viernes, 1 de agosto de 2008

El Movimiento Afro Cultural en el diario Crítica

cultura afroporteña en peligro
Bonga Bonga o desalojo
La comunidad negra en la Argentina reclama al Gobierno de la Ciudad un nuevo lugar para el centro que desde 2000 funciona en una fábrica abandonada. La respuesta oficial.

Por Patricio Féminis
Diario Crítica, 11.06.2008, sección Culturas

“Sí, me agarró la máquina.” Javier Bonga se mira el dedo lastimado por la pulidora con la que fabrica tambores de candombe y sus palabras flotan con un eco opaco: en el inmenso galpón de Herrera 313, en el barrio porteño de Barracas, faltan días para el desalojo anunciado, la orden que no tardará en llegar para el Movimiento Afrocultural Bonga, al que el Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad aún no le garantizó un espacio nuevo para poder seguir llevando adelante su proyecto de difusión, rescate e investigación de la identidad afro en Buenos Aires. “Fue la máquina”, repite Bonga, mientras un pedazo de venda cae al suelo y la herida queda expuesta. Alrededor suyo, niños y adultos se preparan para la clase de candombe que dictará, en una ceremonia de tambores fabricados a mano que se templan sobre llantas viejas, alrededor de una fogata.
Los hermanos Javier y Diego Bonga –referentes del Movimiento– saben que el desalojo es inminente pero dicen que resistirán, ya que eso es lo que hacen desde el 87, cuando llegaron desde las villas de Montevideo.
En ese año empezaron en la calle Perón y en el dos mil tomaron esta fábrica de ascensores abandonada que transformaron en centro cultural, a pulmón, para mantener y revalidar la cultura afro, que aún sigue acallada en Argentina. O debería decirse, negada: condenada al recuerdo pintoresco de los repartidores de velas y empanadas en el 25 de Mayo, aunque los negros hayan puesto el cuerpo como esclavos y en las guerras de independencia, una realidad que el discurso estatal y educativo procuraron ocultar.
El ayer y el hoy tienen signos en común: en el Centro Cultural Bonga aún pelean para que se reconozca esta tradición viva, para que una vez más la historia no los abandone.
En este galpón de chapas de Barracas, un barrio partido en dos por la autopista, se dictan clases de candombe, capoeira de Angola y danza afro; los mellizos Bonga –de 45 años– forman a diversas generaciones en este arte que moviliza, pero a la vez esperan –sin disimular tensiones– la carta de desalojo que les dará un plazo de 5 a 10 días para dejar el lugar. Y todo podría quedar en el aire: los proyectos de integración social; el diálogo con la comunidad; la propuesta del director general de Promoción Cultural en el Ministerio de Cultura porteño, Baltazar Jaramillo: relocalizarlos en alguno de los tantos espacios vacíos con que cuenta la Ciudad, para que perdure el que llaman el “último quilombo de Buenos Aires”.
Es jueves y a las ocho de la noche empieza la clase: son negros y blancos reunidos por este ritmo que hace latir los cuerpos, en diálogo secreto con la tradición negra, pero el tiempo y las opciones se alejan para el Centro Bonga, que participó del resurgimiento del candombe por las calles de San Telmo.
¿Adónde irá la Hermandad Afrocultural Bonga, que agita tambores y una cultura que no se calla? ¿Adónde se radicarán las mujeres y hombres que viven en este profundo galpón que reclama Solci S.A., una empresa que nadie sabe si existe o no? “Deberán sacarnos por la fuerza.
Resistiremos hasta el final, igual que los ancestros.” Es Diego Bonga el que habla con años de experiencia como docente de capoeira: “Si bien esto se trata de lo afrocultural en movimiento, es también la reivindicación que la sociedad y el Estado deben hacer sobre el aporte de nuestros ancestros durante quinientos años. Pero aún están el racismo, la discriminación, y no nos contemplan. No hay una visibilidad de los negros en Argentina”.
A principios de año la actividad del Movimiento Afrocultural Bonga fue declarada de interés cultural en Buenos Aires. “Hemos hecho todas las gestiones legales –dice Diego Bonga–. Agotamos todas las medidas pero todavía no tenemos una respuesta concreta. Son muy lentos los pasos burocráticos. No contamos con los recursos como para tener un abogado que se dedique a pleno: si lo tuviéramos, más de una cosita se destaparía. Los terrenos de Barracas están muy valorados.”
Pero para Máximo Merchensky, asesor de Baltazar Jaramillo, el problema no es de Cultura de la Ciudad: “Ese es un espacio intrusado: es propiedad privada. Si bien lo han puesto en funcionamiento y llevan adelante un trabajo cultural, eso no tiene nada que ver con el desalojo que decidiría la Justicia porque han ocupado un espacio ajeno”.
Y habla de propuestas y requisitos: “Es una actividad interesante, sí, pero no pueden agarrarse de su trabajo cultural para tomar un espacio que no les es propio, o para reclamar una vivienda ajena porque hay problemas habitacionales”. La lógica es clara: “El problema central no es de Cultura, sino que tienen miedo de quedarse en la calle. Lo judicial y lo cultural van por carriles distintos. Nosotros no podemos pasar por arriba de la Justicia”, dice Merchensky.
Entonces, ¿qué opciones propone el Gobierno para que no se corte abruptamente la tarea del Movimiento Bonga? ¿Existe voluntad política de reconocer a la cultura afro y a sus ceremonias? “Estamos viendo –afirma Merchensky– la forma de que se llegue a la cesión en uso precario de algún inmueble en Buenos Aires, pero son trámites legislativos que llevan tiempo y exceden a Cultura. Insisto: no pueden basarse en la presión de un desalojo como argumento. La expropiación no era la salida más simple y a la cesión la debe tratar la Legislatura.”
Pero hay una responsabilidad que sí debe discutirse, afirma Diana Maffía, legisladora por Coalición Cívica: “El rol de Cultura de la Ciudad es integrar a las diferentes culturas. Si el trabajo que llevan adelante es válido, habrá que garantizarles otro espacio. Si bien el PRO mostró buena voluntad, aún no se está tratando: esperamos que llegue a tratarse esta semana”.
Los plazos son inminentes: el desalojo debía llegar a fines de mayo y con la intervención de Maffía –ante la jueza que instruye en la causa– lograron demorarlo. “La cesión es la forma más viable –dice Maffía–. Ellos no quieren ser propietarios, sino trabajar en un espacio y ponerlo en funcionamiento.
En un primer momento la Ciudad propuso cederles unas horas en alguno de los 44 centros culturales que existen. Decir eso es no entender a la cultura afro, a sus prácticas, ya que la capoeira y el baile implican tiempos que no se resuelven en dos horas: hay toda una puesta del cuerpo, y una espiritualidad, que lleva horas. Además, el templado de tambores requiere un lugar especial”. Para Maffía, “ceder espacios vacíos es constante en Buenos Aires: basta ver todos los que se cedieron entre octubre y diciembre de 2007, antes de que se fuera Telerman”.
De los espacios sin uso con que cuenta la Ciudad, los Bonga solicitaron uno en Isabel la Católica y Suárez, a pocas cuadras. “Tenía que ser en una zona cercana, ya que es un barrio vulnerable y a la gente le cuesta trasladarse. Allí hay un proyecto de contención social, que no hace el Gobierno, para jóvenes que de otro modo no tendrían forma de expresarse: están involucradas más de 200 personas”, cuenta Maffía, y apela a la voluntad política del PRO –con mayoría legislativa– “para evitar el desalojo violento: si uno castiga la usurpación, pero no da alternativas, ¿cuál es el mensaje? Que no se le da importancia a un centro que sostiene la identidad negra en Buenos Aires. Sería dar pie a que no exista la cultura afro, que se la siga negando. Eso es no reconocerles sus derechos”.
Y la comunidad negra en Buenos Aires aún espera alzar la voz para proyectarse al futuro. Diego Bonga evalúa: “Cuando hablo de ayudar al Movimiento Afrocultural, no digo ‘vengan a ayudarnos a nosotros’. Ayúdenos a ayudarse, porque somos los pocos que vamos quedando que tenemos algo para transmitir”.
Los Bonga seguirán batiendo parches adonde sea: confían en sus ancestros y en los negros viejos que “no están en la universidad sino en las villas”, y que les transmitieron su bendición, los valores, el respeto por la naturaleza y por los demás.
El Estado –dice Diego– debería considerar a las tareas del Movimiento Afrocultural como patrimonio cultural inmaterial. “Tienen la obligación de ampararnos y está en la Constitución. Nosotros no somos dinosaurios desaparecidos sino sobrevivientes. Hemos resistido desde siempre: es algo que llevamos en las venas.”


Fuente: http://www.criticadigital.com.ar/impresa/index.php?secc=nota&nid=5991

Movimiento Afro Cultural - Peritaje Antropológico

Intervención de los antropólogos Alejandro Frigerio (CONICET) y Nicolás Fernández Bravo (UBA) en el marco de la Mesa de Diálogo convocada por la Legislatura Porteña para analizar la solicitud realizada por el Movimiento Afro Cultural el 21 de Abril de 2008.

En la Argentina, la intervención de los antropólogos en calidad de “peritos” o expertos en el campo de la cultura es una práctica poco extendida. No obstante, en otras sociedades se trata de una práctica bastante habitual para la evaluación y el diagnóstico de situaciones culturalmente complejas, en donde el parecer de los involucrados puede ser susceptible de interpretaciones subjetivas o carentes de sustento teórico y técnico.
El motivo que nos convoca hoy en este recinto ha sido materia de debate y opinión entre activistas, funcionarios, periodistas, técnicos, artistas y un extenso conjunto de personas que se han mostrado solidarias a la causa del Movimiento Afro Cultural y su inminente desalojo. Consideramos que esta Mesa de Diálogo, si bien no constituye una instancia judicial, necesita del acompañamiento técnico de la antropología que, en tanto disciplina experta, permite argumentar sobre las alternativas posibles para las demandas del Movimiento Afro Cultural de cara a la resolución de las mismas de una forma seria, profesional y consistente.
La antropología tiene dos características principales: dar una perspectiva holística (totalista) de los ambientes en donde se producen determinados fenómenos, y afirmarse en la visión de los otros sobre los hechos que están bajo análisis. La antropología es una ciencia social que está capacitada para confrontar diferentes argumentos que puedan darse sobre sucesos determinados, así como para mediatizarlos a través de sus métodos. Da la oportunidad para que esos discursos se escuchen (confronten) entre sí, modificándose al mostrarse coincidencias y disparidades entre lo dicho por los distintos protagonistas sobre una cuestión particular.
La antropología usa metodologías de interferencia, involucrándose en esos diferentes puntos de vista al proponer en lo que se llama "trabajo de campo" una constitución múltiple de los acontecimientos a examinar. La multiplicidad de voces y narrativas no es un impedimento técnico a la hora de llegar a conclusiones, puesto que abre un abanico de significaciones, que pueden llegar a tener una importancia epistemológica equivalente.

Si bien en los últimos quince años la ciudad de Buenos Aires ha asistido al desarrollo y fortalecimiento de un amplio espectro de actividades culturales que rescatan componentes africanos – como lo son el candombe, la capoeira, las danzas afro, ciertos elementos del tango, muestras y exhibiciones de fotografía, cine, charlas y debates sobre la presencia de los afro-descendientes y el legado histórico de su memoria – existen ciertas características que hacen que el denominado Movimiento Afro Cultural sea un grupo comunitario – cultural único. En función de nuestro conocimiento genuino y prolongado en el tiempo de las características del mismo, es posible afirmar que:

1) Se trata de un grupo de personas que, en su conjunto, enfatizan específicamente en el uso de la cultura como una forma de inclusión social. Existen otros grupos de personas que toman elementos de la cultura africana para la difusión y el desarrollo de técnicas preformativas, aunque no necesariamente con una orientación social. En el caso de otras entidades privadas (centros culturales, escuelas, institutos) que venden cursos y dan clases de este tipo, el énfasis se encuentra en la producción de la cultura y sus manifestaciones objetivas, y no tanto en la reproducción del grupo como un conjunto de personas que permiten su existencia misma en un contexto de respeto por la diferencia cultural. Mediante este uso de la inclusión social, el grupo permite estimular la imaginación de nuevas y creativas formas de expresar la cultura sin que esta devenga en bien de cambio. Hacen posible que jóvenes afrodescendientes –pero también otros de diferentes condiciones sociales y étnicas- aprendan un oficio cultural-musical , se enorgullezcan de este legado y encuentren contención social que no hallan en otros ambientes.

2) El Movimiento Afro Cultural es uno de los pocos (y probablemente el único en su tipo), liderado y compuesto, en buena parte, por afro-descendientes, quienes son reconocidos públicamente como los representantes de un espacio legítimamente constituido. Si bien existen un conjunto de asociaciones y ONGs que retoman explícitamente el carácter “afro-descendiente” de sus miembros, la extensión, consistencia y coherencia de los mismos ha variado con el curso del tiempo. Muestra de ello son algunas de las actividades que regularmente convoca el movimiento, en las cuales participan voluntariamente afro-descendientes que habitualmente se muestran escépticos ante el eventual “uso” de su participación. El pasado 20 de noviembre de 2007, día de la Conciencia Negra, una verdadera multitud de afro-descendientes y residentes africanos negros se congregaron espontáneamente en la sede del Movimiento. Durante el desarrollo de La diáspora africana en Movimiento, en el Centro Cultural del Sur del Gobierno aquí presente, en Junio de 2008, uno de los espectáculos que mayor atención concentró fueron – precisamente – las presentaciones del Movimiento Afro Cultural. Estos hechos cuestionan contundentemente cualquier posible argumentación sobre la “invisibilidad” o “disgregación” de los afro-descendientes en la Argentina.
3) Se trata de un grupo que fomenta un la conciencia panafricana, estimulando el orgullo, la identidad y la preservación de la memoria negra. Este fomento se da en el marco de una comunidad abierta, la cual reside en un mismo espacio físico, permitiendo así la integración de sus miembros en un colectivo que evoca contemporáneamente a las antiguas sociedades de esclavos libertos, comúnmente denominados Quilombos. Si bien otras entidades apelan a estas ideas, el Movimiento Afro Cultural lo hace en tanto legado universal para todo aquel que se acerque con respeto hacia la cosmovisión o “forma de ver y estar en el mundo”. Prueba de estos principios son la enorme cantidad de personas que, independientemente de su color de piel, origen, clase social, se han formado y participan de las actividades del Movimiento.

4) Sus líderes tienen una larga historia de activismo y compromiso cultural, siendo los únicos sobrevivientes del Grupo Cultural Afro que a fines de la década de 1980 fue pionero y clave en la difusión del candombe en Argentina. Uno de sus miembros fundadores, José Delfín Acosta, fue asesinado por la Policía por salir en defensa de migrantes afrobrasileros que estaban siendo detenidos sin motivo. No obstante, su participación pública ante situaciones de violencia racial, discriminación y violación de derechos humanos siempre se ha desarrollado en el marco del diálogo y la búsqueda del entendimiento basado en el respeto.

5) El grupo en su conjunto, y los estudiantes en proceso de formación, bregan por la excelencia docente y por prácticas performativas que permitan el entendimiento de los fundamentos teóricos de las expresiones artísticas. Si bien existen muchos practicantes de las expresiones culturales de origen africano (en lenguaje coloquial, están “de moda”), son muy pocos los que enseñan y practican coherentemente con los fundamentos que le dan origen. En muchos casos, buenos artistas no demuestran un compromiso real con el grupo social que da origen a las prácticas, mientras que personas comprometidas con los objetivos que dan causa a las reivindicaciones del conjunto afro, no son necesariamente buenos artistas.

La historia del legado y la presencia africana en la Argentina ha estado estrechamente asociada a la disgregación, fragmentación y mestizaje de sus miembros – en las circunstancias más benignas – y a la violencia física y psíquica que condujeron a la muerte y desaparición de muchos de sus miembros – en las circunstancias en las que sus derechos fueron violados. Las dificultades de asociación voluntaria existentes en la actualidad, las cuales son el fruto de la marginalidad persistente, hacen que revertir esta tendencia se haya topado con obstáculos de manera recurrente. Para el sentido común de muchas personas, los negros no están organizados, se pelean entre ellos, se manifiestan violentamente, y – en definitiva – no quieren trabajar. Los resultados generados por el Movimiento Afro Cultural son una prueba de que estas maneras de ver a los otros aún hoy se encuentran ancladas en el prejuicio y son manifiestamente falsas.

Por estas razones, que encuentran su fundamento en la comprensión del significado de las actividades del Movimiento Afro Cultural, consideramos que la única forma de reproducción social del grupo de afro-descendientes congregados en torno al Movimiento, es mediante la garantía de un espacio físico que posibilite la continuidad material de la vida simbólica asociada a su cultura.

Buenos Aires, a los 29 días del mes de Julio de 2008

Alejandro Frigerio y Nicolás Fernández Bravo

Alejandro Frigerio es Doctor en Antropología por la Universidad de California, Los Angeles, Investigador Independiente del CONICET y profesor en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Desde la década de 1980 se encuentra involucrado a las distintas manifestaciones de la cultura afro en Buenos Aires. Ha publicado extensamente sobre cultura, identidad y religión afroamericana.
Nicolás Fernández Bravo es antropólogo y profesor de Historia de Asia y África Contemporánea (UBA). Ha dirigido la Oficina del Centro Carter en Mozambique y trabajó en el campo de los derechos humanos en Argentina, Sudáfrica, Angola, Jamaica, Nicaragua y Mozambique. Desde 1998 se encuentra ligado a las actividades del colectivo de africanos y afro-descendientes en Buenos Aires. Es asesor del Movimiento de la Diáspora Africana en Argentina.

jueves, 31 de julio de 2008

Marisa Pineau en Página 12

Marisa Pineau, especializada en estudios de Africa en el Colegio de México.
CIENCIA › UN CONTINENTE ENTERO QUE RECLAMA SU PAPEL EN LA HISTORIA UNIVERSAL
Lejos, muy lejos de Africa
Esta vez el jinete emprendió un viaje. Un viaje cruzando el océano; sin moverse del Museo Etnográfico, donde Marisa Pineau, historiadora, le habló de sus estudios sobre Africa, de reinos olvidados y del fantasma temible de la esclavitud.

Por Leonardo Moledo

–Usted trabaja sobre Africa, ¿verdad?
–Sí, en la UBA y en la Universidad Nacional de Quilmes. Soy investigadora de ambas.
–Bueno, cuénteme.
–Los estudios sobre Africa en Argentina no han tenido un gran desarrollo, aunque históricamente hay varios antecedentes que se podrían nombrar en la década del 60. La dictadura significó un gran retroceso en este aspecto, y con el regreso de la democracia hubo una suerte de revitalización por parte de varias universidades y del Conicet de promover estos estudios.
–¿Por qué nos interesa Africa a nosotros?
–Yo le puedo decir por qué me interesa a mí. Por un lado, desde mi formación en historia creo que no se puede pensar en una historia de la humanidad si no se piensa en la historia africana. Durante mucho tiempo la impronta del pensamiento hegeliano marcó los estudios: Africa no tenía historia, la historia de Africa la habían hecho los europeos. Esa impronta queda en la historia positivista y colonial: un centro que irradia la historia (Europa occidental) y una serie de pueblos periféricos que reciben la historia. Ese es el Gran Relato, la narración de los europeos. Mi estudio se encara fundamentalmente a partir de las independencias y créame que fue muy difícil instalar la idea de una historia propiamente africana. ¿Por qué nos interesa Africa en Argentina? Recién en los ’80 es posible realmente pensar una historia más completa y más abarcadora, para encontrar procesos similares a los que se estaban produciendo en América latina.
–¿Por ejemplo?
–Procesos con respecto al campesinado, la inserción en el contexto internacional, los problemas de las consolidaciones de la democracia.
–Entonces, usted estudia la historia de Africa actual.
–Sí... la del siglo XX. Que abarca la historia de Africa colonial y poscolonial. En el contexto en que le vengo diciendo, se empiezan a incorporar en las universidades los estudios de historia de Africa (en un paquete con la historia de Asia). De eso se desgajan los estudios específicos: empiezan a aparecer intereses, posibilidades de investigación en temas poco explorados...
–Yo creo que nadie duda de que existe la historia de Africa poscolonial. Incluso ahora se está viviendo una situación bastante desagradable en Zimbabwe... pero también me pregunto si se estudia algo sobre la historia de Africa antes de la llegada de los europeos. Occidente está relacionado con Africa desde la época de la esclavitud, y eso viene de la época romana.
–Dentro de la Facultad de Filosofía y Letras, las materias que han incorporado estudios sobre Africa son dos. Una se llama “Historia de la colonización y la descolonización”, donde se estudia el asunto desde el siglo XV; y la otra es “Historia de Asia y Africa contemporáneas”. En la primera materia hacemos un hincapié muy fuerte en cómo fueron los procesos africanos de la formación de los Estados...
–¿Los no-coloniales?
–Exacto.
–¿Y qué Estados importantes había?
–Muchos. En el siglo XV, por ejemplo, en el Africa occidental estaba el Estado de Ghana, el Estado de Mali... Todos tuvieron un desarrollo endógeno, una creación endógena. En algunos de ellos los gobernantes y los comerciantes se islamizaron alrededor del siglo XII, pero la mayoría de la población siguió practicando su religión. Hay otros: el Estado de Etiopía. Hay, además, grandes áreas de vinculación entre estas poblaciones. En algunas, por ejemplo, funciona el Islam como agrupador (acuérdese que el Islam llegó muy temprano, en su primera expansión).
–¿Eran Estados territoriales o tribales?
–Territoriales, pero tributarios, en el sentido de que lo que interesaba a los soberanos no era el control del territorio, sino la captación de tributos. Inclusive hoy sabemos que esas identidades no tenían el mismo significado en ese momento que ahora. Eran Estados que no estaban interesados en llevar la religión que practicaban a sus súbditos ni querían expandir un idioma. La relación con la autoridad central era a partir del tributo.
–Hay una polémica sobre el origen de la esclavitud... así como la izquierda hace énfasis en los europeos, la derecha trata de mostrar que la esclavitud fue una institución africana sobre todo. ¿Es verdad eso?
–Mire, yo siempre empiezo mis clases sobre esclavitud diciendo que la palabra esclavo está ligada a la palabra “eslavo”, que no es africana. Esto me sirve para recuperar esta idea de que no necesariamente la esclavitud tiene un origen africano. Lo que no quiere decir que no existiera la esclavitud en Africa antes de la llegada de los europeos. Existía, pero tenía características distintas. En el comercio de larga distancia mediante el cual se relacionaban los Estados que le mencioné antes incluía el de esclavos. Eran esclavos en general que iban a las zonas del Medio Oriente, o a Europa, pero que no eran un factor de producción. Fundamentalmente actuaban para los harenes o como esclavos domésticos. De todas formas, existía otro tipo de esclavitud, que tenía que ver con esas formas que todas las sociedades han conocido: los cautivos por guerras, los cautivos por deudas, por algún delito. En esa polémica que usted señala hay algo de razón. Hoy los datos nos dicen que la esclavitud era anterior, pero con otras características. No encontramos en Africa, hasta el siglo XVIII, plantaciones como en América.
–Pero cuando llegan los europeos... ¿capturan o compran?
–No capturan. A los europeos les interesaba el oro que llegaba desde Guinea (y por eso la moneda inglesa se llamaba guinea) y especias. No encuentran esos productos en todos lados, entonces, donde no encuentran, se les ofrecen esclavos. Es una relación que se establece desde el primer momento. Un historiador inglés, Basil Davidson, dice que primero fue un río y después se hizo la sangría.
–Pero cuando se hace la sangría, ¿cómo se hace? Los soberanos estaban interesados en la fuente de ganancia que representaba la esclavitud.
–Hay un punto de discusión que es el siguiente: las costas atlánticas eran costas que no eran interesantes para el africano. Los Estados importantes estaban en el interior. Es por eso que también a los europeos se les hizo fácil esa zona atlántica, pero sí tuvieron más problemas en la zona del Indico, que estaba llena de ciudades-Estado. Ahí no tuvieron esa capacidad de penetración.
–¿Y entonces?
–Les es muy difícil entrar al interior, los soberanos no los dejan. ¿Qué ocurre entonces? Los soberanos se encargan de efectuar la captura y el traslado de los esclavos hasta la costa. Lo que sabemos también es que muchos de estos Estados van a empezar a encontrar que su razón de ser es la venta de esclavos. Así, se van a ir convirtiendo en Estados mucho más autoritarios, porque van a tener que crear todo un sistema que tiene su base en la captura. Parte de su población en edad fértil es utilizada como ejército para capturar esclavos. La gente que no conforma el ejército, entonces, tiene que producir muchos más alimentos para mantener a ese ejército importante en número y fundamental para el sostenimiento del Estado. Es una relación perversa entre las partes: entre blancos y soberanos. Los dos sacan ventaja, cuando la mayoría de la población africana es la que lo sufre: o bien porque es esclavizada o bien porque tiene que sostener el sistema. Eso lo vemos mucho en la zona del Africa occidental. Se crean relaciones comerciales muy buenas: es un sistema que en el siglo XVIII logra todo su esplendor.
–O sea que no sólo habría que demonizar a los europeos, sino analizar más minuciosamente las relaciones con los soberanos...
–Claro, y con eso se relaciona lo que yo le comentaba de la historia global. Porque entonces, por más que nuestros principios morales dicen que lo que se hacía estaba mal, lo que vemos es que los africanos tomaban decisión sobre su propia historia. Lamentablemente, es muy difícil de rastrear cuáles fueron las formas de resistencia...
–Y por ejemplo, en la época del Imperio Romano, ¿había imperios y reinos? En el siglo I, por ejemplo...
–Para esa época estamos considerando el Estado egipcio...
–Pero ese no cuenta... en el siglo I ya tenía 3000 años.
–Bueno, parte de la recuperación que se hace desde la historia africana es que Egipto es un Estado africano. Todas las historias de Africa de hoy empiezan ahí.
–Eso es interesante. Porque da la sensación de que la historia de Egipto permanece más al Mediterráneo.
–No, justamente lo que se hace es la recuperación de este Imperio...
–También hubo un Estado africano muy importante con capital en Tombuctú, ¿puede ser?
–Sí, pero es del siglo XII y tiene que ver con estas rutas de comercio que surgen en ese momento.
–Bueno, antes del siglo tampoco había demasiados Estados en Europa... ¿Y qué pasaba en Sudáfrica?
–Había pueblos cazadores-recolectores, pero no había Estados organizados.
–¿Y en el resto de Africa?
–Estoy pensando, pero diría que más bien lo que hay son sociedades de jefatura. Cuando hablamos de Estados hablamos de Egipto, de Etiopía...
–Me pregunto si la corriente histórica que usted expone no tiene que ver con lo que es políticamente correcto y lo que nos gustaría. Y dígame... ¿hay una recuperación del hecho de que la humanidad se originó allí?
–Eso es lo más nuevo que se está haciendo. Se está llevando adelante, por ejemplo, por Sudáfrica, que presenta a Africa como cuna de la humanidad.
–El hecho de que la humanidad se origine en Africa debe ser la broma más políticamente correcta que le hizo la historia del mundo a la derecha.

Fuente: Página 12 del 39 de julio de 2008.
http://www.pagina12.com.ar/diario/ciencia/index-2008-07-30.html

Comentarios

Como siempre, uno no puede quedarse del todo callado ni del todo satisfecho ante la cobertura periodística de estos temas. Hay que ser absolutamente crítico y no quedarse con "lo que hay".

Pregunta 1: Por qué tanta insistencia si en Africa había "estados", "imperios", etc. antes o despúes de Europa ? Qué importancia tiene? Si había, son más o menos "desarrollados"? Si lo son, tienen más o menos derechos como seres humanos? El sr. Periodista cree aún en el evolucionismo social?

Pregunta 2: Por qué la posición de la entrevistada sería (meramente?) "políticamente correcta"? Eso la hace menos válida o sospechosa? Acaso no ser políticamente correcto es ser un "científico duro"? Los "científicos" cuando analizan procesos sociales, no están sujetos a interpretaciones ideológicas de los mismos?

martes, 29 de julio de 2008

¿Black Power?

Diario Crítica - Sociedad / Edición Impresa /29.07.2008
Vogue agotó su ‘edición negra’
El black power revierte la tendencia
Se trata de la versión italiana. Sus publishers la dedicaron a las súpermodelos de color porque “en el mundo del fashion dejaron de usarlas”. El número hizo furor en Inglaterra y en los Estados Unidos y se reimprimió.


En las últimas cuatro semanas la “edición negra” de Vogue Italia se agotó tan rápido en Inglaterra y en los Estados Unidos que se apuraron a reimprimir y distribuir 40 mil copias más.
Una revista considerada de circulación pequeña explotó en ventas y muchos creen que impuso una revolución en la industria de la moda. ¿Por qué? Por dedicarles sus páginas a las modelos negras.
Concebida por la editora Franca Sozzani junto al reconocido fotógrafo Steven Meisel resaltaron la belleza de 18 modelos de tez oscura incluyendo caras nuevas, establecidas y otras ya legendarias. Los nombres incluyen desde a Iman, Naomi Campbell, Tyra Banks, Jourdan Dunn y Liya Kebe.
“Lo hacemos porque creemos que nadie está usando chicas negras. Yo veo tantas chicas hermosas y siempre me contestan que no las llaman”, comentó Sozzani a The Independent. “Por otro lado, antes de publicarla, la redacción temía la reacción de la sociedad italiana. Tal vez en nuestro país no es la mejor idea. Pero no me importa. No es mi problema si no les gusta, el problema es de ellos”. Desde que Sozzani anunció su decisión para el número de julio empezaron a aparecer cuestionamientos. Pero nadie anticipó la explosión. BLANCAS Y NEGRAS. “¿Por qué las pasarelas son tan blancas? No entiendo por qué si Londres no es una ciudad blanca”, remató con ironía y tono adolescente la bellísima Jourdan Dunn, de 18 años, a los periodistas que se acercaban a preguntarle cómo se sentía por ser una de las modelos más comentadas en el Fashion Week de primavera/verano 2008. Pocos meses después de haber sido descubierta, Dunn se convirtió en cara de Gap y desfiló para Louis Vuitton y Valentino entre otras grandes marcas.
Al diario inglés The Guardian le comentó que cuando era chica, al ver a Naomi Campbell y a Tyra Banks se animaba a imaginarse convertida en modelo. Y contó que estaba de acuerdo con la idea de Campbell de crear una agencia de modelos que promueva las diferencias raciales. “Soy muy ambiciosa y creo que la idea de Naomi es buena. Cuando vuelva a estudiar me gustaría hacer una agencia para chicas negras y también para asiáticas y españolas porque no hay suficientes”.
En los Estados Unidos venden la reimpresión de la edición italiana con un sticker que dice “primera reimpresión. La edición más buscada en la historia”. En eBay hay reventa por 50 dólares, cuando el precio original es 16 dólares. En Inglaterra la demanda fue un 654% mayor que la versión del mes anterior.
El significativo aumento en las ventas contradice los argumentos más fuertes de quienes sólo promueven modelos blancas. “Nuestra industria de la moda es institucionalmente racista.
La explicación de por qué no usar modelos negras siempre es ‘porque no vende’, esto muestra que no es cierto”, dijo Sola Oyebade, directora ejecutiva de la agencia Mahogany Model Management. Carole White, de Premier Model Agency, contó que ella suele recibir pedidos de casting que especifican “no étnicas”, “he escuchado a muchos editores diciendo que no venden”.
“Para mis temporadas anteriores tenía que llamar a muchísimas agencias para conseguir modelos negras. Siempre me contestaban con silencio. Ahora tendrán la responsabilidad de incluirlas en sus catálogos”, dijo el diseñador nigeriano establecido en Londres Duro Olowu. “El que no lo haga quedará como un idiota”.
Sozzani reveló que parte de la idea de la edición se le ocurrió por Barack Obama: “Si Estados Unidos está listo para un presidente negro, ¿por qué no estamos listos para una modelo negra?”. Además de la sesión de 100 fotos la revista incluye entrevistas con la esposa de Obama y con Edmonde Charles-Roux, quien renunció como editor de Vogue Paris cuando no le permitieron hacer una tapa con Donyale Lune en 1966 por ser negra.
Sarah Doukas, de la agencia Storm, una de las más importantes en Inglaterra y que fue quien descubrió a Jourdan Dunn mientras paseaba por un shopping con una amiga, dijo que “la edición negra nos compele a todos a comprometernos con la diversidad en nuestra industria y a explotar nuestros recursos creativos para celebrar nuestras diferencias sociales y culturales”.

La noticia también fue reflejada por el diario Clarín

REVISTA EUROPEA
Vogue y el "black power", un éxito
La edición de este mes de la edición italiana de la revista Vogue, ilustrada enteramente con modelos negras, se agotó. Pero lo llamativo es que se agotó en los Estados Unidos y en Inglaterra. Por esa razón, su grupo editor resolvió republicar -algo que nunca antes había hecho- otras 40.000 copias para esos dos países.Tanto entusiasmo entre los lectores se debió a una idea de Franca Sozzani, editora en jefe de Vogue Italia, quien resolvió dedicar el número de julio al "black power" (poder negro). Así, reunió a modelos consagradas en todo el mundo para "llamar la atención sobre una polémica muchas veces silenciada: la poca visibilidad de los profesionales negros". Algunas de las modelos retratadas son Jourdan Dunn, Alva Chinn, Naomi Campbell, Arlenis Sosa y Tyra Banks

Fuentes: http://criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=8950

http://www.clarin.com/diario/2008/07/29/sociedad/s-01725305.htm

Black Power (de entonces y ahora)

Black Power, 1968 (Olimpíadas de México)


Black Power, 2008 (foto de la revista Vogue)

sábado, 26 de julio de 2008

Fiebre Negra (2) -Nota en el diario Critica de hoy

Fiebre negra - Miguel Rosenzvit
“Usaron a los negros como carne de cañón”
El autor rescata para la ficción la vida en Buenos Aires del siglo XIX. Las mentiras sobre la desaparición de los afrodescendientes.
Iván Schuliaquer

Miguel Rosenzvit

“Me interesaba poner a rodar una historia en una Buenos Aires llena de negros y preguntar ¿qué significaba en ese momento ser negro?”, asegura Miguel Rosenzvit. Recién publicada por Editorial Planeta, la novela cuenta una cruda historia de amor imposible, que permite mostrar la cotidianidad de una comunidad olvidada en la memoria del siglo XIX y en la actualidad: la de los negros argentinos.
Rosenzvit es porteño, graduado en computación. Hace poco más de diez años, decidió dejar un trabajo bien pago para dedicarse de lleno a la literatura. Al principio, salió a vender sus libros de poemas y cuentos por los bares. Luego, se dedicó a dar talleres literarios. Locuaz y entusiasmado con el tema que decidió tratar, el escritor recibió a Crítica de la Argentina en su departamento, a metros del Parque Centenario.
–¿De qué trata el libro?
–Toca dos hechos muy oscuros de la historia argentina: la supuesta desaparición de los negros de Buenos Aires y la administración de la crisis durante la epidemia de la fiebre amarilla en 1871. Así, desde la ficción, se trata la participación de los negros en Buenos Aires. Para eso se parte de una verdad que pone contra las cuerdas a la historia oficial: según los censos oficiales de la década de 1840, Buenos Aires tenía más de un 30 por ciento de negros. Entonces, narrar cualquier cosa en esa época tiene que llenar el relato de negros, más allá de que se persiga o no el dato antropológico de su extinción.
–¿Por qué decidió contar la historia de los negros?
–Miriam Gómez, que es una afroargentina, decía que Félix Luna tiene la tesis de que cuando termina la esclavitud se acaban los negros. Entonces, apareció mi sospecha de que falta contar algo. El espejo es Uruguay. Porque cuando uno empieza a preguntar sobre Brasil dicen: “No, lo que pasa es que ahí había plantaciones. Acá eran todos servidumbre, los trataban rebien, se casaron con blancos y se mezclaron”. Y en Montevideo parece que también los trataron rebien y se mezclaron, pero son un montón: la cultura afrouruguaya es importantísima, y acá parecería que no existen. Pero apenas empezás a investigar, te das cuenta de la cantidad de barbaridades que se dicen. Un dato importante es que la libertad de vientres es de 1813, pero la abolición definitiva de la esclavitud es en 1860. En esos cuarenta y pico de años nace un negro de vientre esclavo y es libre. Pero, ¿qué significa tener un año y medio y ser libre? ¡Merece ser estudiado!
–¿Y cuáles son los argumentos para hablar de la extinción?
–Yo lo divido en tres categorías. La primera son las pavadas que dan vergüenza: por ejemplo, que no soportaban el clima. ¡Y en libros serios! En Nueva York hace 15 grados bajo cero y está lleno de negros, pero acá no soportaban el clima. Luego, usan palabras capciosas. Por ejemplo, proclividad. Tenían proclividad a las pestes, proclividad a la prostitución. ¿Qué significa eso? ¿Que tenían genes de puta? Y está la categoría de las verdades a medias. La principal: murieron en las guerras y después en las pestes.
–¿Y cuál es la tercera categoría?
–En principio son las dos hipótesis que manejan las investigaciones más modernas y más serias: la de la invisibilidad y la del genocidio. Y la invisibilidad es muy interesante porque es muy analogable a hoy. Por ejemplo, los cartoneros. Están por todos lados, es una situación terrible y mayoritaria, cualquier censo dice que son 300 o 400 mil. Si te metés medio segundo te parte el alma. Entonces, salís. Y ahí los invisibilizás.
–¿Y qué lugar ocupaban los negros en el siglo XIX?
–Eran importantísimos y Buenos Aires estaba llena de negros. Había periodistas negros, músicos, profesionales. Y muchísimos soldados. Porque no bien se dieron cuenta de que eran como cualquier otro ser humano y que encima eran ágiles, habilidosos y patriotas, convenía sumarlos. San Martín mandó a censar qué cantidad de negros disponibles había para reclutar. Pero para los amos un esclavo representaba mucho dinero porque como eran habilidosos, les enseñaban un oficio, los mandaban a trabajar y se quedaban con el ciento por ciento. Y el estudio dice que en 1816 había disponibles –soldados, varones, fuertes y sanos– 400 mil negros. La situación del negro es distinta a la del indio porque siempre se habla de la invasión y del enfrentamiento, y es un tema que está.
–Entonces, ¿qué pasó con los negros?
–Hay medio siglo de la historia que se saltea, entre 1810 y 1860, en la construcción de la Argentina. Y es un tiempo de muchísima violencia y guerra. El tema de la participación del negro en el ejército es tan fuerte y obvia que es aceptada por la historia oficial. Dice, los negros murieron en la guerra y fueron usados como carne de cañón. San Martín llevó a sus campañas la misma cantidad de negros que de blancos. Siete años después, regresaron miles y miles de blancos victoriosos, y un puñado de 183 negros.
–¿Cómo hizo ese traslado a la ficción?
–A mí no me interesaba para nada hacer un panfleto. De hecho, Joaquín, el protagonista, es negro y moralmente ambivalente como somos todos. Tiene momentos de bondad y solidaridad, y otros de egoísmo y escasez. Me interesaba poner a rodar una historia en el marco de una Buenos Aires llena de negros y preguntar ¿qué significaba en ese momento ser negro? Bueno, ser liberto sobre todo. Y convivir con los blancos porque está toda la parte del prejuicio, pero también la de la atracción.
El amor o cómo ser negro y morir en el intento de amar
Dos mujeres están por parir. Una putea a otra, que para ella no es una persona: es su esclava, y no está a su lado en el horrible momento en el que está por dar a luz a Valeria. La otra está en la misma situación, pero por los gritos de su ama –que no para de repetir “puta que te parió”– se para e intenta retener a Joaquín, que está por venir como anuncia su cabeza. Así llegan a Buenos Aires, en 1820, casi al mismo tiempo, dos sujetos libres. Una, mujer y de familia acomodada; otro, hijo de madre esclava, negro, pero libre (al menos por ley). Fiebre negra comienza así, con imágenes fuertes que se sucederán una tras otra en un libro que con un ritmo vertiginoso que describe con una violencia hacia los negros, de a ratos insoportable, que impregna el relato de comienzo a fin.
La novela se conforma de dos narraciones: la que transcurre en el siglo XIX y habla de la vida de Valeria y de Joaquín, y la de una antropóloga que narra en primera persona –desde 2008– sus desamores, pero también la ignorancia generalizada que hay sobre la presencia de los negros en el momento en que decide comenzar a investigarlos (o sea, hoy).Si una nación se construye sobre ciertos olvidos, el de los negros en la Argentina es un caso paradigmático. Tal es así que el mundo narrativo pareciera ser extraño a la historia nacional, pese a que cumple de manera rigurosa con la ambientación de una época en la que más del 30 por ciento de la población era negra. Ese lapso desde 1820 hasta 1871, con la epidemia de fiebre amarilla, se permite saltos de años en años sin por eso perder el hilo de las historias que se cuentan.
En esa realidad, Joaquín aceptará su destino como liberto y como negro sin resignación. No cuestionará los castigos ni su rol de eterno sospechoso por su color de piel. Luego, con abnegación, se enrolará en el ejército, matará sin remordimientos y cumplirá cuanta orden reciba por más suicida que sea.
En la historia de amor con Valeria será paciente también, pese a sus deseos. Ella será más atrevida a la hora de cruzar fronteras. Aunque por su condición de mujer, su posición será sólo un poco más cómoda.
Así escribe
“Juntate con gente como vos”
Don Arturo, al verlos llegar, apartó de un empujón a Joaquín, que cayó sentado, y ayudó a bajar a su hijita.
–¡Papá! –lo amonestó Valeria.
–¿Cuántas veces te lo tengo que decir? –en la voz de Don Beltrán se mezclaban el alivio y el reproche–. ¿Te lastimó? ¡Mirá cómo estás toda rotosa!
–No me lastimó, papá, Joaquín me salvó. Si no hubiera sido por él...
–Te engatusan, hija, ya lo vas a entender, pero por ahora te lo tengo que ordenar: tenés que juntarte con gente como vos, como yo...Mimí se agachó hacia Joaquín, que en ese instante se ponía de pie y no se dejaba consolar. El médico señaló hacia ellos y habló al oído de uno de los policías.
–Permiso, señora –dijo el vigilante, apartando a Mimí–. ¿Es éste, doctor?
–Sí.
–¿Dónde vivís, mocoso?
–En lo de Beltrán, señor –respondió Joaquín.
–No es mío –intervino Beltrán–. Es de la madre.
–¿Es usted, señora?
–No, es mi hermana –respondió Mimí.
–¡Negros ladrones! –se escuchó un grito desde la gente.
–¿Qué edad tenés?
–Once años, señor.
–Pregúntele por el otro caballo, agente –dijo el doctor.
–Lo perdí, señor –se apuró a responder Joaquín–. Fue culpa mía.
–No –dijo Valeria, pero después se quedó en silencio. Si decía que había sido su caballo, o que lo habían alcanzado los perros, o cualquier otra cosa habría sido peor.

Fuente: http://www.criticadigital.com.ar/impresa/index.php?secc=nota&nid=8765