sábado, 10 de enero de 2009

Dakar sin el Rally

Reconozco que no puedo entender del todo la súbita devoción de tantos compatriotas por pilotos ignotos que hasta hace poco les eran totalmente ajenos. Cuando hicieron el desfile pre-largada (o algo así) pude ver cómo muchos de mis vecinos salían a las calles para ver los camiones (no eran los coches, aunque sí debo reconocer que eran impresionantes, algo inquietamente parecidos a las máquinas todoterreno de guerra de alguna película postapocalíptica, como de una Mad Max aún no filmada, pero más relucientes…). Más que ese afán por ver los monstruos pasar -que sin duda por lo inusual era llamativo- lo curioso era ver a señores que peinaban canas sacarse fotos, como chiquilines, al lado de las máquinas cuando éstas paraban en los semáforos.
No puedo dejar de ver en este tipo de competencias –en esta específicamente- un dejo imperial: los nuevos conquistadores con sus máquinas (casi) voladoras en busca de aventuras en inhóspitos parajes del Tercer Mundo –parece que en el Primero no los hubiera suficientes. Para ello da lo mismo Dakar que Buenos Aires que Bangkok o Bogotá.
La siguiente crónica, que da cuenta de la ciudad de Dakar ahora sin su famoso rally, me parece particularmente interesante. Se añade a una serie de crónicas sobre Africa que salieron este último año en varios medios (con niveles muy dispares de etnocentrismo y prejuicios) y lleva a preguntarse qué tipo de crónica se podrá hacer de aquí a unos años en Buenos Aires si el rally continúa y luego se lo llevan en busca de mayores –o menores- aventuras.

Por Juan Pablo Meneses
Diario Crítica - revista C de los domingos, 4 de enero de 2009.

Dakar es un rally, que por estos días recorre Argentina y Chile. Dakar es un negocio, que mueve millones de dólares en auspicios y se trasmite a medio mundo. Dakar es una marca, que los consumidores de vehículos asocian a las 4x4. Y Dakar, esto parece conocerse un poco menos, es el nombre de una ciudad africana. Así se llama la capital de Senegal, y a pocos minutos de aterrizar aquí, un oficial de la aduana senegalesa deja un Dakar timbrado en mi pasaporte.
–¡Bienvenu à Dakar!
Llegué a Dakar en vuelo directo desde París. Apenas aterricé, detuve el cronómetro: mi primer trayecto entre París y Dakar duró 5 horas y 32 minutos. Menos de seis horas, arriba de un boeing de Air France, para unir las mismas dos ciudades que los pilotos de rally enlazaban en quince días cruzando dunas y desiertos. Un trayecto donde los jeep y
motos de último modelo cruzaban a toda velocidad por aldeas de hambruna, por caseríos adonde desde hace meses no llega el agua, por territorios de dictaduras feroces y mercado clandestino de esclavos. Buena parte de la fama mundial del rally París-Dakar se debe, precisamente, a eso: a lo adrenalina que vivían los competidores europeos acelerando al máximo por entre la pobreza africana.
Eso, hasta la edición 2009, en que los organizadores del rally cambiaron Dakar por Buenos Aires.
En la capital de Senegal hay casas mediterráneas, junto al mar, y el resto es arena y casas a medio construir y sol que pega en todos los ángulos posibles. El deporte popular es la lucha, pero no esa de mentira al estilo Titanes en el Ring, sino una con golpes de verdad y sangre y dientes volando: la tapa de los diarios, cada lunes, trae la foto de algún luchador levantando los brazos. Hay vendedores ambulantes por todo el centro viejo de Dakar, y hay muchos mercados: angostos, repletos, por donde caminan los pocos turistas que llegan hasta aquí.
–Aproveche, es una oportunidad histórica –dice la mujer, en uno de los callejones del Mercado Central de Dakar. Es medio-día, y el olor a pescado corre por todo el viejo edificio. Entre esos pasadizos con puestos de artesanía, verduras, especias, zapatos y tambores, está la vendedora. Lleva un largo vestidocolor esmeralda y un turbante negro. Su local es de camisetas para turistas. Tiene de equipos de fútbol europeo: del Barcelona (con todos sus colores), la última del Manchester, del Inter y del Chelsea. También vende remeras blancas con el mapa de África en el pecho: puede ser con el continente pintado negro, o con varios colores a la vez, o con un color por cada uno de los más de 50 países africanos. Hay varios modelos diferentes de camisetas con la bandera de Senegal, que tiene los colores amarillo, rojo y verde. Hay remeras con la cara de los luchadores más conocidos, en un país donde "la lutte" llena estadios, se transmite en directo por televisión. Sin embargo, la camiseta que ella ofrece como "una oportunidad histórica", no es ninguna de las anteriores.
–Cómprela ahora, que es de colección –insiste. Y ahí está ella, en mitad del Mercado Central de Dakar, desplegando una polera negra que dice en letras naranjas: "Rally Lisboa–Dakar 2008, categorie marathon".
La camiseta es histórica porque hace un año, pocos días antes de largar el "Rally Lisboa-Dakar 2008, categorie marathon", cuando estaba todo listo para iniciar la edición 30 del Dakar, la prueba fue suspendida. Todas estas camisetas, que siguen vendiendo un año más tarde, estaban pensadas para los turistas que nunca llegaron. Suspender la prueba fue un desastre, no sólo para los vendedores de camisetas. Aunque ella no lo dice, la suspensión los dejó atrapados con cajas y cajas de camisetas de una edición 2008 que nunca se corrió. Ni se volverá a correr.
–Llévela como recuerdo, ahora que el París-Dakar se va a Sudamérica– dice ella.
El fin del Dakar por tierras africanas, en beneficio nuestro, tiene más de una lectura. Los meses que siguieron a la suspensión, las principales noticias fueron trasmitidas con ojos –y por medios– occidentales. En ellas, se insistía en mostrarnos ciudades africanas sumidas en el desconsuelo por perder la competencia.
–Fue una estrategia para que se crea que es un honor que el rally se corra en tu país, pero no siempre es así. Hace mucho tiempo que hay lugares que no querían más la competencia. De hecho, la primera ciudad en deshacerse de la competencia fue París– dice el periodista senegalés Akon NGoro.
En realidad, no hacen falta muchos días en la capital de Senegal para comenzar a escuchar otras historias. Esa otra cara, que habla del rally como una máquina depredadora de paisajes vírgenes, como una tromba salpicada de accidentes y como una caravana que cruzaba el oeste de África a toda velocidad, dejando a su paso polvo, prostitución, y un gran puñado de dólares.

Hoy, como casi todos los días del año, Dakar amaneció con el cielo totalmente despejado y repleto de pájaros negros del tamaño de un gato. Después de algunos días en la ciudad uno ya se acostumbra a las familias viviendo en casas que no se han terminado de construir, en barrios donde están por llegar la luz y el agua potable, cruzando calles que están empezando a pavimentar. Dakar, como muchas otras capitales africanas, parece una ciudad habitada antes de tiempo. O como si no hubiera alcanzado el dinero para terminarla.
–Mauritania, el país donde se corrían más etapas del rally, es un país muy pobre. En Senegal la situación no es muy distinta. Y el París-Dakar, el rally París-Dakar era una caravana con mil mecánicos con dólares en los bolsillos, que se sentían dueños de las ciudades por donde pasaban. Aumentaba mucho la prostitución, incluso de niños, y los gobiernos no hacían nada porque el París-Dakar traía dinero– continúa Akon.
Akon es flaco y alto, como muchos senegaleses, y viene de pasar un tiempo en París como corresponsal. Estábamos en el bar del Novotel, uno de los dos únicos hoteles de cadenas internacionales de la ciudad. En el lobby del hotel de la cadena francesa se veían viejas obras de arte africano, mejor mantenidas y –según Akon– más valiosas que todo el patrimonio del alicaído Museo Nacional de Senegal.
En Mauritania, el país donde se corrían más pruebas del rally, los ingresos por la competencia llegaban a representar el 15 por ciento del PBI del país. Aunque en países tan pobres esa cifra no signifique casi nada.
–Se la puedo dejar en cinco dólares –dice ella, mientras de los puestos vecinos se asoman para ver si finalmente me venderá o no la camiseta del Dakar 2008.
Senegal fue colonia de Francia hasta 1960 y en el centro de la ciudad todavía se destacan importantes edificios de esa época. Casi todas las grandes empresas francesas mantienen oficinas en el país, y en la mayoría de las playas hay casas de veraneo de jubilados franceses que pasan los tres meses de invierno europeo aquí. Jean Fernán es uno de ellos. Durante la colonia trabajó como funcionario de correos en Dakar, y desde hace quince años viene de vacaciones. Está vestido con traje de baño blanco y un gorro de KTM. En una mano tiene una botella de agua y en otra un puñado de lápices:
–Todos los días salgo a repartir lápices a los niños. Se ponen felices. Con mi mujer traemos varias cajas. Aquí la gente no tiene nada, es muy pobre, pero es tan alegre, tan agradecida.
Jean me dice que la gorra de KTM se la regaló un mecánico francés, el año pasado. KTM es uno de los equipos fuertesen el rally mundial. Le hablo del nuevo Dakar, por rutas de Argentina y Chile:
–Mirá, no es que quiera hablar contra Sudamérica, pero te digo que cuando el rally se corría aquí, el cariño de la gente era impresionante. En todos los pueblos los salían a saludar,
y en las ciudades los niños corrían para ver a los pilotos. Estoy seguro de que ese cariño tan fuerte no lo van a sentir ni en Chile ni en Argentina.
Aunque en la memoria colectiva el rally sigue siendo conocido como el París-Dakar, hace muchos años que la maratón de motores que cruzaba el desierto africano no partía desde la capital francesa. Hasta 1994, la carrera fue fiel a la ruta original. En los últimos años la partida ha variado entre ciudades europeas como Granada, Marsella, Barcelona o Lisboa. Era precisamente desde Lisboa, en Portugal, de donde debía largar la versión número 30 suspendida por amenazas de terrorismo. Un par de informes de espionaje, donde se hablaba de Al Qaeda y el sabotaje a los competidores y coches bombas y posibles secuestros de pilotos, determinó la suspensión de la edición 2008 y el traslado para Sudamérica.
La prueba fue fundada en 1979 por Thierry Sabine, un piloto francés que se extravió por el desierto africano y que a partir de entonces decidió que su experiencia se tradujera en el rally más duro e inhóspito del mundo. En pocos años, el pequeño rally trazado en forma casi amateur se fue convirtiendo en la megaempresa que es hoy. Las grandes compañías de motos y autos inyectaron millones de dólares en llegar primeros a la meta, y las pérdidas publicitarias por la suspensión alarmaron a los gerentes de las empresas mucho más que a los habitantes de Dakar.
–Me gustaba verlos llegar. Era una alegría, pero que duraba muy poco. Apenas dos o tres días, y nosotros vivimos aquí todo el año. Es triste que no venga más, pero para nada nos cambiará la vida, como dicen –explicó la jefa de reservas de uno de los hoteles donde descansaban los deportistas al final de la prueba, en la zona de Ngor. A pocos metros de nosotros está el monolito con la fotografía de Thierry Sabine, que murió durante el rally de 1986 cuando se estrelló el helicóptero en el que seguía la competencia.
Senegal es conocido en el mundo por el rally París-Dakar y, en otros círculos, por ser el país de Youssou N'Dour: elcarismático músico africano que hace veinte años vino a la Argentina para el recital de Amnesty Internacional. Hoy el músico lidera una campaña para promover el microcrédito en Senegal, y el año pasado la revista Time lo nombró como una de las 100 personas más influyentes del mundo. Youssou N'Dour es alto, usa anteojos modernos y una polera que dice "Africa Work".
–No me gustaba el rally. No quiero referirme al tema de la suspensión, pero no me gustaba –dice, en una rueda de prensa de Birima, su proyecto destinado al microcrédito–. No me preocupa lo que vaya a pasar con los competidores, ni adónde se van a ir. Me preocupa la gente que perderá dinero, que perderá trabajo por el fin del rally. Quiero que esa gente que ya no tiene el rally busque nuevas alternativas de trabajo. Tenemos que llegar a ellos, y creo que si fomentamos el microcrédito, ya no vamos a tener que depender tanto de este tipo de cosas.
Hace tres años, 24 organizaciones no gubernamentales y ecologistas suscribieron e hicieron público un manifiesto donde pedían la suspensión del rally. Acusaban a la prueba de ser una millonaria comitiva publicitaria por el continente de la pobreza y criticaban el impacto para la zona de una caravana forma-da por cientos de vehículos todoterreno, especialmente arreglados para altas velocidades. Camionetas, jeeps, motos y camiones que con su cargamento de combustibles, aceites, carburantes, neumáticos y pinturas, destruían sistemas de dunas, pasaban a llevar vestigios arqueológicos y dejaban sordos a los camellos acostumbrados a la soledad del desierto.
–Es una buena compra –dice la vendedora, cuando le paso los cinco dólares, y antes de entregármela mete la polera negra del Dakar 2008 en una bolsa blanca que dice Senegal.
–¿Vendés muchas?
–Se venden, porque van a ser de colección. Pero creo que tardaré un par de años en venderlas todas.
Es un misterio qué sucederá al final del primer trazado del Dakar por Sudamérica. Aquí en Dakar, el primer rally fuera de la ciudad más bien se ignora. Para los contrarios a la competencia, su ausencia no genera mayores problemas. Para los seguidores, Dakar seguirá siendo el emblema de cualquier competidor de rally del mundo. Aunque sea un piloto amateur.
–Venimos de Costa Rica. Somos 14 amigos, que hicimos el recorrido del París-Dakar –dirá mañana Rodolfo Carboni, uno de los pilotos de una caravana amateur, con el entusiasmo de cumplir el gran sueño: llegar en moto hasta el verda-dero Dakar. Me mostrará fotos del cruce por Mauritania, las ruedas gastadas de la moto y sus manos endurecidas tras cruzar por el desierto de dunas. Me dirá que gastaron unos 15 dólares cada uno, que contrataron a un camión asistente en Italia y que hay muchos pilotos amateurs que siguen recorriendo esta ruta. Contará que él recorrió Argentina y Chile en moto, hace unos años, pero que no tiene comparación con esto. Me dirá que lo de Argentina y Chile es un paseo, y que todavía no puede creer que llegó en moto hasta la mismísima Dakar.
Mientras me lo cuente, se acercarán dos niños africanos a pedirnos dinero. Pero eso sucederá mañana, porque ahora estoy en el Mercado Central de Dakar, recibiendo una polera del Dakar 2008, mientras ella se guarda los cinco dólares y se pone a mirar de un lado a otro del pasillo, esperando que aparezca otro posible cliente, ojalá un nostálgico del rally a quien poder venderle otra de estas camisetas del último Dakar.


Texto y fotos de: http://www.criticadigital.com.ar/revistacfiles/revistac45_web.pdf

jueves, 8 de enero de 2009

8 de enero - Día del Gauchito

Como dije el año pasado, no es una referencia afroamericana pero es una fuerte preferencia personal. El Gauchito era devoto de San Baltasar (según las narrativas, lo apresan volviendo de su festejo) y de San La Muerte (de quien se dice tenía una imagen incrustada en la piel -por ello deben colgarlo y degollarlo para matarlo).
Acá con Rodrigo, el santificado cantante de cuarteto cordobés.
Las fotos son todas del altar que instaló el artista plástico Sergio Gravier en Palermo Viejo (perdón, Soho) y que pronto adquirió vida propia. Una reforma del actual (des)gobierno de la Ciudad acabó con el altar...


El mural de la calle Godoy Cruz todavía está, pero cuando usaron el predio para hacer la Casa FOA le borraron la referencia al Gauchito. Demasiado popular para el evento?

martes, 6 de enero de 2009

6 de enero - San Baltazar



Festejo a San Baltazar en Goya, Corrientes, en enero del año pasado.
Fuente de las fotos: http://goyaprensamunicipal.blogspot.com/2008_01_07_archive.html


El Movimiento AfroCultural convoca para festejar en Buenos Aires

El próximo 6 de enero, Día de Reyes y fiesta de San Baltasar, convocamos a las familias con sus niños/as a compartir un encuentro en la Plaza Dorrego, a partir de las 16 hs.
Allí habrá animación infantil, Roda de Capoeira Angola, y una merienda, por lo que cada familia puede traer algo dulce o salado para compartir.
A las 19 hs puntual partirán los tambores desde la Plaza Dorrego hasta el Parque Lezama.
Por el rescate de la Cultura Original
Movimiento Afrocultural
AXÉ

www.movimientoafrocultural.blogspot.com / grupoliberacion@gmail.com

domingo, 4 de enero de 2009

"Bienestar inteligente"


Fuente: revista Noticias , septiembre del 2008

Vuelve Xica da Silva

Sólo vi algunos capítulos en su momento pero me gustaron bastante. Refleja bien (para una telenovela de ese momento) la vida y la cultura de los negros esclavizados en Brasil.

Clarín Espectáculos - 4 de enero de 2008
Por Adriana Bruno

El 5 de octubre de 2001 el entonces Azul TV (antes y después, Canal 9) levantó de su programación una telenovela llamativa, audaz para la época, que emitía en el centralísimo horario de las 22. Faltaban 77 de sus 182 capítulos. La superproducción se llama Xica da Silva y su data de origen es 1996. Erotismo, violencia y sincretismo religioso son tres de los pilares de la historia de Xica, una esclava negra en el Brasil del siglo XVIII, a quien da vida Tais Araujo. Es la actriz de El color del pecado, aunque parezca su hermanita menor, habida cuenta de los 13 años que pasaron. El punto es que ahora Canal 9 "reestrena" Xica da Silva (desde mañana, de lunes a viernes a las 22) y los televidentes que constituyeron sus 7 puntos de rating al fin podrán enterarse, se supone, de cómo termina.
Pero antes, veamos cómo empieza.El pueblo de Tijuco, enclavado en Minas Gerais, vive la fiebre de la recolección de diamantes, que son enviados a enriquecer la corona portuguesa. En la mansión del Comendador crece, en un relativo amparo, Xica da Silva, hija nunca reconocida del dueño de casa y una de sus esclavas negras. Joven, bella, inteligente e indómita, Xica es vendida por el Comendador al dueño de un prostíbulo. Y en su búsqueda desesperada de la libertad, roba los diamantes destinados al rey, y los entierra en lugar seguro. Cuando el ejército real llega a buscar el botín, el Comendador es culpado, arrestado, y toda su familia pierde honor y privilegios. Pero Xica no podrá comprar su libertad enseguida, para no despertar sospechas. Será vendida, de todos modos, a un militar que la somete en todos los sentidos y la pone al servicio de su hija, la caprichosa Violante (Dirca Moraes).
Esta apabullante superproducción de la Rede Manchete (desaparecida en 1999) fue dirigida por Walter Avancini, y escrita por Walcyr Carrasco, quien se basó en la novela Xica Que Manda, de Agripa Vasconcellos. Transgresora en su momento, hoy vale más por su belleza que por sus audacias, ampliamente superadas por la TV a lo largo de más de una década.
La historia continúa y cuando Xica conoce al joven y apuesto Joao Fernandes (Víctor Wagner), nueva autoridad de la región, quien se enamora perdidamente de ella y, no contento con el poder de la fuerza, no para hasta lograr ser correspondido. Desafiando todas las normas sociales de la época, convierte a la esclava en su concubina oficial y la llena de riquezas. Triunfante, Xica se mostrará orgullosa, vengativa y vivirá en la opulencia de una verdadera reina. Pero entonces se verá amenazada por el fanatismo religioso de su rival, Violante. Será acusada de brujería, sometida a los interrogatorios de la Inquisición y salvada sólo a condición de renunciar a su amor. Para saber cómo termina, habrá que esperar a verlo. Con un poco de suerte, esta vez llegaremos.
Fuente: http://www.clarin.com/diario/2009/01/04/espectaculos/c-00601.htm

sábado, 3 de enero de 2009

Encuesta sobre discriminación

Tiene unos meses ya, pero la acabo de encontrar entre mis papeles del año pasado.
Una encuesta sobre discriminación realizada por Gallup Argentina para La Nación.
La buena noticia es que aumentó, entre el 2001 y el 2008, la cantidad de gente que piensa que "es positivo que venga a vivir a nuestro país gente procedente de otras culturas" (de 34 a 47%) y disminuyó la que considera que es "negativo" (de 39 a 19%). Es claro que este tipo de encuestas no necesariamente predice lo que la gente hará o pensará en contextos reales.
Continúa alta la percepción de que "en Argentina hay discriminación hacia otras razas, culturas o nacionalidades" (casi 80% opina que hay bastante o mucha).
Fuente: diario La Nación del 26 de septiembre de 2008.