miércoles, 3 de septiembre de 2008

Africa: Hombres como Dioses (1)

En un mundo globalizado -aunque, como nos corresponde, con atraso- los argentinos también nos hemos puesto el casquito de corcho de explorador blanco en Africa. Algunas de las afirmaciones que se vierten en el reportaje me producen un cierto escozor: hemos llegado al mundo de los exploradores parece pero no al del multiculturalismo. Como siempre pienso cuando escucho, en ambientes académicos, críticas al multiculturalismo: "lo que quieran, pero no nos vendría mal un poco acá...."
Es cordobés, médico cirujano y fanático del mundo africano
Un argentino desafía a Wilbur Smith
Con su novela Africa, hombres como dioses, Hernán Lanvers se convirtió en un súbito best seller
Por Susana Reinoso De la Redacción de LA NACION

El escritor H. Lanvers acaba de acometer un desafío mayor que alcanzar la cresta del Kilimanjaro, el coloso de Africa, a 5895 metros de altura. A poco de publicarse su novela Africa, hombres como dioses (Plaza & Janés), hizo cumbre como best seller : su libro está segundo en ventas, detrás de Marcos Aguinis, en el ranking de El Ateneo, Cúspide y Grand Splendid. Y quinto, en la lista de Librerías Santa Fe.
¿Quién es el hombre oculto detrás del nombre enigmático? ¿Un británico que se hartó de cazar leones en Tanzania? ¿Un africano blanco que salió a competir con el octogenario y millonario Wilbur Smith, vendedor de 80.000 millones de ejemplares?
H. Lanvers es Hernán Silva Lanvers, un médico cirujano cordobés, de 45 años, soltero, que se confiesa "tan enamorado de las altas montañas como de las africanas", según dice en una charla con LA NACION. Lanvers apareció en la redacción con una mochila de cierre falseado, de la que iba perdiendo las cosas. Fue el equipaje que trajo desde Córdoba, en el que llevaba un suéter y un par de ejemplares de su libro.
Con varias copias del mismo libro que en 2003 publicó Ediciones del Boulevard -la misma que editó a su reconocida coterránea Cristina Bajo- inundó la sede de Random House en Buenos Aires y varias redacciones periodísticas, como la de LA NACION. "Saqué los nombres de Internet, y le mandé un ejemplar hasta a la gente de seguridad. Se lo dejé también a José Ignacio García Hamilton y a Félix Luna." El historiador le respondió, según Lanvers, que la novela "es muy interesante, entretenida y bien escrita".
El protagonista blanco de Africa, hombres como dioses se llama Tom Grant y no habla como argentino, sino con el castellano de España. Desenfadado, casi ingenuo o quizá jugando a serlo, Lanvers dice a LA NACION: "Como Wilbur Smith publica cada dos años, aspiro a que mi nueva novela salga justo el año en que no se publica uno de sus libros". Smith lleva 32 libros publicados. Lanvers ya prepara dos entregas más de su flamante serie.
El libro de Lanvers se lee de un tirón. Que el autor sea cordobés resulta tan raro como conocer su proceso creativo: escribe en un cuaderno amplio, deja uno o dos renglones entre línea y línea escrita para incorporar nuevas correcciones, y borra con corrector líquido. "No tengo computadora; por eso escribo a mano. Y no tomo notas cuando viajo, pero comparto mucho tiempo con la gente del lugar", dice este cordobés sin tonada que vivió en la Patagonia.
Cuando vivía en Comodoro Rivadavia le nació el interés por Africa: "Hay una colectividad de bóeres que son sudafricanos descendientes de holandeses. A los 10 años jugaba a los bóeres y zulúes". En su novela cuenta la historia de Shaka Zulu, creador de un imperio en Africa del Sur.
Lanvers dice que empezó a leer sobre Africa a los 8 años. "Me pasaba seis horas leyendo libros de aventura. Tengo una biblioteca con libros sólo de Africa. Además leo a Sidney Sheldon, Julio Verne, Salgari, Jack London y Stevenson. Pero no puedo leer a César Aira, porque no entiendo qué me quiere decir", admite.
Un musungu en Africa
Habla, además de inglés, "unas 300 palabras de la lengua africana swahili". Escala solo los montes más altos del continente negro. Y ha vivido no pocas situaciones dificiles. Es el riesgo de ser musungu (hombre blanco) en el continente negro.
Una tarde, tras escalar el monte Kenya, "era el único blanco, rodeado de negros. A orillas del camino se abría la selva. Era necesario llegar a uno de los refugios, antes de que se cerrara la noche, porque después los animales salen a cazar. Los negros corrían como maratonistas. Y yo no podía ni caminar. Al final, llegamos". También sobrevivió a una paliza en Nairobi, capital de Kenya. Le arrebataron la mochila y lo molieron a golpes.
Dice Lanvers que con tamaña pasión por Africa no le dura novia. El Kilimanjaro le costó una ruptura con la de los dos últimos años. "Cuando voy a Africa, visito a otras novias que tuve allá. Quizá, con el tiempo, termine viviendo en ese continente. Pero es muy denso para la mujer blanca."
Nunca trabajó como médico este sucesor de Wilbur Smith. Cuenta que, cuando estudiaba medicina, llegó a dormir en la calle y pasó hambre. Se propuso hacer dinero y viajar, y por eso montó un instituto que prepara alumnos para el ingreso universitario. Su padre también intentó labrar su futuro en Sudáfrica. Pero a su madre la desalentaba vivir entre negros. El médico que viajó con su padre sucedió al pionero de los trasplantes cardíacos, Christiaan Barnard.
Lanvers no puede creerse todavía el éxito. De ello dependía su futuro como escritor. Hoy ya escribe la tercera novela, mientras la segunda calienta motores en la pista de despegue.
Africa mía: Una vida nómade
-La novela de H. Lanvers tuvo una edición en Córdoba, en 2003, hasta que desembarcó en Buenos Aires este año. La primera edición de Plaza & Janés, hace un mes, tuvo una tirada de 12.000 ejemplares.
-H. Lanvers ha escalado montañas en Africa y en Asia. En el continente negro estuvo ocho veces. En su casa cordobesa colecciona objetos exóticos de sus viajes por esos lugares. Su obsesión es viajar.
-Es un fanático del célebre Wilbur Smith, de quien ha leído todos sus libros. Smith publicó 32 novelas.
-Lanvers se considera un solitario, por eso viaja y escala con la única compañía de su mochila. Dice que es un hombre sin pasado, porque ha vivido tanto tiempo fuera de Córdoba como en la provincia. En la Patagonia, tuvo contacto por primera vez con la cultura africana.
-Antes de debutar con Africa, hombres como dioses , publicó una guía médica titulada Kilimanjaro . En el libro brinda datos de las enfermedades, vacunas, tratamientos, mapas, hoteles, rutas para escalar, flora y fauna de Tanzania.
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1044753&high=hombres#lectores

martes, 2 de septiembre de 2008

Africa: Imágenes miserabilistas

Esta nota de Nicolás Fernández Bravo apareció hace unos años en La Nación, como respuesta a otra del periodista Joaquín Morales Solá. Su vigencia, sin embargo, se mantiene incólume y dará pie para otras reflexiones en base a notas y libros sobre Africa aparecidos recientemente. Las ideas de Nicolás advierten el mismo fenómeno y complementan el análisis que hice en un artículo que trataba, entre otros temas, sobre los temores en los medios de comunicación acerca de una supuesta "africanización" de la Argentina durante la crisis económica del 2001-2002. Los chistes que ilustran la entrada son algunos de los varios que sobre esta temática aparecieron en los principales diarios porteños de la época.
Sobre el esencialismo de la “miseria Africana”: Una respuesta a las comparaciones miserables
Por Nicolás Fernández Bravo.

Se ha vuelto lugar común en ciertos ámbitos de la opinión pública, comparar la crisis por la que atraviesa Argentina con “Africa”. Desde que la Argentina ocupa la primera posición en el ranking de deudas externas incobrables, desplazando así a Nigeria, y desde que muchos se dieron cuenta de que en el Gran Chaco la gente pasa hambre al igual que en Uganda, las comparaciones no han dejado de multiplicarse. Parecería ser que se ha descubierto un nuevo concepto para explicar las consecuencias sociales del deterioro de los niveles éticos de las elites locales: el de la “africanización” de Argentina. Ante un aluvión semejante de comparaciones, surge una pregunta: ¿a qué se refiere el periodismo cuando compara contextos no solo diferentes, sino fundamentalmente ignorados? Más específicamente: ¿qué se conoce en Argentina sobre “África”, y sobre qué elementos se basan estas analogías?
Por motivos de índole histórica y política, los vínculos entre Argentina y los distintos países africanos han devenido en relaciones marginales y casi inexistentes. El significado del concepto “Africa” se encuentra hoy atrapado por una pesada carga ideológica - tal vez debido a la poca visibilidad y difíciles condiciones de trabajo de los africanistas en Argentina, quienes sí están preocupados en profundizar estas relaciones. Con la excepción de un grupo de estudiosos contemporáneos, interesados en las migraciones, las religiones afro y quienes rastrean los componentes africanos del Tango, la idea de “África” tiene un sentido difuso, incluso entre los “expertos”. Este sentido, inculcado a partir de una escasa atención en los distintos niveles de la enseñanza, se ha ido alimentando últimamente desde los medios masivos de comunicación. No se trata de un fenómeno particular de la Argentina: en muchos otros países, África también ocupa el lugar de la miseria, la pobreza y las endémicas guerras denominadas tribales. Difícilmente haya espacio entre los párrafos del sensacionalismo, para explicar la genealogía de al menos algunos problemas africanos. Por cierto: no son pocos los que han dedicado esfuerzos para combatir las diferentes versiones del racismo, incluso aquellas disfrazadas de corrección política. En vistas de acontecimientos como este, podemos decir que el éxito de esta lucha es al menos parcial. La generalización, en el caso del discurso de algunos periodistas, es funcional a las formas más primitivas del evolucionismo decimonónico – un paradigma que, si bien obsoleto y errado, no deja de tener asidero entre algunas corrientes de la psicología genética, en algunas versiones de la historia comparada y en determinados ámbitos del servicio diplomático.

Para el caso de Argentina, a esto se le suman dos problemas: un pretendido mito que, en lo fundamental, sostiene que en Argentina no hay discriminación racial hacia los negros, y un espeluznante desconocimiento sobre la compleja realidad africana. Estos dos problemas operan para construir lo que las distintas disciplinas que estudian la historia de la cultura llaman escencialismo. Así, habría una esencia africana que sirve de “resumen” para explicar “cómo es el africano”. Es a partir de esta construcción ideológica de África y los africanos, probablemente, que muchos opinólogos hablan.
Tomemos por ejemplo, el discurso recientemente publicado nada menos que en la primer plana de uno de los principales diarios de Buenos Aires[ el cual – es necesario destacar – no es mas que un ejemplo entre tantos otros. Sorprende su impactante titular: “Entre la miseria africana y la indiferencia feudal”. Ya en los párrafos siguientes, y a propósito de los niveles de desnutrición infantil, el autor se refiere a la capital de la provincia de Tucumán como un ámbito sumido “bajo la sombra de un insoportable tendal de moscas”, donde los empleados públicos recorren las calles “para abrir las bolsas de basura” y donde “los niños mueren de hambre” – tal como sucede “en África”, se infiere lógicamente. Solo faltaría la consabida correlación que para muchos existe entre miseria, calor tropical y vagancia. Lejos de querer discutir estas impresiones, pues nadie duda que los periodistas suelen manejarse a partir de aquello que impresiona (y en Tucumán, efectivamente, hace calor), interesa preguntar: ¿a que “África” se refiere Morales Solá? ¿A Marrakesh? ¿Al pujante y salvaje capitalismo de Johanesburgo? Tal vez se haya querido decir: “una aldea rural en Mali”, o “las afueras de una capital distrital en las islas de Cabo Verde”. En términos geográficos, todo ello entra bajo la categoría Africa. Sólo que las cosas cambian sustancialmente cuando de sociedades se trata.

De cualquier modo, sucede que la generalización se realiza siempre a partir de una imagen fosilizada de África, un África esencialmente miserable. Como si no existiese la diversidad, y como si la miseria en si fuese un atributo de la africanidad.
En este sentido, resulta particularmente lamentable la incapacidad de asumir la propia forma de la miseria. Si se trata de una miseria miserable, como la que padecen muchos argentinos, la comparación se tiene que realizar, de ser posible, con Marte. La miseria en Argentina es tan geográficamente incomprensible como políticamente motivada, fruto de una historia de desigualdades y voces silenciadas. Seguramente las complicidades internacionales hayan sido buenas aliadas de la cleptocracia vernácula, pero no se trata de buscar culpables fáciles o conspiraciones diabólicas. Antes bien convendría empezar por comprender cómo nos construimos a nosotros mismos a interior del envase jurídico territorial que llamamos “nación Argentina”. Quizás esta percepción de la propia sociedad también se asiente en aquél mecanismo esencializador: el de una Nación “europeizada” y “blanca” que recién en Diciembre de 2001 parece haberse dado cuenta de las bases de su propia y corrosiva miseria.

Definitivamente, la miseria en la Argentina existe desde hace tiempo y bajo múltiples formas. La “miseria” de la Argentina – un paraíso alimentario que bien podría abastecer a 300 millones de personas – dista bastante de las poco fértiles mesetas del Sudán meridional. Si se han de comparar Argentina y “África”, habría que señalar que descansan sobre geografías del todo diferentes – lo cual hace de la Argentina un caso especialmente absurdo. Aunque, en cualquier caso, el hambre es ante todo una cuestión política, donde la geografía suele operar como excusa simplificadora de un problema que no admite simplificación.

Nota publicada en Septiembre de 2002 por el diario La Nación como respuesta a una columna de Joaquín Morales Solá

lunes, 1 de septiembre de 2008

Africanizados

Este es el texto que, creo, complementa la nota de Nicolás. Ambos fueron escritos de manera absolutamente independiente, motivados por las mismas crónicas periodísticas.
(doble click en las imágenes para agrandarlas)
La delgada línea que en el imaginario argentino separa a los “negros” (cabecitas) pobres de los individuos negros también puede apreciarse en un fenómeno reciente que ha pasado inadvertido: la generalización, en medios argentinos, de alusiones al Africa o a países africanos como referentes comparativos de la Argentina en crisis del 2002.
Tan recientemente como noviembre de 2001, un escritor argentino reseñando la novela ambientada en Buenos Aires de una autora francesa, podía quejarse de que:


“su narración se apoya en un pastiche de pintoresquismo tropical y postales porteñas estereotipadas (…) un palo borracho es descripto como un “conjunto de árboles” (…) se habla del gusto de la papaya..” (Eduardo Berti en el suplemento Cultura y Nación de Clarín, 10/11/01)

El título de la reseña -“Tangos en la capital de la papaya”- muestra qué molesto se sentía el escritor con la osadía de la autora francesa de ubicar a un personaje comiendo papaya en Buenos Aires.

Sin embargo, sólo unos meses después, luego de la descomunal agudización de la crisis -y su simbolización de maneras diversas y contundentes a partir de los hechos del 19 y 20 de diciembre del 2001- fueron varios los periodistas y escritores dispuestos a comparar a la Argentina y a la situación de sus ciudadanos más pobres, ya no con alguna república bananera caribeña -ni siquiera con las naciones más pobres latinoamericanas- sino con países del Africa. Dicha comparación se expresa en formas más o menos jocosas (chistes gráficos, notas de humor) pero también en editoriales, notas de opinión y entrevistas a intelectuales de diverso tipo.
Algunos ejemplos:

- “Pobres nos sentimos etíopes, con perdón de esa gente seguramente más inocente que nosotros.” (el periodista Orlando Barone, en “Puerto Libre”, su columna dominical en La Nación, 15-9-02)

- “Si no luchamos por una utopia , terminaremos como un pobre país africano” (título a doble página de un reportaje a Marcos Aguinis en la revista Gente, 23-4-02)

- “Volviendo al escenario nacional que y sin ánimo de ofender, camina aceleradamante hacia su africanización…” (la periodista Sylvina Walger en “El FMI que nos merecemos”, nota de opinión publicada en La Nación, 24-5-02)

- “Nosotros nunca pensamos que podíamos llegar a compararnos con algunos países pobres de Africa” - (reportaje a Beatriz Sarlo en la revista dominical del diario La Nación , 26-5-02)

- “ Africanización : Tal vez usted tenga agua, luz, calefacción… Yo no, y vivo como en Africa. Y eso es el país hoy, una Euráfrica, donde unos viven como en Europa y los demás como en el continente negro.” (el periodista Manuel Fernández López, en “El Baúl de Manuel”, su columna dominical del suplemento económico Cash de Página 12 , 30-6-02)

- El cómico Enrique Pinti tituló : “Candombe Nacional” a su nuevo espectáculo estrenado el 5 de enero del 2002. Eligió ese nombre para su espectáculo porque: “El candombe es una música de esclavos. Como en el candombe, estamos descalzos, en la calle, como esclavos. Somos esclavos, ¿entendés? Ahora ya se acabó la fiesta. Se acabó…” (“El candombe según Pinti”, La Nación, 21/12/01)

Sugiero que, a la luz de todo lo expuesto hasta ahora, se hace más comprensible el “pobres nos sentimos etíopes” del renombrado cronista de La Nación, en la medida en que la pobreza está, efectivamente, asociada en el imaginario porteño con la negritud. Que la extrema pobreza nos lleve a vernos negros comprueba, según lo expuesto hasta aquí, la efectiva vigencia -no importa qué tan silenciada- de las categorías raciales como reproductoras de las diferencias sociales que nos aquejan. Resulta sugestivo que la mayor parte de las comparaciones no se realizan con países latinoamericanos - con “cabecitas negras”- sino directamente con países africanos o con esclavos - con negros .
Se ha sugerido que para la Argentina, el negro es la imagen más fuerte de alteridad. Propongo que es así principalmente porque, para el hombre de Buenos Aires, desde hace más de 100 años es el Otro más cercano, con el que efectivamente convivió, con mayor o menor intensidad, desde la época de la esclavitud hasta nuestros días. Por esta cercanía, y por la efectiva miscigenación que pese al prejuicio se producía y aún se produce, hemos estado exorcizándolo de nuestra sangre, de nuestra familia, de nuestra ciudad, de nuestra cultura y de nuestra historia.
Durante la última década del siglo XX, “extinguidos” los negros y domesticados los “negros” -por un presidente a quien el establishment porteño pasó a ver como “alto, rubio y de ojos celestes” aunque su fenotipo lo desmintiera- creímos que por fin habíamos entrado al Primer Mundo de los indudablemente blancos que nos correspondía. Resulta paradójico que justo cuando creímos haber cumplido nuestro destino manifiesto, nos vimos de nuevo lanzados del paraíso hacia el infierno de la pobreza, un infierno de carritos y cartones, para enfrentarnos con el diablo que, como todos sabemos, es negro.

Texto extraído de Alejandro Frigerio (2006): “ “Negros” y “Blancos” en Buenos Aires: Repensando nuestras categorías raciales”. Publicado en Temas de Patrimonio Cultural 16: 77-98. Número dedicado a Buenos Aires Negra: Identidad y cultura. Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires.

Fuente de las imágenes: Página 12 (31/5/02); Clarín (s/d, pero cerca): La Nación (8/12/01)
Las imágenes son parte de una investigación que estoy realizando sobre la imagen de los afrodescendientes y africanos en la Argentina.

viernes, 29 de agosto de 2008

Obama: ¿El sueño continúa?

Obama dando un discurso, Clarín 28/8/08 - pag. 22

El Mundo – Diario Clarin, jueves 28/8/08
EL PARTIDO DEMOCRATA HACE HISTORIA
Obama, consagrado como primer candidato negro a la Casa Blanca
Fue elegido en la Convención demócrata por aclamación. Hillary le cedió sus votos. En el tercer día de encuentros, habló Bill Clinton, quien reiteró su apoyo al senador por Illinois. También lo hizo el compañero de fórmula de Obama, Joe Biden.


Luego de horas de tensión y de mucho nerviosismo, con la unidad del partido en juego, Barack Obama se transformó finalmente ayer en el primer negro candidato a presidente de uno los dos partidos más influyentes de Estados Unidos. Fue un momento histórico.
"Yo vengo de una familia de esclavos", dijo a Clarín, con lágrimas en los ojos, David Jordan, 74 años, delegado por Mississipi. "Mi padre trabajaba en los campos de algodón. Si hoy pudiera resucitar se volvería a morir de la emoción. Yo participé en todas las marchas. cómo quiere que no esté impresionado!!"
"Cuando era chica le pregunté a mi padre si un negro podía ser presidente. mire cuán lejos hemos llegado", dijo por su parte Janet Goodman Bals, delegada por Nevada.La Convención del Partido Demócrata nombró a Obama por aclamación pese a que hasta último momento los delegados de Hillary Clinton hicieron sentir el peso electoral que tienen y muchos temían por la unidad del partido........... sigue en
http://www.clarin.com/diario/2008/08/28/elmundo/i-01747939.htm

Marcha sobre Washington, día del discurso "Tengo un sueño", 29 de agosto de 1963

El Mundo - Diario Clarín, viernes 29/8/08
HACE 45 AÑOS DABA SU FAMOSO DISCURSO EL LIDER DE LOS DERECHOS CIVILES
El sueño de Luther King, camino a convertirse en una realidad
Por Paula Lugones

El cielo vira a rosado en el atardecer de Denver. Las montañas tornasoladas que escoltan el estadio Invesco ofrecen el marco perfecto para el megashow. Pero más allá del espectáculo, sobrevuela una atmósfera electrizante: algo muy grande, histórico, está por suceder aquí. Se ven ojos húmedos, manos apretadas, casi en un rezo. Las 75.000 almas que sucumbirán hechizadas al encanto de Barack Obama tienen un porqué. Allí, bajo las columnas dóricas, un hombre está plasmando el sueño que proclamó el líder por los derechos civiles Martin Luther King, el 26 de agosto de 1963, hace exactamente 45 años. Por primera vez en la historia de este país, un hombre de raza negra acepta ser candidato a la Casa Blanca. Un hito en la historia de EE.UU., que hasta pocas décadas antes no permitía a los afroamericanos votar ni viajar junto a los blancos en un colectivo.
"Agradezco a Dios estar viva para ver esto", murmura a Clarín Emma Flemming, engalanada con un vestido marrón brillante y una colección de banderitas de EE.UU. Emma viajó desde Rochester, Nueva York. Instalada en una butaca 8 horas antes del comienzo del discurso de Obama, cuenta que estuvo sentada con King 3 meses antes de su asesinato en 1968 y que es luchadora por los derechos civiles de toda la vida. "Esto nos hace iguales. Ni blancos ni negros, iguales", dice con la voz quebrada.Cuando el reverendo King pronunció su mítico "I have a dream" en las escalinatas del monumento a Lincoln en Washington, se produjo una bisagra en el movimiento de derechos civiles. Entonces no sólo no se permitía votar a los afroamericanos, sino que en los negocios había probadores exclusivos para negros.
King pidió justicia y cambio y, a los afroamericanos, pidió que lucharan por sus ideales sin métodos violentos. "Yo tengo un sueño", dijo, e imaginó un país en donde chicos blancos y negros convivan sin prejuicios ni diferencias y despidió a sus seguidores diciéndoles que vuelvan tranquilos a casa, que el cambio de algún modo iba a llegar. Obama tenía dos años cuando King imaginaba un país distinto. Hijo de una antropóloga blanca de Kansas y de un estudiante recién llegado de Kenia, Obama se volvió admirador de King, pero ni él ni su familia vivieron en carne propia la virulenta lucha por los derechos civiles. No tiene el peso de la esclavitud en sus espaldas. Su discurso es de unidad, menos combativo que el de otros líderes que intentaron llegar a la presidencia, como Jesse Jackson.
En su discurso en la convención del martes, el gobernador Deval Patrick, de raza negra, hizo vibrar a la audiencia cuando contó que había crecido tan pobre que había dormido en el piso casi todos los días y nunca había podido comprar un libro. Pero dijo que su hija siempre tuvo su cuarto propio y había viajado por cuatro continentes. "Una generación", dijo, "y las circunstancias de mi vida y mi familia se transformaron profundamente". Lo mismo apuntó Michelle Obama: sus orígenes pobres y sus logros personales. Es que el mensaje de Obama apunta a eso: que no hay diferencias entre los logros de una familia blanca y la de cualquiera otra familia estadounidense, de cualquier raza.
Es cierto que la candidatura de Obama representa un salto inmenso para los afroamericanos en EE.UU. De hecho, cerca de un 94% de estadounidenses dijeron en una encuesta de Gallup que no tendría problemas en votar por un presidente negro. En 1967, sólo el 53% opinaba así. Pero no hay que confundirse: el avance es grande, pero la estrella de Obama es única, no es la regla para una raza aún postergada. Según el último censo, la pobreza entre la comunidad negra es tres veces la de los blancos, y los negros tienen 6 veces más chances de ser arrestados que los blancos. El ingreso medio de una familia de raza negra fue de $ 33.916 en 2007, contra $ 54.920 de los blancos.Obama hace honor al sueño de King. Hoy, blancos y negros están unidos detrás de este hombre que promete cambios.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Mujeres afro: puertas cerradas

Coro Afrogama de Uruguay, en la fiesta de Iemanjá, febrero de 2008
Lunes, 25 de agosto, 2008 - AÑO 9 - Nro.3009 - Diario La República - Montevideo
Mujeres afro: puertas cerradas
Por (Mãe) Susana Andrade (de Oxum)- Líder religiosa

Pasó otro Día de la Mujer Afrolatina y Afrocaribeña, sector discriminado entre los discriminados de la población mundial. Este año por aquí hubo mayor cantidad de actividades y fue más notoria la presencia de jerarquías del gobierno y líderes sociales que acompañaron, aunque aún dista mucho de ser una celebración con la repercusión que merecería para paliar, al menos en parte, la desventaja social acumulada y nunca justamente compensada.
Este mismo año hubo representantes compatriotas en la primera asamblea de la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora sucedida en Panamá, que contó con la participación de ciento veinte mujeres representativas de veintidós países de la región y acordó reunirse en nuestro país en 2010.
En Uruguay desde el actual gobierno se llevan adelante acciones afirmativas involucrando distintos ministerios y organismos públicos, y se contempla la necesidad de equidad de género en diversas áreas antes impensadas. Sin embargo falta mucho, sobre todo desde el sitio de las mujeres afro. Donde hay voluntad y hay leyes, falta por ejemplo un presupuesto adecuado para plasmar esos cambios. Necesitamos incidir y para eso debemos estar comprometidos en la gestión de forma tal que articulemos acciones concretas a nivel de la colectividad.
Sólo se logra un cambio significativo en el desarrollo de las sociedades si se cuestionan directamente los patrones de poder existentes. El concepto moderno de "empoderamiento", usado con frecuencia específicamente relacionado a la mujer, se utiliza en el contexto de la ayuda al desarrollo económico y social para hacer referencia a la necesidad de que las personas objeto de la acción de desarrollo se fortalezcan en su capacidad de controlar su propia vida. También puede ser interpretado como un proceso político en el que se garantizan los derechos humanos y la justicia social a un grupo marginado de la sociedad. Los programas de empoderamiento se orientan a permitir el acceso de las mujeres a los recursos y a la toma de decisiones, tanto individuales como colectivas, y conseguir que ellas se perciban a sí mismas capaces y legítimas. Hace falta imperiosamente trabajar en fortalecer la autoestima de las afrouruguayas, muchas de las cuales aún creen íntimamente que no tienen derecho casi a nada.
Como Deolinda, una historia común a un gran número de mujeres nacidas y criadas en régimen de semiesclavitud remunerado con casa, comida y la falsa ilusión de una familia prestada: la de sus patrones estancieros fronterizos. Sólo que pasa los sesenta y no ha formado su propia familia, ni ella ni su hermana en iguales circunstancias, pues dedicaron su tiempo a otros desde que la madre les dejó esa herencia de trabajo doméstico donde la entrega no admitía espacio para intereses personales. Desde tal provocado estado de renuncia, se le concedió el ser como "una más de la familia"; viendo pasar la vida ante puertas aparentemente abiertas y eternamente cerradas al goce de ser para sí misma. ¿Acaso alguien tiene derecho a apropiarse de la vida de otro por casa y comida? Debería ser un delito no explicarle a las Deolindas del mundo qué significa el empoderamiento.
Simone de Beauvoir, una de las figuras intelectuales francesas más importantes y comprometidas de mediados del siglo veinte, dijo: "No pretendo que las mujeres tengan poder sobre los hombres sino poder sobre sí mismas".

lunes, 25 de agosto de 2008

50 años de Bossa Nova

Ya expresé mis reservas sobre la bossa nova. Me parece merecido, sin embargo, que Clarín le haya dedicado la tapa y doble página central del suplemento Espectáculos a sus cincuenta años. Y, claro, no podía dejar de publicar la foto de la auténtica Garota de Ipanema, abajo (es un ícono cultural, aunque se parezca demasiado a una modelito de Gente....). Ver el recuadro de Mariano del Mazo, interesante como siempre: La Balsa fue compuesta sobre los acordes de Garota....
Vinicius de Moraes y la auténtica Garota de Ipanema
MUSICA: 50 AÑOS DE BOSSA NOVA
La voz nueva
Se considera su nacimiento en 1958, con la edición del simple "Chega de saudade", de Jobim y Vinicius, interpretado por Joao Gilberto. Se desarrolló en la década del 60 y revolucionó la música popular. Aquí, claves de un fenómeno y una entrevista a Roberto Menescal, pionero del género que hoy y mañana encabeza un espectáculo celebratorio en el Gran Rex.
Por FEDERICO MONJEAU
Hace justo medio siglo, en agosto de 1958, llegaba a las tiendas de San Pablo y Río de Janeiro el disco simple de 78 rpm Chega de saudade, una composición de Tom Jobim y Vinicius de Moraes, en la interpretación de Joao Gilberto. De otro lado figuraba Bim Bom, una pieza con letra y música del propio Joao Gilberto cuya onomatopéyica formulación constituía toda una novedad poético-musical. Era el nacimiento de la bossa nova. El mismo tema Chega de saudade había salido en abril de ese mismo año en la versión de Elisete Cardoso, con arreglos orquestales de Jobim y Joao Gilberto en la guitarra, pero sólo en la voz de Gilberto ese original samba canción alcanzaría su revolucionario estatuto.
La grabación de ese disco -preciosamente documentada en el libro Chega de saudade, de Ruy Castro- no fue fácil; primero, no fue fácil convencer al productor de Odeón Aloysio de Oliveira de encarar esa rareza; segundo, no fue fácil debido al neurótico perfeccionismo de Gilberto (quien en las extenuantes sesiones de grabación acusaba al mismo Jobim de "brasileño perezoso"). El disco terminó vendiendo 15 mil copias entre agosto y diciembre de 1958, curiosamente primero con mayor acogida en San Pablo que en Río de Janeiro. Hasta entonces el término bossa nova se había empleado como una cualidad, como sinónimo de distinción y personalidad. Probablemente hizo su primera aparición en un samba de Noel Rosa de 1932, Coisas nosas: O samba, a prontidao e outras bossas/ Sao coisas nossas, sao coisas nossas.
Pero con la irrupción de Joao Gilberto, el término adquirió la definición de una forma musical. Por las nuevas armonías; por un estilo guitarrístico basado en la oposi ción entre los cuatro dedos y el pulgar de la mano derecha; por la suspensiva síncopa dentro del tradicional metro del samba; y en el caso particular de Joao Gilberto, por una manera de cantar completamente inédita, que fluctúa sobre la batida formando una gran palabra ininterrumpida con todas las palabras de la canción, que Gilberto pronuncia casi sin separar, demorando exquisitamente la frase como si estuviese cansado por el efecto de la carga.
Pero además de la invención particular de Joao Gilberto, la bossa nova fueron también las composiciones musicales de Jobim, Baden Powell, Carlos Lyra y Roberto Menescal, la poesía de autores como Vinicius de Moraes y el genial Newton Mendon»ca, autor de la autodescriptiva Samba de una sola nota y de la irónica Desafinado, por sí sola un auténtico manifiesto modernista.
El surgimiento de la bossa nova coincide con la inauguración de Brasilia, esa increíble incrustación futurista en medio del planalto. Brasil asistía a una especie de nueva fundación, y en materia de música podía incluso aspirar a ciertos aires imperiales. La bossa nova conquistó el mundo de inmediato, y tuvo una extraordinaria recepción entre los jazzistas estadounidenses.
En noviembre de 1962 tuvo lugar el primer gran concierto en el Carnegie Hall de Nueva York; al año siguiente, la grabación del disco Getz/Gilberto; poco después vinieron las grabaciones de Jobim con Frank Sinatra. La bossa nova fue mudando de escenario. Estados Unidos pasó a ser la nueva patria del movimiento, que se había dispersado en el Brasil. Como dice en estas páginas Roberto Menescal, con la dictadura militar instalada en Brasil en 1964 perdió sentido seguir hablando del mar y las meninas. Como observó Ruy Castro, con el show Opiniao de Nara Leao, la musa de la bossa nova se transformó en musa de protesta, en una época en que la generación universitaria estaba necesitando algo de ese género.
La bossa nova decayó, pero sin ella no habrían sido posible los desarrollos posteriores. Como señala otro historiador del movimiento, Tarik de Sousa: "Hacia el fin de la década de 1960 e inicios de los 70, la bossa nova caducaba. Sus últimos posibles continuadores, revelados en los Fesivales, Milton Nascimento y Egberto Gismonti, no quisieron cargar con ese peso, entonces la bossa nova se transformó en otra cosa y la fusión jazz-samba se transformó en baión-rock. Hoy se puede decir que la bossa nova sobrevive básicamente en el ensanchamiento armónico y en la apertura de visión que permitió a la música popular no temer las alturas del jazz y más tarde, con la ayuda del tropicalismo, caminar hasta la música erudita contemporánea."
Tarik de Sousa escribía esto a mediados de los 80. Unos años después el resurgimiento llegaría impensadamente de la mano del pop, por músicos de las nuevas generaciones como Beck, Beastie Boys y Sean Lennon, además del prolífico japonés Ryuichi Sakamoto y del antropólogo musical David Byrne, tal vez el primero de todos con su Rey Momo de 1989

Postal bahiana: Joao Gilberto, el creador de 'la batida' en la guitarra (un modo de tocar clave en la interpretacion de la bossa), enseñando yeites a Caetano y Gal Costa.

Influencia
Mariano del Mazo - mdelmazo@clarin.com
Hace años, ante cierto abucheo del público de un teatro de San Pablo, Joao Gilberto toreó: "Me voy a vivir a Buenos Aires, capital de Brasil". A su manera estaba manifestando la devoción con la que los argentinos tratan a los músicos brasileños. La relación viene de lejos y un punto de partida es la década del 60, años en que la bossa nova comenzó a expandirse. Cierta clase media porteña descubrió esta música durante sus viajes a Río de Janeiro y Punta del Este. La bossa nova era sinónimo de sofisticación e intelectualidad y aparecía entremezclada entre la nouvelle vague, el cool jazz, el Di Tella, la revista Confirmado y las noches del boliche Jamaica en las que Salgán se animaba a tocar algún choro.
La influencia de la bossa nova en la cultura porteña es hoy poco visible pero profunda. Digamos solamente que el primer hit del rock argentino, La balsa (escrito por Nebbia después de un balbuceo de Tanguito), fue compuesto sobre los acordes de Garota de Ipanema.

domingo, 24 de agosto de 2008

¿Hate Crimes?

En algunos países tienen leyes o al menos preocupaciones especiales por los "hate crimes" (lit. crímenes de odio) o crímenes basados en el prejuicio que ciertos individuos tienen sobre los miembros de minorías raciales, religiosas, étnicas, sexuales, etc. En nuestro país el mote parece adecuarse cada vez más a la violenta realidad local.
“Ahora estoy mejor, se me pasó la angustia de verme la cara cortada, pero supongo que me van a tener que volver a hacer una cirugía”, explicó. El papá de Florencia, Carlos, describió las amenazas que sufrió su hija desde que llegó al pueblo: “Esta chica ya venía amenazando, porque nosotros no somos de acá, del ambiente, y se ve que le molestaba la presencia de gente nueva. Por eso la trataba de ‘negrita’, de esto, de aquello”, contó el hombre indignado porque la chica actuó con el consentimiento de la propia madre, que le gritaba: “Matala, hacela bosta”, aunque en un momento le quitó la trincheta y la guardó en el bolsillo. La nena también lo recuerda: “Ella me amenazó varias veces y yo me la venía aguantando, ahora dio la casualidad que terminó así, encima la madre la alentaba, la apañaba para que hiciera lo que tenía en mente, que era cortarme la cara”.
Fuente: Diario Crítica, sábado 23 de agosto de 2008.