miércoles, 12 de noviembre de 2008

La cultura negra en Argentina - hoy en la radio

El programa Arquitecto de Laberintos de FM La Tribu dedica su programa de hoy miércoles -y también el de la semana próxima- a La Cultura Negra en Argentina. Con varios invitados hablando del tema (entre ellos un servidor). Promete ser muy interesante.
Se puede escuchar online de 21 a 22 hs. en
http://www.fmlatribu.com/shoutcast/index.html
(sólo apretar el iconito de play después)
o en la radio, 88. 7 del dial.

Imagen: cuadro del pintor cubano Luis Alberto Faraco Echevarría, en
http://www.guerrillero.co.cu/pintopinar/faraco/faraco.htm

martes, 11 de noviembre de 2008

Mama Africa: Hamba kahle, ngiyabonga

Pägina 12 - Martes, 11 de Noviembre de 2008
Música: A los 76 años, murió la cantante y militante Miriam Makeba

El último grito de Mamá Africa
Fue una de las voces más notables contra el apartheid. “Su música inspiró un sentimiento de esperanza en todos nosotros”, dijo Mandela.

En los últimos años solía despedirse de sus fans diciéndoles, al cabo de cada concierto, “siyabonga” (gracias, en zulú) con los ojos llorosos. Ese permanente coqueteo con la muerte terminó finalmente ayer. A los 76 años, Miriam Makeba murió a raíz de una crisis cardíaca. Una sonrisa cálida, la voz potente y una presencia majestuosa como activista en la lucha por la paz y el entendimiento entre los pueblos. Así la conocía el mundo. La cantante murió tal como vivió: peleando. En un concierto contra la mafia en la localidad italiana de Castel Volturno, bastión del crimen organizado, la artista había entusiasmado a 2000 personas cuando comenzó a sentirse mal. Makeba fue llevada al hospital, donde falleció poco después. El concierto en Italia era en solidaridad con el escritor italiano Roberto Saviano, que vive amenazado de muerte por la mafia por su bestseller Gomorra, lo que lo mantiene bajo constante vigilancia policial. El ex presidente sudafricano Nelson Mandela señaló: “Por muchas décadas, años antes de que yo fuera a prisión, Ma Miriam ocupó un lugar importante en nuestras vidas y disfrutamos de sus conmovedoras actuaciones”. Mandela añadió que “la música de Miriam inspiró un sentimiento de esperanza en todos nosotros”.
Durante años, Makeba supo alzar su voz contra el “apartheid”. Se dio a conocer en todo el mundo a mediados de los ’60 con su hit “Pata pata”, la primera canción africana en alcanzar los primeros lugares en los ranking. En la Argentina, el ritmo alegre y pegadizo del “Pata pata” hizo furor en el carnaval de 1968 y se repetía en radios, disquerías y boliches. Fue asimismo la primera artista de Africa en ser distinguida con un Grammy. Pero no era todo alegría en la vida de Makeba. Resultó también “pionera” en la condena al exilio por su postura contra el apartheid.
Hija de un sangoma (“sanador” místico y tradicional de la tribu xhosa), Makeba grabó su primer disco simple en 1953, junto a los Black Manhattan Brothers. Su carrera dio un salto en 1959, cuando participó en el musical African Jazz and Variety y en el documental Come back Africa, que le valió invitaciones de todo el mundo. En los Estados Unidos, el cantante y defensor de los derechos civiles Harry Belafonte le pidió que lo acompañara en una serie de actuaciones en el Carnegie Hall, de Nueva York. En 1960, el gobierno racista de Sudáfrica le revocó su pasaporte cuando intentaba regresar para el entierro de su madre. En 1963 denunció ante la Asamblea de las Naciones Unidas “la pesadilla de brutalidad policial y terrorismo oficial” en su país. Su carrera artística progresaba en Estados Unidos al mismo ritmo que su popularidad, a tal punto que su corte de pelo dio origen a la moda de Afrolook, que adoptaron los afroamericanos.
Makeba contrajo matrimonio con el activista por los derechos civiles Stokely Carmichael, propulsor del concepto de “black power” y luego integrante de las Panteras Negras. Este vínculo puso a Makeba en las listas negras. Su compañía discográfica, RCA, le rescindió el contrato y se cancelaron sus conciertos. El matrimonio decidió entonces mudarse a Guinea, donde Carmichael llegaría a desempeñarse como ayudante del primer ministro Ahmed Sekou Touré. En 1975, la cantante trabajó durante un año como delegada de Guinea en la ONU. Poco después, su popularidad volvió a trepar cuando apareció junto a Paul Simon en la gira que hizo el cantante norteamericano a raíz de la edición de su disco Graceland y en 1988 se levantó en Sudáfrica la prohibición que pesaba sobre sus discos. Tras la liberación de Mandela de prisión, Makeba regresó a su tierra, donde en abril de 1991 ofreció allí su primer recital tras una ausencia de treinta años. En 1995 fundó una organización para recaudar fondos para la protección de las mujeres sudafricanas, pero su carrera musical no se detuvo: en 1997 volvió a cantar con Harry Belafonte en el Madison Square Garden de Nueva York y en 2000 se editó Homeland, disco nominado a un premio Grammy como mejor álbum en el rubro Música del Mundo.
(foto Página 12)

Crítica – Culturas, 11 de noviembre de 2008
Murió Miriam Makeba, la creadora del “Pata Pata

Mamá África se fue con el puño en alto
Prohibida en su país, Sudáfrica, durante el apartheid, luchó contra el racismo desde el exilio y luego siguió, imparable, hasta que la muerte la encontró cantando contra la mafia y la discriminación. Por Osvaldo Bazán.

La voz de un continente. Tenía 76 años y cantaba contra el maltrato a los inmigrantes, la mafia y la injusticia social. El mundo la llora.
En el aeropuerto de Ciudad del Cabo sonaba una versión muzak de “Pata Pata”. Fue la bienvenida al continente africano. Los diez días que estuve en Sudáfrica, Miriam Makeba se convertiría en una presencia inevitable. En el Shopping de Johannesburgo también sonaban sus canciones. Y en los deslumbrantes seis estrellas de Sin City. Y en una ruta perdida de un parque nacional a trescientos kilómetros de Ciudad del Cabo, un grupo de diez chicos rapeaba canciones que, cuando pregunté, resultaron ser grandes éxitos de Miriam. Grandes y chicos negros, en ese país que conocí a diez años de haberse librado del apartheid y que mantenía, todavía, muchos de sus gestos increíbles para todos los que no lo habían vivido, adoraban a Makeba tanto como a Nelson Mandela.
Ahí, en el punto en que el Atlántico y el Índico se confunden, el guía rio con el grupo de periodistas argentinos que intentaban bailar el “Pata Pata”. Y nos contó la historia de una cantante que había nacido en 1932 y que era, para ellos, mucho más que un hit para el momento más divertido de una fiesta, como era para nosotros. Más allá de esa canción que Isidoro Cañones bailaba con Cachorra en un idílico Mau Mau, Miriam era una especie de Mercedes Sosa africana, con historia de exilio incluida. Todo comenzó, dijo el guía en una sobremesa de omelette de huevo de avestruz y show zulú for export, cuando en una Sudáfrica en donde los negros eran sólo divertimento y esclavos para blancos, cuando Miriam formó el grupo The Manhattan Brothers, una banda de soul y gospel con tonada africana.
La unión con los parientes lejanos de América se profundizó con la nueva banda de la cantante, The Skylarks, en donde la música africana y el jazz se volvieron a reconocer como lo que son, primos cercanos, sangre de la misma sangre violada y esclavizada. El reclamo artístico pasó a ser político y mientras los Panteras Negras levantaban sus puños en Estados Unidos, en Sudáfrica Miriam levantaba su voz. Tanto que el gobierno sudafricano le quitó la ciudadanía. Fueron treinta y un años de exilio en Estados Unidos, ayudados por el superéxito internacional del “Pata Pata”, canción que ostentaba el raro mérito de contar con un baile propio y que inició para el pop occidental el redescubrimiento de las raíces africanas, sin perder la alegría que el movimiento popular exige. Lo que el pop no supo, lo que las listas de venta de todo el mundo no supieron, es que la canción había sido escrita en las horribles condiciones del apartheid, once años antes. Su éxito anunciaba todo lo que los sojuzgados sudafricanos tenían para dar al mundo.
En 1965, Miriam –contó el guía y todos escuchábamos en silencio, no sólo porque el omelette de huevo de avestruz cae pesado- fue la primera mujer africana que ganó un Grammy, compartido con su compañero de lucha, Harry Belafonte. Estuvo en todos los escenarios del mundo pero en ninguno brilló tanto como en el estrado de la Asamblea General de Naciones Unidas, en donde denunció el apartheid y la segregación racial en su país. Era lo que le faltaba al régimen de terror sudafricano para prohibir hasta la emisión de sus canciones por radio. No importó, el pueblo las conocía de memoria, las versionaba con ritmos nuevos, la veneraba como se venera a los artistas: manteniendo viva su obra.
Cuando en 1990 volvió al país, después de la liberación de Nelson Mandela, fue recibida con los honores de una reina. O mejor, con los honores de su verdadero título: Mamá África.
La última noticia llega desde Castel Volturno, una ciudad del sur italiano. Ahí, el domingo Miriam, siempre atenta al dolor de los que sufren, estaba dando un concierto en apoyo al escritor Roberto Saviano, amenazado por la camorra, y contra el racismo. Un poco antes del recital se había sentido mal, pero igual decidió cantar durante la media hora que había prometido. Cumplió, como siempre. Sólo que al final debió ser trasladada de urgencia al hospital de la ciudad, en donde sufrió un ataque al corazón. No sé qué estará haciendo ahora aquel guía, aquellos chicos que cantaban a capela y no paraban de bailar. Pero supongo que estarán un poco tristes. Como todos.

Adeus, Miriam Makeba

Por Nicolás Fernández Bravo
nhicuf@arnet.com.ar

Hace tan solo un rato, me enteré que Miriam Makeba falleció a los 76 años de edad, después de participar de un concierto en contra de la camorra, en Italia. Puede parecer oportunista querer recordarla en momentos de aparentes victorias de color. Me tiene bastante sin cuidado detenerme a pensar qué es oportuno y qué no: después de todo, no está tan mal que las oportunidades sirvan para algo. Incluso para que en la tribu de los escépticos – a la cual circunstancialmente pertenezca, aunque a veces no, como toda forma de identificación – podamos compartir cómo nos volvimos miembros y explicar cuáles fueron nuestros ritos de pasaje. Escuché una vez que “un pesimista es un optimista con experiencia”. Tal vez haya algo de ello en querer, en seguir queriendo, que en este costado del mundo se le preste atención y con seriedad, a las distintas formas de estar en el mundo, además de a las "propias".
Miriam Makeba fue acaso la primera mujer que me hizo prestar seriamente atención a esa parte del mundo que convencionalmente llamamos África: fue a través de su voz grabada en un cassette que aún guardo con cariño. Ese acontecimiento, quiera o no, marcó bastante mi vida. Fue así que, por primera vez, escuché hablar del colonialismo. Con una voz bellísima, una mujer introducía en inglés una canción ritual africana. Lo hacía diciendo que en su aldea natal, en Johannesburgo, existe una canción que siempre cantamos cuando una chica joven se casa. Esta canción (The Click Song, para quienes no la conocen) se hizo famosa en los 60s y en cierto modo se burla de los ingleses, quienes no pueden pronunciar los ‘clicks’ propios del idioma xhosa. La canción propiamente, es muy sencilla: informa que el brujo llegó a la aldea, con lo cual el casamiento se podrá realizar. Este breve poema – en el que están presentes y sin estereotipos la historia, el colonialismo, el ritual, la resistencia, las lenguas, la burla, el amor, el campo, la ciudad – es una condensación de significados que aprendí antes, incluso, de saber interpretarlos en clave antropológica. Ese objeto (el cassette) fue un fetiche en mi adolescencia temprana, en la cual la posibilidad de imaginar seriamente a los africanos era más bien limitada. Como ahora. No obstante, tenía la certeza intuitiva de saber que se trataba de un fetiche prestigioso: la poesía y la música así me lo hacían sentir. Aún hoy, muchos antropólogos compran en el mercado fetiches berretas y montan escenarios deslumbrantes sobre las ingeniosas trampas que les tienden “los subalternos”.
Tal vez le deba a Miriam Makeba algo más que el oído musical y el juicio crítico: le debo la espontaneidad de saber, de suponer, de desear que haya muchas formas de estar en el mundo. Es a partir de esta bella sensación de conversar con la diferencia, que su defensa devino en conocimiento activista. Pues, ¿cómo no defender la posibilidad de escuchar poesías tan bellas? Sólo así me fue posible indagar más en su producción y toparme con otros clásicos como “A luta continua” o “Ndodemnyama (Beware, Verwoerd!)”, en donde la evidente politización de las letras se encuentra a la altura de las canciones de aldea y el djiu de galinha.
Verdadera adelantada de la world music, Makeba y la industria discográfica que se montó a su lado realizaron versiones increíbles: adaptaciones pop, cambios tradicionalistas, versiones en francés, portugués, italiano. En el Río de la Plata, su difusión no fue tan importante como en Europa y Estados Unidos, en donde se transformó en un ícono y llegó a ocupar los primeros puestos de esos rankings que nunca supe muy bien qué explicaban. Incluso así, para muchos el Pata Pata existe en el registro de la memoria, independientemente de saber o no que quien compusiera esa canción tuvo que exiliarse de Sudáfrica por luchar contra el irracional racismo durante la vigencia del apartheid.
No sé si esto es un homenaje. Es lo que es. Para aburrir un poco menos, comparto otra parte de la historia: cuando el genial Paul Simon decidió dar ese fantástico concierto en Harare en 1986, en lo que sería un festejo anticipado de la caída del régimen de Pretoria. Cuando compré ese disco (ya más consciente de las reglas del mercado, etc.), me di cuenta de que no era ya solo una circunstancia lo que estaba frente a mí, sino una sana voracidad cognitiva con acento africano. Allí, http://www.youtube.com/watch?v=ow40LQs0ue4 Miriam Makeba grabó este video (¿qué seríamos sin You Tube?). Entiendo perfectamente que N’Kosi Sikeleli es el common place africanista, pero (otra vez): ¿no hay que aprovechar las oportunidades?
Ah, por cierto, la segunda mujer que me hizo prestar seriamente atención a “esa parte del mundo”, para alegría de las Miriams, fue Cesaria Évora.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Africa en todos lados....

"Hasta que los leones tengan sus propios Historiadores,
las historias de cacería seguirán glorificando al cazador"
-Proverbio Africano-
No sé si será ya el efecto Obama -lo dudo- pero me sorprendí gratamente hoy al recibir el programa de las próximas V Jornadas de Investigación en Antropología Social que se realizarán del 19 al 21 de noviembre próximos en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA (Puan 480).
El evento, organizado por la Sección de Antropología Social del Instituto de Ciencias Antropológicas cuenta con una extensa e interesante programación. No fue eso lo que me llamó la atención, sino que en la invitación citaran el proverbio que copié arriba.
Sensibilidad y sabiduría, algo de lo que deberíamos tener más los antropólogos.....

sábado, 8 de noviembre de 2008

Obama según los afroamericanos locales - en La Nación

Aunque quizás escriba sobre esto con más detalle, creo que mi posición inicial respecto de la elección de Obama será "Con Obama todo cambia y nada cambia". No esperaré cambios importantes en lo sustancial pero que un negro sea presidente tiene una importancia simbólica que esperemos alcance a impactar positivamente en la vida cotidiana de los afroamericanos.
En el orden local, empezaron los inevitables chistes (que deberán ser analizados y discutidos) pero ya se logró el pequeño milagro de que, por ejemplo, el diario La Nación consulte a activistas afroamericanos y africanos locales e inclusive a una afro-umbandista. Poco, pero quizás sea un comienzo....


(chiste aparecido en el diario Clarín el 6/11/08)

La reacción en la comunidad local
Opinan los afroamericanos residentes en la Argentina

Sábado 8 de noviembre de 2008 Publicado en edición impresa
Por Julieta Bravo De la Redacción de LA NACION


La llegada de un afroamericano a la Casa Blanca ha despertado esperanza y entusiasmo entre las agrupaciones que representan a esa cultura en la Argentina.
Diego Bonga, presidente del Movimiento Afro-Cultural Bonga, señaló que el triunfo de Barack Obama le parecía una señal muy positiva para la comunidad afroamericana por diversos motivos. "En primer lugar, por la exposición de un hombre de color en un puesto tan significativo. Es una prueba de que el negro se ha superado", afirmó Bonga a LA NACION. "Esto da mucha esperanza a los afrodescendientes que vivimos en la Argentina", agregó.
El movimiento que preside Bonga es una organización cultural en Barracas dedicada exclusivamente a la investigación y difusión de la cultura afro en la sociedad argentina.
"Como afroamericano, espero que Obama no se olvide de sus orígenes. Ha logrado un objetivo que en otros tiempos era inalcanzable, producto de mucha lucha y sufrimiento", continuó Bonga. Y señaló que, más allá de las razas, lo principal es que el presidente realmente se comprometa tal como lo expone en sus discursos.
"Es para nosotros un gran logro la llegada de un afroamericano al poder. Es un acto de justicia, evolución y reivindicación de la gente negra", dijo Bonga, que espera que Obama se maneje bien y a conciencia en su puesto. "Hay que aprender de la historia", concluyó.
En ese sentido, Walter Balhazart, presidente de la Unión Argentina Jóvenes Afrodescendientes, dijo a LA NACION que ellos luchan por la defensa de los derechos humanos. "Apoyamos a Obama por la política social que promueve, por sus ideas, pero más allá de su raza. A él le interesa la pobreza y, además, le preocupan las minorías. Acompañamos toda acción que promueva los derechos humanos."
Por otra parte, Balhazart agregó que hubo muchos blancos que también apoyaron a Obama. "A partir de ese hecho tan significativo y sin pretender caer en una generalización, sería primordial que la gente empiece a evolucionar con su pensamiento", sostuvo.
En referencia al éxito de Obama, Rosa González, investigadora y filósofa, presidente de la Asamblea Integradora de la religión Afro-Americana, una agrupación integrada por blancos que profesan una religión de base africana, dijo a LA NACION que "ante tanta injusticia en el mundo ya era hora de que se levantaran las banderas contra la discriminación".
Según González, la llegada del candidato demócrata a la Casa Blanca es un signo de una gran transformación social y cultural. "Creo que Obama está capacitado intelectualmente para asumir semejante responsabilidad y suprimir esos prejuicios raciales. Que la inteligencia humana aflore por sobre la educación. Hoy en día, en la sociedad norteamericana hay mucha violencia", agregó.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1067857

viernes, 7 de noviembre de 2008

Cultura afro y conciencia negra


Sábado 8 de noviembre en el Museo José Hernández
18.30 hs. Cultura afro y conciencia negra: El ejercicio consciente de la práctica cultural.
Panel: Alejandro Frigerio, Cecilia Benavídez, Dinah Schonhaut y un representante de la diáspora africana en Argentina.
Coord: Bruno Valentini.
17 hs. Clínica de percusión y tambores
Tambores afrobahianos, tambores de candomblé.
Prof. Leonardo Puchetta.
Asistir con tambor.
16 hs. Libros con nuevas perspectivas
Novelas y ensayos 2008 sobre la temática afro. Debate con los autores.
Panel de autores: Miguel Rosenzvit, Pablo Cirio, Juan Batalla y Luis Ferreira Makl.
Coord.: Nicolás Fernández Bravo.
14.30 hs. ¿Qué es la capoeira angola?
Charla y roda a cargo del grupo de capoeira angola Fundo do Quintal (Mestre Dedeco)
14hs. "Quilombo! en Buenos Aires"
Audiovisual sobre cultura afro en Buenos Aires. Duración: 18 min.
Museo de Motivos Popular José Hernández
Av. Libertador 2373, entre San Martín de Tours y Coronel Díaz

VII Exposición y Feria artesanal-cultural de los Pueblos Originarios
31 de octubre al 9 de noviembre
Coordina el día afro:
Instituto de Investigación y Difusión de las Cultuas Negras
Ile Ase Osun Doyo

Sobre el ejercicio conciente de la cultura afro....

Mi intervención en la mesa:

El año pasado, invitado por el Movimiento AfroCultural a hablar en el día de la conciencia negra me preguntaba qué seria, para alguien que no es negro o afrodescendiente -como es el caso de la mayor parte de quienes practican actualmente alguna forma de cultura afro en Buenos Aires- qué sería esto de tener conciencia negra, o como está muy bien fraseado en esta oportunidad, el ejercicio conciente de la cultura afro. Propuse entonces que este ejercicio consciente para el caso de un no afrodescendiente, debería al menos incluir el reconocer:
1) que la cultura de origen afro es una parte invisibilizada, negada, de la cultura argentina;
2) que los afroargentinos cumplieron un rol relevante en la historia argentina pero que fueron invisibilizados –y aún lo son, ya que todavía existen en la ciudad;
3) que los afroargentinos y otros grupos afroamericanos y ahora africanos que aquí están son discriminados y marginados;
4) que cada una de las diversas formas artísticas que conforman la rica cultura negra incluyen a su vez distintos géneros, y estos poseen sus técnicas específicas, sus criterios estéticos y su ética. La complejidad multidimensional de la cultura negra no se aprende de un día para el otro. La puede practicar y dominar cualquiera -pero que se haya tomado el trabajo y los años de aprender con los maestros correctos;
5) Que los distintos géneros de cultura negra están emparentados y que en virtud de su origen común poseen criterios estéticos y éticos comunes;
6) que hay una opresión social sobre esta cultura, ya sea que la practiquen negros o blancos y
7) que la actual popularidad de la cultura afro (negra, afroamericana, de origen africano -esto ya es otra larga discusión) que la hace parte innegable de la cultura juvenil porteña no implica, necesariamente, está lejos de significar un ejercicio conciente de la misma.
En la charla que salió publicada en la revista Quilombo, y que también está en su versión un poco más completa en este blog resaltaba las dimensiones históricas y políticas del ejercicio conciente de la cultura afro –o una dimensión de respeto y otra de compromiso con y por esta cultura.

El compromiso –La dimensión política
Compromiso es darse cuenta que practicar cultura afro es convertirse, en mayor o menor medida, en un “militante afro”. Es necesario tomar conciencia de que practicar alguna forma de cultura afro en la Buenos Aires tradicionalmente “blanca y europea” se transforma en una actividad política, ya que para hacerlo hay que ir en contra de las condiciones sociales dadas y de los estereotipos vigentes acerca de cómo somos y qué deberíamos hacer de nuestra vida cultural, especialmente en los espacios públicos, los porteños. Aunque uno no esté conciente de que está realizando resistencia cultural, la resistencia frecuentemente se siente del otro lado. Aún quien cree que no resiste culturalmente es discriminado socialmente. Las reacciones sociales ante estas prácticas muestran la continuidad centenaria de procesos cotidianos de racismo, discriminación, invisibilización, estereotipación –de los cuales son víctimas no solamente los practicantes afrodescendientes sino todos aquellos que practican “cosas de negros”.
El ejercicio conciente de la cultura afro sería, en una primera instancia, darse cuenta que por sus orígenes esta cultura, y por ende sus practicantes, no importa si son negros o blancos, son discriminados.

El respeto –La dimensión histórica y la dimensión estética
Respeto, en su dimensión histórica, quiere decir reconocer que todas las manifestaciones de la cultura afroamericana nacen de un hecho original de esclavización de poblaciones enteras y de la continuada opresión de un grupo por otro. Aún cuando lo que practicamos hoy en día no sea cultura de esclavizados (porque se desarrolló después de la abolición de la esclavitud) siempre es cultura de oprimidos. Cuando alguien empieza a practicar alguna forma de cultura negra, lo quiera o no, lo sepa o no, está participando de un proceso de más de cuatrocientos años de esclavización, opresión y despojo cultural de una raza por otra. Si uno participa con respeto y ayuda a ubicar a la cultura negra con sus características específicas y sin olvidar sus orígenes en el lugar que se merece en el patrimonio cultural de la humanidad, está ayudando mínimamente a reparar cientos de años de injusticia.
Pero si se lo toma a la ligera, como la práctica de algo que sólo es “divertido”, está colaborando con el actual proceso de estereotipación, de banalización y de mercantilización de la cultura negra -las nuevas formas de la opresión cultural. Sigue siendo parte del problema y no de la solución
Aunque puede y debe haber diversión en la práctica de la cultura afroamericana no puede haber frivolidad. La práctica de cultura afro es divertida,pero a la vez también siempre es un asunto serio, con una larga historia de resistencia cultural. Es una cultura cuyo desarrollo costó sangre, sudor y lágrimas. Nace de la diversión pero en un contexto de opresión. Aún las mezclas, hibridaciones o nuevos desarrollos que se puedan y deban realizar (ya que ninguna cultura es estática) no tendrían que olvidar estos orígenes.
Si la consideramos como, y queremos darle el estatus de, patrimonio cultural de la humanidad, debemos conservar una conciencia de, y un respeto por, estos orígenes.
También debemos guardar un respeto similar por su dimensión estética.

Respeto, en su dimensión estética,
Hoy quiero insistir sobre la dimensión estética, sobre el hecho de que cada uno de los géneros artísticos afroamericanos posee sus técnicas específicas, sus criterios estéticos y su ética. La complejidad multidimensional de la cultura negra no se aprende de un día para el otro. La puede practicar y dominar cualquiera -pero que se haya tomado el trabajo y los años de aprender con los maestros correctos.
En su creciente expansión por todo el continente y aún por el mundo –uno encuentra grupos de percusión y danza afro de distintos orígenes en casi todos los países, ya- se corre el peligro de contribuir a una creciente estereotipación, exotización, banalización y/o mercantilización de la cultura negra.
Especialmente en un primer momento de la expansión de estas manifestaciones culturales, se las asocia –aún cuando positivamente- con lo lúdico, cuando no lo erótico, lo primitivo, el desenfreno emocional y corporal. el dejarse llevar, conectarse con lo primordial que todos llevamos adentro.
O sea, en vez de considerarlas como manifestaciones culturales complejas, legítimas, con sus propias y complicadas técnicas de expresión (musical, dancística) se las racializa y naturaliza. Se considera que “los negros” las saben en virtud de su raza o de su pertenencia nacional (o de ambas combinadas) y que más importante que la técnica y el trabajo duro para los blancos que las quieran aprender es entrar en la modalidad lúdica y relajada que caracterizaría a los “negros”.
De esta simplificación participan, muchas veces, los propios afroamericanos quienes, por haber aprendido algunas de estas artes como parte de su socialización primaria, las han incorporado por un proceso de mimesis prolongado. Un aprendizaje informal -pero aprendizaje sin duda- de varios años durante la niñez, la adolescencia, a veces hasta la adultez. Aprendizaje que da como resultado un cuerpo y habilidades modeladas durante años de repetición, de ensayo y error, de participación en y ante una audiencia de elevada capacidad crítica de la forma cultural que se practica. El resultado práctico es el de haber pasado por un conservatorio (musical, dancístico) sin la necesaria percepción de que así fue.
La falta de reglas claras y formas explícitas de enseñanza, transmisión y aprendizaje de las técnicas específicas, hace que muchas veces los propios profesores enfaticen que los alumnos deben encontrar dentro de sí mismos las capacidades -adoptando las disposiciones de ánimo y de relajación que ellos creen caracterizan a la cultura negra y por las cuales sería posible bailar de una determinada manera.
Si persisten el tiempo necesario, los alumnos terminan aprendiendo, más por mimesis inconciente que por relajarse o encontrarse con su “lado primitivo” o con algún arquetipo universal. Pero la riqueza técnica y conceptual de la danza y percusión afros continúan mayormente invisibilizadas, a la espera de quien quiera y pueda codificarlas y transmitirlas como los saberes complejos que son…. (continuará, pero no en breve…)