jueves, 10 de abril de 2008

Fernanda Abreu - Samba, rap y funk


Fernanda Abreu no es tan conocida en Argentina como se merece. Quizas porque su mezcla de samba, funk y rap es demasiado "bailable" o demasiado carioca o porque no es una atracción turística en Río. No sé. Yo ya conocía temas suyos de bailarlos en fiestas en Brasil (Rio 40 graus, por ejemplo) pero sin saber de quién eran. Una tarde pasando por la unica disquería que había en Buzios tuve que preguntar qué era esa música cadenciosa y magnética que estaban pasando, y de ahí no pude dejar de tener cada cd que sacó (son pocos). Creo que nadie retrata el clima cultural de Río como ella - con un toque de glorificación excesiva como el que suelen tener los artistas brasileros con su cultura, pero cómo evitarlo?.
En el primer video canta sobre la batería de Monobloco (en su dvd), otro grupo que suena poco en nuestro país, pese a que son una maza. En el segundo, sobre imágenes de la ciudad, su Rio 40 graus, me encanta la letra.

Fuente:
http://www.youtube.com/watch?v=xPo67ORoF8Y
http://www.youtube.com/watch?v=dx1SQyN2Dnk&feature=related

miércoles, 9 de abril de 2008

Estética y ética en las religiones afroamericanas

Lo que sigue es el texto que sirvió de base a mi intervención en la presentación del libro Dueños de la Encrucijada. Está escrito como para ser presentado oralmente, y las reflexiones sobre la ética y la estética en las religiones afroamericanas son preliminares, pero según los asistentes no carecieron de interés. Claro está que todavía hay mucho por investigar y decir al respecto.
Performance de Guillermo Zabaleta en la presentación del libro
Sobre Dueños de las Encrucijadas

Estoy muy orgulloso de haber colaborado en este proyecto que realmente fue el que más me entusiasmó en los últimos meses. Me parece sumamente importante la conjunción de religión, arte y antropología que se da en esta obra –una combinación infrecuente, al menos por estos lares.
Me pone muy contento, también, que a esta religión, que en Argentina tiene muy mala imagen y aparece casi siempre injustamente en las páginas policiales, se le brinde el lugar cultural que merece, como fuente de experiencias no sólo religiosas sino también artísticas.Esta es una religión que hace más de tres décadas practican miles y miles de argentinos (algo que por algún motivo parece siempre olvidarse) sobre todo en el gran Buenos Aires pero también en las principales ciudades del interior. También hay que considerar que hace unos veinte años comenzó en la ciudad (en este mismo centro) un importante movimiento cultural secular (de danza y percusión) también basado en los orixás que muestra el atractivo y la relevancia de esta cosmovisión y de sus símbolos religiosos, aún para gente que no la practica.
Performance de Guillermo Zabaleta en la presentación del libro
Este tipo de emprendimientos y de eventos nos llevan un paso más cerca para considerar a las creencias afroamericanas como parte del patrimonio cultural de la humanidad, accesible a todos los que se acerquen con respeto y se tomen el tiempo de aprenderlo adecuadamente. De la misma manera que otras tradiciones culturales como las orientales, por ejemplo, que ya han sido legitimadas socialmente.
El libro que presentamos hoy pone en relieve no sólo uno de los simbolos religiosos de origen africano mas complejos e interesantes (de hecho es uno de los más interesantes, aún considerando todas las tradiciones religiosas) sino que también rescata la variante religiosa afroamericana que más se desarrolló en Brasil y el Rio de la Plata en la última década: la kimbanda. Variante religiosa con una mala imagen fuera de la religión, pero que es una fuente de fortaleza y socorro espiritual para sus practicantes. Esta variante religiosa tiene mala imagen sobre todo por esa iconografía diabólica que también aparece en el libro, pero cuyo verdadero significado es develado en los textos que acompañanan a las fotos, ya sean los de cuño más antropológico como los textos más vivenciales escritos por los país de santo. Esa fue la idea cuando les pedimos textos, que se focalizaran no tanto en lo teológico que ya iba a aparecer en los otros escritos sino en su propia experiencia, cómo era eso de tener/incorporar un Exú. Quiero remarcar el respeto con que Juan y Daniel se acercan siempre al universo religioso de los sectores populares (no tan populares en el caso de la Umbanda/Africanismo), como una fuente legítima de experiencias y conceptos estéticos. También el que mostró el fotógrafo, Guillermo Srodek-Hart, al fotografiar los altares y ceremonias. Uno a veces tiene miedo con los fotógrafos porque en ocasiones ponen el obtener una buena foto encima de otras consideraciones, pero no fue éste, creo, el caso. Me encantó, cuando volvíamos de una de las ceremonias de kimbanda , la primera que él había visto, los comentarios apreciativos y bien perspicaces que hizo sobre lo que vió, de haber tenido un grabador hubiera sido un buen añadido a los escritos.
Ofrenda para orixás antes de un batuque - Pai Walter de Oxalá, Ciudadela
Para terminar, quiero decir algo sobre la experiencia religiosa y artística y su relación en las religiones afroamericanas, al menos como yo lo he observado en los veinte años que acompaño la vida religiosa de algunos templos.
Pensemos primero que para gran parte de la gente del conurbano bonaerense que generalmente no va a museos ni asiste a galerías de arte, su manera principal de crear y apreciar arte es a través de la religión. A través de la construcción y también de la apreciación de los altares del catolicismo popular (que tan bien retratan y recrean los cuadros de Daniel Barreto) o de las religiones afrobrasileras (que me atrevo a decir que son una de las formas más complejas en las cuales se expresan las estéticas populares conurbanas, porque involucran tanto danza, como canto, como música, como su performance unificada, y además esas instalaciones portentosas que son los altares). O a través de la apreciación musical y de la oratoria, para el caso de los pentecostales.Todo lo que se hace en las religiones afrobrasileras, afroamericanas, de origen africano, está atravesado por preocupaciones estéticas. Son religiones ritualísticas, en las cuales el manejo correcto de la performance ritual es más importante que la teología (aunque ésta está ganando su lugar también en los movimientos de reafricanización cada vez más fuertes). Esta competencia performativa (entendida como idoneidad, pero también como competitividad) es vital para demostrar, a propios y ajenos el conocimiento religioso que se posee. Además, todo está hecho para agradar a los seres espirituales y para ello la estética de todo lo que se hace es fundamental. Tanto de las ofrendas que se preparan y luego se dejan frente a los altares, como las ropas que visten los médiums y sobre todo después los espíritus; el decorado de los salones donde se hacen las ceremonias; los altares de umbanda y el cuarto santo de orixás, el cuarto de Exús, etc.. El toque de los tambores, las voces que cantan, todo tiene que ser bello para agradar a los orixás y a las entidades espirituales.

Ofrenda para Pomba Gira - Templo pai Alberto de Oxalá, Caseros
Por lo tanto lo bueno, lo bello y lo correcto ritualmente están fuertemente entrelazados.
Es correcto y necesario para que haya comunicación entre el mundo natural y el sobrenatural (que en realidad están interconectados) para que los orixás obtengan el axé que proviene de las ofrendas que realizan los devotos, la fuerza espiritual que permite que éstos ayuden a los humanos y que se mantenga la vida en este mundo, en el aiyé. Es bueno porque permite que los humanos realicen el camino espiritual que les trazó su orí, su cabeza espiritual, su destino en esta tierra. Y si es correcto y bueno debe también ser bello. Las nociones de bien y de belleza, la estética y la ética, están fuertemente interrelacionadas. Me arriesgaría a decir que una funda a la otra, no habría ética sin estética.
Si los artistas tienen siempre sobre su obra la mirada evaluativa de su público, de sus colegas y de los críticos, los afroumbandistas tienen críticos todavía más exigentes: sus colegas de otros templo que continuamente los visitan están siempre evaluando qué tan bien y qué tan lindo se hace todo, pero además y sobre todo tienen críticos sobrenaturales que son los orixás y las entidades de umbanda y kimbanda que tienen que estar satisfechos con lo que se les ofrenda.
Ofrenda para Exú - Templo pai Alfredo de Ogun, Floresta
Es tan fuerte la presión estética que aún quienes saben poco de religión saben que todo lo que se hace y ofrenda debe ser lo más bello posible. Para quien no sabe nada de religión, que al menos sepa que si encuentra una ofrenda hecha descuidadamente la persona que lo hizo es un ignorante en temas de esta religión.
Son nociones de belleza que tienen un basamento tradicional, pero que van cambiando todos los días, en la medida en que los creyentes van añadiendo cosas, haciendo interpretaciones propias de qué elementos son apropiados para cada orixá africano o cada entidad espiritual de la umbanda y o la kimbanda. Es una tradición viva, en perpetuo cambio, especialmente en una variable de desarrollo reciente como la kimbanda. Una tradición tan viva que puede dar origen a un libro como este que presentamos hoy.

martes, 8 de abril de 2008

Dueños de la Encrucijada - Presentación


Arte Brujo y el Centro Cultural Rojas - UBA invitan a la presentación del libro
Dueños de la encrucijada, de Colección Arte Brujo.
Martes 8 de abril . Centro Cultural Rojas
Presentación a cargo de Máximo Jacoby (curador y coordinador de Artes Visuales del C.C.Rojas), Juan Batalla (co-director de Arte Brujo y curador de "Dueños de la encrucijada"), Alejandro Frigerio (antropólogo especializado en el universo afrocultural), Ángela López Ruiz (artista visual uruguaya con foco en la ritualidad africanista) y Julieta Eskenazi (co-directora del grupo de danza Oduduwa).
Realización de la performance Elegbé por Guillermo Zabaleta (artista visual uruguayo).
Set de danza a cargo del grupo Oduduwa.
Proyección de los videos Laroie de Ángela López Ruiz (artista visual uruguaya) y Encrucijada de Anabel Vanoni (artista visual argentina).

lunes, 7 de abril de 2008

En la Argentina no hay razas...

Parte de la portada del diario Crítica del 28 de marzo del 2008

domingo, 6 de abril de 2008

Pomba Gira en Pagina 12

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-4545-2008-04-09.html
Radar -Suplemento dominical de Página 12
Domingo, 06 de Abril de 2008

Rojo y negro
Pombagira y Exú son entidades espirituales que integran el complejo panteón africanista, por lo general malentendidas, desconocidas y consideradas con prejuicio por quienes no son sus fieles. Su culto aparece en muchas encarnaciones: por eso quizá los directores de la colección Arte Brujo decidieron recortar la puesta en escena del fenómeno al Río de la Plata. Así el libro Dueños de la encrucijada recopila imágenes y textos que indagan sobre este rito. Aquí, el sociólogo Reginaldo Prandi explica este culto, su inquietante ritual y sus significados sociales.


Por Reginaldo Prandi
Las pombagiras son espíritus de mujeres, y cada una de ellas tiene su biografía mítica, que puede estar más o menos divulgada entre sus devotos y clientes, en general historias muy fragmentadas. En la configuración mítica de Pombagira nunca faltan sexo, dolor, desventura, infidelidad, transgresión social, crimen.
¿Pero quién es Pombagira?
Antes que nada, Pombagira es un exú, o mejor, un exú mujer, como ella misma gusta de ser llamada. En la concepción umbandista, Exú es un espíritu del mal, un ángel caído, expulsado del cielo, finalmente un demonio y que habita en el infierno y en las encrucijadas. Pero afirmar únicamente eso es simplificar demasiado las cosas.
Hay mucha confusión en torno a las palabras Exú y Pombagira. El propio término “Exú” puede referirse a entidades y divinidades con status religioso diferenciado. Al menos cuatro puntos merecen ser aclarados:
1) El exú de la umbanda es diferente al orixá Exú cultuado en el candomblé, en el batuque y en otras religiones afrobrasileñas tradicionales. En la umbanda se trata del espíritu de un muerto; en el candomblé y en el batuque, un espíritu divinizado, un orixá. Los orixás son divinidades identificadas con elementos de la naturaleza (el mar, el agua de los ríos, el trueno, el arco iris, el fuego, las tempestades, las hojas, etc.) y aspectos de la vida social (justicia, riqueza, amor, vida conyugal, etc.).
2) En el candomblé nagô (yoruba), Exú es el nombre del orixá mensajero entre el mundo de los hombres y el de los orixás. En el candomblé jeje (fon) es llamado Legba o Elegbara. En el batuque es más conocido por el nombre de Bará. En los candomblés congo y angola (bantúes), uno de los nombres de Exú, el orixá mensajero, es Bombogirá (Bambojira), del cual Pombagira es ciertamente una corrupción. Con el tiempo, ese nombre terminó por restringirse a designar la cualidad femenina de exú (típicamente bantú).
3) En América los orixás fueron sincretizados con Jesús, Nuestra Señora y diversos santos católicos. Varias características de Exú propiciaron su sincretismo con el diablo católico: su representación material de forma fálica, su ligación con la sexualidad, la condición de trickster, su supuesta falta de moral.
4) Más adelante, con el surgimiento de la umbanda, Exú pasó a designar a decenas de espíritus de seres humanos que en vida tuvieron una biografía socialmente marginal. La umbanda fortaleció la identificación de los exús con el diablo, mas la propia idea acerca del diablo sufrió cambios importantes en el imaginario umbandista. Los exús pueden ser masculinos o femeninos, y la palabra Pombagira se aplica precisamente en el caso del espíritu de una mujer.
En suma, el candomblé, el batuque y el xangô son religiones de orixás y Exú es su orixá mensajero, pudiendo adoptar otros nombres. La umbanda es religión de caboclos, pretos velhos y otros espíritus, reunidos en falanges comandadas por los orixás, que cuenta también con falanges de exús y pombagiras que no se mezclan con aquellos, y que no son orixás. De todos modos, hoy en día no es difícil encontrar en muchos lugares sacerdotes jefes de terreiros que combinan elementos del candomblé y el batuque con otros de umbanda, haciendo una selección de tal o cual aspecto según siente que mejor lo representa, formándose así una enormidad de variantes religiosas.
Desde el punto de vista moral, las religiones tradicionales afroamericanas no distinguen entre el bien y el mal, en el sentido judeocristiano. Su sistema de moralidad se basa en la relación estricta entre el hombre y el orixá. Esa relación es de carácter propiciatorio y sacrificial. La relación de los hombres entre sí, en el sentido de la formación de una comunidad, en la que el bien del individuo está subordinado al bien colectivo, tiene importancia secundaria. El bien y el mal son caras de la misma moneda.
Por otro lado, la umbanda, que retuvo una fuerte herencia cristiana -kardecista, preservó la noción del bien y del mal como campos antagónicos, pero trató de mantenerlos separados en compatimientos estancos. Así, la umbanda se divide en una línea de “derecha”, dirigida al manejo de las fuerzas del bien y que “trabaja” con entidades “evolucionadas” (caboclos, preto velhos, etc.), y una línea de “izquierda”, también llamada quimbanda, que puede trabajar con fuerzas del “mal”, y cuyas entidades, espiritualmente “atrasadas” (exús y pombagiras) están asociadas al infierno católico. De todos modos, esta división puede ser meramente formal, funcionando como una orientación clasificatoria estrictamente ritual y de poca importancia ética.
Las pombagiras y sus compañeros exús, que forman la quimbanda, o la “izquierda” de la umbanda, son espíritus maleducados, impúdicos, agresivos. Dicen palabrotas y dan carcajadas estrepitosas. Pombagira es el espíritu de una mujer que en vida habría sido una prostituta, mujer de bajos principios morales, capaz de dominar a los hombres mediante sus proezas sexuales, amante del lujo, del dinero y de toda suerte de placeres. Las pombagiras usan trajes escandalosos de color rojo y negro, y una rosa roja en su largo cabello moreno, y exhiben formas de prostituta, ora del burdel más miserable ora de elegantes salones de meretricio, juego y perdición. Puede exhibirse también como una gran dama, fina y esmerada, pero siempre una dama de la noche, una cortesana pecadora. A su vez, los exús son espíritus de bandidos, marginales y otros tipos sociales indeseables. Algunos gustan de presentarse con las manos en garras y los pies transformados en cascos de animales satánicos. Visten una larga capa negra con su interior forrado de rojo, y llevan en la mano un tridente de fierro.
Aunque puedan mostrarse elegantes y amigables, esas entidades nunca son enteramente confiables y siempre acaban por revelarse interesadas. Exús y pombagiras enfatizan su naturaleza diabólica (al menos verbalmente) y ponen empeño en demostrar animosidad y desprecio por quien procura obtener auxilio y protección de parte de ellos. Quien se acostumbra, sabe que se trata de un juego teatral.
Sobre todo entre la población urbana pobre, es común apelar a Pombagira para la solución de problemas relacionados a fracasos y deseos de la vida amorosa y la sexualidad, además de otros innúmeros que aparejan situaciones aflictivas.
Estudiar los cultos de Pombagira nos permite entender algo de las aspiraciones y frustraciones de grandes grupos de la población que están muy distantes de un código de ética y moralidad basado en valores de la tradición occidental cristiana. Pues para Pombagira cualquier deseo puede ser atendido: no hay límites para la fantasía humana. Y lo mismo vale para los exús.
En la división del trabajo entre las entidades de quimbanda, Pombagira se ocupa especialmente de los casos de amor, protege a las mujeres que la procuran, y es capaz de propiciar cualquier tipo de unión amorosa o erótica, hétero u homosexual. Se debe obsequiar a Pombagira con cosas que ella usa en el terreiro cuando es incorporada: tejidos sedosos para sus ropas de colores rojo y negro, perfumes, joyas y bijouterie, champagne y otras bebidas, cigarrillos y boquillas, rosas rojas, además de comidas y animales sacrificiales que acostumbramos ver en los despachos dejados en las encrucijadas, playas y otros espacios, dependiendo del trabajo que se haga, siempre a la luz de velas rojas y negras. Para ser amigo o devoto de Pombagira es preciso tener una causa por la cual ella pueda trabajar, pues es el terreno del hechizo aquel en que se fortalece y gana prestigio. Aunque Pombagira no vive sólo de hechizos, ella no viene únicamente a “trabajar”. En sus fiestas, Pombagira viene a divertirse, danzar y ser apreciada y homenajeada, conforme al patrón del culto a los orixás. Un toque de Pombagira siempre tiene un tono de fiesta y diversión, a pesar del clima generalmente sombrío y de las expresiones de trance, ni siempre de buen gusto, que procuran reproducir estereotipos del bajo mundo.
La idea más generalizada acerca de Pombagira es la de que se trata de una entidad muy parecida a los seres humanos. Como mujer, habría tenido una vida pasada que refleja una de las más difíciles condiciones humanas, la prostitución. Habría sido víctima de su destino, como lo somos todos. Nadie creería que sus malos pasos en la vida hayan sido dados por placer, por desvergüenza, por propia voluntad. Al contrario, el coraje de aceptar su condición de prostituta, de bandida y de encarar la vida de frente fue su mayor virtud. Virtud de grandes cualidades, como aquella de las santas. Pecadora y santa, difícil es saber cómo separar una cualidad de otra. Pues fue justamente la triste condición de su vida terrena la que le permitió el conocimiento y el dominio de una de las más difíciles áreas de la vida de las personas comunes, que es la vida sexual y el relacionamiento humano fuera de los patrones de comportamiento aceptados y recomendados socialmente. Así, se cree que Pombagira está dotada de una experiencia de vida real y muy rica que la mayoría de los mortales jamás conoció, y por eso sus consejos y socorros vienen de alguien que es capaz, antes que nada, de comprender los deseos, fantasías, angustias y desesperos ajenos.
En cuanto las religiones cristianas son consideradas represoras y formadoras de sentimientos de culpa y pecado, la afrobrasileras son con frecuencia vistas como religiones liberadoras de la personalidad –no se cree en el pecado ni en la premiación o punición después de la muerte–. Todo ocurre aquí, en esta vida. La vida es buena y debe ser llevada con placer y alegría. No forma parte de su ideario el encubrimiento y aniquilación de las pasiones humanas de toda naturaleza, por más recónditas e innombrables que sean ellas. Es la lucha de los hombres y mujeres que procuran la ayuda de exús y pombagiras para la realización de sus deseos más íntimos. Pombagira representa sin duda una importante valoración de la intimidad de cada uno, pues para Pombagira no existe deseo ilegítimo, ni aspiración inalcanzable, ni fantasía reprobable.
(fragmento del texto de Prandi en Dueños de la Encrucijada)

sábado, 5 de abril de 2008

Homenaje a José Delfín Acosta Martínez

afiche del homenaje realizado en septiembre de 1996 en el C. C. Rojas

José fue uno de los primeros difundidores del candombe uruguayo en Buenos Aires. Formó parte del Grupo Cultural Afro, grupo pionero en la enseñanza de este arte a los porteños, a fines de la década de 1980 y organizó las Jornadas de Arte Afroamericano en el Rojas, en 1988, donde probablemente se hicieron los primeros talleres de candombe abiertos a todo público (o al menos, en un centro cultural importante). El 5 de abril de 1996 fue asesinado por polícias racistas porteños al salir en defensa de dos afrobrasileños a quienes éstos hostigaban. En su memoria su hermano Angel Acosta creó la comparsa Kalakangue e hizo el ya legendario desfile Homenaje a la Memoria en San Telmo en diciembre de 1998. Fue uno de los primeros activistas culturales en tener una conciencia afro que trascendiera las barreras nacionales.

En su memoria, el Movimiento Afrocultural realizará hoy una Jornada de Resistencia Cultural

Programa
- 15hs Muestra de pinturas sobre temáticas afro
- 16hs Homenaje a José Delfín Acosta Martinez: El homenaje comienza con la muestra de un video homenaje; estarán presentes Diego Bonga, Javier Bonga, Alejandro Frigerio, Pablo Cirio, Diana Maffía y Miriam Gomez
- 17hs Charla con Hermanos de Pueblos Originarios Abya Yala - Aymara - Quechua
- 17:30hs. Grupo de música Autóctona Quan-pacha
- 18hs Danza Afro – Grupo Liberación
- 19hs Clase publica “Los desaparecidos sociales” Equipo de Educación Popular “Pañuelos en Rebeldía”
- 20hs Roda de Capoeira Angola – Grupo Liberación
- 22hs Presentación de los auténticos referentes del candombe, Guabiyu, Juan Candamia, Foca Machado, Tito Quiróz, Diego y Javier Bonga entre otros.
- Cierre con Tambores de Candombe

Lugar: Sede del Movimiento Afrocultural - Herrera 313 (a 4 cuadras de estación Constitución)
Para contactarse:
Por mail: grupoliberacion@gmail.com - www.capoeiraliberacion.com.ar
Por Teléfono: Fernando 1531869031 / Mónica 1554929673
Mi intervención en el homenaje:
Conocí a José alrededor de 1989 cuando él era alumno de capoeira de Yoji Sena. Yo lideraba algo informalmente un grupo de capoeira angola al que de vez en cuando venía a practicar. Lo seguí viendo, cada tanto, hasta el día de su muerte, ya que ambos andábamos siempre por los eventos de la incipiente movida afro que se gestaba en ese entonces. También porque durante un tiempo nuestro grupo tuvo practicó en la sede del Grupo Cultural Afro, del cual él formó parte.
Luego de su muerte (de su asesinato), participé en un homenaje que se le hizo en el Rojas en septiembre (de 1996 o 1997).
Allí dije que José había sido:
- Uno de los principales difusores del candombe (si no el principal) en ámbitos culturales en los que por entonces el candombe tenia poca llegada (ambiente universitario, del teatro, de la danza).
- El fue quien organizó en el Rojas las Jornadas de Arte Afroamericano el 19 de septiembre de 1988 que no solo marcaron la irrupción pública de esta cultura en este centro, sino que además mostraron conjuntamente al candombe, la capoeira, la danza afro como parte de un mismo universo afrocultural.
- José luchó también por que la comunidad uruguaya de Buenos Aires tuviera una mayor conciencia de la pertenencia del candombe al folkore y a la cultura uruguayas. Esto quizás no sería necesario hoy, pero sí lo era entonces. Escríbia notas relativas a la temática afro en el periódico de la comunidad uruguaya en Buenos Aires llamado Mundo Uruguayo.
- Fue uno de los principales promotores de una conciencia afroamericana o afro en grupos negros que hasta el momento se habían mantenido separados (afrouruguayos, afrobraslieros, caboverdeanos)
- Fue una de las cabezas visibles de los negros argentinos, apareciendo en varias notas en revistas y diarios.
Dije entonces que perdíamos un gran mediador entre mundos diferentes (de la cultura, de las etnicidades, de los géneros musicales). Entre el candombe de la calle, el de escenarios, el de centros culturales. Entre capoeira, el candombe, el tango. Entre las distintas comunidades afro-migrantes.

Aunque era más un activista cultural que un militante social, José también fue un defensor de los derechos de los negros, y el serlo le costó la vida. Ademas de la perdida de una persona a la que conocía y apreciaba, aun cuando no fuéramos íntimos amigos, lo que me dificultó mucho el sueño los días después de su muerte fue el pensar : “no hay lugar en esta sociedad para alguien que defienda a los negros”.
Comprobar la fuerza estructural del racismo en la ciudad que encarnada en un o unos policías por un incidente banal le cuesta la vida a un activista cultural negro.Todos tenemos hoy más conciencia de que los “encuentros injustos con la autoridad” son una de las áreas duras de racismo en la sociedad. Estos “encuentros injustos con la autoridad” desde el siglo XIX dan origen a santificaciones populares, especialmente en algunas áreas del país, pensemos en todos los gauchos y bandoleros rurales santificados, de los cuales el Gauchito Gil es hoy el más conocido. Para el caso de las mujeres, serían “encuentros injustos con el poder patriarcal” (o más bien, la convivencia con….) y esto da origen a otro tipo de santificaciones femeninas.
Creo que tenemos hoy más conciencia sobre la incidencia de la portación de rostro en los problemas con la policía, pero todavía poca conciencia que hay claras connotaciones raciales en esta portación de rostro.

Estuve revisando los diarios de la época y cómo relataban el incidente:
Los policías lo mataron por defender negros , pero los medios, por más que le dieron trascendencia a la noticia, invisibilizaban que José era negro y que el crimen había tenido un origen racial. Ninguno dijo que un negro que defendía a otros de la policía fue asesinado por la policía.
En los medios se hace referencia a José como “uruguayo”, como “bailarin de tango” o “profesor de tango”. Sólo aparece una foto suya, posterior, con un tambor. La mayor parte de los medios no dicen que José era negro (solo la revista Noticias, en una nota reseñando el caso, un año después),
El caso sale en casi todos los diarios el 9 de abril de 1996:
Pagina 12: le dedica una doble pagina central, y en tapa un recuadro. En la nota, el texto del periodista dice “2 brasileños”, “un bailarin de tango” (así también en la foto), “un joven uruguayo”.
En una parte, al transcribir el relato de un amigo de José de lo que pasó, dice que los dos brasileños eran hermanos “de raza negra”, y que, según el amigo, José dijo “Dejen de tratarnos mal a los negros”. Esta es una de las dos brevísimas referencias a raza que hay en los diarios. No hay ninguna en los titulares, ninguna en el relato de los periodistas, sólo aparece la mención de raza cuando habla un amigo de José.
Clarín : Le dedica una pagina. Lo nombra como “músico uruguayo” que sale en defensa de “jóvenes brasileños”.
Cronica: La noticia sale en tapa, dice “profesor de tango”. En la nota. “profesor uruguayo”. Cita amigos de la víctima que dicen que salió a defender a brasileños que como él eran negros.
Popular: Ocupa media pagina; se refiere a él como “uruguayo”, “profesor de tango”.
Resumiendo:
Además de poner en pie de igualdad la explicación policial con la de la familia o amigos (pese a la poca credibilidad de la versión oficial: que le agarró un ataque dentro de la comisaría, o que se empezó a golpear él mismo con la pared)
No se menciona
-que era negro
-que era candombero y activista cultural
-en vez, se enfatiza que es profesor de tango. Quizás porque era una profesión mas entendible o socialmente aceptada (aunque en esa época también menos que ahora).
Quizás porque era claro, o porque estaba rapado. No se le podía ver el pelo, que es uno de los principales indicadores de raza acá: los negros negros son los “negros mota”.
Quizas porque Angel su hermano es blanco.
Pero invisibilizan también a todos los afrouruguayos que fueron a protestar ese dia a la comisaria. A nadie se le ocurrió preguntar o hacer notar que la manifestación estaba llena de negros.
Igualmente terrible es todo lo que vino después: la red de complicidades de varios funcionarios: médicos forenses, jueces, el ocultamiento de pruebas, hasta terminar con el exilio de Angel, su hermano, en España. Nada se resolvió sino que se complicó desde entonces.

Saliendo un poco de lo estrictamente policial del caso,
es claro que la muerte de José también tuvo que ver con el lugar del negro y del candombe en la ciudad en ese entonces. Y que ambos están relacionados.
Cambió algo desde entonces?

El candombe está menos invisibilizado, pero no se le otorga aún la relevancia cultural y social que tiene (siendo que ya es un elemento más de la cultura juvenil porteña).
Sigue siendo perseguido en varias áreas de la ciudad, todas las comparsas tienen problemas para practicar o para tocar en la calle.
Sobre los negros sigue habiendo las mismas áreas duras de racismo que hace 12 años cuando mataron a José. Desgraciadamente, las posibilidades de que vuelva a ocurrir algo así siguen intactas. Y quizás los medios reaccionen de la misma manera, desentendiéndose de los aspectos raciales de estos casos.

viernes, 4 de abril de 2008

Tropa de Elite

Digan lo que digan, esta película brasilera sobre la represión al tráfico de drogas en una favela carioca me pareció sumamente interesante. Abajo van dos lecturas bien diferentes acerca de sus méritos . Aunque no es mi diario de cabecera, tengo que reconocer que estoy más cerca de la crítica de La Nación que de la de Página 12. Que uno narre una película a través de los ojos de Hannibal Lecter no significa que esté a favor del canibalismo. Aún cuando vemos la realidad a través de los ojos (y la cabeza) del capitán del BOPE es difícil no pensar que tanto él como sus compañeros, por más honestos que sean, son unos desquiciados. Creo que la película puede ser leída desde tantos puntos de vista como los espectadores lleven al cine, sin necesariamente confirmar a ninguno. Si uno piensa que la inseguridad y el tráfico de drogas se resuelve con más represión, bueno, quizás su lectura de la película sea esa. Si uno no tiene una posición definida, no creo que el relato exasperado y violento del capitán Nascimento lo convenza. Sin duda la película es fuerte y perturbadora, y enfatiza el "si ustedes no la consumieran nosotros no la estaríamos vendiendo " (como dice el rappero portorriqueño Julio Voltio en el último cd de Tego Calderón) -lo que me parece que es una parte innegable de la realidad. Es algo desolador el panorama que pinta: no hay buenos ni malos ni una salida al caos. Ni siquiera la de matar negros a garrotazos.

1) Crítica de Página 12

Matando negros a garrotazos
El ametrallamiento visual de la película jamás podría dar pie a comprender mínimamente una cuestión tan compleja como la que el film aborda: lo único que permite “entender” es que hay que matarlos a todos ya mismo, tanto a los del morro como a los del porro.

Tropa de Elite Brasil, 2007.
Dirección: José Padilha.Guión: J. Padilha, Rodrigo Pimentel y Braulio Mantovani. Fotografía: Lula Carvalho. Intérpretes: Wagner Moura, André Ramiro, Caio Junqueira, Milhem Cortaz y Fernanda Machado.

No es tanto el Oso de Oro ganado en el Festival de Berlín como la cifra de alrededor de trece millones de espectadores totalizada en Brasil desde mediados del año pasado (se trata de un estimado, ya que en copias piratas la vio el triple de gente que en el cine, desde tres meses antes de su estreno) lo que revela la condición de fenómeno político, cultural y social de Tropa de elite, en la que se narra el combate de integrantes del BOPE (escuadrón especial de las fuerzas de seguridad de Río de Janeiro) contra el narcotráfico. Leña echada sobre un fuego de por sí vivo, es lógico que el público se haya dividido con violencia ante ella, dando lugar a ríos de notas, opiniones de todo tenor y hasta intervenciones de políticos y funcionarios, incluyendo al mismísimo Lula da Silva. Aquí, sin embargo, esta película-fenómeno se lanza con una intensidad llamativamente baja, a pesar de que uno de sus productores es el argentino Eduardo Costantini (h). Lo cual no la vuelve menos quemante, por cierto.
Dirigida por el carioca José Padilha –autor de Omnibus 174 (2002), uno de los más conmocionantes documentales latinoamericanos en años–, originalmente Tropa de elite iba a ser un documental, a partir de una investigación emprendida por su director, junto con el capitán Rodrigo Pimentel y su compañero André Batista, ex miembros del BOPE (Batalhao de Operaçoes Policiais Especiais). Lo cual supone ya toda una elección de parte del realizador. En algún momento la cosa viró a ficción, se sumaron coproductores internacionales (además de Costantini, los poderosísimos hermanos Weinstein, cuya legendaria capacidad de lobby debe haber incidido en la obtención del Oso berlinés) y el proyecto terminó agrandándose. Con un magnífico Wagner Moura en la piel del capitán Nascimento (obvio alter ego de Pimentel), Tropa de elite presenta a su héroe al borde del retiro y en busca de sucesor, tras diez años de servicio. Tal vez como modo de sacar las papas del fuego del presente político, se eligió situar la acción en 1997, con el propio Nascimento como narrador en off.
Ese último dato es clave, aunque más no sea como coartada ideológica. Tropa de elite no pretende ser una “descripción objetiva” del combate policial contra el narcotráfico, sino que “reproduce” la narración que de él hace uno de sus protagonistas. Un protagonista que no es cualquiera: todo un fundamentalista de la violencia, Nascimento está metido hasta el tuétano en una batalla que, como él mismo reconoce con orgullo, es una guerra sucia, en la que nadie aspira a la menor pátina de legalidad. Durante las explosivas dos horas de metraje se ve a Nascimento y a sus compañeros entrenarse para matar y luego hacerlo (previa tortura, llegado el caso) entrando a sangre y fuego en cualquier favela. En particular en una de ellas, llamada Babilonia y gobernada por un traficante tan poderoso como despiadado, a quien todos conocen como Baiano. Aceptando que lo que narra Tropa de elite no pretende ser “la verdad objetiva”, es evidente que el punto de vista elegido no hace más que parcializar y recalentar el relato. Punto de vista que no sólo nunca queda contradicho, sino que encima se verá reforzado por una importante subtrama.
Tratándose de un Rambo con capacidad de reflexión, la hegemonía del off por parte de Nascimento no podía dar otro resultado que no fuera una recargada, en más de una ocasión intrusiva bajada de línea de dos horas. Por largos momentos la película remeda un institucional de promoción del BOPE o un documental de reclutamiento de ese escuadrón policial. De hecho, el reclutamiento de nuevos postulantes constituye una de las líneas maestras del relato, ya que de allí deberá surgir, como nuevo Mesías armado, el anhelado sucesor de Nascimento. Artilugio típico de todo film justificatorio de la violencia, este segundo héroe está diseñado para funcionar como alter ego del espectador. Cuestión de inducir a la identificación, André (el morocho André Ramiro) es un tipo de naturaleza mansa y tranquila, a quien los hechos terminarán convirtiendo en una bestia capaz de patotear, torturar y asesinar. ¿A los traficantes? No sólo a ellos.
Miembros de una ONG que trabaja en la favela y estudiantes de clase media que fuman porro son vistos, primero por Nascimento y luego también por André (a esta altura el punto de vista único ya se ha duplicado), como cómplices directos del narcotráfico. Más concretamente como unas larvas, a las que se impone barrer con tanta saña como a los propios criminales. A cargo del mismo equipo técnico de la ultramanipuladora Ciudad de Dios (y contando con uno de sus guionistas también), la puesta en escena de Tropa de elite sume al espectador en un mareo hecho de cortes abruptos, bruscos movimientos de cámara, inestabilidad visual y saltos de raccord. Un ametrallamiento sensorial de este calibre jamás podría dar pie a comprender mínimamente una cuestión tan compleja como la que el film aborda. Lo único que permite “entender”, por el contrario, es que hay que matarlos a todos ya mismo. Tanto a los del morro como a los del porro. Por Horacio Bernades

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-9679-2008-04-03.html

2) Crítica de La Nación

Provocativo retrato de la violencia
Con imágenes descarnadas y un tema ríspido, Tropa de elite no sugiere salidas fáciles y plantea la discusión

Tropa de elite (Idem, Brasil-Argentina/2007, color; hablada en portugués). Dirección: José Padilha. Con Wagner Moura, André Ramiro, Caio Junqueira, Milhem Cortaz, Fernanda Machado, Maria Ribeiro, Fabio Lago. Guión: José Padilha, Rodrigo Pimentel y Braulio Mantovani. Fotografía: Lula Carvalho. Música: Pedro Bronfman. Edición: Daniel Rezende. Presentada por UIP. 115 minutos. Sólo apta para mayores de 16 años, con reservas. Nuestra opinión: muy buena

Tropa de elite es un hueso duro de roer. Por sus imágenes descarnadas; por la ríspida actualidad de su tema -la inseguridad en Río, cuyas superpobladas favelas son escenario de una violencia repartida entre bandas de narcotraficantes y policías corruptos-; porque refleja un estado de cosas de cuya responsabilidad, por acción u omisión, pocos escapan. Pero sobre todo porque no sugiere salidas ni propone un diagnóstico, y quizá más porque se resiste a señalar culpables: en su film no hay inocentes; todos son sujetos y objetos en las relaciones de poder.

José Padilha sabe que el problema es demasiado complejo como para reducirlo a la demonización de unos y la victimización de otros. El coloca el espejo frente al conflicto entre las bandas y el Bope, cuerpo de elite policial acerca de cuyos métodos ilustra claramente su insignia: un cráneo sobre dos pistolas cruzadas y atravesado por una espada. Es un espejo deformante, claro, porque la voz narrativa es la de un miembro de esa tropa. El realizador eligió ese polémico punto de vista para exponer el funcionamiento del Bope desde adentro, tomando como base las memorias de un ex capitán de la fuerza que ya había colaborado con él en su celebrado documental Onibus 174 . Una elección que ha levantado críticas airadas de quienes asimilan la voz del protagonista a la del director. Y que ha resultado a veces reveladora de cierto estado de ánimo social tan inquietante como la propia realidad. Ante la reacción de espectadores cariocas que celebraban la brutalidad del protagonista, que la película no oculta pero tampoco exalta, algún periodista escribió: "Tal vez el film ayude a la catarsis, a reflexionar sobre lo que nos transformó en gente así".

Incomodidad : La controversia, seguramente, se prolongará: Tropa de elite genera malestar y su presunta ambigüedad incomoda: sin duda son más tranquilizadores los films con héroes y villanos bien definidos, pero el tráfico de drogas es un asunto demasiado complicado, y en él, aunque con distintos niveles de responsabilidad, hay muchos sectores involucrados, incluida esa otra elite que lo sostiene por un lado y por otro reclama su erradicación. Padilha logra, al fin, su objetivo de poner el tema en discusión sin excluir a nadie, aunque haya quienes, quizá para eludir el compromiso, prefieran ver en la falta de una propuesta de solución (que el film subraya con su final en suspenso) una adhesión al discurso insano del protagonista: frente a este ciclo de corrupción y violencia extendido al límite de la sinrazón la única salida es matar. No advierten que el espejo del director puede estar reflejando una crisis bastante más profunda y abarcadora, quizá la de todo un sistema.

Lo que se cuenta tiene la visión esquemática y simplificadora del narrador, ese capitán Nascimento (Wagner Moura, notable), que se siente impoluto en medio de un ambiente de difundida corrupción, se ha empeñado en una guerra personal contra el narcotráfico y está preparando su retiro del cuerpo, por lo que debe elegir a su sucesor mientras asume la misión de "limpiar" una favela en la que el papa (estamos en 1997) ha decidido alojarse. Una historia paralela se desenvuelve en torno de los dos candidatos a ocupar su puesto, lo que abre el film a otras visiones (entre ellas la de un grupo de universitarios empeñados en la labor social) y a la descripción del duro entrenamiento a que son sometidos los aspirantes al Bope. Está claro que hay una interpretación parcial y subjetiva de los hechos (ahí está la persistente voz en off para recordarlo), lo que no impide que se expongan crudamente las atroces rutinas del cuerpo, el salvajismo de sus métodos, las deplorables prácticas de la policía toda y los oscuros vínculos que se tejen en torno del narcotráfico, políticos incluidos. Las imágenes son violentas, excesivas más de una vez, pero a diferencia de Ciudad de Dios -que abordaba un tema similar desde el punto de vista de los traficantes- aquí no se busca el glamour. La incansable cámara en mano y el nervio del montaje imponen el ritmo al sólido relato, que no siempre elude los estereotipos y cede a alguna argumentación simplista, pero obtiene lo que busca: la discusión. Por Fernando López.

Link corto: http://www.lanacion.com.ar/1000810

Ver también

http://www.clarin.com/diario/2008/04/03/espectaculos/c-01108.htm

http://www.criticadigital.com.ar/impresa/index.php?secc=nota&nid=2141