sábado, 30 de julio de 2011

Dia de la Mujer Afrodescendiente (2)



María Lamadrid (Pocha) y Carmen Yannone (Pelusa), ayer, en el acto organizado por el INADI, antes de tocar, cantar y bailar candombe argentino con La Familia. (reconozco que la foto es algo estereotípica: por qué colocar la foto de dos afro-argentinas contemporáneas justo cuando están con "ropa colonial"? Bueno, tenían esa ropa porque es la que usan para cantar candombe argentino y ese era el momento que había para retratarlas delante de la bandera argentina -un buen homenaje, creo, para el día de la mujer afrodescendiente).
En el acto se realizó un especial homenaje de reconocimiento a Rita Montero, y también a Miriam Gomes, por su labor pionera y prolongada en la reivindicación de derechos de los afro-argentinos.
Se recordó la figura histórica de María Remedios del Valle, por su infatigable labor en el ejército de Manuel Belgrano. Abajo, encarnada por Miriam Gomes:



miércoles, 27 de julio de 2011

Into the heart of darkness...


"Bird Lives" escultura de Robert Graham en Kansas City, Missouri


He dicho, y repito, que no escucho jazz, aunque me interesa profundamente como movimiento cultural afro-americano. Mi interés se acentuó desde que leí la Historia Social del Jazz de Eric Hobsbawm y encontré una cita de una de las figuras emblemáticas del bebop (creo que Charlie Parker) justificando el desarrollo del nuevo género diciendo “vamos a llevarlo adonde ellos no puedan llegar”. Algo así como: el jazz ya está invadido por los blancos, entonces vamos a desarrollar una versión cuyo nivel de performance sea tan exigente –según nuestros propios criterios- que quienes pertenecen a otro grupo étnico-racial no podrán alcanzar.  Quizás una exageración, pero el concepto sin duda era atractivo: reivindicación y resistencia a través del virtuosismo extremo. Vamos a crear un mundo inalcanzable para quienes no hayan participado de nuestra experiencia de vida, de nuestra sensibilidad y estética.
No creo que detrás de esta proposición estuviera una fundamentación genética, sino el reconocimiento de que el crecer en determinadas comunidades afroamericanas equivale a haber estudiado en uno de los más exigentes conservatorios de música o de danza.  Entrenamiento que es luego perfeccionado y llevado a niveles superlativos a través de una carrera musical que incluye la participación en distintos grupos de excelencia. Y todo esto según criterios propios, que no son los de la formación musical o dancística académica. Algo que no es necesariamente exclusivo de la experiencia cultural afro-americana o africana (sin duda que algo similar sucede en otros géneros de música populares como el tango o el flamenco) pero probablemente sí acontezca con mayor frecuencia en las distintas y numerosas comunidades afro(norte y latino)americanas abarcando un gran cantidad de géneros musicales y dancísticos.

Pettinato según Clarín

Este prolegómeno viene a cuento de que el Clarín de hoy trae una larga entrevista a Pettinato –personaje controversial si los hay- donde, entre otras cosas, detalla su reciente experiencia al grabar un disco de free-jazz con dos prestigiosos músicos (afro)norteamericanos: el contrabajista Henry Grimes y el baterista Tyshawn Sorey.
Algunos tramos extraídos de la entrevista (aunque sugiero leerla entera porque es muy interesante):

Henry Grimes


“La cultura nunca es la cultura que se vende con c mayúscula (…). La cultura no es El lago de los cisnes. La cultura es eso que te empuja hacia lo desconocido, cuando todo lo demás que te rodea son los bombones Garoto.  (…) Yo, en cambio, creo que la cultura es esa fuerza propulsiva hacia lo desconocido. Yo sentí eso cuando toqué con esta gente.
¿Y cómo fue que llegaste a grabar con ellos?
Primero, los busqué y tuve que chequear que estuvieran vivos. Después, pasó algo raro. Yo les pagué por la sesión, pero fijate qué loco: pese a los discos que hacen que son inescuchables, como el mío –porque, si un tipo normal se compra este disco, no es el jazz que espera, sino un jazz selvático, a quemarropa- los tipos no lo hicieron por el dinero. Antes de aceptar, Grimes pidió que le mandara un disco mío, para ver si le gustaba lo que yo hacía. Quiere decir que no es que van a tocar con cualquier pelotudo que dice que es fanático del jazz y que quiere tocar con él el ukelele. Ahí me sentí super orgulloso. Le mandé mi CD anterior, que se llama Música anticomercial, y no sé lo que el tipo escuchó, pero dijo: ‘Sí, puede tocar conmigo. Podemos tocar juntos.’
¿En algún momento sentiste que podías llegar a no encajar?
En un momento me agarró ese ataque de inseguridad de preguntarme qué le podía aportar a un tipo que tocó con Sonny Rollins, Thelonious Monk y Coleman Hawkins. Y me di cuenta de que no tenía que agregar nada. Yo tenía que ir, tocar y ser yo mismo. Tenía que tocar lo que tenía ganas de tocar. Me gusta el free. Toquemos free. Marqué cuatro, empezamos, y sólo paramos porque alguno tuvo sed. Y hubo momentos en los que yo creí que me iba a enloquecer. Por la presión que ejercía la música, y por  el cagazo que tenía.
¿Por qué cagazo?
Porque, imaginate, estaba con los chicos de verdad. No estaba con dos pelotudos diciendo ‘ahora vamos a tocar My Funny Valentine’. No. Estaba con gente que odia a la sociedad, con gente con bronca, con negros pesados que no vinieron al mundo a acompañar a Lady Gaga. Me metí en un mundo que me hizo decir: ‘Esto es en serio.’ No es que estaba escuchando los discos de Albert Ayler, diciendo mirá que locos que están. No. Ahí hubo algo que me abrió la puerta para que yo estuviera loco. Y no es lo mismo escuchar locos que entrar en el medio de la locura. No es lo mismo hablar de drogas que tomarlas. Bueno, esto fue tomarlas. Fue entrar en la matrix. Me enchufaron en la nuca, y me dijeron: ‘¿Estás preparado para que te trepanemos la cabeza y va a entrar en tu flujo una sustancia que va a machear en algún momento con algunas neuronas dormidas que están ahí dentro? Porque por eso viniste hasta Nueva York.’ Y yo dije: ‘Bueno.’ Y cuando empezó a sonar, me di cuenta de que estaban locos de verdad. Son gente que no está acá.

Tyshawn Sorey


¿Cómo fue la relación con Grimes y Sorey fuera del estudio?
Fuera del estudio no hablan. Ni entre ellos hablan. Lo bueno es que, después de 30 años, aprendí algo que me lo dio Sumo y que no lo había aprendido para el jazz, que es juntarse con la gente correcta. Juntarse con la gente como uno. Grimes y Sorey son como yo. Y yo soy como ellos. Por eso vamos a grabar más discos. Porque son pushers. Son los agentes que empujan la música hacia el precipicio. A mí, me gusta empujar las cosas hacia el precipicio. Y a mí, como decíamos con Sumo, me gusta cruzar con la barrera. Yo quiero cruzar con la barrera. Me gusta eso. Estos tipos empiezan a tocar, y te das cuenta de que es toda la historia del jazz, del ’63 hasta hoy, que se acumula delante de tus propias narices. Hubo un momento en el que me pregunté si estaría bien lo que estaba haciendo, y me di cuenta de que era la peor pregunta que me podía hacer en ese momento, y de que si yo llegaba a pisar ese palito, todo lo mío iba a ser una mierda. Pero hubo un segundo en que lo pensé. Y, gracias a Dios algo me dijo: ‘Querido. No es momento para hacerte esa pregunta. Es now, o nunca.’ Y fue now.”


Como a quien le toca entrar en Bahia en una roda de capoeira callejera que está más allá de sus posibilidades, o participar en algún barrio montevideano de una cuerda de tambores que lo supera, o asistir a un baile funk en el corazón de una favela carioca -y logra salir indemne- Pettinato parece haber tenido la fortuna de avizorar the other level, el nivel de performance afro-americana que usualmente está vedado a los no-nativos. Como usualmente sucede en estas ocasiones, corre el riesgo de pensar que, porque alguna vez le dieron un ghetto pass (como dirían los rappers yanquis) ya lo tiene para siempre. Now is not forever... pero quien le quita lo bailado?


Fuente: http://www.clarin.com/espectaculos/musica/titulo_0_524947514.html

Bonus Track: Pettinato opina sobre el reggae local...


Puesto a opinar sobre la escena musical local, además de palos para el jazz nativo (que no están en mi selección de textos) Pettinato también atendió a los músicos de rock y de reggae:
"A mí, lo que me gusta es que este es un país de guitarras eléctricas y bateristas. Los cantantes son malísimos. Quieren imitar a otros cantantes. Calamaro quiere ser Bob Dylan. El otro quiere ser no sé quién. Y todos los demás quieren ser Calamaro. Yo lo conozco a Andrés, y siempre le digo que es su culpa que hayan salido tantos subgrupos. ¿Por qué? Porque sus temas son fáciles. No pueden imitar a Charly García, porque sus temas son muy complejos. Vos no podés hacerte el Seru Giran. Pero podés hacerte el Calamaro. Porque es fácil.
Es como el reggae. (Se acerca al grabador) Digo: “Chicos, si ustedes creen que el reggae es fácil, sigan tocando la mierda que tocan. Realmente les haría bien fumar en serio. Y si fumaron y hacen el reggae que hacen, ¡dejen la marihuana ya! Porque es una ofensa para Jamaica, para Bob Marley y para la marihuana en sí misma”. "

domingo, 24 de julio de 2011

sábado, 23 de julio de 2011

Besouro, o herói (afro)brasileiro


Finalmente, gracias a viaje a Curitiba pude conseguir (no hubo mucho más que esto) el dvd de la película Besouro. Ambientado en la década de 1920 en el  Recôncavo bahiano, la peli narra la lucha de Besouro, personaje inspirado en el mítico capoeirista que aún hoy es cantado en las rodas, con el coronel (terrateniente) local, que explota a los afrobrasileros haciéndolos trabajar en el cultivo de caña y producción de azucar de manera que en poco difiere de la época de la esclavitud. La capoeira es mostrada como el único lugar de reunión y resistencia de los sometidos.
La película en general me gustó, está muy bien filmada, con bellas escenas de acción que poco tienen que envidiarle a las orientales o hollywoodenses y algunas místicas, igualmente notables, en las que aparecen distintos orixás entre los encantos naturales de la Chapada Diamantina. 

Exú en Besouro

El director tiene sobrados antecedentes en publicidad, y se nota. Es casi una versión (afro)brasilera del género chino wuxia de héroes de artes marciales. Tiene buenas actuaciones (algunas muy), aunque en este rubro el principal déficit sea, paradójicamente, el del protagonista, que parece haber sido elegido más por su physique du rol y habilidad capoerística que por su versatilidad actoral. Con tanto capoeirista suelto por Brasil y el mundo, ¿no había otro con más carisma?
Aunque creo que las virtudes del filme sobrepasan en mucho a sus deficiencias, no puedo dejar de llamar la atención hacia algunos puntos relativos a cómo está retratada la cultura afrobrasilera. Es claro que es una película de ficción que no pretende ser un documental, pero aún así transmite determinadas imágenes de los afrobrasileros y de su cultura que creo merecen discusión.


En primer lugar, como (ex?)angolero, no puedo dejar de notar que la capoeira que se muestra –aunque no sorprenda a nadie- es rabiosamente (la de la versión) regional. Es de esperar, ya que se intenta mostrar los aspectos más espectacularmente marciales de la misma. No es que la angola, claro, no tenga efectividad en un combate, pero la variante regional se acerca mucho más a las concepciones populars de lo que sería un “arte marcial”, especialmente para una película que sin duda quiera aproximarse a las versiones orientales o a su reapropiación hollywoodense –algunas críticas la presentan como “El Tigre y el Dragón brasilero”. 
Para un ojo avezado, queda algo anacrónico que la capoeira utilizada en 1924 sea tan evidentemente moderna –patadas con piernas perfectamente estiradas, con técnicas que le deben bastante a las artes marciales orientales y que se desarrollaron mucho más tarde que la época de la narración, quizás recién en las últimas tres décadas. Con todos los videos que hay actualmente, se podría quizás, haber utilizado formas de movimientos más antiguas que le hubieran dado más autenticidad -aunque seguro que menos espectacularidad. Las prioridades quedan muy claras en un interesante bonus track del dvd, que muestra cómo el especialista oriental en acciones de lucha (el maestro de Hong Kong que asesoró en Matrix y Kill Bill) les dice a los capoeristas qué movimientos tienen que hacer en las peleas (fuera de las rodas). 


Los orixás en la película. Dura 10 minutos, como al minuto 4 hay un interesante encuentro con Exú

La transposición de elementos orientales a la capoeira queda más clara aún en la manera en que es presentado Alipio, el mestre de todos los capoeiristas y mentor de Besouro –claramente inspirado en la visión occidental de lo que sería un sabio maestro oriental, desde el Miyagi de Karate Kid hasta, quizás aún más, el Shifu de Kung Fu Panda, con alusiones a la búsqueda interior, el aprendizaje en y con la naturaleza, etc. La sabiduría afro-brasilera, orientalizada.  Está muy bien la intención de mostrar la historia desde el lado de los oprimidos y valorar sus elementos culturales, pero un verdadero descentramiento implica narrarlo lo más aproximadamente posible en sus propios términos y no en los de otra cultura, más valorizada o ya más difundida.
Quizás el punto más flojo de la película es que muestra a los afrobrasileros poco organizados y unidos, dependiendo demasiado de las acciones de Besouro, un héroe individual por excelencia. Pese  a que se dice al principio que el mestre Alipio es quien lidera la resistencia del pueblo, ésta nunca se ve, salvo por las acciones de sabotaje de Besouro –que para ello debe irse a vivir al mato, casi una guerrilla de una persona- incendiando la cosecha, rompiendo la maquinaria del ingenio de azúcar, etc.

Oyá en la película

Algo parecido ocurre con las creencias religiosas afrobrasileras. Aparecen, muy bellamente filmados, algunos orixás (extrañé a Xangô!!) pero sólo hay una especialista religiosa, casi una especie de shamana que ejerce su arte también de manera individual. 
La dimensión comunitaria de la vida afro-brasilera –germen y expresión de su resistencia cultural- tiene poco destaque, quizás por limitaciones o conveniencias de guión.
Pese a lo expuesto la película es un gran paso adelante, desde el momento en que, como señalan elogiosamente varios comentaristas afro-brasileros, “muestra al negro como héroe y no como bandido”. Como siempre pedimos más, nos parece un buen primer paso, y esperamos aún mejores…