domingo, 1 de julio de 2012

Los umbandistas van a la Plaza


El próximo lunes 9 de julio, los (afro)umbandistas argentinos realizarán una concentración en la Plaza de Mayo -a las 13 hs- para reclamar por sus derechos religiosos y ciudadanos, cada vez más vulnerados por las imágenes perniciosas que de sus creencias y actividades transmiten los medios de comunicación (ver innumerables ejemplos en este blog, bajo la etiqueta "religiones afro").


sábado, 30 de junio de 2012

Afrodescendientes en el censo 2010

Por fin se conocieron los datos del censo 2010 referidos a afrodescendientes.
Como afirma la nota, "en más de 60.000 hogares hay una persona que se asume afrodescendiente". ¿Es mucho? ¿Es poco? Dada la pregunta que se realizó (confusamente formulada, ver abajo), la escuálida campaña de sensibilización (que no usó medios masivos de comunicación) para explicar qué era "afrodescendiente" y el hecho de que en ciudades mayores de 50000 habitantes sólo se aplicara el cuestionario ampliado que la incluía a una muestra de individuos, no es poco. Si, como esperamos y debe ser, la pregunta se mantiene, los números irán creciendo rápidamente, como ha sucedido en casi todos los países latinoamericanos ...


Página 12, 30 de junio de 2012.
LOS NUEVOS DATOS, SOBRE LAS POBLACIONES INDIGENA Y AFRODESCENDIENTE Y LAS FAMILIAS HOMOPARENTALES
Lo que el Censo ayuda a visibilizar
Según las cifras difundidas ayer, en el país hay un millón de personas que se reconocen como indígenas. En más de 60 mil hogares hay al menos una persona que se asume afrodescendiente. Y hay unas 25 mil familias formadas por parejas del mismo sexo.
Por Pedro Lipcovich

Cerca de un millón de personas se reconocen como indígenas en la Argentina. En más de 60.000 hogares hay personas que se reconocen como afrodescendientes. Y casi 25.000 hogares están formados por parejas del mismo sexo. Así lo dio a conocer el Indec, a partir del Censo Nacional de Población 2010. Por primera vez, un censo preguntó sobre estas cuestiones. Se admite que todavía existe subregistro, ya que, por prejuicios personales y sociales, muchas personas no se autorreconocen en estas categorías, cuya visualización, de todos modos, va en aumento: en 2004, una encuesta sobre pueblos indígenas señaló sólo 650.000 personas que se reconocían como tales. La mayor parte de los que se autorreconocen como indígenas pertenecen a los pueblos mapuche y colla y residen en las provincias de Chubut, Neuquén y Jujuy. En cuanto a las parejas del mismo sexo, la mayor proporción vive en la Ciudad de Buenos Aires. Y la mayor parte de los afrodescendientes viven en la provincia de Buenos Aires, especialmente en el conurbano.
Según el informe del Indec, “la cantidad de personas descendientes de pueblos originarios que se declararon en el Censo 2010 es de 955.032 personas y conforman 368.893 hogares. Es decir, el 2,38 por ciento del total de la población argentina y el 3,03 por ciento del total de hogares”.
En el 63,34 de estos casos, la persona es propietaria de la vivienda en que vive; este porcentaje es cercano a la media nacional, del 67,7 por ciento. Pero, advierte el informe, “las categorías conceptuales utilizadas por el censo no reflejan la cosmovisión indígena en su relación con la tierra”, que prioriza la propiedad comunitaria.
El 96,3 por ciento de la población indígena está alfabetizada, algo por debajo de la media nacional, que llega al 98,1 por ciento. De los mayores de 65 años, el 90 por ciento percibe jubilación o pensión, lo cual se aproxima al 93 por ciento de la media nacional.
Rubén Nigita, director nacional de Estadísticas Sociales y de Población del Indec, explicó que el ítem sobre población indígena “inquiere sobre si la persona se reconoce como perteneciente o descendiente de un pueblo indígena. En 2004, en la Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas, la cantidad de argentinos que se reconocían como indígenas era de unos 650.000, lo cual muestra cómo ha venido aumentando la proporción de quienes se autorreconocen en los últimos años”, comentó Nigita.
La mayor parte de la población indígena se concentra en las provincias de Chubut, Neuquén y Jujuy; pertenecen a los pueblos mapuche y colla. En Chubut, el 8,5 por ciento de la población total se reconoce como indígena; en Neuquén, el 7,9 por ciento; en Jujuy, el 7,8 por ciento; en Río Negro, el 7,1 por ciento; en Salta, el 6,5 por ciento; en Formosa, el 6,1 por ciento y en La Pampa, el 4,5 por ciento.


Afrodescendientes
En la Argentina existen 62.642 hogares con al menos una persona que se reconoce como afrodescendiente. En estos hogares hay 149.493 personas. Un 51 por ciento de los afrodescendientes son varones y un 49 por ciento son mujeres. En cambio, en el total de la población, hay un 48,7 por ciento de hombres y un 51,3 por ciento de mujeres: que entre los descendientes haya más varones “se debe, en parte, a que la afrodescendiente es una población menos envejecida que la del total del país, y el envejecimiento es predominantemente femenino –explica el informe–: mientras que la proporción de personas de 65 y más en la Argentina es de 10,2 por ciento, para la población afrodescendiente no supera 7,4 por ciento”.
El 92 por ciento de esta población nació en la Argentina y un 8 por ciento en el extranjero. De éstos, el 84,9 por ciento proviene de América, principalmente de Uruguay (20,8 por ciento), de Paraguay (16,1 por ciento), de Brasil (14,2 por ciento) y de Perú (12,5 por ciento).
El 34,4 por ciento de los afrodescendientes se halla en la provincia de Buenos Aires: la mayor parte, el 22,4 por ciento, en el Gran Buenos Aires, y el 12 por ciento en el interior de la provincia. En la Ciudad Autónoma vive el 11,3 por ciento; en Entre Ríos, el 6,8; en Santa Fe, el 6 por ciento; en Córdoba, el 5,5 por ciento; en Mendoza, el 2,5 por ciento; en Chubut, el 2,3 por ciento, y en Salta el 2 por ciento.
Federico Pita –titular de la entidad Diáspora Africana, que nuclea a afrodescendientes– contó que “previo al censo, participamos en una campaña de sensibilización en distintas provincias. No hace más de 20 años que se utiliza el término ‘afrodescendiente’, y en nuestra recorrida procuramos instalarlo. Se optó por utilizar este término políticamente correcto, que empleamos los activistas y que tiene un alcance político muy fuerte: designa a personas de ascendencia africana, lo cual en la inmensa mayoría de los casos se originó en la esclavitud”.



Del mismo sexo
“En la Argentina hay 24.228 hogares con parejas del mismo sexo”, precisa el informe; “el 58,3 por ciento son de mujeres y el 41,7 por ciento de varones”. Esteban Paulón –titular de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans– señaló que “en cambio, si se consideran los matrimonios –a partir de la ley de matrimonio igualitario, de 2010–, que son unos 5000, hay un 60 por ciento de varones y un 40 por ciento de mujeres; parecería que las parejas de varones son más propensas al matrimonio, mientras que las mujeres optan por la convivencia”.
(....) (continúa -ver diario)

miércoles, 27 de junio de 2012

Vendedores africanos reivindican sus derechos

La presencia de vendedores ambulantes africanos en las calles de las ciudades argentinas produce diversas reacciones. A la hostilidad habitual de la policía (ver entradas en agosto de 2009 de este blog sobre pedidos de habeas corpus) ahora se suma -en la ciudad de La Plata- la de otros comerciantes y funcionarios municipales. 
A continuación, dos notas del diario El Día sobre el tema, y luego una reflexión de Orlando Gabriel Morales al respecto.


Diario El Día, La Plata, 25 de junio de 2012
Reclamo de vendedores ambulantes de origen africano
Tras los serios incidentes del pasado sábado con inspectores municipales, esta mañana realizaron una protesta frente al Pasaje Dardo Rocha reivindicando su “derecho a trabajar”, y reclamaron la intervención de organismos de derechos humanos.
Vendedores ambulantes de origen africano protagonizaron hoy una protesta en las calles platenses, durante la que afirmaron sentirse “perseguidos” por el municipio y reclamaron la intervención de organismos de derechos humanos, tras los serios incidentes del pasado sábado durante los que se enfrentaron con inspectores municipales que procuraban decomisar la mercadería que ofrecían a transeúntes en el microcentro.
Como contrapartida, representantes de centros comerciales y entidades gremiales expresaron un contundente apoyo a las acciones de la Comuna contra “la venta ilegal en la vía pública”.
En su mayoría senegaleses, los comerciantes informales se concentraron en número cercano al medio centenar frente al Pasaje Dardo Rocha, en 50 entre 6 y 7. A las 10,30 accedieron a las oficinas del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) que funcionan en el segundo piso del centro cultural, y luego se dirigieron a las dependencias que la secretaría de Derechos Humanos bonaerense tiene en 47 entre 11 y 12. Allí, según trascendió, reivindicaron su “derecho a trabajar” y manifestaron que el municipio los fiscaliza con mayor énfasis que a otros que desarrollan actividades similares, en ocasiones recurriendo a “métodos violentos”.
Tres días atrás, en horas de la tarde, la cuadra de 49 entre 7 y 8 se convirtió en escenario de una batalla campal que se prolongó más de media hora, a partir de que un grupo de inspectores municipales llegara al lugar con la intención de levantar los puestos y mantas ubicados en las veredas.
Los disturbios se generalizaron por la resistencia de los africanos, quienes hicieron frente a los agentes de Control Urbano, y terminaron con siete hombres demorados y sendas denuncias en la UFI Nº 4: una radicada por los vendedores ambulantes y otra por el municipio. Mientras los primeros adujeron haber sido agredidos por una patota que a palazos y entre insultos discriminatorios habría intentado arrebatarles los productos, la Comuna habló de “agresiones” y apuntó contra el personal de la comisaría primera por su “connivencia con los vendedores”.

Fuente (con comentarios de lectores):



Diario El Día, La Plata, 23 de junio de 2012

Disturbios en el centro por desalojo de vendedores ambulantes 
Fue en 49 entre 7 y 8, al mediodía, entre agentes de la Comuna y puesteros que venden mercadería falsificada, en su mayoría africanos. Hubo siete detenidos.

Una vez más, el centro de la Ciudad se vio sacudido en la tarde de hoy por serios incidentes que se produjeron cuando inspectores municipales se dispusieron a levantar los puestos de vendedores ambulantes ubicados en inmediaciones de la cuadra de 49 entre 7 y 8.
Los disturbios se extendieron durante más de media hora, después de que los vendedores -la mayoría de ellos de nacionalidad senegalesa-, se resistieron a que les saquen sus mercaderías, las cuales constan de relojes o alhajas que pretenden ser de marca, pero en realidad son falsificaciones.
Tras los violentos desmanes, que terminaron con siete hombres demorados, se radicaron dos denuncias en la UFI Nº 4, a cargo de Fernando Cartasegna.
Una de las presentaciones fue efectuada por los vendedores ambulantes. Denunciaron haber sido agredidos por un grupo de al menos 30 individuos, armados con palos, que habrían intentado arrebatarles sus mercaderías, además de proferirles amenazas discriminatorias.
La otra denuncia fue radicada por los inspectores municipales, quienes aseguraron haber sido agredidos durante el operativo contra la venta ambulante.


Agradezco a Marta Maffia por haberme enviado los links.

Vendedores africanos reivindican derechos (2)



¿Control o discriminación? La “trama misteriosa” que vincula instituciones públicas y medios de comunicación
Por Orlando Gabriel Morales (*)
Entre la discriminación institucionalizada como criterio para el control del cumplimiento de las normas que regulan el trabajo en la vía pública y los discursos de los medios de comunicación formadores de opinión parece mediar una trama oculta, invisible pero omnipresente, ideológica e histórica en nuestro entorno social. Podrían citarse muchos casos, pero hay uno reciente que merece la atención.
El pasado sábado (23), al mediodía, agentes dela Subsecretaría de Control Urbano dela Municipalidad de La Plata realizaron un operativo en el centro de la ciudad y con procedimientos ilegítimos abordaron a trabajadores dedicados al comercio ambulante ensañándose en forma particular con migrantes de procedencia africana que comercializan distintos productos en la vía pública.
Este tipo de episodios no es novedoso, por el contrario, se repite con sorprendente impunidad. Más todavía, a la par de un accionar institucional que deja muchas dudas sobre el profesionalismo y la responsabilidad de los funcionarios municipales, algunos medios locales de tirada masiva en papel pretenden legitimar esos comportamientos y políticas con falsas informaciones, imprecisiones en los datos y una orientación hacia la criminalización de los ciudadanos extranjeros.
Respecto al último episodio, Letra P informó oportunamente sobre la presencia de un grupo de choque no identificado -aunque los vendedores señalan que se trata de una facción de la barra brava de Gimnasia y Esgrima de La Plata que opera en connivencia con agentes del organismo público en cuestión- que actuó contra los vendedores ambulantes de origen africano. También mencionó el intento de decomisar mercadería sin labrar las actas correspondientes. Sin embargo, nada de esto se dice en otros medios de comunicación que, por el contrario, ponen bajo sospecha a los trabajadores bajo el título “Vendedores senegaleses, una trama misteriosa”.
Pero no hay que dejarse distraer del verdadero problema. Hay que preguntarse por los intereses y las responsabilidades intervinientes. Por una parte, ¿Quién puede tener interés en atacar a estas personas en esa circunstancia específica? No hay muchas alternativas: los funcionarios de Control Urbano, que han enfrentado a los mismos trabajadores en otras oportunidades, o los comerciantes organizados, que han expresado públicamente su apoyo a los funcionarios de Control Urbano por su accionar.
Por otra parte, ¿Quién tiene responsabilidad sobre la seguridad de las personas y los bienes durante un procedimiento del organismo municipal? Control Urbano, es decir, el gobierno municipal. ¿Quién debía controlar la seguridad pública en una situación conflictiva en la vía pública, que se extendió por más de una hora?La Policía de la provincia de Buenos Aires, que actuó de forma desorganizada dejando, por momentos, la zona y las personas “a la buena de Dios”.
Estos operativos dela Subsecretaría de Control Urbano no son contra los trabajadores de origen africano sino que, según el portal oficial del municipio en Internet, “se realizan diariamente en distintos puntos de la ciudad y forman parte de la política que la Municipalidad lleva adelante, para garantizar los derechos de todos los vecinos y comercios de la ciudad”.
¿Qué derechos pretende garantizar el municipio?. Evidentemente no se trata del derecho al trabajo. Tampoco del derecho a un trato justo de los ciudadanos por parte de funcionarios públicos en una instancia de control del cumplimiento de normas de uso, ocupación y ejecución de trabajos en la vía pública.
La sucesión de hechos y formas procedimentales expone las evidencias. Ya en el año 2010, cuando consulté a Abba Goudiaby, referente dela Asociación de Residentes Senegaleses en Argentina, sobre la situación de los trabajadores de esa nacionalidad en nuestra ciudad él señaló que estaban “teniendo muchos problemas porque hay gente dela Municipalidad que los encuentra caminando en la calle con el maletín [donde portan los productos que comercializan] y se lo quitan sin darle un papel o un acta, nada”.
De hecho, una situación semejante a la del pasado fin de semana -en cuanto al grado de violencia- ocurrió hace exactamente un año atrás, el domingo 26 de junio de 2011, en la feria instalada en Plaza Italia. Pero ¿Cómo son posibles estas acciones llamativamente sistemáticas y con frecuencia ilegítimas contra los trabajadores en cuestión? Lo son por un marco de impunidad, falta de voluntad política para fiscalizar el accionar de los funcionarios municipales y un clima de opinión que legitima la discriminación institucionalizada en los organismos públicos. A esto último, que responde a una configuración histórica en Argentina y prevalece a pesar de los cambios societales y políticos, aportan algunos medios de comunicación.
El titular antes mencionado, que alude a una “trama misteriosa”, mismo que su argumento, responden a una línea editorial sostenida en el tiempo. Pero el artículo periodístico más reciente ha producido consternación precisamente en el ámbito académico universitario del que pretende obtener legitimidad, pues por estas horas desde las instituciones que se citan en el periódico en cuestión como fuente de información no se obtiene otra cosa más que desmentidas. Por supuesto, la impugnación no tendrá la misma difusión que los datos falsos e imprecisos que se aluden para construir un argumento que tiene los componentes necesarios para legitimar la discriminación social.
Se puede decir mucho sobre tal construcción discursiva. Apela a generar incertidumbre, sospecha. Apunta a sobredimensionar aspectos que pueden ser percibidos negativamente por el lector. Cita fuentes policiales (el historial de la misma es muy sugerente) que tienden a asociar inmigración con crimen. Replica dichos de fuentes utilizadas en publicaciones anteriores que quedan descontextualizados, repetitivos (produciendo un efecto de extensión del problema) y desactualizados.
Con todo, por si el problema constara, en parte, en la proposición que sirve de volanta al redactor ausente del artículo que aquí se cuestiona, a saber, que se trata de “una inmigración poco conocida”, hay que decir que si es un tanto desconocida se debe a que su propia voz no tiene lugar en los medios masivos y le resulta indiferente a buena parte de la sociedad mayor. Desconocimiento y prejuicio, como incertidumbre y miedo, son solidarios entre sí.
Por lo antedicho, y por optimismo de la voluntad, cabe citar a un migrante reciente de origen africano, Celestin Nengumbi Sukama, presidente del Instituto Argentino parala Igualdad, Diversidad e Integración (IARPIDI) quien recientemente me expresó que en Argentina “la discriminación es estructural e institucional” aunque se niegue su existencia.
Por lo demás, en los últimos años son cada vez más los investigadores que en el campo académico están produciendo conocimiento sobre esta nueva inmigración que viene a poner cuerpo al espectro que esa “trama oculta”, la ideología de invisibilización de los africanos, construyó. No hay más que buscar los textos de Alejandro Frigerio, Marta Maffia, Dina Picotti, Marisa Pineau, por nombrar sólo algunos investigadores de un grupo extenso.
 (*) Profesor e investigador universitario.

Fuente:

lunes, 25 de junio de 2012

Afroargentinos - según Felipe Pigna

La revista Viva del Clarín de ayer trae otra nota de Felipe Pigna sobre los afroargentinos. 
Como suele suceder, no refleja nuestro conocimiento actual sobre el tema -pero prefiero que los medios hablen de ello a que no lo hagan. 



Fuente: Revista Viva del domingo 24 de junio de 2012.

viernes, 22 de junio de 2012

"Asesinatos rituales umbanda" - Los medios siguen desinformando


Pese a la presencia cada vez mayor de religiones afro-americanas en el país (en su modalidad actual, importada desde Brasil, están aquí desde al menos 1966) los argentinos ignoran casi todo sobre ellas.
Parece haber un consentimiento de sentido común entre importantes formadores de opinión como policías, periodistas, quizás aún funcionarios de la Justicia, de que la Umbanda  mata personas como parte de sus “ritos”. Siguiendo una extraña lógica, parecen estar de acuerdo en que, como “matan animales” (en realidad, ofrendan animales), también deberían matar personas.
En los últimos años las cada vez más frecuentes (y falsas) acusaciones en los medios de que determinados “pais umbanda” habrían asesinado personas –muchas veces de maneras horribles en “ritos umbanda”- ya se tornaron parte del sentido común social. Como se cree que  “los umbanda” “andan en cosas raras” –entra y sale gente de los templos, frecuentemente vestidos con ropas inusuales, tocan tambores, a veces algunos dejan ofrendas con restos de animales en las calles- con  una lógica policíaca, cuando no heredera de los años de la dictadura, son mirados con sospecha. Y los medios se encargan de confirmar, con sus imputaciones, que estas sospechas son fundadas.


Cualquier asesinato en el que haya algún tipo de descuartizamiento o mutilación parece, en los últimos años, disparar “la pista umbanda”. Si se encuentran velas e imágenes religiosas en la casa de los sospechosos o de las víctimas, la sospecha (infundada) se fortalece.
1-En este razonamiento no sólo parece haber un gran desconocimiento respecto de qué es la  umbanda, sino también de la religiosidad de los sectores populares, donde es muy frecuente encontrar altares caseros, velas e imágenes que no se limitan a la Virgen o a los santos católicos.
2-En la medida en que la calidad de vida de los sectores populares se ha deteriorado y aumenta la frecuencia (o la visibilidad social) de la violencia cotidiana, los femicidios, la trata de personas, etc.- las manifestaciones de religiosidad popular, asociadas o no, o parcialmente, con la umbanda- también se encuentran ligadas a las vicisitudes de la vida de sus practicantes. Previsiblemente, la religiosidad popular acompaña los cambios en las vidas de las personas.



3-Sí parece ser un fenómeno novedoso el hecho de que personas en situaciones de (distinto grado de) conflicto con la ley invoquen la ayuda de seres espirituales para que los ayuden en sus emprendimientos delictivos. Puede ser San La Muerte, el Gauchito Gil, o algunos espíritus de Quimbanda. Pero son muchas más las personas que no estan en situación de conflicto con la ley (y también muchos policías) que son devotas de las mismas figuras.
4-No hay indicios de que determinadas creencias lleven al crimen, en todo caso, se intenta utilizarlos como auxiliares espirituales.
5-Esta asociación –aún tenue- está llevando a la criminalización de determinadas devociones, el caso más obvio entre los santos populares es San La Muerte –para los medios tener una imagen o un tatuaje del santo ya transforma a la persona en sospechosa- pero algo parecido y peor sucede con la umbanda.
6-La expansión en la última década y media de las religiones afroamericanas por sectores populares (antes eran más propias de sectores medios y medio-bajos) lleva también a la utilización de algunas de sus imágenes, símbolos y preceptos por fuera de los grupos religiosos –al realizarse un sincretismo, también novedoso, con santos populares, curanderismo, etc.


7-Otro problema de difícil elucidación es: quien determina que una persona que cometió un crimen es “un pai umbanda”?. Para la policía y los medios, cualquier asociación con imágenes parece transformar a la persona en “un pai”. En los contadísimos casos en que parece haber un grupo de personas que efectivamente tiene una mínima relación con la religión cometiendo delitos no hay pruebas de que la creencia religiosa los haya llevado a hacerlos. Aún si este fuera el caso,  esta creencia idiosincrática de ninguna manera se corresponde con lo que miles y miles de argentinos consideran la práctica correcta de su religión umbandista.
Los medios, aún en las instancias en que pudiera haber alguna relación efectiva entre un crimen y un devoto religioso, no deberían resaltar su pertenencia religiosa –ya que no lo hacen en el caso de la religión mayoritaria o de otras legitimadas socialmente- o, de hacerlo, llamar la atención hacia su excepcionalidad. 
Lo que tenemos actualmente, sin embargo, son una cantidad infundada de acusaciones que generan un sentido común por el que cualquier crimen truculento asociado mínimamente con elementos religiosos es visto como un “rito umbanda”. 
Lo que es peor aún, pueden llevar a que individuos sin conocimiento de la religión crean que, efectivamente, para lograr la ayuda de determinadas entidades espirituales, sea preciso cometer crímenes.


Cómo hablar con un mínimo de propiedad sobre la Umbanda:
La umbanda es una religión, no es “el culto umbanda” o “los ritos umbanda”.
Sus practicante son “umbandistas”, no son “los umbanda”. “Los Umbanda” es un grupo de música –bastante bueno, por cierto.
Los umbandistas realizan rituales religiosos, no “ritos”.
Ofrendan animales a sus deidades, no “matan animales”, ni mucho menos los “torturan”.
Todas las ofrendas de animales, sustentadas en una determinada lógica religiosa o teología, son para mejorar las vidas de las personas en este mundo.
Matar o sacrificar personas resulta una aberración para los practicantes de estas religiones, ya que para ellos la vida humana es el bien supremo. Son religiones fuertemente orientadas hacia este mundo, no hacia otro trascendente. Intentan ayudar a la felicidad de las personas aquí y ahora, no en un mundo posterior.
En realidad la variante de religiosidad afroamericana conocida como Umbanda no ofrenda animales, sí lo hacen otras variantes como la Quimbanda, o el Batuque, también llamado Nación. Como la mayoría de los templos practican Umbanda, Quimbanda y Batuque (y como la Umbanda fue la primer variante que llegó al país) socialmente se conoce a la conjunción de estas religiones como Umbanda, y a sus practicantes como umbandistas

martes, 19 de junio de 2012