miércoles, 19 de noviembre de 2008

Peor cobertura sobre tema afro (1)

Estamos acostumbrados ya a que los medios escriban cualquier cosa sobre Africa, creencias y prácticas culturales africanas o afroamericanas, sobre los propios africanos o afroamericanos, etc.
A veces uno encuentra una crónica que supera, en mucho, las peores expectativas. Quizás tengamos una de estas por mes -tipo la "peor crónica o cobertura del mes". O a lo mejor haya dos, o tres, nunca se sabe....
Esta reúne casi todos los temas comunes: Haití es igual a Africa, los negros son peligrosos y bestiales -tanto que entran en trance con un perro-, en Haití se practica... Umbanda!
Mamá, el zombi me mira feo....
Clarín 2/11/08 – Suplemento Viajes
MUNDO LOCO
Marley, el perro y el vudú
Federica Pais - Conductora de Canal 7 Argentina
Fui por trabajo con Marley a República Dominicana. Estando allí decidimos aprovechar y cruzar hacia Haití, porque teníamos ganas de hacer una nota sobre algunas prácticas del umbanda. Por lo que nos preparamos para alquilar un auto. Nos dijeron que por la historia de enemistades y conflictos políticos ningún auto rentado pasaba la frontera. Pero nos empecinamos en ir tras el rastro del africano umbanda.
Es increíble la diferencia que hay de un lado y del otro. No se puede creer que sean la misma isla. Yo naïf y bruta, asociaba Haití con el caribe del coco y las playas paradisíacas.
Decididos a hacerlo, nos tomamos un auto colectivo. Una especie de Renault 4 pero más largo, de chapa abollada. Todos apretados ahí dentro, con Marley que mide dos metros y es tan rubio como el sol. Los locales no nos miraron con buena cara.
Terminamos durmiendo en la casa de huéspedes de un ex diplomático. Todo esto para conseguir una nota sobre... ¡zombies!. Conseguimos material, luego de hacer una travesía en 4x4 por la isla. Me llevé una impresión muy fuerte de toda la miseria que vi. Era un pedazo de Africa inserto en pleno mar Caribe. Apenas salimos empezó a diluviar tanto que se inundaron las calles, parecían ríos. Nos llevaron a una ceremonia vudú donde un hombre era poseído por un perro. Una experiencia canino-espiritual de la que no voy a olvidarme por el resto de mi vida.

Fuente: http://www.clarin.com/suplementos/viajes/2008/11/02/v-01793819.htm

Fuente de la imagen: http://blog.absens.net/category/creatures/

martes, 18 de noviembre de 2008

La Umbanda en el obelisco: Reflexiones y frustraciones

Sabía, claro, que iban a ir muchas menos personas que las que deberían estar. Después de todo, esto es Argentina, y estamos hablando de la Umbanda, una de las religiones más estigmatizadas del país –la más, quizás… También suponía que iba a ser difícil para la cada vez mayor cantidad de personas que la practica en el tercer cordón del Gran Buenos Aires y aún más lejos llegarse hasta la capital. Pagar o conseguir micros no iba a ser fácil, y sin micros las movilizaciones parecen no funcionar mucho… aunque no estoy seguro, pensemos en las últimas reuniones de los evangélicos, que llevaron varias cuadras de personas sobre la Nueve de Julio desde todos los lugares del país. Pero bueno, sin duda que los evangélicos han desarrollado, a lo largo de estos últimos años, una capacidad de movilización que parece ser inversamente proporcional a la de desmovilización de los practicantes de la religión. Mientras estaba en el obelisco no podía sino pensar que en 1986 Luconi (por Dios, Luconi!) y quienes en ese momento lo apoyaban habían llevado más gente frente al Congreso que el domingo frente al obelisco, 22 años más tarde! Era menos sacrificado salir a la calle en esa época que ahora? Quizás había más ilusiones, menos desencantos. Una época de mayor inocencia, de creer en cosas que se estaban formando. El ethos de la primavera democrática alfonsinista, también. Todos renacíamos en aquel entonces…
Pero me pregunto (y no sé que contestarme): cuántos templos de Umbanda, de religión (Umbanda, Nación, Kimbanda) hay en el Gran Buenos Aires? Mil? Dos mil? Tres mil? Mäs? Es realmente difícil decirlo. Quien tenga cifras concretas y alguna prueba para respaldarlas, bienvenido. Si hay, digamos, tres mil, cómo es que no fue ni siquiera una persona por templo al obelisco?
Quizás faltó información. No estaba del todo claro quién organizaba, quiénes apoyaban, quiénes iban a ser los oradores y, sobre todo, a qué hora iban a hablar. Yo hubiera intentado informar más, junto con la convocatoria, para que no quedaran dudas y para disminuir la suspicacia, inevitable cuando de religiones de origen afro se trata.
Pero eso no justifica la menos que auspiciosa concurrencia. Y no lo digo con ánimos de crítica, lo digo con desilusión. Aún en mi profesional escepticismo, fui defraudado. Pensaba que era una buena oportunidad para que quienes practican la religión dijeran: acá estamos, nosotros también somos, también tenemos derechos y los queremos hacer valer.

Sin embargo, parece que a una parte importante (la mayoría) de los religiosos no le interesa mostrar su presencia en la ciudad, ni su orgullo por practicar su religión o sus deseos de que sus creencias y prácticas sean respetadas como las de cualquier otro credo. A una parte importante de los religiosos parece que no le importa nada. Parecen pensar: Yo me encierro en mi casa, hago mis sesiones de Kimbanda, algún ebó para los orixás (dudo que todos puedan realizar batuques) y el resto, no me importa. No me importa que mis vecinos desconfíen de mí, que hablen a mis espaldas, que mi hijo no pueda decir en el colegio que es un macumbero con la frente en alto. Total, cuando necesiten ayuda, me van a venir a ver. Y si no vienen, no es mi problema. A mí no me importa nada. El buen religioso, para muchos, parece ser el que se queda puertas adentro y sólo se (pre)ocupa de lo suyo.
Creo que es hora de reconocer que si los umbandistas no salen en los censos, no aparecen en las encuestas sobre religión, no están inscriptos en el registro de cultos, no van a otra cosa que no sean las kimbandas de amigos o conocidos, y al único lugar al que van son los flogs ajenos en busca de firmitas para el propio; chicos, seamos realistas, no existen. No existen para la sociedad, no existen para los medios (salvo cuando alguien realiza algún asesinato sádico), no existen para más allá del grupo reducido de amigos o de templos con los que tienen alianzas (alianzas que siempre se quiebran y redefinen). No existen como ciudadanos con derechos. Con derecho a ser, derecho a hacer, derecho a mostrarse, derecho a decirlo.
Debo confesar que –algo inesperadamente- me da bronca. Después de 23 años de estudio de estas religiones, de haber hecho muchos amigos, de haber pasado por mil experiencias que enriquecieron mi vida, de haber conocido líderes admirables, de haberme encontrado con seres humanos y entidades espirituales de alto, medio y bajo astral (muy pocos de éstos, afortunadamente) me da bronca que tantos herederos de esta cultura centenaria, de esta religión que aprecio como ninguna, de un patrimonio riquísimo que costó sangre, sudor y lágrimas crear y preservar (como ya dije, nunca tan bien empleada esta frase como cuando se habla de la cultura afro), se la tomen tan a la ligera. Que digan o piensen: Yo no voy, que vayan otros. Chicos, es el Centenario! Cuántos más de éstos van a vivir? Sin conciencia histórica no hay presente y tampoco hay futuro. No era por Zelio, tampoco era por ustedes, era por sus hijos ….

En fin, mi abrazo y mi respeto a los que estuvieron, a los que organizaron, a los que hablaron y a los que le pusieron toda la onda…. Espero que el año próximo seamos más y crucemos la avenida…. Como dice el proverbio: un viaje de mil millas comienza con el primer paso

Fotos: Alejandro Frigerio

sábado, 15 de noviembre de 2008

El candombe argentino vuelve al cine

Donde arde el fuego nuestro

Por Norberto Pablo Cirio
Instituto Nacional de Musicología “Carlos Vega”
pcirio@fibertel.com.ar

Hace unos meses recibí la solicitud de la producción de Teresa Constantini para el de asesoramiento musicológico de su película Felicitas.
Se trata de una historia de amor basada en un personaje real del Buenos Aires de 1870, Felicitas Guerrero, quien a los 15 años estaba enamorada de un joven de su edad y fue obligada por su padre a casarse con un potentado cuarenta años mayor, y cuyo desenlace fue trágico. La pregunta más acuciante que me formularon era sobre cómo cubrir musicalmente una escena callejera de un paso de comparsa afroporteña durante el carnaval. La necesidad de apelar al juicio documental nació de un sentido de responsabilidad para con la historia a fin de evitar o, al menos, minimizar, cualquier intervención que no se ajustara a la época. En ese marco, la pregunta inicial fue pertinente: ¿Hay afroporteños que toquen esta música? Mi respuesta les hizo tachar, sutilmente, el nombre de una asociación de candombe al estilo montevideano en Buenos Aires que figuraba en su agenda, debajo del mío. La opción B, digamos. Y lo que sigue, una de las más hermosas vivencias que he tenido con la Asociación Misibamba. Comunidad afroargentina de Buenos Aires, a la que pertenezco, y con quienes compartimos en placer de estudiar y vivir esta tradición musical.
Se trataba de un trabajo remunerado y la responsabilidad fue asumida al instante. Para una de las escenas de la película necesitaban una comparsa de época. La tuvieron, y vaya si fue una comparsa en la que el orgullo de asumirse afroargentino vistió con la mejor gala a la música con la que anoche, en el rodaje, honraron a sus ancestros:

Juan Suaqué: Mary, ¿de quién aprendiste este tema?
María Elena Lamadrid: De mis abuelos.
Juan Suaqué: Bueno, vamos por ellos.

Así comenzó Juan (Director de la comparsa y Presidente de la Asociación), formalmente, la grabación del audio ayer, cuando se rodó la escena en Uribelarrea, un pueblo bonaerense del partido de Cañuelas. Su pregunta la dirigió a la más importante referencia de los afroporteños contemporáneos, María Elena (integrante de la comparsa, Vicepresidenta de la Asociación y su líder espiritual). Este breve diálogo pudo haber pasado inadvertido pues los equipos de registro aún no estaban activados y mi atención estaba repartida en muchas cuestiones. Pero no fue así, lo memoricé y lo escribí enseguida en mi cuaderno de notas. Algo me decía que era importante para comprender el corazón mismo de aquellos cuarenta afroargentinos que se unieron para hacer callar allí a tanto silencio transcurrido, para curar con su canto a tanto dolor mascullado, para olvidar el olvido de tanta memoria intencionalmente no valorada por quienes asumieron la responsabilidad de narrar la patria y la historia musical argentina.
Allí estaban -allí estábamos-, dispuestos a dar todo de sí, en la certeza de nuestro derecho ciudadano a ser arte y parte en el cotidiano esfuerzo por construir nuestra identidad. Y vaya si lo lograron -vaya si lo logramos-, fueron más de doce horas de extenuante rodaje, de probar vestuario, de pasar por maquilladoras y peluqueros, de esperar, de repetir una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez la escena requerida. Tras haber comenzado a las 16:00 horas, un oportuno corte a las 2:00 para cenar permitió recuperar fuerzas hasta que pidieran repetir la escena. Lamentablemente, la cena no satisfizo la medida en que habían dispensado las energías físicas, pero no importaba, las energías espirituales estaban intactas y vaya que satisfechas. Con todo, los cuerpos comenzaban a acusar cansancio, pues algunos integrantes llegaban a los 75 años de edad. Durante la cena los perdí, pues mi calidad de no-actor me impidió compartir ese momento fraterno. Al cabo de una hora los busqué por entre la multitud de extras que había desparramados por el pueblo. No los encontré, mas la inquietud cesó cuando divisé a un costado de la calle donde se rodaba la escena, a oscuras, a los hombres de la comparsa reunidos en torno a un fuego, descansando, calentando los tambores, charlando, riendo. Allí estaban, donde arde el fuego nuestro.
Allí me enteré que habían cenado hambre, allí me enteré que estaban muy cansados, allí me enteré que hasta que saliera el sol, literalmente, iba a seguir la filmación, porque al ser la escena nocturna necesitaban repetirla mientras el día no tornasole a la noche. Allí me enteré que estaban felices (allí supe que era feliz), allí entendí que el fuego que ardía al centro era el espejo secreto de nuestros corazones y de los corazones por venir, sus -nuestros- descendientes, quienes también un día cultivarán la tradición de sus ancestros, ahora mis amigos, y así la rueda de la tradición continuará girando por siempre. Allí, al crepitar de las llamas que nos iluminaban, hicimos conversar al silencio, acaso no diciendo nada, acaso diciéndolo todo. Allí creí cifrar el inextricable sentido de la vida y se me permitió vislumbrar algo del porqué de estar en el mundo, el quizá llamado destino.

La escena de la película debieron repetirla una y otra vez, una y otra vez, hasta las 5:30, cuando la producción los licenció. Y tras un aplauso cerrado, un toque de tambor y varios “¡bariló!” regalados al viento del alba, se dieron cuenta que al querer volver a ser ellos despojándose de la utilería y mudando las ropas de época por las suyas, mágicamente seguían siendo ellos y comprendieron lo más difícil: no habían sido actores, no habían representado ningún papel sino que hicieron de ellos mismos y por eso pudieron hacerlo como nadie. La transmutación estaba lograda, los tiempos habían sido unificados: ellos eran ellos-y-sus-ancestros, amalgamados por la música inmemorial del tambor, por los dibujos que al danzar hicieron en la calle de tierra, por el fuego que calentó por igual sus cueros y los cueros de sus tambores, acaso la misma piel en la que vibra la valiente memoria de sus mayores. Quizá más de uno lloró para adentro, como lo hice yo, por el privilegio de la alegría recibida en esa noche trascendental.
Volvimos. Cumplimos con nuestra misión. El candombe porteño dijo presente en pos de su visibilidad, recuperando un espacio y una memoria colectiva que nunca debió perder, en este caso de mano de sus propios cultores y de un humilde servidor que piensa que no hay mejor antropología que la social, aquella que ayuda.
Sabemos que el haber formado esta comparsa con cuarenta afroargentinos no fue sino el puntapié inicial de una tarea social tan vasta como necesaria, multiplicar las manos y la voces que digan con orgullo compartido: esta es nuestra cultura, esta es nuestra tradición, este es nuestro candombe. Que ese fuego nuestro sea el fuego de todos. Está bajo nuestra responsabilidad el alimentarlo.

Fotos: Pablo Cirio

viernes, 14 de noviembre de 2008

Los umbandistas van al obelisco

"Los Umbandistas Conmemoran los 100 Años del nacimiento de la Religion Umbanda en Niteroi, Brasil extendida hasta Argentia y reconocida por el Estado Nacional en la Secretaria de Cultos de la Nación.Lo harán el 16 de noviembre en el Obelisco a partir de las 10 hs de la mañana con un Acto Central a las 14 hs donde se pronunciarán por La Paz, el Amor y la Caridad a través de discursos alusivos a la fecha y espectáculos musicales religiosos:Tambores y Danzas pertenecientes a diversos Templos que componen el tejido religioso.
Estan invitados todos aquellos practicantes y también simpatizantes de estas prácticas religiosas que existen en el país hace 40 años.Brasil,Uruguay a Argentina festejan esta fecha que fue el punto de partida de una religiosidad diferente ,basada en la Misericordia y el Amor desde la Caridad brindada sin distinciones raciales, de género ,ni de clases político-sociales o económicas por intermedio de sus entidades de Culto Aborígenes Americanos y Negros Esclavizados.
Un Mensaje de Amor que se viene transmitiendo hace 100 años. Un Homenaje a los aborigenes diezmados y negros arrancados de su habitat natural que desde el astral Perdonan , Bendicen y Consuelan a millones de almas que recurren a ellos a través de la Fe."
(del flog de Iya Peggie Fawunmi http://www.metroflog.com/ifawunmi/)
“Los domingos y días de fiesta ejecutaban sus bailes salvajes… cantando sus refranes en sus propias lenguas al compás de tamboriles y bombos grotescos. La salvaje algazara que se levantaba al aire, de aquella circunvalación exterior, la oíamos (hablo como testigo) como un rumor siniestro y ominoso desde las calles del centro, semejante al de una amenazante invasión de tribus africanas, negras y desnudas.” (Vicente Fidel Lopez , circa 1890)

“… los golpes (del tambor) eran acompasados y servían de acompañamiento a los coros que todos entonaban en su dialectos, cantares verdaderamente bárbaros; parecían aullidos de animales.. (…) La plaza se llenó con aquella población y los tambores atronaban el aire. La muchedumbre afluyó de todas partes y en los balcones de la casa de don Miguel Riglos y en la policía estaban señoras y caballeros contemplando este espectáculo.” (Víctor Galvez, 1888)

“Un día se pasearon por las calles de Buenos Aires, ebrios de entusiasmo, precedidos por sus candombes y marimbas, aquellos africanos reunidos en clubs patriótico, tras de banderas rojas...... Dia de pavor para los blancos, para los hijos de españoles, que prepararon, ejecutaron y llevaron a término la Independencia, proscriptos ahora y entregados a los dioses infernales, a los gritos de: mueran los salvajes unitarios! Viva el ilustre Restaurador! que lanzaban por mil bocas de semblantes negros y brillantes….” (Domingo Faustino Sarmiento, 1883, Conflictos y Armonías de las Razas en América )

jueves, 13 de noviembre de 2008

Presentación de libro sobre religión y etnicidad

(No sólo de actividades afroamericanas vive el hombre....)

"La Umbanda (no) me ayuda a superar las etapas difíciles"

Esta es la tapa de la última edición de la revista Caras (11/11/08).
¿Alguien se imagina una tapa con Araceli diciendo "La Umbanda me ayuda a superar las etapas díficiles"? Vestidita de blanco, o paradita al lado de un ponto riscado y una vela, o con la cabeza mojada por un amaci... ¿No? ¿Por qué?
Porque el lugar de la Umbanda parece ser, como muestra la tapa de la última revista Semanario (12/11/08) el del secreto vergonzante. No se sabe muy bien si los pais de santo hacen o deshacen los trabajos de "magia negra"; se dice que tal o cual estrellita de tv fue vista por vecinos asistiendo a un templo de umbanda...
Seis páginas de "dicen que dicen" (que a tal le hicieron un trabajo, que entonces fue a ver un pai, etc.), con fotos de lejos (por las dudas?) a un "pai" de Ciudadela -de civil, podría ser cualquier vecino.. Con dos fotos de media pagina cada una de las remiserías (!!) que llevarían los despachos para acá y para allá... ¿Ya ni siquiera consiguen un templo para sacar fotos? Chicos, vayan que no muerden!
Nostalgias de la revista Flash de los 80s, y de cuando el pai Alberto Tata era, con orgullo, "el pai de las estrellas" -título que intentaba disputarle el pai Cacho de Oxalá de Florida.
Ahora ni eso....
La "nota" en: http://www.semanario.uol.com.ar/edicion_1533/nota_00.htm

miércoles, 12 de noviembre de 2008

La cultura negra en Argentina - hoy en la radio

El programa Arquitecto de Laberintos de FM La Tribu dedica su programa de hoy miércoles -y también el de la semana próxima- a La Cultura Negra en Argentina. Con varios invitados hablando del tema (entre ellos un servidor). Promete ser muy interesante.
Se puede escuchar online de 21 a 22 hs. en
http://www.fmlatribu.com/shoutcast/index.html
(sólo apretar el iconito de play después)
o en la radio, 88. 7 del dial.

Imagen: cuadro del pintor cubano Luis Alberto Faraco Echevarría, en
http://www.guerrillero.co.cu/pintopinar/faraco/faraco.htm