miércoles, 27 de junio de 2012

Vendedores africanos reivindican derechos (2)



¿Control o discriminación? La “trama misteriosa” que vincula instituciones públicas y medios de comunicación
Por Orlando Gabriel Morales (*)
Entre la discriminación institucionalizada como criterio para el control del cumplimiento de las normas que regulan el trabajo en la vía pública y los discursos de los medios de comunicación formadores de opinión parece mediar una trama oculta, invisible pero omnipresente, ideológica e histórica en nuestro entorno social. Podrían citarse muchos casos, pero hay uno reciente que merece la atención.
El pasado sábado (23), al mediodía, agentes dela Subsecretaría de Control Urbano dela Municipalidad de La Plata realizaron un operativo en el centro de la ciudad y con procedimientos ilegítimos abordaron a trabajadores dedicados al comercio ambulante ensañándose en forma particular con migrantes de procedencia africana que comercializan distintos productos en la vía pública.
Este tipo de episodios no es novedoso, por el contrario, se repite con sorprendente impunidad. Más todavía, a la par de un accionar institucional que deja muchas dudas sobre el profesionalismo y la responsabilidad de los funcionarios municipales, algunos medios locales de tirada masiva en papel pretenden legitimar esos comportamientos y políticas con falsas informaciones, imprecisiones en los datos y una orientación hacia la criminalización de los ciudadanos extranjeros.
Respecto al último episodio, Letra P informó oportunamente sobre la presencia de un grupo de choque no identificado -aunque los vendedores señalan que se trata de una facción de la barra brava de Gimnasia y Esgrima de La Plata que opera en connivencia con agentes del organismo público en cuestión- que actuó contra los vendedores ambulantes de origen africano. También mencionó el intento de decomisar mercadería sin labrar las actas correspondientes. Sin embargo, nada de esto se dice en otros medios de comunicación que, por el contrario, ponen bajo sospecha a los trabajadores bajo el título “Vendedores senegaleses, una trama misteriosa”.
Pero no hay que dejarse distraer del verdadero problema. Hay que preguntarse por los intereses y las responsabilidades intervinientes. Por una parte, ¿Quién puede tener interés en atacar a estas personas en esa circunstancia específica? No hay muchas alternativas: los funcionarios de Control Urbano, que han enfrentado a los mismos trabajadores en otras oportunidades, o los comerciantes organizados, que han expresado públicamente su apoyo a los funcionarios de Control Urbano por su accionar.
Por otra parte, ¿Quién tiene responsabilidad sobre la seguridad de las personas y los bienes durante un procedimiento del organismo municipal? Control Urbano, es decir, el gobierno municipal. ¿Quién debía controlar la seguridad pública en una situación conflictiva en la vía pública, que se extendió por más de una hora?La Policía de la provincia de Buenos Aires, que actuó de forma desorganizada dejando, por momentos, la zona y las personas “a la buena de Dios”.
Estos operativos dela Subsecretaría de Control Urbano no son contra los trabajadores de origen africano sino que, según el portal oficial del municipio en Internet, “se realizan diariamente en distintos puntos de la ciudad y forman parte de la política que la Municipalidad lleva adelante, para garantizar los derechos de todos los vecinos y comercios de la ciudad”.
¿Qué derechos pretende garantizar el municipio?. Evidentemente no se trata del derecho al trabajo. Tampoco del derecho a un trato justo de los ciudadanos por parte de funcionarios públicos en una instancia de control del cumplimiento de normas de uso, ocupación y ejecución de trabajos en la vía pública.
La sucesión de hechos y formas procedimentales expone las evidencias. Ya en el año 2010, cuando consulté a Abba Goudiaby, referente dela Asociación de Residentes Senegaleses en Argentina, sobre la situación de los trabajadores de esa nacionalidad en nuestra ciudad él señaló que estaban “teniendo muchos problemas porque hay gente dela Municipalidad que los encuentra caminando en la calle con el maletín [donde portan los productos que comercializan] y se lo quitan sin darle un papel o un acta, nada”.
De hecho, una situación semejante a la del pasado fin de semana -en cuanto al grado de violencia- ocurrió hace exactamente un año atrás, el domingo 26 de junio de 2011, en la feria instalada en Plaza Italia. Pero ¿Cómo son posibles estas acciones llamativamente sistemáticas y con frecuencia ilegítimas contra los trabajadores en cuestión? Lo son por un marco de impunidad, falta de voluntad política para fiscalizar el accionar de los funcionarios municipales y un clima de opinión que legitima la discriminación institucionalizada en los organismos públicos. A esto último, que responde a una configuración histórica en Argentina y prevalece a pesar de los cambios societales y políticos, aportan algunos medios de comunicación.
El titular antes mencionado, que alude a una “trama misteriosa”, mismo que su argumento, responden a una línea editorial sostenida en el tiempo. Pero el artículo periodístico más reciente ha producido consternación precisamente en el ámbito académico universitario del que pretende obtener legitimidad, pues por estas horas desde las instituciones que se citan en el periódico en cuestión como fuente de información no se obtiene otra cosa más que desmentidas. Por supuesto, la impugnación no tendrá la misma difusión que los datos falsos e imprecisos que se aluden para construir un argumento que tiene los componentes necesarios para legitimar la discriminación social.
Se puede decir mucho sobre tal construcción discursiva. Apela a generar incertidumbre, sospecha. Apunta a sobredimensionar aspectos que pueden ser percibidos negativamente por el lector. Cita fuentes policiales (el historial de la misma es muy sugerente) que tienden a asociar inmigración con crimen. Replica dichos de fuentes utilizadas en publicaciones anteriores que quedan descontextualizados, repetitivos (produciendo un efecto de extensión del problema) y desactualizados.
Con todo, por si el problema constara, en parte, en la proposición que sirve de volanta al redactor ausente del artículo que aquí se cuestiona, a saber, que se trata de “una inmigración poco conocida”, hay que decir que si es un tanto desconocida se debe a que su propia voz no tiene lugar en los medios masivos y le resulta indiferente a buena parte de la sociedad mayor. Desconocimiento y prejuicio, como incertidumbre y miedo, son solidarios entre sí.
Por lo antedicho, y por optimismo de la voluntad, cabe citar a un migrante reciente de origen africano, Celestin Nengumbi Sukama, presidente del Instituto Argentino parala Igualdad, Diversidad e Integración (IARPIDI) quien recientemente me expresó que en Argentina “la discriminación es estructural e institucional” aunque se niegue su existencia.
Por lo demás, en los últimos años son cada vez más los investigadores que en el campo académico están produciendo conocimiento sobre esta nueva inmigración que viene a poner cuerpo al espectro que esa “trama oculta”, la ideología de invisibilización de los africanos, construyó. No hay más que buscar los textos de Alejandro Frigerio, Marta Maffia, Dina Picotti, Marisa Pineau, por nombrar sólo algunos investigadores de un grupo extenso.
 (*) Profesor e investigador universitario.

Fuente:

lunes, 25 de junio de 2012

Afroargentinos - según Felipe Pigna

La revista Viva del Clarín de ayer trae otra nota de Felipe Pigna sobre los afroargentinos. 
Como suele suceder, no refleja nuestro conocimiento actual sobre el tema -pero prefiero que los medios hablen de ello a que no lo hagan. 



Fuente: Revista Viva del domingo 24 de junio de 2012.

viernes, 22 de junio de 2012

"Asesinatos rituales umbanda" - Los medios siguen desinformando


Pese a la presencia cada vez mayor de religiones afro-americanas en el país (en su modalidad actual, importada desde Brasil, están aquí desde al menos 1966) los argentinos ignoran casi todo sobre ellas.
Parece haber un consentimiento de sentido común entre importantes formadores de opinión como policías, periodistas, quizás aún funcionarios de la Justicia, de que la Umbanda  mata personas como parte de sus “ritos”. Siguiendo una extraña lógica, parecen estar de acuerdo en que, como “matan animales” (en realidad, ofrendan animales), también deberían matar personas.
En los últimos años las cada vez más frecuentes (y falsas) acusaciones en los medios de que determinados “pais umbanda” habrían asesinado personas –muchas veces de maneras horribles en “ritos umbanda”- ya se tornaron parte del sentido común social. Como se cree que  “los umbanda” “andan en cosas raras” –entra y sale gente de los templos, frecuentemente vestidos con ropas inusuales, tocan tambores, a veces algunos dejan ofrendas con restos de animales en las calles- con  una lógica policíaca, cuando no heredera de los años de la dictadura, son mirados con sospecha. Y los medios se encargan de confirmar, con sus imputaciones, que estas sospechas son fundadas.


Cualquier asesinato en el que haya algún tipo de descuartizamiento o mutilación parece, en los últimos años, disparar “la pista umbanda”. Si se encuentran velas e imágenes religiosas en la casa de los sospechosos o de las víctimas, la sospecha (infundada) se fortalece.
1-En este razonamiento no sólo parece haber un gran desconocimiento respecto de qué es la  umbanda, sino también de la religiosidad de los sectores populares, donde es muy frecuente encontrar altares caseros, velas e imágenes que no se limitan a la Virgen o a los santos católicos.
2-En la medida en que la calidad de vida de los sectores populares se ha deteriorado y aumenta la frecuencia (o la visibilidad social) de la violencia cotidiana, los femicidios, la trata de personas, etc.- las manifestaciones de religiosidad popular, asociadas o no, o parcialmente, con la umbanda- también se encuentran ligadas a las vicisitudes de la vida de sus practicantes. Previsiblemente, la religiosidad popular acompaña los cambios en las vidas de las personas.



3-Sí parece ser un fenómeno novedoso el hecho de que personas en situaciones de (distinto grado de) conflicto con la ley invoquen la ayuda de seres espirituales para que los ayuden en sus emprendimientos delictivos. Puede ser San La Muerte, el Gauchito Gil, o algunos espíritus de Quimbanda. Pero son muchas más las personas que no estan en situación de conflicto con la ley (y también muchos policías) que son devotas de las mismas figuras.
4-No hay indicios de que determinadas creencias lleven al crimen, en todo caso, se intenta utilizarlos como auxiliares espirituales.
5-Esta asociación –aún tenue- está llevando a la criminalización de determinadas devociones, el caso más obvio entre los santos populares es San La Muerte –para los medios tener una imagen o un tatuaje del santo ya transforma a la persona en sospechosa- pero algo parecido y peor sucede con la umbanda.
6-La expansión en la última década y media de las religiones afroamericanas por sectores populares (antes eran más propias de sectores medios y medio-bajos) lleva también a la utilización de algunas de sus imágenes, símbolos y preceptos por fuera de los grupos religiosos –al realizarse un sincretismo, también novedoso, con santos populares, curanderismo, etc.


7-Otro problema de difícil elucidación es: quien determina que una persona que cometió un crimen es “un pai umbanda”?. Para la policía y los medios, cualquier asociación con imágenes parece transformar a la persona en “un pai”. En los contadísimos casos en que parece haber un grupo de personas que efectivamente tiene una mínima relación con la religión cometiendo delitos no hay pruebas de que la creencia religiosa los haya llevado a hacerlos. Aún si este fuera el caso,  esta creencia idiosincrática de ninguna manera se corresponde con lo que miles y miles de argentinos consideran la práctica correcta de su religión umbandista.
Los medios, aún en las instancias en que pudiera haber alguna relación efectiva entre un crimen y un devoto religioso, no deberían resaltar su pertenencia religiosa –ya que no lo hacen en el caso de la religión mayoritaria o de otras legitimadas socialmente- o, de hacerlo, llamar la atención hacia su excepcionalidad. 
Lo que tenemos actualmente, sin embargo, son una cantidad infundada de acusaciones que generan un sentido común por el que cualquier crimen truculento asociado mínimamente con elementos religiosos es visto como un “rito umbanda”. 
Lo que es peor aún, pueden llevar a que individuos sin conocimiento de la religión crean que, efectivamente, para lograr la ayuda de determinadas entidades espirituales, sea preciso cometer crímenes.


Cómo hablar con un mínimo de propiedad sobre la Umbanda:
La umbanda es una religión, no es “el culto umbanda” o “los ritos umbanda”.
Sus practicante son “umbandistas”, no son “los umbanda”. “Los Umbanda” es un grupo de música –bastante bueno, por cierto.
Los umbandistas realizan rituales religiosos, no “ritos”.
Ofrendan animales a sus deidades, no “matan animales”, ni mucho menos los “torturan”.
Todas las ofrendas de animales, sustentadas en una determinada lógica religiosa o teología, son para mejorar las vidas de las personas en este mundo.
Matar o sacrificar personas resulta una aberración para los practicantes de estas religiones, ya que para ellos la vida humana es el bien supremo. Son religiones fuertemente orientadas hacia este mundo, no hacia otro trascendente. Intentan ayudar a la felicidad de las personas aquí y ahora, no en un mundo posterior.
En realidad la variante de religiosidad afroamericana conocida como Umbanda no ofrenda animales, sí lo hacen otras variantes como la Quimbanda, o el Batuque, también llamado Nación. Como la mayoría de los templos practican Umbanda, Quimbanda y Batuque (y como la Umbanda fue la primer variante que llegó al país) socialmente se conoce a la conjunción de estas religiones como Umbanda, y a sus practicantes como umbandistas. 

martes, 19 de junio de 2012

sábado, 16 de junio de 2012

Presencia negroafricana - Conferencia


CAMBIO: Por actividad oficial en la UTE, la conferencia se realizará en Perú 482, 5to piso, sede del CFP Nro 14. (agradezco a Darío La Vega)

Vidas que valen diferente...


Nada nuevo, pero uno no puede dejar de señalarlo.
Un avión que está por aterrizar en el aeropuerto de una importante capital se desvía, choca contra un edificio, y mueren 153 personas. Capital europea: portada, al menos una página o dos. Capital africana: algo más de un cuarto de página, sin ninguna noticia en tapa.
Vidas que valen diferente, según el régimen de representaciones sociales vigente...

Fuente: Clarín, lunes 4 de junio de 2012

viernes, 15 de junio de 2012

Miriam Gomes -entrevista en Tiempo Argentino

Miriam Gomes es una de las pioneras en la reivindicación de derechos ciudadanos para l@s afroargentin@s y afrodescendientes. Activa y visible en los medios desde la segunda mitad de la década de 1980, sabe qué reclama, y por qué....


Diario Tiempo Argentino, 11 de junio de 2012.
Miriam Victoria Gomes
“Esperamos que el Estado pida perdón”
Por Gustavo Montiel
La dirigente del Frente Afro, organización que nuclea a afrodescendientes argentinos e inmigrantes, repasa las deudas con las víctimas de la esclavitud negra en la Argentina y advierte sobre el “racismo estructural” de la sociedad. “Todavía hace falta la reparación”, subraya. También reconoce el discurso de Cristina Fernández del 25 de Mayo. “Es la primera vez que un presidente reivindica la presencia negra en el país sin tapujos”, puntualiza.



El ocultamiento histórico de la existencia de sectores sociales presentes en la vida de Argentina empezó a ponerse en discusión en los últimos años. En el caso de los afrodescendientes, la invisibilización –concepto clave–, la discriminación y la exclusión social continúan siendo problemáticas cruciales que tienen que enfrentar, más allá de los avances políticos y simbólicos que viene propiciando el kirchnerismo. Tiempo Argentino entrevistó a Miriam Victoria Gomes, representante del Frente Afro –organización de alcance nacional que nuclea a siete agrupaciones de afrodescendientes argentinos e inmigrantes– en la Mesa Nacional por la Igualdad y Contra la Discriminación, un espacio de articulación política cuya principal referente es la legisladora de la Ciudad de Buenos Aires María Rachid (FPV). Gomes dejó en claro la expectativa de gran parte de los afrodescendientes argentinos: la necesidad de que el Estado Nacional concrete un pedido de perdón por el genocidio histórico cometido y lleve adelante una reparación a los descendientes de las víctimas de la esclavitud negra en Argentina. La representante además es docente, profesora de Literatura y preside la Asociación Mutual Unión Caboverdeana de Dock Sud. 
–La presidenta en su discurso del 25 de Mayo pasado abordó varios puntos relacionados con la presencia negra en la historia de Argentina. ¿Cómo lo evalúa? 
–Fue muy interesante, porque por primera vez en la historia argentina, una presidenta reivindica la presencia negra en el país sin tapujos. Me pareció importantísimo que ella lo hiciera, porque no es lo mismo que lo diga la presidenta que cualquier otra persona. Pero sí advertí, como en muchos otros casos, que se habla en pasado. Entonces a veces se dice: “Nuestros negros, los primeros desaparecidos.” Y eso es lo que habría que corregir. No desaparecimos. Hay que reconocer, sí, el sistema esclavista, el genocidio, la persecución, el maltrato, el racismo que todavía existe. Pero también hay que decir que todavía estamos, y seguimos aportando a la cultura del país. Por otro lado, su visita a Angola me pareció muy positiva. Sin ninguna duda, hay una apertura hacia el continente africano. Hay otra mentalidad de este gobierno hacia la cuestión negra por un lado, y hacia el continente africano por el otro.




–¿Cómo es la situación actual de los afrodescendientes en la Argentina?
–Lamentablemente muchas de nuestras mujeres negras –hablo en general de las mujeres afroargentinas descendientes de aquellos africanos esclavizados que llegaron a partir del siglo XVI– siguen desempeñando las mismas tareas que en la época de la colonia: limpiar la casa de otros, cuidar hijos de otros, cuidar enfermos, lavar ropa, cosas que tienen que ver con ocupaciones subalternas. No quiere decir que no haya profesionales en la comunidad, porque sí las hay. Pero en líneas generales nuestras mujeres ocupan estos tipos de trabajo y además son cabezas de familia. Son madres con hijos sin padres, porque el hombre negro nunca pudo ejercer la paternidad. No pudo ser varón proveedor, durante la época de la esclavitud los hijos no eran suyos. La madre los podía tener mientras los amamantaba. Hoy no hay padres en los hogares negros. Estoy hablando en términos generales, los caboverdeanos tenemos otra estructura familiar, pero no quiero sustraerme a la realidad general. Estas son las consecuencias de la esclavitud en la estructura social y familiar. 
–Y el hombre, ¿en qué condición se encuentra?
–El hombre ocupa puestos precarios, chofer, portero. Había un decreto del ex presidente Alvear, de principios del siglo XX, que establecía que todos los porteros del Congreso tenían que ser negros argentinos. Muchos afroargentinos trabajaron para el Estado, en puestos menores, en oficinas estatales o de la policía, por ejemplo. También hay que tener en cuenta qué decimos cuando hablamos de negros argentinos. Porque hay un estereotipo respecto de ese tema. Un negro es de muchas maneras, la escala tonal es muy variada en la Argentina. No siempre se los identifica como afrodescendientes, pero la persona lo es. Se arrastra una serie de desventajas sociales y materiales que vienen desde el siglo XIX y antes, y que son muy difíciles de superar si no se nos reconoce como un colectivo particular con problemáticas particulares. 
–¿Qué políticas considera necesarias para comenzar a revertir esto?
–No hay políticas públicas específicas para esta comunidad como sí las hay para otros sectores. No hubo una compensación, como hubo y hay por ejemplo, para la comunidad judía, quienes después de haber sufrido el Holocausto, y demostrando que tuvieron familiares muertos en esa tragedia, reciben una compensación. A nosotros ni siquiera se nos reconoce el haber sido víctimas del tráfico esclavista. Entonces, en ese sentido todavía hace falta la reparación. La reparación moral y el pedido de perdón. Estamos esperando el pedido de perdón del Estado en primer lugar por acción o por omisión, y las reparaciones económicas. Y luego de las estructuras sociales y de un racismo estructural que forma parte de nuestra sociedad. 
–¿Cómo caracteriza a ese racismo estructural?
–Es un racismo no siempre consciente, que beneficia a las personas de piel más clara sobre las de piel más oscura. Lo podés ver en la escala social: a medida que asciende se va aclarando, y en la base somos todos oscuros, indígenas, negros, mestizos o como los llames.  Soy docente, y muchos de mis colegas tienen comentarios despectivos respecto de los alumnos. “Y bueno, qué querés con estos cabecitas negras”, ese tipo de expresiones, cuando nuestra función es enseñar. Tal vez estamos fallando, entonces. Es muy cómodo decir “al morochito no le da”. Y uno no está cumpliendo con su función, su obligación.   Otras personas me han dicho: “negra, volvete a tu país.” Contesté: “Salvo que Dock Sud sea una república independiente, no tengo otro lugar donde ir.” Porque este es mi país, y tengo derecho a quejarme y a luchar por este sector de la sociedad que somos los afrodescendientes. 

Agradezco a Maricel Martino