martes, 16 de septiembre de 2008

La(s) identidad(es) afro en cuestión (1)

Alejandro Frigerio (FLACSO/CONICET)

Presentado en el Taller de pensamiento “Conversaciones con la diáspora africana”, Buenos Aires, 13 de septiembre de 2008. Organizado por Movimiento de la Diáspora Africana en Argentina.

Un proverbio beduino (a veces citado como árabe, o como africano, y con versiones diferentes pero parecidas) dice:

Yo contra mi hermano,
Mi hermano y yo contra mi primo,
Nuestra familia contra las otras de la tribu,
Nuestra tribu contra la aldea vecina
Todos nosotros contra el invasor….

Este proverbio explica perfectamente, para mí, el carácter relativo, contextual, estratégico y construído de la identidad,

Esto no quiere decir que las identidades sean falsas o no tengan basamento real, pero sí que no hay una esencia que determine una identidad.

Que es la identidad?
La identidad es "una definición socialmente construida de un individuo” (Weigert 1986: 34). Qué es lo que un individuo es (socialmente) ya sea para los otros o como intenta transmitirlo él (yo prefiero poner el énfasis en la identificación de la persona y además utilizar la palabra imagen para cuando la identificación viene solamente de afuera para dentro)

Una característica de los individuos en sociedades complejas es que varias y cambiantes definiciones del yo(soy) están disponibles como identidades. Una u otra identidad puede ser presentada por el actor o impuesta por otros interactuantes mientras cada uno negocia por el control de la situación o, al menos, por establecer un consenso de trabajo. Los individuos deben enfrentar la tarea de continuamente manejar identidades múltiples dentro - y a través- de situaciones sociales. (Weigert et al. 1986: 46).
Existe un ordenamiento de las identidades en términos del grado de compromiso que cada actor tiene con ellas . Los individuos ofrecen para su validación una identidad principal (o maestra) que representa una organización implícita de todas las otras identidades. ( Weigert et al. 1986: 51; 53).
Así, un individuo que en distintos contextos puede identificarse como padre, sociólogo, argentino, católico, peronista, blanco y tenista, puede -aunque no siempre- reivindicar una de estas identidades como la principal y las otras como subordinadas.
La principal será reivindicada en una mayor cantidad de contextos sociales que las subordinadas. Podrá, además, afectar el desempeño de los roles que expresan a sus otras identidades.
La reivindicación de una identidad maestra puede ser establecida por los deseos del individuo, por las exigencias del grupo social al que éste pertenece, o puede, en determinadas ocasiones, ser impuesta por el medio social. Tal es el caso de la raza en EEUU que se transforma habitualmente, lo quieran los individuos o no, en la identidad principal que afecta principalmente casi todas las interacciones sociales.
La mayor o menor injerencia en el establecimiento de una identidad principal por parte del individuo, de un grupo al que pertenece o del medio social en que se desenvuelve resulta vital para comprender la lógica de los actos de identificación que un individuo realiza y sus estrategias de reivindicación identitaria.
Sostendré aquí que el hecho de que un individuo posea varias identidades con las cuales puede llegar a identificarse es una característica común de las sociedades complejas y no es una condición reciente característica de las sociedades posmodernas.
Las identidades son siempre situadas, emergentes, recíprocas y negociadas.
El carácter eminentemente situado y performativo de las identidades hace que, para una adecuada conceptualización de la identidad quizás sea mas correcto, en vez de utilizar este vocablo, hablar de identificaciones o de actos de identificación, puntuales, momentáneos, cuya coherencia en el tiempo depende de la relevancia de esa identidad dentro de la estructura de compromisos identitarios del individuo.

Expresado de manera más sencilla, las identidades serían respuestas situadas a la pregunta “quién soy yo?”, que en cada contexto podría ser respondida de manera divergente.

lunes, 15 de septiembre de 2008

La(s) identidad(es) afro en cuestión (2)

Distintos niveles de análisis del concepto “identidad”

Para entender cómo se construyen las identidades (identificaciones) y sus características, es útil reconocer que hay 3 niveles de análisis distintos. Cada uno de éstos términos denota un fenómeno social (y un objeto de estudio) diferente -aunque ciertamente interrelacionados.
Siguiendo la pista de perspectivas actuales desarrolladas desde el estudio de movimientos sociales (Snow y McAdam 2000) sugiero que resulta fructífero distinguir entre la identidad: personal, social y colectiva. La importancia de esta distinción radica en que los mecanismos de interacción que se deben poner en movimiento para lograr transformaciones en estos distintos niveles de identidad no son los mismos; los esfuerzos por modificar la identidad personal de quienes se acercan a un grupo religioso no son los mismos ni transcurren en los mismos ámbitos que los realizados para construir una identidad colectiva. Como muestran los estudios de movimientos sociales, para lograr una efectiva movilización colectiva de sus miembros en pro de los objetivos que el movimiento propone, el grupo debe lograr un cierto grado de correspondencia entre la identidad personal del individuo y la identidad colectiva propuesta por el movimiento. Esta tarea de “correspondencia identitaria” (identity correspondence) supone esfuerzos adicionales y específicos (Snow y McAdam 2000: 47).

Resulta indispensable, por lo tanto, diferenciar entre la identidad personal de los individuos, sus identidades sociales y la identidad colectiva propuesta por el grupo. Cada uno de éstos términos denota un fenómeno social (y un objeto de estudio) diferente -aunque ciertamente interrelacionados.
La identidad personal sería " la conceptualización que la persona realiza de su continuidad como sujeto y de los atributos que la caracterizan y la diferencian en relación a otros seres humanos. Es el concepto que el individuo tiene de sí mismo como un ser físico, social, espiritual y moral" (Carozzi 1992 apud Goffman 1986: 56-57)
En este caso,
la identidad reclamada responde a la pregunta Quién soy yo? Y la respuesta sirve para diferenciar al individuo del resto de sus congéneres.
Qué es lo que a mí, Alejandro Frigerio, me hace distinto de otros antropólogos, argentinos, varones, de una cierta edad, etc. Quizás la suma y combinación de todos los rasgos que a mí me parecen relevantes y me hacen diferentes de otros individuos. Es lo que a veces se llama el self o el yo.
La identidad social sería "la categoría de persona adjudicada a un individuo mediante mecanismos de auto-atribución y atribución por otros, en el curso de la interacción. " (Carozzi 1992, mi énfasis) . Estas categorías deben ser sociales, es decir reconocidas por los miembros de una sociedad como agrupando a individuos con alguna/s característica/s similar/es (aunque no organizados para la acción colectiva) . Asimismo, que sean atribuídas principalmente -y que sean relevantes- durante las interacciones sociales .
La diferencia entre la identidad personal y la social es que la primera enfatiza habitualmente características que el individuo considera únicas y singulares, aunque su carácter social puede ser analíticamente establecido, como estilo, experiencias, señas físicas y la segunda se basa en categorías que se consideran comunes y con amplia aceptación social. Una diferencia más importante para este análisis es que la primera puede sostenerse en soledad, mientras que la segunda se da principalmente en interacciones sociales -son las identificaciones que el individuo propone en sus interacciones. Puede haber una separación radical -o, por el contrario, una correspondencia importante- entre ambos niveles.
Para el caso de las identidades sociales
la identidad reclamada responde a la pregunta Quien soy yo según me presento en esta situación social y según cómo me ven los otros?
En este nivel es donde adquieren mayor relevancia las identidades ètnicas, raciales, religiosas y donde existe una disputa entre los distintos individuos que participan de una situación social por reivindicarse para sí mismo o atribuir a los otros una determinada identidad.
Para el caso de identidades raciales una persona puede reivindicar la identidad social de negro y que no se vea validade en interacciones (en Argentina, si uno no es “negro negro” (tez oscura, rasgos que evidencian clara ascendencia africana) o “negro mota” no es realmente “negro”) o puede ser que no quiera reivindicar, presentar, una identificación como “negro” y la sociedad, a pesar de todo, por determinadas características físicas, se lo otorgue (EEUU, Brasil también dependiendo del status socio-económico). O uno puede querer reivindicar la identificación de “afrodescendiente” y siempre se le imponga la de “negro”.

El tercer nivel de identidad sería el de la identidad colectiva. En una reseña reciente, Snow (2001) señala que las discusiones acerca del mismo “sugieren que su esencia radica en un sentimiento compartido de “sentirse unido” (“one-ness”) o “sentirse un nosotros” (“we-ness”), arraigado en atributos o experiencias compartidas real o imaginariamente (…)”. Pero a la vez -continúa el autor- “inmerso en este sentimiento colectivo de nosotros hay un sentimiento correspondiente de agencia colectiva. Este sentido, que sería el componente de acción de la identidad colectiva, no sólo sugiere la posibilidad de la acción colectiva en la prosecución de intereses comunes, sino que invita a ejercerla. Por lo tanto, se puede sugerir que la identidad colectiva está constituída por un sentido compartido e interactivo de un nosotros y de agencia colectiva ” (Snow 2001).
Sentirse parte de un nosotros e intentar hacer colectivamente algo por ese nosotros).
La creación de una identidad colectiva definida en estos términos ha sido una de las características típicas asignadas a los movimientos sociales. Deben crear un “nosotros” que propicie a acciones colectivas que se dirijan a cambiar algún aspecto de la sociedad en beneficio de los fines del grupo
[1].

Es necesario recalcar que estos tres niveles de identidad no necesariamente convergen o resultan relevantes para todos los integrantes de una agrupación religiosa.
Un individuo puede o debe adoptar una identidad social sin que ésta forme, necesariamente, parte importante de su identidad personal y puede no reivindicar la pertenencia a una identidad colectiva (“Yo no soy o no me siento negro”). Esta situación se da para grupos raciales cuando el sistema de clasificación racial de la sociedad es lo suficientemente laxo como para que no en todas las interacciones sociales un individuo sea clasificado de la misma manera (Brasil, por ejemplo, que hay bastante flexibilidad de contexto en contexto social).
=>”Yo no me siento negro, porqué se empeñan en clasificarme así?”

Alternativamente, para un individuo la raza puede significar una parte relevante de su identidad personal (ser un converso) pero sin una clara conciencia de pertenecer a un colectivo social, sin llegar a formar una identidad colectiva (sentir que no puede o no debe hacer nada por “los negros”). No hay construcción de una identidad colectiva que lleve a la acción, a procurar por ejemplo un mejor reconocimiento del grupo étnico-racial en la sociedad argentina. No creen que es necesario o posible que quienes pertenecen a un determinado grupo racial o étnico se movilicen presionando sobre funcionarios, políticos o realizando manifestaciones públicas para acabar con la discriminación, etc.
=>”Sí, me reconozco negro o me siento negro o afrodescendiente pero no creo que se pueda o deba hacer algo por los demás como yo. No creo en la militancia “racial” “

Para un individuo una determinada identificación racial puede ser parte relevante de su identidad personal pero puede "pasar" (pretender que no es parte) de su identidad social (desenfatizar, en el trabajo, o en relaciones sentimentales, que es “negro” o “afrodescendiente”). No hacen pública, o no en todos los contextos, su identidad personal.
=>> “ me identifico como negro o afrodescendiente sólo en algunos ambientes”.

Visto en estos términos, y como para otros movimientos sociales (feministas, religiosos, de clase) la tarea es hacer que las tres identidades coincidan (o al menos dos, las más importantes en términos de movilización, la personal y la colectiva).
=>Que una persona se sienta negra, que se identifique como tal en todos lados (para quebrar la invisibilización) y que tenga voluntad de hacer algo por ese nosotros.

Ahora bién, cuál es ese nosotros? (“afroargentino”, “afrodescendiente”, “afroamericano”, “africano”, “de la diáspora”).

La historia del activismo negro local muestra una transición entre éstos términos, un pasaje de unos a otros, en busca de una identificación más inclusiva.

Referencias Bibliográficas

Carozzi, María Julia (1992) La Conversión a la Umbanda en el Gran Buenos Aires. Conicet: Informe Final no publicado
Goffman, Erving (1986). Stigma: notes on the management of spoiled identity. New York: Simon and Schuster.
McAdam, Doug y David Snow, eds. (1997) Social Movements: Readings on their emergence, mobilization and dyanmics. Roxbury.
Snow, David (2001) Collective Identity and Expressive Forms. In: Neil J. Smelser y Paul B. Baltes (orgs.). International Encyclopedia of the Social and Behavioral Sciences. Londres: Elsevier Science.
Snow, David y Doug McAdam (2000) Identity work processes in the context of social movements: Clarifying the identity/movement nexus. In: Sheldon Stryker, Timothy Owens y Robert White (orgs.) Self, Identity and Social Movements. Minneapolis: University of Minnesota Press. p 41-67.
Weigert, Andrew, J. Smith Teitge y Dennis Teitge (1986) Society and identity.


[1] En una reseña reciente, McAdam y Snow (1997: XVIII) han definido a un movimiento social como “una colectividad actuando con algún grado de organización y continuidad fuera de los canales institucionales para el propósito de promover o resistir cambio en la sociedad de la que forma parte”. Esta definición refleja bien las utilizadas dentro de la escuela norteamericana del estudio de movimientos sociales.

viernes, 12 de septiembre de 2008

"Conversaciones con la diáspora africana" - Taller


Taller de pensamiento
“Conversaciones con la diáspora africana”

Abierto especialmente a afro-descendientes y residentes africanos.

SÁBADO 13 DE SEPTIEMBRE, DE 16h30 a 20hs.
Chile 1331, Montserrat
(Escuela Integral de Arte Freda Montaño)

Organizado por el
Movimiento de la Diáspora Africana en Argentina

Con la colaboración de Dina Picotti y Alejandro Frigerio.
El movimiento de la diáspora africana es un colectivo de afro-descendientes, inmigrantes africanos, intelectuales, artistas y personas solidarias de distinto origen y orientacion, comprometidos en la costrucción de una sociedad con mayor conocimiento sobre los presencia africana en la argentina.
El objeto del taller será – en continuación con las actividades realizadas en 2007 y 2008 – el de vincular al colectivo de africanos y afro-descendientes residentes en Buenos Aires y sus alrededores, con la construcción de la idea de diáspora africana, pensada para el contexto particular de la Argentina. El resultado del taller servirá para fortalecer la argumentación en favor de las acciones del movimiento de la diáspora africana en la Argentina, su sentido, objetivos y formas de organización.

La actividad es gratuita y voluntaria. Contará con el acompañamiento de profesionales de distintas disciplinas e instituciones.

Programa

16h30. Presentación del taller.
Víctor Bille

16h50. Taller: primera parte.
Dina Picotti: La diáspora como idea: entre África y Argentina.
Alejandro Frigerio: Las identidades afro en cuestión: una visión desde la antropología
17h30 Ronda de conversación, dudas y preguntas.
18h00 Pausa

18h30 Taller: segunda parte.
Presentación de la metodología en grupos de trabajo.
Cristina Sampaio y Miriam Gomes.

18h40 Trabajo en grupos, a partir de preguntas disparadoras.
Coordinadores a designar colectivamente a partir de personas propuestas.

20h00 Síntesis de los grupos de trabajo y conclusiones.
A cargo de los voceros designados por cada grupo.

Confirmar participación a:
diasporafricana@gmail.com. Muchas gracias.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Aviso racista en el país de lo politicamente correcto

ELPAIS.com – Tecnología – Revista de Webs
Intel pide disculpas por un anuncio racista
La compañía retira una campaña en la que aparece un directivo blanco en pie rodeado de seis corredores en posición de salida
L.F. - Madrid - 06/08/2007

Un hombre blanco en pie, y seis corredores negros en posición de salida protagonizan el anuncio con el que Intel quería presentar su plataforma Core 2 Duo. Pero lejos de dar protagonismo a sus nuevos procesadores, esta publicidad está dando la vuelta al mundo por su interpretación racista.
La imagen de seis afroamericanos agachados ante un feliz hombre de negocios blanco, acompañada del eslogan "Multiplique su rendimiento informático y maximice el poder de sus empleados" ha dado pie a todo tipo de comentarios y resulta incomprensible que surja de EE UU, el país que inventó el concepto de "políticamente correcto" .
El blog tecnológico Gizmodo fue el primero en poner el grito en el cielo, y poco a poco, el anuncio está dando la vuelta al mundo a través de la blogosfera.
Intel no ha tardado en pedir disculpas y ha retirado la campaña de carácter mundial de todos los medios, aunque no ha llegado a tiempo en dos publicaciones que ya habían impreso las ediciones donde se puede ver el anuncio. No se ha revelado el nombre de ninguna de ellas.
La compañía ha lanzado un comunicado oficial en el que pide disculpas y reconoce su error. Intel asegura que pretendía transmitir la nueva potencia de sus procesadores a través de "metáforas visuales", pero que está vez la imagen seleccionada no ha logrado comunicar el mensaje que pretendían. Al contrario, "resulta culturalmente insensible e insultante", reconoce Dan MacDonald, vicepresidente de Marketing de Intel.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/internet/Intel/pide/disculpas/anuncio/racista/elpeputec/20070806elpepunet_6/Tes

sábado, 6 de septiembre de 2008

"Llévese una negrita" -y ya que estamos, a la mamá...

Juro que ya no sé que pensar. En este mundo (hiper)globalizado en que vivimos, una máma con su hija salen de Senegal, las detienen en Canarias camino a España, salen en un diario argentino y una familia las quiere "adoptar" en Mar del Plata. Por las dudas, le mandan un mail a un cura en Angola... Y todo eso es noticia...
Asistencia. Adji, junto con su mama, reciben el apoyo de un grupo de voluntarios de la cruz roja española.

Sociedad - Clarín del 6/9/08
Adji Geuye tiene 10 años y llego como "inmigrante desesperada" a las islas canarias
Por una nota de Clarín, varias familias quieren adoptar a una nena senegalesa
Son lectores conmovidos porque la niña, al ser menor e inmigrante ilegal, iría a un reformatorio.

La foto era conmovedora. Una niñita delgada, alta, esbelta, de ojos rasgados, boca de dibujo animado, acompañada de una voluntaria de la Cruz Roja. Y la historia lo era aún más. Adji Geuye, 10 años, senegalesa, llegó junto a su madre al puerto de Los Cristianos en las islas Canarias. Y de acuerdo al sistema legal español podría llegar a ser separada de la madre e internada en un hogar para menores hasta que cumpla los 18 años. La historia golpeó la conciencia de varios lectores y de inmediato comenzaron a llegar los mensajes de texto a Clarín. "Queremos adoptar a Adji", decían. Son familias argentinas pero también de las islas Canarias alertadas por argentinos de la publicación de la nota "Inmigrantes de la desesperación", el domingo pasado en la sección Zona del diario.
"Vi esa carita y de inmediato me llamó la atención. Leí la nota y antes de terminar me dije que me gustaría adoptarla", dice Matilde Gianni de la inmobiliaria del mismo nombre en Mar del Plata (ver "Un hogar..."). Al mismo tiempo, en las propias Canarias, en La Orotava, un pueblito cercano al puerto de La Cruz, en la isla de Tenerife, Esther Gomez, una joven madre de dos niños de 8 y 10 años, también pensaba en la adopción de Adji. "Un amigo argentino, Víctor, me sugirió que leyera la nota en Clarin.com. Cuando terminé de leerla ya tenía la decisión tomada. Lo hablé con mi esposo y hasta con mis hijos. Si fuera posible, sería muy bonito poder hacer esto", cuenta Esther desde su casa luego de poner a dormir a "los peques". Duilio Sureda, otro argentino de 34 años envió este mensaje: "me partió el corazón ver la foto y conocer la historia de Adji, no puedo creer que vaya a un reformatorio. Quiero saber qué posibilidades hay de adoptarla y que venga con su mamá".
Adji Geuye llegó a Tenerife junto a otros 84 inmigrantes subsaharianos en un cayuco, una de esa barcas endebles de pescadores, que las mafias del tráfico de personas usan para transportar como ganado a los que quieren emigrar a Europa. Su llegada fue una verdadera sorpresa para todos los que estaban en ese muelle hace dos semanas. Son muy pocas las nenas que viajan. En general envían a los varones para que trabajen y envíen dinero a la familia. Habían partido once días antes desde Senegal.
Adji viajó junto a su madre, Ndeye, y hombres inmigrantes de Mauritania, Guinea Conakry y hasta Mali. Recorrieron unos 1.400 km bordeando las costas africanas hasta el Sahara Occidental y de allí se lanzaron para alcanzar Tenerife por el sur. Pero a 135 km de la costa se quedaron sin combustible. Tuvieron suerte. Los rescató un barco español. Adji quedó bajo la tutela del fiscal de menores y enviada a un hogar. Días después, juntaron a madre e hija que ahora esperan la decisión de un juez. Adji, por ser menor, entra en el sistema de protección y podría permanecer allí hasta cumplir los 18 años cuando sería liberada pero con una orden de expulsión y sin documentación española. La madre podría ser expulsada en 40 días. "Hace unos años falleció mi madre en un accidente. Recibimos una compensación y dijimos que eso tendría que ser usado en una acción solidaria. Y esta es una buena oportunidad", explica Esther desde Tenerife.
Adji continúa en uno de los hogares de alguno de los pueblitos de Tenerife. Tal vez, alguien le diga que desde Mar del Plata hasta La Orotava hay mucha gente solidaria que quisiera darle un futuro mejor.

Un hogar la espera en Mar del Plata
El domingo madrugó Matilde Gianni y luego de desayunar leyó en Clarin.com la historia de la niña senegalesa Adji Geuye. La mujer se conmovió al leer cuál podría ser el destino de madre e hija: una podría ser deportada a su país y la otra, tal vez, quede internada en un instituto de acogida para menores hasta los 18 años. De la conmoción, Gianni pasó a la acción, y comenzó a hacer contactos para evitar que Ndeye y Adji fueran separadas. Es más: se ofrece para albergar en su casa de Villa Primera, en Mar del Plata, y sostener a ambas. El mismo domingo escribió a través de la web del Gobierno Español una carta contando su propuesta a José Luis Rodríguez Zapatero y busca contactarse con el Consulado de España. Dice que si la posibilidad legal existe, "esa nena divina con esos ojitos tan conmovedores y su mamá pueden tener un futuro aquí, juntas".
Gianni es la titular de una inmobiliaria, no tiene hijos y cuenta que a sus 60 años le sobra energía: "Soy una mujer de muchos proyectos", dice, y aclara que su familia la respalda en esta iniciativa. "Soy de esas personas que trata de hacer que todo sea mejor para todos", explica.
Ayer, luego de hablar con Clarín en su casa, intentaba establecer algún contacto con Unicef para encontrar algún tipo de ayuda: contó que enviará también un e-mail al cura Antonio Michelín, quien se encuentra en Angola como misionero y mediante el que, en un intercambio epistolar que tiene poco más de un año, "sé de las injusticias, sé cómo viven" en los países pobres de Africa.
"No se trata de snobismo, sino de vocación de servicio", aclara Matilde, "de ser solidario".
Fuente: http://www.clarin.com/diario/2008/09/06/sociedad/s-01754578.htm

Inmigrantes no deseados

Todo a partir de una serie de tres notas que publicó el diario Clarín sobre los africanos que intentan llegar a España a través del océano.
Domingo 31 de agosto de 2008
TEMA DEL DOMINGO: EL DRAMA DE LOS SIN PAPELES
Europa blindada: Inmigrantes de la desesperación
Viajan desde Africa en cayucos, endebles barcas de pesca. Intentan entrar a Europa por las Islas Canarias. Pocos sobreviven. Los que llegan van a la cárcel. Los niños son internados hasta los 18 años. Por: Gustavo Sierra Clarín.com Suplemento Zona

Lunes 1 de septiembre de 2008
EL DRAMA DE LOS SIN PAPELES / SEGUNDA NOTA
Europa blindada: Los hijos de los cayucos
Tienen entre 7 y 14 años. Los mandan los padres en esas barcas de pescadores desde Africa hasta las Islas Canarias para que trabajen y les envíen dinero. Cuando llegan los confinan en asilos hasta que cumplen la mayoría de edad. Por: Gustavo Sierra Clarín.com Sección El Mundo

Martes 2 de septiembre de 2008
EL DRAMA DE LOS SIN PAPELES / TERCERA NOTA
Europa blindada: Los que quedan en el camino
De cada tres cayucos, las endebles barcas de pescadores, que zarpan de Africa, uno nunca llega a las Canarias. Se calcula que en los últimos dos años murieron en el mar al menos 20.000 personas intentando entrar a España. Por: Gustavo Sierra Clarín.com Sección El Mundo

jueves, 4 de septiembre de 2008

Africa: Hombres como Dioses (2)

No fui el único a quien le pareció que la nota de La Nación atrasaba (un siglo) y trasuntaba un imaginario sobre Africa ya perimido en países con algún respeto por la diversidad cultural y la historia de los pueblos (alguna vez) colonizados. Abajo de la tapa de las primeras ediciones del libro de Lanvers (antes que lo republicara una nueva y mayor editora y decidiera realizarle algunos cambios cosméticos, éstos sí más acorde con los tiempos) va la opinión de Nicolás Fernández Bravo, antropólogo argentino que vivió "en Africa". En Mozambique, digamos, para no perpetuar la imagen de que es todo lo mismo del otro lado del océano ....
El imaginario colonial out of focus de H. Lanvers
(Sobre la nota publicada en La Nación el sábado 30 de Agosto por Susana Reinoso)

Por Nicolás Fernández Bravo

Entrar al supermercado para comprar salame, aceite para autos o “literatura” ha pasado a ser, en el mundo contemporáneo, una práctica cada vez más habitual. Mientras buscaba una oferta en la sección “detergentes” – y sin quererlo – posé mis ojos en el título de un libro de reciente aparición, el cual descansaba en el estante contiguo: “África Hombres como Dioses”, del argentino H. Lanvers (nótese que la H. invita a dudar si se trata de un auténtico anglosajón, o apenas un sudamericano). Curioso como siempre cuando, a cuentagotas, el entorno local repara en la existencia de “África”, no pude más que ojear el libro. Aunque su valor comercial sea algo menor que el de un Malbec decente, no me atreví a comprarlo, acaso por considerar que la literatura sin comillas no suele encontrarse en las góndolas del supermercado.
Así y todo, me detuve en algunos detalles del intrigante objeto que tenía entre mis manos. En la contratapa, se afirma que la novela “nos acerca a un continente negro como el que siempre quisimos explorar” (¿Nosotros? ¿Qué “nosotros”?). También se afirma que los personajes son “valientes y tenaces” y que “enfrentan las grandes rebeliones indígenas con un sentido de la lealtad que hoy extrañamos” (¿Nosotros? ¿Qué “nosotros”?). En la primera página, el autor advierte con ironía: “sólo las partes más increíbles de este relato están basadas en la realidad”. Este conjunto de prejuicios decimonónicos sobre la exploración, la valentía, los indígenas y la lealtad, adelantan un interrogante: ¿qué será realmente lo increíble? ¿El relato, o la posibilidad de su venta masiva? ¿Cuán verosímil puede ser la existencia anacrónica de un escritor victoriano-cordobés, en el siglo XXI? ¿Sucederá esto en algún otro lugar del planeta tierra? ¿O sólo en la Argentina la gente ostenta credenciales para hablar sobre África y los africanos a partir de “haber estado allí”, o “conocer a un negro”? Si bien es verdad que habría que leer la novela en su totalidad para hacer comentarios al respecto de sus argumentos y su narrativa (me limito a no hacerlo aquí; prometo hacerlo cuando disponga del dinero), lo realmente irritante fue leer, al día siguiente, una nota de media página en la sección “cultura” del diario La Nación, dedicada estridentemente al heroico individuo en cuestión.
Es por demás evidente que, para que las ideas se reproduzcan y pervivan en el tiempo, alguien tiene que diseminarlas. Si yo afirmara – por ejemplo – “los blanquitos de Argentina son racistas en potencia”, podría pasar solamente por un comentario trasnochado, exagerado, enteramente errado o incluso atinado, dependiendo del contexto de su enunciación. Pero la capacidad de influir en muchas personas a partir de un comentario semejante, estará directamente relacionada a la posibilidad de su difusión masiva. Los discursos políticos, el imaginario social, los sistemas de enseñanza, los medios de comunicación, el sistema de la moda, todos estos complejos mecanismos sirven para que las ideas – y las prácticas que suelen abrojarse a ellas – nazcan, se reproduzcan y eventualmente, mueran o se fortalezcan. Para todo ello, es necesario de la participación de quienes ostentan el poder (mucho, poco), de hacerlas públicas.
Parece una caricatura D’Elianesca que sea – nuevamente – el diario La Nación el que destaque con glamoroso cariño, la biografía y los comentarios de este otrora ignoto escritor que ahora se vende en los supermercados como vocero novelado (y tal vez, algo imparcial) de la violenta historia de la colonización europea en Sudáfrica. Según se nos informa, el autor del libro – cuyo protagonista es blanco, a pesar de tratar sobre Shaka Zulu – jugaba de niño a los bóeres y zulúes en Comodoro Rivadavia, dejando abierto el interrogante sobre quiénes serían los buenos y quiénes los malos. Infiriendo que la novela no habrá de ser tan simplista (blancos = valientes; negros = primitivos), no deja de sorprender que el entrevistado se refiera a sus difíciles (¿?) aventuras en África siendo “el único blanco, rodeado de negros, que corrían como maratonistas”, o que sea “muy denso para la mujer blanca vivir en África” (¿?). ¿Qué dificultad intrínseca conlleva estar rodeado de negros? ¿Por qué es denso para “La” mujer blanca, vivir en África? Incluso desde una lectura bien intencionada de estas afirmaciones, si es que esto es posible, encuentro políticamente incorrecto decir sin reparos que “a mi madre la desalentaba vivir entre negros” ¡en la Sudáfrica del apartheid! Este nuevo conjunto de frases, puestas a rodar en cualquier foro internacional con reparos hacia la corrección política (Naciones Unidas, Banco Mundial, Unión Europea), causaría al menos incomodidad. Me refiero a la incorrección política y no simplemente al más burdo y anacrónico racismo colonial, porque la contundencia de estas palabras suele ser leída en clave estructuralista: quienes señalamos el racismo, el colonialismo y la explotación, solemos tener que sortear los difíciles callejones del binarismo. Quienes han vivido en África o – como parece ser el caso de nuestro nuevo novelista – paseado por aquél continente algunos meses, suelen decir que las relaciones raciales “son más complejas” que el simple sistema de oposiciones negro/blanco, dominador/dominado, colonialista/colonizador. Aún adhiriendo a este señalamiento (para ser claros: hay negros malos y blancos buenos, aunque también hay grises), es incuestionable que el colonialismo constituye una categoría histórica del todo clara, cuyo anclaje empírico es posible analizar a partir de las fuentes de la época (documentos, testimonios, imágenes), por medio del análisis e interpretación de las mismas producidas por historiadores y antropólogos, o a partir de sus reelaboraciones contemporáneas (como las novelas y las prácticas políticas).
No obstante, es necesario reconocer que H. Lanvers es al menos consecuente con su incorrección política. Como si con su conservadurismo portátil no fuera suficiente en el campo de la discriminación racial, el mismo abarca también las cuestiones de género. Haría bien en informarse sobre los modales actuales del pensamiento liberal inglés que tanto parece admirar, el cual es cuidadoso en el lugar que atribuye a las mujeres – como para estar a tono con las modas intelectuales en curso, digamos. Declararse enamorado de la belleza de las altas montañas del mismo modo que de la belleza de las mujeres africanas, puede constituir al menos una forma de insulto grosero entre el grupo más tímido del feminismo conservador. No digamos ya, entre el feminismo radical, que bien haría Lanvers en evitar cruzarse un sábado por la noche.
¿Qué nos queda por pensar de nuestro nuevo novelista aventurero – y la periodista Susana Reinoso, experta en “temas africanos” – que lograron que el trabajo se destaque en el cuerpo principal de uno de los periódicos más influyentes del país? ¿Será que alimentan – insisto: un poco pasados de moda – la más elemental de las visiones esencialistas, impresionistas y colonialistas sobre África?
Tal vez debamos volver al problema que un importante grupo de residentes africanos, afro-descendientes, intelectuales, artistas y ciudadanos racionales congregados en torno al Movimiento de la Diáspora Africana, venimos señalando desde hace ya no poco tiempo y por los medios más diversos: la ignorancia que existe en Argentina sobre África y los africanos es desoladora y tiene consecuencias concretas en las personas físicas en la actualidad. Para tratar de entender algunas de las peguntas esbozadas, nos queda la triste realidad: estas situaciones solamente son posibles en la Argentina, y porque las permitimos. Quizás un comité de ética podría evaluar la responsabilidad de los periodistas al publicar notas con un elevado contenido racista, o las editoriales deberían cuidar al menos su lenguaje al momento de acompañar la edición masiva de imaginarios culturales que algunos quisiéramos considerar del siglo XIX. Sería impensable que estas publicaciones se dieran sin conflicto en Sudáfrica o Brasil, por poner ejemplos comparables, en donde millones de personas padecen las consecuencias directas de la discriminación y los privilegios basados en el color de la piel.
No obstante, todo indica que en nuestro terruño, ese increíble libro y esa increíble nota son posibles sin mayores comentarios (me atrevería a decir, incluso, que son bienvenidas con entusiasmo nacionalista, pues a fin de cuentas, ¡un argentino! escribe como Wilbur Smith). Es decir que no son la fantasía colonial de un excéntrico aventurero pasado de copas. Se editan. Generan dinero. Se venden a montones. Alimentan prejuicios. Alimentan el imaginario de quienes luego, toman decisiones reales. Estando irrestrictamente a favor de la libertad de prensa como lo estoy, entiendo que sólo en nuestro país esta libertad se diluye con la irresponsabilidad ética. Sólo en este contexto es posible entender exactamente qué quiso decir D’Elía cuando – sacado – dijo odiar a los blancos.
Entender – no necesariamente compartir. Al menos tuvo el poder para decir que en la Argentina actual, la inequidad también se asienta en el color de la piel. Y que se escuche.