viernes, 12 de marzo de 2010

Temos carnaval carioca - en San Luis!!

Quienes no pudieron ir a Rio para carnaval, no necesitan quedarse con las ganas de sambar.
Si la vida no, al menos el gobierno de San Luis les brinda, hoy y mañana, una segunda oportunidad!
Do sambódromo para San Luis!
Festa! Alegría!

¡Y también fotos con las garotas!


Fotos de la gira promocional del carnaval de San Luis por distintas ciudades argentinas...

miércoles, 10 de marzo de 2010

Corto Maltés en Bahia

Clarín esta reeditando las aventuras del Corto Maltés, el famoso personaje de historietas de Hugo Pratt.
En un volumen que salió hace poco, que contiene un episodio llamado "Cita en Bahía", el Corto viaja a Salvador en busca de una joven "que vive en contacto con un grupo de brujos afroamericanos" -según señala el resumen aparecido en la revista Ñ.
Para mi desilusión, la supuesta mãe de santo (que no es nombrada así en la historieta) no joga buzios sino el tarot, y para peor interpreta todo de acuerdo con los signos del zodíaco. De orixás o cultura afrobrasileña, nada.
La historieta es de 1970. Será que en esa época pre-globalización de las religiones afrobrasileras y sin internet era muy difícil conseguir información sobre ellas? Probablemente. Pero claro que los libros de Jorge Amado ya andaban circulando....
Será que para la época el tarot y las interpretaciones en términos zodiacales eran tan exóticas como hoy pueden serlo los buzios y los orixás?
O a lo mejor era una bruja, nomás....

Activistas Afro en la Embajada (4)

Comentario de Alejandro Frigerio:
Solo algunas reflexiones en base a lo planteado por ambos:

1- Parece ser el caso que, efectivamente, algunas embajadas convidan afrodescendientes y académicos sólo como “público” para las actividades que sus gobiernos les mandan/obligan a hacer. Con contadas y honrosas excepciones –en las cuales los funcionarios diplomáticos son, a su vez, negros- las reuniones en embajadas son una formalidad y poco benefician a la causa de quienes a ellas asisten –y que sí están necesitados de apoyos de envergadura….Básicamente, la actitud parece ser: “todo bien cuando los necesitamos como claque, pero no nos pidan apoyos reales durante el resto del año”. Esto, me parece, hay que sincerarlo. Puedo estar equivocado, claro....
2- Creo que no hay que sobreestimar el rol y el poder de los académicos. En estos tiempos de valoración de narrativas multiculturales y “políticas identitarias”, los “nativos” tienen mucho más llegada a los centros de decisión y de poder que los académicos. Los gobiernos nacionales, presionados por pactos internacionales, por la Conferencia Mundial contra el Racismo de Durban o por organismos multilaterales como el BID o el Banco Mundial tienen casi la obligación de escuchar y atender los reclamos de los grupos minoritarios. Por el contrario, nadie les dice que tienen que atender los reclamos y las opiniones de los académicos. No demos por el conocimiento académico más de lo (poco) que vale en la sociedad actual….

Activistas Afro en la Embajada (3)


Comentario de Nicolás Fernández Bravo:

No creo que haga falta afirmar que Nengumbi Celestin Sukama es, a mi entender, uno de los referentes del campo afro con mayor experiencia y autoridad moral para referirse a la discriminación racial. Pero también a un conjunto de problemas que se derivan de esta relación social, como lo son la falta de trabajo digno, el acceso a educación de calidad y la dificultad para insertarse socialmente incluso cuando se cuenta con sobradas credenciales y capacidades. Tanto su persistencia, como sus argumentos públicos y sus acciones concretas, son una clara muestra del capital que tiene el campo afro y lo perjudicial que resulta su fragmentación actual. Siempre que tuve la oportunidad, he defendido su presencia y participación.
En este sentido, me gustaría aclarar mi argumento para evitar falsas dicotomías, y explicitar dónde creo que radica el problema. Lo que haga o deje de hacer la Embajada en verdad no me preocupa – lo tomé a modo de ilustración, dado que era un ejemplo “fresco” que todos los asistentes podían comprender. Como ejemplo, ilustra también lo que sucede con el poder y con El Poder.
Estoy absolutamente convencido de la necesidad de una buena articulación entre la producción de conocimiento, la enseñanza y el activismo político. Pero no es menos cierto que cada espacio necesita autonomía. En este sentido, algunas iniciativas que se generaron en el seno del Movimiento de la Diáspora Africana de la Argentina – actualmente presidido por Federico Pita – fueron pensadas y realizadas atendiendo puntualmente a esta necesidad. Los apoyaron con su trabajo, un buen número de académicos de distinta procedencia (aunque lamentablemente, la participación del Estado Nacional nunca se pudo articular). Iniciativas del mismo tipo se realizaron durante el año 2009 en el marco del Proyecto de Apoyo a la Población Afro-argentina y sus Organizaciones de Base, financiado por la Cooperación Española y dirigido por Miriam Gómes. De este espacio participó, de hecho, la mayoría de los integrantes del Movimiento de la Diáspora.
Tengo entendido que no son las únicas reuniones de este tipo organizadas por los distintos grupos, lo cual demuestra la lucidez del campo al momento de “diagnosticar” sus debilidades y enfrentarlas, si bien algunas de estas actividades variaron en su grado de divulgación, convocatoria y apertura, relativizando un poco esa lucidez.
Creo entonces oportuno señalar que del mismo modo que es peligroso homogeneizar a “los afro”, es igualmente peligroso homogeneizar a “los antropólogos”, que por otra parte no son las únicas personas que trabajan en este campo: hay historiadores, politólogos, abogados, musicólogos y sociólogos, entre otros. No obstante, entiendo que la antropología contemporánea dispone de una mirada específica y útil para comprender la complejidad del campo afro. En el caso particular de la Argentina , además, creo que es un error de interpretación decir que “no han hecho mucho”: creería que en los últimos años han participado mucho de actividades extra-académicas (además de académicas) en pro de la causa afro .
Por último, el problema del liderazgo, el cual considero central. Creo tener cierta experiencia en el trabajo con movimientos sociales (no sólo con los afro ni tampoco sólo en la Argentina ) para considerar cuál es el mejor lugar que pueden ocupar los intelectuales en distintas coyunturas. Aunque sea provocativo decirlo, no es responsabilidad de los intelectuales resolver los problemas de la población afro. En la medida de nuestras posibilidades, apoyo siempre hay. Para el caso específico del campo afro en la región, creo fehacientemente que los grupos tienen que estar liderados por afro-descendientes con el mayor grado de legitimidad posible. Argentina no es una sociedad post-racial, y pocos afro se han podido dedicar al trabajo intelectual en el sentido de poder garantizar su reproducción a partir de él.
Me agradaría vivir en una sociedad en la que el color de la piel no determine la condición social de las personas, pero en la medida en que no haya intelectuales afro ocupando posiciones de prestigio (y no sólo de poder), personalmente voy a seguir considerando que tenemos bastante por hacer. Acaso la última frontera de segregación mental que tengamos que quebrar es – precisamente – la que separa a los afro de los intelectuales, y consecuentemente que un afro se pueda imaginar a sí mismo como intelectual. Mientras tanto, seguiré tratando de aportar desde el Movimiento de la Diáspora Africana de la Argentina

martes, 9 de marzo de 2010

Activistas Afro en la Embajada (2)


Comentario de Nengumbi Celestin Sukama:
IARPIDI (Instituto Argentino para la Igualdad Diversidad e Integración)


Quisiera empenzar mi comentario agradeciendole a Nicolas por su artículo tan profundo en analisis respecto a la comunidad afro en Argentina y su argumentación respecto al evento celebrado en la Embajada de los EE.UU. en Argentina. Desde mi punto de vista, pienso y entiendo que la Embajada de los EE.UU. celebró el Mes Nacional de la Cultura Afro Americana como una fiesta de los Norte Americana y quisieron compartir esa experiencia con las comunidades afros fuera de los EE.UU.
Lamentablemente para ellos, en esta sociedad los afros no existen, tampoco tenían contactos con los antropólogos que lideran las investigaciones respecto a la lucha de los afros contra el racismo, la discriminación racial y la xenofobia en esta sociedad. Si bien es cierto que los antropólogos argentinos han investigado y escrito mucho al respecto, en término de apoyo concreto a favor de las victimas de prácticas racistas, no han hecho mucho (salvo Alejandro Frigerio) como sería el caso en Inglaterra, Estados Unidos o Canadá donde existen miles de organizaciones afro.
El gran compromiso que yo les pediría a los intelectuales, profesionales y académicos argentinos y no argentinos pero residentes en el país, y que cuentan con distintas posibilidades sería que hagan comprometer a los políticos argentinos y la ciudananía a combatir juntos con los afros el racismo, la discriminación racial y la xenofobia hacía los afrodescendientes en este país. Criticar por criticar no sirve de nada.
Me gustaría ver a Nicolas Fernandez Bravo liderando una ONG que desfíe el comportamiento racista de los gobiernos y funcionarios públicos en Argentina, pero también que desafie las prácticas racistas del sector privado en Argentina.

lunes, 8 de marzo de 2010

Activistas Afro en la Embajada

(foto: blog de Nengumbi Celestin Sukama)

Una tarde en la Embajada.
Sobre las paradojas del activismo afro en Buenos Aires.
Por Nicolás Fernández Bravo

El pasado 24 de Febrero, la representación diplomática de los Estados Unidos de América en la Argentina organizó una vez más la “celebración” del Mes de la Historia Negra (“Black History Month”). Se trata de una “celebración” cuyo origen en los Estados Unidos se encuentra íntimamente asociado a la figura del ex-Presidente Abraham Lincoln y su legado como abolicionista. Con el tiempo, la otra figura igualmente fundadora de la “celebración“, un ex - esclavo negro de nombre Frederick Douglas, quien logró trascender en la historia como liberto y activista político fue pasando a un segundo plano: como suele suceder con muchas figuras subalternas cuando la historia es contada desde el centro del imperio o sus sucursales. En su versión local, la celebración lleva el nombre de Mes de la Cultura Afro-Americana. Esta adaptación no está exenta de problemas. La primera vez que supe de la existencia de este rito fue hace unos años, por medio de una colega africana nacionalizada estadounidense y residente en Buenos Aires, quien me preguntó por qué los pocos afro argentinos participaban tan poco de esa celebración para pocos y bastante poco conocida. En ese momento no tuve ninguna respuesta.
Cuando el año pasado, en plena efervescencia Barackobamista, fui invitado por primera vez a “la Embajada” junto a un amplio abanico de personas (entre activistas, artistas, intelectuales, estudiantes y funcionarios de la administración pública), volví a considerar lo complejo que era pensar en la actualidad los límites del campo afro en Buenos Aires y sus alrededores. Sucede que los distintos referentes de este campo evitan activamente compartir espacios que en otras circunstancias los vincularían. A su vez, las iniciativas del Estado Nacional a través del INADI (buenas, malas: ¡iniciativas!) dan cuenta de lo ríspido que puede ser este ejercicio y lo caro que puede costar un “error”, cualquiera sea su naturaleza.

(foto: blog de Nengumbi Celestin Sukama)

En los últimos años, con la excepción de la mencionada celebración, un intento por vincular a distintos grupos y cuasi-grupos en el Centro Cultural de la Cooperación bajo la iniciativa de la Embajada de Sudáfrica, un cocktail realizado por la Embajada del Brasil ante la visita del grupo Ilé Ayê y el Congreso organizado por Marisa Pineau bajo el auspicio del programa "La Ruta del Esclavo" de la UNESCO, este campo prácticamente no se reunió bajo un mismo techo. Y ciertamente nunca por iniciativa propia. Esto se explica en buena medida por la proliferación de grupos, asociaciones, institutos, ONGs, movimientos y federaciones con vocación de mandar al menos en una baldosa de poder, y cuya legitimidad se encuentra siempre jaqueada por un desplazamiento frenético de activistas que emula el movimiento de jugadores de fútbol ante un libro de pases abierto todo el año. De esta lógica de facciones participamos activamente todos: no hay grupo que no cuente con su “asesor”, su “investigador”, su “artista” y su “líder”. Este problema es reconocido en privado y fue señalado públicamente por Miriam Gomes en el Congreso mencionado, si bien cargando las tintas exclusivamente sobre "los antropólogos". No obstante, a veces coexistimos.
Este escenario frágil reafirma que pese a las diferencias existentes (y precisamente debido a ellas), se puede dar cuenta de un mapa que se conoce muy bien y un campo en el que los jugadores saben perfectamente cómo desplazarse. Por supuesto, hay quienes no ven ningún tipo de conexión entre un comerciante de bijouterie senegalés, un artista afro argentino de sexta generación, un candombero rioplatense y un deportista hijo de caboverdianos. Y tienen algo razón. Esencialismos al margen, la conexión se puede construir o no: dependerá de las conveniencias que de ello se espere y de las desventajas que pueda traer aparejada (especialmente si esas desventajas son interpretadas como una porción de sombra en la baldosa que Preside ego). Pero es evidente que la experiencia de ser afro en la Argentina es mirada por una sociedad bastante ignorante que rotula a esta población diversa con mecanismos taxonómicos homogeneizantes, rígidos, esteriotipados y - claro está - muchas veces discriminatorios.
(Fidel Nadal con el anterior embajador de EEUU en el encuentro del año pasado - foto del site de la embajada)

Durante la celebración de este año en “la Embajada“, a varios nos llamó la atención la video-conferencia a cargo de una historiadora brasileña radicada en los Estados Unidos cuya referencia específica a la realidad Argentina estuvo virtualmente ausente. Tan sólo una cita pasajera a Reid Andrews - algo así como el common place de los estudiosos del tema - para luego pasar elegantemente por arriba a una abundante producción académica, la cual se ha incrementado en cantidad y sobre todo en calidad en los últimos años. Como bien lo señaló Marta Maffia, a la consabida “invisibilidad” de los afro argentinos, nos ha venido hermanando la invisibilidad de quienes trabajamos sobre temáticas afro desde la Argentina. Pareciera entonces que la adaptación local de la “celebración” (que del Mes de la Historia Negra pasó a ser de la Cultura Afroamericana) representa el vaciamiento de la historia y los intelectuales geográficamente posicionados, y la celebración de los ritos que esencializan la cultura despojándola de los conflictos particulares que involucran a sus protagonistas.
Por su parte, el grueso de la audiencia - compuesta mayormente por un público activo, con lecturas habitualmente muy lúcidas y críticas sobre la realidad local - se dedicó a agradecer amablemente y a solicitar consejos de un modo algo obsecuente a una académica cuya formación, evidentemente, poco tenía que ver con las problemáticas específicas que nos hermanan en la Argentina. Con la excepción del representante de uno de los grupos afro más combativos, al cual no se le otorgó la palabra, nadie pareció percatarse de lo evidente o no lo supo decir en público: las rencillas se pueden suspender si el escenario demanda un comportamiento educado (sobre todo antes de los sanguchitos), y se le puede solicitar advise a una académica que poco le podía decir al público presente. Y que de hecho, muy poco le dijo que no supiese ya.
Resulta entonces bastante inquietante que en un año en el que se celebrará el bicentenario de la Nación Argentina y en el que se incluirá una pregunta referida a la afro descendencia en la ficha del Censo Nacional de Población propuesta por el INDEC, el primer “encuentro” del campo afro sea promovido por y asistido en nada menos que la Embajada de los Estados Unidos de América. Si dejamos de lado la responsabilidad de la Embajada al momento de la convocatoria y la lucidez de quienes decidieron no asistir (hubo algunas notorias ausencias), este y otros encuentros ilustran que el campo afro se rige por un mapa cuya división continúa estando fuertemente marcada por la nacionalidad y los imaginarios nacionales: precisamente aquel argumento que pretendemos (¿pretendemos?) criticar como fuente de la clasificación racial moderna.
En una coyuntura histórica en la que distintos reclamos podrían, podrían, podrían, eventualmente confluir para generar pensamientos y acciones consistentes, con la participación directa de les damnês de la terre, capaz de influir en la realidad y en el sentido de las transformaciones... el campo afro sólo parece coincidir para asistir con algarabía a ciertas celebraciones en busca de un lugar en el palco de formatos nacionales administrados por un poder que, históricamente, los ha marginado de la historia. Es preocupante.
Habida cuenta de la posibilidad de coexistir (la "celebración" es una prueba actualizada) y del potencial que tiene el campo afro si se piensa como tal, quizás sea un momento adecuado para realizar una nueva convocatoria, ampliada y seria, en la que quienes se saben marginados de la historia puedan también estar a la altura de las transformaciones que reclaman, saliéndose del lugar ambiguo de la víctima-que-va-a-la-Embajada, para ocupar un lugar de prestigio en un “segundo momento” (tal como lo planteó un activista): el que le sigue a la protesta. No vaya a ser que la oportunidad histórica pase frente a nosotros y mientras criticamos el egoísmo del otro (que nunca es el propio), nos sigan invitando a las reuniones de la Alta Sociedad para que los afro sigan "haciendo de negros".
No me preocupa la falta de unidad, sino de estrategia.

Fotos 1 y 2: http://nengumbicelestin.blogspot.com/