jueves, 4 de marzo de 2010

.. y encima ahora viene el Mundial Sudafrica 2010..

(aviso en diario Clarín del 1 de marzo de 2010)
Volviendo al tema de las imágenes de Africa en los rituales nacionales, ¿qué decir de los rituales globales?
Sin duda que la cobertura del Mundial de Fútbol a realizarse en Sudafrica será una fuente inagotable de estereotipos y notas costumbristas y de color.
Como las imágenes atestiguan, ya comenzaron...
(tapa del suplemento Viajes del diario Clarín, del 27 de diciembre de 2009)

Relacionando las imágenes con la entrada anterior, yo me preocuparía cuando los grupos encargados de reivindicar un patrimonio y un grupo étnico-racial transmiten imágenes muy parecidas a las de los medios de comunicación de masas...

(aviso en diario Clarín del 3 de marzo de 2010)

miércoles, 3 de marzo de 2010

Imágenes de Africa en las Llamadas de Montevideo

El carnaval se constituye en un palco excelente para la creación, difusión y consolidación de narrativas dominantes de la nación, así como de imágenes de grupos étnicos y raciales (ver también el post de Berenice Corti, unas entradas más abajo….). Es una ocasión particularmente apta para ello ya que durante el mismo -al igual que en otros ritos- "las cosas son dichas con mayor vehemencia, con mayor coherencia y con mayor conciencia" (como afirma el reconocido antropólogo brasileño Roberto Da Matta).

En las comparsas lubolas que participan del desfile oficial de Llamadas en Montevideo, diría que se consolidaron, en los últimos años, los grupos de bailarines/as que bailan “afro” y cuyas ropas y maquillajes evocan, recrean y difunden imaginarios asociados con Africa. Me arriesgaría a afirmar también que están apareciendo nuevos personajes, como los “médicos brujos” –o similares- cuyo número, si no me equivoco en la apreciación, aumentó del año pasado para éste.

Mi impresión es que antes los “cuadros afros” –más evidentes en las presentaciones del Teatro de Verano- consistían en una apropiación local de danzas africanas basadas probablemente, en lo que se podía extraer de productos de la industria cultural (películas, series, etc.). Esto no es nuevo ni privativo de Montevideo. Algo parecido sucedió, años atrás, en la mismísima ciudad de Bahía. Una pionera de la danza afrobahiana moderna recordaba, en una entrevista, cómo se esforzaban hace dos décadas por aprender los movimientos de una famosa coreografía de la película “Un príncipe (africano) en Nueva York”. Por lo que pude apreciar hace algo más de dos décadas, estos eran esfuerzos principalmente de afrouruguay@s por apropiarse de un patrimonio cultural que consideraban si no propio, al menos cercano.

Lo que se ve actualmente en las Llamadas, por el contrario, dado el poco desarrollo de la “danza afro” en la otra orilla del Plata –comparado con Buenos Aires, donde ya hay varios grupos de buen nivel- son movimientos –realizados principalmente por blancos- que intentan transmitir alguna sensación de “primitivismo” o “tribalidad”.
De la misma manera, los vestuarios –con predominio de animal print y ahora pinturas corporales “selváticas”- remiten inevitablemente a un Africa salvaje y primitiva.
No es que uno espere que quienes vayan a salir en un grupo de carnaval hagan cursos de historia y cultura africana –aunque, en la era de internet, podrían informarse mejor con poco esfuerzo…


Como ya dije en otros posts, la mayor cantidad de bailarines que presentan las comparsas no fue en beneficio de la calidad del baile, sino todo lo contrario. Se ve una cantidad de gente que sale sin haber practicado lo suficiente –o sin haberlo hecho, punto. En todos los rubros de baile. No es sólo un tema de “raza”, claro, pero sin duda quien no lo aprendió desde pequeño ni lo practica regularmente durante el año no lo va a ejecutar lo suficientemente bien en algunas pruebas y un desfile. Para un observador externo que puede comparar con lo que sucedía hace unos veinte años, la situación preocupa, y sobre todo, la impunidad con la que cualquiera parece sentirse con el derecho de “salir” –y hacer lo que se le venga en mente, sin demasiado respeto por conocer el patrimonio cultural que se pretende ejecutar, representar y transmitir.

Volviendo al tema de la imagen de Africa, sí, en Africa hay leones, cebras, jirafas, pero ¿es esto todo lo que hay? Y principalmente, ¿qué tiene que ver esto con la cultura africana, y con el patrimonio cultural afro-americano? A nadie se le ocurriría que, para presentar cultura argentina, por ejemplo, haya que disfrazarse de tatú carreta, de tero o de carpincho.
Asimismo, dentro de los miles de grupos étnicos que hay en Africa, ¿hay que elegir siempre o principalmente los menos vestidos y que más responden a los estereotipos hollywoodianos (antiguos)?


En este sentido es muy instructivo comparar con las imágenes de Africa y las recreaciones de las ropas que se realizan en el carnaval bahiano (ver abajo). Aunque varían cada año, porque los blocos homenajea en cada oportunidad a una república o a un grupo étnico distinto, no hay una repetición incesante de clichés tribalistas, sino un intento de mostrar una Africa dignificada, culturalmente desarrollada, y no “salvaje” y “tribal” como suele ser vista desde los ojos blancos occidentales.
Hay que reconocer que las imágenes del Otro que se transmiten durante el carnaval –aún cuando se pretenda homenajearlo- continuan manteniendo estereotipos que luego afectarán su vida cotidiana. Hay que tener conciencia de que hay formas muy diferentes de denotar visualmente “africanidad” y que éstas tienen consecuencias sociales también distintas.
Las Llamadas se han profesionalizado en varios rubros -principalmente los que tienen que ver con su espectacularización-. Podrían también incluir como parte de su profesionalización una mayor atención por el baile y, sobre todo, una concientización acerca de la relevancia de las imágenes que se transmiten sobre grupos étnicos y raciales. No cuesta tanto.

Un príncipe (africano) en Nueva York...

Ilê Aiyê - Belezas Negras 2008


sábado, 27 de febrero de 2010

Sobre la naturaleza aromática de la Verdad


"La verdad es sólo una, pero suena mejor
cuando está bien perfumada"
(Mãe de santo paulista citada en la entrada anterior)
La frase de la mãe de santo enfatiza la naturaleza altamente sensorial de la experiencia religiosa afroamericana. Si, en un post anterior (ver abajo) resalté que para la Umbanda y otras variantes de la religión de los Orishás en América lo bueno debía también ser bello –ya que sus valoraciones éticas y estéticas estaban íntimamente correlacionadas- la cita nos recuerda que lo verdadero y bueno también debe oler bien. La omnipresencia de las flores en altares afroumbandistas no sólo se explican como una influencia del catolicismo popular -ni tampoco, como en éste, por su belleza visual- sino también por su aporte aromático al altar ritual. El perfume, como la palabra, la música, la danza y los distintos tipos materiales ofrendas materiales, también se convierte en ofrenda y en vehículo privilegiado de axé (fuerza espiritual).
En estas religiones los olores están íntimamente relacionados con los diferentes momentos de los rituales, con su naturaleza y la variante religiosa a la que pertenecen. Los distintos tipos de ebós (ofrendas) que prevalecen en cada una sin duda les brindan un marco olfativo distinto y específico. De la misma manera que cada ceremonia tiene su música, su danza, su vestimenta, su idioma particular, también tienen sus fragancias particulares.
No huele igual una sesión de umbanda, que un batuque o que una kimbanda con su fuerte predomino de olores desprendidos del tabaco y el alcohol. La naturaleza festiva –y frecuentemente callejera- de los espíritus que se hacen presentes sin duda es reforzada y recordada, aún de manera inconciente, por el marco aromático en que se desarrollan.

Claro que no todos los baños rituales de purificación de los médiums “huelen bien” –ya que de acuerdo a nuestros cánones occidentales no todas las hierbas o folhas utilizadas lo hacen. Pero siempre, parte de sus poderes curativos o mágicos está, sin duda, en su olor. Sin embargo, atentos a las preferencias olfativos de su audiencia, los perfumes que en las ceremonias públicas se comparten con el público siempre son agradables. Pensemos en la importancia y ubicuidad en los rituales del agua de cheiro brasilera, o de la colonia agua florida en la religión afrocubana. Quienes hayan asistido a la lavagem de Bonfim en Bahía saben que los jarrones de flores que llevan las bahianas tienen agua perfumada para lavar los escalones de la iglesia. Quienes hayan presenciado ceremonias de batuque en nuestro país habrán visto cómo los orixás femeninos –y principalmente Oxum- derraman perfume entre los asistentes al ritual.
Distintas formas de crear communitas, y de transmutar la naturaleza profana de este mundo en sagrada…

Fotos Fiesta de Iemanjá en Mar del Plata, de Babá José Luis de Iemanjá.

viernes, 26 de febrero de 2010

Sobre la naturaleza aromática de la Verdad (2): El perfume de los altares privados

Cuarto de Exú, templo Babá Walter de Oxalá

Comentario del Babá Milton de Xangó, Òséfúnmi ti Bàáyin


Pienso que las flores en los rituales más africanistas tienen mucho más afinidad con el altar católico como epítome de altar. En estas religiones de orisha en la que los altares permanecen ocultos al público -y aún a muchos participantes que no han accedido a ese privilegio de ver, oir y sentir directamente los sacra afroamericanos- el olor que impera no es de flores ni de perfumes en el sentido occidental. Esos son los perfumes públicos, los que se exhiben, los que de alguna manera igualan quitándoles el mote de exóticos y raros que tienen estos cultos. El perfume de los altares privados -los asentamientos del pèji- son diferentes y resultan de una mezcla de hierbas, aceite de palma, miel y sangre de los sacrificios. Cuando uno se acostumbra a este persistente olor de los cuartos de orisha, se da cuenta que la sacralidad no pasa por lo bello o agradable sino por la búsqueda de la reproducción de aquel olor que se le indicó como el característico de un mundo en constante destrucción y reconstrucción. Creo que de eso se trata, de un ritmo vital en el que las cosas no pasan por ser bellas o no sino de que sigan siendo y se reproduzcan constantemente...
Claro que en el acto público que por cierto es una mostración en el sentido más amplio, se busca el impacto de la belleza y la seducción tal como se entienden en Occidente y sin escatimar medios. Ya después los seducidos pasarán inexorablemente por la boca del embudo y entenderán el sentido oculto de los símbolos. O no...

jueves, 25 de febrero de 2010

Umbanda en La Nación - Suplemento de Turismo...

Ya en oportunidad de una nota sobre la fiesta de Iemanjá -no recuerdo si se refería a Bahía o Montevideo, está en este blog- señalé que llamaba la atención por qué era noticia esa celebración en el extranjero mientras se ignoraban los miles de devotos que hacían lo propio en las costas del Gran Buenos Aires.
Ahora veo, de nuevo con sorpresa, que en el suplemento de turismo de La Nación del domingo pasado una nota detalla una ceremonia umbandista en São Paulo.
Todo lo que se describe con cierta extrañeza, claro, puede ser visto en las miles de sesiones de umbanda que se realizan regularmente en la Capital, el Gran Buenos Aires, o en numerosas ciudades del interior. Imitando involuntariamente a sus amigos paulistas que nunca fueron a una ceremonia, el cronista parece ignorar que tampoco tenía que ir hasta Higienópolis para ser partícipe de esta forma de comunicarse con lo sagrado. Con tomarse un humilde ómnibus local bastaba...
En fin, como todos ya sabemos, el destino de la Umbanda argentina en los medios argentinos parece ser las paginas policiales o la invisibilidad....


Suplemento de Turismo, La Nación del 21 de febrero de 2010
Pasajeros frecuentes / Un bloc de notas en tránsito
San Pablo, como para no perder la fe

por Daniel Flores

La verdad es sólo una, pero suena mejor cuando está bien perfumada fueron las únicas palabras de la mai que entendí mientras me rociaba y frotaba con algo así como agua bendita en un templo umbanda de San Pablo. El resto me lo perdí, según recuento ahora, por mi escaso manejo del portugués, por el ruido ambiente y por una pregunta que no me permitía atender a otra cosa: ¿quién me mandaba a un rito umbanda en medio de las vacaciones?
En fin, a nadie debe resultarle fácil su debut en el umbandismo blanco (la línea de esta religión brasileña que no practica sacrificios animales) ni su primer pase o limpieza exprés. En este caso, más que la agradable fragancia, lo que sentí durante el service espiritual fue... mi propio nerviosismo. Racional, devotamente escéptico, si en algo tengo fe es el pánico escénico que suelo experimentar en variadas circunstancias. Esta, sin duda, se acomodaba súbitamente bien arriba en el ranking de escenarios traumáticos.
El baño de perfume era sólo la culminación de una gira o ceremonia de una hora entre más de cien devotos umbanda muy producidos (géneros blancos y colorados, bijou de caracoles) y otros tantos espectadores , ambos bandos mayoritariamente blancos, en lo que desde afuera parecía una casa más del barrio de Higienópolis.
Al llegar al lugar, por una ventanita me había recibido (y analizado de arriba abajo) un umbandista talle XXL. Entré y comencé a evaluar la posibilidad de que un desconocido, con mirada inquisidora, se me acercara y me acusara públicamente de no tener motivos serios para estar allí y, peor que peor, de traer una energía negativa . Me preocupó también hacer algo fuera de código para la situación. ¿Estaría bien sonreír o sería irrespetuoso? ¿Cruzar los brazos se vería como inequívoca señal de rechazo? ¿Extenderlos a los costados del cuerpo se tomaría como la prueba definitoria de un burdo engaño? En fin, las típicas dudas de quien teme ser desenmascarado en cualquier minuto.
La gira comenzó al correrse el telón (no sin conciencia del espectáculo) que separaba a los umbandas pro del público . Entonces los primeros empezaron a corear unos estribillos muy repetitivos y fueron arrancando unos tambores en manos de los que parecían ser líderes del asunto, más próximos a una suerte de altar. Y todos bailaban cada vez más mientras tres o cuatro entraban en trance.
No sólo entraron en trance los pais, sino que los siguió también un sujeto cerca mío (todos estábamos cerca de todos), de pelo rubio, largo y enrulado, petizo y regordete, con rasgos de cierta femineidad. Un tipo particular, que se largó a bailar como loco sin que nadie pudiera pararlo. Salvo dos umbandistas probablemente aficionados también a algún tipo de arte marcial, que lo rodearon para que no pateara a nadie y lo fueron calmando, como se detiene una rueda de camión suelta que gira sobre sí misma. Inmovilizado, el hombre comenzó a llorar como un niño umbanda.
A solas con la mai, no podía dejar de temer que ella percibiera mi (al menos en términos umbanda) mala onda , y hasta me sorprendiera con un reclamo por haber mentido por figuritas en la escuela primaria, 25 años atrás... Nada de eso sucedió. Aunque sí es cierto que en otros pases vi mais y pais mucho más efusivos y alegres que la mía. Todo bien, no necesitaba más.
Salí aliviado, sin saber si adjudicárselo a la limpieza espiritual o al simple hecho de volver a respirar aire fresco, y esperé en la vereda que me recogieran unos amigos paulistas que jamás fueron a una gira y que no les interesa el tema en lo más mínimo. Nos fuimos a la que, dicen, es la mejor trattoria de San Pablo: Jardim Di Napoli. Comimos pastas como poseídos por espíritus de marineros genoveses mientras contaba en la mesa lo que acababa de presenciar. "Estos turistas...", mascullaban los paulistas negando con la cabeza sin descuidar un segundo los platazos de fideos, como si nadie fuera profeta umbanda en su tierra.