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jueves, 14 de abril de 2016

Joyas del racismo argentino (1)

(imagen que circuló por facebook, no sé a quién darle crédito, mis disculpas al autor/a)

Interacciones cotidianas que reflejan claramente el sentido común argentino según el cual los argentinos somos "blancos" y todos los "no-blancos" o "no-suficientemente-blancos" o "sin-fenotipo-europeo" tienen que ser extranjeros (estos juicios fenotípicos se hacen de acuerdo con los criterios locales, que no son los de otros países, porque la "blanquedad" se construye diferentemente en cada lugar). 
En esta interacción, el conductor de "Intratables", Santiago del Moro, se sorprende ante el hecho de que una persona con cara "no europea" sea argentina -presume que debía ser inmigrante, y de algún país extranjero. La respuesta de la señora, clara, gentil y firme, es una lección de historia y de civilidad. 
No digo que en este intercambio del Moro fuera "racista" (racista es un adjetivo que hay que usar con cuidado) pero sí reveló claramente los preconceptos y prejuicios de raza, clase y nación que tiene buena parte de nuestra ciudadanía (lo traicionó el porteñito prejuicioso que todos -los porteños- llevamos adentro).
La interacción completa, en el video, debería ser de utilidad en aulas o ámbitos donde se quieran discutir los prejuicios de raza y clase vigentes en Argentina.


viernes, 11 de marzo de 2016

Fallece, luego de brutal ataque en la calle, Massar Ba, un referente de la comunidad senegalesa en Buenos Aires

Reproduzco esta nota de Cosecha Roja, el sitio web de la Red de Periodistas Judiciales de Latinoamérica que es la que más información trae hasta el momento.  
Es un caso muy alarmante, y dadas sus características es muy difícil no encontrarle connotaciones raciales al ataque y homicidio.
Y trae el recuerdo, desgraciadamente, del nunca esclarecido asesinato de otro luchador por los derechos ciudadanos de los afrodescendientes y africanos, el  uruguayo José Delfín Acosta Martínez (en abril de 1996).
Como siempre, en  un país "sin raza"(s) y por lo tanto "sin racismo" será muy difícil encuadrar estos hechos dentro de la categoría de "crimen de odio" (hate crime) que es a la cual seguramente pertenezca. Y veremos si, entre tanto reclamo por la inseguridad, los grandes medios se hacen eco del caso como corresponde...



Apareció muerto un referente de la comunidad senegalesa en Argentina
por Cosecha Roja, 11/3/2016

Massar Ba era uno de los  referentes más conocidos de la comunidad senegalesa en Argentina. El martes murió en el hospital Ramos Mejia, en la ciudad de Buenos Aires. Unas horas antes, una ambulancia lo había recogido en México y San José, donde apareció tirado con múltiples golpes.
Massar fue  uno de los primeros senegeleses que llegó a la Argentina en los 90. Participó de casi todas la organizaciones de senegaleses en el país. Ahora formaba de la agrupación Xangó. No era vendedor ambulante, pero fue uno de los primeros en salir a defenderlos:  en la redes sociales se lo ve en varios videos, incluso haciéndole frente a la policía. Cuando algún senegalés llegaba al país, él era al primero que conocían. Él los ayuda a conseguir un lugar e integrarse.
En Buenos Aires no hay embajada de Senegal. Allá,  los medios dicen: mataron al embajador. En Argentina todavía ningún medio se hizo eco de la noticia.
El 4 de febrero había sido desalojado  por la policía.  Era una casa colectiva y habían aumentado el alquiler al doble: de 14 mil a 30 mil pesos.  Massar tuvo que batallar para que lo dejaran sacar sus cosas.


Sus amigos más cercanos, con los que estaba organizando un concierto de música africana, en las últimas dos semanas no supieron casi nada de él.  “Hace quince días que queríamos encontrarnos con él y no podíamos. De algo se estaba escondiendo. No sabemos que dé”, dijo uno de ellos.
El domingo, uno de sus amigos lo llamó.  Massar estaba mirando un partido de fútbol.  Unas horas más tarde apareció tirado en la calle. Cuando falleció -un día y medio después de haber entrado al hospital- alguien revisó su billetera y llamó al primer número que encontró en una tarjeta.  La noticia corrió por las redes sociales:  Massar Ba estaba muerto.
La primera versión es que el lunes a las 4 AM lo recogió una ambulancia en México y San José. Tenía politraumatismos en la cabeza y la cadera, sobre todo en la parte del bajo vientre. En el hospital lo operaron dos veces. Murió en la segunda, por la cantidad de sangre que había perdido.

domingo, 6 de marzo de 2016

La "cultura afro" argentina en el suplemento de Turismo de Clarín (6/3/2016)

Una -reconozco, inesperada- nota de dos páginas (repartida a lo largo de tres) reseña algunos de los  principales "bastiones de la cultura afro" actuales en Argentina. 


(doble click en las imágenes para agrandarlas y leerlas mejor)





viernes, 21 de noviembre de 2014

Día Nacional de l@s Afroargentin@s y de la Cultura Afro -según la TV

Televisión argentina = 1.16 minutos (Télam)
Televisión venezolana = 2.08 minutos (Telesur)
Televisión brasilera = 3.01 minutos (Tv Brasil)








Agradezco a Manu Hijo de María por llamar la atención hacia los exiguos tiempos televisivos dedicados a la celebración. 

viernes, 17 de octubre de 2014

Caso Melina (2): Cómo crear sospechas permanentes sobre "la Umbanda"


Seguimos con pequeños ejemplos de cómo los periodistas y los periódicos construyen a "la umbanda" como "la religión más temida del país".

En la tarde de hoy, viernes 17 de octubre, Clarín.com publicó una nota, titulada "Los vecinos del pai César dicen que no saben qué pasaba en el templo" que sólo sirve para -injustificadamente- aumentar la sospecha sobre el pai de santo y la religión que practica. La nota es muy visible -ya que está anunciada en la home page del diario- aunque prácticamente no aporta datos nuevos que la justifiquen.
Comienza diciendo que " los vecinos de César Sanchez.... aseguran no tener idea qué se hacía habitualmente en su templo umbanda", ubicado en Italia al 600, en Don Torcuato. Algo que podría ser normal en cualquier templo religioso no católico -¿quién sabe qué sucede adentro de los mismos si no participa de sus ceremonias?- es aquí presentado como un motivo más de temor y casi demostración de que actividades criminales podrían ocurrir o haber ocurrido allí adentro.


Para peor, el contenido en nada  justifica el título que le dieron, que bien podría haber sido, por el contrario: "Los vecinos del pai César, asombrados de las sospechas que pesan sobre él".
En efecto, leyendo las opiniones que transcribe, uno se entera de que los vecinos "todavía no salían del asombro por la detención" y "señalan que lo veían como "un vecino más de este barrio". "

Nada malo tienen para decir de su ahora ilustre y sospechado vecino:
Testimonio 1:  " "La verdad que nos dejó helados. Nosotros no estamos enterados de lo que hacen en el templo. Tampoco sabemos qué días hacían las ceremonias. Sí se ve entrar a personas, pero no siempre hay movimiento", señaló Ana María, cuya casa está a 50 metros del lugar donde también vive Sánchez. Y aclaró: "Si es culpable por haber participado en el crimen de Melina, es un turro", lanzó."
Testimonio 2: "Siempre se lo ve por la calle junto a su esposa y la hija. Lo conozco de toda la vida, hace 30 años mínimo que vive acá. Nunca me pareció que ocultara nada", sostuvo Nelson Dante, que tiene una peluquería a tres casas de distancia del templo..."
Testimonio3:  "Inés, otra vecina del pai César, contó que además de cruzarlo en la calle, lo vio en programas de televisión. "La última vez lo vi en C5N. Una no imagina que haya podido participar en cosas tan horribles", expresó la vecina de Don Torcuato." (mis cursivas en los tres casos).

Para un lector algo desprevenido y que comparta las sospechas sociales (siempre incentivadas, como en este ejemplo, por los periodistas) el título ya encuadra la lectura de la nota de manera de transformar el desconocimiento de una vecina, y el asombro de todos, en algo sospechoso -cuando bien podría interpretarse para ilustrar una tesis contraria a la que sugiere el título.

El encuadre de la nota da pie para violentos comentarios de odio que abarcan a toda la práctica religiosa :


La acumulación continua de este tipo de encuadres y sutiles (o no tanto) manipulaciones de hechos y declaraciones de los involucrados -más el uso regular de imágenes del implicado que no lo favorecen- llevan a la condena y prejuzgamiento mediáticos no sólo de un individuo sino de toda la religión, y a fogonear el odio social contra la misma.

Ver también: http://alejandrofrigerio.blogspot.com.ar/2014/10/caso-melina-como-construir-amenazas.html

domingo, 12 de octubre de 2014

Caso Melina (1): Cómo construir “amenazas umbanda” en 5 prácticos pasos


Algo cansado del desconocimiento sobre -y del prejuicio hacia- la religión Umbanda que manifiestan los periodistas en su cobertura del caso Melina, examino brevemente cómo, a partir de una afirmación ambigua de un individuo desconocido, se dan por ciertas las "amenazas umbanda" en los principales medios del país. En una entrada en el blog DIVERSA:

lunes, 14 de julio de 2014

El caso José Delfín Acosta Martínez -según Tiempo Argentino


Una nota del periodista Federico Trofelli en el diario Tiempo Argentino de hoy recuerda el asesinato de José Delfín Acosta Martínez a manos de policías racistas en 1996. 

La CIDH intimó al Estado argentino por un crimen en una comisaría
por Federico Trofelli

José Delfín Acosta Martínez tenía 32 años y era uruguayo. Según la justicia, se autolesionó y murió de sobredosis. La querella denunció irregularidades y, tras agotar las instancias legales, apeló a la Comisión Interamericana.

La Argentina deberá someterse nuevamente a los designios del Derecho Internacional por un crimen impune. Se trata del caso de José Delfín Acosta Martínez, un afroamericano de nacionalidad uruguaya de 32 años que el 5 de abril de 1996 fue levantado en la calle por policías de la Federal y una hora y media después una ambulancia lo sacó de una comisaría desnudo y agonizando con varios huesos rotos. Su deceso ocurrió de camino al hospital. Luego de una pésima investigación y agotar todas las instancias locales, la familia de la víctima logró que la Comisión Internacional por los Derechos Humanos (CIDH) escuchara el reclamo y ahora, el Estado argentino está obligado a llegar a un acuerdo. Los tiempos están vencidos, la espera continúa.
A mediados de la década del '90, la Policía Federal tenía prácticas autoritarias amparadas en la ley ya que hasta 1998 estuvieron vigentes los viejos edictos policiales por los cuáles cualquier ciudadano podía ser detenido por el mero hecho de estar sospechados de alterar el orden. Esa madrugada, Delfín fue víctima de ese vestigio dictatorial: la razzia.
Según se detalla en la demanda realizada por la abogada Miriam Carsen ante la CIDH, la detención se produjo mientras el muchacho desayunaba en una confitería porteña junto a dos hermanos de nacionalidad brasileña y también afrodescendientes. En ese momento, tres patrulleros llegaron sigilosamente y cercaron la calle Sarmiento, entre Callao y Rodríguez Peña. Uno de los agentes sacó su arma reglamentaria y se la apoyó en la cabeza a Wagner Goncalvez Da Luz, quien fue obligado a subirse a uno de los móviles policiales. Su hermano se quejó y automáticamente fue a parar al asiento de al lado.
Delfín tampoco se quedó callado: "Los están arrestando sólo por ser negros", gritó. Uno de los policías lo identificó y arrojó su DNI al suelo, provocando una fuerte discusión. De manera violenta, a las 7:30, lo metieron en el móvil 305.
Delfín fue alojado en la Comisaría 5ª en un lugar diferente al de sus amigos. A las 9, salió en camilla murió en una ambulancia del SAME camino al Hospital Ramos Mejía.
Como en otros casos, la explicación oficial fue que Delfín estaba muy drogado y se autolesionó tirándose de cabeza al suelo, llegando a fracturarse algunos huesos.
Para justificar que el procedimiento era prolijo, los agentes cuestionados supuestamente salieron de la comisaría y demoraron al taxista Oscar Almada para que oficiara de testigo. Este hombre le aseguró al juez Raúl Irigoyen que el uruguayo comenzó a rasgarse sus ropas hasta quedar desnudo y que luego maltrató su propio cuerpo.
"El entonces cuestionado cuerpo médico forense convalidó que Acosta haya muerto de una especie de accidente cerebro vascular producto del abuso de bebidas alcohólicas y de cocaína. Para nosotros, eso nunca se comprobó. Además, denunciamos que incluso antes de que estuvieran los resultados, el comisario Luís Fernández dijo a la prensa que murió de sobredosis", explicó el abogado Martín Scotto, quien se hizo cargo de la querella a pedido de la familia de José, actualmente fuera del país. 
Sobre la actuación del fiscal Juan Sansone, Scotto dijo que "tuvo una participación meramente formal y no impulsó el proceso. No apeló ninguna medida".
El 25 de abril, 20 días después, la causa fue archivada.
La familia de Delfín se topó con un muro de hormigón armado que le plantó la justicia y la policía local. La casa de la víctima fue registrada por desconocidos que se llevaron documentación médica, entre otros elementos. Los hermanos brasileños y otros posibles testigos fueron amenazados, otros directamente fueron desestimados por el juez, desalentando cualquier avance.
La causa fue archivada y desarchivada varias veces. También se abrió otro expediente en un juzgado de Uruguay en el que, entre otras conclusiones, se determinó que según la autopsia original Delfín debería haber consumido unos 30 gramos de cocaína esa noche, algo imposible de soportar para cualquier cuerpo humano. La investigación oriental también quedó en la nada.
El derrotero de la causa argentina fue convalidado por la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional, el Tribunal de Casación, la Cámara Nacional de Casación Penal y, finalmente, la Corte Suprema de Justicia.
El 11 de julio del año pasado, la CIDH admitió estudiar el caso por presuntas violaciones al derecho a la vida, a la integridad y la libertad personal, a las garantías judiciales, a la igualdad ante la ley y a la protección judicial. Carsen propuso entonces una solución amistosa que fue aceptada por la Comisión.
El gobierno argentino fue notificado a través de la Cancillería el 14 de enero y en un plazo de cuatro meses debía dar una respuesta. "Los tiempos están cumplidos, pero esto suele pasar. Esperemos que lo haga pronto. Ya van a cumplirse 20 años de lo que consideramos un crimen, aún impune", concluyó la abogada. «

Un reclamo justo y varias propuestas

Luego de admitir el estudio del caso, la CIDH aceptó la propuesta de la querella de llegar a una solución amistosa con el Estado argentino. De concretarse las sugerencias de la familia de José Delfín Acosta Martínez, se cambiarían para siempre las reglas de juego en la policía y la justicia. Entre otras medidas, proponen que se coloquen cámaras en todos los lugares donde una persona puede ser alojada en una comisaría, cuyas imágenes serían controladas por un organismo ajeno a la fuerza. 
Además de una compensación económica, se solicitó la apertura de una Comisión de la Verdad para que se investigue el caso y se condene a todos los policías implicados; la querella también pretende que se analicen las actuaciones de los funcionarios judiciales y peritos que tuvieron en sus manos el expediente. Otro de los reclamos es que todos los sumarios internos de la fuerza, de aquí en adelante, sean públicos; y que las comunicaciones de radio entre los agentes sean grabadas. La abogada Miriam Carsen reconoció que la negociación con el Estado "será dura pero vale la pena pelear por algo que consideramos totalmente justo".


Ver también:

lunes, 7 de julio de 2014

De Ghana a Boca

Foto: Vera Rosemberg

Bayan Mahmud: de polizón a futbolista
Por Nicolás Cassese - fotos de Vera Rosemberg
Publicado originalmente en revista Brando

Bayan Mahmud corta el bife de chorizo que le acaban de servir en Le Bleu, una panadería en las fronteras de Palermo que intenta ofrecer un menú de almuerzo, y frunce el entrecejo cuando la sangre se derrama sobre su plato. 
-No me gusta la sangre -anuncia mientras el mozo se lleva la carne de vuelta a la cocina-. En Ghana, las que comen sangre son las brujas. 
-¿Hay brujas en Ghana? -le pregunta su compañero de mesa. 
-Sí, claro. Hay mujeres que de día parecen normales, pero a la noche se transforman en brujas. ¡Pasan cosas raras en Ghana! 
Bayan se ríe ante su ocurrencia: su propia historia es una de esas cosas raras que pasan en Ghana. Un breve resumen de contratapa de libro, ese que algún día él mismo tendrá que escribir, diría que nació hace 19 años en Accra, la capital de Ghana, y que de niño se mudó con su familia a Bawku, en el norte del país. La zona está atravesada por un conflicto de baja intensidad pero persistente entre dos etnias. Cuando tenía 5 años, Bayan y su hermano, Muntala, encontraron a su padre y a su madre asesinados, víctimas de la violencia tribal. Sin otra familia a la que recurrir, terminaron en un orfanato del que también tuvieron que huir diez años después, escapando de una banda que irrumpió con armas y machetes. Bayan perdió a su hermano en el caos de la estampida e hizo dedo hasta un puerto sobre el Golfo de Guinea. Aterrado y con apenas 15 años, se subió de polizón a un buque, sobrevivió el viaje y llegó a la Argentina. No sabía el idioma, pero sí tenía una notable habilidad para el fútbol, y apenas cinco meses después de desembarcar se probó en Boca y quedó. Allí está ahora, jugando en la Cuarta División, dos escalones abajo del ansiado plantel de Primera, pero enojado porque aún no le ofrecieron un contrato como profesional. 
-Todo lo armó Dios -dice sobre su corta y asombrosa vida. Bayan es un musulmán practicante de cinco rezos diarios y aversión por el cerdo. De piel oscura y brillante y rulos cortos y ensortijados, tiene el físico de Messi antes de hincharse por la alta competencia: pequeño y liviano, pero con los músculos tallados. Habla en porteño con un dejo de acento y energía moderada. Es un chico cansado, pero decidido a obtener lo que quiere. 
-Yo quiero vivir bien -explica. 

Aunque el fútbol completa la saga hollywoodense de Bayan, el resto de su historia es alucinante pero no original: en los últimos cinco años, a la Argentina han llegado alrededor de cincuenta menores que viajaron como él, de polizones en buques cargueros. El 98% se embarcó en la misma zona que Bayan, el Golfo de Guinea. Marcos Filardi es quien brinda esta cifra. Trabaja en la Defensoría General de la Nación como tutor de los niños que solicitan refugio en el país, tiene 34 años y pinta de surfer: sonrisa fácil, barba rala y pelo más bien largo y rubio. También tiene un título de abogado, mucho espíritu de aventura y una obsesión: el hambre en el mundo. 

Foto: Vera Rosemberg

Aquello que suena como intención de misa de 12, a él lo llevó a recorrer África de mochilero. Ya trabajaba como tutor de menores y quiso entender el inicio de las historias con las que lidiaba, así que se acercó al puerto de Monrovia, la capital de Liberia, y conoció a las pandillas de niños que sobrevivían cerca de los buques. Organizados en pequeñas sociedades con sus respectivos líderes, la guerra civil los había dejado huérfanos y vivían en la calle y de changas. En sus historias se referían con admiración a aquellos osados que habían intentado salvarse escondiéndose en un buque que, con suerte, los iba a dejar en Europa o en América. De la mayoría no habían vuelto a tener noticias, y esto podía significar que lo habían logrado y ahora prosperaban en un lugar mejor. También existía la posibilidad de que los hubiesen arrojado por la borda, como sucedió en algunos casos de polizones que fueron descubiertos por la tripulación en alta mar. Marcos ahí terminó de entender la naturaleza de los chicos que recibía en su oficina de Buenos Aires: los que se animan a subirse al barco y dejar su vida miserable, pero conocida, por la promesa de otra mejor son los elegidos, la elite de ese pequeño grupo. La selección natural también opera entre los despojados de África. Solo sobreviven los más fuertes. 
-Los que llegan son chicos con muchas ganas de trabajar y de estar mejor. Hay que tener una enorme pulsión de vida para tomar la decisión de subirse de polizón a un barco que no sabés dónde te va a dejar -explica Marcos. 
Sobre esa decisión meditaba Bayan una noche de septiembre de 2010. Hacía un par de días había llegado al puerto de Takoradi, que queda en el sur de Ghana, sobre el océano Atlántico. Maxwell y Kufie, dos de los niños que vivían en la zona de los buques, lo habían incorporado a su grupo, pero Bayan seguía asustado, temía por su vida. Ellos fueron los que le dijeron que había una opción para irse de Ghana: subirse por la noche a uno de los cargueros que pronto zarparía rumbo a Europa. Lo ayudarían a conseguir un poco de gari (harina de mandioca deshidratada), pan y agua, y a esconderse en un lugar del buque. Debía quedarse ahí por lo menos un día, hasta estar seguro de que el barco navegaba en alta mar, y luego salir y pedir ayuda a uno de los marineros. Con un poco de suerte, en un par de semanas atracaría en Europa, donde podría empezar una nueva vida. Los tres sabían que había historias exitosas, pero también otras con final trágico. Era una apuesta riesgosa, pero Bayan tenía mucho miedo y quería irse. 
Aún recordaba con horror los hombres que habían entrado con armas y lo habían obligado a huir del orfanato donde vivía con Mutala, su hermano. El conflicto entre los kusasi -etnia a la que pertenece Bayan- y los mamprusi ya se había cobrado la vida de sus padres, y Bawku, la aldea en el norte del país donde vivía, había dejado de ser un lugar seguro. En la huida del orfanato se separó de Mutala y corrió hasta la ruta. Allí hizo dedo y se subió a un camión que iba novecientos kilómetros al sur, a la ciudad de Takoradi. Nadie lo esperaba, pero cualquier lugar lejos del horror de su pueblo era bueno para Bayan. Cuando llegaron, el chofer del camión le dio un poco de plata y le dijo que fuese al puerto, que allí encontraría chicos como él. Maxwell y Kufie lo ayudaron a alimentarse y sobrevivir, pero Bayan seguía temiendo por su vida. Esa noche de septiembre de 2010 les dijo que sí, que se subiría al buque. 
-¿No tenías miedo subir a un barco? -le pregunto. 
-Sí, pero lo que yo vi en esas semanas, antes de embarcarme, fue tan terrible que entrar al buque ese fue como entrar a mi casa -me responde con una sonrisa que suaviza el drama. 
Bayan siguió las indicaciones de sus nuevos amigos y usó la noche para escabullirse a bordo y encerrarse en el pequeño cuarto donde esperaría su suerte. Allí aguantó un tiempo que le pareció prudencial, y cuando ya comenzaba a quedarse sin alimento y el buque había entrado en el movimiento constante que indica que está navegando, salió a enfrentar su destino. Era un huérfano de 15 años vestido con harapos y sin otra pertenencia que una pequeña mochila donde llevaba un abrigo y una manta, y así se presentó ante el primer marinero que encontró. 

Foto: Vera Rosemberg

-Me tuvo pity [pena] -recuerda Bayan sobre este hombre. 
El Captain, como él mismo le pidió a Bayan que lo llamara, le ordenó que volviese enseguida al cuartucho donde estaba y que no se moviese de ahí, que él se encargaría de llevarle alimentos, pero que nadie debía verlo. De lo contrario, ambos estarían en problemas. Bayan le hizo caso y se pasó un tiempo largo, él calcula que tres semanas, encerrado en ese cuarto, dormitando con el ronroneo del barco y contando las horas hasta que Captain le llevara la comida del día. La noche en que el buque se detuvo, cuando su ritmo y sus sonidos ya no eran los de la navegación sino los del nuevo puerto, Captain entró raudo al escondite de Bayan y le dijo que habían llegado, que subiese a cubierta y corriese a tierra. Bayan agarró su mochila y salió corriendo del barco y del puerto. Pronto se encontró en una ciudad de gente blanca que hablaba en un idioma desconocido, supuso que era Europa. Asustado, esa primera noche en tierra firme durmió debajo de un puente. 
Al día siguiente deambuló por la ciudad. La gente lo miraba, pero nadie le habló. Tenían miedo. Él también. El hambre pudo más y se terminó acercando a la casa de una familia, le hablaron en un idioma extraño y le dieron comida. También le ofrecieron un lugar para dormir, pero se sintió más protegido en la calle. Al día siguiente volvió y la familia había encontrado a un vecino que entendía un poco de inglés, idioma que él dominaba. Este hombre lo acompañó hasta la estación, lo subió a un micro, le pagó el pasaje y le dijo que no se bajase hasta el final. Bayan le hizo caso y unas cinco horas después se bajó en Retiro, la populosa terminal de ómnibus de la ciudad de Buenos Aires. Vio un grupo de negros y se acercó para pedir ayuda. Eran senegaleses y lo subieron a un taxi, pagaron por adelantado y le dijeron al chofer que lo dejase en la oficina de Migraciones. Recién al entrar y ver la bandera, Bayan se dio cuenta de que no había llegado a Europa: estaba en la Argentina. 
En Migraciones, recuerda Bayan, lo trataron bien y enseguida lo derivaron a Marcos Filardi, que a partir de entonces y hasta que cumpliese la mayoría de edad sería su tutor. Como en todos los casos en los que un menor se presenta como refugiado, la Defensoría puso a trabajar a un equipo interdisciplinario para atender sus cuestiones legales, pero también de vivienda, alimentación y educación. "No tengas miedo, que acá estás a salvo, nadie te va a matar", esas fueron las palabras que Bayan recuerda que le dijo Andreea Parvu, la primera persona del equipo de Marcos que se acercó a Migraciones para atender su caso. Hablaron en inglés. 
Por primera vez en mucho tiempo comenzaba a sentirse a salvo, protegido, y no tuvo problemas para relatar los detalles de su caso. Marcos estaba impresionado por la claridad de conceptos y lo articulado del relato de Bayan. No solo entendía qué le había pasado, sino que también sabía muy bien qué quería hacer en la Argentina. 
-Estaba obsesionado con jugar al fútbol -recuerda Marcos-. Antes, claro, había que gestionar cuestiones más urgentes. 
Marcos preparó con Bayan el alegato que presentaron ante la Conare, el organismo que se ocupa de evaluar las solicitudes de refugio en la Argentina. Fue un éxito y al poco tiempo ya tenía la residencia legal en el país. Al ser un menor, la ley prevé que el tutor oficie como una especie de hermano mayor y lo ayude en todas las cuestiones. En esa época, la Defensoría trabajaba con la Comisión Católica, una ONG que financia la ayuda a los menores refugiados (ahora lo hace el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires). Al principio, mandaban a chicos como Bayan a casas de familia, con la idea de que allí estarían más contenidos. Pronto, sin embargo, Marcos y el resto del equipo se dieron cuenta de que no era una buena idea y pasaron a alquilarles habitaciones en pensiones. 

Foto: Vera Rosemberg

-Estos son chicos con mucha calle, con ganas y necesidad de trabajar. Es mejor darles autonomía y dejar que se manejen solos -explica. 
Así fue como Bayan vivió primero en una pensión de Flores y luego en otra de Constitución. Mientras, tomaba clases para aprender español y comenzó a vender bijouterie, el oficio inicial de muchos africanos que llegan a Buenos Aires. Una credencial que le había dado Marcos con su celular anotado le servía para evitar inconvenientes cuando lo paraba la policía, algo que ocurría con frecuencia. Sin mucho que hacer, un sábado salió a caminar por Constitución y llegó a la plaza que está frente al Hospital Garrahan. Un grito lo sacudió de sus ensoñaciones y, una vez más, le cambió el destino. 
-¡Ey! ¡Negro! -escuchó. Hacía poco más de tres meses que se había bajado del barco y no entendía castellano, pero sabía lo que significaba negro. Lo había escuchado muchas veces en la calle. Esta vez, sin embargo, los que le gritaban parecían amistosos y estaban jugando al fútbol, su debilidad. 
-¿Querés jugar? -le dijo uno, señalándole la cancha. 
Bayan aceptó, su equipo ganó y él se llevó veinte pesos y el compromiso de volver al sábado siguiente. Así lo hizo durante un par de semanas, hasta que un hombre mayor que jugaba allí y que le había tomado afecto, Rubén García, le dijo que lo ayudaría a probarse en algún club. Primero fueron al Club Italiano, pero allí les dijeron que Bayan estaba para más. Sin nada que perder, se presentaron para una prueba de Boca en Ezeiza. Marcos lo acompañó y Bayan, que aún no dominaba el castellano, habló el lenguaje universal de la pelota, hizo un gol y se dio cuenta de que le estaba yendo bien. 
-Me miraban y se reían -recuerda. 
Hubo una segunda prueba y luego, en Casa Amarilla, la pensión donde viven los jugadores de las inferiores de Boca, leyeron la lista de los que habían quedado elegidos. Mezclado entre nombres que no entendía, Bayan escuchó el sonido con que en esta ciudad pronuncian el suyo. Era febrero de 2011: menos de medio año después de bajarse aterrado de un barco, hambriento y sin saber dónde estaba, Bayan era parte de las inferiores del club más grande de la Argentina. Con eso se había asegurado no solo jugar al fútbol y, con un poco de suerte y talento, acceder a un contrato millonario: también solucionaba problemas más urgentes, como casa y comida en la pensión del club, además de la posibilidad de continuar sus estudios en la escuela a la que Boca manda a sus jugadores. 
Es el miércoles previo a Semana Santa y los veinte grados al sol de esta mañana en San Justo, allí donde la ciudad cede ante los descampados del conurbano, disfrazan la vida dura que ocurre puertas afuera. Protegidos por paredones altos coronados con alambre, un poco más de una centena de elegidos corren detrás de una pelota alentados por viejas glorias del universo boquense. La Candela, el predio donde entrenan las inferiores de Boca, es una olla en la que los que a principios de los noventa fueron la defensa de Boca -el Mono Navarro Montoya, Chiche Soñora, Víctor Marchesini- y ahora caminan con piernas curvadas por el fútbol mientras entrenan juveniles se mezclan con jóvenes publicistas que manejan un pequeño helicóptero a control remoto desde el cual capturan imágenes para una promoción de Gatorade.

Foto: Vera Rosemberg

Distinguidos con pecheras anaranjadas y azules, todos con el uniforme de Boca debajo, la Cuarta de Boca practica un picado difícil de entender: hay cuatro arcos, dos arqueros y reglas que ni los propios jugadores terminan de incorporar. La única clara y que todos respetan es que se juega a dos toques, uno para dominar y el segundo para habilitar a un compañero. Nada de empeñosos o disruptivos, el fútbol moderno es la dinámica de lo asociado. 
Más pequeño que la mayoría de sus compañeros, Bayan es habilidoso y rápido. Le gusta jugar en el medio, pero muchas veces lo ponen de lateral derecho. Allí sufre las inclemencias típicas del puesto. Su modelo es Dani Alves, el impetuoso lateral del Barcelona que se proyecta por la banda y suele terminar de socio de Messi en el ataque, pero los técnicos no son afectos a esas muestras de arrojo y lo obligan a quedarse en el fondo. En la práctica, Bayan demuestra categoría pero no entusiasmo. Participa del ejercicio pero sin los gritos y las corridas del resto. 
-Ese tiene contrato -me dice al rato, cuando abandonamos La Candela y un chico le toca bocina desde un Ford Focus nuevo. 
Él, en cambio, aún no tiene contrato y eso le molesta. 
-Estoy re-caliente -dice-. A mí me gusta jugar al fútbol, pero siento que estoy perdiendo el tiempo acá. Todos me chamuyan, me dicen que me van a hacer el contrato, pero eso no pasa. Encima, si jugase mal, lo entendería. Pero yo juego bien y sigo sin contrato. 
La dinámica cruel del fútbol establece que, hasta cierta edad, la que tiene hoy Bayan, el deporte es semiamateur. Los jugadores que lo necesitan viven en la pensión del club o reciben algo de plata para viáticos, pero el dinero importante lo hacen solo unos pocos, los que firman el contrato como profesionales y pasan a jugar en Primera, o en la reserva. La mayoría de los chicos de las inferiores de Boca no lo logran y abandonan el fútbol, o se van a un club más chico que sí los contrata. Bayan está en ese punto justo donde se define su futuro. Ya les dijo a los dirigentes que, si no le ofrecen un contrato para mitad de este año, se va del club. 
Frustrado con el fútbol, Bayan igual recibió una inmensa alegría con el inicio de 2014. El primer día del año viajó hasta el aeropuerto de Ezeiza junto con Marcos para recibir a su hermano, Muntala. Cada uno había corrido para un lado diferente la noche trágica en que huyeron del orfanato y los dos vivían con la angustia de no saber cuál era la suerte de su hermano. Bayan terminó en Buenos Aires y Muntala en Accra, la capital de Ghana. Tres años después se reencontraron por Facebook y, con la ayuda del gobierno argentino y de organismos internacionales, Muntala se instaló en Buenos Aires junto a Bayan. 

Un tercio de los tres mil que le da Boca a Bayan se le va en el alquiler, y con el resto y algunas changas sobreviven mientras esperan la oportunidad del fútbol. Viven con lo justo en el cuarto de un conventillo sobre la calle Brasil, en Constitución, que apenas si conserva el mármol de los escalones gastados de lo que alguna vez habrá sido el caserón de una familia acomodada. La casa es limpia pero populosa y está repleta de escaleras y recovecos donde se amontonan familias de inmigrantes con sueños de progreso. Allí, entre sus pares, viven hoy los hermanos Mahmud. 

martes, 1 de julio de 2014

Candombe: Blanca pasión africana...


La creciente presencia en el espacio público del candombe afro-uruguayo-argento motivó esta mini-crónica de la periodista Patricia Kolesnicov en la revista Ñ de Clarín (13/6/14):

Esa blanca pasión africana
por Patricia Kolesnicov

Domingo de tambores, de santos yoruba, de caras pintadas en el corazón de Villa Crespo. En el escenario no hay ni un negro. Una bailarina tal vez sea mulata, uno de los dioses quizás tenga sangre guaraní allá lejos. Los demás, la blanquísima Europa, se diría. Pero eso es la piel. Adentro algo resuena, se les nota. Será que un tambor es una nostalgia, la nostalgia negra, haciéndose escuchar en Marte, es decir en Buenos Aires. Será que estos hijos de polacos, de italianos, en este rejunte danzante y sonante, saben en la propia sangre cómo es el mar enorme, ese vehículo de ida y vuelta y tantas veces de ida sin vuelta. Algo quizá tengan en común –claro que no es igual, pero hablo de la nostalgia– los barcos llenos de negros apilados con los barcos llenos de españoles y turcos y rusos apilados; los lenguajes mezclados de Africa y las familias armadas por esos “hermanos de barco”.
Algo del corazón tocan en los tambores esos chicos que cantan en los idiomas de los más oprimidos, de los que hicieron de esos bailes y esos cantos su manera de sobrevivir y seguir siendo humanos. Eso es el aguante.

Fuente: http://www.revistaenie.clarin.com/Flora-y-fauna_0_1156084890.html

viernes, 21 de marzo de 2014

La imagen de los "negros" argentinos a comienzos del siglo XX

En el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, un aporte concreto al mejor conocimiento del racismo argentino: reproduzco un artículo aparecido hace pocos meses en la revista Todo es Historia (No. 553, agosto de 2013) y de manera más extensa como capítulo de un libro editado por el GEALA
La imagen de los "negros" a comienzos del siglo 20, examinada a través de los artículos, chistes y propagandas aparecidas en la revista Caras y Caretas (1900-1910):









lunes, 24 de febrero de 2014

Gabino Ezeiza -según Clarín


Diario Clarín, 24 de febrero de 2014
El payador que 150 años después sigue dando que hablar
Por Eduardo Parise
Gabino Ezeiza nació en 1858 y de la mano de la improvisación y la guitarra hizo historia. En su honor existe en el país el Día del payador.

Algunos historiadores fijan su fecha de nacimiento el 3 de febrero de 1858. Otros, el 19 de febrero de ese mismo año. De lo que no hay duda es que Gabino Jacinto Ezeiza, nació en una modesta casa de Chacabuco al 200, en el barrio de Monserrat, por lo que era bien de esta Ciudad que después lo iba a convertir en un ídolo. Ahora, más de un siglo y medio después, su imagen de cantor popular sigue intacta aunque su nombre no le diga mucho a las nuevas generaciones.
Gabino era hijo de Joaquín Ezeiza y de Joaquina García. Lo curioso era que siendo de raza negra tuviera ese apellido europeo. La explicación no tiene misterios: su padre había servido a la familia Ezeiza y, como muchos herederos de viejos esclavos, lo había incorporado a su identidad. El primer vasco con ese apellido que llegó a estas tierras fue Jerónimo Antonio de Ezeyza Urrutume e Irazábal Pagola, un hombre nacido en Albistur, provincia de Guipuzcoa. Fue entre 1740 y 1770. Y seguramente alguno de sus descendientes fue quien contó al papá de Gabino como sirviente.
Lo cierto es que desde muy chico, el negrito Gabino se entreveró en las pulperías de su barrio y de San Telmo. Huérfano desde pequeño (su padre, como tantos de su raza, murió en 1867 en la guerra con Paraguay; su mamá había muerto un par de años antes), en esas pulperías conoció a Pancho Luna, un pardo anciano quien le enseñó los rudimentos de la guitarra.
Después de haber pasado por publicaciones de su comunidad (firmaba con el seudónimo de “Liberato” y hasta fue director literario del semanario La Juventud) Gabino Ezeiza optó por dedicarse al canto en forma permanente. Tenía poco más de 20 años, vivía en San Telmo y, aunque figuraba como de profesión jornalero, ya se perfilaba como payador. Su calidad de orador, capaz de improvisaciones impactantes, hacía que la gente lo siguiera en cada presentación.
Desde 1880 en adelante, su fama de gran improvisador y filoso contrincante en los contrapuntos, lo llevarían a la mayor popularidad. Sus enfrentamientos verbales con Nemesio Trejo, Pablo José Vázquez o Pedro Vázquez (dicen que lo enfrentó dos veces y en ambas Gabino fue derrotado) lo hacían figura. Pero para los historiadores, el mayor logro de Ezeiza fue cuando en esos choques de palabras venció a Juan de Nava, un payador uruguayo, a quien enfrentó en Montevideo. Fue el 23 de julio de 1884, en una cancha de pelota de la calle San José, entre Quareim e Ibicuy. Cuentan que más 300 personas se agolparon para ver esa tenida, consagratoria para Gabino. Por ese hecho, en la Argentina, se considera al 23 de julio como “El Día del Payador”.
Además, de sus muchas visitas a Uruguay quedaría aquel famoso saludo a Paysandú ( “Heroico Paysandú, yo te saludo / hermano de la patria en que nací / tus hechos y tus glorias esplendentes / se cantan en mi patria como aquí” ). Y también se haría leyenda su militancia política, primero en las huestes de Leandro Alem (Gabino participó en algunos enfrentamientos de la Revolución del 90 y hasta terminó preso) y después con Hipólito Yrigoyen. Curiosamente, Ezeiza murió a los 58 años en su casa del barrio de Flores el 12 de octubre de 1916, el mismo día en que Yrigoyen asumía su primera presidencia. Como herencia, quedarían diez hijos de su matrimonio con Petrona Peñaloza, al parecer bisnieta del “Chacho”.
Su fama de guitarrero payador y cantor siempre dijo presente en conocidos boliches de la Ciudad. Así lo vieron por ejemplo en el Café Oviedo, de Mataderos, o en el Café de los Angelitos, en Rivadavia y Rincón, donde cuentan que compartía mesa con Carlos Gardel y José Razzano. También grabó algunos discos con acompañamiento al piano de Manuel Campoamor. Este hombre está considerado entre los pioneros del tango. Y tal vez su obra más conocida sea el tango “La C…ara de la L…una”, dedicado a chicas que trabajaban en prostíbulos. Pero esa es otra historia.

lunes, 10 de febrero de 2014

(30 puntos por) Mandela


Fuente: La Nación, 19 de enero de 2014

domingo, 19 de enero de 2014

"El neoliberalismo es un apartheid"



Sistema ecónomico y racialidad, en la Sudafrica post-apartheid -aunque la reflexión vale también para estas tierras... 
Interesante reportaje al académico sudafricano PremeshLalu, quien hace poco estuvo en el país invitado por la Unsam:

Por Natalia Aruguete

Las primeras elecciones multirraciales en Sudáfrica pusieron punto final a casi cincuenta años de apartheid (1948-1994). Con más del 60 por ciento de los votos, el Congreso Nacional Africano (ANC) ganó los comicios y designó a Nelson Mandela como presidente. La gran negociación iniciada entonces se concentró en la modalidad de la democracia, la unificación de Sudáfrica y la desracialización de la sociedad. Sobre ese piso legal, la Comisión por la Verdad y la Reconciliación actuó como una justicia restaurativa, contra las violaciones a los derechos humanos. La utopía de Mandela era alcanzar la reconciliación nacional: que Sudáfrica perteneciera a todos los que allí viven, negros y blancos. Sin embargo, hay problemas profundos que el postapartheid no logró resolver. La gran negociación intentó “satisfacer a la sociedad, pero sin molestar al capital”, señaló Premesh Lalu en una entrevista con Cash. Invitado por el Programa de Estudios Sur Global de la Universidad de General San Martín (Unsam), el director del Centro de Investigación en Humanidades de la Universidad de la Provincia Occidental del Cabo hizo fuertes críticas al postapartheid y advirtió sobre las cuestiones estructurales que quedaron pendientes. Fundamentalmente, la consolidación de la racialización en el ámbito económico y la falta de un debate público tendiente a politizar a una gran parte de la población, que manifiesta una profunda frustración.

¿Qué cuestiones cree que han quedado pendientes de resolución en Sudáfrica, particularmente en el ámbito económico, después del apartheid?
–El apartheid fue pensado como un proyecto económico que definía la distribución del trabajo a lo largo de diversos sectores de la economía. La explotación minera en Sudáfrica siempre dependió del sistema de trabajo migrante. No sólo migración de las zonas rurales hacia las urbanas dentro de Sudáfrica, sino que desde la región Sur de Africa venían personas a trabajar a las minas de oro. Hubo, además, momentos de industrialización masiva e industrialización secundaria. Incluso, la urbanización masiva previa y posterior a la Segunda Guerra Mundial funcionó a la par del desarrollo del sector industrial en Sudáfrica. La agricultura, por su parte, fue históricamente un ámbito de reclamo sobre la distribución del trabajo. Cuando se piensa en la historia de Sudáfrica, se piensa en cómo el apartheid funcionó como un mecanismo económico. Sin embargo, las luchas en contra del apartheid no se enfocaron en el problema de la economía.

Sigue en:


sábado, 28 de diciembre de 2013

La (interesada) santificación de Mandela


Nelson Mandela fue muchas cosas a lo largo de su dilatada y fructífera vida. Según los requerimientos del contexto social fue -primero y durante mucho más tiempo- un luchador y luego también un conciliador. La progresiva santificación de su imagen -que a la hora de su muerte eclosionó para transformarlo en un ícono moral global- nos dice mucho más sobre quienes la llevaron a cabo, que sobre su figura.


En su muerte, los medios parecen haber convertido a Mandela en “El Gran Perdonador”, el estadista que perdonó a sus enemigos (y encarceladores) en aras de la unión de la nación sudafricana. El foco en la “reconciliación” y en la “unión” parece eclipsar sus décadas de lucha -no siempre ni principalmente, pacífica- contra el apartheid y el racismo. Sobre todo, este énfasis encubre la maligna persistencia de este último, tanto en Sudafrica como en la totalidad de las naciones donde se venera a nuestro nuevo héroe posmoderno. Acabar con el apartheid no necesariamente implica terminar con el racismo -apenas (aunque no es poco, claro) con su forma más explícita, brutalmente estructural y evidente. ........

Sigue en el último número de la revista Quilombo!:

lunes, 2 de diciembre de 2013

"Negreando" a Serena Williams


Ya varias veces en este blog advertí sobre cómo los medios argentinos se refieren de manera jocosa -y a veces inexplicable- a personas afrodescendientes ("negras") famosas... 
En una nota que aparece hoy en la revista Anfibia analizo el caso de Serena Williams:
Acá pongo algunas fotos (más) para ilustrar mejor lo que allí digo....


"Negrear": escuché esta expresión hace muchos años atrás de boca de un afroargentino. 
No sé si se usa mucho actualmente, pero es muy atinada, significa: tratar a una persona de la manera en que se trata a un negro- irónica, despreciativamente.

La misma entrevista a Serena Williams, según la Rolling Stone argentina y la norteamericana.


 
Tanto a Clarín como a La Nación les llamó la atención que una nena blanca y rubia se comprara muñecas de las hermanas Williams



Serena "entre las peor vestidas del mundo"....

Otras de la serie "Negreando a...":