miércoles, 4 de febrero de 2009

Los migrantes africanos y la policìa argentina

Diario Critica -Sociedad - Lunes 2 de febrero de 2009
La comunidad de refugiados senegaleses denuncia acoso policial y judicial
Los negros venden oro y cobran bollos
Venden bijouterie y ganan 1.000 pesos al mes. Dicen que tienen miedo de trabajar porque son golpeados. Ya presentaron un hábeas corpus que no fue atendido. El 98,5% de los procedimientos policiales no llegan a juicio porque son desestimados.

S.quien por seguridad no puede decir su nombre, es refugiado senegalés y para subsistir vende bijouterie. O intenta venderla: en el último tiempo, el acoso policial se endureció al punto de no sólo impedirle la venta, sino de detenerlo y secuestrarle la mercadería. Junto con otros compañeros, acaba de presentar un hábeas corpus en el que denunció que en la última ocasión, la policía, en vez de pedirle uno o dos relojes como suele hacer, lo quiso echar con un “acá no recibimos nada de los negros”. S. se resistió porque sabía que lo que estaba haciendo no era delito y la consecuencia fue inevitable: lo detuvieron, le secuestraron la mercadería y hasta le hicieron “desaparecer” el pasaporte.
Lo de S. es sólo un ejemplo de lo que regularmente padecen los aproximadamente 300 refugiados senegaleses que sobreviven en la ciudad de Buenos Aires y que no ganan más de $1.000 pesos al mes. Sin embargo, la justicia contravencional porteña desestimó el hábeas corpus e hizo una mínima referencia a la discriminación racial, algo que la Cámara, que también rechazó el recurso, ni siquiera tuvo en cuenta. “La discriminación está en toda la estructura judicial y administrativa porteña –señala Luciana Sánchez, presidenta del Colectivo para la Diversidad (Copadi), asociación civil que acompañó la presentación judicial–. La policía es la que ejerce la violencia, pero es el último eslabón en esta política de ‘blanqueamiento’ del Gobierno de la Ciudad.”
Según explica Sánchez, la policía invoca el artículo 83 del Código Contravencional para accionar contra los vendedores ambulantes, especialmente inmigrantes. Este artículo establece que están sancionadas las actividades lucrativas no autorizadas en el espacio público. Pero también aclara que “no constituye contravención la venta ambulatoria en la vía pública o en transportes públicos de baratijas o artículos similares, artesanías y, en general, la venta de mera subsistencia”.
Cuando la policía ve a una persona infringiendo este artículo, primero debe dar aviso al fiscal para que éste autorice el procedimiento. “Y ahí empieza el problema: cuando el policía le dice que va a ‘proceder’ con un migrante con documento precario (‘la precaria’ es el documento provisorio de los refugiados) que está vendiendo en la vía pública, a pesar de que es obvio que vende para su subsistencia, el fiscal dice ‘proceda’ y ahí empieza el calvario para estas personas, que en la mayoría de los casos no saben español, que pierden la mercadería que necesitan para comer y que entran en un laberinto judicial. Por eso los fiscales son los que tienen el poder de frenar esta persecución racial y hoy están haciendo todo lo contrario”, dice Sánchez.
El poder fiscal. Germán Garavano es el actual fiscal general de la Ciudad de Buenos Aires. Crítica de la Argentina intentó comunicarse con él pero estaba de licencia. Sin embargo, antes de asumir en su cargo, el CELS le presentó un pliego de preguntas y una de ellas inquiría: “¿Cuál es la política que va a seguir la Fiscalía General respecto de la venta ambulante? ¿Con qué criterio se va a distinguir la venta prohibida de aquella de mera subsistencia, no penada?”. “Ninguna, porque la venta ambulante es una actividad lícita dentro del marco regulatorio fijado por las normas de la ciudad”, fue la respuesta de Garavano.
Lamentablemente, las mismas estadísticas del Ministerio Público Fiscal contradicen sus palabras. “Son números que ponen en evidencia que la persecución de la venta ambulante es parte de una política de acoso racial”, denuncia Malena Derdoy, también miembro de Copadi. Del total de personas imputadas en la ciudad por contravención del artículo 83 durante 2007, el 40% son migrantes de América Latina y África (especialmente, de Senegal), contra un 37% de personas argentinas. Esto es: a una de cada 188 personas migrantes se le labró un acta contravencional, mientras que sólo a una de cada 1.670 personas nacidas en la Argentina le sucedió lo mismo.
Los números se vuelven más crudos cuando se descubre que sobre un total de 3.985 actas contravencionales labradas en 2007 por el artículo 83, sólo un 1,5% (60 casos, aproximadamente) llegaron a audiencia. Esto significa que el 98,5% de los procedimientos policiales autorizados por la fiscalía –con el trauma que eso conlleva para la persona acusada– son desestimados por la Justicia. “Es decir, nunca tendrían que haber existido”, refuerza Derdoy.
“A la persecución policial y fiscal y la discriminación social se les suma la indiferencia institucional, al punto que el órgano que debería asistir a estas personas, la Defensoría Contravencional, ni siquiera tiene un traductor. Imaginate que, además de ser refugiados, el 100% de los senegaleses es parado e interrogado por la policía. Si eso no es discriminación racial, ¿qué es?”, concluye Sánchez.

“Un negro no puede compartir oficina con un blanco”
Nengumbi Celestin Sukama vino en 1995 desde el Congo como refugiado político. Actualmente es ciudadano argentino pero nunca logró insertarse laboralmente. Es licenciado en administración de empresas, habla inglés, francés y español, hizo media docena de cursos de capacitación y está casado con una argentina. Pero Celestin, además, es negro. “La cultura que prevalece en la Argentina no permite que un negro comparta la oficina con un blanco y nacional. Por algo existe el dicho ‘el negro rinde mejor usando las manos y no la cabeza’”, dice Celestin, coordinador del Instituto Argentino para la Igualdad, Diversidad e Integración (Iarpidi) y miembro del foro afro del INADI.
“El refugiado llega traumatizado a un país extraño y se da cuenta de que a todo lo que vivió se le suman otras problemáticas: discriminación por parte de las autoridades, por parte de las mismas organizaciones que deberían asistirlo, como el ACNUR, y por parte de la sociedad en general. ¿Cómo puede ser que el ACNUR hasta ahora no haya podido ofrecerle un trabajo intelectual ni a un solo refugiado o exiliado político?”. Además de la segregación laboral (“primero te piden DNI, cuando tenés DNI te piden experiencia en el país”), Celestin enumera otros obstáculos: la Argentina no cuenta con una política de asistencia socioeconómica a los refugiados y en el campo de la educación carecen de valor sus títulos universitarios porque para revalidarlos les exigen recursar materias del secundario. “Y por sobre todo, el refugiado genera desconfianza y desde que llega recibe insultos de todo tipo: negro de mierda, negro trolo, negro puto, agresiones verbales y físicas. Nosotros no podemos hacer nada porque es algo ya muy arraigado en la cultura. Sólo una acción política de alto nivel podría cambiar esta situación”.

Agradezco a NFB

lunes, 2 de febrero de 2009

domingo, 1 de febrero de 2009

Fiesta de Iemanja en La Nacion

Tras su iniciativa de celebrar a Iemanja
Grupos religiosos cuestionan al Inadi
La Nacion Noticias de
Cultura: Sábado 31 de enero de 2009 Publicado en edición impresa

La convocatoria del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) para recordar pasado mañana el día de la divinidad Iemanjá en las costas del Río de la Plata provocó malestar entre grupos afroamericanos locales que tradicionalmente rinden culto a esa figura, que se vincula a la imagen de la virgen Stella Maris, patrona del mar. Critican al organismo oficial por un acto que consideran más discursivo que litúrgico.
La "ceremonia", organizada por el Inadi por segundo año consecutivo en Costa Salguero, consiste en la ofrenda de una barca, una danza de orixas (deidades) y palabras de representantes de distintas confesiones religiosas. Esta fiesta, que convoca desde hace diez años a más de 5000 fieles a las orillas del Río de la Plata, en Quilmes, se celebra también en Mar del Plata y en varios puntos de la costa norte de Buenos Aires y tiene una convocatoria multitudinaria en Montevideo.
"No participamos en la propuesta del Inadi porque es algo muy discursivo. No es culto", dijo a LA NACION Mae Peggie Poggi, de la asociación religiosa Omi O Baba. "La mayoría de las agrupaciones no acompaña al Inadi en esto. En Buenos Aires la presencia masiva se da en Quilmes. Hubiera sido mejor que auspiciaran eso", dijo Poggi.
"Pedimos el auspicio y no tuvimos respuesta", explicó Juan Forastier, secretario de la entidad organizadora de la fiesta en Quilmes, la Agrupación Social, Cultural y Religiosa Africanista y Umbandista (Asrau).
Sin embargo, uno de los coordinadores del Inadi, Flavio Rapisardi, dijo a LA NACION que Asrau no solicitó el auspicio. "Queremos dar a conocer esta religión, que generalmente es discriminada", afirmó Rapisardi sobre la razón que motivó al Inadi, que conduce María José Lubertino, a organizar el acto.
Consultado por LA NACION, Alejandro Frigerio, antropólogo especializado en culturas afroamericanas, cuestionó al Inadi. "¿No resultaría raro organizar una fiesta «Inadi» del Año Nuevo chino, cuando ya hay una en Belgrano, o una fiesta de la Virgen de la Candelaria, cuando ya hay celebraciones organizadas por la comunidad boliviana?", se preguntó.
Por Silvina Premat
Fuente http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1095187&high=inadi#lectores

sábado, 31 de enero de 2009

jueves, 29 de enero de 2009

Iemanjá y el INADI

(doble click en las imágenes para agrandarlas y leerlas)


He dicho en alguna otra entrada del blog –se complica a esta altura encontrar las referencias exactas, habrá que incorporar alguna tecnología de búsqueda- que no llego a entender la política del INADI respecto a las religiones de origen afrobrasilero (o africano) en nuestro país.
Esta invitación del INADI a la “ceremonia Yemanyá” revela una vez más que a la presumible buena voluntad de sus funcionarios se le suman dosis ya repetidas de desconocimiento de la realidad local.
En primer lugar, como ya dije a raíz de otro evento, parece haber ignorancia o despreocupación por los términos propios o nativos en los cuales suelen enunciarse estos eventos. Asi, esta es una “Fiesta de” o “para Iemanjá”, o una “Ofrenda para Iemanjá”. Pero “Yemanyá” no es el nombre de la fiesta ni de la ceremonia, sino del orixá al cual se homenajea a través del evento. Seguramente cualquier pai o mae de santo podría haberles sugerido un nombre más adecuado para el evento.




En segundo lugar, por más que la celebración en Buenos Aires esté mas desparramada geográficamente que la de Uruguay o la de Salvador –los devotos ofrendan en distintas playas y localidades a diferentes horas del día- ya hay al menos dos importantes ceremonias preparadas y publicitadas hace tiempo a las cuales concurrirán un número importante de devotos.
Una es la que organiza el pai Hugo de Iemanjá en Mar del Plata (desde hace ya muchos años) y la otra la planificada por ASRAU en la ribera de Quilmes.
¿No tenía mas sentido adherir a, auspiciar o participar de alguna manera de alguna de estas celebraciones (“reales”, digamos, que la comunidad ya está realizando) que organizar una nueva? ¿No resultaría raro organizar una fiesta “INADI” del año nuevo chino, cuando ya hay una en Belgrano, o una fiesta de la Virgen de la Candelaria, cuando ya hay celebraciones organizadas por la comunidad boliviana?
¿No se robustecería o enaltecería mas la práctica religiosa afro-umbandista (invisibilizada cuando no estigmatizada o discriminada) promoviendo la presencia de representantes de otros credos en las propias fiestas afro-umbandistas más que en una organizada por el INADI?




Me llama la atención sobre todo, la continua promoción por parte del INADI de “eventos culturales” que más parecen llevar a una folklorización de la religión que a ayudar a la efectiva o libre práctica religiosa de sus ya miles de adeptos en nuestro país. Lo que debería buscarse no es ayudar a hacer religión en un escenario, sino disminuir la discriminación que sufren quienes la practican cotidianamente.
La estrategia de promover hechos culturales y dignificar la religión a través de “la cultura” tuvo algún éxito en Brasil –su país de origen- pero ya está mostrando sus límites aún allá. Hartos de su glorificación escénica pero de su menosprecio cotidiano como religión y de la inacción ante los constantes ataques de la Iglesia Universal del Reino de Dios, los pais y maes de santo brasiler@s se movilizan cada vez más por sus derechos ciudadanos y no por sus derechos folklóricos.
La estrategia cultural también fue probada por los propios practicantes argentinos durante más de una década – en los 90s- con réditos muy parciales.
Más que fomentar un multiculturalismo light el INADI deberia estar proponiendo estrategias efectivas contra la discriminación que sufren los afro-umbandistas en su práctica cotidiana.
Que quede claro que no digo esto con mala voluntad -valoro los esfuerzos del organismo- sino con ánimo de contribuir al necesario debate sobre el carácter de dichas prácticas y estrategias.

miércoles, 28 de enero de 2009

Candombe Ceremonia del Fuego

Leyendo algunos trabajos sobre candombe (re)encontré estos testimonios que merecen mayor difusión. Los dos primeros son extractos de entrevistas realizadas por la antropóloga argentina Laura López a migrantes afrouruguayos en Buenos Aires. El tercero es de una que realicé yo hace ya varios años a uno de los uruguayos que, a fines de la década de 1980, bregó por la difusión del candombe en nuestra ciudad .
No es que quienes practiquen candombe (montevideano) actualmente en Buenos Aires no sepan lo que aquí se dice –de hecho, varias de las nuevas comparsas se esfuerzan por mantener el templado con fuego, pese a los problemas que esto acarrea- pero siempre es bueno saber cómo visualizan las cosas quienes lo han practicado durante más tiempo…
A través de los distintos testimonios se evidencia una preocupación similar en enfatizar que el hecho cultural del candombe va más allá de la mera destreza percusiva y que la correcta ejecución del templado con fuego es parte ineludible del mismo.

Laura López le pregunta a un afrouruguayo que pertenece a la primera generación que trajo el candombe montevideano cuándo empezó a tocar:
“Yo nací en Palermo… en el mejor barrio del mundo. Y ahí aprendí el toque de candombe, de oír, de ver a todos esos grandes maestros… Y ya salía a tocar… aprendés a tocar desde colocar el bollito de papel en el fuego. El negro veterano te daba el palo para que tocaras nada más, para que abrieras el papel, porque no te dejaba tocar la lonja, el tambor, era una ceremonia. Hoy a los 50 y pico digo: era una ceremonia impagable, ver esas fogatas, esos tambores, esos monstruos grandotes –¿decir que vos vas a llegar a ellos? no!-… Esos tipos que te daban nada más el palito para que vos abrieras el palo y el tambor se templaba… Qué ceremonia! Aprendés a tocar el tambor … no se aprende a tocar el tambor por tocarlo, se aprende en la ceremonia de sentir qué es un tambor, qué es el candombe. Y bueno, cuando agarras el parche ya vas.. porque nadie te da un parche si no lo sabés tocar.. Pero lo aprendés de ahí, lo aprendes a amar al candombe –o al tambor- de esa manera. sí que puedo decir que empecé a tocar cuando empecé a tirar mi primer bollito de papel al fuego….”

Un afrouruguayo de más de cuarenta años, perteneciente a la segunda generación de migrantes candomberos en nuestra ciudad, le relata a L. L. una intervención en el taller de candombe de un (buen) amigo suyo:
“En un momento le pregunto: “ ¿Qué opinás sobre la desaparición del fuego, porque los chicos nuevos prácticamente no lo asocian con el candombe?”.
El me dice: “lo que pasa es que el parche de plástico es más práctico, porque hoy ya estamos en el 2000 y pico y de repente tenés que tocar en un tercer piso..”
Y yo le digo: “está bien, está bien, hay que tocar en un tercer piso, hay que hacer un laburo, eso está perfecto, pero yo hablo de candombe, ¿qué opinas de que estos chicos no asocian el fuego con el candombe?… Vos tenés que laburar, te contrataron para hacer un show, vas al tercer piso, está perfecto, sos un músico, yo también lo puedo hacer, pero yo te hablo de candombe…. “
Y el me dice: “yo hablo puramente de ritmo, de técnica…”
Le respondo: “Ah, bueno, entonces no estamos hablando de candombe o sea, de la historia del fundamento del candombe en todo el sentido de la palabra, estamos hablando de ritmo y de técnica y nada mas….”


En una entrevista (a fines de los 80s), un candombero uruguayo me dice:
“En Montevideo (a diferencia de Brasil donde todos usan plástico y tensores) todavía hay que hacer fuego… Para toda la gente va más allá, está mucho en la ceremonia… Se respeta, cada uno está templando su tambor… aquella cabeza, aquella energía en las templadas, sentís aquella energía. Acá ya a veces algunos dejan el tambor al lado del fuego y se sientan en la vereda, y lo dejan que se temple solo... Allá en Montevideo esas mismas personas no se permitirían esas cosas…”
Fotos: Alejandro Frigerio, Llamada del 1/1/2009 en Buenos Aires

Candombe (2)

Comentario de Pablo Cirio:
Hola Alejandro, cómo andás. Muy interesante los relatos en contrapunto acerca del parche cuero/plástico y su respectiva tensión fuego/tornillos, entre ejecutantes de candombe al estilo uruguayo de generaciones diferentes entre sí.
Como músico (¿recordás que toco la gaita gallega?), nos pasó lo mismo en el reemplazo de la caña en las dos lengüetas con la “revolución del plástico” de los ’70 y ’80. Las causas las mismas (complicaciones para afinar, inexperiencia de los novatos, mantenimiento en el tiempo de ejecución una vez afinadas). Las diferencias en la calidad del sonido eran quizá, menos notorias, pero la caña siempre suena mejor y los buenos gaiteros nunca cedieron. Hoy las lengüetas de plástico casi nadie las usa y todo el mundo volvió “a la antigua”, paciencia y calidad mediante.
Mi comentario tiene que ver con la naturalización de ciertos conceptos nativos en nuestro discurso antropológico, que como seres humanos y sensibles a la pasión de lo que estudiamos (que es buena parte de nuestra vida) entiendo que a veces se nos escapan.
Si hacemos en experimento ficcional y situamos tu diálogo digamos, a mitad del siglo XIX, la pregunta tecnológica/simbólica no hubiera sido sobre el uso del plástico -porque no existía- sino por el material del cuerpo del instrumento. Ficcionemos:
Antropólogo: ¿Pero ustedes tocan tambores hechos con barriles usados, que transportaban alimentos?
Nativo: Sí, es más cómodo, no hay que estar cavando troncos, que da mucho trabajo, acá ya te viene la forma hecha, le clavás un cuero y ya está.
Antropólogo: Claro, pero yo te digo por los rituales de construcción de un tambor en tanto comunicación con la naturaleza, el pedir permiso al árbol para talarlo, el manejo del hacha y su simbología religiosa, la comunicación con los ancestros a través de la reverberancia de un objeto natural.
Nativo: Sí, pero esto es más práctico, más barato y da menos trabajo. Si suena igual.
Sabemos que los tambores de candombe del estilo uruguayo y los del estilo porteño hoy se tocan ya no usando barriles (porque la tecnología mercantilista los ha dejado de fabricar, también, valga paradoja, porque son obsoletos, caros y problemáticos, reemplazándolos por plástico o metal) pero si a la usanza de los barriles, con duelas. Ya nadie recuerda en Uruguay cómo sería el toque con tambores enterizos. Acá con la comparsa de Bakongo hicimos la experiencia de fabricar nuestros tambores de tronco -ideales para la marcha- y no sólo la experiencia fue maravillosa, sino que el sonido no tiene nada que ver, y no te digo que empezamos a ver mal después a los de duela, pero por ahí…
Moraleja: la tecnología siempre media entre el músico y el instrumento musical. El músico hecha mano a lo que tiene más cerca, es más barato y es más práctico, y generalmente a expensas de la tradición e incluso, paradójicamente, de la calidad del sonido. Ese es su problema, no el nuestro.
Romantizamos el uso del fuego en el templado porque ellos lo romantizan y depositan carga de sentido existencial en ello, por tanto tiempo que lousaron. Nosotros acusamos recibo. Pero de la revolución tecnológica anterior, el reemplazo del cuerpo enterizo en madera cortada y excavada primero por un barril de aceitunas, yerba (o lo que fuere) y la fabricación de cuerpos con duelas, ya nadie se queja ni se lamenta ni se lo extraña. Digamos que esa revolución fue un éxito y la del parche de plástico a medias.
No quiero extenderme más, porque es un blog, seguimos en el debate.
Atte. Pablo Cirio.