lunes, 27 de agosto de 2012
viernes, 24 de agosto de 2012
El Gran Río (3)
David. foto: página web de la película (dirección abajo)
Finalmente fui a ver El Gran Río -tremenda película, ya anunciada en
este blog y reseñada por Nicolás
Fernández Bravo. Eramos pocos, casi
todos del GEALA (Grupo de Estudios Afrolatinoamericanos) y tuvimos la suerte al
final de charlar un buen rato con el director Rubén Platáneo y con el protagonista, David Bangoura.
En el site de la película (ver dirección abajo) se la
describe de la siguiente manera:
"David, joven rapero de Guinea conocido como Black Doh,
arriba como polizón en barcos de ultramar a la “tierra de Maradona”. En África
quedaron sus amigos, su familia y su madre a quienes no volvió a ver. Graba su
primer disco con canciones en Soussou, francés y castellano. Años más tarde, su
primer disco llega a África. Este es un film que viaja entre Argentina y África,
reflejando rutas y raíces filiales, choques y encuentro de culturas."
David y Mohmet. foto: página web de la película
Algo más de la mitad
de la película muestra la vida de David en Rosario: buscando pensiones,
vendiendo bijouterie en la calle o pintando casas para sobrevivir . Sobre todo,
preparando sus canciones. Vemos su círculo de relaciones: jóvenes africanos que
también arribaron de polizones, raperos rosarinos con los que va armando su
disco, una chica canadiense con la que traba amistad y probablemente algo más
en un hotelito en una antigua casa deteriorada. Todo transcurre en pequeños
cuartos, o, brevemente, en la calle. Una sobredosis de vida cotidiana, con el
arte intentando abrirse paso. No es una película yanqui: no hay grandes salas de
grabación, ni conciertos progresivamente exitosos. El éxito es haber llegado,
vivo, con la voluntad intacta de realizar un antiguo proyecto de vida (lo confirmaremos
en la segunda mitad, con los testimonios de su familia) en un nuevo
contexto social.
Buena parte de la segunda mitad muestra a la
familia del protagonista en Conakry, la capital de Guinea -con especial atención a su mamá y a su
hermana. David no hace el viaje -su status de refugiado dificulta su salida del
país- pero llegan sus cartas y su música. Vemos su barrio, su familia extensa,
asistimos a un ritual religioso para su bienestar (y el éxito del proyecto artístico)
y escuchamos cantar a sus antiguos compañeros de rap. En muchas oportunidades
la potente música de David nos acompaña, rapeando en español o "en
africano" (soussou).
La película es bellisima. Pese a no decir nada muy explícitamente, habla a través de todo lo que
muestra, y de cómo lo hace. Testigo omnipresente y (co)protagonista principal, el
río Paraná, que en la última década pasó a ser navegado por grandes barcos que permiten la salida de la soja -pero
también la llegada de viajeros inesperados en busca de mejores horizontes. Escenas
de aguas tranquilas y barcos gigantescos; filas interminables de camiones esperando
camino al puerto. En la ciudad, pensiones
de paredes descascaradas, asados con músicos locales que intentan comprender
las experiencias -a veces extraordinarias- del nuevo amigo. En Africa, el
mercado, el puerto, la casa familiar, algunos espacios públicos. Todo girando
en torno a David, omnipresente en Rosario, protagonista ausente de las
conversaciones en Conakry.
Escuchamos sobre sus viajes previos -cual Ulises
moderno- en barcos azarosos, que siempre
terminan en una deportación desde algún lugar remoto. En los relatos de la vida cotidiana se filtra
también la brujería, que tiene un pequeño lugar en la película pero que actúa
como trasfondo y catalizador de momentos importantes de su vida.
We
all live in sorcery's shadow, diría el antropólogo devenido hechicero
Paul Stoller relatando sus experiencias en
otro país de Africa.
La película no juzga, no pontifica y sobre todo,
increíblemente, no exotiza. Apenas
muestra -de manera siempre bella y
convincente- qué tanto hay de común y de diferente en el antiguo y en el nuevo
universo de David. No olvidaremos fácilmente la serena dignidad y belleza de su madre y hermana; un baobab
que se despliega lentamente como una montaña; un bosque encantado donde van los primeros
amores. Tampoco el agua marrón que se mece, apacible, entre grandes gigantes de
acero... esperando recibir, quizás, otro cuerpo que se deslice silencioso y se
pierda en la orilla, hacia una nueva vida...
Imágenes tomadas de:
Ver también:
martes, 21 de agosto de 2012
Jorge Amado, el centenario....
Hacia finales de mi carrera de sociología, cursé la materia Antropología Cultural con Guillermo Magrassi. Después de eso, nada fue lo mismo. Inicié un largo camino que aún continúa y Guillermo -que Dios(es) saben por qué plano del Orún andará- sabe qué tan agradecido le estoy y qué tan determinante fue para ello.
Entre los varios textos que tuvimos que leer, había dos novelas:
Tienda de los Milagros, de Jorge Amado, y una de José María Arguedas -probablemente
Todas las Sangres. Guillermo creía -y como en muchas otras cosas, tenía razón-
que algunas novelas eran mejores que las etnografías. Un año, o quizás dos,
después, me encontré, algo inesperadamente caminando por el Pelourinho -esa "universidad
de la calle" de la que hablaba la novela- en Bahia. La ciudad y el barrio ya
no eran exactamente los que Amado había descripto,
pero sí lo suficientemente parecidos como para lograr que volviera, año tras año,
como un adicto, en busca de sus personajes y su sabiduría.
Con
el tiempo uno distingue mejor realidad de fantasía literaria, pero quién
sabe hasta qué punto la ciudad llegó a
ser lo que fue (es?) de no haber tenido quien la contara de esa forma. En uno
de los carnavales que allí pasé, ví que la ciudad toda estaba decorada con los
personajes y temas de sus novelas y me alegré que, cerrando el círculo -que en
realidad, claro, nunca se cierra- la ciudad le devolviera gentilezas a uno de
sus creadores.
De
manera mucho más ínfima, en 1985 tuve la oportunidad de prestar uno de mis
berimbaus hecho por el mestre Joao Pequeno (no el mejor, debo reconocer, por
temor a que lo rompieran) para ilustrar la tapa de una nueva edición de Tienda
de los Milagros. Era una época en que estos instrumentos escaseaban en la
ciudad. Sentí que, de alguna manera, también pagaba una mínima deuda con la
obra literaria que, como a muchos otros, me había cambiado la vida...
Por estos días, Jorge Amado hubiera cumplido cien años. Lo recuerda una nota de Página 12.
Página 12, 12 de agosto de 2012
Jorge Amado, Bahía amada
Por Mempo
Giardinelli
Esta semana también Jorge Amado cumpliría cien años.
Nacido en Bahía en agosto de 1912 y fallecido allí mismo en 2001, fue el
creador de una literatura latinoamericana original y renovadora.
Véase la oración con la que empieza Gabriela, clavo y
canela, que en su primera edición, de 1958, proponía una sensualidad textual
hasta entonces desconocida:
“Esta historia de amor comenzó el mismo día claro, de sol
primaveral, en que el estanciero Jesuíno Mendonça mató a tiros de revólver a
doña Sinhazinha Guedes, morena casi gorda, muy dada a las fiestas de Iglesia, y
al doctor Osmundo Pimentel, cirujano-dentista llegado a Ilhéus hacía pocos
meses, muchacho elegante con veleidades de poeta...”
Esta prosa que hoy llamaríamos garciamarquesca –aunque
fue escrita a mediados de los ’50, cuando el colombiano apenas se iniciaba como
periodista– marcó un tono que luego fue común a todas las novelas
latinoamericanas posteriores, a la vez que inauguró una corriente literaria que
después se extendió a todas las lenguas. Plena de exotismo y musicalidad, toda
complicidad y guiños, poblada de personajes extravagantes y mulatas y machos
prodigiosos, de lluvias torrenciales e imposturas, la obra de Amado fue, desde
el vamos, una constante clase magistral de costumbrismo latinoamericano al
borde mismo del realismo mágico.
La jocundia que impera en sus páginas, y el permanente
tono entre irónico y naturalista, hicieron de las narraciones de Amado
–contadas todas con inusual gracia y picardía– un suave y moroso placer,
característica que luego sería sello de identidad del “boom” de la literatura
latinoamericana de los años ’60, movimiento del que no fue, pero debió ser,
considerado uno de sus padres fundadores.
Amado se dio a conocer como un narrador excepcional desde
muy joven: su primera novela fue El país del carnaval (1931) y enseguida la
sucedió Cacao (1933). Con ambas, apenas pasados los 22 años, se convirtió en un
clásico prematuro. Claro que supo consolidar esa fama con una docena de otras
novelas, entre las que destacan la impresionante Capitanes en la arena (1944,
prohibida durante años porque desnudaba el drama de los niños abandonados), la
celebrada Doña Flor y sus dos maridos (1966) y la encantadora Teresa Batista,
cansada de guerra (1972).
Pero sin dudas los mejores aportes de su producción
narrativa a la literatura contemporánea se encuentran en la que para muchos fue
su mejor obra: Gabriela, clavo y canela, que le abrió el camino hacia el
reconocimiento internacional del que gozó los últimos cuarenta años de su vida.
Retratista cabal de putas y marginados, toda su obra es
una sucesión de elementales y sencillas historias de amor y pasión, narradas
con gracia y donaire, con profundidad y altura, y con un vuelo poético inusual.
Nominado varias veces al Premio Nobel de Literatura, hubiese sido el primer
brasileño en obtenerlo. Pero, igual que sucedió con nuestro Jorge Luis Borges,
la denegación del máximo galardón habrá que cargarla en la cuenta del despiste
o la ignorancia de los nórdicos jurados.
Amado provenía del movimiento modernista y de la
literatura de ambiente rural concebida como arma de lucha política e
ideológica. Desde joven se orientó hacia el antididactismo y la narración
poética y sugerente que deja de lado las buenas intenciones. Así surgió su
mejor veta: la del gracejo y la picardía; la que todo lo describe barroca,
tropicalmente, y en la que las pasiones humanas se desbordan tanto que sólo
pueden ser encauzadas por la literatura.
Cerveza Brahma festeja el centenario del escritor
Ahora que se cumple un siglo del nacimiento de Jorge
Amado, bien puede decirse que Gabriela, clavo y canela es una de las novelas
más perdurables de nuestro linaje americano. Historia que oscila entre lo
conmovedor y lo pintoresco, y que a la peripecia de sus personajes añade la
precisa descripción de calles, olores, comidas, bares, prostíbulos y esa barra
de arena que dificulta la navegación y encalla los barcos, más que novela es un
fantástico sinónimo de Salvador de Bahía de Todos los Santos. Ese universo de
playas y morros, puerto y arenales, negritud y música afroamericana, damero de
santones y variopintos indígenas, europeos, árabes, judíos, africanos y
mulatos, en la prosa de Amado, cuando se lee, seduce. Y para eso está.
En sus últimos años, ya gravemente enfermo y muchas veces
internado, su deceso era esperado por la comunidad cultural de todo Brasil.
Deprimido por la ceguera casi total que le produjo la diabetes, e impedido de
los goces de la vida –la contemplación del mar y de su gente; la lectura y la
escritura; el buen comer y el buen beber–, Jorge Amado se dejó morir, aunque
lentamente. Gozador de la vida como pocos, cabe pensar que la dejó bajo
protesta.
Fuente de la nota:
Foto de Jorge Amado (e interesante artículo):
Foto cerveza:
jueves, 16 de agosto de 2012
Renzo Pi Hugarte (1934-2012)
Renzo durante el homenaje realizado en noviembre de 2011
"Tantas veces me mataron, tantas veces me morí
sin embargo estoy aquí resucitando..."
Renzo casi nos había hecho creer que era inmortal. Hasta que finalmente Ikú, la muerte yoruba, la de aquellas
religiones que estudió, documentó y defendió hasta lo último, se lo llevó -en el día local de San La Muerte, nada menos....
Recuerdo al menos tres veces que lo dimos casi por muerto, y sin embargo
él volvía, increíblemente repuesto y con la mente y el ingenio lúcidos, como
siempre. Me acuerdo de un panel que organizamos para la Reunión de Antropología del Mercosur que se iba a realizar en
Montevideo; pocos meses antes un grave
episodio de salud nos hizo temer por su ausencia - casi irreparablemente final-
y sin embargo allí estuvo, físicamente algo frágil, pero para dar una charla
absolutamente coherente sin mirar una sola vez un papel -aquella vez, miré los
míos con algo de vergüenza. En noviembre pasado, lo mismo sucedió en nuestras Jornadas sobre Alternativas Religiosas en el
Mercosur realizadas en Punta del Este. Se vino desde Montevideo, algo
débil, pero para dar, de nuevo, una conferencia impecable -sin un papelito.
Como una mínima acción de justicia pudimos hacerle, antes, un homenaje con
todos los presentes reconociendo su aporte invaluable como uno de los miembros
fundadores, y siempre uno de los más entusiastas defensores, de nuestra Asociación de Cientistas Sociales de la
Religión en el Mercosur.
Renzo durante el homenaje realizado en las Jornadas sobre Alternativas Religiosas
Con Renzo se fue no sólo el decano de los
estudios de la antropología de la religión en Uruguay -que gracias a él
nacieron plurales y pluralistas, mirando tanto a las religiones afro como a los
evangélicos como a la iglesia católica- sino también un académico old-style, de saber enciclopédico, que
parecía saber de todo y de todos. Un "gran contador de causos" como
lo presentó alguna vez nuestro común amigo gaúcho, Ari Oro. Un gran contador de
historias, de anécdotas. Parecía haber vivido cien vidas en vez de una, y
conocido personas notables de todos los caminos de la vida: príncipes, mendigos
-y académicos. Nada de la cultura (con c mayúscula y minúscula) le era ajeno.
Claro que su labor pionera y fundamental
sobrepasa en mucho el campo de las religiones. Escribió también trabajos ya
clásicos sobre pueblos originarios uruguayos (en una época que aún se los
llamaba "indios"), sobre la inmigración y sobre varios otros temas. Fue
un referente al interior y al exterior de la disciplina, frecuentemente
consultado por los medios de comunicación. Su destacado rol en el desarrollo y
consolidación de la antropología uruguaya -y en el lugar que ésta pudo ocupar
en la sociedad- recién comienza a ser escrito....
Querido amigo, "Zé Pelintra uruguayo" (como lo llamó la mãe Susana de Andrade)
Te extrañaremos....
Una larga entrevista a Renzo -desmitificador y polémico- en:
miércoles, 15 de agosto de 2012
domingo, 12 de agosto de 2012
jueves, 9 de agosto de 2012
¿Qué problema tienen los medios argentinos con la sexualidad de los atletas negros?
Notas de Clarín y La Nación.
Qué problema tienen con que atletas (negros) salgan con mujeres (blancas y rubias?)
¿Las "razas" no deben "mezclarse"?
Aviso 1907
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