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viernes, 6 de noviembre de 2015

Mestre Moraes en Buenos Aires



Está en Buenos Aires uno de mis (pocos) ídolos culturales: Mestre Moraes, fundador del GCAP (Grupo de Capoeira Angola Pelourinho) e indudable responsable del enorme desarrollo contemporáneo de la capoeira angola bahiana. 
En una época (los 80s) en que la capoeira regional monopolizaba la escena, Moraes y Cobra Mansa (su entonces alumno y ahora también mestre legendario) mostraron que la capoeira angola podía ser, además de formidablemente eficiente, una herramienta poderosa de conciencia política. Su juventud, compromiso y virtuosidad logró lo que otros mestres tradicionales, ya de mayor edad, no podían hacer: reinstalar a la capoeira angola tradicional en pie de igualdad con otras formas más deportivas y menos cuestionadoras del orden social. Gracias a los esfuerzos de Pablo Baobab (responsable del GCAP Argentina) que lo trajo, pude escucharlo de nuevo hace pocos minutos, y constatar, agradecido, que su empuje artístico y político sigue intacto, aún después de todos estos años.

viernes, 29 de noviembre de 2013

martes, 16 de abril de 2013

Capoeira angola en famosa revista de artes marciales (1988)

 (click en las imágenes para agrandarlas y leerlas)

En 1988, el marido de una compañera mía de la universidad, que era editor de la entonces muy conocida revista Karate/Kung Fu Illustrated, al enterarse que practicaba capoeira me pidió una nota sobre el  tema. Como poco se sabía de la capoeira angola en Estados Unidos en esa época, me atreví  no sólo a escribir algo, sino también a ilustrarlo con fotos (algo absolutamente necesario para la revista).


Allá fuimos con dos de mis amigos capoeiristas, Yves Marton (mi partenaire en las secuencias) y Elba Serrano  (la fotógrafa) y el resultado fue un artículo pionero en el tema. 
La revista llegó a Brasil, y por suerte obtuvo la aprobación de los principales referentes de la Angola entonces -los mestres del GCAP. Como estaba en inglés, no creo que mi propio mestre, João Pequeno, la haya visto.


Me gustó que en la tapa estuviera Bruce Lee, lo que hizo que ese número de la revista fuera, particularmente, un éxito de ventas...


Sé que a algunos mestres de capoeira regional  que estaban hacía tiempo en Estados  Unidos (particularmente uno que siempre admiré)  no les gustó tanto que un neófito lo escribiera, pero bueno,  el pedido del editor también se debió a mis credenciales de antropólogo. 
En un momento en que la capoeira regional acaparaba la atención, fue bueno aportar a la visibilización de la capoeira angola en un contexto en que era todavía poco conocida.


Poco más tarde, escribí una versión más larga y "académica", que salió publicada en  una reconocida revista brasilera de ciencias sociales, y se puede leer aquí:

lunes, 11 de marzo de 2013

Rituales académicos -según un mestre de capoeira...

Fotos: Alejandro Frigerio.  Mestre Cobra Mansa en Buenos Aires (2009)

Admiro a pocas personas en este mundo. El mestre Cobra Mansa es, sin duda, una de ellas.  Ya lo he dicho, y lo volveré a hacer, porque muchas personas que no estaban allí en aquel momento no lo tienen muy claro: fue responsable, junto con su profesor, el mestre Moraes, de la revalorización de la capoeira angola durante la decada de 1980. Mientras que los mestres antiguos del momento (João Pequeno, João Grande, Curió) mostraban la continuidad, ellos -por su juventud, dedicación y talento- mostraban la eficiencia de la capoeira angola. He visto a las grandes "fieras" de la capoeira regional de la época modificar -con casi ninguna excepción- sus movimientos hasta volverlos anodinos, confundidos por el jogo de los dos mestres angoleros -al que no estaban acostumbrados- y muy concientes de que al más mínimo descuido terminaban en el suelo de una rasteira. Cobrinha (como se lo conocía entonces) y Moraes jogaban y jugaban pero lo suyo era calculado, eficiente y letal. Y muy bello a los ojos, claro....
Ver a Cobrinha en esa epoca era como ver a Maradona jugando en el Nápoli:  hacía cosas que uno no podía entender de dónde salían pero cuya belleza conmovía hasta al observador más lego. No sólo entonces, claro. Como señalé en una entrada anterior a propósito de su venida a Buenos Aires en noviembre del 2009, en aquella oportunidad el mestre jogó dos horas y medias seguidas, con absolutamente todos los asistentes a la multitudinaria roda que siguió a su workshop y mostró que su magia (casi entrando en los cincuenta) seguía viva. Repito lo que dije en aquella oportunidad: "Como el buen vino, el Mestre Cobra Mansa mejora con los años y a su deslumbrante –y permanente- técnica angolera le suma dosis cada vez mayores de sabiduría y experiencia histórica".
El texto que sigue -y que tuvo la amabilidad de enviarme-  que describe los paralelos entre una defensa de tesis y una roda de capoeira, brinda una buena muestra de ello 
(Hay versiones en la web en portugués y francés, creo que esta es la primera en español. La traducción no es fácil, ya que todo el texto intercala, en un juego de palabras, términos de la academia y de la capoeira. Para que sea entendible por no expertos en la materia, intercalo explicaciones de ciertas palabras)


Mestres-doctores de capoeira
Por Mestre Cobra Mansa  (traducción Alejandro Frigerio)

Me invitaron para asistir a la defensa de una tesis de maestría en una universidad brasilera. Me dio curiosidad, claro, era la primera vez que participaría de la presentación de una tesis sobre capoeira. Me alegró que las personas del jurado fueran casi todas amigas y amigos míos de la capoeira -algun@s hasta habían sido mis alumn@s.
El inicio del ritual me hizo acordar un poco a una roda de capoeira. Toda la ceremonia parecía más un batizado (bautismo de capoeira) o un examen para mestre de capoeira, en los que habitualmente cada mestre invitado debe jogar (jugar capoeira) una vez con el/la candidato/a.
El primero a intervenir realizó un buen jogo, intentando explorar de varias maneras las aberturas (espacios no bien cubiertos) que encontraba de la candidata, y mostrar su conocimiento, quizás más bien para el público presente.
El mestre de la roda (el director académico de la candidata) observaba e intervenía en ocasiones en el jogo, a medida que la roda (la defensa) se desarrollaba, pero no podía interferir mucho ni el jogo de la candidata ni en el de los otros mestres (jurados), ya que todo lo que podía hacer -o no- por la alumna ya lo había hecho.


El segundo mestre doctor, que parecía algo joven y nuevo en la materia, comenzó enseguida un jogo muy duro, intentando de todas las maneras mostrar sus habilidades de mestre, y dejando bien claro para todos que su jogo sería mucho más exigente, pues creía que para ser mestre (obtener una maestría) un candidato/a debía tener determinadas cualidades y habilidades. En el medio del jogo  llamó a la candidata al pie del berimbau, cantó un corrido (canción breve de estrofas cortas que invoca un coro), y comenzó un jogo de dentro, (mañoso, complicado) explorando todo lo que la candidata sabía y no sabía, pero que sin querer había escrito. Después, se le fue encima con ataques duros, sin darle tiempo de respirar a la pobre. Entonces abrió un poco el jogo  para que la candidata se soltara. La joven, pensando que ya estaba finalizando el jogo, intentó  mostrar sus habilidades. Era justo lo que él quería. Le hizo entonces una rasteira  (movimiento desequilibrante) y una cabeçada fatal que la tiró al piso, lo que dejó a algunas personas del público algo irritadas, pues creíamos que no era necesaria tanta inquina ya que la candidata era apenas una novata en este jogo de mestre o de la maestría. Al final, como un buen mestre y capoeirista, le dio la mano y salió del jogo  educadamente, dando entonces lugar a la mestra por la que la candidata tenía un cariño especial, ya que había llegado a entrenar con ella. Pero la sorpresa vino en medio del jogo, cuando en un movimiento malicioso, usando los contraataques que ella misma le había enseñado a realizar -pero de los cuales no le indicó cómo salir- la contraatacó sin piedad. Entonces pensé: "la mestra decidió dejar la enseñanza final para el momento de la roda ". Ya decía mestre Pastinha: "el mestre reserva secretos, pero no niega una explicación".


En el final del jogo, la candidata, para mostrar que sabía un poco más de lo que había jogado, habló de su experiencia y humildemente mostró que todavía tenía mucho para aprender, y que le gustaría un día también ser mestra/doctora, lo que dejó a los otros mestres y al público en general bien más felices....
Mientras yo, en mi rincón de mestre, observaba todo.  Por un instante tuve un dejá vu: en la década de 1930 los alumnos universitarios de mestre Bimba influyeron en la capoeira introduciendo elementos académicos como el ritual de formación, el bautizado, el paraninfo y hasta crearon nombres de movimientos como meia lua de compasso, cambiando la forma de ver y pensar de la capoeira. Casi todos los alumnos de mestre Bimba eran doctores que en la  capoeira no pasaban de meros principiantes. Por algunos instantes no tuve muy claro si estaba en una universidad o en una roda de capoeira. Al igual que en una roda, los doctores presentes usaban términos propios de la capoeira y los capoeiristas, y yo me sorprendía con cada diálogo. Eran comunes frases como "no entendí su llamada" (chamada). Otro doctor dijo "estaba esperando un jogo más duro". "Hiciste una chamada y me quedé esperando para ver cómo ibas a salir de ella".
Pensé para mis adentros: los "capoeiristas doctores" o los "doctores capoeiristas" están cambiando la forma de pensar de la universidad. Me convencí de que la capoeira, no importa dónde esté, llevará consigo, en su interior más íntimo, su forma de ser y de pensar en la roda de la vida. La roda de la capoeira sin duda es parte de la roda de la vida.


Salí de alli feliz por haber participado de una defensa de tesis de maestría en capoeira, siendo que la ahora Maestra sueña con ser mestre  de capoeira, aunque ya tiene una maestría, y los doctores que ya hicieron su maestría todavía son alumnos de capoeira. Recordé la frase ya tan famosa en la capoeira: "Sou discípulo que aprendo, sou mestre que dou lição" (soy discípulo que aprendo, soy mestre que doy una lección), o ahora, mejor "soy discípulo que aprendo que a un doctor le voy a dar una lección!". 
No estudié para ser soldado, ni tampoco para ser doctor, aprendí la capoeira para pegarle al inspector (policía).

sábado, 25 de febrero de 2012

Pastinha jogando en Youtube



Ah, tiempos de internet y youtube!
Nosotros en los ochentas teníamos dos video-cassetes de jogos de capoeira angola que de milagro nos habían pasado en Bahía -en  una época en la que no era no tan fácil filmar ni tampoco copiar- y los mirábamos mil millones de veces.
Ahora uno se fija en youtube y aparece il vero Pastinha (!) mostrando alta ginga y jogo! Mi mestre, João Pequeno, aparece jogando con  alguien con sombrero de cowboy (será Bobó?).

La info de youtube dice:
Documental brasilero realizado por el folklorista Alceu Maynard muestra a Mestre Pastinha y a sus alumnos del Centro Esportivo de Capoeira Angola jogando en 1950. Están presentes, entre otros, los Mestres João Pequeno e Bobó. El video no tiene audio. 

Seguro que para los capoeiristas actuales será un material recontraconocido, pero es la primera vez que lo veo y debo admitir que me dio piel de gallina....

sábado, 10 de diciembre de 2011

La capoeira de luto - Falleció João Pequeno (1917-2011)


Fue mi mestre de capoeira angola durante la década en que practiqué ese arte. Era una época -los 80s- en que éramos escasos los "gringos" -cualquier no-brasilero lo es, en un país con poca conciencia latinoamericana- que aparecíamos por el Forte Santo Antonio Além do Carmo para practicar capoeira. De las dos academias de capoeira angola que funcionaban en ese momento -la de mestre Curió se (re)abrió un poco más tarde- la de João Pequeno era la única que aceptaba sin problemas a cualquiera que quisiera aprenderla. Más rígidos y militantes -aunque no con menor mérito- los mestres del GCAP (Moraes y Cobrinha) aceptaban sólo a quienes se quedaran por un tiempo prolongado -más de los dos o tres meses que yo pasaba allí (casi) todos los veranos.


João Pequeno promediaba, entonces, los 60 años. Estas fotos, tomadas en 1982 o 1983 (a los 65 años), lo muestran activo, certero y temible.
Su rol en el desarrollo, revival y luego boom de la capoeira angola nunca podrá ser lo suficientemente valorado. Si el GCAP era entonces, la tradición modernizada -el rol de mestre Moraes en la codificación y sistematización de movimientos tradicionales tampoco puede ser subestimado- la escuela de João Pequeno representaba "la antigua tradición". 
Aunque la academia había comenzado a funcionar en el fuerte Santo Antonio poco antes, João Pequeno era, en esa época, el único mestre antiguo que sólo enseñaba capoeira angola (otros la jogaban pero no la enseñaban) y que tenía una escuela accesible que estaba permanentemente abierta. Uno sabía que casi cualquier día que fuera al fuerte el mestre estaría allí fabricando berimbaus, dando clases o contestando, con amabilidad y paciencia infinitas, cualquier pregunta que se le hiciera -ya fueran sus interlocutores alumnos bahianos principiantes, capoeiristas de otros lugares de Brasil, gringos curiosos o periodistas en busca de notas de color. 


La roda de capoeira que se hacía en su academia los domingos era extremadamente interesante. Podían aparecer capoeiristas veteranos -gente entrada en años que practicaba angola, sin necesariamente ser parte del circuito ya entonces más profesionalizado-, jóvenes que practicaban regional y querían mostrarse al mundo, o mestres como João Grande o Curió que no tenían escuelas en ese momento pero cuyas participaciones eran siempre enormemente apreciadas. Podían darse rodas increíbles o peleas e incidentes no del todo agradables. Para mí representaba, en ese entonces, la capoeira popular, no del todo domesticada ni civilizada, con todo lo bueno y malo que entrañaba.


La capoeira angola era, para João Pequeno, su forma de estar en el mundo. 
Era increíblemente generoso con su tiempo y conocimiento -una forma antigua de ser que ya entonces estaba desapareciendo. Rara vez se enojaba -aunque a veces perdía la paciencia, para diversión de sus alumnos bahianos más jóvenes, como Zander y Rocky. 
Casi no corregía los movimientos verbalmente, se acuclillaba frente a los alumnos y con sus brazos y manos moldeaba los cuerpos de los alumnos hacia las posiciones adecuadas. La interacción física que entablaba con cada alumno nos llevaba a aprender la altura correcta y la rapidez con que debíamos efectuarlos.


Era lo más parecido que conocí al estereotipo del maestro sabio y calmo. En una tierra famosa por las sobreactuaciones y desbordes emocionales -reales o fingidos- el mestre desbordaba paz y armonía. No parecía desear mucho, y siempre parecía feliz con lo que hacía y donde estaba. No hablaba mal de los demás y no parecía interesado en obtener ninguna ventaja material. Los extranjeros pagábamos el mismo dinero que los locales por las clases -una suma irrisoria. Los berimbaus que hacía también tenían un precio accesible, aunque fueran de autoría notable.


Los objetos de su academia desaparecían rápidamente. Recuerdo que una vez le llevé una copia en español del libro Tienda de los Milagros de Jorge Amado, cuya tapa había sido ilustrada con una fotografía de berimbaus que él había fabricado. Me los habían pedido de la editorial para fotografiar, en una época en que no había muchos en Buenos Aires. Al poco tiempo alguien ya se lo había llevado. Asi con todo. Cualquier regalo que uno le hiciera, inmediatamente era "socializado" entre los muchos que concurrían a la academia.
En 1987, aproximadamente, le dije que había empezado a enseñar capoeira angola en Buenos Aires, a un reducido grupo de personas y sin cobrar nada. Necesitaba tener con quién practicar lo que sabía, de lo contrario lo que aprendía en dos o tres meses en Bahía después no lo podía aplicar el resto del año. Le pregunté qué le parecía. Para mi sorpresa, me respondió con la parábola de los talentos de la Biblia -libro que él conocía muy bien. Me dijo que Dios le había dado diferente cantidad de talentos a tres personas (una medida de dinero, pero para mí caso, una expresión literalmente apropiada) y que luego les preguntó qué habían hecho con ellos. Dos los habían usado para generar más talentos, y el que había recibido uno, lo escondió y no lo usó. La reprimenda divina que éste recibe, en su relato y en mi interpretación consiguiente, avalaban el hecho de no guardar y retacear lo que uno recibió, sino compartirlo para el beneficio de los demás.
En 1988, aproximadamente, cuando estudiaba en la Universidad de California, Los Angeles, pudimos invitarlo a que nos diera un taller de capoeira angola, junto a mestre Bobó -ambos habían ido al país del norte convidados por mestre Acordeon de San Francisco. Su simplicidad y sapiencia encantaron a todos. Con Yves Marton, un compañero del grupo, los llevamos a recorrer la ciudad y por algún lado hay una foto de todos en el famoso Teatro Chino de Los Angeles.


Hacía mucho que no lo veía, pero siempre me puso muy contento saber que recibió en vida el reconocimiento que se merecía. En los últimos años ya se los mencionaba, a él y João Grande, como Grão-Mestres. En un país -y en un mundo- en que la cantidad de mestres se multiplicaba geométricamente, qué otra cosa podían ser ellos?
Creo que la capoeira angola actual prácticamente se ha moldeado sobre la forma de jogar y de moverse de estos dos grandes maestros. 
Pero João Pequeno estuvo allí, llevando la llama, cuando no era redituable, ni estaba de moda y nadie podía vaticinar el boom que luego sobrevendría. En términos bíblicos -que tanto le gustaban- peleó la buena batalla y nunca dejó de hacerlo. 
Es lo que él era.


Agradezco a Carolina Fachinetti por cuyo fcb me enteré...

sábado, 23 de julio de 2011

Besouro, o herói (afro)brasileiro


Finalmente, gracias a viaje a Curitiba pude conseguir (no hubo mucho más que esto) el dvd de la película Besouro. Ambientado en la década de 1920 en el  Recôncavo bahiano, la peli narra la lucha de Besouro, personaje inspirado en el mítico capoeirista que aún hoy es cantado en las rodas, con el coronel (terrateniente) local, que explota a los afrobrasileros haciéndolos trabajar en el cultivo de caña y producción de azucar de manera que en poco difiere de la época de la esclavitud. La capoeira es mostrada como el único lugar de reunión y resistencia de los sometidos.
La película en general me gustó, está muy bien filmada, con bellas escenas de acción que poco tienen que envidiarle a las orientales o hollywoodenses y algunas místicas, igualmente notables, en las que aparecen distintos orixás entre los encantos naturales de la Chapada Diamantina. 

Exú en Besouro

El director tiene sobrados antecedentes en publicidad, y se nota. Es casi una versión (afro)brasilera del género chino wuxia de héroes de artes marciales. Tiene buenas actuaciones (algunas muy), aunque en este rubro el principal déficit sea, paradójicamente, el del protagonista, que parece haber sido elegido más por su physique du rol y habilidad capoerística que por su versatilidad actoral. Con tanto capoeirista suelto por Brasil y el mundo, ¿no había otro con más carisma?
Aunque creo que las virtudes del filme sobrepasan en mucho a sus deficiencias, no puedo dejar de llamar la atención hacia algunos puntos relativos a cómo está retratada la cultura afrobrasilera. Es claro que es una película de ficción que no pretende ser un documental, pero aún así transmite determinadas imágenes de los afrobrasileros y de su cultura que creo merecen discusión.


En primer lugar, como (ex?)angolero, no puedo dejar de notar que la capoeira que se muestra –aunque no sorprenda a nadie- es rabiosamente (la de la versión) regional. Es de esperar, ya que se intenta mostrar los aspectos más espectacularmente marciales de la misma. No es que la angola, claro, no tenga efectividad en un combate, pero la variante regional se acerca mucho más a las concepciones populars de lo que sería un “arte marcial”, especialmente para una película que sin duda quiera aproximarse a las versiones orientales o a su reapropiación hollywoodense –algunas críticas la presentan como “El Tigre y el Dragón brasilero”. 
Para un ojo avezado, queda algo anacrónico que la capoeira utilizada en 1924 sea tan evidentemente moderna –patadas con piernas perfectamente estiradas, con técnicas que le deben bastante a las artes marciales orientales y que se desarrollaron mucho más tarde que la época de la narración, quizás recién en las últimas tres décadas. Con todos los videos que hay actualmente, se podría quizás, haber utilizado formas de movimientos más antiguas que le hubieran dado más autenticidad -aunque seguro que menos espectacularidad. Las prioridades quedan muy claras en un interesante bonus track del dvd, que muestra cómo el especialista oriental en acciones de lucha (el maestro de Hong Kong que asesoró en Matrix y Kill Bill) les dice a los capoeristas qué movimientos tienen que hacer en las peleas (fuera de las rodas). 


Los orixás en la película. Dura 10 minutos, como al minuto 4 hay un interesante encuentro con Exú

La transposición de elementos orientales a la capoeira queda más clara aún en la manera en que es presentado Alipio, el mestre de todos los capoeiristas y mentor de Besouro –claramente inspirado en la visión occidental de lo que sería un sabio maestro oriental, desde el Miyagi de Karate Kid hasta, quizás aún más, el Shifu de Kung Fu Panda, con alusiones a la búsqueda interior, el aprendizaje en y con la naturaleza, etc. La sabiduría afro-brasilera, orientalizada.  Está muy bien la intención de mostrar la historia desde el lado de los oprimidos y valorar sus elementos culturales, pero un verdadero descentramiento implica narrarlo lo más aproximadamente posible en sus propios términos y no en los de otra cultura, más valorizada o ya más difundida.
Quizás el punto más flojo de la película es que muestra a los afrobrasileros poco organizados y unidos, dependiendo demasiado de las acciones de Besouro, un héroe individual por excelencia. Pese  a que se dice al principio que el mestre Alipio es quien lidera la resistencia del pueblo, ésta nunca se ve, salvo por las acciones de sabotaje de Besouro –que para ello debe irse a vivir al mato, casi una guerrilla de una persona- incendiando la cosecha, rompiendo la maquinaria del ingenio de azúcar, etc.

Oyá en la película

Algo parecido ocurre con las creencias religiosas afrobrasileras. Aparecen, muy bellamente filmados, algunos orixás (extrañé a Xangô!!) pero sólo hay una especialista religiosa, casi una especie de shamana que ejerce su arte también de manera individual. 
La dimensión comunitaria de la vida afro-brasilera –germen y expresión de su resistencia cultural- tiene poco destaque, quizás por limitaciones o conveniencias de guión.
Pese a lo expuesto la película es un gran paso adelante, desde el momento en que, como señalan elogiosamente varios comentaristas afro-brasileros, “muestra al negro como héroe y no como bandido”. Como siempre pedimos más, nos parece un buen primer paso, y esperamos aún mejores…

sábado, 24 de abril de 2010

Capoeira Angola y danza N'Golo

Deambulando por la Feria del Libro encontré en el puesto de Brasil algunos ejemplares atrasados de la Revista de História da Biblioteca Nacional -que siempre trae cosas interesantes, y con alguna frecuencia, relativas a la cultura o historia afro-brasileras.
El número de marzo del 2008 (tapa abajo) tenía una ilustrativa nota sobre la relación entre la capoeira angola y la danza N'Golo (danza de la cebra) de Angola, escrita por el historiador Matthias Rohrig Assunção y el mestre angoleiro Cobra Mansa.

Dibujo inédito de Albano Neves e Souza del N'Golo. Publicado en la Revista de História da Biblioteca Nacional y quizás antes en el libro de Assunção sobre la historia de la capoeira

La nota detalla cómo durante la década de 1960 el pintor portugués Albano Neves e Souza, que vivió varios años en Angola, propuso una relación de descendencia casi directa entre ambas variantes que convenció a algunos brasileros ilustres.
Matthias y Cobra Mansa sugieren, con criterio, que ambas artes serían apenas primas lejanas, pese a alguna similitud en algún/os movimiento/s (como se puede apreciar en el dibujo de arriba).
Lo que según mi criterio no le quita un ápice de africanidad -o de afro-brasileridad- al arte.

Pintura de Neves y Souza de 1990, en la que el artista integra las culturas angolanas (parte superior) y brasilera (parte inferior). Publicada en la Revista de História da Biblioteca Nacional

La nota se puede leer, en portugués, en el site de la revista:
http://www.revistadehistoria.com.br/v2/home/?go=detalhe&id=1445

martes, 10 de noviembre de 2009

Mestre Cobra Mansa en Argentina (2)

Los muchos que estuvimos allí, capoeiristas o no; angoleros o no, sabemos que fue alucinante. Como el buen vino, el Mestre Cobra Mansa mejora con los años y a su deslumbrante –y permanente- técnica angolera le suma dosis cada vez mayores de sabiduría y experiencia histórica. Pocos -muy pocos- fueron como él testigos y protagonistas privilegiados del renacimiento angolero en la década de 1980. En su paso por Buenos Aires desparramó simpatía, calidez humana, paciencia de santo ante las mil preguntas que todos le hacían en cualquier momento y lugar, así como para los pedidos de fotografiarse con él. Capoeristas hay cada vez más. Mestres, con los quilates que él demostró poseer, muy pocos.
En la charla pública que tuve el privilegio de incentivar y compartir con él, desparramó sapiencia, experiencia, detalles y reflexiones de la historia, el propósito y la situación actual de la capoeira angola. Nos fuimos porque nos cerraban el espacio, pero la seguimos –unas cuarenta personas que lo seguíamos como al flautista de Hamelin- en la plaza del obelisco por un buen rato más. La roda del domingo fue increíble, el tipo jogó dos horas y media seguidas, con absolutamente todos. Principiantes, intermedios, mestres. En momentos picantes o relajados del jogo, la mejor onda. Un viaje en puerta me impide dar más detalles. Se Deus quiser , la seguimos a la vuelta.

Fotos: Alejandro Frigerio

sábado, 7 de noviembre de 2009

Mestre Cobra Mansa en Argentina

Mestre Cobra Mansa es sin duda uno de los mejores angoleros de nuestra época.
Tuvo un rol protágonico en la revalorización de la capoeira angola en Brasil, a través de su trabajo con el Mestre Moraes en el GCAP (Grupo de Capoeira Angola Pelourinho). Con su trabajo docente en Estados Unidos y como fundador de la FICA (Federacao Internacional de Capoeira Angola) ha viajado dando workshops por todo el mundo y ha realizado un aporte fundamental a la globalización de la capoeira angola.
Es una verdadera leyenda viva de la capoeira angola.


Encuentro de capoeira con Mestre Cobra Mansa
6, 7 y 8 de noviembre
en la Embajada de Brasil en Argentina, Cerrito 1350, Ciudad de Buenos Aires

Clases de movimiento y música de capoeira Angola.
Entrevista publica y debate abierto con el Dr. Alejandro Frigerio.
Proyección del video (inédito) “Mandinga Colombia”. Roda abierta de Angola.

Entrada gratuita con inscripción previa.
Inscripción e informes: capoeira@proyectoafroar.com.ar

Organiza: Proyecto “Apoyo a la población afroargentina y sus organizaciones de base”.
Auspicia: Revista Quilombo! y Embajada de Brasil. Apoya: Terreiro Mandinga de Angola, Colectivo Angolero Buenos Aires, Giro Capoeira.

CRONOGRAMA DE ACTIVIDADES

Jueves 5 de noviembre
19 hs. Cocktail de bienvenida de Mestre Cobra Mansa en la Sociedad Caboverdeana de Dock Sud (Alem 1468, Avellaneda)

Viernes 6 de noviembre
17 hs. Clase de movimiento y ritmo de capoeira Angola
20 hs. Proyección y debate documental inédito "Mandinga en Colombia"

Sábado 7 de noviembre
13 hs. Clase de movimiento y ritmo de capoeira Angola
16 hs. Clase de movimiento y ritmo de capoeira Angola
19 hs. Entrevista y debate abierto con el Dr. Alejandro Frigerio y Mestre Cobra Mansa

Domingo 8 de noviembre
13 hs. Clase de movimiento y ritmo de capoeira Angola
16 hs. Clase de movimiento y ritmo de capoeira Angola
19 hs. Roda abierta


Fuente: http://proyectoafro.blogspot.com/