jueves, 24 de septiembre de 2009

Un apartheid para extraterrestres

Coincido con la crítica de Monteagudo. La película promete al principio, pero después se transforma en una de acción, de esas medio asquerositas. Ver en DVD, si no hay mucho para hacer....
Página 12, Jueves 24 de septiembre de 2009.
CINE › SECTOR 9, DE NEILL BLOMKAMP, PRODUCIDA POR PETER JACKSON
Un “apartheid” para extraterrestres
Por Luciano Monteagudo

Que el ghetto donde son recluidos un millón de alienígenas no sea muy diferente al apartheid que hizo tristemente célebre a Sudáfrica es uno de los varios aciertos de un director nativo de Johannesburgo que sabe muy bien de qué está hablando.

¡Al fin! Por una vez, la invasión alienígena no se produce en Nueva York, Los Angeles o Washington DC. La inmensa nave nodriza que oscurece el cielo se posa ahora apenas a unos cientos de metros sobre la línea de rascacielos de Johannesburgo. Y, a diferencia de lo que sucedía en Día de la Independencia, estos extraterrestres parecen haber venido en son de paz. O al menos no están en condiciones de hacer la guerra. Pertenecientes a una sumisa colonia obrera, desnutridos y hacinados en las bodegas de una embarcación que se quedó sin combustible para volver allí de donde ha venido, más de un millón de “langostinos” –como los nombra la sabiduría popular, por su horrible aspecto crustáceo– pasan a habitar el “Sector 9” de la ciudad. Que este sector no sea muy diferente al apartheid que hizo tristemente célebre a Sudáfrica es uno de los varios aciertos de la ópera prima de Neill Blomkamp, un nativo de Johannesburgo que sabe muy bien de qué está hablando.
Peter Jackson se dio cuenta cuando vio su corto Alive in Joburg, un borrador de su primer largo que Blomkamp filmó cuando tenía apenas 26 años. Y antes de que cumpliera los 29 ya tenía como productor al director de El señor de los anillos, que puso su nombre y sus recursos detrás de District 9. El primer acierto de la película es que sus ideas –que no son pocas– nunca se dejan ganar por la solemnidad. Hay un humor cáustico, muy corrosivo en casi toda la película que la hace aún más eficaz. Y ese humor empieza por concebir todo el proyecto como si fuera un informe especial para la televisión, con todos los clisés, simplificaciones y amarillismos a los que suelen ser afectos los noticieros de TV.
Este informe tiene la palabra supuestamente autorizada de periodistas, científicos y expertos, pero su protagonista es Wikus van der Merwe (Sharlto Copley), un funcionario más bien ridículo del consorcio privado Multi-National United al que el gobierno sudafricano ha asignado la seguridad del Sector 9 (un poco en la misma línea en que operan los ejércitos privados en Irak). Marido devoto de la hija del dueño de la empresa, que lo usa como un títere, Wikus es esencialmente un burócrata: cuando empieza la película se dedica a recorrer choza por choza el apartheid para que los “langostinos” –que ya llevan 20 años reproduciéndose en el Sector 9– firmen un consentimiento de desalojo por el cual van a ser removidos a un Sector 10, que promete tener comodidades y servicios equivalentes a los de Guantánamo.
Sucede que los “langostinos” no están muy dispuestos a colaborar y menos aún los nigerianos, otros descastados que no sólo comparten con los alienígenas el mismo ghetto sino que también lucran con la situación, vendiéndoles comida enlatada de gato –la favorita de los aliens–, armas y sexo. “Ya se sabe, donde hay pobreza extrema también hay corrupción”, afirma muy seria a cámara una de las entrevistadas por el documental televisivo. Mientras tanto, en sus infructuosos intentos por llenar los formularios, Wikus se contagia con la sangre alienígena, convirtiéndose en un preciado mutante, perseguido por la propia compañía a la que pertenece, que quiere experimentar con él. No es de extrañar, sin embargo, que la televisión lo presente como a un peligroso terrorista y que se le pida a la población que lo denuncie y colabore en su captura a través de la línea gratuita 0-800-STOP-WIKUS.

Si el salvajismo con el que el MNU elimina a los “langostinos” no es muy distinto a la manera en que se vuelan las cabezas de los muertos-vivos en las películas de George Romero, la estética trash de Sector 9 viene a recordar una película injustamente olvidada del holandés Paul Verhoeven, Invasión (1997), basada en la novela de Robert Heinlein. Es una pena que en su tramo final el film de Blomkamp se vuelva convencional y reduzca su efecto al de una mera película de acción, con Wikus como héroe-transformer, intentando que al menos un “langostino” y su pequeño hijo puedan escapar de la esclavitud a la que son sometidos en la Tierra. A pesar de quedarse sin combustible, como la nave que obtura el cielo de Johannesburgo, brilla tanto la primera mitad de Sector 9 que justifica una visita al ghetto.

Fuente de la nota: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-15401-2009-09-24.html

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