lunes, 22 de junio de 2009

"Ordenando" el espacio público

Continúan los abusos en contra de vendedores ambulantes africanos y otros migrantes
Por COPADI -Colectivo para la Diversidad


La política del Gobierno de Macri sobre el espacio público, de prohibir las actividades callejeras de mera subsistencia como la venta ambulante y la prostitución, tiene como resultado que diariamente la policía, la fiscalía y la justicia de faltas de la ciudad controlan, identifican, requisan y detienen casi exclusivamente a personas migrantes latinoamericanas o africanas, o argentinas pobres, equiparables a estos grupos.
Contra esta política racista algunos vendedores ambulantes senegaleses presentaron en enero de este año un hábeas corpus, denunciando las humillaciones, arrestos, detenciones, procesamientos, “extravío” de documentación, secuestro de pertenencias, intimidación, uso abusivo de la fuerza, violación sistemática del derecho de defensa y de circulación que sufren en manos de la policía, la fiscalía y los órganos de control administrativo del Gobierno de la Ciudad.
El 10 de Junio se llevó a cabo ante el Tribunal Superior de la Ciudad una audiencia pública, en la que los vendedores presentaron su caso por primera vez en su idioma ante los jueces de la Ciudad. Allí, frente a 120 personas entre quienes se encontraban representantes del INADI, la Defensoría del Pueblo, el CELS, la Asociación de residentes Senegaleses, y otras organizaciones de derechos humanos, El Fiscal Luis Cevasco admitió que las actas contravencionales por artículo 83 constituyen aproximadamente el 60 % del trabajo del Ministerio Público de la Ciudad, y que salvo excepciones, estas actas se labran “en contra de personas excluidas”, y que “menos del 1 % de estas actas llega a audiencia”.
Las personas excluidas a las que se refirió Cevasco no eligen su actividad, la realizan porque se trata de las únicas alternativas que tienen para subsistir, ante la total falta de acceso al apoyo estatal y social. En estos casos la Constitución es tan clara que ni siquiera puede prohibirse robar si está en juego la subsistencia de una persona o su familia, es el caso del hurto famélico.
Sin embargo, desde enero han sido incesantes los reclamos recibidos en diversas organizaciones no gubernamentales y organismos publicos en contra de la policía y la fiscalía por abusos, detenciones arbitrarias, y actas contravencionales truchas, donde las afectadas denuncian además un trato diferencial: los procedimientos están dirigidos específicamente a personas negras o migrantes latinoamericanas, y no a otras personas que se encontraban realizando en la calle actividades comerciales manifiestamente prohibidas debido al gran porte de los puestos.
Lo que el código contravencional y el código de faltas prohiben es el lucro privado con un bien público, cuando una persona o una empresa montan un negocio usurpando el espacio público sin permiso y sin pagar por ello. Una persona que vende medias o baratijas o chancletas en un espacio apenas superior a un par de baldosas evidentemente no está haciendo un negocio. Sin embargo, la policía, la fiscalía y la justicia de faltas utilizan estas leyes para justificar su acoso a las personas pobres que sobreviven sólo de actividades en la calle. El año pasado el fiscal general de la Ciudad derogó una norma que ordenaba a los fiscales contratar un traductor para el caso de actas contra personas que no hablan español, y aprobó otra que ordena a la policía intervenir en caso de sospechar que puede estar por cometerse una contravención. En otras palabras, dio a la policía, la fiscalía y la justicia de faltas vía libre para actuar en base a criterios racistas, que están implícitos en las políticas, cosa que puede verse por su resultado.
Según las propias estadísticas del ministerio público para 2007, del total de personas imputadas en la Ciudad por contravención del art. 83, el 40 % son migrantes de América latina (especialmente Perú, Paraguay y Bolivia) y África (especialmente de Senegal), contra un 37 % de personas argentinas. El 100 % de las actas contravencionales labradas contra personas de Senegal son por art. 83[1]. Durante 2007 se imputó a 19 personas Senegalesas. Por el mismo artículo, mismo año, misma fuente, se imputó al 64% de las personas bolivianas acusadas de contraventoras, al 62% de las contraventoras chilenas, al 75% de las paraguayas, y al 61 % de las peruanas. De acuerdo a la misma fuente y por el mismo año, las personas dominicanas imputadas por el sistema contravencional lo son en un 100 % por el artículo 81 (oferta de sexo en la vía pública). Esta es la única comunidad imputada en más del 50% por dicho artículo.
Asimismo, es destacable que la mayor parte de los casos de art 83 -y 81- ingresan por acta, lo que indica intervención policial. Sin embargo, como dijimos, estos casos no evolucionan hasta el juicio. ¿Que pasa con ellos? se archivan, o bien pasan a faltas, por art 4.1.2 u otro (aunque en 2007 sólo hubo 7 faltas por este artículo según el MPF). El hecho que haya un gran grupo de personas migrantes pobres y de grupos vulnerables que tienen que interactuar con la policía cotidianamente indica un uso excesivo de la fuerza contrario a principios constitucionales que el Ministerio público y la policía deben respetar
Además, el Fiscal Cevasco admitió públicamente que no tienen desde el Ministerio público ningún control sobre las actividades policiales. Que la policía no informa a la fiscalía antes de labrar actas contravencionales y que las envían incluso días después de haber realizado los procedimientos. El Plan nacional contra la Discriminación, junto con diversos instrumentos de Derechos Humanos que forman parte de nuestras leyes, reconocen que las personas migrantes latinoamericanas, africanas, o las argentinas pobres son especialmente vulnerables a la violencia policial y al racismo institucional. Sostener prácticas que exponen cotidianamente a estos grupos vulnerables directamente a las instituciones que las violentan, como la aplicación del código contravencional y de faltas que hacen la policía, la fiscalía y el gobierno, es un hecho tan aberrante como haber dejado en libertad al cura grassi.
En este caso es nuevamente la Justicia, el tribunal Superior de la Ciudad, quien antes de mediados de Julio tiene la oportunidad de condenar las prácticas racistas, contribuyendo a erradicar su impunidad y revocando los privilegios de la fiscalía, la policía y el gobierno. Desde que se realizó la audiencia recibimos información sobre por lo menos cuatro intervenciones policiales que afectan a unas 20 personas africanas, en diferentes zonas de la ciudad. Además, recibimos denuncias de acoso policial a personas bolivianas, paraguayas y argentinas que viven del dinero que pueden juntar de actividades lícitas en la vía pública.

sábado, 20 de junio de 2009

Dossier Africa en Ñ

Dejando las bromas de lado, está muy interesante el dossier sobre Africa que aparece en la revista Ñ de hoy. Digo esto sin haber leído todas las notas, pero ya el hecho de que un suplemento cultural de esta relevancia le dedique una tapa, algo más de veinte páginas y encima incluya una nota sobre los estudios sobre afroargentinos es algo que no hubiéramos creído hasta verlo. No hay nada sobre cultura tradicional o popular (leer ambas palabras con comillas) pero de todas maneras hay suficiente información histórica, política y social. Aunque algunas de las notas se consiguen online, por dos pesos que sale la revista, ni dudarlo...
Seguro que los especialistas en Africa -o cualquier lector- tendrán sus propias opiniones al respecto, asique como siempre, sus apreciaciones serán bienvenidas.
La dirección de las que se pueden leer (y comentar) online, abajo. Además, incluyo la nota sobre los estudios afroargentinos.

"Sueño blanco, pesadilla negra"
http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/06/20/_-01942347.htm

"Las plagas de un continente"
http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/06/20/_-01942341.htm

"Africa en la literatura mundial"
http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/06/20/_-01941804.htm

"Un festival en tierras extrañas" (teatro sudafricano en Buenos Aires)
http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/06/20/_-01942332.htm

Estudios afroargentinos en Ñ


A la sombra de la historia oficial
En los últimos 25 años, una nueva generación de académicos empujados por las comunidades de afrodescendientes logró redescubrir la Argentina negra y mestiza que había sido invisibilizada en el pasado por la ilusión de un país blanco y europeo.
Por: Guido Carelli Lynch

En las celebraciones escolares del 25 de mayo siempre hay un negro o un mulato que sostiene alegremente una cesta de empanadas en la cabeza. Luego de pintarse con carbón, los chicos se olvidan para siempre. ¿Por qué? Porque Africa siempre tuvo mala prensa, también en la Argentina.
Es extraño, en apariencia, que se olvide ese detalle como tantos otros recuerdos de la infancia y es difícil conciliar ese personaje secundario del acto (porque no to­dos pueden ser Saavedra, French o Beruti) con toda la desinformación institucionalizada a la que se so­mete a los chicos desde hace más de un siglo en las clases de histo­ria. El olvido, pensándolo bien, tal vez no sea del todo inexplicable.
"Hay tres errores que siempre saltan cuando se habla sobre los negros en el país. Ni eran pocos, ni los tratábamos bien ni fueron libres a partir de 1813 como se cree", explica Marta Goldberg, la única argentina en integrar el Comité Científico Internacional de la Ruta del esclavo de la Unesco y una de las primeras historiadoras en sincerar la significativa presen­cia de los negros en el país.
Si la Asamblea de 1813 hubiera declarado la libertad de los escla­vos (que se hizo efectiva en 1861) y no la libertad de vientres, como efectivamente sancionó, el mismí­simo Rosas no habría declarado en 1825 entre sus bienes muebles a los 33 esclavos que tenía repartidos en dos estancias. Algo normal para la época, cuando llegaban al puerto "toneladas de negros", a los que se bautizaba y daba el apellido de su dueño. Miles de los 11 millones de africanos vendidos como esclavos que llegaron a América eran en 1810 un tercio de la población por­teña y el 60% de la catamarqueña, según consta en los registros pa­rroquiales que Goldberg encontró hace casi cuatro décadas, cuando la academia negaba la existencia de los negros, aún a pesar de los actos escolares.
Sin embargo, hasta 1970 nun­ca había habido negros en la Ar­gentina. ¿Por qué? "Por culpa de dos ideologías surgidas en el siglo XIX –la del blanqueamiento, y la del marxismo– que hicieron que los estudios sobre los negros en la Argentina no se desarrollaran hasta los años 90", contesta el pro­fesor de la Universidad de Prince­ton George Reid Andrews. Para el autor de Los Afroargentinos de Buenos Aires, el poderoso com­promiso de la sociedad argentina con el concepto de un país blanco y europeo volvió muy difícil que los intelectuales argentinos pudie­ran reconocer y aceptar la dimen­sión negra de su historia, cultura y sociedad. El enfoque marxista y estructuralista teorizaba sobre las clases sociales y relegaba a un se­gundo plano raza, etnia y género.
Los textos clásicos de Ricardo Rodríguez Molas (Pardos y Mo­renos en el año 80), Elena Studer (La trata de negros en el Río de la Plata) y la propia Goldberg, entre otros, facilitaron la historia vieja de los negros en el país, pero en los últimos 20 años ciencias menos rígidas y desprejuiciadas logra­ron abrir un nuevo horizonte en la materia. "La historia oral, la an­tropología biológica, la estadística y la musicología han demostrado que una parte considerable de la población argentina se reconoce como descendiente de los negros esclavizados hasta 1861 y man­tienen buena parte de su cultura vigente", sentencia el antropólogo Pablo Cirio, antes de advertir que el que quiera estudiar la cultura viva del afroporteño tiene que ir al cinturón del conurbano. Sin embargo, en la actualidad, la mayoría de los investigadores ar­gentinos todavía coincide en iden­tificar la ilusión forzada de una sociedad blanca y europea, de una París porteña, como el cepo que invisibilizó la suerte de los afrodes­cendientes en Argentina, de aque­llos que sobrevivieron mestizos a las guerras de la Independencia, del Paraguay y a las epidemias de viruela y fiebre amarilla.
Para Alejandro Frigerio, uno de los investigadores que más ayudó a repensar la presencia y contri­buciones de la cultura africana en Argentina, existe "una narrativa dominante de la nación" que for­zó e invisibilizó la presencia y las contribuciones étnicas y raciales de los africanos en América.
Tres clases de enfoques son los que para Frigerio rigieron desde siempre la forma de encarar los estudios sobre el tema. El prime­ro, preocupado por los estudios históricos sobre los esclavos y ne­gros libres en la colonia, otro sobre la relación que hoy los países afri­canos mantienen con la Argentina y, el último y más revolucionario, sobre la situación actual de las comunidades de afrodescendien­tes en el país. Las tres áreas, no obstante, están de alguna manera vinculadas, ya que la mentada revi­sibilización se debe en gran medi­da a Miriam Gómes, directora de la Sociedad de Socorros Mutuos y Unión Caboverdiana de Dock Sud y una de los afrodescendien­tes militantes que más ha luchado por devolver a los negros a la his­toria pasada y presente. Hija de los caboverdianos libres que vinieron para trabajar en el puerto, Gómes destaca cada vez que puede que hoy el 5% de la población argenti­na es afrodescendiente. "Muchos siguen diciendo que no existimos. Parte de la academia, también aquella supuestamente más abier­ta, la revisionista, sigue negándo­nos. Felipe Pigna, por ejemplo, ha dicho que ni por asomo somos 2 millones, cuando un estudio del INDEC y de la Universidad Tres de Febrero muestra lo contrario", remarca. Gracias a su trabajo, el del Inadi y el de la Universidad 3 de Febrero, entre otras entidades, el censo 2010 incluirá preguntas sobre ascendencia africana. "Ha­ce 25 años no había mucha lite­ratura al respecto, pero ahora hay una nueva generación que está produciendo y que creció con no­sotros", dice Gómes. Cirio, Marta Maffia y la historiadora Florencia Guzmán son sólo algunos de los profesionales que trabajan codo a codo con las comunidades de afrodescendientes. Esa irrupción, de la que también forma parte Di­na Picotti, sirvió para recuperar la obra de antiguos investigadores. En ese contexto se publicó un texto póstumo de Néstor Ortiz Oderigo, el Diccionario de Africanismos en el castellano del Río de la Plata, y entre las palabras que reúne sobre­salen dos vocablos bien argentinos y originarios de voces y de ritmos africanos: el tango y la milonga. Una estocada para cualquier com­padrito nacionalista .
Desde el principio, desde la os­curidad de las sombras, la cultura negra impregna la más intangi­ble e inventada argentinidad. "La pregunta no es por qué no se los ve, sino por qué no podemos verlos ", larga –sugerente– Cirio, uno de los especialistas más interioriza­dos con el devenir del candombe en Argentina. "Todo antecedente de cultura extraeuropea ha sido negado para construir una iden­tidad nacional. Siempre se habla en tiempo pasado, siempre (los negros) son extranjeros, siempre el candombe es uruguayo", aporta Cirio, para quien los negros co­menzaron a preservar su cultura dentro de su casa como estrategia, pero terminaron –sin querer– por hacerle el juego al discurso blanco que los negaba.
La realidad hoy es otra y Los es­tudios afroamericanos y africanos en Argentina (Clacso, 2008) es tal vez uno de los textos más actuales y mejor logrados para pensar có­mo se enseña y se asume Africa y su diáspora en América Latina. La edición compilada por Gladys Lechini reúne además a varios de los nuevos académicos que Gómes celebra. "Los europeos abordaron los estudios sobre Africa de la mis­ma manera que los estudios sobre América, desde una concepción eurocéntrica. Esa visión perma­nece muchas veces en los trabajos de los académicos del propio sur", explica Lechini desde Rosario al tiempo que avizora que La Historia de Africa de la Unesco comen­zará a saldar esa deuda.
El programa de Estudios Afri­canos, desde el que Juan Vagni estudia la inaccesible África mu­sulmana, y que Diego Buffa y María Becerra coordinan desde la Universidad Nacional de Córdoba, es otra de las puntas de lanza de la nueva perspectiva que ilumina desde el interior la Argentina ne­gra y mestiza.
Las polémicas y las visiones encontradas también son mone­da corriente dentro de la africa­nística nacional contemporánea. Así, Goldberg cuestiona la falta de rigurosidad académica de algunos estudios y Gómes se queja de las diferencias políticas que separan a algunas de las comunidades de afrodescendientes del tronco co­lonial con la de descendientes de africanos libres. "Yo soy víctima del racismo como cualquier otro negro que ande por el país, por­que para el que oprime y margina no hay diferencias: el sistema nos somete por la intensidad de la me­lanina", dice Gómes sobre algunas de las disputas teóricas que escon­den pujas por subsidios económi­cos y reparaciones históricas.
Sin embargo, precisar cuánto falta para que todo ese flujo de nuevos conocimientos, la ma­yoría de las veces financiado por el Estado, se incorpore a la ense­ñanza primaria y media y de ahí al imaginario colectivo, es difícil saberlo. Pero además de los afro­descendientes están los otros, tan­tos más, los demás argentinos que mamaron, aun a pesar de ellos, la cultura mestiza. Primero, sin em­bargo, cabe sincerarse y responder: ¿usted los ve?

Fuente: http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/06/20/_-01942331.htm

Ignorado, olvidado o perdido?

Después de las palabras -digamos- amables respecto del dossier Africa, no puedo sino señalar el hecho de que los editores del diario Clarín no logran ponerse de acuerdo respecto del adjetivo adecuado para acompañar a "continente" (africano): luego del poco feliz "perdido" de la primera propaganda, vino el aparentemente definitivo "ignorado" de la tapa de la revista. La portada del diario de hoy, sin embargo, elige "olvidado". ¿En qué quedamos? ¿Qué tal "menospreciado"?

viernes, 19 de junio de 2009

María, African style

Aunque en realidad no es tanto “al estilo africano” sino más bien “al estilo holandés”. Las telas que se ven en las fotos, en las tiendas del barrio africano de París y en los cuerpos de las miles de africanas que en esa ciudad –y en gran parte de Africa occidental y central- se visten a la manera “tradicional” provienen de una compañía holandesa.
La firma Vlisco, fundada en 1846, se transformó en la gran proveedora de telas para vastas regiones de Africa que, pese a contar con ricas y antiguas tradiciones propias de producción textil, aprecian sus variados colores y diseños y, sobre todo, su resistencia. Las telas pueden durar hasta 15 años, y esto las convierte, pese a su precio, en las favoritas. Como el dólar por estos lares, en tiempos de crisis las telas se pueden convertir en una buena inversión ya que se sabe que mantienen su precio.

Durante el siglo XIX, técnicos de la compañía aprendieron tan bien la técnica del batik utilizada en Indonesia y Java, por entonces colonias holandesas, que primero coparon el mercado de origen, y luego el de grandes zonas de Africa a las que arribaban los barcos holandeses.

Curiosamente, ninguno de los diseñadores que actualmente posee Vlisco es africano. Parte del atractivo de las telas parece ser su constante novedad; cada año se producen 150 nuevos diseños, con innovaciones trimestrales. Pero en un interesante ejemplo de resignificación (o de apropiación), los motivos más populares pronto adquieren nombres propios otorgados por las vendedoras africanas locales. De esta manera, una tela con ojos humanos puede llamarse “los ojos de mi rival” o una con un cuarto “ven a mi dormitorio con tus sandalias”.
En los últimos años telas de origen chino, más baratas pero supuestamente menos resistentes, comenzaron a pelearle el mercado a las holandesas.

Supongo que las telas con la imagen de la Virgen tendrán el mismo origen que las otras. No eran muy comunes, sólo las ví en un local, y creo que era el único atendido por una mujer africana –las otras tiendas, como dije, tenían mayormente dueños de origen árabe. Ya el año pasado me habían llamado la atención estas telas porque las había visto por la calle, utilizadas por un grupo de mujeres vestidas muy a la manera “tradicional africana” pero con estos motivos religiosos católicos.

Probablemente esta modalidad sea un reflejo de otra costumbre africana, arraigada más en el continente, que es la de utilizar y regalar telas que además de los diseños coloridos, traen fotos de presidentes, políticos o jefes locales.

Catálogo de telas de VLISCO: http://www.vlisco.com/collectionoverview?Type=New
Imágenes de telas con presidentes: http://www.adireafricantextiles.com/Pagne.htm

jueves, 18 de junio de 2009

Paris, Africa

En la parte norte de París, pasando el Gare du Nord, en el 18eme arrondissement, está la estación Chateau Rouge –una de las últimas de la línea 4 del metro. Los fines de semana, y quizás durante otros días, no sé, el Boulevard Barbés, al que se sale desde la estación, sirve de paseo de compras para los miles de inmigrantes africanos que viven en los suburbios de la ciudad. Una especie de Once pero racialmente uniforme. Los únicos blancos que hay pasan rápidamente pedaleando por la bicisenda que ocupa una parte de la vereda.

(doble click en las imágenes para agrandarlas)

Para el lado oeste de esta avenida, comienza la colina que sube a la basílica de Sacre Coeur de Montmartre. Para el lado este, hay una serie de callecitas (rue des Poissoniers; Richomme; Myrha) llenas de negocios que venden productos africanos más tradicionales. Comidas, especias, telas para vestidos, varias peluquerías.
También hay lugares de venta de cassetes musicales, videocasetes o –recién este año- dvds de música africana de distinto tipo –incluso evangélica. Se puede apreciar una mezquita –que parece algo pobre para esta parte tan urbanizada- e innumerables tiendas que venden el Corán, ropa musulmana y libros, cassetes y dvds con conferencias de líderes religiosos.

En algunos puestos callejeros, mujeres africanas venden vinchas con las palabras Gucci, o Dior, escritas en letras formadas por pequeños brillantes –el estilo se vuelve algo literal y concreto. Para compensar, varias de las tiendas de telas "africanas" –aunque fabricadas e impresas en Holanda- están en manos de inmigrantes de origen árabe.

Las fotos, que intentaron ser discretas y no enfocar demasiado en la gente, no le hacen justicia al barrio.

miércoles, 17 de junio de 2009

Vamos mejorando....


De "continente perdido" a "continente ignorado".... vamos encontrando, si no el continente, al menos el rumbo......
Fuente: Clarín de hoy.