viernes, 29 de agosto de 2014

Afrodescendientes y Derechos Humanos -según el Ministerio de Justicia de la Nación (Argentina)


Una publicación reciente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos realiza una interesante y útil compilación de numerosas resoluciones, nacionales e internacionales, referidas a los derechos de los afrodescendientes. 

Se puede descargar de:


Agradezco a Lea Geler por el dato

viernes, 15 de agosto de 2014

15 y 20 de agosto: Días de San La Muerte

Procesión en Santuario Honor a mi Señor (Wilde) (16/8/2014)

Entre los días 15 y 20 de agosto, se multiplican por todo el país las festividades en honor a San La Muerte. 

En el Gran Buenos Aires (aún en la CABA) varias celebraciones de distinto tipo muestran la pujanza de esta devoción -fuertemente asociada a la del Gauchito Gil, quien se dice era devoto del Santito.
Sus devotos no veneran a “la muerte” como algo opuesto a “la vida” sino que, antropomorfizándola, la convierten en “el más justo de los santos”, el que finalmente “se lleva a todos, ricos y pobres”. 
Su creencia no promueve ni apaña el delito, apenas acompaña las frecuentemente apabullantes condiciones sociales en que viven miles de nuestros connacionales y los dramas que protagonizan.

jueves, 14 de agosto de 2014

Marcha contra el racismo en la ciudad de Buenos Aires

A raíz del ataque racista a la vendedora senegalesa que comentara en la entrada anterior, se realizará una marcha hacia el domicilio del racista/abusador:

jueves, 7 de agosto de 2014

Ataque racista a mujer senegalesa


El racismo fue y continua siendo un problema en nuestro pais. Como en otras sociedades, el racismo cotidiano (las pequeñas interacciones a traves de las cuales se les hace saber a las personas "negras" que son "esencialmente" diferentes y de un menor valor social en virtud de como se percibe el color de su piel localmente) ya esta casi naturalizado -digo, se hace tan comun que pasa casi imperceptible, excepto a los ojos de los afectados, claro.... 
Cada tanto, algun caso es tan extremo (el valor menor de la persona "negra" no es apenas sugerido, sino fuertemente enunciado) que pone en inequivoca evidencia el andamiaje valorativo asimetrico que afecta a tod@s l@s "no blanc@s". 
En estos dias, un caso de estos muestra todo lo que resta por hacer, por fuera de los pequeños actos simbolicos con que el Estado argentino pretende "darle un lugar" a l@s afrodescendientes y african@s. 

 Reproduzco un comunicado de las asociaciones de afrodescendientes y de african@s que firman al pie:

"A pocos días del "Día de la Mujer Afrodescendiente", las mujeres negras siguen poniéndole el cuerpo al racismo, la xenofobia y la violencia.

Ataque a una joven senegalesa.

Muy lejos de lo que la ciudadanía podría suponer, en Argentina el racismo y la violencia de género están a la orden del día. Ni una convención internacional que sanciona el racismo, ni una ley de avanzada contra la violencia de género, ni una insuficiente ley antidiscriminatoria, ni todas las celebraciones por el día de la mujer afrodescendiente, logran detener la violencia y el racismo que día a día sufren las mujeres negras.

El jueves 31 de julio de 2014 a las 14.30 hs., en pleno barrio porteño de Once, una joven ciudadana senegalesa, de apenas 21 años de edad, - y cuya identidad vamos a preservar por su seguridad- fue víctima de la violencia, el abuso de poder y de un racismo tan frecuente que aterra.

El portero de un edificio ubicado en la calle Rivadavia al 2600 atacó a la joven que se encontraba vendiendo juguetes en la vía pública, ganándose la vida como todos los días desde que llegó a la Argentina hace un mes y medio.

El ataque comenzó con insultos racistas como "no quiero ver una negra cuando salgo a la puerta del edificio". No conforme con ello, comenzó a romper los juguetes que son su fuente de subsistencia. Sin embargo, dejarla sin su mercadería tampoco fue suficiente. El hombre decidió patearla en el estómago. Ante los gritos de las personas que estaban presentes, el portero se metió dentro del edificio.

Un policía que se encontraba cercano al hecho y que suele estar en esa zona, conociendo
que la víctima es hermana de otra mujer que tiene un local en una galería cercana, fue a
buscarla. Cuando la hermana de la joven atacada llegó al lugar, la encontró totalmente
conmocionada por la golpiza. Indignada, le preguntó al policía por qué no hizo algo para detener el brutal ataque. Increíblemente, el policía contestó que “en este país es común pegarle a las mujeres”. Si, leyó bien.

Para afirmar lo que el policía estaba diciendo, el portero salió nuevamente del edificio y le propinó dos piñas en el cuello a la joven. Cuando intervino su hermana mayor, también fue golpeada. La autoridad policial, nuevamente no hizo nada. Sólo se limitó a decir que haga la denuncia, si quería. Pero que él no iba a hacer nada.

Al grito de "Váyanse a su país NEGRAS DE MIERDA", el racista y violento portero volvió a esconderse en su edificio. Y nadie hizo nada.


Las hermanas radicaron la denuncia en la comisaría 8°, de la calle Urquiza 540, desde donde fueron derivadas al médico legal para constatar las lesiones. Luego terminaron en el Hospital Argerich, donde se le colocó un cuello ortopédico, ya que la joven salvajemente atacada no podía caminar por los dolores.

Hasta cuándo las mujeres negras tendrán que soportar el machismo de esta sociedad? Hasta cuándo las mujeres negras tendrán que sufrir el racismo? Hasta cuándo las mujeres negras deberán tolerar la indiferencia de la opinión pública?

La mujer negra durante cinco siglos ha sido triplemente discriminada, por negra, por mujer y por pobre. Hoy, en pleno siglo XXI, podemos decir que nada ha cambiado. O si: lo que ha cambiado son las formas en que se manifiestan hoy ese racismo y ese machismo mortal, porque mata y degrada poco a poco a quien lo/a padece.

Afortunadamente, estas dos mujeres africanas, que buscaron en la Argentina la posibilidad de una vida mejor, no están solas. Hay organizaciones africanas y afrodescendientes, organizaciones de derechos humanos, organismos del Estado, compatriotas, y muchas personas que nos solidarizamos con estas mujeres, repudiamos estos hechos y luchamos junto a ellas para que se haga justicia, para que nunca más ninguna mujer sea víctima de violencia.

Al respecto, la Profesora Miriam V. Gomes, presidenta de la Sociedad Caboverdeana de Dock Sud, declaró: "La semana pasada, supimos la lamentable noticia de que una joven ciudadana senegalesa había sido agredida en la vía pública por un individuo que no sólo la insultó con epítetos racistas, sino que también la golpeó salvajemente en el estómago y el cuello. Cuando creíamos que hechos como éste irían quedando atrás, como partes de un pasado intolerante y violento, nuevamente la realidad nos despierta y nos pone en alerta para redoblar nuestros esfuerzos: esfuerzos para luchar contra el racismo, la xenofobia y la violencia de género. Porque de eso se trata este hecho: una situación en que un individuo abusa de su 'autoridad' como 'macho' dominante y más fuerte, ante el silencio/complicidad general y, lo que es más grave, de un agente policial. Estamos acompañando a la joven en esta situación y lucharemos para que no se repita."

La Asociación de Residentes Senegaleses en la Argentina, la Organización "Todos con Mandela", la Sociedad Caboverdeana de Dock Sud y la Organización IARPIDI, manifestamos nuestro repudio a los hechos relatados, y damos todo nuestro apoyo y solidaridad a las hermanas senegalesas víctimas del racismo y la violencia. Seguiremos luchando para que esto acabe un día. "

Agradezco a Patricia Victoria Gomes y a Nengumbi Celestin Sukama

lunes, 14 de julio de 2014

El caso José Delfín Acosta Martínez -según Tiempo Argentino


Una nota del periodista Federico Trofelli en el diario Tiempo Argentino de hoy recuerda el asesinato de José Delfín Acosta Martínez a manos de policías racistas en 1996. 

La CIDH intimó al Estado argentino por un crimen en una comisaría
por Federico Trofelli

José Delfín Acosta Martínez tenía 32 años y era uruguayo. Según la justicia, se autolesionó y murió de sobredosis. La querella denunció irregularidades y, tras agotar las instancias legales, apeló a la Comisión Interamericana.

La Argentina deberá someterse nuevamente a los designios del Derecho Internacional por un crimen impune. Se trata del caso de José Delfín Acosta Martínez, un afroamericano de nacionalidad uruguaya de 32 años que el 5 de abril de 1996 fue levantado en la calle por policías de la Federal y una hora y media después una ambulancia lo sacó de una comisaría desnudo y agonizando con varios huesos rotos. Su deceso ocurrió de camino al hospital. Luego de una pésima investigación y agotar todas las instancias locales, la familia de la víctima logró que la Comisión Internacional por los Derechos Humanos (CIDH) escuchara el reclamo y ahora, el Estado argentino está obligado a llegar a un acuerdo. Los tiempos están vencidos, la espera continúa.
A mediados de la década del '90, la Policía Federal tenía prácticas autoritarias amparadas en la ley ya que hasta 1998 estuvieron vigentes los viejos edictos policiales por los cuáles cualquier ciudadano podía ser detenido por el mero hecho de estar sospechados de alterar el orden. Esa madrugada, Delfín fue víctima de ese vestigio dictatorial: la razzia.
Según se detalla en la demanda realizada por la abogada Miriam Carsen ante la CIDH, la detención se produjo mientras el muchacho desayunaba en una confitería porteña junto a dos hermanos de nacionalidad brasileña y también afrodescendientes. En ese momento, tres patrulleros llegaron sigilosamente y cercaron la calle Sarmiento, entre Callao y Rodríguez Peña. Uno de los agentes sacó su arma reglamentaria y se la apoyó en la cabeza a Wagner Goncalvez Da Luz, quien fue obligado a subirse a uno de los móviles policiales. Su hermano se quejó y automáticamente fue a parar al asiento de al lado.
Delfín tampoco se quedó callado: "Los están arrestando sólo por ser negros", gritó. Uno de los policías lo identificó y arrojó su DNI al suelo, provocando una fuerte discusión. De manera violenta, a las 7:30, lo metieron en el móvil 305.
Delfín fue alojado en la Comisaría 5ª en un lugar diferente al de sus amigos. A las 9, salió en camilla murió en una ambulancia del SAME camino al Hospital Ramos Mejía.
Como en otros casos, la explicación oficial fue que Delfín estaba muy drogado y se autolesionó tirándose de cabeza al suelo, llegando a fracturarse algunos huesos.
Para justificar que el procedimiento era prolijo, los agentes cuestionados supuestamente salieron de la comisaría y demoraron al taxista Oscar Almada para que oficiara de testigo. Este hombre le aseguró al juez Raúl Irigoyen que el uruguayo comenzó a rasgarse sus ropas hasta quedar desnudo y que luego maltrató su propio cuerpo.
"El entonces cuestionado cuerpo médico forense convalidó que Acosta haya muerto de una especie de accidente cerebro vascular producto del abuso de bebidas alcohólicas y de cocaína. Para nosotros, eso nunca se comprobó. Además, denunciamos que incluso antes de que estuvieran los resultados, el comisario Luís Fernández dijo a la prensa que murió de sobredosis", explicó el abogado Martín Scotto, quien se hizo cargo de la querella a pedido de la familia de José, actualmente fuera del país. 
Sobre la actuación del fiscal Juan Sansone, Scotto dijo que "tuvo una participación meramente formal y no impulsó el proceso. No apeló ninguna medida".
El 25 de abril, 20 días después, la causa fue archivada.
La familia de Delfín se topó con un muro de hormigón armado que le plantó la justicia y la policía local. La casa de la víctima fue registrada por desconocidos que se llevaron documentación médica, entre otros elementos. Los hermanos brasileños y otros posibles testigos fueron amenazados, otros directamente fueron desestimados por el juez, desalentando cualquier avance.
La causa fue archivada y desarchivada varias veces. También se abrió otro expediente en un juzgado de Uruguay en el que, entre otras conclusiones, se determinó que según la autopsia original Delfín debería haber consumido unos 30 gramos de cocaína esa noche, algo imposible de soportar para cualquier cuerpo humano. La investigación oriental también quedó en la nada.
El derrotero de la causa argentina fue convalidado por la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional, el Tribunal de Casación, la Cámara Nacional de Casación Penal y, finalmente, la Corte Suprema de Justicia.
El 11 de julio del año pasado, la CIDH admitió estudiar el caso por presuntas violaciones al derecho a la vida, a la integridad y la libertad personal, a las garantías judiciales, a la igualdad ante la ley y a la protección judicial. Carsen propuso entonces una solución amistosa que fue aceptada por la Comisión.
El gobierno argentino fue notificado a través de la Cancillería el 14 de enero y en un plazo de cuatro meses debía dar una respuesta. "Los tiempos están cumplidos, pero esto suele pasar. Esperemos que lo haga pronto. Ya van a cumplirse 20 años de lo que consideramos un crimen, aún impune", concluyó la abogada. «

Un reclamo justo y varias propuestas

Luego de admitir el estudio del caso, la CIDH aceptó la propuesta de la querella de llegar a una solución amistosa con el Estado argentino. De concretarse las sugerencias de la familia de José Delfín Acosta Martínez, se cambiarían para siempre las reglas de juego en la policía y la justicia. Entre otras medidas, proponen que se coloquen cámaras en todos los lugares donde una persona puede ser alojada en una comisaría, cuyas imágenes serían controladas por un organismo ajeno a la fuerza. 
Además de una compensación económica, se solicitó la apertura de una Comisión de la Verdad para que se investigue el caso y se condene a todos los policías implicados; la querella también pretende que se analicen las actuaciones de los funcionarios judiciales y peritos que tuvieron en sus manos el expediente. Otro de los reclamos es que todos los sumarios internos de la fuerza, de aquí en adelante, sean públicos; y que las comunicaciones de radio entre los agentes sean grabadas. La abogada Miriam Carsen reconoció que la negociación con el Estado "será dura pero vale la pena pelear por algo que consideramos totalmente justo".


Ver también: