domingo, 6 de noviembre de 2011

Marcos Carrizo entrevistado en Veintitres

El historiador Marcos Carrizo publicó recientemente un libro sobre la situación de la población de origen africano en Córdoba durante buena parte del siglo XIX.  
Reproduzco partes de la entrevista que le realizara la revista Veintitres hace un par de meses.


El historiador Marcos Carrizo habla sobre la presencia afro en la provincia
Córdoba morena
Por Guillermo Posada

"Mi libro es una respuesta a las hipótesis de sentido común sobre la supuesta desaparición de los africanos, los afrodescendientes y la cultura afromestiza en Córdoba”, explica el historiador Marcos Carrizo, tras presentar en el Buen Pastor su libro Córdoba Morena, investigación sobre el papel de la población de ascendencia africana entre 1830 y 1880, cuando comienza a madurar la conformación del Estado-nación en la Argentina. Gran parte de su trabajo se realizó en el Archivo Histórico de Córdoba, segundo en magnitud del país tras el Archivo General de la Nación. El documento más antiguo data de 1574, un año después de la fundación de la ciudad.
Carrizo suma así herramientas de análisis al movimiento en Córdoba que empieza a rescatar la influencia afro en la provincia, ninguneada sistemáticamente por la historia oficial. “Trabajé para tratar de desmontar estos mitos, con distintas fuentes, archivos, testimonios. Numerosos relatos de viajeros nos informan que lejos de desaparecer, el papel de los afrodescendientes fue muy importante en la provincia”, afirma.
–Las fuentes documentales que utiliza en su libro desmienten la desaparición.
–Sí. Con los censos, en los archivos de crímenes y registros notariales. En 1840 todavía aparecen en las transacciones comerciales porque entonces aún había ventas de esclavos. En los relatos de viajeros extranjeros se encuentran descripciones de las características poblacionales de la provincia, donde queda registrada la proporción afro en los habitantes de Córdoba. Somos un foco fuerte de asentamiento de esclavos y sus descendientes porque todas las instituciones religiosas tenían grandes planteles.

–Al ser un foco religioso fuerte, también lo es en la cantidad de esclavos.

–Además, todo el sistema productivo giraba alrededor de los africanos y los afromestizos, tanto esclavos, como libertos o libres, como conchabados o salariados. Hay una carta del gobernador López, que está peleando con los unitarios en el norte, donde manda a pedir a las autoridades cordobesas que le envíe a los Cívicos de Córdoba, una milicia de negros de la ciudad. Le contestan que no los pueden enviar debido a que no quedará nadie que trabaje en la ciudad porque los artesanos son en su mayoría de este origen, lo mismo sucede en el servicio doméstico y está muy presente en el trabajo rural. Todo esto se da en un proceso de transición hacia relaciones de tipo capitalista que se alcanzan a fines del siglo XIX. Mientras tanto, perviven la servidumbre y en menor medida en la esclavitud. En el censo de 1830, que es el último que registra categorías étnicas, al contabilizar por oficio, se encuentra que en algunas actividades más de la mitad son afromestizos, en otras alcanza el 90 por ciento.

Marcos Carrizo, foto de la nota de Veintitres

–¿Cómo impactaron las levas para los ejércitos patriotas en Córdoba?

–En las conscripciones para las guerras de la independencia los propietarios se niegan con distintos recursos a entregar a sus esclavos porque dicen que no van a ser indemnizados por el gobierno central. Los esconden, entregan a los más viejos y enfermos que son rechazados. A diferencia de la región de Cuyo, donde rápidamente se desestructuró la mano de obra esclava y la gran mayoría se la llevó San Martín al Ejército de los Andes.

–¿Tuvo que ver el hecho que Córdoba fue un foco contrarrevolucionario?

–Sí. Tiene que ver que en primer momento hubo resistencia a la Revolución de Mayo y la elite local se negó contribuir con los ejércitos. El gobierno de entonces les exigía apoyo a los comerciantes y a las órdenes religiosas, que fueron refractarias al proceso. Los afromestizos están presentes en toda la sociedad colonial, hasta el aluvión inmigratorio de 1880, que a Córdoba llega de forma tardía. Para 1895 sólo hay un 11 por ciento de extranjeros en Córdoba, el resto es criollo donde los afromestizos tienen mucha influencia étnica. Encontré casos de soldados de la independencia, africanos nacidos en Angola, que en 1840 aparecen como esclavos y en 1869 ya aparecen como argentinos. El discurso censal argentino elimina las categorías étnicas, y queda con un esquema binario de argentinos y extranjeros. La grilla colonial sí lo tenía, identificaba a los españoles o nobles, pardos libres o esclavos, negros libres o esclavos, etc. Casualmente no se hizo por una superación de un discurso racista sino con el objetivo de tender un manto para blanquear a los argentinos.

–¿Las estancias jesuitas cumplen un rol en la concentración de trabajo esclavo?

–La orden jesuita es la mayor propietaria de esclavos. Tanto en La Candelaria, en Caroya, en el Colegio Monserrat. Igual sucede con otras órdenes como las Teresas, los Franciscanos, todas tienen planteles de esclavos y por eso las iglesias contaban con rancheríos anexos para que vivan junto a los sirvientes. Estamos hablando de una sociedad con un bajo nivel tecnológico y, por lo tanto, que requiere mucha mano de obra intensiva. Los artesanos de Córdoba son un núcleo duro de afromestizos. También era redituable capacitar un esclavo en un oficio y después venderlo.

Contratapa del libro

–Su libro detalla formas de resistencia que tenían los afrodescendientes de aquella sociedad del siglo XIX.

–Sí, son prácticas para obtener la libertad y para acceder a la propiedad en menor medida. Tenían distintos mecanismos como robar, fugarse, desde la difamación hasta el homicidio contra sus amos esclavistas, trabajar a desgano...

–El quite de colaboración...

–Sí, era una de las reacciones de resistencia en la práctica, pero carecieron de acciones colectivas por más que existieron algunas cofradías de ayuda mutua que no tuvieron duración. En ese sentido hay que señalar que las resistencias tuvieron carácter individual. También hubo resistencias a los reclutamientos para las guerras de la independencia que se contraponen al mito de que los negros murieron en las guerras. Las deserciones masivas se producían no sólo de los negros sino de todos los sectores subalternos. Y explican la permanencia. Algunos estancieros eran cómplices de la situación y refugiaban a los desertores para obtener más mano de obra. Estamos hablando de una sociedad cordobesa con una crónica falta de trabajadores. Por otro lado, en el período de mediados del siglo XIX se observan migraciones regionales desde Córdoba a Buenos Aires para trabajar. En la época se decía “me voy para abajo”, al litoral por el desarrollo ganadero. Esto es fruto de la desestructuración de la economía de las provincias cuando el eje económico pasa del Alto Perú hacia el puerto, lo que implica una retracción de la economía cordobesa. Esa es otra de las variables que explican la supuesta desaparición. La investigadora Maia Paulo, en su tesis de antropología biológica de la UNC, encuentra que el ADN mitocondrial con linaje africano está presente en el 90 por ciento de las localidades cordobesas donde hace muestras, fluctuando entre el 8, 9 o 12 por ciento.

La entrevista completa en:

sábado, 5 de noviembre de 2011

¿Errare humanum est?


Varias veces dije que Langer y Mira eran los humoristas argentinos que tenían la mirada más interesante respecto de temas étnico-raciales y que su trabajo me parecía, en general, un avance notorio respecto de otros.


El chiste en el Clarín de hoy, no estoy seguro...
Relaciona de manera interesante temas y metáforas presentes en la sociedad argentina, pero el resultado final no sé si es del todo feliz...
Quizás lo que más ruido me hace es el comentario final respecto del "negro de la suerte", una imagen social que me resulta, cuanto menos, desafortunada...
En todo caso, la evaluación final queda a criterio de cada uno... 
Acepto pareceres ...

martes, 1 de noviembre de 2011

Viaje



(doble click en la imagen para agrandarla)

Info en: http://www.acsrm.org/Jornadas2011/programa.php

domingo, 30 de octubre de 2011

"Comedia Negra de Buenos Aires" en ciclo de documentales


El martes se presenta el documental "Comedia Negra de Buenos Aires: Teatro Afro-Argentino" en la V Muestra de Documentales de la asociación Documentalistas Argentinos
Con la dirección de Carlos Pronzato, cineasta argentino radicado en Bahia, el documental revive, a través de la palabra y perfomances de Carmen Platero, el esfuerzo pionero de la fundación de un grupo de teatro compuesto por afrodescendientes -y con una temática reivindicativa- a fines de la década de 1980 en nuestra ciudad.


El ciclo se realiza en el cine Gaumont, Rivadavia 1635, sala 3 y el documental se muestra el martes 1, a las 15 horas, junto con otros dos.
Desgraciadamente no podré ser de la partida porque estaré viajando hacia Uruguay el mismo día.



Mas info sobre el ciclo: http://www.docacine.com.ar/

viernes, 28 de octubre de 2011

"Negreando" a Samuel Jackson


Uno piensa que ya está curado de espanto, pero los medios argentinos no dejan de sorprender. Resulta que el actor más taquillero de la historia es un afro(norte)americano -que dio pruebas de su versatilidad y carisma en casi una centena de películas- y algún editor del gran diario no tiene mejor idea que poner un título mamarracho porque, como de costumbre, había que hacer alguna referencia jocosa a su color.
Ojo, chicos, con éste no jodan que te recita Ezequiel 25:17 y fuiste....


Por si hay algún no cinéfilo :) :
Ezequiel 25:17 http://youtu.be/rJCa6Bp6vOo

miércoles, 26 de octubre de 2011

Ser "mulato"

Foto: diario Clarín 24/10/11

La visita de la ya legendaria cantante cubana Omara Portuondo a la Argentina motivó la aparición de varios reportajes en los diarios locales. Del que le hicieron en el diario La Nación, me llamó mucho la atención la frase: 
"Porque yo soy mulata, la mezcla de España y Africa." 
Se ve que a los periodistas o editores del diario también -aunque supongo que por distintos motivos- ya que con la segunda parte titularon la nota.

Últimamente veo con algo de aprensión (no soy el único) que los discursos racializantes aumentan, tanto desde cierto rincón de la “academia” como desde el activismo politico y cultural afro, superando en mucho un  “esencialismo estratégico”  -como lo entiendo, la utilización o aceptación de una postura esencialista de las identidades como forma de permitir una intervención en lo social- . 
Nos estamos acercando demasiado a posturas racialistas antiguas, sólo que ahora con una valoración positiva de cierta (supuesta) conexión entre biología, psicología, cultura y moral. Lo que la condición "biológica" de “negro” supuestamente conllevaba en estas otras dimensiones antes era execrado y ahora es valorado.
 Resumiendo, esta posición podría ser del tipo “Mi pertenencia biológica a una raza X me hace ser de tal manera” o inevitablemente “tener tal tipo de cultura”. O conectando todo, “Porque soy (de tal grupo racial) soy así y para ser realmente yo tengo que tener tal tipo de cultura”. Como si demandáramos que todos los porteños tuvieran que ser eximios tangueros, sólo escuchar tango, o exclusivamente pudieran realizarse (personal, psicológicamente, moralmente) a través de la escucha o práctica del tango.
Volviendo a la frase de Omara, supongo que buena parte de los lectores de este blog sabrán –y aún así, es bueno reconfirmarlo- que no se es “mulato” (ni "blanco", ni "negro") sino dentro de una determinado orden de clasificación racial –que es arbitrario, cambia de país en país, y aún en cada momento histórico- . La persona que es clasificada como  “mulata” en Salvador, Brasil, será “blanca” en República Dominicana, o “negra” en Sao Paulo o Buenos Aires. No hay una condición esencial del “ser mulato”, ni es una palabra que haga sentido en todas las sociedades.
Mucho menos, la “mulatez” “biológica” (tener un progenitor fenotípicamente más claro y otro más oscuro) implica necesariamente un cruce cultural. Para el caso de Omara, la herencia cultural española y africana (que también son difíciles de definir y distinguir) le corresponde casi por igual a cualquier cubano de cualquier condición fenotípica –influyendo más la clase o el lugar geográfico de nacimiento en su mayor o menor conocimiento de una u otra vertiente cultural que el color de su piel.
Intentemos no atrasar cien años....

domingo, 23 de octubre de 2011

White man's burden

Una nota de Feinmann en Página 12 de hoy brinda una interesante reflexión sobre la expresión "White Man's Burden" (La carga del Hombre Blanco) -originalmente un poema de Kipling. Comparando esta poesía con otra más conocida del autor británico nacido en la India (If ), muestra cómo la misma mente que produce una bella obra literaria puede generar también un manifiesto colonialista de primer orden.


Página 12, 23 de octubre de 2012. Contratapa.
La pesada carga del hombre blanco
Por José Pablo Feinmann

¿Por qué es pesada esa “carga”? Porque hay en ella una gran dosis de sacrificio. El hombre blanco da todo de sí para llevar la civilización a los territorios primitivos, bárbaros. La barbarie es lo Otro de esa civilización, su antinomia. No es la cultura, no son las costumbres de los pueblos refinados, no son los libros, no es la visión de la historia como un progreso constante del género humano. No podría serlo porque esos pueblos no tienen historia. Sólo pasan a tenerla cuando el hombre blanco, asumiendo su pesada carga, los incorpora a la suya y los lleva por sus caminos, que sí, son los de la historia. En suma, la pesada carga del hombre blanco es la carga del colonialismo. Entrar en los pueblos atrasados, llevarles la cultura, incorporarlos a la línea incontenible del progreso humano, a la línea de la historia, entregarles como gran regalo la civilización que con tanto sacrificio la modernidad occidental ha conseguido atesorar.
Rudyard Kipling fue el gran poeta de esta epopeya. Nació en Bombay en 1865, se dedicará a la literatura y hasta llegará a ganar el Premio Nobel. Tiene dos poemas célebres por cantar la epopeya del homo colonialista. Uno es célebre, aunque ya un poco olvidado: If (traducido al castellano por el condicional Si). El otro, más complejo, arduo de traducir, pero casi tan célebre como el If es La pesada carga del hombre blanco (White Man’s Burden). Los dos son poderosos, magníficos. El If, en forma de pergamino, fue colgado en innumerables hogares a lo largo y a lo ancho de este mundo. ¿Era la visión que Kipling tenía del homo colonialista? No cabía duda de esto. ¿Era el superhombre nietzscheano? Bien pudo serlo. Era, en todo caso, un hombre que ninguno de nosotros jamás sería. Pero, ¿quién no soñó serlo? No ser el homo colonialista. Quitemos las connotaciones políticas, quitemos al conquistador británico y a su reina, la codicia irrefrenable del Imperio, su rapiña, su sagacidad para llevar a cabo todos sus planes, para dominar el mundo desde una pequeña isla. Tratemos de leer (o releer) el poema como el de un poeta que nos incita a ser más de lo que somos, que nos incita a la perfección, no a la maldad, sino al diseño admirable de nuestro modo de ser en el mundo. Escribe Kipling: “Si sabes conservar la cabeza/ cuando todos los que te rodean/ pierden las suyas y te culpan de ello”. Sigue: “Si sabes confiar en ti mismo/ cuando todos dudan de ti/ pero te haces también cargo de sus dudas/ Si sabes esperar y no cansarte en la espera/ si siendo objeto de mentiras no te ocupas de mentir/ o siendo odiado no te entregas al odio/ si te sabes encontrar con el éxito y el fracaso/ y tratar a esos dos impostores por igual/ Si sabes hacer un montón con tus ganancias/ y arriesgarlas en una jugada de cara o cruz/ y perder y volver a empezar desde el principio/ y no pronunciar una palabra sobre tu pérdida/ Si sabes (...) seguir cuando no queda nada en ti/ excepto la voluntad que te dice: ¡avanza!/ Si sabes llenar el inexorable minuto/ con el poderoso valor de sesenta segundos/ tuya es la tierra y todas las cosas que hay en ella/ y lo que es más: ¡eres un hombre, hijo mío!” (Nota: Hay cientos de traducciones del If. Si se empieza a compararlas todas ninguna nos dejará satisfechos. Elegí una y la retoqué, saqué y agregué levemente un par de cosas. Busquen ustedes la suya. Además, no lo transcribí completo.)


El otro poema de Kipling es explícito sobre todo por su título. Luego es complejo, no tan claro como el If, menos cristalino, menos poderoso, pero igualmente perfecto en su forma literaria. Pero es el poema que dice más explícitamente que cualquier discurso o proclama lo que el hombre blanco siente cuando entra en un territorio bárbaro. “Aquí estamos. Les traemos la cultura, la civilización, el lenguaje, los buenos modales, algunas escuelas, algunos maestros, y llegamos con fusiles, cañones, espadas, látigos, con todo lo necesario si no aceptan someterse a nuestra pesada carga. No nos gusta que nuestro sacrificio sea ignorado, o peor aún: recibido con desdén, con odio. Adviertan ya mismo, en el mismo instante en que nos vean llegar, la enorme suerte que tienen, la modernidad, el capitalismo occidental, la rueda de la historia ha llegado hasta ustedes. Los haremos parte de ella. Esa fortuna tienen. Dejarán de vegetar fuera de la historia. Porque ustedes, sin nosotros, son pueblos sin historia. Nosotros se la traemos. Les traemos nada menos que eso: la Historia. Sólo les pedimos que trabajen para nosotros. Pero los haremos progresar. Caminarán hacia el mismo porvenir que nosotros. Porque es el único. Solos, retrocederían otra vez hasta la edad de los monos y los dinosaurios. De nuestra mano les aguarda el porvenir. Sólo exigimos sumisión y trabajo duro. Algunas vez soltaremos sus manos y serán libres. Entre tanto, crecerán vigilados por nosotros. Porque ustedes, los bárbaros, sólo pueden crecer, avanzar, formar parte del progreso, de la historia humana, si se aferran a nuestra mano, la de la civilización”.


Kipling lo dice en White Man’s Burden: “Lleven la carga del hombre blanco/ envíen adelante a los mejores entre ustedes/ para servir, con equipo de combate/ a naciones tumultuosas y salvajes/ Esos recién conquistados y descontentos pueblos/ mitad demonios y mitad niños/ Lleven la carga del hombre blanco/ las salvajes guerras por la paz/ llenen la boca del Hambre/ y ordenen el cese de la enfermedad/ y cuando el objetivo esté más cerca/ en pro de los demás/ contemplen a la pereza y a la ignorancia/ llevar la esperanza de todos ustedes hacia la nada”. He aquí por qué es pesada la carga del hombre blanco. Porque es inútil. Pesimismo terrible el de Kipling. Esas “naciones tumultuosas y salvajes”, esos “descontentos pueblos”, “mitad demonios, mitad niños”, jamás reconocerán, agobiados por su pereza y por su ignorancia, la esperanza que en ellos depositó el hombre blanco, sometida ahora al abismo, a la nada.


Sin embargo, algún placer o magnífico beneficio habrá de encontrar el hombre blanco en su pesada carga porque la ha llevado y aún la lleva. Aún penetra en tierras que no le pertenecen. Aún dice que asume su cruzada civilizadora. Aún mata en nombre del progreso o de la democracia (palabra que ha reemplazado a “progreso”). Aún su voluntad, incesantemente, le dice: “¡Avanza!”.