martes, 29 de julio de 2008

¿Black Power?

Diario Crítica - Sociedad / Edición Impresa /29.07.2008
Vogue agotó su ‘edición negra’
El black power revierte la tendencia
Se trata de la versión italiana. Sus publishers la dedicaron a las súpermodelos de color porque “en el mundo del fashion dejaron de usarlas”. El número hizo furor en Inglaterra y en los Estados Unidos y se reimprimió.


En las últimas cuatro semanas la “edición negra” de Vogue Italia se agotó tan rápido en Inglaterra y en los Estados Unidos que se apuraron a reimprimir y distribuir 40 mil copias más.
Una revista considerada de circulación pequeña explotó en ventas y muchos creen que impuso una revolución en la industria de la moda. ¿Por qué? Por dedicarles sus páginas a las modelos negras.
Concebida por la editora Franca Sozzani junto al reconocido fotógrafo Steven Meisel resaltaron la belleza de 18 modelos de tez oscura incluyendo caras nuevas, establecidas y otras ya legendarias. Los nombres incluyen desde a Iman, Naomi Campbell, Tyra Banks, Jourdan Dunn y Liya Kebe.
“Lo hacemos porque creemos que nadie está usando chicas negras. Yo veo tantas chicas hermosas y siempre me contestan que no las llaman”, comentó Sozzani a The Independent. “Por otro lado, antes de publicarla, la redacción temía la reacción de la sociedad italiana. Tal vez en nuestro país no es la mejor idea. Pero no me importa. No es mi problema si no les gusta, el problema es de ellos”. Desde que Sozzani anunció su decisión para el número de julio empezaron a aparecer cuestionamientos. Pero nadie anticipó la explosión. BLANCAS Y NEGRAS. “¿Por qué las pasarelas son tan blancas? No entiendo por qué si Londres no es una ciudad blanca”, remató con ironía y tono adolescente la bellísima Jourdan Dunn, de 18 años, a los periodistas que se acercaban a preguntarle cómo se sentía por ser una de las modelos más comentadas en el Fashion Week de primavera/verano 2008. Pocos meses después de haber sido descubierta, Dunn se convirtió en cara de Gap y desfiló para Louis Vuitton y Valentino entre otras grandes marcas.
Al diario inglés The Guardian le comentó que cuando era chica, al ver a Naomi Campbell y a Tyra Banks se animaba a imaginarse convertida en modelo. Y contó que estaba de acuerdo con la idea de Campbell de crear una agencia de modelos que promueva las diferencias raciales. “Soy muy ambiciosa y creo que la idea de Naomi es buena. Cuando vuelva a estudiar me gustaría hacer una agencia para chicas negras y también para asiáticas y españolas porque no hay suficientes”.
En los Estados Unidos venden la reimpresión de la edición italiana con un sticker que dice “primera reimpresión. La edición más buscada en la historia”. En eBay hay reventa por 50 dólares, cuando el precio original es 16 dólares. En Inglaterra la demanda fue un 654% mayor que la versión del mes anterior.
El significativo aumento en las ventas contradice los argumentos más fuertes de quienes sólo promueven modelos blancas. “Nuestra industria de la moda es institucionalmente racista.
La explicación de por qué no usar modelos negras siempre es ‘porque no vende’, esto muestra que no es cierto”, dijo Sola Oyebade, directora ejecutiva de la agencia Mahogany Model Management. Carole White, de Premier Model Agency, contó que ella suele recibir pedidos de casting que especifican “no étnicas”, “he escuchado a muchos editores diciendo que no venden”.
“Para mis temporadas anteriores tenía que llamar a muchísimas agencias para conseguir modelos negras. Siempre me contestaban con silencio. Ahora tendrán la responsabilidad de incluirlas en sus catálogos”, dijo el diseñador nigeriano establecido en Londres Duro Olowu. “El que no lo haga quedará como un idiota”.
Sozzani reveló que parte de la idea de la edición se le ocurrió por Barack Obama: “Si Estados Unidos está listo para un presidente negro, ¿por qué no estamos listos para una modelo negra?”. Además de la sesión de 100 fotos la revista incluye entrevistas con la esposa de Obama y con Edmonde Charles-Roux, quien renunció como editor de Vogue Paris cuando no le permitieron hacer una tapa con Donyale Lune en 1966 por ser negra.
Sarah Doukas, de la agencia Storm, una de las más importantes en Inglaterra y que fue quien descubrió a Jourdan Dunn mientras paseaba por un shopping con una amiga, dijo que “la edición negra nos compele a todos a comprometernos con la diversidad en nuestra industria y a explotar nuestros recursos creativos para celebrar nuestras diferencias sociales y culturales”.

La noticia también fue reflejada por el diario Clarín

REVISTA EUROPEA
Vogue y el "black power", un éxito
La edición de este mes de la edición italiana de la revista Vogue, ilustrada enteramente con modelos negras, se agotó. Pero lo llamativo es que se agotó en los Estados Unidos y en Inglaterra. Por esa razón, su grupo editor resolvió republicar -algo que nunca antes había hecho- otras 40.000 copias para esos dos países.Tanto entusiasmo entre los lectores se debió a una idea de Franca Sozzani, editora en jefe de Vogue Italia, quien resolvió dedicar el número de julio al "black power" (poder negro). Así, reunió a modelos consagradas en todo el mundo para "llamar la atención sobre una polémica muchas veces silenciada: la poca visibilidad de los profesionales negros". Algunas de las modelos retratadas son Jourdan Dunn, Alva Chinn, Naomi Campbell, Arlenis Sosa y Tyra Banks

Fuentes: http://criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=8950

http://www.clarin.com/diario/2008/07/29/sociedad/s-01725305.htm

Black Power (de entonces y ahora)

Black Power, 1968 (Olimpíadas de México)


Black Power, 2008 (foto de la revista Vogue)

sábado, 26 de julio de 2008

Fiebre Negra (2) -Nota en el diario Critica de hoy

Fiebre negra - Miguel Rosenzvit
“Usaron a los negros como carne de cañón”
El autor rescata para la ficción la vida en Buenos Aires del siglo XIX. Las mentiras sobre la desaparición de los afrodescendientes.
Iván Schuliaquer

Miguel Rosenzvit

“Me interesaba poner a rodar una historia en una Buenos Aires llena de negros y preguntar ¿qué significaba en ese momento ser negro?”, asegura Miguel Rosenzvit. Recién publicada por Editorial Planeta, la novela cuenta una cruda historia de amor imposible, que permite mostrar la cotidianidad de una comunidad olvidada en la memoria del siglo XIX y en la actualidad: la de los negros argentinos.
Rosenzvit es porteño, graduado en computación. Hace poco más de diez años, decidió dejar un trabajo bien pago para dedicarse de lleno a la literatura. Al principio, salió a vender sus libros de poemas y cuentos por los bares. Luego, se dedicó a dar talleres literarios. Locuaz y entusiasmado con el tema que decidió tratar, el escritor recibió a Crítica de la Argentina en su departamento, a metros del Parque Centenario.
–¿De qué trata el libro?
–Toca dos hechos muy oscuros de la historia argentina: la supuesta desaparición de los negros de Buenos Aires y la administración de la crisis durante la epidemia de la fiebre amarilla en 1871. Así, desde la ficción, se trata la participación de los negros en Buenos Aires. Para eso se parte de una verdad que pone contra las cuerdas a la historia oficial: según los censos oficiales de la década de 1840, Buenos Aires tenía más de un 30 por ciento de negros. Entonces, narrar cualquier cosa en esa época tiene que llenar el relato de negros, más allá de que se persiga o no el dato antropológico de su extinción.
–¿Por qué decidió contar la historia de los negros?
–Miriam Gómez, que es una afroargentina, decía que Félix Luna tiene la tesis de que cuando termina la esclavitud se acaban los negros. Entonces, apareció mi sospecha de que falta contar algo. El espejo es Uruguay. Porque cuando uno empieza a preguntar sobre Brasil dicen: “No, lo que pasa es que ahí había plantaciones. Acá eran todos servidumbre, los trataban rebien, se casaron con blancos y se mezclaron”. Y en Montevideo parece que también los trataron rebien y se mezclaron, pero son un montón: la cultura afrouruguaya es importantísima, y acá parecería que no existen. Pero apenas empezás a investigar, te das cuenta de la cantidad de barbaridades que se dicen. Un dato importante es que la libertad de vientres es de 1813, pero la abolición definitiva de la esclavitud es en 1860. En esos cuarenta y pico de años nace un negro de vientre esclavo y es libre. Pero, ¿qué significa tener un año y medio y ser libre? ¡Merece ser estudiado!
–¿Y cuáles son los argumentos para hablar de la extinción?
–Yo lo divido en tres categorías. La primera son las pavadas que dan vergüenza: por ejemplo, que no soportaban el clima. ¡Y en libros serios! En Nueva York hace 15 grados bajo cero y está lleno de negros, pero acá no soportaban el clima. Luego, usan palabras capciosas. Por ejemplo, proclividad. Tenían proclividad a las pestes, proclividad a la prostitución. ¿Qué significa eso? ¿Que tenían genes de puta? Y está la categoría de las verdades a medias. La principal: murieron en las guerras y después en las pestes.
–¿Y cuál es la tercera categoría?
–En principio son las dos hipótesis que manejan las investigaciones más modernas y más serias: la de la invisibilidad y la del genocidio. Y la invisibilidad es muy interesante porque es muy analogable a hoy. Por ejemplo, los cartoneros. Están por todos lados, es una situación terrible y mayoritaria, cualquier censo dice que son 300 o 400 mil. Si te metés medio segundo te parte el alma. Entonces, salís. Y ahí los invisibilizás.
–¿Y qué lugar ocupaban los negros en el siglo XIX?
–Eran importantísimos y Buenos Aires estaba llena de negros. Había periodistas negros, músicos, profesionales. Y muchísimos soldados. Porque no bien se dieron cuenta de que eran como cualquier otro ser humano y que encima eran ágiles, habilidosos y patriotas, convenía sumarlos. San Martín mandó a censar qué cantidad de negros disponibles había para reclutar. Pero para los amos un esclavo representaba mucho dinero porque como eran habilidosos, les enseñaban un oficio, los mandaban a trabajar y se quedaban con el ciento por ciento. Y el estudio dice que en 1816 había disponibles –soldados, varones, fuertes y sanos– 400 mil negros. La situación del negro es distinta a la del indio porque siempre se habla de la invasión y del enfrentamiento, y es un tema que está.
–Entonces, ¿qué pasó con los negros?
–Hay medio siglo de la historia que se saltea, entre 1810 y 1860, en la construcción de la Argentina. Y es un tiempo de muchísima violencia y guerra. El tema de la participación del negro en el ejército es tan fuerte y obvia que es aceptada por la historia oficial. Dice, los negros murieron en la guerra y fueron usados como carne de cañón. San Martín llevó a sus campañas la misma cantidad de negros que de blancos. Siete años después, regresaron miles y miles de blancos victoriosos, y un puñado de 183 negros.
–¿Cómo hizo ese traslado a la ficción?
–A mí no me interesaba para nada hacer un panfleto. De hecho, Joaquín, el protagonista, es negro y moralmente ambivalente como somos todos. Tiene momentos de bondad y solidaridad, y otros de egoísmo y escasez. Me interesaba poner a rodar una historia en el marco de una Buenos Aires llena de negros y preguntar ¿qué significaba en ese momento ser negro? Bueno, ser liberto sobre todo. Y convivir con los blancos porque está toda la parte del prejuicio, pero también la de la atracción.
El amor o cómo ser negro y morir en el intento de amar
Dos mujeres están por parir. Una putea a otra, que para ella no es una persona: es su esclava, y no está a su lado en el horrible momento en el que está por dar a luz a Valeria. La otra está en la misma situación, pero por los gritos de su ama –que no para de repetir “puta que te parió”– se para e intenta retener a Joaquín, que está por venir como anuncia su cabeza. Así llegan a Buenos Aires, en 1820, casi al mismo tiempo, dos sujetos libres. Una, mujer y de familia acomodada; otro, hijo de madre esclava, negro, pero libre (al menos por ley). Fiebre negra comienza así, con imágenes fuertes que se sucederán una tras otra en un libro que con un ritmo vertiginoso que describe con una violencia hacia los negros, de a ratos insoportable, que impregna el relato de comienzo a fin.
La novela se conforma de dos narraciones: la que transcurre en el siglo XIX y habla de la vida de Valeria y de Joaquín, y la de una antropóloga que narra en primera persona –desde 2008– sus desamores, pero también la ignorancia generalizada que hay sobre la presencia de los negros en el momento en que decide comenzar a investigarlos (o sea, hoy).Si una nación se construye sobre ciertos olvidos, el de los negros en la Argentina es un caso paradigmático. Tal es así que el mundo narrativo pareciera ser extraño a la historia nacional, pese a que cumple de manera rigurosa con la ambientación de una época en la que más del 30 por ciento de la población era negra. Ese lapso desde 1820 hasta 1871, con la epidemia de fiebre amarilla, se permite saltos de años en años sin por eso perder el hilo de las historias que se cuentan.
En esa realidad, Joaquín aceptará su destino como liberto y como negro sin resignación. No cuestionará los castigos ni su rol de eterno sospechoso por su color de piel. Luego, con abnegación, se enrolará en el ejército, matará sin remordimientos y cumplirá cuanta orden reciba por más suicida que sea.
En la historia de amor con Valeria será paciente también, pese a sus deseos. Ella será más atrevida a la hora de cruzar fronteras. Aunque por su condición de mujer, su posición será sólo un poco más cómoda.
Así escribe
“Juntate con gente como vos”
Don Arturo, al verlos llegar, apartó de un empujón a Joaquín, que cayó sentado, y ayudó a bajar a su hijita.
–¡Papá! –lo amonestó Valeria.
–¿Cuántas veces te lo tengo que decir? –en la voz de Don Beltrán se mezclaban el alivio y el reproche–. ¿Te lastimó? ¡Mirá cómo estás toda rotosa!
–No me lastimó, papá, Joaquín me salvó. Si no hubiera sido por él...
–Te engatusan, hija, ya lo vas a entender, pero por ahora te lo tengo que ordenar: tenés que juntarte con gente como vos, como yo...Mimí se agachó hacia Joaquín, que en ese instante se ponía de pie y no se dejaba consolar. El médico señaló hacia ellos y habló al oído de uno de los policías.
–Permiso, señora –dijo el vigilante, apartando a Mimí–. ¿Es éste, doctor?
–Sí.
–¿Dónde vivís, mocoso?
–En lo de Beltrán, señor –respondió Joaquín.
–No es mío –intervino Beltrán–. Es de la madre.
–¿Es usted, señora?
–No, es mi hermana –respondió Mimí.
–¡Negros ladrones! –se escuchó un grito desde la gente.
–¿Qué edad tenés?
–Once años, señor.
–Pregúntele por el otro caballo, agente –dijo el doctor.
–Lo perdí, señor –se apuró a responder Joaquín–. Fue culpa mía.
–No –dijo Valeria, pero después se quedó en silencio. Si decía que había sido su caballo, o que lo habían alcanzado los perros, o cualquier otra cosa habría sido peor.

Fuente: http://www.criticadigital.com.ar/impresa/index.php?secc=nota&nid=8765

jueves, 24 de julio de 2008

Negreando a Obama?

revista Veintitrés 22 de mayo de 2008


diario Crítica , 26 de julio de 2008

miércoles, 23 de julio de 2008

Negreando a Wole Soyinka

La nota es interesante e informativa. Qué necesidad había de titularla así? Por qué siempre que la nota trata de alguna persona afro- tienen que incluir la palabra negro/a en el título? Por qué esa cualidad es la que siempre los define en nuestro país?


RADAR LIBROS
Domingo, 20 de Julio de 2008

SOYINKA
Camino negro
Wole Soyinka se convirtió en el primer africano negro en ganar el Premio Nobel de Literatura en 1986. Ese solo hecho le da un lugar en la historia. Pero además de una productiva obra literaria, especialmente como dramaturgo, ha tenido una vida política más que agitada. La aparición de los ensayos reunidos en Clima de miedo (Tusquets) abre una interesante puerta para acceder a su figura
Por Mariana Enriquez
Leer la obra de Wole Soyinka, el Premio Nobel de Literatura nigeriano de 1986 –el primer laureado africano negro de la historia–, especialmente su obra ensayística y de ficción, es enfrentarse con un intelectual en constante ebullición, un escritor que no puede evitar ser activista político, un hombre que es profesor emérito y doctor Honoris Causa de varias de las universidades más importantes del mundo pero, aun así, durante la dictadura del general Sani Abacha, en 1994, tuvo que huir de Nigeria hacia el exilio cruzando la frontera a pie, de noche, evitando las patrullas, en lo que llama “mi escapada a lo Rambo”. “Me preguntan cómo se conectan mi arte y mi activismo político, y si se estimulan mutuamente. Mi única definición es que son gemelos siameses que, si son separados en una operación, mueren.”
En 2004, Soyinka dio una serie de cinco conferencias sobre el fundamentalismo, el poder y la degradación de las democracias en el prestigioso ciclo Reith, y las llamó Clima de miedo. Recopiladas en un libro, se distribuyen aquí a través de la nueva colección de ensayo de Tusquets. Es un punto algo engañoso para ingresar a la vasta y polifacética obra de Soyinka, dramaturgo, poeta, novelista y hasta cineasta; pero resulta un texto revelador de los tres vértices sobre los que ha intentado pensar la política desde la independencia de su país en 1960: el humanismo secular, la racionalidad política y la imperiosa necesidad de justicia para quienes llama “la enorme república de los desilusionados” que terminan siendo carne de cañón.
Wole Soyinka nació en Abeokuta en 1934, cuando Nigeria todavía era una colonia del Imperio Británico. Su familia es yoruba, pero de chico recibió una educación religiosa sincrética, con una madre comerciante y anglicana (que además era activista política, una de las líderes de un movimiento local de mujeres) y un padre director del colegio St. Peter’s de Abeokuta. Los recuerdos de esos primeros años constituyen Aké, The Years Of Childhood, unas memorias de infancia cálidas, escritas con enorme belleza e inteligencia, sin concesiones ni explicaciones para el lector no africano; una obra sincera editada en 1981 donde ese chico que en el futuro estudiaría en Inglaterra es “marcado” con un cuchillo por su abuelo yoruba en una ceremonia privada (hasta el día de hoy, Soyinka es devoto del dios indígena Ogún); donde se pierde en la vitalidad y los aromas de los mercados, sufre ante la muerte de su hermanita, escucha sobre la guerra en Europa por la radio y cobra una especial de proto-conciencia política cuando ve a su madre y sus compañeras activistas exigir justicia ante los abusos de los soldados que, con sus constantes pedidos de coimas y otras presiones, no les permitían ir hasta la escuela para aprender a leer y escribir. Una de las activistas era la señora Kuti, su tía; Soyinka es primo del famoso músico Fela Kuti que murió de sida en 1997. Y aunque se adoraban, tenían sus diferencias: “Su activismo político era ingenuo. Era un apasionado africanista, pero su definición de africanismo no discriminaba: para él, todo lo africano era positivo. Nunca se le escuchaba una palabra en contra de Idi Amín u otros monstruos. Me acusaba de ser un agente de la CIA cuando yo hacía campaña contra Amín. ‘Jefe Wole –me decía Jefe–, no se deje influenciar por los norteamericanos.’ Yo lo hacía callar a los gritos”.
La crítica que le hacía el primo Fela es bastante común para Soyinka: como estilista exquisito que estudió en el prestigioso University College de Ibadan y luego en la Universidad de Leeds, donde se recibió de profesor de literatura inglesa, para muchos su obra no es lo suficientemente “africana”. El desdeña tal acusación. Hay que recordar, además, que el grueso de su producción es la dramaturgia: Soyinka escribió e hizo su investigación sobre teatro africano recorriendo su país en auto tres años después de la independencia. Eran tiempos románticos e inquietos, donde los jóvenes educados bajo el colonialismo debían tomar una decisión, porque tenían en sus manos el futuro de Nigeria. Ese estado convulsivo quedó reflejado en su novela The Interpreters (1965); pero cualquier sueño se vino abajo cuando empezaron a sucederse los golpes militares estimulados por la riqueza petrolera del país. Soyinka cayó preso en 1967 acusado de mantener conversaciones con líderes secesionistas de Biafra, este de Nigeria, que entonces quería la autonomía. Estuvo detenido durante 26 meses (15 en una celda de aislamiento), casi la totalidad de la guerra civil que terminó en 1970, y el resultado literario del encierro fue The Man Died, verdadero clásico de la literatura política, un libro excéntrico lleno de indignación, humor y experiencias que rayan con la locura extrema, sobre todo en los capítulos donde el confinamiento se une a la huelga de hambre que emprende Soyinka. Es la política, también, lo que nutre en muchos casos su obra como dramaturgo: en muchos casos, se trata de sátiras sobre las dictaduras africanas, tan grotescas y trágicas, como Madmen and Specialists, 1973, inspirada en Jean Bedel Bokassa, de la República Centroafricana. Y también nutre su trabajo como poeta: su último libro, Samarkand and Other Markets I Have Known incluye poemas sobre el desastre de Uttar Prudesh, en India, cuando masas hindúes destrozaron una mezquita de siglos de antigüedad porque, supuestamente, se había construido en el mismo lugar donde apareció el dios Rama. Pero, sin embargo no cree –como su colega, el otro gran escritor nigeriano Chinua Achebe– que un escritor africano deba sí o sí escribir sobre cuestiones políticas: “Los escritores que abren horizontes para otra gente están cumpliendo una función tan importante como cualquier escritor conscientemente politizado. No hay una especial imposición para que los escritores sean activistas. Esa idea estimula a los autores a escribir propaganda. Y la propaganda puede ser escrita por cualquiera, incluso por los dictadores. Mi búsqueda creativa, sin embargo, está unida a la política, aunque mi plan original era retirarme a los 49 para dedicarme a la escritura creativa, y desaparecer. En cambio, con más de setenta años, me encontré escribiendo otro tomo de mis memorias (You Must Set Forth At Dawn) para que no se distorsione demasiado mi imagen si me mataban. Es que Nigeria es un caso especial. En mi país la gente padece una completa falta de sentido común. Completa. Y yo estoy condenado a escribir sobre ellos, y sobre ese sinsentido”.
Fuente: RADAR LIBROS, suplemento de Página 12

martes, 22 de julio de 2008

Negreando a Mandela

¿ Se volvió blanco, después? ¿Qué añade el negro del título a su condición de condenado?
Certera e implacable, la revista Barcelona.

lunes, 21 de julio de 2008

Vida Negra (3) - Otros comentarios críticos a la nota de Crítica

Quizás mi visión de la nota escrita por Cicco para la revista de Crítica sea un poco menos negativa que la de Nicolás, simplemente porque a esta altura, desgraciadamente, no espero nada de los periodistas. No pretendo que sean “leídos” (que lean libros o intelectuales de moda), ni espero que se informen antes sobre el tema que van a escribir –que sepan qué escribieron otros periodistas antes, o cuál es el estado del conocimiento sobre un tema. Usar el archivo de notas de la editorial? Ya fue. No digo que esté bien tener un umbral de expectativas tan bajo como el mío, pero corresponde a lo que suelo encontrar en los periodistas que me contactan. Con excepciones, claro (digamos uno/a de cada tres o cuatro, lo que los convierte en excepciones….).
Por otro lado, por el tipo de revista y nota, es claro también que pretende ser un acercamiento “espontáneo” y “empático” al tema: “fui, hablé con varios negros, me enteré que existen, que los discriminan, que luchan de distintas maneras contra esta discriminación –aunque sólo conté las más obvias y chabacanas. No me interesaron otras visiones que no sean las de los protagonistas ni lo que otros periodistas escribieron antes sobre el tema.”
(Debajo de este texto, brindo una pequeña referencia de los antecedentes del periodista y de su manera de ver el periodismo. No intenta ser una crítica -ya que hasta me parece interesante- sólo para explicar por qué esta nota sale como sale y quizás ver los problemas de esta perspectiva. Como los antropólogos posmodernos que pretender salirse de su voz de autoridad sobre el tema que analizan, el periodista que intenta brindar una visión “desprejuiciada” de la realidad termina, inevitablemente, recortando las experiencias y visiones de sus entrevistados y acomodándolas dentro de un relato que muestra lo que él considera desprejuiciado, relevante, natural. Se logra así una visión “desprejuiciada” o, prejuiciada? La parcialidad inevitable se trasciende con más información o con menos sobre aquello de lo que escribo?).
Por un lado, celebro cualquier nota de siete páginas sobre las personas afro- en Argentina (como dije, está difícil hablar de raza en Buenos Aires: afrodescendientes, afro-argentinos, negros?) y sobre la discriminación que sufren.
Por otro, no me parece bien que una nota (cuantitativamente) importante que habla de la invisibilización y la discriminación que sufren los negros no aparezca anunciada en la tapa de la revista. Al editor le parece poco importante el tema?
Aunque quizás menos enfáticamente que Nicolás, concuerdo en que los protagonistas de la nota fueron “negreados”. Creo haber escuchado hace muchos años ya la expresión “tal me negreó” o “no me negrees” de boca de Juan Carlos Pinedo, un afroargentino que en la época (fines de los 80s) era uno de los más activos militantes en el Movimiento Afroamericano. No sé si es una expresión extendida, pero significaba algo así como “no me trates como a un negro” o “no me trates como los blancos (argentinos) tratan a los negros”, en fin, diría, “no creas que lo que soy se define por el color de mi piel”. No estoy del todo seguro de mi interpretación de la frase, pero de ser correcta la expresión transmitiría un insight interesante: aunque uno no discrimine, igual puede estar tratando a una persona de manera de continuar con la imagen negativa y la posición subordinada que tiene en la vida cotidiana. Diría que, para la experiencia argentina, ésta era (y quizás continúa siendo) la forma más común de “mantener a los negros en su lugar” –de negros. A través de la burla, el menosprecio, el mostrarlos o creerlos “conventilleros”, con poca cultura, poco confiables, en suma, quilomberos, que hacen “cosas de negros”.
Aunque ahora con un signo positivo (como corresponde al periodismo border, ver abajo), ésta parece ser un poco la imagen que se desprende de la nota. Cualquiera que la lea va a creer que Isa Soares es sólo “una negra discriminada que no se calla la boca”, obviando el hecho nada menor que fue la precursora e impulsora de una movida cultural ya masiva e importante en la ciudad. Sin minimizar el aporte también muy importante de Telma Meirelles y otras profesoras, no se podría entender el impresionante desarrollo local de la danza afro sin el trabajo inagotable y las dotes humanas y de maestra de Isa. Pero sus múltiples logros docentes y artísticos no aparecen en la nota, que sólo resalta sus peleas reivindicativas en su consorcio. Algo similar sucede con Diego Bonga, otro pionero indispensable de la cultura afro en el país, cuya tarea de promoción cultural y activismo de dos décadas son casi ignorados a favor de su estado febril y su probable desalojo. Lo mismo se puede decir para el incansable activismo militante de Miriam, o de Pocha (éste sí, algo más reivindicado..)
Está bien, quizás en un primer acercamiento “desprejuiciado” y desprevenido al tema, lo primero y lo único que aparezca sea la discriminación. Sin duda una parte importante de la experiencia de cualquier persona afro-algo en Buenos Aires, pero que está lejos de definir o agotar la experiencia vital de los individuos retratados en la nota, todos ellos activistas culturales o militantes políticos de larga data. Todos sus logros y luchas quedan ignorados bajo el relato de las instancias en que fueron discriminados, y, sobre todo, de sus reacciones individuales ante ellas. Sus esfuerzos colectivos, que son más y sin duda más importantes, casi no aparecen en el relato. Casi al mismo tiempo en que se realizaba una actividad importante como era La Diáspora Africana en Movimiento, que mostraba parte de lo mucho e importante realizado hasta ahora -emprendimiento que no merece una línea en la nota.
En suma, una visión algo miserabilista de unos actores que, pese a las dificultades de todo tipo que encuentran, desarrollan una lucha reivindicativa fundamental y han dejado una huella cultural importante en la Argentina actual que esperemos en algún momento les sea reconocida adecuadamente.

Sobre Cicco:
“El periodista antes conocido como Emilio Fernández Cicco trabajó en Noticias y ahora está en Newsweek. Escribe para varias revistas de acá y de afuera, como Gatopardo. Publicó dos libros: una biografìa de Julio Cortázar y otra de Rodrigo, el potro cuartetero cordobés que se tomó hasta su fama. Cicco dice que su estilo es el periodismo border. Por eso, para escribir sus notas y crónicas, se convirtió en sepulturero en el cementerio de la Chacarita, fue a cazar y a jugar a la canasta con señoras bien, hizo de sparring de boxeo y hasta actuó en una película porno.”
Fuente:
http://eblog.com.ar/1280/el-mundo-le-queda-cicco/

Sobre su visión del periodismo:
Cicco reivindica y propone el periodismo border , que para él sería “una forma de narrar los hechos con pautas personales, desprejuiciadas, desencantadas.” El periodista border, según su visión, “no lee los diarios excepto para zambullirse en su historia, lo cual le permite un abordaje descontaminado, auténtico, un golpe de lanza que va desde la ignorancia al conocimiento, un viaje de iniciación que todo lector agradece. El border se especializa en la no especialización y sigue una de las premisas de G. I. Gurdjieff, el místico ruso: “No hay nada más imbécil, que un hombre inteligente”. “
Estas citas, así como la visión de Cicco del periodismo border, se encuentran en:
http://tomashotel.wordpress.com/2006/11/16/heptalogo-del-periodismo-border/
Fuente de las imágenes: revista Todo es Historia 393, abril del 2000.