miércoles, 16 de julio de 2008

Vida Negra (2) - Comentarios críticos a la nota de Crítica

El pseuriodismo y “los africanos”: (Nuevos) comentarios críticos sobre la (no tan nueva) nota de la revista del diario Crítica.

Nicolás Fernández Bravo
nhicuf@arnet.com.ar

Una vez más, el periodismo en Argentina descubre que hay negros en Buenos Aires. Como si de un reflejo impresionista se tratara, “describe lo exótico” sin el menor reparo profesional. El pasado domingo 13 de julio, una nueva nota que poca información relevante aporta a las que circunstancialmente aparecen en medios nacionales, aborda el mentado “tema” de la discriminación. Tal vez como fruto de las políticas de la declamación tan en boga en los últimos tiempos, el eje de la nota está puesto en las denuncias por discriminación. “Qué barbaridad”, “algo habría que hacer”, “no se puede creer, ché”, “pero mirá vos!” – parecerían ser la conclusiones a la que se llega luego de su lectura.
La nota publicada por Cicco (ese es su apodo, no hay un nombre real ni un correo electrónico; lamentablemente la nota no está en internet) puede ser cuestionada desde al menos tres perspectivas: la periodística, la documental y la antropológica. En este ejercicio de taxonomía argumental, estoy dejando por fuera la valoración estilística del uso del lenguaje periodístico.
Periodísticamente hablando, entiendo que una nota de una revista dominical debe dar cuenta de aquellos temas de actualidad que, por su tratamiento o por su grado de inmediatez, ameritan un enfoque diferente (¿profundo?) de la noticia convencional. No obstante, es considerable pensar que una revista dominical “toca” temas de actualidad. Una comparación de las principales notas de la revista, aporta los siguientes datos: en su edición del 13 de julio se publicó una nota sobre un ex carcelero de la guerrilla colombiana (asociada a la reciente liberación de Ingrid Bettancourt), un reportaje a Gastón Gaudio (deportista de actualidad a punto de volver al circuito internacional de tenis), y una crónica sobre el aprendizaje del manejo de automóviles en Buenos Aires (temática asociada al elevado número de accidentes y muertes en la vía pública).
En este sentido, una nota sobre la discriminación hacia las y los afro-descendientes e inmigrantes recientes, debería estar asociada a alguna forma de actualidad. Podríamos inferir que la noticia es que “hay negros en la Argentina”, o bien que “hay discriminación”. Dado que como novedad es poco novedosa, la nota se ubica entre el periodismo de investigación y la actualidad. Resulta paradójico que frente al hecho tan evidente de la visibilidad (que da origen a la nota) y el accionar diverso de la diáspora africana (en el campo político como luchadores, en lo económico como agentes, en lo cultural como artistas y en lo pedagógico como maestros y educadores), la nota sea recurrente en la “invisibilidad” y en la “denuncia”. Como si no hubiera escuelas de danza afro, organizaciones de afro-descendientes y negocios desarrollados por africanos. Pareciera ser que, cuando los negros participan activamente de la esfera pública en festivales, conferencias, educación, negocios, debates, etc., la noticia es que el vecino de la esquina le dijo “negro de mierda”. Las novedades asociadas a mundo africano parecieran ser, por naturaleza, “afro-pesimistas” o “afro-victimizantes”.

Del mismo modo, resulta un tanto ingrato retratar a una personalidad de la envergadura y la trayectoria de María Magdalena Lamadrid, a partir de la violencia con la que – en 1969 – ubicó de un puñetazo a una “coqueta señora” que le había proferido un improperio cargado de racismo. La violencia amerita un abordaje adecuado. Sin un tratamiento serio, la violencia cae en los lugares comunes que tanto mal le han hecho a los negros en todo el mundo. La lectura de clásicos como Frantz Fanon y de intérpretes contemporáneos como Homi Bhabha, podrían aportar algunas ideas para explicar las razones históricas de la violencia social en función del color de la piel, sin tener que recurrir a anécdotas menores sobre situaciones discretas (mucho menos en letra de molde). Este modo de ver las cosas termina por generar un círculo de violencia entre vecinos y vecinas, sin que la responsabilidad se retire de la escena doméstica-tribal. Nunca es tarde para recordar que el genocidio de Rwanda, que en 1994 cobró la vida de aproximadamente 1 millón de personas, fue retratado por los más prestigiosos medios internacionales, como “una guerra entre tribus de negros”. La explicación del proceso histórico que condujo a esta situación, (de la que participaron europeos, africanos y asiáticos) como la matriz de pensamiento que primó en las decisiones que llevaron a la comunidad internacional a retirarse de la escena en el momento de mayor violencia política, estuvo radicalmente ausente: invisible. Está claro que el periodismo irresponsable no es el único actor a señalar en casos extremos como este, pero las personas que toman decisiones también viven en familias que toman el desayuno en sus casas leyendo revistas dominicales.
Luego de leer la nota, parecería ser que las principales acciones realizadas por las organizaciones, agrupaciones e individuos africanos y afro-descendientes, han sido: 1) la queja y 2) el lamento. Un periodista profesional debe manejar el arte de preguntar y no conformarse con los datos según se presentan ante la impresión de sus ojos, dado que – afirman periodistas rigurosos como Kapuscinski – la realidad suele ser más compleja de lo que aparenta. De lo contrario, la función social del periodismo – esto es, informar – más bien alimenta los estereotipos que tanto parecen irritarle al periodista en cuestión. Conviene entonces preguntar quién queda como el culo en una revista de este tipo: si la clase dirigente que pretendió desarrollar un modelo de sociedad en el contexto histórico del evolucionismo social, o si un periodista “comprometido” con un “análisis trasgresor” de nuestros próceres… 150 años después.

Es prácticamente parte del sentido común progresista cuestionar los modelos sociales del siglo XIX, incluso con las herramientas combativas de la actualidad, como la palabra. Pero también es importante saber los riesgos que supone el uso alegre de comentarios historiográficos en una revista dominical. Una adecuada lectura de Las Bases de Alberdi o el Facundo de Sarmiento, permitiría un análisis algo más interesante de su legado que un conjunto verborrágico de insultos hacia individuos que – no debemos olvidar – ni siquiera están en condiciones de enviar una carta de lectores.
Si se tratara de un análisis histórico (y aunque el periodismo no lo sea), al menos se deberían citar fuentes que permitan minimizar el uso de apoyaturas oscurantistas tales como “se calcula” o “aparentemente”, por mencionar algunas. Rigurosidades de este mismo tenor son las que han permitido afirmar, sin el menor reparo, que “se calcula que todos los negros son bastante primitivos”, o que “aparentemente están más cerca de la naturaleza, como tantas otras tribus”. A veces parece que el periodismo construye la realidad sobre la base de “me dijeron de que”, “parece de que”, “escuché que escucharon que alguien escuchó de que”. Si es este campo argumental que se pretende cuestionar, es importante hacerlo de modo tal que la crítica emplee una lógica diferente. El uso de adjetivos calificativos como “racista garca que los trata como el ojete”, aunque parezcan envalentonados por la toma de partido, bastante poco contribuyen a explicar los motivos por los cuales los mecanismos de discriminación se generaron, y se reproducen en la actualidad.
De todos los juicios de valor presentes en la nota, el comentario sobre la visión “light” acerca del racismo, es la que tal vez amerite mayor atención. Denominar “light” a la lucha coherente y comprometida desarrollada por Víctor Bille en los últimos 13 años en la Argentina, es poco más que una falta de respeto. Lo grave es que, desde el poder que otorga escribir desde un medio masivo de comunicación, Cicco identifica a personas que desconoce con adjetivos calificativos inadecuados. Y eso trae consecuencias. Escribir palabras contundentes como “mierda” o “hijos de puta” genera una sensación de fuerte compromiso (probablemente sea más cómodo que poner el cuerpo, sabiendo del compromiso real que demuestran algunos periodistas con ciertos temas el día después de la edición de su nota) que debería contrastar con el liviano hecho de haber dedicado esfuerzos sobrehumanos para construir espacios en los que la conversación, la solidaridad y el respeto – y no el legítimo resentimiento – sean el motor del diálogo con la diversidad humana. Me pregunto si el periodista considera que su nota es “strong”, o si ser uno de los pocos interlocutores serios del poder político en un campo complejo es una función secundaria.
Desde un punto de vista antropológico, los comentarios sobre los patrones de migración, los estereotipos nacionales, sus gentilicios y el uso de las fuentes a partir de información oral, no hacen más que remachar el mismo clavo que se pretende cuestionar a base de improperios. Investigadoras como Marta Maffia (la diputada que estuvo trabajando desde la Legislatura para encontrar una solución al problema del desalojo del Movimiento Afro Cultural se llama Diana y se apellida Maffia), han demostrado lo complejo de los patrones migratorios actuales, los cuales hacen difícil inferir generalidades sobre las características de los migrantes contemporáneos – y mucho menos sobre sus sueños. Otras investigadoras de África contemporánea, como Marisa Pineau y Luciana Contarino, han invertido mucho tiempo en la formación académica para desmitificar el esencialismo que asocia nacionalidades, etnias y tribus, a comportamientos homogéneos. Si bien la coyuntura del mercado de trabajo y las redes sociales facilita que muchos senegaleses vendan artesanías y otros tantos nigerianos usen su inglés para conseguir un empleo, es un tanto peligroso afirmar que “cada africano tiene su especialidad”, y que por lo tanto “suelen” trabajar de esto o aquello. Sería equiparable a afirmar que los nativos de periodistilandia que no tienen una especialidad, suelen escribir sobre temas que no les interesan y disimulan su desconocimiento con palabras contundentes.Por último, es importante volver al rol social de los periodistas, que es diferente del rol de un dirigente político o el de un investigador. Formar opinión es una tarea de tal responsabilidad, que debería existir un mecanismo para medir las consecuencias de un mal ejercicio de la profesión, del mismo modo que un médico debe dar cuenta ante la mala praxis. El campo africanista es un excelente ejemplo del daño que el periodismo sensacionalista les ha causado no solo a los africanos, sino a la humanidad en general que, sedienta de curiosidad y exotismo, ve a un persona (reparemos en el concepto: persona) cuya piel es negra u oscura, y comienza a desarrollar una larga serie de fantasías. Las opciones podrían ser distintas: ver a una persona diferente y ser hospitalario, ver a un africano e imaginar su valentía, ver a una hermosa mujer negra y suponerla ingeniera, encontrarse con un inmigrante y preguntarle si necesita una mano para entender a una sociedad contradictoria hasta la exasperación como lo es la Argentina. Pero no: parece que los africanos se encuentran condenados a ser reproducidos por el sentido común de izquierda a derecha. Revertir esta situación o denunciar su injusticia (ese parecería ser el objeto de la nota de Cicco) es una tarea casi tan importante como informar su existencia.
El contexto del desalojo del Movimiento Afro Cultural, al cual se dedica pobremente el último de los párrafos, así como también la falta de idoneidad para señalar las coincidencias entre los distintos grupos y personas entrevistadas o las distintas acciones inteligentes y creativas que se desarrollan a diario, deberían ser parte de una buena estrategia de información, responsable y comprometida. Eventualmente podría aportar al contenido de una noticia interesante sobre aquello que hacen los negros, que se deslice suavemente desde el lenguaje del padecimiento hacia el de la acción. Es (nuevamente) una pena que siete hojas con texto e imágenes se hayan vuelto a desperdiciar para informar que hay discriminación en la Argentina. Y nada más.

Nicolás Fernández Bravo es antropólogo y docente de historia contemporánea de Asia y África (UBA). Fue director de la oficina del Centro Carter en Mozambique y trabajó en el campo de los derechos humanos en Mozambique, Angola y Sudáfrica. Actualmente asesora al Movimiento de la Diáspora Africana en la Argentina.


martes, 15 de julio de 2008

Vida Negra - Nota sobre personas afro- en la revista del diario Crítica


Doble click en las imágenes para agrandarlas y leer la nota




Fuente: revista del diario Crítica del domingo 13/7/2008

lunes, 14 de julio de 2008

Obama Musulmán


Polémica La ilustración de portada de la revista The New Yorker muestra al candidato demócrata vestido como musulmán y a su esposa como terrorista. El director afirma que es una sátira de las tácticas de miedo y desinformación de los grupos de ultraderecha (Foto: AP )

Califican de ‘insultante’ caricatura sobre Obama
Rechaza el equipo de campaña del candidato demócrata la sátira donde muestra a Barack de musulmán y su esposa como una terrorista
AP
El Universal Washington, D.C.
Lunes 14 de julio de 2008

El equipo de campaña de Barack Obama dijo que la portada más reciente de la revista New Yorker, donde aparece la caricatura del candidato presidencial demócrata vestido de musulmán y su esposa como una terrorista ''es insultante y de mal gusto''.
En el dibujo, Obama aparece vestido con ropas musulmanas tradicionales en tanto su esposa, Michelle, está vestida con ropa de combate, botas y un rifle de asalto. El decorado de fondo es la Oficina Oval de la Casa Blanca. En la chimenea arde una bandera norteamericana y encima de una repisa hay un retrato de Osama bin Laden.
La ilustración del número, que llegó el lunes a los quioscos y titulada ''La política del miedo'', fue hecha por Barry Blitt.
''The New Yorker puede pensar, como nos explicó uno de los miembros del personal, que la portada es una sátira de cómo los críticos de la ultraderecha han tratado de caracterizar al senador Obama'', dijo Bill Burton, vocero de la campaña del senador por Illinois.'
'Pero la mayoría de los lectores la consideran insultante y de mal gusto. Y estamos de acuerdo con eso'', agregó.Una vocera de The New Yorker no devolvió de inmediato una llamada de The Associated Press para que formulara comentarios.El director de la revista, David Remnick, dijo en un comunicado al periódico The Daily News en Nueva York que quedó sorprendido por la reacción.
La portada ''combina una serie de imágenes fantásticas acerca de los Obama y muestra las obvias distorsiones (de esas imágenes)'', dijo.''Parte de lo que hacemos es una sátira. Y la intención es ventilar asuntos de manera pública, poner un espejo que refleje el absurdo'', señaló Remnick.Tucker Bonds, vocero de la campaña del candidato republicano John McCain, se mostró de acuerdo en que la portada era ''insultante y de mal gusto''.

viernes, 11 de julio de 2008

Fiebre Negra - Nuevo libro de ficción sobre los afroargentinos

Como dije hace poco, el interés por los afroargentinos va en aumento. Acaba de aparecer una novela que narra el romance entre una niña blanca y rica y un negro liberto en la Buenos Aires del siglo XIX. Todavía no lo leí pero celebro su aparición. Al menos un libro de ficción que se toma el tema en serio...


Sobre la historia:
Diana es una joven antropóloga heredera de una vieja casa de Monserrat, en el casco histórico de Buenos Aires que luego de adentrarse en los misterios de una de las construcciones más viejas de la ciudad, descubre la existencia de un pequeño cuarto, tapiado, en el que encontrará variados objetos y cientos de hojas dispersas por el suelo. En ellas podrá leer los fragmentos que irán poco a poco revelándole el origen de un insólito hallazgo. Deberá remontarse casi 200 años atrás para comprender la historia de Valeria y Joaquín, y a través de ese vínculo, la suerte que corrieron los negros de Buenos Aires, que llegaron a ser más del 30 por ciento de la población y que hoy, según la historia oficial, han desaparecido.
Joaquín, un negro liberto, hijo de esclava, y Valeria, blanca, rica, hija de los amos, nacen el mismo día de 1820, en la misma casa. Muy a pesar del entorno, compartirán muchas cosas más que la fecha de nacimiento. Desde la teta de Angelita, la madre de Joaquín, que amamantará a ambos, hasta el aterrador febrero de 1871 en el que Buenos Aires se vio azotada por la epidemia de fiebre amarilla. Durante todos esos años, jamás dejarán de buscarse a tientas, sin saber cuál era el nombre de la relación que pudiera unirlos. En el medio de la pampa amarilla y desértica, Valeria estará en manos de Joaquín ante el ataque de una jauría de perros cimarrones y pocas horas más tarde, será Joaquín el que esté en manos de Valeria a la hora de pagar las consecuencias. Juntos descubrirán el pantanoso suelo de Buenos Aires, el perezoso río, y también sus cuerpos. Juntos descubrirán las utilidades e inutilidades de las letras, el rigor del frío y de la guerra y los mandatos del amor y el desamor.
Diana, con las múltiples sorpresas que le deparará la exploración de su casa y de su alma, irá reconstruyendo la oscura historia de sus antepasados. Así, todas y cada una de las afirmaciones que justifican tanto la desaparición de los negros de la escena demográfica argentina como la supuesta benignidad de la esclavitud en el Río de la Plata irán revelándose como falsas o parciales.

Adelanto

1820
Ni el retumbado paso de seis bueyes, ni el crujir de toda la carreta, ni el griterío de cuanto muchacho tuviera algo para vender en esa agitada tarde de Buenos Aires, pudo disimular el insulto que, insistente y monocorde, bajaba desde los altos de Beltrán. El carretero se puso en puntas de pie y estiró el cuello para espiar. Pero del balcón no asomaban más que cuatro palabras.
–Puta que te parió, puta que te parió, puta que te parió...
A pesar de la franca segunda persona, el doctor Reihan no se daba por aludido y seguía pidiéndole a la joven señora, con voz tierna, pero firme, que pujara otro poco. Su ayudante, en cambio, apostado en la ventana, sintiendo quizá el pudor que su jefe no sentía, se inclinó hacia la calle para ver, como si de veras cayeran, dónde caían las palabras. No vio más, sin embargo, que unas cuantas cabezas cubiertas por empanadas, ropas o sombreros, y una carreta persiguiendo al sol.A ambos lados de la cama, dos niñas negras sostenían una manta cubriendo las piernas de la señora de Beltrán, quien, de a ratos, cerraba las rodillas hasta casi juntarlas, queriendo aplastar el dolor. Repitió ese gesto, respiró hondo para sostener su insulto, y cuando separó de nuevo las piernas, el doctor Reihan se puso en cuclillas, y miró los progresos por debajo de la manta: ahí estaba la cabeza de la criatura, palpitante y sangrienta, como el corazón de una vaca recién carneada.
–Vamos, señora, vamos que ya viene –dijo el médico.
–Vamos, amita –alentó también una de las negras.
–Dale, Raquel –se sumó Ludovica, dama de compañía de la señora de Beltrán, que no obstante su edad adulta, parecía carecer de toda experiencia reproductiva, cosa que había quedado de manifiesto hacía un rato, cuando le sugirió al doctor Reihan suministrarle a Raquelita un infalible jarabe laxante de preparación casera. Con ingratitud, con algo de rudeza incluso, el doctor la había mandado a sentarse al rincón, en donde, hasta recién, se había mantenido en silencio.El ayudante se acercó con un paño empapado y lo apretó contra la frente de la señora. Ella, algo aliviada, lo miró sin dejar de putear, y de pronto, como si le hubieran arrebatado las entrañas, con los ojos desenfocados, y aunque sin variar una sola letra, aumentó el volumen de las cuatro palabras hasta llevarlas a un grito ensordecedor que sin embargo no dio a luz. Las venas de su cara casi infantil, siempre fresca, ahora parecían el mapa de un delta. Sus manos se aferraron a las manos de las niñas con violencia. La manta cayó y contorneó la media esfera de su panza. El doctor la descubrió en seguida. La cabecita seguía allí.
Raquelita respiró profundamente y pareció calmarse. Miró uno a uno a todos los presentes, preguntándose cuál de ellos podría ayudarla a vencer el dolor y la impotencia. Hubiera querido que don Arturo Beltrán, su esposo, estuviera allí. Pero él hacía negocios en el puerto, lejos de las vicisitudes del parto.
–Niñas –dijo por fin–, llamen a su mamá.Ambas corrieron escaleras abajo, volaron por el pasillo, salieron al patio, y justo cuando estaban a punto de llamar a su madre, se dieron de narices contra el grito:
–¡¡¡Angelitaaaaa!!!
En el cuarto de los criados, asistida por el negro Matías y el pardo Petriel, Angelita también estaba a punto de parir. Había sentido la llegada de su hijo en plena preparación de la cena. Petriel, que la había ayudado a cruzar el patio hasta la pieza, no tuvo tiempo ni de soltar el cuchillo, prueba de lo cual era ese trocito de cebolla adherido a la hoja.
Angelita, en cuclillas, sostenida por los dos hombres, pujaba sin apretar las muelas ni fruncir el rostro, sintiendo en el vientre el dolor de la vida con la misma naturalidad con la que un corcel sableado, las patas ya rendidas a la tierra, conoce el dolor de la llegada de la muerte. Si quería sospecharse que esa aparente displicencia no era tal, había que mirarle la córnea, que se enrojecía bajo sus párpados oscuros, atravesada por una tormenta de sangre. Por lo demás, el cuarto, sin ventanas, daba al este, y a esta hora, la ínfima luz que entraba por la puerta, apenas alcanzaba para distinguir las negras sombras de los esclavos, con lo que no valía mucho la pena andar retorciendo los gestos.
Aun así, concentrada en su propio parto, Angelita no había podido librarse de la correa que ataba su oído a la voz de la señora de Beltrán: había escuchado cada lamento por el dolor de las contracciones, la orden para que llamaran al médico, la pronta llegada de Reihan y todas las emisiones de las invariables cuatro palabras de su insulto.
Cuando Angelita advirtió que el parto de la señora venía en serio, también empezó a putear. Su insulto, sin embargo, no era indefinido. Ni monótono. Tenía por destinataria a la mocosa mal nacida de su patrona. Y cuanto le faltara de sonoro, puesto que nunca había excedido el murmullo, le sobraba en metáforas, originalidad y menosprecios de todo calibre. Estaba convencida, lo había estado durante meses, de que el parto de la señora llegaría quince o veinte días después del suyo, el cual, por lo tanto, habría de tener en paz.
Pero el rugido de su nombre en el patio le atoró el alumbramiento. Cerró los ojos, alzó apenas los pómulos y llamó a sus hijas para ordenarles que subieran y le suplicaran a la señora quince minutos de tolerancia. Ellas no respondieron ni con la boca ni con los pies. Seguían allí, paralizadas por el grito.
–Andá vos, Matías –dijo Angelita–. Decíle a la mocosa que estoy pariendo, que voy en quince minutos.
Cuando el negro Matías fue, como es lógico, la soltó. Y ella, atenta como estaba a desenredar el nudo que se le había hecho entre las piernas, casi se va de costado al suelo. Apoyó la palma de la mano en la pared, y abrió los ojos para mirar a ningún lado. Tenía que imaginar algo lindo para serenarse, y eso lo hacia con los ojos bien abiertos. El paisaje de su interior no la calmaba. Durante el tiempo que tardó Matías en tartamudear el encargo, Angelita se imaginó entrándose en el río, somero por cuadras y cuadras, hacia un barco francés, y con su hijo, su nuevo hijo, prendido de su cabeza. El capitán le tendía la mano para ayudarla a subir. Era su esposo. Ella le preguntaba cómo podía ser, si le habían dicho que había muerto. Y justo cuando él empezaba a explicarle que todo había sido una confusión, el patio volvió a tronar:
–¡Que suba! ¡Que suba esa negra puta!
El joven ayudante de Reihan salió con Matías y ofreció su asistencia. Angelita, que había escuchado perfectamente la respuesta, juntó las rodillas, las dobló como para sentarse sobre una invisible silla y se dejó guiar por las niñas y el pardo Petriel. Le dio pena por su hijo, que no iba a poder darse el gusto de ser el primero en probar su leche. En el medio del patio se sumaron Matías y el ayudante, y entre todos la arrastraron por la escalera. Las lágrimas, prohibidas para sus ojos, empezaron a reventar por los poros de la cara, entre los labios, por la nariz.
Ya faltaban dos pasos para la habitación de la señora pero Angelita se estremeció y el grupo detuvo la marcha. La negra abrió la boca para dejar salir un huracán de aire contenido, en el que viajó también una exclamación ininteligible, y se agachó, juntando sus manos, para atajar su propia cría. Después cayó sobre sus nalgas, colchón generoso, y quedó de frente a su hijo. Era, como lo había soñado, un varón.
–Joaquín –dijo Angelita sin pensarlo y sin saber de dónde había sacado ese nombre.
–Es varón –dijo Azucena, y su voz fue tapada por la de Joaquín, que en ese mismo instante se largaba a llorar con una fuerza negra.
–Cortá acá, Petriel –pidió Angelita, despabilada por un nuevo llamado de su patrona. Petriel se apresuró a limpiar la cuchilla en su grasienta pechera de cocinero, quitando por lo menos el trocito de cebolla, y apoyó el filo sobre el cordón umbilical, más cerca del niño que de la madre.
–Cortá, flojazo –repitió Angelita.
–Espere, tenga –dijo el ayudante de Reihan, que había entrado a la habitación en busca de instrumental más adecuado y menos sucio. Petriel maniobró con torpeza el bisturí y cortó el cordón, con lo que Joaquín redobló el volumen de sus vagidos. El ayudante estaría pensando una excusa por si el doctor descubría el préstamo. Angelita, sin tiempo para palidecer ni para quejarse, envolvió a su hijo en una mantilla y se lo dio a Azucena, quien, orgullosa de la capacidad pulmonar del nuevo hombre de la familia, intercambiaba miradas y sonrisas con su hermana.
¿Sería eso nacer liberto? ¿Poder llorar a grito pelado y en la mismísima puerta del cuarto de la patrona? Azucena había nacido bien esclava, una década atrás, y Julia, la menor, de siete años, le había errado a la Asamblea del 13 apenas por un mes.
La señora de Beltrán, que en abierta competencia con Joaquín no había dejado de gritar un solo segundo, enmudeció al ver aparecer a Angelita y la miró con odio todo el tiempo que tardó en volver a hablar. Reihan aprovechó la pausa para secarse la frente y su ayudante para mojar la de la señora, que lo empujó. El ayudante miró el trapo húmedo, recordó su infracción y salió al pasillo para sacarle el bisturí a Petriel. Lo limpió todo lo que pudo, y antes de volver al cuarto, se lo metió en el bolsillo.
–¿Por qué no me dijo que dolía así, negra mala? –dijo la señora de Beltrán agarrándose al brazo de Angelita.
–Por negra y por mala, señora.
–¿No me va a salir?
–A ver –Angelita, sin soltarse de su ama, se inclinó hacia un costado y miró al ras de los muslos–, pero si ya casi está, tire para afuera, jovencita.
La patrona obedeció, enrojeció, apretó los dientes, se llenó de sudor y con el último suspiro, empezó a putear de nuevo.
–¡Ah, no! –dijo Angelita mostrándole la marca que le había dejado en la muñeca–. Usted está haciendo fuerza en los brazos, en los pies, así no –alzaba la voz, a medida que hablaba, para tapar el escándalo de su propio hijo, que la reclamaba desde los brazos de Azucena–. Haga fuerza en el vientre nomás, ponga las ganas ahí y del resto olvídese.Raquelita de Beltrán la miró esperanzada. –¿Listo?
–Creo que sí –dijo Raquelita.
–Entonces puje y haga nacer esa criatura de una buena vez.
Raquelita distendió sus brazos y algo se estremeció dentro de su hinchado cuerpo. Le temblaron los labios, le brotó una lágrima y soltando un gran berrido de dolor, pujó para expulsar casi todo el bebé. Antes de desvanecerse, alcanzó a sentir las manos de Reihan llevándoselo.
La primera sensación que experimentó el nuevo ser fue, quizá, la cercanía del rostro de Reihan husmeando entre sus piernas diminutas, lo cual bastó para irrumpir en un pavoroso llanto.
–Una niña –anunció Reihan.
Difícil habría sido escucharlo con dos bebés llorando juntos. Pero por suerte, Joaquín, desde el mismísimo instante en que esta nueva Beltrán lagrimeó su arribo, guardó el más completo silencio.
Addenda de Nicolás Fernández Bravo:
"El libro de Miguel Rosenzvit tiene muchos méritos, pero el principal es literario. Crea una atmósfera sorprendentemente colonial y cercana, estableciendo una continuidad histórica muy lograda. El tratamiento ambiguo de la categoría negro y su progresivo deslizamiento valorativo en el tiempo, también son reflejo de un meritorio acompañamiento documental de una novela que, no obstante ficcional e histórica, no cae en las trampas de las "novelas históricas" habituales. El personaje de Diana tal vez esté un poco estereotipado, quizá por tratarse de una persona extremadamente real y casi te diría que cercana... y amiga mía!
Felicitaciones,
Nicolás Fernández Bravo "

miércoles, 9 de julio de 2008

¿Danzas de segunda?

Este es el aviso que salió en Clarín hace poco con la información sobre los cursos en el Rojas. Todos o muchos saben que el Centro Cultural Ricardo Rojas fue instrumental para que la danza afro, la capoeira y otras manifestacines culturales afroamericanas se expandieran por la ciudad. A finales de la década de 1980, gracias a los esfuerzos de Yoji Senna y de José Acosta Martínez, se instituyó un Area de Culturas Afroamericanas en la cual los profesores pioneros de estas artes encontraron un lugar para transmitir sus conocimientos con cierta continuidad y tranquilidad. Cuando Yoji se fue, Isa Soares quedó al frente del área que unos años más tarde, quizás por la segunda mitad de los 90s, se descontinuó.
De ahí en más toda la parte afro quedó agrupada bajo "danzas étnicas".
Ahora, mirando el aviso con cierto detenimiento (ver abajo), nos podríamos preguntar por qué la danza butoh, el tai chi, el yoga no son "danzas étnicas"?, (también si el tai chi y el yoga son "danzas", pero bueno, esa es otra cuestión....).
Será que las danzas o artes orientales son lo suficientemente valoradas como para ser consideradas universales (valiosas más allá de su pertenencia a un grupo o a una nación)? Algo que claramente no sucede con las de origen afro, que quedan en un segundo nivel: "danzas étnicas". Las manifestaciones culturales orientales ya se han legitimado lo suficiente como para pertenecer a la "alta cultura", mientras que las africanas pertenecen a la "baja cultura".
Juegan en Primera B como les sucede a las religiones de origen africano. Las religiones están aún peor, ni siquiera son ubicadas en un segundo nivel, directamente parece que no jugaran al mismo juego (son "sectas", "brujería", etc) ...
En esta ocasión el hip hop también es ubicado dentro de las "danzas", pese a su obvio origen étnico. Será porque pese a sus conocidas raíces afro se originó en el primer mundo, es demasiado moderno, o que ya se ha globalizado lo suficiente..,.
(Y si, también nos podemos preguntar por qué el tango y el folklore tampoco son "danzas" hechas y derechas.... quizás hay algún motivo administrativo, pero convengamos que este tipo de cosas contribuyen a naturalizar la inferioridad de algunas manifestaciones culturales respecto de otras. El que no lo crea así, bueno, es hora de pensarlo.....)

martes, 8 de julio de 2008

¿Religiones de segunda?

La reflexión de la mae Susana Andrade de Oxum es tan válida para Uruguay como para Argentina. El "diálogo interreligioso" en nuestro país se da principalmente entre católicos, judíos, musulmanes y ocasionalmente protestantes históricos, dejando fuera a los millones de argentinos evangélicos, pentecostales, umbandistas, espiritistas -practicantes de religiones de segunda, demasiado encantadas para este mundo "moderno"-.



Las religiones todas deben conversar para bien de la humanidad

Por Susana Andrade

Hace mucho que los afroumbandistas uruguayos reclamamos un diálogo interreligioso inclusivo y abierto donde los participantes expongan sus perfiles sin cortapisas. En el entendimiento o en el disenso, es necesario conocernos y reconocernos en las diferencias con las distintas visiones espirituales que habitan nuestro país. ¿Quién teme a la pluralidad?
He dicho y sostengo que en el tema religiones, la participación de dos o tres, se parece más a una confabulación que a un coloquio. En Uruguay no hay verdadero diálogo interreligioso, lo digo con propiedad. Hoy conversan judíos, católicos y algunos evangélicos. Trabajar juntos para mejorar el mundo sería urgentemente necesario, sin embargo por aquí falta la voluntad política de las llamadas grandes religiones. Así dadas las cosas, y por más que se diga tener las mejores intenciones, la realidad es que hay discriminación donde se debiera dar ejemplo de solidaria hermandad. Si “de la abundancia del corazón habla la boca” como dicen los evangelios bíblicos, el diálogo entre congregaciones diferentes sería una esencial expresión de amor por la humanidad. No es concebible que alguien diga arbitrariamente este sí y este no, dada la hora de unirnos para ayudar al bienestar colectivo mundial, pues por el fin buscado, necesariamente deben estar presentes los diversos perfiles de creencias, ya que será poco creíble un mensaje de paz originado desde el no respeto por los caminos que ofrecen las opciones religiosas integralmente consideradas.
¿Es que aún no hemos adquirido las comunidades creyentes, la suficiente madurez humana y espiritual como para intercambiar conceptos e ideas prácticas en beneficio de la sociedad que habitamos? Planes de salud cívica se verían magníficamente potenciados en el hacer conjunto.
El racismo estructural determina que existan en la actualidad credos de primera y segunda categoría. ¿Es eso justo? ¿Puede provenir de algún dios? Igualmente, toda verdad relegada se abre paso.
Tal vez las religiones provenientes de los países colonizadores de América por temor a perder endémicos privilegios, se resisten a ceder espacios de poder perpetuados en la conciencia popular a fuerza de presencia permanente en los medios de comunicación y poderío económico. Sin embargo, los tiempos exigen miradas interiores sinceras tendientes a conversar profundamente y sin exclusiones para optimizar energías en provecho de la gente. De lo contrario corremos riesgo de acrecentar la pérdida de valores de convivencia, el descontento y las desigualdades que inevitablemente engendran violencia. Combatir la pobreza humana y espiritual es misión natural inherente a las religiones.
Tomando decisiones consensuadas es y será posible combatir flagelos que anegan de injusticia las naciones mestizas del tercer mundo, por ejemplo, resulta imperioso deplorar masivamente desde la espiritualidad, la infame ley inmoral y xenófoba que criminaliza la inmigración, votada recientemente por el parlamento europeo.
La necesidad de dialogar está ampliamente demostrada en emprendimientos internacionales, de los cuales tal vez el más trascendente sea el Parlamento Mundial de Religiones donde participan todas realmente.
No casualmente, el gobierno de la Intendencia montevideana tiene un compromiso refrendado en la promoción del diálogo interreligioso, como forma de revalorizar los grupos de creencias marginados por su origen afroindígena, en el Plan de Acción de la Coalición de Ciudades Lastinoamericanas y Caribeñas contra el Racismo promovido por UNESCO en el 2006 y de la cual nuestra Montevideo es líder y capital iberoamericana desde el año pasado. En el Compromiso 8 parte final de dicho plan dice: “Promover el respeto en el ejercicio de las manifestaciones religiosas y el diálogo interreligioso.” Instruir: “Programas de promoción para el diálogo interreligioso.” La comuna central del país sería un inmejorable convocante y moderador en estas lides y a estar por lo allí firmado, ha empeñado su palabra en hacerlo. Entusiasta batalladora de la convicción de lo que no se ve, espero con optimismo ver llegado pronto el momento de tomar vida la fría letra normativa, dando señal pública del compromiso encarado hacia el reparto plural de las oportunidades, tendiente a la construcción de ciudadanía a través de promover mecanismos útiles a la cohesión social.
Si bien en la religión está implícito lo sectorial, el mundo existe en función de las diferencias y eso no obstaculizará grandes confluencias que tenemos la responsabilidad de fomentar. Y esto no se logra si hablan solo dos o tres, pues al faltar la perpectiva de los excluidos se empobrecerá el debate, y lo que es peor, perderá credibilidad. El hecho es que si de verdad se trabaja por el pueblo, hay que incluir sus variadas tendencias filosóficas y espirituales, de lo contrario se predicará con ejemplo divisionista y no de seria intención de unión.
Lamentablemente, no somos los practicantes de las religiones nativas y minoritarias los habilitados para tomar iniciativa pues hemos dado señales claras de nuestra disposición a dialogar y nunca encontramos eco.
Enérgicamente y por la situación de nuestro país y del mundo, ruego, exhorto, reclamo o como quieran llamarle, que ágilmente se entable un diálogo interreligioso oficial en el Uruguay.
El idioma y la espiritualidad, son las dos piernas sobre las que el hombre se yergue y camina hacia su destino, se proyecta como ser social y crece en comunidades de valores.La identidad religiosa es un potente componente nacional que no debe ser subestimado a la hora de aplicar políticas que involucren actores fieles a un culto equis. Muchas veces los legisladores al hacer leyes, obvian las libertades espirituales que luego se ven recortadas, siendo una necesidad para la gente el uso y disfrute constitucionalmente consagrado de sus derechos culturales, entre ellos la fe.Pensemos en la fraternidad que aleja el egoísmo, cuidemos los valores de convivencia en paz y buenas costumbres. El concepto de tolerancia es caduco, implica jerarquías, rangos, grados, comparaciones. Sobre bases de desigualdad no podremos construir un mundo de beneficios paritarios y de justicia social. Tengamos respeto más que resignación y démonos oportunidad de conocer al otro para alejar los miedos que nos ghettizan. Apliquemos el verbo amar.

lunes, 7 de julio de 2008

Sobre Exú....

El pai Milton de Xangô de Montevideo tiene, como ya dije, la virtud de poner en palabras lo que muchos (algunos, al menos) pais o maes de santo piensan o saben de su religión, pero que llegan a transmitir principalmente a través de la performance ritual o mediúmnica.
El don de la palabra escrita, desafortunadamente, no nos es dado a todos. El de la lectura, sin embargo, nos permite acceder a materiales valiosos que sin duda nos ayudan a desprendernos de pre-nociones y pre-juicios sobre determinadas prácticas religiosas.
Quienes quieran entender mejor quiénes son los Exús de Kimbanda (los kimbandas, como le gusta decir al pai Milton) deben leer las descripciones abajo. Y comprar Dueños de la Encrucijada, claro, libro sobre el que ya hablamos bastante en el blog.


Exú Tranca Rua das Almas

Rayo de luz en medio de la oscuridad

El señor que me acompaña, el que va conmigo pero delante de mí, el que el 1 de noviembre de 1977 se instaló en un asiento de piedra e hierro junto a la Rainha das Almas, el amigo, el confidente, el camarada... El que me cuida y nos cuida, el que nunca ha negado su mano generosa y ha enseñado -y enseña- a conducirse en un mundo donde parece haberse perdido el equilibrio de valores...
El que es tan sencillo que parece grande, y tan grande que resulta ser sencillo de entender y querer.
El que siempre tiene tiempo de escuchar y cosas para decir; el que cada día me sorprende con un nuevo regalo como muestra de su incondicional apoyo -siempre y cuando siga las reglas que le marcara la Rainha da Praia que le ubicó en su lugar-
El que hace del respeto a toda forma de vida o existencia su credo; el que danza y canta con el corazón; el que se comunica con una simple mirada, el que me muestra la cara escondida de la Luna y el diamante que se esconde en cada trozo de carbón...
El que recibe con alegría y despide con tristeza; el que hace amigos sin solicitar nada a cambio, el que hace del don un presente cotidiano...¡
Ese es mi compadre!
Es a quien agradezco lo poco o mucho que fui, lo que soy o lo que podría llegar a ser porque sin su apoyo y ayuda nunca sería yo mismo...
Mi amigo, camarada, compadre, compañero: gracias por estar a mi lado. Gracias por enseñarme hasta a través de las malas experiencias, por darme la mano y ayudarme a levantar cada vez que hube caído. Gracias por darme la oportunidad de recibirte y hacer a través de mis simples medios tu trabajo de titán.
Tranca-ruas nas Sete Porteiras das Almas: aunque sólo seas el Mayordomo de mi Rey, te rindo mi más absoluto reconocimiento.
Que Sòngó premie eternamente tu fidelidad y trabajo.


Minha senhora das Almas

Minha senhora das Almas
atira e não erra a mira!
Ela é minha protetora,
saravá, sá Pombogira!
Pombogira das Almas,
vem tomar xoxô!
As almas da calunga
todas sabem é trabalhar!
Botam fogo no terreiro
que ninguém pode é apagar!
María das Almas, pombogira da calunga. Mujer austera que guarda el secreto de Binah, columna del rigor de la Madre Vigilante. Misterio que fascina porque conserva el fuego de la hoguera oculto en las cenizas. Dama de la noche, Luna nueva, Hécate triforme que construye identidades.
Todo lo transforma bajo su mirada helada: su risa es interior porque se nutre en las entrañas de la Tierra. Guardiana de la Casa del Pan y pan de la casa, rosa abierta y perfume de musgos y de hierba...
También a ti debo esta vida, porque sin tu concurso no habría descendencias. Que tu amor que no conoce de fronteras -porque entre la vida y la muerte hay sólo un suspiro- nunca me abandone. Que tu juicio no condene, que tu mano no claudique, que tu voz nunca se alce...
Te brindo mi homenaje, señora. Guárdanos en el abrigo de tu velo y acláranos la niebla que surge a cada hora. Brilla con tu presencia soberana y prospera a cada miembro de tu casa