miércoles, 20 de enero de 2010

Dia de Oxossi

Oxossi según el artista bahiano Francisco Santos

The Lion King

Para cortar un poco con tanta noticia de desesperación....
¿Los africanos se creían que ya lo habían visto todo?
¿Se lo imaginan al Diego suelto en Africa?
Agarrensen ....
(imagen EFE)

(imagen EFE)

Fuente de las imágenes: diario Clarín de hoy. La nota en:
http://www.clarin.com/diario/2010/01/20/deportes/d-02123551.htm

martes, 19 de enero de 2010

Haiti (4)

Haití: Ni zombis ni macumberos
por Mae Susana (Andrade) de Oxum - Montevideo, Uruguay.

Vodun o vudú significa Orixá en el lenguaje de la cultura y mitología fon de los esclavos provenientes del Dahomey hoy República de Benin en África Occidental. Orixá u Orisha, es fuerza de la naturaleza o sea que Vodun, o su fonética actual simplificada “Vudú”, alude a religión que venera la Naturaleza, lo cual debería hacer la humanidad entera a ver si encontramos perdón por los abusos contra los recursos naturales y logramos que el planeta Tierra siga cuidando a nuestra descendencia en tiempos venideros y a nosotros en lo que nos queda por vivir.
Repito por si no queda claro, el mítico vudú, fabulado y explotado cinematográficamente reproduciendo estereotipos estigmatizantes sin reparar en el daño social y la discriminación que alimenta, es una práctica religiosa o religión de matriz afro como tantas otras. Es parecido a la Umbanda, el Candomblé, el Batuque y la Kimbanda en nuestra región, la Regla de Ocha, Santería, Palo Mayombe y Abakuá en Cuba, el Tambor ritual en Venezuela y así sucesivamente. Todas estas variantes tienen similitudes pues son derivadas de los credos tribales africanos llegados a NuestrAmérica con la diáspora cruel ocasionada por el tráfico de esclavos hacia territorios conquistados en el nuevo mundo por las potencias europeas. Algunos de esos cultos se han mantenido casi puros, otras veces se han producido lógicas mezclas o sincretizaciones entre éstos y la fe de los pueblos nativos o aborígenes y también con la religión de los colonizadores.
La leyenda de los muertos resucitados, fue y es usada por inescrupulosos que capitalizan la ignorancia y el desconocimiento de cierto auditorio proclive a tales efectos. Un dictador sanguinario en Haití se sirvió del terror para fines déspotas tanto con pseudo policías homicidas como con los supuestos zombis.
Como si fuera poca desolación, aparecen en Brasil y en EEUU dos individuos uno -¿diplomático!?- al parecer haciendo gala de su ignara estupidez y otro con intereses creados -multimillonario pastor Robertson- diciendo que la culpa del terremoto del nueve de enero pasado la tiene el mismo pueblo haitiano por tanta “macumba” y pactos con el Diablo hechos para lograr vencer a la monarquía francesa como sucedió luego de una gran sesión. Haití fue la primera nación negra independiente en el mundo al liberarse de Francia en 1804.
¡Además del sufrimiento espantoso que padecen se les endilga habérselos buscado?!
En la actualidad los telepastores neopentecostales venden sus servicios anti Satán al mejor ofertante encarnando el “eje del mal” en los rituales afroespirituales, mientras muchos de ellos son acusados de lavar dinero encubierto como diezmos. Demasiado saben que cuando dicen “macumba” peyorativamente o como adjetivo ofensivo, se están refiriendo a algo similar a una misa e igualmente sagrado.
Las religiones africanas fueron demonizadas como máxima forma de desprecio a fin de ser aniquiladas porque eran -y son- elemento de cohesión, identidad y resistencia. Así surge la idea del vudú y la macumba vistos como brujería o pactos con Satanás, figura que ni siquiera existe en el panteón mitológico afro.
Comprendan de una buena vez que los haitianos practican vudú, fieles a la religión de sus predecesores, ejercen un derecho humano cuando lo hacen y menos mal que conservan la fe.
Casi nada tienen, no les quiten también eso.
La población inmolada perpetuamente en un país endémicamente empobrecido, sufre los efectos destructores de los huracanes de mayor magnitud arrasante que en islas cercanas debido a la tala indiscriminada de árboles por la quema de la floresta para ampliar las plantaciones de azúcar con las que acumularon cuantiosas riquezas los esclavistas. Eso para que ahora los haitianos sacien su hambre con galletas de barro cocidas al sol, mezcladas a veces con sal y grasa vegetal, altamente perjudiciales para la salud.

La colectividad afrodescendiente local, impulsa el Comité Afrouruguayo para la Reconstrucción y Desarrollo de Haití, activo en diferentes formas de ayuda y abierto a quienes deseen acompañarnos.
En respuesta a este acto de vandalismo verbal contra una nación hermana por más de 500 años acosada, damos participación a la celebración de una ceremonia interreligiosa de cuño africano por el pueblo de Haití a fin de mes, para despedir a sus muertos y rogar consuelo y paz para los sobrevivientes.
En Uruguay ya no tenemos conventillos, bastiones entrañables de la memoria patrimonial del África, y nuestras mujeres antes esclavas siguen siendo mayoritariamente domésticas u objeto de lujuria durante el Carnaval. Tímidamente han surgido espacios políticos que distan aún bastante de ser eficaces en términos de desarrollo y equidad racial. Depende de nosotros dijo el Padre Artigas por cuya causa patriótica plural muchas de las ancestras y ancestros queridos perecieron. Fortifiquémonos en la defensa de derechos propios como comunidad integrada e integradora.
A la sociedad sensible convocamos. Entre los cuerpos muertos en descomposición física y los cuerpos con vida en descomposición emocional, una bebita haitiana de diez y seis meses vivió casi tres días entre los escombros hasta ver otra vez la luz con sus ojos enormes. Hay esperanzas. Hoy surgen por doquier “negrólogos” con recetas a la medida del racismo estructural concibiendo una sociedad desde sí mismos sin contemplar la realidad diversa que les rodea. Sin importar el color de la piel, los afro-concientes debemos unirnos más que nunca para pasar del discurso a la acción. Somos capaces de gestar y gestionar los cambios acordes a nuestras necesidades, como lo fuimos de legar una cultura al mundo de la que hoy la humanidad toda se enorgullece.
Hagamos juntos el gran vudú para vencer la injusticia y la discriminación que campea. No esperemos el huracán o el tsunami porque si la desigualdad continúa, la desgracia ya está entre nosotros.

Imágenes (Erzulie Dantor en el sincretismo; maraca para dirigir ceremonias) de:
http://www.rootswithoutend.org/emporium/mambo_andreli.html

viernes, 15 de enero de 2010

Haiti (3)

Si uno está interesado en la cultura afroamericana, resulta difícil sustraerse a la catástrofe en Haití. No sólo fue la primera república negra en independizarse, sino también la cuna de manifestaciones culturales (religiosas, musicales, artísticas) notables.
Como suele suceder en Afro-América, los haitianos son intensamente ricos en cultura y muy pobres materialmente.
Y ahora, ni forma de imaginarlo.
Como dice una nota de Página 12 de hoy, a "la profunda debilidad previa de las instituciones y la infraestructura haitianas" hay que agregar que "el terremoto del martes, con epicentro en la capital, haya derribado físicamente la Casa de Gobierno, el Parlamento, los hospitales, y que entre sus víctimas se encuentre buena parte de los médicos, las enfermeras, los policías. El presidente haitiano instaló su despacho en el aeropuerto, por donde empezó a llegar la ayuda internacional."
Parece cine-catástrofe, pero es la realidad.
A continuación, la primera parte de una nota aparecida en el diario Crítica, que da una idea (vista desde afuera, claro) de la vida en Port-au-Prince previa al terremoto.
Para enfatizar la presencia cotidiana del arte en la sociedad haitiana, las fotos muestran los tap-tap, los pequeños ómnibus de transporte público pintados de maneras que recuerdan a nuestros filetes.
Port-au-Prince, la ahora destruída capital de Haiti
(La foto pertenece a www.traveladventures.org que permite su utilización para fines personales, incluyendo blogs)

Diario Crítica del 15 de enero de 2010. Opinión.
(El autor no se identifica porque los redactores están en conflicto con el diario y no firman sus notas)
Terremotos remotos
Los haitianos del mundo prefieren pensar que hay un dios aunque los condene a la pobreza sostenida y les mande, de tanto en tanto, desastres.
“Es de mañana y en Port-au- Prince, en las calles de Port-au- Prince, hay una cacofonía sostenida de gritos, músicas, bocinas y un calor imposible. En esas calles, que alguna vez fueron asfaltadas y ahora son barro negro maloliente, hay hombres que se lavan la cabeza con el agua servida que las cruza, mujeres que despulgan sobre sus faldas a chiquitos muy flacos, mujeres que dormitan bajo un sol como espadas, mujeres que se pasan el día entero de rodillas ante diez guayabas o un montoncito de maní. Hay hombres que llevan sobre el hombro maderos grandes como cuatro hombres, hombres que miran lo que más hombres hacen, hombres que miran a esos hombres que miran, hombres que ni siquiera se interesan, mujeres que llevan sobre sus cabezas baldes de agua o fardos despiadados, en equilibrio imposible, y muchos chicos que corren chapoteando del barro a la basura. En una esquina, otra mujer con camiseta de batman cuenta por cuarta vez su fortuna de catorce paltas y, a su lado, otra casi desnuda toma agua muy sucia de una taza, a sorbitos, y grita con los ojos en blanco: la cabalga un espíritu farsesco. En esa esquina, un chancho gris y grande como un trueno come basura sobre una montaña de basura y un pálido cabrito en la punta de una soga espera que alguien lo compre para llevarlo al sacrificio. Un negro blanqueado por la enfermedad lava un auto de antes del diluvio, y otro parte con una pica sobre el barro negro una barra de hielo. Lo miro, y él cree que tiene que excusarse. En créole me dice que su pica no es buena, que él sabe que en los países extranjeros las hay mucho mejores. Gente que pasa recoge del barro negro los pedacitos que le saltan, y los rechupa con alivio. No hay viento, y en el aire pesado se mezclan los olores del mango, la basura, la mierda y la canela con ese frito intenso de un aceite que hierve desde siempre. En esas calles, la miseria es ese olor inconfundible, una mirada de odio, la cara con que te piden todo el tiempo una moneda. Detrás, en las casitas de madera o de cartones, pintadas de colores, familias se amontonan en seis metros cuadrados sin luz ni agua ni grandes esperanzas. A veces llueve. Otras diluvia”, escribí, hace ya casi veinte años, cuando fui a Port-au-Prince, la capital de Haití, que ahora, además, es una ruina.


(La foto pertenece a www.traveladventures.org que permite su utilización para fines personales, incluyendo blogs)
Una ruina y, de pronto, tantas cosas vuelven a su lugar. Jueces juiciosos, jueces prejuiciosos, presidentas y presidentes imprecisos, reservas y terceras, embargos sin embargo, fondos, formas –hasta un bicentenario: todo en su lugar. De pronto, porque de pronto la prepotencia de la muerte los devuelve a su lugar de pavaditas. Aquí al lado, a menos de siete mil kilómetros, una tierra tembló y murieron docenas y docenas de miles y miles de personas. O, mejor dicho: murió una señora Catherine de unos sesenta años ocho hijos infinidad de nietos que vendía trozos de coco en la avenida y se teñía las canas, murió un chico Jean-François cuatro años gran comedor de mangos de la calle, murió su hermano Pierre que le llevaba un par de años y había empezado la escuela hace tres meses pero no le gustaba, murió un señor Étienne cuarenta y tantos empleado del correo de la calle Pétion dos hijas una nieta que el lunes pensó no ir a trabajar porque tenía acidez pero supuso que su jefe iba a suponer que estaba con resaca y le dio miedo y fue y el mundo se le cayó encima –y así de seguido, con muchos más detalles, mucha más sangre, mucha más mugre y mierda y gritos, cien mil veces. Imaginen estas frases reformuladas cien mil veces: sólo para ofrecer de cada muerto una imagen tan precaria como éstas serían precisas diez mil páginas.
(La foto pertenece a www.traveladventures.org que permite su utilización para fines personales, incluyendo blogs)

Fue aquí al lado, a menos de siete mil kilómetros, en un país desarrapado destrozado bellísimo. Fue aquí al lado y la prensa argentina lo contó con desgana: se dedicó, sobre todo, a esa falta de imaginación que suelen llamar nacionalismo, y se empecinó en repetir la historia del gendarme misionero que murió en su puesto de la ONU; reafirmó nuestro provincianismo, nuestra insistente convicción de que sólo nos importan los que tienen nuestro pasaporte –porque no debemos ser capaces de pensar que un señor haitiano o indonesio nos queda tan cercano como el otro. Pocas conductas más baratas, más cortitas. (...)
La nota, que en su segunda parte abandona el tema Haití, sigue en:
La nota de Página 12 nombrada al comienzo (de Pedro Lipcovich), en:

jueves, 14 de enero de 2010

Haití - Los motivos de la miseria....

Un país condenado al desastre
Galletitas de barro
Por Andrew Buncombe - de The Independent de Gran Bretaña para Página 12, 14 de enero de 2009

La reiteración de desastres naturales que ha soportado Haití en los dos siglos desde que logró la independencia de Francia muestran la vulnerabilidad de la nación caribeña ante las fuerzas extremas del clima. Lo que ocultan es el mayor impacto perjudicial de la intervención extranjera que aseguró que la gente común de Haití –el país más pobre en el hemisferio occidental– permanezca empobrecida. Tal situación dejó al país vergonzosamente mal equipado para evitar y lidiar con calamidades como la que enfrenta actualmente.
En Haití, a sólo 90 minutos de vuelo desde Miami, la democracia raramente tuvo una oportunidad. Entre 1956-1986, el país estuvo dominado por el dictador asesino François “Papa Doc” Duvalier y su apenas menos autoritario hijo, Baby Doc. Cuatro años después que Baby Doc huyera a Francia, un joven y dinámico sacerdote católico llamado Jean-Bertrand Aristide llegó al poder en una elección democrática con casi el 70 por ciento de los votos. Pero su teología de liberación y su deseo de aumentar el sueldo promedio de los trabajadores no le cayeron bien a la pequeña elite del país o a sus partidarios en Washington; fue derrocado dos años después por un golpe apoyado por la CIA.
Aristide regresó al poder con la ayuda de los marines de Estados Unidos despachados por la administración Clinton, y luego fue reelecto por un segundo término. Sin embargo sus esfuerzos por aumentar los sueldos en un país que se había convertido en una fábrica explotadora de trabajadores para la industria de la indumentaria en Estados Unidos, y su negativa a ceder a las exigencias del Banco Mundial y del FMI, enojaron nuevamente a sus opositores. En 2008, Estados Unidos –que ahora está enviando fondos de emergencia– bloqueó más de 500 millones de dólares en asistencia internacional.


Cuatro años más tarde, Aristide fue nuevamente obligado a dejar el gobierno por una coalición de intereses comerciales y ex soldados, apoyados por elementos de la administración Bush y el Partido Republicano. La falta de inversiones ayudó a crear un país en el que tres cuartos de la población vive con menos de dos dólares por día. Sólo el sub-Sahara de Africa es más pobre y sólo Somalia y Afganistán sufren un déficit peor de calorías. En los mercados, las galletitas hechas de barro y sal horneadas al sol son vendidas a los más pobres de los pobres.
Mientras, menos de la mitad de la población de ciudades como Puerto Príncipe, donde los pobres están apretujados en villas miserias controladas por bandas tales como Cité Soleil o en campamentos precarios fácilmente inundables, tiene acceso al agua potable. Las casas baratas construidas sobre las empinadas laderas apenas pueden aguantar una lluvia tropical, ni hablar de un terremoto.
Esta pobreza afecta directamente el paisaje. A diferencia de su vecina República Dominicana, a Haití le queda menos del 2 por ciento de sus bosques; la mayor parte fue talado para exportar o para la industria carbonífera. Cuando un huracán golpeó a Haití hace dos años, más de 1000 personas murieron alrededor de la ciudad de Gonaives, mientras en Cuba –donde las tormentas son más fuertes– murieron muchos menos. En Haití, la ausencia de árboles hace que las inundaciones barran el área.
Mucho se escribirá sobre el “pasado caótico” de Haití y su status como “estado fallido”. Hay muchas razones para haber llegado a esa situación; pero pocas tienen que ver con el golpeado pueblo de Haití.


Imágenes: Arriba, vevé (símbolo) de Erzulie Dantor, abajo, Mambo (sacerdotisa) Andreli en una ceremonia religiosa. Tomadas de:

miércoles, 13 de enero de 2010

Haiti

Vevé -símbolo- de Barón Samedi.
Barón Samedi, el más poderoso loa (deidad) de la familia de los Ghedé, controla el paso entre el mundo de los vivos y de los muertos. Frecuentemente se lo invoca para que impida este pasaje.

Haiti (2) - Cómo ayudar...

Transcribo información del diario La Nación:

Ante las reiteradas consultas recibidas de personas que desean solidarizarse con las víctimas del desastre ocurrido ayer en Haití, la Embajada de ese país en Argentina puso a disposición varias alternativas para los interesados en realizar donaciones de dinero.
Las contribuciones pueden efectuarse de la siguiente manera:
a) Por cheque, remitido a la Embajada, a la orden de Ministère des Affaires Etrangères d´Haití, con el memo: Assitance aux Victimes du Tremblement de Terre.
b) Por Giro bancario o depósito a la cuenta del Banco Francés: 304/0302381/6; CBU: 01703045 20000030238165; CUIT/CUIL/CDI: 30 692 186199.

El resto de las donaciones (alimentos o ropa) pueden ser enviadas a través de los Cascos Blancos, ubicados en la avenida Alem 884, tercer piso, oficina 310. Tel: 4310-2100.

Fuente. http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1221467&pid=8090782&toi=6256