a vivir. Una vez radicados allí, Obama tuvo sus primeros contactos con la pobreza, las enfermedades y los padecimientos de los pueblos del Tercer Mundo.
Tras cuatro años en Yakarta, Obama regresó a Hawai, donde primero vivió con su madre y luego con sus abuelos maternos. Gracias a una beca, pudo estudiar en un prestigioso colegio de Honolulu, y luego decidió marcharse a Nueva York para comenzar su carrera universitaria.
En la Universidad de Columbia se recibió de licenciado en Ciencias Políticas, título que le permitió trabajar durante algún tiempo en La Gran Manzana. En 1985, Obama se mudó a Chicago en busca de un nuevo empleo como asistente comunitario en una organización local, donde colaboró con las iglesias de los negros en el empobrecido sur de la capital de Illinois.
Tras esta experiencia, Obama decidió estudiar leyes en Harvard, donde conoció a su esposa, Michelle Robinson. También graduada en esa universidad, Robinson tuvo dos hijas junto a Obama, Malia y Sasha. En Harvard obtuvo una gran conquista académica en 1991, al ser elegido como el primer director negro del Harvard Law Review, considerado el periódico de derecho más prestigioso de los Estados Unidos.
En 1996, Obama regresó a Chicago, donde ganó una banca en el Senado de Illinois para empezar a darle forma a su imagen de político pragmático. En 1999 sufrió un traspié en su intento por llegar a la Cámara de los Representantes, pero aunque debió esperar, nunca claudicó en cuanto a sus ideales ni a sus objetivos. Su salto final se dio en 2004, cuando realizó un impactante discurso durante una convención demócrata en Boston, lo que le permitió llegar al Senado estadounidense representando a Illinois. Desde este lugar promovió una reconciliación nacional, dejando de lado las diferencias partidarias, raciales, de sexo y edad.
Luego de vencer a Hillary Clinton en las primarias, fue acusado de socialista por sus propuestas de campaña. Entre las principales se pueden señalar el rechazo a la guerra en Irak, la defensa del derecho al aborto y la reducción de impuestos para todos los sectores, menos para los de rentas más elevadas, como paliativo a la grave crisis económica estadounidense.
Perfil: Diego Llorente

Foto: Tapa de Página 12 del 4 de noviembre de 2008.
Fuente:http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/subnotas/114454-36376-2008-11-04.html

lunes, 3 de noviembre de 2008

La importancia de los actos –y de las palabras

El INADI viene desarrollando, bajo la dirección de María José Lubertino, una dinámica y visible actividad en diversos frentes. Ha incluido en sus actividades reivindicativas a afrodescendientes y practicantes de religiones de origen africano. Para un organismo que predica la importancia de la manera correcta de referirse a las distintas minorías, llaman la atención algunos errores recurrentes en la forma de referirse a estas religiones y sus actividades. Supongo que se debe al escaso conocimiento que en nuestra sociedad tenemos acerca de estos temas.
Ya que nadie más parece hacerlo, me propongo llamar la atención hacia lo que considero errores terminológicos con la sana intención de que, como suele señalar el propio INADI, “no discriminemos con palabras”.
1- Si uno muestra bailes y rezas o cantos para los orixás, pues bien, muestra eso, solamente. No muestra “una ceremonia candomblé”. De hecho, candomblé no es un adjetivo, sino un sustantivo. Sería, en todo caso, “una ceremonia de candomblé”.
2- Sin embargo, si sólo se muestran las danzas de orixás, será “una representación de danzas de orixás” y no una ceremonia. Tampoco una representación de una ceremonia, ya que para ello faltarían algunas de las actividades principales de cualquier ceremonia. Por ejemplo, todo el xiré que precede a la llegada de los orixás (si de representaciones de candomblé se trata).
3- Especial cuidado, creo, hay que tener en la mención de las variantes de religiosidad de origen africana que se intenta representar. No hay que olvidar –como parece ser el caso- que la absoluta mayoría de devotos de nuestro país practican el Batuque o Nación de Porto Alegre, y no el Candomblé de Bahía. Las casas que practican esta última variante no llegan a la decena, contra las miles que practican Batuque, generalmente junto con Umbanda y Kimbanda.
Entiendo que la variante gaúcha de la religión no posee el glamour folklórico que, por motivos que varios antropólogos y sociólogos ya han analizado, se le asigna al Candomblé, pero eso no es motivo para invisibilizar su práctica en el país.

4- Si un grupo de hijos e hijas de santo de un conocido templo de Batuque representan sus danzas (antes de las anunciadas de Candomblé, como ocurrió el domingo pasado) no es suficiente con presentarlas como “de nación jeje” ya que parecería que se presentan danzas de la nación jeje de Candomblé, que son bien diferentes a las de Batuque jeje.
La reivindicación de una variante no tiene que invisibilizar a otra, especialmente cuando ésta última es mayoritaria. Bastante ignorado está el Batuque en el propio Brasil (en relación a sus parientes religiosos como el candomblé) como para reproducir esta asimetría en nuestro país.
Todos y todas debemos tomar conciencia de que el Batuque es igual de bello y conlleva los mismos derechos religiosos que el candomblé. Si nos quitamos el recelo de nombrarlo se compatibilizarán mejor la reivindicación folklórica y la práctica religiosa cotidiana de miles y miles de ciudadanos argentinos…..
De todas maneras, fue emocionante el desfile de tanta gente de religión y practicantes seculares de artes afroamericanas por las calles de San Telmo. Meus parabéns.

Fotos: Alejandro Frigerio. Inauguración de las II Jornadas Culturales Argentina También es Afro.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Raza y Clase en Estados Unidos

Este reciente artículo del periodista Ernesto Semán en Página 12 muestra la compleja pero sin duda íntima relación entre la exclusión de raza y la de clase, así como la manera en que, en determinados contextos, se puede hablar (o no) de la incidencia de una u otra.Raza, clase social, democracia imperfecta en Estados Unidos
La cuestión de la piel

Por Ernesto Semán (desde Nueva York) - Página 12 - 26 de octubre de 2008.

El chiste dice que San Pedro está en la puerta del cielo y hace pasar al siguiente en la fila: “Dígame, ¿quién es usted y qué hizo en la Tierra?”.
–Yo soy Barack Obama y fui el primer negro elegido como presidente de los Estados Unidos.
–¿En Estados Unidos? ¿Un presidente negro? Usted me está cargando. Y cuénteme, ¿cuándo fue eso?
–Y... hace veinte minutos, más o menos.
La broma circula generosamente en Internet, en sentidos opuestos, en sitios racistas y en blogs de jóvenes negros, simpatizantes de Obama, en la calle. Y a su modo tiene poco de broma, sobre todo pensando que los dos presidentes norteamericanos, que –con cien años de diferencia– pusieron en marcha grandes cambios en favor de la igualdad racial, terminaron asesinados. Puede que los asesinos de Abraham Lincoln y John F. Kennedy hayan tenido otras razones en la agenda, pero es suficiente casualidad como para que deje de serlo. La elección de un negro como presidente de los Estados Unidos es, qué duda cabe, un evento significativo. Pero la elección de Barack Obama, en este momento, como el primer presidente negro de los Estados Unidos puede ser uno de los hechos más importantes en la historia de la democracia norteamericana.
Un argumento es que la del 4 de noviembre es una elección sobre raza. Al modo norteamericano, larvado y silencioso. Como nunca antes, haber llegado a ser candidato con su color y su origen birracial a cuestas lo exime a Obama de tener que hablar de raza para que el tema esté ahí, al viento desplegando su negro pabellón. O, incluso, puesto al revés: es tan claramente la raza lo que está en juego, que es su condición de negro lo que restringe a Obama de poder hablar libremente sobre el racismo como lo haría un candidato blanco. O de poder enojarse con un rival como lo haría un blanco, sólo porque en su caso sería enojarse como un negro.
La elección es sobre la raza tanto como las anteriores, en la medida en que una cantidad de desigualdades se siguen ejerciendo por el color de la piel, siendo la exclusión de los negros de la política una de las más visibles. Cerca de cuatro millones de personas no pueden votar el próximo martes por haber pasado por prisión, un cuarenta por ciento de ellos negros (la población negra del país no supera el 10 por ciento). Eso incluye los catorce estados en los que la increíble legislación prohíbe de por vida la votación incluso a quienes hayan cometido delitos menores y cumplido su condena, la “muerte civil” con la que se condenaba a ciertos reos en el Imperio Romano.
Y cuando la ley no alcanza, se enciende la política: desde 2003, la comisión electoral rechazó el empadronamiento de tres millones de personas. Entre 2002 y 2008, unas 10 millones de personas fueron borradas o están en “lista de espera,” mediante una red de obstáculos montada por funcionarios medios del Partido Republicano a lo largo del país: diferencias de una letra en el registro, cambios de domicilio, nuevos requerimientos de documentación figuran entre los principales obstáculos que la revista Rolling Stones cuenta esta semana bajo el título “Cómo robar una elección.” En Florida, el 75 por ciento de esos excluidos son negros e hispanos. Llovido sobre mojado, en distritos de Florida y California, la falta de domicilio legal les impedirá votar a aquellos cuyas casas fueron recientemente confiscadas. Para algunos son detalles en los márgenes de la democracia, para otros las vigas que sostienen su imperfección, a la cual George W. Bush le debe sus ocho años de gobierno.
Que ser negro es una condena económica tampoco pasa desapercibido en estos días. En el año 2000, en pleno boom inmobiliario, los pedidos de créditos de los negros eran rechazados el doble de veces que los pedidos de los blancos. A igual cantidad de ingresos, los bancos rechazaban un 21,6 por ciento de negros y un 11,4 por ciento de blancos. Más aun, el banco le negó créditos a un 20 por ciento de los negros con ingresos de 60 mil dólares al año, pero a un 17 por ciento de los blancos con ingresos de 40 mil dólares. Lo cual explica, en buena parte, que en áreas como Nueva York hayan sido los negros los que acudieran en masa a los créditos de riesgo que hoy explotan por los aires.
Poco puede decir de esto Obama si aspira a construir una alianza social amplia que exceda una base electoral exclusivamente racial, por lo que la campaña ha dado un giro paradójico y no menos feliz, por el cual los candidatos hablan de clases y de desigualdad social como pocas veces en la historia política reciente.
Por eso, otro argumento no menos válido es que la elección del 4 de noviembre no es sobre raza. El redescubrimiento de las clases sociales es en parte un derivado de la actual crisis económica. Hasta el famoso “Joe el Plomero” que luce la campaña de John McCain -–blanco e indisimuladamente racista– evidencia sin querer la existencia de una clase baja por debajo suyo. Las infinitas referencias de Obama a la clase media, la fantasmagoría del New Deal y la inédita presencia de la intervención del Estado sobre la economía en el centro de la campaña demócrata sólo alimentan la discusión sobre un conflicto económico que la sociedad norteamericana tiene bastante silenciado.
Hace un año, The New York Times publicó una serie de artículos de investigación titulados “La clase social importa”, comprobando la obviedad de que la exclusión económica tiene maniatado a un enorme grupo por encima (y a propósito) de su raza, su género o la región en la que viven. Cualquier medio de América latina hubiera expulsado entre risas al periodista que cayera con esa previsible idea. En Estados Unidos, el diario obtuvo un Pulitzer por la serie.
Hoy, con un negro al frente de las encuestas, la discusión de clase está tan en el centro que sorprende, sobre todo si la estrechez de mira de uno se acota al carácter timorato del partido demócrata, el apoyo que al candidatura de Obama recibe de los grupos económicos o las mil mediaciones que evitan cambios bruscos en la economía. Mejor que nadie lo sabe Wal Mart, el mayor empleador de los Estados Unidos, que en la última semana organizó reuniones de sus gerentes intermedios en estados clave para advertir que un triunfo de demócrata forzará a la cadena a negociar con sindicatos salarios y condiciones laborales, algo que rechaza de plano. “No nos dijeron a quién votar, pero nos insistieron en que si gana el candidato demócrata, no vamos a poder optar por eludir a los sindicatos”, contó uno de los gerentes.
En verdad, que la primera campaña de la historia que puede terminar consagrando a un negro como presidente esté centrada en una discusión de clase es más que una paradoja. Como en pocos lugares en el mundo, quizás en Estados Unidos sea imposible entender los conflictos de clase y los de raza sino es juntos y a la vez.
Si la elección es sobre el racismo, también es sobre la facilidad con la que la discriminación se expande desde los negros hacia una variedad literalmente indiscriminada de minorías que integran la mayoría en la que parece apoyarse el ascenso del candidato negro. Que los negros sufran doblemente esa exclusión no hace sino agrandar la importancia de Obama. Aun con el pesimismo de etiqueta de estos tiempos, cualquiera admite que la cadena de demandas democráticas que puede desatar su elección es difícil de predecir, pero es lo suficientemente verosímil como para haber activado la campaña en contra, que de momento atraviesa con éxito.
Su triunfo no resolverá automáticamente ninguno de los problemas de exclusión social y racial, aun si una derrota los empeora. El Partido Demócrata es una máquina obsoleta cuya mayor función parece ser la de realentar cualquier proceso de cambio, y es de lejos el mejor de los dos, lo cual ayuda a que Estados Unidos parezca hoy un país de expectativas democráticas más bien módicas. Y para producir transformaciones de fondo, Obama dependerá en buena parte de obtener mayorías amplias como las que en 1932 o 1964 permitieron las mayores reformas democráticas del siglo XX. Pero que hoy esas chances estén en manos de un negro es una epopeya de la que muchos de los que votarán el 4 de noviembre jamás imaginaron que podrían vivir.

Fuente de la nota y foto: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-113997-2008-10-26.html

viernes, 31 de octubre de 2008

¿Prohibido ofrendar en las playas de Montevideo? (2)

Este texto que escribí a partir de la carta enviada por la Mae Susana (Andrade) de Oxum al diario La República de Montevideo (ver abajo) fue publicado en la sección Editoriales del mismo medio (sin las imágenes que aquí lo acompañan...).



Viernes, 31 de octubre, 2008 - AÑO 9 - Nro.3076 - La República, Montevideo
Sobre la libertad (y la necesidad) de ofrendar
Por Dr. Alejandro Frigerio - Investigador del Conicet, Argentina


Las religiones americanas de origen africano que son varias a lo largo de todo el continente (la Santería en Cuba y EEUU, el Vodoun en Haití, el Shangó de Trinidad Tobago, y las numerosas variantes que se desarrollaron a lo largo de la costa brasilera y luego se expandieron hacia el Río de la Plata) basan su cosmovisión, entre otras conceptos, en la idea de la necesidad de circulación del axé (ashé, aché, asé) o fuerza espiritual que sustenta todo lo viviente.
De esta manera, los orixás, deidades africanas que viven en distintos dominios de la naturaleza –que son esa naturaleza- ven disminuído su axé al ayudar a los seres humanos en sus diferentes problemas y éstos, periódicamente, deben restituírle esta fuerza espiritual perdida en forma de ofrendas. De ahí la necesidad de ofrendar en distintos dominios de la naturaleza -pero también de la cultura humana, dependiendo del tipo de orixá del que se trate.
Las ofrendas, rigurosamente seleccionadas y preparadas según un conocimiento y una teología ancestrales, permiten entonces cerrar el círcuito de circulación del axé: devolviendo a las deidades lo que ellas han utilizado en fortalecer a los seres humanos. (Hablamos de deidades aunque no de dioses, ya que las religiones afroamericanas son monoteístas, para ellas hay un solo Dios creador que luego de completar su creación deja a la tierra a cargo de los orixás).




Iemanjá, en su calidad de Gran Madre dadora de vida es un referente ineludible en una religión de seres espirituales ilustres y omnipresentes. Según la mitología afroamericana es la madre de varios o de todos los orixás y es a quien sus hijos y devotos recurren principalmente en busca de fecundidad y de salud y prosperidad para los hijos ya nacidos. En su culto confluyen antiguas creencias yorubas, simbología cristiana y, sin duda, ecos de nociones científicas sobre el mar como origen de toda la vida. Sus fiestas son multitudinarias en las principales ciudades costeras brasileras, así como en Cuba y otras islas del Caribe. La fecha puede ser el 2 de febrero, el 31 de diciembre (Río de Janeiro) o el 8 de septiembre (Cuba) pero las imágenes de los fieles dejando ofrendas en las playas difieren poco de ciudad en ciudad. Junto al carácter folklórico y de gran fiesta popular que han ganado estos eventos anuales en las distintas ciudades, están las ofrendas regulares que los templos y los practicantes deben realizar, como parte de su rutina religiosa. Las playas, por la importancia del orixá que junto a ellas se mece, son, en grandes ciudades costeras uno de los lugares sagrados más importantes porque es allí donde los habitantes de estas urbes pueden entrar más, mejor y de manera relativamente accesible, en contacto con la energía divina. Por su ya mencionada relevancia teológica -y sin duda también por su imponente carácter numinoso- el mar es uno de los sitios privilegiados para ofrendar y para recibir axé.
Es claro que quienes menos desean contaminar a la Gran Madre de su religión son los propios afro-umbandistas, quienes, cada vez más al tanto de modernas concepciones ecologistas que no hacen sino ir en el sentido de sus antiguas creencias, se preocupan porque en sus presentes primen los elementos rápidamente biodegradabales. Pese a que el número de fieles crece día a día –como se nota en la fiesta anual del 2 de febrero- es difícil suponer que la cantidad de ofrendas pueda ser tal que “contamine” las playas. Pueden resultar extrañas para quienes no conocen el alto grado de sacralidad que ellas implican, el esfuerzo que conllevan y las buenas intenciones que las impulsan. La prohibición de ofrendar, o aún su intento de reglamentación, conllevarían una severa restricción a la libertad religiosa de los miles y miles de ciudadanos rioplatenses que han optado por este camino espiritual.
Fuente: http://www.larepublica.com.uy/editorial/337653-la-libertad-y-la-necesidad-de-ofrendar