viernes, 12 de septiembre de 2008

"Conversaciones con la diáspora africana" - Taller


Taller de pensamiento
“Conversaciones con la diáspora africana”

Abierto especialmente a afro-descendientes y residentes africanos.

SÁBADO 13 DE SEPTIEMBRE, DE 16h30 a 20hs.
Chile 1331, Montserrat
(Escuela Integral de Arte Freda Montaño)

Organizado por el
Movimiento de la Diáspora Africana en Argentina

Con la colaboración de Dina Picotti y Alejandro Frigerio.
El movimiento de la diáspora africana es un colectivo de afro-descendientes, inmigrantes africanos, intelectuales, artistas y personas solidarias de distinto origen y orientacion, comprometidos en la costrucción de una sociedad con mayor conocimiento sobre los presencia africana en la argentina.
El objeto del taller será – en continuación con las actividades realizadas en 2007 y 2008 – el de vincular al colectivo de africanos y afro-descendientes residentes en Buenos Aires y sus alrededores, con la construcción de la idea de diáspora africana, pensada para el contexto particular de la Argentina. El resultado del taller servirá para fortalecer la argumentación en favor de las acciones del movimiento de la diáspora africana en la Argentina, su sentido, objetivos y formas de organización.

La actividad es gratuita y voluntaria. Contará con el acompañamiento de profesionales de distintas disciplinas e instituciones.

Programa

16h30. Presentación del taller.
Víctor Bille

16h50. Taller: primera parte.
Dina Picotti: La diáspora como idea: entre África y Argentina.
Alejandro Frigerio: Las identidades afro en cuestión: una visión desde la antropología
17h30 Ronda de conversación, dudas y preguntas.
18h00 Pausa

18h30 Taller: segunda parte.
Presentación de la metodología en grupos de trabajo.
Cristina Sampaio y Miriam Gomes.

18h40 Trabajo en grupos, a partir de preguntas disparadoras.
Coordinadores a designar colectivamente a partir de personas propuestas.

20h00 Síntesis de los grupos de trabajo y conclusiones.
A cargo de los voceros designados por cada grupo.

Confirmar participación a:
diasporafricana@gmail.com. Muchas gracias.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Aviso racista en el país de lo politicamente correcto

ELPAIS.com – Tecnología – Revista de Webs
Intel pide disculpas por un anuncio racista
La compañía retira una campaña en la que aparece un directivo blanco en pie rodeado de seis corredores en posición de salida
L.F. - Madrid - 06/08/2007

Un hombre blanco en pie, y seis corredores negros en posición de salida protagonizan el anuncio con el que Intel quería presentar su plataforma Core 2 Duo. Pero lejos de dar protagonismo a sus nuevos procesadores, esta publicidad está dando la vuelta al mundo por su interpretación racista.
La imagen de seis afroamericanos agachados ante un feliz hombre de negocios blanco, acompañada del eslogan "Multiplique su rendimiento informático y maximice el poder de sus empleados" ha dado pie a todo tipo de comentarios y resulta incomprensible que surja de EE UU, el país que inventó el concepto de "políticamente correcto" .
El blog tecnológico Gizmodo fue el primero en poner el grito en el cielo, y poco a poco, el anuncio está dando la vuelta al mundo a través de la blogosfera.
Intel no ha tardado en pedir disculpas y ha retirado la campaña de carácter mundial de todos los medios, aunque no ha llegado a tiempo en dos publicaciones que ya habían impreso las ediciones donde se puede ver el anuncio. No se ha revelado el nombre de ninguna de ellas.
La compañía ha lanzado un comunicado oficial en el que pide disculpas y reconoce su error. Intel asegura que pretendía transmitir la nueva potencia de sus procesadores a través de "metáforas visuales", pero que está vez la imagen seleccionada no ha logrado comunicar el mensaje que pretendían. Al contrario, "resulta culturalmente insensible e insultante", reconoce Dan MacDonald, vicepresidente de Marketing de Intel.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/internet/Intel/pide/disculpas/anuncio/racista/elpeputec/20070806elpepunet_6/Tes

sábado, 6 de septiembre de 2008

"Llévese una negrita" -y ya que estamos, a la mamá...

Juro que ya no sé que pensar. En este mundo (hiper)globalizado en que vivimos, una máma con su hija salen de Senegal, las detienen en Canarias camino a España, salen en un diario argentino y una familia las quiere "adoptar" en Mar del Plata. Por las dudas, le mandan un mail a un cura en Angola... Y todo eso es noticia...
Asistencia. Adji, junto con su mama, reciben el apoyo de un grupo de voluntarios de la cruz roja española.

Sociedad - Clarín del 6/9/08
Adji Geuye tiene 10 años y llego como "inmigrante desesperada" a las islas canarias
Por una nota de Clarín, varias familias quieren adoptar a una nena senegalesa
Son lectores conmovidos porque la niña, al ser menor e inmigrante ilegal, iría a un reformatorio.

La foto era conmovedora. Una niñita delgada, alta, esbelta, de ojos rasgados, boca de dibujo animado, acompañada de una voluntaria de la Cruz Roja. Y la historia lo era aún más. Adji Geuye, 10 años, senegalesa, llegó junto a su madre al puerto de Los Cristianos en las islas Canarias. Y de acuerdo al sistema legal español podría llegar a ser separada de la madre e internada en un hogar para menores hasta que cumpla los 18 años. La historia golpeó la conciencia de varios lectores y de inmediato comenzaron a llegar los mensajes de texto a Clarín. "Queremos adoptar a Adji", decían. Son familias argentinas pero también de las islas Canarias alertadas por argentinos de la publicación de la nota "Inmigrantes de la desesperación", el domingo pasado en la sección Zona del diario.
"Vi esa carita y de inmediato me llamó la atención. Leí la nota y antes de terminar me dije que me gustaría adoptarla", dice Matilde Gianni de la inmobiliaria del mismo nombre en Mar del Plata (ver "Un hogar..."). Al mismo tiempo, en las propias Canarias, en La Orotava, un pueblito cercano al puerto de La Cruz, en la isla de Tenerife, Esther Gomez, una joven madre de dos niños de 8 y 10 años, también pensaba en la adopción de Adji. "Un amigo argentino, Víctor, me sugirió que leyera la nota en Clarin.com. Cuando terminé de leerla ya tenía la decisión tomada. Lo hablé con mi esposo y hasta con mis hijos. Si fuera posible, sería muy bonito poder hacer esto", cuenta Esther desde su casa luego de poner a dormir a "los peques". Duilio Sureda, otro argentino de 34 años envió este mensaje: "me partió el corazón ver la foto y conocer la historia de Adji, no puedo creer que vaya a un reformatorio. Quiero saber qué posibilidades hay de adoptarla y que venga con su mamá".
Adji Geuye llegó a Tenerife junto a otros 84 inmigrantes subsaharianos en un cayuco, una de esa barcas endebles de pescadores, que las mafias del tráfico de personas usan para transportar como ganado a los que quieren emigrar a Europa. Su llegada fue una verdadera sorpresa para todos los que estaban en ese muelle hace dos semanas. Son muy pocas las nenas que viajan. En general envían a los varones para que trabajen y envíen dinero a la familia. Habían partido once días antes desde Senegal.
Adji viajó junto a su madre, Ndeye, y hombres inmigrantes de Mauritania, Guinea Conakry y hasta Mali. Recorrieron unos 1.400 km bordeando las costas africanas hasta el Sahara Occidental y de allí se lanzaron para alcanzar Tenerife por el sur. Pero a 135 km de la costa se quedaron sin combustible. Tuvieron suerte. Los rescató un barco español. Adji quedó bajo la tutela del fiscal de menores y enviada a un hogar. Días después, juntaron a madre e hija que ahora esperan la decisión de un juez. Adji, por ser menor, entra en el sistema de protección y podría permanecer allí hasta cumplir los 18 años cuando sería liberada pero con una orden de expulsión y sin documentación española. La madre podría ser expulsada en 40 días. "Hace unos años falleció mi madre en un accidente. Recibimos una compensación y dijimos que eso tendría que ser usado en una acción solidaria. Y esta es una buena oportunidad", explica Esther desde Tenerife.
Adji continúa en uno de los hogares de alguno de los pueblitos de Tenerife. Tal vez, alguien le diga que desde Mar del Plata hasta La Orotava hay mucha gente solidaria que quisiera darle un futuro mejor.

Un hogar la espera en Mar del Plata
El domingo madrugó Matilde Gianni y luego de desayunar leyó en Clarin.com la historia de la niña senegalesa Adji Geuye. La mujer se conmovió al leer cuál podría ser el destino de madre e hija: una podría ser deportada a su país y la otra, tal vez, quede internada en un instituto de acogida para menores hasta los 18 años. De la conmoción, Gianni pasó a la acción, y comenzó a hacer contactos para evitar que Ndeye y Adji fueran separadas. Es más: se ofrece para albergar en su casa de Villa Primera, en Mar del Plata, y sostener a ambas. El mismo domingo escribió a través de la web del Gobierno Español una carta contando su propuesta a José Luis Rodríguez Zapatero y busca contactarse con el Consulado de España. Dice que si la posibilidad legal existe, "esa nena divina con esos ojitos tan conmovedores y su mamá pueden tener un futuro aquí, juntas".
Gianni es la titular de una inmobiliaria, no tiene hijos y cuenta que a sus 60 años le sobra energía: "Soy una mujer de muchos proyectos", dice, y aclara que su familia la respalda en esta iniciativa. "Soy de esas personas que trata de hacer que todo sea mejor para todos", explica.
Ayer, luego de hablar con Clarín en su casa, intentaba establecer algún contacto con Unicef para encontrar algún tipo de ayuda: contó que enviará también un e-mail al cura Antonio Michelín, quien se encuentra en Angola como misionero y mediante el que, en un intercambio epistolar que tiene poco más de un año, "sé de las injusticias, sé cómo viven" en los países pobres de Africa.
"No se trata de snobismo, sino de vocación de servicio", aclara Matilde, "de ser solidario".
Fuente: http://www.clarin.com/diario/2008/09/06/sociedad/s-01754578.htm

Inmigrantes no deseados

Todo a partir de una serie de tres notas que publicó el diario Clarín sobre los africanos que intentan llegar a España a través del océano.
Domingo 31 de agosto de 2008
TEMA DEL DOMINGO: EL DRAMA DE LOS SIN PAPELES
Europa blindada: Inmigrantes de la desesperación
Viajan desde Africa en cayucos, endebles barcas de pesca. Intentan entrar a Europa por las Islas Canarias. Pocos sobreviven. Los que llegan van a la cárcel. Los niños son internados hasta los 18 años. Por: Gustavo Sierra Clarín.com Suplemento Zona

Lunes 1 de septiembre de 2008
EL DRAMA DE LOS SIN PAPELES / SEGUNDA NOTA
Europa blindada: Los hijos de los cayucos
Tienen entre 7 y 14 años. Los mandan los padres en esas barcas de pescadores desde Africa hasta las Islas Canarias para que trabajen y les envíen dinero. Cuando llegan los confinan en asilos hasta que cumplen la mayoría de edad. Por: Gustavo Sierra Clarín.com Sección El Mundo

Martes 2 de septiembre de 2008
EL DRAMA DE LOS SIN PAPELES / TERCERA NOTA
Europa blindada: Los que quedan en el camino
De cada tres cayucos, las endebles barcas de pescadores, que zarpan de Africa, uno nunca llega a las Canarias. Se calcula que en los últimos dos años murieron en el mar al menos 20.000 personas intentando entrar a España. Por: Gustavo Sierra Clarín.com Sección El Mundo

jueves, 4 de septiembre de 2008

Africa: Hombres como Dioses (2)

No fui el único a quien le pareció que la nota de La Nación atrasaba (un siglo) y trasuntaba un imaginario sobre Africa ya perimido en países con algún respeto por la diversidad cultural y la historia de los pueblos (alguna vez) colonizados. Abajo de la tapa de las primeras ediciones del libro de Lanvers (antes que lo republicara una nueva y mayor editora y decidiera realizarle algunos cambios cosméticos, éstos sí más acorde con los tiempos) va la opinión de Nicolás Fernández Bravo, antropólogo argentino que vivió "en Africa". En Mozambique, digamos, para no perpetuar la imagen de que es todo lo mismo del otro lado del océano ....
El imaginario colonial out of focus de H. Lanvers
(Sobre la nota publicada en La Nación el sábado 30 de Agosto por Susana Reinoso)

Por Nicolás Fernández Bravo

Entrar al supermercado para comprar salame, aceite para autos o “literatura” ha pasado a ser, en el mundo contemporáneo, una práctica cada vez más habitual. Mientras buscaba una oferta en la sección “detergentes” – y sin quererlo – posé mis ojos en el título de un libro de reciente aparición, el cual descansaba en el estante contiguo: “África Hombres como Dioses”, del argentino H. Lanvers (nótese que la H. invita a dudar si se trata de un auténtico anglosajón, o apenas un sudamericano). Curioso como siempre cuando, a cuentagotas, el entorno local repara en la existencia de “África”, no pude más que ojear el libro. Aunque su valor comercial sea algo menor que el de un Malbec decente, no me atreví a comprarlo, acaso por considerar que la literatura sin comillas no suele encontrarse en las góndolas del supermercado.
Así y todo, me detuve en algunos detalles del intrigante objeto que tenía entre mis manos. En la contratapa, se afirma que la novela “nos acerca a un continente negro como el que siempre quisimos explorar” (¿Nosotros? ¿Qué “nosotros”?). También se afirma que los personajes son “valientes y tenaces” y que “enfrentan las grandes rebeliones indígenas con un sentido de la lealtad que hoy extrañamos” (¿Nosotros? ¿Qué “nosotros”?). En la primera página, el autor advierte con ironía: “sólo las partes más increíbles de este relato están basadas en la realidad”. Este conjunto de prejuicios decimonónicos sobre la exploración, la valentía, los indígenas y la lealtad, adelantan un interrogante: ¿qué será realmente lo increíble? ¿El relato, o la posibilidad de su venta masiva? ¿Cuán verosímil puede ser la existencia anacrónica de un escritor victoriano-cordobés, en el siglo XXI? ¿Sucederá esto en algún otro lugar del planeta tierra? ¿O sólo en la Argentina la gente ostenta credenciales para hablar sobre África y los africanos a partir de “haber estado allí”, o “conocer a un negro”? Si bien es verdad que habría que leer la novela en su totalidad para hacer comentarios al respecto de sus argumentos y su narrativa (me limito a no hacerlo aquí; prometo hacerlo cuando disponga del dinero), lo realmente irritante fue leer, al día siguiente, una nota de media página en la sección “cultura” del diario La Nación, dedicada estridentemente al heroico individuo en cuestión.
Es por demás evidente que, para que las ideas se reproduzcan y pervivan en el tiempo, alguien tiene que diseminarlas. Si yo afirmara – por ejemplo – “los blanquitos de Argentina son racistas en potencia”, podría pasar solamente por un comentario trasnochado, exagerado, enteramente errado o incluso atinado, dependiendo del contexto de su enunciación. Pero la capacidad de influir en muchas personas a partir de un comentario semejante, estará directamente relacionada a la posibilidad de su difusión masiva. Los discursos políticos, el imaginario social, los sistemas de enseñanza, los medios de comunicación, el sistema de la moda, todos estos complejos mecanismos sirven para que las ideas – y las prácticas que suelen abrojarse a ellas – nazcan, se reproduzcan y eventualmente, mueran o se fortalezcan. Para todo ello, es necesario de la participación de quienes ostentan el poder (mucho, poco), de hacerlas públicas.
Parece una caricatura D’Elianesca que sea – nuevamente – el diario La Nación el que destaque con glamoroso cariño, la biografía y los comentarios de este otrora ignoto escritor que ahora se vende en los supermercados como vocero novelado (y tal vez, algo imparcial) de la violenta historia de la colonización europea en Sudáfrica. Según se nos informa, el autor del libro – cuyo protagonista es blanco, a pesar de tratar sobre Shaka Zulu – jugaba de niño a los bóeres y zulúes en Comodoro Rivadavia, dejando abierto el interrogante sobre quiénes serían los buenos y quiénes los malos. Infiriendo que la novela no habrá de ser tan simplista (blancos = valientes; negros = primitivos), no deja de sorprender que el entrevistado se refiera a sus difíciles (¿?) aventuras en África siendo “el único blanco, rodeado de negros, que corrían como maratonistas”, o que sea “muy denso para la mujer blanca vivir en África” (¿?). ¿Qué dificultad intrínseca conlleva estar rodeado de negros? ¿Por qué es denso para “La” mujer blanca, vivir en África? Incluso desde una lectura bien intencionada de estas afirmaciones, si es que esto es posible, encuentro políticamente incorrecto decir sin reparos que “a mi madre la desalentaba vivir entre negros” ¡en la Sudáfrica del apartheid! Este nuevo conjunto de frases, puestas a rodar en cualquier foro internacional con reparos hacia la corrección política (Naciones Unidas, Banco Mundial, Unión Europea), causaría al menos incomodidad. Me refiero a la incorrección política y no simplemente al más burdo y anacrónico racismo colonial, porque la contundencia de estas palabras suele ser leída en clave estructuralista: quienes señalamos el racismo, el colonialismo y la explotación, solemos tener que sortear los difíciles callejones del binarismo. Quienes han vivido en África o – como parece ser el caso de nuestro nuevo novelista – paseado por aquél continente algunos meses, suelen decir que las relaciones raciales “son más complejas” que el simple sistema de oposiciones negro/blanco, dominador/dominado, colonialista/colonizador. Aún adhiriendo a este señalamiento (para ser claros: hay negros malos y blancos buenos, aunque también hay grises), es incuestionable que el colonialismo constituye una categoría histórica del todo clara, cuyo anclaje empírico es posible analizar a partir de las fuentes de la época (documentos, testimonios, imágenes), por medio del análisis e interpretación de las mismas producidas por historiadores y antropólogos, o a partir de sus reelaboraciones contemporáneas (como las novelas y las prácticas políticas).
No obstante, es necesario reconocer que H. Lanvers es al menos consecuente con su incorrección política. Como si con su conservadurismo portátil no fuera suficiente en el campo de la discriminación racial, el mismo abarca también las cuestiones de género. Haría bien en informarse sobre los modales actuales del pensamiento liberal inglés que tanto parece admirar, el cual es cuidadoso en el lugar que atribuye a las mujeres – como para estar a tono con las modas intelectuales en curso, digamos. Declararse enamorado de la belleza de las altas montañas del mismo modo que de la belleza de las mujeres africanas, puede constituir al menos una forma de insulto grosero entre el grupo más tímido del feminismo conservador. No digamos ya, entre el feminismo radical, que bien haría Lanvers en evitar cruzarse un sábado por la noche.
¿Qué nos queda por pensar de nuestro nuevo novelista aventurero – y la periodista Susana Reinoso, experta en “temas africanos” – que lograron que el trabajo se destaque en el cuerpo principal de uno de los periódicos más influyentes del país? ¿Será que alimentan – insisto: un poco pasados de moda – la más elemental de las visiones esencialistas, impresionistas y colonialistas sobre África?
Tal vez debamos volver al problema que un importante grupo de residentes africanos, afro-descendientes, intelectuales, artistas y ciudadanos racionales congregados en torno al Movimiento de la Diáspora Africana, venimos señalando desde hace ya no poco tiempo y por los medios más diversos: la ignorancia que existe en Argentina sobre África y los africanos es desoladora y tiene consecuencias concretas en las personas físicas en la actualidad. Para tratar de entender algunas de las peguntas esbozadas, nos queda la triste realidad: estas situaciones solamente son posibles en la Argentina, y porque las permitimos. Quizás un comité de ética podría evaluar la responsabilidad de los periodistas al publicar notas con un elevado contenido racista, o las editoriales deberían cuidar al menos su lenguaje al momento de acompañar la edición masiva de imaginarios culturales que algunos quisiéramos considerar del siglo XIX. Sería impensable que estas publicaciones se dieran sin conflicto en Sudáfrica o Brasil, por poner ejemplos comparables, en donde millones de personas padecen las consecuencias directas de la discriminación y los privilegios basados en el color de la piel.
No obstante, todo indica que en nuestro terruño, ese increíble libro y esa increíble nota son posibles sin mayores comentarios (me atrevería a decir, incluso, que son bienvenidas con entusiasmo nacionalista, pues a fin de cuentas, ¡un argentino! escribe como Wilbur Smith). Es decir que no son la fantasía colonial de un excéntrico aventurero pasado de copas. Se editan. Generan dinero. Se venden a montones. Alimentan prejuicios. Alimentan el imaginario de quienes luego, toman decisiones reales. Estando irrestrictamente a favor de la libertad de prensa como lo estoy, entiendo que sólo en nuestro país esta libertad se diluye con la irresponsabilidad ética. Sólo en este contexto es posible entender exactamente qué quiso decir D’Elía cuando – sacado – dijo odiar a los blancos.
Entender – no necesariamente compartir. Al menos tuvo el poder para decir que en la Argentina actual, la inequidad también se asienta en el color de la piel. Y que se escuche.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Africa: Hombres como Dioses (1)

En un mundo globalizado -aunque, como nos corresponde, con atraso- los argentinos también nos hemos puesto el casquito de corcho de explorador blanco en Africa. Algunas de las afirmaciones que se vierten en el reportaje me producen un cierto escozor: hemos llegado al mundo de los exploradores parece pero no al del multiculturalismo. Como siempre pienso cuando escucho, en ambientes académicos, críticas al multiculturalismo: "lo que quieran, pero no nos vendría mal un poco acá...."
Es cordobés, médico cirujano y fanático del mundo africano
Un argentino desafía a Wilbur Smith
Con su novela Africa, hombres como dioses, Hernán Lanvers se convirtió en un súbito best seller
Por Susana Reinoso De la Redacción de LA NACION

El escritor H. Lanvers acaba de acometer un desafío mayor que alcanzar la cresta del Kilimanjaro, el coloso de Africa, a 5895 metros de altura. A poco de publicarse su novela Africa, hombres como dioses (Plaza & Janés), hizo cumbre como best seller : su libro está segundo en ventas, detrás de Marcos Aguinis, en el ranking de El Ateneo, Cúspide y Grand Splendid. Y quinto, en la lista de Librerías Santa Fe.
¿Quién es el hombre oculto detrás del nombre enigmático? ¿Un británico que se hartó de cazar leones en Tanzania? ¿Un africano blanco que salió a competir con el octogenario y millonario Wilbur Smith, vendedor de 80.000 millones de ejemplares?
H. Lanvers es Hernán Silva Lanvers, un médico cirujano cordobés, de 45 años, soltero, que se confiesa "tan enamorado de las altas montañas como de las africanas", según dice en una charla con LA NACION. Lanvers apareció en la redacción con una mochila de cierre falseado, de la que iba perdiendo las cosas. Fue el equipaje que trajo desde Córdoba, en el que llevaba un suéter y un par de ejemplares de su libro.
Con varias copias del mismo libro que en 2003 publicó Ediciones del Boulevard -la misma que editó a su reconocida coterránea Cristina Bajo- inundó la sede de Random House en Buenos Aires y varias redacciones periodísticas, como la de LA NACION. "Saqué los nombres de Internet, y le mandé un ejemplar hasta a la gente de seguridad. Se lo dejé también a José Ignacio García Hamilton y a Félix Luna." El historiador le respondió, según Lanvers, que la novela "es muy interesante, entretenida y bien escrita".
El protagonista blanco de Africa, hombres como dioses se llama Tom Grant y no habla como argentino, sino con el castellano de España. Desenfadado, casi ingenuo o quizá jugando a serlo, Lanvers dice a LA NACION: "Como Wilbur Smith publica cada dos años, aspiro a que mi nueva novela salga justo el año en que no se publica uno de sus libros". Smith lleva 32 libros publicados. Lanvers ya prepara dos entregas más de su flamante serie.
El libro de Lanvers se lee de un tirón. Que el autor sea cordobés resulta tan raro como conocer su proceso creativo: escribe en un cuaderno amplio, deja uno o dos renglones entre línea y línea escrita para incorporar nuevas correcciones, y borra con corrector líquido. "No tengo computadora; por eso escribo a mano. Y no tomo notas cuando viajo, pero comparto mucho tiempo con la gente del lugar", dice este cordobés sin tonada que vivió en la Patagonia.
Cuando vivía en Comodoro Rivadavia le nació el interés por Africa: "Hay una colectividad de bóeres que son sudafricanos descendientes de holandeses. A los 10 años jugaba a los bóeres y zulúes". En su novela cuenta la historia de Shaka Zulu, creador de un imperio en Africa del Sur.
Lanvers dice que empezó a leer sobre Africa a los 8 años. "Me pasaba seis horas leyendo libros de aventura. Tengo una biblioteca con libros sólo de Africa. Además leo a Sidney Sheldon, Julio Verne, Salgari, Jack London y Stevenson. Pero no puedo leer a César Aira, porque no entiendo qué me quiere decir", admite.
Un musungu en Africa
Habla, además de inglés, "unas 300 palabras de la lengua africana swahili". Escala solo los montes más altos del continente negro. Y ha vivido no pocas situaciones dificiles. Es el riesgo de ser musungu (hombre blanco) en el continente negro.
Una tarde, tras escalar el monte Kenya, "era el único blanco, rodeado de negros. A orillas del camino se abría la selva. Era necesario llegar a uno de los refugios, antes de que se cerrara la noche, porque después los animales salen a cazar. Los negros corrían como maratonistas. Y yo no podía ni caminar. Al final, llegamos". También sobrevivió a una paliza en Nairobi, capital de Kenya. Le arrebataron la mochila y lo molieron a golpes.
Dice Lanvers que con tamaña pasión por Africa no le dura novia. El Kilimanjaro le costó una ruptura con la de los dos últimos años. "Cuando voy a Africa, visito a otras novias que tuve allá. Quizá, con el tiempo, termine viviendo en ese continente. Pero es muy denso para la mujer blanca."
Nunca trabajó como médico este sucesor de Wilbur Smith. Cuenta que, cuando estudiaba medicina, llegó a dormir en la calle y pasó hambre. Se propuso hacer dinero y viajar, y por eso montó un instituto que prepara alumnos para el ingreso universitario. Su padre también intentó labrar su futuro en Sudáfrica. Pero a su madre la desalentaba vivir entre negros. El médico que viajó con su padre sucedió al pionero de los trasplantes cardíacos, Christiaan Barnard.
Lanvers no puede creerse todavía el éxito. De ello dependía su futuro como escritor. Hoy ya escribe la tercera novela, mientras la segunda calienta motores en la pista de despegue.
Africa mía: Una vida nómade
-La novela de H. Lanvers tuvo una edición en Córdoba, en 2003, hasta que desembarcó en Buenos Aires este año. La primera edición de Plaza & Janés, hace un mes, tuvo una tirada de 12.000 ejemplares.
-H. Lanvers ha escalado montañas en Africa y en Asia. En el continente negro estuvo ocho veces. En su casa cordobesa colecciona objetos exóticos de sus viajes por esos lugares. Su obsesión es viajar.
-Es un fanático del célebre Wilbur Smith, de quien ha leído todos sus libros. Smith publicó 32 novelas.
-Lanvers se considera un solitario, por eso viaja y escala con la única compañía de su mochila. Dice que es un hombre sin pasado, porque ha vivido tanto tiempo fuera de Córdoba como en la provincia. En la Patagonia, tuvo contacto por primera vez con la cultura africana.
-Antes de debutar con Africa, hombres como dioses , publicó una guía médica titulada Kilimanjaro . En el libro brinda datos de las enfermedades, vacunas, tratamientos, mapas, hoteles, rutas para escalar, flora y fauna de Tanzania.
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1044753&high=hombres#lectores

martes, 2 de septiembre de 2008

Africa: Imágenes miserabilistas

Esta nota de Nicolás Fernández Bravo apareció hace unos años en La Nación, como respuesta a otra del periodista Joaquín Morales Solá. Su vigencia, sin embargo, se mantiene incólume y dará pie para otras reflexiones en base a notas y libros sobre Africa aparecidos recientemente. Las ideas de Nicolás advierten el mismo fenómeno y complementan el análisis que hice en un artículo que trataba, entre otros temas, sobre los temores en los medios de comunicación acerca de una supuesta "africanización" de la Argentina durante la crisis económica del 2001-2002. Los chistes que ilustran la entrada son algunos de los varios que sobre esta temática aparecieron en los principales diarios porteños de la época.
Sobre el esencialismo de la “miseria Africana”: Una respuesta a las comparaciones miserables
Por Nicolás Fernández Bravo.

Se ha vuelto lugar común en ciertos ámbitos de la opinión pública, comparar la crisis por la que atraviesa Argentina con “Africa”. Desde que la Argentina ocupa la primera posición en el ranking de deudas externas incobrables, desplazando así a Nigeria, y desde que muchos se dieron cuenta de que en el Gran Chaco la gente pasa hambre al igual que en Uganda, las comparaciones no han dejado de multiplicarse. Parecería ser que se ha descubierto un nuevo concepto para explicar las consecuencias sociales del deterioro de los niveles éticos de las elites locales: el de la “africanización” de Argentina. Ante un aluvión semejante de comparaciones, surge una pregunta: ¿a qué se refiere el periodismo cuando compara contextos no solo diferentes, sino fundamentalmente ignorados? Más específicamente: ¿qué se conoce en Argentina sobre “África”, y sobre qué elementos se basan estas analogías?
Por motivos de índole histórica y política, los vínculos entre Argentina y los distintos países africanos han devenido en relaciones marginales y casi inexistentes. El significado del concepto “Africa” se encuentra hoy atrapado por una pesada carga ideológica - tal vez debido a la poca visibilidad y difíciles condiciones de trabajo de los africanistas en Argentina, quienes sí están preocupados en profundizar estas relaciones. Con la excepción de un grupo de estudiosos contemporáneos, interesados en las migraciones, las religiones afro y quienes rastrean los componentes africanos del Tango, la idea de “África” tiene un sentido difuso, incluso entre los “expertos”. Este sentido, inculcado a partir de una escasa atención en los distintos niveles de la enseñanza, se ha ido alimentando últimamente desde los medios masivos de comunicación. No se trata de un fenómeno particular de la Argentina: en muchos otros países, África también ocupa el lugar de la miseria, la pobreza y las endémicas guerras denominadas tribales. Difícilmente haya espacio entre los párrafos del sensacionalismo, para explicar la genealogía de al menos algunos problemas africanos. Por cierto: no son pocos los que han dedicado esfuerzos para combatir las diferentes versiones del racismo, incluso aquellas disfrazadas de corrección política. En vistas de acontecimientos como este, podemos decir que el éxito de esta lucha es al menos parcial. La generalización, en el caso del discurso de algunos periodistas, es funcional a las formas más primitivas del evolucionismo decimonónico – un paradigma que, si bien obsoleto y errado, no deja de tener asidero entre algunas corrientes de la psicología genética, en algunas versiones de la historia comparada y en determinados ámbitos del servicio diplomático.

Para el caso de Argentina, a esto se le suman dos problemas: un pretendido mito que, en lo fundamental, sostiene que en Argentina no hay discriminación racial hacia los negros, y un espeluznante desconocimiento sobre la compleja realidad africana. Estos dos problemas operan para construir lo que las distintas disciplinas que estudian la historia de la cultura llaman escencialismo. Así, habría una esencia africana que sirve de “resumen” para explicar “cómo es el africano”. Es a partir de esta construcción ideológica de África y los africanos, probablemente, que muchos opinólogos hablan.
Tomemos por ejemplo, el discurso recientemente publicado nada menos que en la primer plana de uno de los principales diarios de Buenos Aires[ el cual – es necesario destacar – no es mas que un ejemplo entre tantos otros. Sorprende su impactante titular: “Entre la miseria africana y la indiferencia feudal”. Ya en los párrafos siguientes, y a propósito de los niveles de desnutrición infantil, el autor se refiere a la capital de la provincia de Tucumán como un ámbito sumido “bajo la sombra de un insoportable tendal de moscas”, donde los empleados públicos recorren las calles “para abrir las bolsas de basura” y donde “los niños mueren de hambre” – tal como sucede “en África”, se infiere lógicamente. Solo faltaría la consabida correlación que para muchos existe entre miseria, calor tropical y vagancia. Lejos de querer discutir estas impresiones, pues nadie duda que los periodistas suelen manejarse a partir de aquello que impresiona (y en Tucumán, efectivamente, hace calor), interesa preguntar: ¿a que “África” se refiere Morales Solá? ¿A Marrakesh? ¿Al pujante y salvaje capitalismo de Johanesburgo? Tal vez se haya querido decir: “una aldea rural en Mali”, o “las afueras de una capital distrital en las islas de Cabo Verde”. En términos geográficos, todo ello entra bajo la categoría Africa. Sólo que las cosas cambian sustancialmente cuando de sociedades se trata.

De cualquier modo, sucede que la generalización se realiza siempre a partir de una imagen fosilizada de África, un África esencialmente miserable. Como si no existiese la diversidad, y como si la miseria en si fuese un atributo de la africanidad.
En este sentido, resulta particularmente lamentable la incapacidad de asumir la propia forma de la miseria. Si se trata de una miseria miserable, como la que padecen muchos argentinos, la comparación se tiene que realizar, de ser posible, con Marte. La miseria en Argentina es tan geográficamente incomprensible como políticamente motivada, fruto de una historia de desigualdades y voces silenciadas. Seguramente las complicidades internacionales hayan sido buenas aliadas de la cleptocracia vernácula, pero no se trata de buscar culpables fáciles o conspiraciones diabólicas. Antes bien convendría empezar por comprender cómo nos construimos a nosotros mismos a interior del envase jurídico territorial que llamamos “nación Argentina”. Quizás esta percepción de la propia sociedad también se asiente en aquél mecanismo esencializador: el de una Nación “europeizada” y “blanca” que recién en Diciembre de 2001 parece haberse dado cuenta de las bases de su propia y corrosiva miseria.

Definitivamente, la miseria en la Argentina existe desde hace tiempo y bajo múltiples formas. La “miseria” de la Argentina – un paraíso alimentario que bien podría abastecer a 300 millones de personas – dista bastante de las poco fértiles mesetas del Sudán meridional. Si se han de comparar Argentina y “África”, habría que señalar que descansan sobre geografías del todo diferentes – lo cual hace de la Argentina un caso especialmente absurdo. Aunque, en cualquier caso, el hambre es ante todo una cuestión política, donde la geografía suele operar como excusa simplificadora de un problema que no admite simplificación.

Nota publicada en Septiembre de 2002 por el diario La Nación como respuesta a una columna de Joaquín Morales Solá