domingo, 11 de abril de 2010

Crónicas Afro-Mexicas

Nuestro amigo, colega y colaborador del blog Nicolás Fernández Bravo está de viaje por México. Lo agarró la lluvia en Tulúm y, aburrido, escribió y luego nos envió esta crónica.
Pobre de é (?), y agradecidos, nosotros...
Que sean más, Nico....
Mario Guzmán Oliveres (b.1975), "Encuentro de pueblos negros , 2004, grabado en madera, 20"x40", de la exhibición The African Presence in Mexico, en el Mexican Fine Arts Center Museum

Mondongo a la mexicana
Por Nicolás Fernández Bravo

En la bastante improbable localidad de Escárnaga, en el Estado de Campeche (México), es posible encontrar un puesto callejero, pedir un rico guiso mondongo por menos de 2 dólares y alimentarse de una receta que desarrollaron las personas africanas traídas en calidad de esclavos por los españoles para trabajar en las distintas plantaciones de la entonces próspera colonia de Nueva España. Tuve la oportunidad de comprobar lo interesante que es el cambio en las tradiciones culturales afroamericanas, al experimentar una sutil variación de la versión “argentina” de esta comida: en las calles de Escárnaga (y posiblemente en otros lugares de México), el mondongo es preparado con chiles picantes, pimienta negra y, por supuesto, viene acompañado por tortillas. Por lo demás, se parece bastante al “guiso de toalla” que recordaba haber comido por última vez en mi infancia porteña, hace más de 30 años.
Mientras conversaba sobre la calidad del mondongo con la cocinera (“el mejor que había comido en tres décadas”, le confesé), me resultó desafiante “hablar del tema”. Consciente de las sensibilidades que suele generar hablar con la memoria de las poblaciones racializadas en países donde el racismo es activamente obliterado – como es el caso de Argentina y México – traté de dar vueltas sin ir al grano. “Bueno, esta es una comida regional mexicana”, me dijo la cocinera, quien tenía rasgos físicos que daban a pensar en una ascendencia africana. La conversación fue amable, pero tampoco digamos que verborrágica. Tras media hora de diálogos circulares, decidí que había que ir al grano.
- Pero esta comida, ¿la comían los negros mexicanos en la época de la colonia?
- Nooo, qué va m´hijo! Esta es una comida regional mexicana!
Aunque la cocinera y su socia parecían afro-descendientes, es sabido que los grupos de población de la zona que ocupó la civilización Olmeca, tienen también lo que podrían considerarse “rasgos afro”. A tal punto que las famosas cabezas talladas en piedra por los Olmecas, fueron vistas a través de los anteojos racializantes de los exploradores-aventureros del siglo XIX, como prueba de la presencia de africanos antes de la llegada de los colonizadores españoles (pseudo-teoría que por cierto, no goza de mucho consenso entre los arqueólogos). También es conocido el enorme flujo migratorio afro, tanto histórico como reciente proveniente del Caribe, y su fuerte impacto en las distintas regiones del país. Con lo cual, la clasificación del origen de las cocineras y su relación con las prácticas culturales a partir de su fenotipo resultaba al menos complicado.
Afro-mexicanas de la Costa Chica

Es probable que las virtudes metodológicas de esta “etnografía circunstancial” (¿?) sean más bien magras, y que en contextos más serios y con más tiempo, efectivamente sea posible dialogar sobre la memoria y la vigencia del legado de la población de origen africano en México. Pero esta anécdota pasajera me hizo pensar en una serie de problemas que en algún punto, pueden conversar con nuestra realidad afro en Argentina.
El proyecto de la modernidad en Argentina tiene pocos puntos en común con la versión mexicana. La modernidad en México se asienta sobre un explícito y celebrado relato de mestizaje. Los elementos indígenas de este relato tienen dimensiones demasiado grandes para ser invisibilizados: desde la monumental arquitectura de las culturas precolombinas, pasando por la cuantiosa población indígena actual, hasta su extraordinaria y diversa dinámica cultural. De todos modos, este mismo relato ha hecho que las grandes civilizaciones sean exclusivamente parte de un pasado mítico, y que las poblaciones subalternas actuales sean un lastre que la mexicanidad en general tiene que “tolerar”. La militarización de Chiapas es un ejemplo de lo que puede hacer el Estado cuando esta tolerancia deja el disfraz del multiculturalismo. Pero por lo general ambos, el pasado y el presente, alimentan una colosal industria turística marcada claramente por el color del consumidor y de la propiedad. La escasez de debates públicos sobre el racismo en México, incluso con su celebrado mestizaje, son parecidos a los de la Argentina: aquí no hay racismo. No hay racismo porque aquí nos mezclamos muy bien, güey, y porque indios quedan pocos y negros no hay, ché.
En medio de estos dilemas, la historia de la población afro en México es diferente a la de la Argentina: es el producto de un proyecto de modernidad diferente. Pero la situación actual de los afro-mexicanos es semejante: no contamos para la historia, somos invisibles, nuestro aporte en la construcción de la Nación es ignorado. La forma de los reclamos colectivos de la población “afro guión”, organizada fundamentalmente en algunas localidades de Oaxaca y Veracruz, y apenasdispersa en Tabasco, Campeche y México DF, es prácticamente idéntica y cuenta con obstáculos y estímulos muy semejantes a los de la Argentina: apoyos eventuales, fundaciones ocasionales, oportunistas rapaces. Por su parte, algunas iniciativas impulsadas por Guillermo Bonfill Batalla y un grupo reducido de intelectuales reunidos en torno al programa “La Tercera Raíz”, han dado resultados que recuerdan tristemente al estado de la temática en la Argentina. Esta simetría presenta algunos interrogantes sobre la preocupante homogeneidad de la estructura del discurso sobre el racismo en América Latina, y permite considerar qué errores podemos evitar para salir del fango.

Foto de MANUEL APODACA: pareja afromexicana en Cuají, estado de Guerrero

En un entorno de invisibilidad de la población, las prácticas y los debates sobre la herencia africana en México, la anécdota de las cocineras me invitó a pensar algunas diferencias específicas: la relación entre lo público y lo privado, la forma en la que ha operado el cambio cultural, y lo riesgos del pensamiento racializado. En primer lugar, encontrar marcas de la herencia africana en el ámbito público, es en sí un hecho interesante y en absoluto aislado. Hay muchos locales que venden actualmente mondongo y lo publicitan, a sabiendas o no de su origen. Esto no parece representar ningún conflicto en torno a quién está autorizado a cocinar mondongo, ni parece limitar su uso a la esfera de lo privado. En segundo lugar, es evidente que hubo un fuerte proceso de integración de la “receta”, hasta el punto de mexicanizarla y diseminarla por toda la nación (o al menos al sur de México, donde la he visto en reiteradas oportunidades). No parecería razonable que los afro-mexicanos se sientan ofendidos por la irrupción de la tortilla en el mondongo, u otro elemento que atente contra la “pureza” de la receta original. Por último, la anécdota ilustra lo difícil que resulta el trazado de genealogías racializadas en contextos en donde la memoria colectiva ha sido fuertemente aplastada por un proyecto de modernidad selectivo (mestizo o europeizante, qué más da) que no contempló el aporte de los grupos de población de origen africano que trabajaron en los cimientos de esa misma modernidad.
Así las cosas, entiendo que el debate sobre la herencia africana en México también se encuentra estancado, aunque en la Argentina existen algunas particularidades interesantes. La principal tal vez sea, para el área metropolitana de Buenos Aires, la tibia emergencia de un campo más extendido y con voces diversas en el que se discuten temas como no sólo la herencia culinaria o musical y los aportes a la economía y la sociedad, sino también la migración progresiva de población de origen africano en la actualidad y su relación conflictiva con el resto de la sociedad. Es esta posibilidad de hablar claramente sobre el racismo vigente (el racismo sofisticado y no el racismo primitivo: el que se filtra por entre los intersticios de la corrección política, en los orígenes y en la proyección futura de la Nación) lo que podría contribuir a salir del fango, toda vez que artilugios como la narrativa del mestizaje implican, para toda la población de origen africano, un presente subalterno.
Fuentes de las fotos:
y

viernes, 9 de abril de 2010

Foro Afro del INADI en la revista Uno Mismo

Esta nota sobre los miembros del Foro de Afrodescendientes del INADI (ex, en el caso de Celestin que ya no forma parte del mismo) no es nueva, pero se me había pasado -en mi intento de registrar lo máximo posible los discursos sociales al respecto.
Quienes sigan el blog saben que he manifestado varias veces mi desacuerdo con las políticas del INADI pero sin duda es interesante escuchar las voces de los miembros del Foro.
Me gustaron, además, las fotos, bien alejadas de las que solemos ver..
Agradezco a Diego Ramos por dejarme reproducir esta entrada de su blog, y lo recomiendo, tiene varias notas sobre cultura afroamericana (dire abajo).


Alma africana
El Foro de Afrodescencientes y Africanos del Inadi busca dar visibilidad a nuestra cultura negra.
Por Diego Oscar Ramos (texto e imágenes)
Publicado en la revista Uno Mismo - Abril 09
Como para llenar un vacío de muchos años, vivimos tiempos donde se empieza a reconocer abiertamente la herencia de africanidad de nuestra historia. Y se da justo en un momento donde crecen también las migraciones de países africanos, lo que plantea un paso más en el dibujo constante de nuestra identidad. En este contexto se creó en octubre de 2006 el Foro de Afrodescendientes y Africanos en la Argentina, una entidad dependiente del Instituto Nacional contra la Discriminación (Inadi). El fin es promover el pluralismo social y cultural, además de la lucha contra la discriminación de esta población específica. Según datos de un censo piloto también del 2006, realizado en el barrio porteño de Monserrat y en la localidad santafecina de Santa Rosa de Lima, el 5% de la población sabe que tiene antepasados de origen negro africano y un 20% considera que podría tenerlos. Estos números daban respaldo a un estudio del Centro de Genética de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires que indicaba que un 4,3 % de habitantes de la capital y el conurbano bonaerense tiene marcadores genéticos africanos.
“Tengo la sensación de que, de a poquito, es la primera vez que estamos saliendo a la luz, nosotros, los desconocidos de siempre, los que según la historia desaparecimos con las guerras o la fiebre amarilla, pero no es así”, asegura Elida Obellia, miembro del Consejo Asesor del Inadi para estos temas y presidenta de la Federación de Organizaciones Afro. Aporta entonces datos complementarios, de un censo de 2005 realizado en conjunto por el Indec, la UBA y el Banco Mundial, que indican que hay 2 millones de afrodescendientes en zonas como San Telmo, Matanza y Santa Fe. Los datos, de todos modos, acaban siendo relativos, comenta Obellia y asegura: “No sabemos cuántos somos realmente, porque somos mestizos y lo afro ya trasciende la piel, lo ves los rasgos de la gente, en la boca bembona, la nariz chata y los rulos, en el cuerpo, alcanza con salir a la calle para ver cuánto de negro tiene este país”·
Los registros más tradicionales de nuestra historia afirmaban que la población negra en Argentina disminuyó desde comienzos del siglo XIX hasta prácticamente desaparecer. Lo que junto a las políticas inmigratorias de la década del 80 del siglo XIX, cuando se comenzó a incentivar la llegada masiva de población europea, hizo que la presencia afroargentina pareciese casi nula. Y se han reclasificado situaciones como la participación masiva de negros en la guerra contra Paraguay y el ataque fatal de la fiebre amarilla sobre regiones más pobres donde estaba instalada el nudo de comunidades afro, dándose lecturas históricas que dicen que en esto pudo haber existido una política de exterminio masivo. Frente a estas zonas de nuestra historia, el Foro se plantea como posible portador de un recambio energético de esa potencia negadora. “Después de tantos años de estar escondidos es la primera vez que se logra que el Ministerio de Educación apruebe la implementación en los libros de texto escolares de la inclusión de nuestra historia afro, ya se firmaron acuerdos con el 70 por ciento de las editoriales”, comenta con entusiasmo la representante del Foro y agrega: “Las nuevas generaciones van a saber que existimos”. En su caso, este trabajo la llevó a viajar a Angola, donde hasta encontró una mujer de enorme similitud física y fisonómica, lo que le dio pistas de su origen ancestral, algo que nunca había podido rastrear con certeza.
Este tipo de búsquedas ligadas a la identidad profunda pueden divisarse al asistir a reuniones del Foro, donde participan desde descendientes directos de africanos a personas que profesan religiones de base africana, más allá del color de su piel. También lo conforman inmigrantes de países de reconocida presencia negra como Brasil a hombres nacidos en naciones africanas. Esta diversidad hace también que las discusiones posean un espectro amplio en búsquedas y propuestas, lo que parecería lógico si se quiere hacer un trabajo que contemple la africanidad argentina en sus rasgos más vitales y no sólo en lo más obvio.
Ir más allá
Es en ese sentido que Nengumbi Celestin Sukama, nacido en la República Democrática del Congo hace 50 años y llegado al país en 1995, tiene intenciones firmes de ir a lo profundo con la erradicación de la discriminación y el racismo. Actualmente está a cargo en el Foro de un censo para los nuevos migrantes africanos. Por haber vivido la discriminación laboral, siendo desocupado por años aún con título de Contador y dominando varios idiomas, es que Sukama evalúa con cautela lo conseguido. “Obviamente que es importante, porque se está hablando de la temática afro desde un espacio institucional”, comenta y dice que para que se llegue a fondo hay que convertirlo en parte de la misma cultura. Por eso es que considera que no hay que quedarse sólo en el rescate de lo folclórico. “Los afro sabemos bailar, es el lugar que se nos ha dado históricamente, pero hay que escalar un poco, porque la capacidad del ser humano no depende de la piel, el cerebro no tiene color”, sentencia el miembro del Foro y repite que quiere mucho más que conseguir libertad de expresión cultural o religiosa. Así aporta que es necesario que todos los políticos incorporen el tema del racismo en sus discursos. Eso como primer paso, porque lo que siente que cambiará las cosas está en el plano de la acción y la presencia. “Tiene que haber un secretario afro, un viceministro, alguien en Cancillería, en el Gabinete, en la Presidencia, en las direcciones de las empresas”, dice el miembro del Foro y agrega que también las ficciones televisivas deberían ubicar a personas afro en ese tipo de roles. Eso complementaría un trabajo que hasta ahora se ha enmarcado básicamente en lo cultural y religioso, un proceso que incluyó desde conferencias, seminarios y espectáculos estético religiosos. En un 2009 que ya va anunciando como pleno de actividades en sintonía con el objetivo de reunir entre sí a los afrodescendientes y a los africanos que aquí vivan, es que Sukama concluye: “Empezar a ver estas actividades es revitalizar la historia de los negros en Argentina, todo esto es un signo positivo, pero hay que ir más allá”.

Tres etapas
“Existen investigaciones en diversos países americanos que, basadas en el hallazgo de objetos precolombinos con figuras de rasgos negros bien definidos, sostienen la teoría de la llegada de africanos al continente antes de los españoles. Sin embargo, la conformación de la comunidad negra argentina se desarrolla en tres momentos históricos”, se indica en un texto del Decreto 1086/2005 titulado "Hacia un Plan Nacional contra la Discriminación". Allí se indica que “el primer momento comienza en el siglo XVI y se consolida en los siglos XVII y XVIII con la trata de africanos esclavizados destinados a servir de mano de obra de los colonos europeos en América”. Luego se explica que el segundo “comienza a fines del siglo XIX, se extiende hasta mediados del XX y corresponde a las inmigraciones provenientes de la islas de Cabo Verde, que llegaron en busca de mejores condiciones de vida que las impuestas por la administración colonial portuguesa”. El tercer momento, prosigue el documento, “ocurre sobre todo a partir de la década de 1990. Sus causas son principalmente económicas aunque se combina a temores de persecución política. En este momento llegaron al país migrantes de Senegal, Nigeria, Mali, Sierra Leona, Liberia, Ghana y Congo”. Finalmente, se aduce que en esa misma etapa arribaron al país otros afrodescendientes desde países latinoamericanos como Perú, Brasil, Cuba, Colombia, República Dominicana, Ecuador y Honduras.


Fuente de la nota: blog del autor:
Agradezco a Eva Lamborghini por el dato

jueves, 8 de abril de 2010

Suerte Negra

(foto: Mauricio Nievas, diaro Clarín del 8 de abril de 2010)
Una foto en la parte deportiva del Clarín de hoy.
Uno la mira un poco y ya se da cuenta que al fotógrafo, y al editor que la eligió como foto principal para ilustrar la nota, les gustó el contraste entre la piel negra del jugador colombiano y las medias blancas que lo rodean.
El contraste (individuo) negro-blanco es un tema antiguo en las imágenes que circulan en Argentina sobre las personas negras.
En publicidades, principalmente, la piel negra de los personajes fotografiados o dibujados -si son más antiguas- se utiliza como contraste de los productos que se quieren vender (blancos, como papel higiénico, telas, jabón de lavar) o, alternativamente, como correspondencias humanas de los mismos (chocolate, café).
Las insinuaciones raciales que uno puede o cree leer en la foto se hacen más patentes en la revista Olé, donde, como siempre, las cosas son dichas más frontal y explícitamente.
En este caso, en la tapa...
(demos gracias a Dios por un mundo previsible....)

Tapa del diario Olé: http://www.ole.clarin.com/diario/2010/04/08/tapapapel.html

Y también....

(foto: Mauricio Nievas)
Diario Olé, 8 de abril de 2010

domingo, 4 de abril de 2010

¡Felices Pascuas! -interculturales...

Estuve estos últimos días deseando ¡Felices Pascuas! algo preocupado, ya que en varios casos no estaba del todo seguro de la religión de mis interlocutores. Además de que la expresión no suena ya tan bien, después de que Alfonsín la utilizara tan poco felizmente.
Si mis oyentes eran judíos creyentes, correspondía deseárselo? Si eran judíos no creyentes, correspondía? (esto a raíz de que dos conocidos a los que aprecio me respondieron, "feliz (o fue buen?) fin de semana").
Y a mis amigos umbandistas con los que estuve anoche, correspondía desearles "Felices Pascuas"?
O estaba intentando imponerles "mi" feriado y fiesta a todos ellos?
¿Es realmente "mi" fiesta?
De lo único que puedo estar seguro, es que era mi y nuestro feriado. Las pascuas católicas, no importa qué, son un feriado nacional y como tal lo compartimos todos -sin importar nuestra religión.
De todas maneras, cada vez creo que es mas realista disociar los feriados de las festividades religiosas, y asociarlos con las prácticas reales que en esos días se realizan.
En este caso, por ejemplo, desear "que te regalen mucho huevos de pascua" o "que tus huevos de pascua sean muy ricos" -si el interlocutor es, digamos, de clase media más o menos pudiente como para poder comprar/recibirlos, claro ... O "que te diviertas mucho en tu viaje de fin de semana largo". Blanquear, quizás, como los uruguayos, que es la Semana del Turismo, y no tan Santa y ya...
Lo que quiero decir es que creo que ya hay que reconocer que cada vez más el "significado de las fiestas" es el significado (secular) que realmente le damos, y no el religioso que supuestamente debería tener. Que pocos conocen y a menos aún, les importa -en un país en el que sólo un 25% de las personas tiene un contacto regular y sostenido con instituciones religiosas.
De la misma manera, lo realista para Navidad sería decir: "que tus regalos sean muchos" o "que te gusten tus regalos", etc. O "que la pases bien con tu familia"..
Es claro que tanto los días de Pascuas como el de Navidad siguen siendo un momento de communitas, de juntarse con la familia, con los afectos, de intercambiar amor (en forma de regalos o no) y quizás de desear que el mundo pueda, efectivamente, ser mejor. Que nosotros podamos serlo. Pero no mucho más... o quizás no sea tan poco....


(doble click en las imagénes para agrandarlas)

Las pascuas multi/interculturales de La Nelly. Como siempre, Langer y Mira, unos capos. Sólo ellos pueden juntar tantas expresiones religiosas diferentes en una historieta de gran circulación. Pese a que todas ellas tienen muchos miles de practicantes en nuestro país, esta diversidad religiosa no forma parte de nuestra imagen de Argentina.

Del Clarín de hoy....

sábado, 3 de abril de 2010

Homenaje a José Delfín Acosta Martínez


Homenaje a José Delfín Acosta Martínez

Movimiento AfroCultural invita
Domingo 4 de abril
A partir de las 16hs.

Defender la cultura afro en argentina tuvo muchas veces consecuencias directas sobre la vida de las personas. A 14 años de la muerte de José Delfín Acosta Martinez, asesinado por la policía por defender los derechos de los afrodescendientes. Reafirmamos nuestra lucha.
Hoy, mientras los mas importantes referentes de nuestra cultura siguen siendo negados y utilizados, creemos necesario afianzar el compromiso con nuestros mayores que mantienen vivo los fundamentos de la cultura a través del candombe.
Jose Delfín Acosta Martinez, fue un Luchador por los derechos del pueblo negro. Maestro y promotor de la cultura afro del Río de La Plata. Tenía 32 años, cuando el 5 de Abril de 1996, sale en defensa de dos jóvenes afrobrasileros que estaban siendo detenidos por la policía sin razón. José es llevado a la comisaría 5· (Lavalle 1948) y asesinado a golpes por la policía. El caso a pesar de haber llegado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, sigue impune.
Programa:
Proyección del video "Hormigas Negras" Coro Afrogama (Uruguay)
Danza Afro a cargo del grupo de danza del movimiento Afrocultural
Roda de Capoeira
Toques de candombe
Lugar: Sede del Movimiento Afrocultural
calle Defensa 535 - Ciudad de Buenos Aires -
Para contactarse:
+INFO: Fernando 1531869031

viernes, 2 de abril de 2010

Los ojos celestes de Jesús

Hace muchos años, caminando por Toronto, llegando a un edificio que parecía un teatro, vi una imagen de un individuo morocho, con una cara fuerte y saludable y pelo largo y tupido (casi un rasta, a lo lejos). Pensé´que habría algún recital de reggae. Al acercarme, me sorprendió mucho ver que el supuesto cantante de reggae era en realidad ¡Jesús! y que el edificio era una iglesia.
Esa imagen tan diferente de Jesús me hizo dar cuenta de qué naturalizado tenía al Cristo de rostro enjuto, pálido, tomado del arte de El Greco, por el que suele optar la Iglesia Católica en Argentina. El rostro saludable y alegre del Jesús canadiense me hizo comprender que ciertamente podían haber otras visiones de su persona que no enfatizaran necesariamente la mortificación de la carne.
La imagen que vi y ahora no puedo encontrar era, en cierto modo, parecida a la de abajo -aunque ciertamente mucho más querible y afable. Una persona con el rostro típico de un habitante de Medio Oriente. La imagen que reproduzco a continuación de un posible rostro de Jesús fue reconstruída hace algo menos de una década mediante computadoras por un equipo internacional de científicos a pedido de la BBC de Londres, Discovery Channel y France 3.
Los expertos se basaron en informaciones disponibles sobre los judíos del siglo I después de Cristo; con la nariz pronunciada, la barba ordenada, la piel olivácea y los cabellos cortos y rizados.
En su momento la reconstrucción causó cierto malestar porque no coincidía con las imágenes de las pinturas clásicas ni las del cine y televisión.
Por de pronto, claro, no es castaño clara ni rubia, ni tiene ojos celestes, como suelen tener las imágenes más populares de Cristo.



Resulta interesante comparar las dos imágenes de abajo: casi exactas, pero una con el pelo y los ojos mucho más claros que la otra.


La "desetnicización" de Jesús -la necesidad de que parezca más blanco, más rubio o claro, más "europeo" y menos morocho de lo que realmente debe haber sido- no es la única, claro. Ultimamente hemos tenido muy interesantes y cercanos ejemplos. Uno es el indio Juan Diego, a quien se le apareció la Virgen de Guadalupe, y cuyo rostro se occidentaliza cada vez más, hasta que en su versión canonizada parece casi un caballero hispánico. Otro es Ceferino Namuncurá, quien también va perdiendo facciones indígenas a medida que se acerca a la santificación.
Según el orden de representaciones étnico-raciales imperante, es claro que la divinidad sólo puede tener los ojos y los rasgos del poder...