viernes, 9 de mayo de 2008

Imágenes de Africa: Festivales de Cine Africano

En abril se realizaron dos festivales de cine africano, uno en Mëxico y otro en Tarija, España. Más allá de las seguras buenas intenciones de los organizadores, y la (como siempre, no tan sana) envidia que nos dan estos emprendimientos (cuándo tendremos uno acá?) me pregunto qué tan apropiado es el afiche del ciclo mexicano Africala de este año (es el segundo festival que hacen). De todas maneras, la pagina web del sitio tiene información interesante. http://www.fcat.es/cms/
Si es por calidad de los afiches, me quedo con el del año pasado en Tarija, España, que muestra un africano haciendo cine. Un sujeto tradicional pero activo en relación con la modernidad.
Y el de este año? Hmm...
Interesante cómo es básicamente la misma idea que el mexicano: una mujer africana tradicional ("primitiva"?) usada como contraste pasivo para un elemento moderno.
Pero me quejo de malo y envidioso, nomás. Sigan para adelante, chavales/bueys ....

miércoles, 7 de mayo de 2008

Procesión de Ogun en Piedras Blancas, Montevideo

Las religiones de origen afrobrasilero no han podido ganar la calle, debido a la estigmatización que pesa sobre sus prácticas y devotos. A partir de entradas anteriores en el blog en que daba cuenta de algunas de las celebraciones que se realizaban en Buenos Aires, la artista uruguaya Angela Lopez Ruiz me contó sobre esta procesión en Montevideo. Por su intermedio, Guillermo Zabaleta, también artista y ogan dentro de la religión, fue tan gentil como para enviarme algunas fotos de la procesión de este año y una descripción de la primera realizada hace 33 años, en plena dictadura militar.

Guillermo Zabaleta;
" Todos los 23 de Abril desde hace ya buen tiempo se organizan diferentes homenajes a San Jorge ya sea en la línea de Batuque para Ogun o bien en Umbanda.
Historicamente el "Templo Ogun Sete Ondas, Menino Rei" dirigido por Roberto de Oxalá organiza esta peregrinacion de fé desde ya hace unos 33 años.

La pionera en sacar una imagen de San Jorge fue Doña Coca de" Ogun de Ronda" (madre carnal de Roberto), secundada por Miguel Perez de "Oxossi das Cachoeira" quien superando requisitos exigidos logró la autorización. Cabe recordar los tiempos que se vivian, plena dictadura militar donde las reuniones o aglomeraciones de personas estaban prohibidas. Sin embargo, la Jardinera de grandes ruedas tirada por un gran percherón, enfeitada con los colores del Santo Guerrero, escoltada por varios tamboreros, los estandartes y una imagen de San Jorge investida con sus armas tradicionales, rompieron el silencio de facto. Los puntos a San Jorge se hicieron escuchar en toda la barriada de Piedras Blancas y en Montevideo en general.
Allí comenzó a escribirse parte de la historia de la religión en Uruguay, transformándose en un bastión de resistencia de fé a los vientos marciales que azotaban el país. La propia Hipolita Osorio, "Mae TETA" bendijo esta peregrinación conjuntamente con delegados de la Federacion Afroumbandista de Rio Grande do Sul. La comunidad religiosa, creyentes, simpatizantes y vecinos secundaron la Jardinera del Santo Guerrero. A medida que la procesion transitaba se sumaban vecinos con velas encendidas e imágenes de San Jorge. Al verse de lejos parecía una serpiente encendida deslizándose por el barrio. Estos testimonios hacen a la historia viva de nuestra religion."
Son muchas las reflexiones de ese día que se han recabado, la emoción, la esperanza, la alegria, la unión, la hermandad, la religiosidad, fueron los cimientos de las posteriores peregrinaciones. Los hermanos comentan lo fuerte de la incorporación en la propia Jardinera de doña Coca. Con un sordo silbido el pai "Ogun de Ronda" llegó al mundo en plena calle, puxando a todos los demas Ogunes. Puedo seguir contandote muchos más testimonios de la primera procesion, pero ahora te dejo con algunos registros fotograficos actuales, donde no aparecen los carros, caballos, jardineras como en la primera. "
Nota posterior de Guillermo: "El Templo pertenece al Pai Roberto de "Oxalá Peniquín" y la procesión se desarrolla por varias cuadras (21) en el barrio de Piedras Blancas -sale del templo y vuelve a él. Actualmente el templo se llama Primera Capilla Umbandista del Uruguay -el anterior era Templo "Ogun Sete Ondas, Menino Rei"- y los registros son de la inaguracion del Santuario en Honor a San Jorge. Al proceder a corte de cintas y declarar públicamente inaugurado el Santuario el Pai incorpora a "Ogun Sete Ondas" declarado por la Federacion Afroumbandista de Rio Grande do Sul "Ogun da Cidade" en la primera procesión y quien ordena realizar la misma es la misma Mae Hipolita Osorio "Mae Tetta de Oxalá IFAM". Naturalmente que al llegar al mundo el" Pae Ogun Sete Ondas" para bendecir y abençoar este histórico evento, puxa a todos sus hijos que estabamos ahi arriba, genial..."

lunes, 5 de mayo de 2008

Imágenes de Africa: El horror, el horror (I)

Realidad de Africa e imagen(es) de Africa. La guerra y el hambre, son, sin duda, parte de la realidad africana. Pero por estos lares, y supongo que en otros, son la única imagen que nos llega. Entre una descripción de la realidad y el voyeurismo sádico, este libro singular. Abajo, un interesante artículo sobre cómo Occidente construye sus otros.
El chico de la guerra
Por Sergio Kiernan
Página 12, suplemento Radar, 23/3/08

Ishmael Beah era uno de los cientos de miles de niños que fueron convertidos en soldados y obligados a luchar en uno de los escenarios más brutales que vio la historia bélica contemporánea: el de las guerras civiles en Africa. Como tantos otros, fue criado en entrenamientos sanguinarios, obligado a torturar y matar, y testigo de atrocidades impensables. La diferencia es que él no sólo sobrevivió, sino que además fue rescatado y, pocos años después, escribió sus memorias. Ahora, Un largo camino (RBA) llega a las librerías argentinas.

Cuando éramos chicos –cuando alguien era chico– hubo algo llamado civilización. No era apenas hablar latín, tomar el té o esperar el turno sin colarse. Era, en realidad, algo que se había perdido a partir de agosto de 1939, a manos del tal Adolfo. Resulta que en la Primera Guerra Mundial, que estrenó eso de tener millones de muertos, el 90 por ciento de las bajas andaban de uniforme y uno en diez era civil. Para 1945 la proporción se había invertido a fuerza de masacres planificadas, revanchas masivas y bombardeos. Era la guerra total, las naciones movilizadas verticalmente, sin cuartel y sin nadie protegido.
Africa le agregó últimamente otra página a las barbaridades que siguieron a la guerra de Hitler. El nivel de caos de la franja ecuatorial del continente es difícil de explicar. Africa es donde se mató a medio millón de personas a machetazos en un Holocausto de cuatro meses. Es donde se reinventó la violación como estrategia de guerra. Y es donde se descubrió que los chicos son estupendos soldados, entre más chicos mejor.
Ishmael Beah es un caso rarísimo de un pibito que fue rescatado y luego educado, como para que pueda contar su historia. Su libro, Un largo camino, memorias de un niño soldado, cuenta la entropía animal de Sierra Leona y explica por qué un chico de trece años, como era él, es un militar ideal para este tipo de guerra, uno del que cabe lamentarse solamente que no tuviera diez años. Es que los chicos todavía no son morales y consideran normales las cosas más inverosímiles, como decía George Orwell. Para Ishmael, cortarle la garganta a sus prisioneros era una tarea alegre porque le valía el postre de un buen porro y porque alegraba a su teniente, un hombre joven que conocía a Shakespeare y era su único adulto cariñoso. El Pentágono mataría por tener tropas así.

El Primer Muerto

Mientras observábamos, salió un grupo de hombres vestidos con ropa de paisano de debajo de los matorrales. Agitaron las manos y salieron más combatientes. Algunos eran niños, tan jóvenes como nosotros. Se sentaron en fila, agitando las manos y planificando una estrategia. El teniente ordenó disparar un cohete, pero el jefe de los rebeldes lo oyó cuando salió de golpe por encima de la selva.
–¡Retirada! –ordenó a sus hombres.
La explosión de la granada sólo alcanzó a algunos de ellos, cuyos cuerpos destrozados volaron por los aires.
La explosión fue seguida de un intercambio de tiros por ambos bandos. Me quedé con el arma apuntando delante, incapaz de disparar. Tenía el índice entumecido. La selva me daba vueltas. Me sentía como si la tierra estuviera del revés y yo fuera a caer, así que me agarré al tronco de un árbol. No podía pensar, pero oía el sonido de las armas a lo lejos y los gritos de los que agonizaban dolorosamente. Había empezado a caer en la pesadilla. Un chorro de sangre me manchó la cara. En mi ensueño abrí la boca y la saboreé. La escupí y me sequé la cara, y vi al soldado de quien procedía. Le salía la sangre de los agujeros de bala como agua que corre hacia nuevos afluentes. Tenía los ojos muy abiertos; todavía sostenía el arma. Me quedé mirándolo cuando oí gritar a Josiah. Llamaba a su madre con la vocecita más penetrante y conmovedora que había oído en mi vida. Me vibró en la cabeza hasta el punto de que me sentí como si el cerebro se me hubiera soltado de raíz.
El sol reflejaba las puntas de las armas y las balas que silbaban hacia nosotros. Los cadáveres empezaban a amontonarse uno encima de otro cerca de una palmera baja, cuyas hojas chorreaban sangre. Busqué a Josiah con la mirada. Una granada le había levantado del suelo y lo había lanzado sobre un tronco caído. Agitó las piernas hasta que sus gritos fueron calmándose gradualmente. Había sangre por todas partes. Parecía como si las balas cayeran en la selva desde todos los ángulos. Me arrastré hasta él y le miré a los ojos. Tenía lágrimas y los labios le temblaban, pero no podía hablar. Mientras lo miraba, las lágrimas fueron sustituidas por sangre que tiñeron sus ojos marrones de rojo. Me cogió el hombro como si quisiera apoyarse e incorporarse. Pero a medio camino, dejó de moverse. Dejé de oír los tiros, y fue como si mi corazón se hubiera detenido y todo el mundo estuviera inmóvil. Le tapé los ojos con los dedos y lo erguí. Tenía la espalda hecha pedazos. Le dejé en el suelo y cogí mi arma. No me di cuenta de que me había levantado. Sentí que alguien me tiraba de la pierna. Era el cabo; decía algo que no llegué a entender. Movía la boca y parecía aterrorizado. Me tiró al suelo, y al caer sentí que el cerebro se me movía en el cráneo y que la sordera desaparecía.
–Al suelo –gritaba–. Dispara –dijo, alejándose de mí a rastras para recuperar su posición.
Mirando hacia donde estaba él, vi a Musa con la cabeza cubierta de sangre. Sus manos parecían demasiado relajadas. Me volví hacia el pantano, donde había tiradores corriendo, intentando cruzar. Llevaba la cara, las manos, la camisa y el arma cubiertas de sangre. Levanté el rifle y apreté el gatillo, y maté a un hombre. De repente, como si alguien estuviera disparando desde mi cabeza, todas las masacres que había presenciado desde el día en que nos afectó la guerra volvieron a mí. Cada vez que dejaba de disparar para cambiar el cargador y veía a mis dos amigos sin vida, apuntaba con furia el arma al pantano y mataba. Disparé a todo lo que se movía, hasta que nos ordenaron retirada por un cambio de estrategia.
Cogimos las armas y la munición de los cadáveres de mis amigos y los dejamos en la selva, que había cobrado vida propia, como si hubiera atrapado las almas que se habían separado de los difuntos. Nos agachamos y formamos otra emboscada a unos metros de distancia de nuestra posición inicial. De nuevo, esperamos. Yo estaba junto al cabo, que tenía los ojos más rojos de lo normal. El no me miró. Oímos pasos sobre la hierba seca y apuntamos inmediatamente. Un grupo de tiradores y niños salió de los matorrales, a gatas, y buscó cobijo detrás de los árboles. Al acercarse, abrimos fuego y abatimos a los de la primera fila. Al resto lo hicimos correr hacia el pantano, donde los perdimos. Allí, los cangrejos habían iniciado un festín con los ojos de los muertos. Extremidades y cráneos fracturados se esparcían por el lodo y el agua del pantano se había tornado sangre. Dimos vuelta a los cadáveres y les arrebatamos la munición y las armas.
No me daban miedo aquellos cuerpos sin vida. Los despreciaba y les daba patadas para darles la vuelta. Encontré un G3, munición y una pistola que se quedó el cabo. Me fijé en que la mayoría de tiradores y niños muertos llevaban muchas joyas al cuello y en las muñecas. Un niño, con los cabellos despeinados, empapados en sangre, llevaba una camiseta Tupac Shakur que decía: “Todos me miran”. Perdimos a algunos veteranos de nuestro bando y a mis amigos Musa y Josiah. Musa, el narrador, había muerto. Ya no quedaba nadie que nos contara historias y nos hiciera reír en momentos de necesidad. Y Josiah... tal vez si le hubiera dejado seguir durmiendo el primer día de instrucción, no habría ido al frente a morir.
(fragmento de Un Largo Camino)

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/subnotas/4519-745-2008-03-23.html

Imágenes de Africa: El horror, el horror (II)

Food for life: la fusión Naciones Unidas–Benetton
Por Francisca Hollmann y Magdalena Doyle

¿A qué nos referimos cuando hablamos de diferencias culturales? ¿Quiénes tiene el poder para definir cuáles son "los otros"? ¿Cómo caracterizan a esos "otros" quienes ejercen la hegemonía clasificatoria de los grupos y relaciones sociales? Estos interrogantes, que aun son centrales en buena parte de los debates antropológicos y filosóficos -y, por qué no, financieros- actuales, están en la base del presente artículo. Aquí proponemos, a partir del abordaje de la campaña "Food for life" -creada y difundida por la empresa Benetton el Programa Mundial de Alimentos (WFP) de Naciones Unidas-, una reflexión crítica sobre el modo en que, desde algunos centros de poder internacional, se están pensando las diferencias entre un "nosotros" cultura blanca occidental, y un "otro", el resto del mundo. Al mismo tiempo, teniendo en cuenta el peso que instituciones como UNESCO tienen en la legitimación de imaginarios sociales -esencialmente en lo referido a grupos poblacionales marginados-, resulta importante cotejar el discurso de esta campaña con aquellas declaraciones y convenciones en las cuales dicha institución señala cuál es el camino para una convivencia armoniosa entre culturas y grupos humanos diferentes........
El resto del interesante trabajo que analiza estas imágenes sobre Africa se puede leer en la nueva revista digital Alambre: Comunicación, Información, Cultura, editada por Aníbal Ford http://www.revistaalambre.com/Articulos/ArticuloMuestra.asp?Id=22

En la misma revista (por la cual felicitamos a Aníbal Ford desde estas páginas) pueden leer, entre otros trabajos interesantes, el artículo del antropólogo brasilero Gustavo Lins Ribeiro sobre la "globalización popular" y el de la antropóloga argentina Silvia Hirsch sobre los murales Tapieté en una comunidad de Salta.

viernes, 2 de mayo de 2008

Yes, nós temos Negritude Bahiana

Quienes creen que los aeropuertos son “no lugares” deberían visitar el de Salvador, Bahía. Un verdadero shopping de la negritud., como se podría esperar de la Roma Negra. Por un lado, una maravilla para el afroamericanista de paso para otro lado, una librería con una buena selección de libros sobre cultura afro-bahiana (Verger, religiones, comidas) y una loja de cds con una igualmente satisfactoria oferta de música y dvds. Otra de cocadas y otra, si mal no recuerdo, con licores varios.
Por otro lado, varias tiendas con souvenirs de la bahianidad de todo tipo (remeras, berimbaus, vinchitas, etc). Todo lo que se puede conseguir en el Pelourinho pero que uno se olvidó (o no quiso) comprar. Orixás hechos con materiales de diversa índole y formato (esperable, en esta época de mercantilización de la religión),
Aunque creo que lo que más llama la atención, sobre todo, desde unos años a esta parte, es una oferta todavía más variada de negritos (principalmente negritas). Pero no claramente bahianas, no, sino de una africanidad exacerbada, hiperafricanas. Con una onda algo naif y pastoral, como de una Africa “pura”, primitiva pero sin sin pobreza
Una negritud que no ofenda al orden social establecido (como la de Ilê Aiyê, o bastante menos, la de Olodum) sino que esté fuera de este orden, y remita a una imagen del negro (de la negra) atemporal, no amenazante.
Si no consiguió una/o de verdad en el Peló, al menos todavía tiene la chance en el aeropuerto.

miércoles, 30 de abril de 2008

Raza, cultura y política

Página 12, suplemento Radar, 27/4/08
(para agrandar las imágenes, hacer doble click sobre ellas)
Página 12, suplemento Radar, 20/4/08

lunes, 28 de abril de 2008

Sobre las danzas de orixás en el Batuque (I)

Ofrendas para los orixás frente al cuarto santo
El sábado despues del 23 de abril (día de San Jorge/Ogun) puede ser un día o una noche de muchos compromisos para quien tenga amigos en la comunidad de practicantes de religiones de origen africano (afroamericano, afrobrasilero?). Como en este caso era recomendable -por un trabajo que estoy escribiendo- que asistiera a una ceremonia de batuque, fui a la fiesta de Ogún del pai Alfredo de Ogún, quien dirige un ilé (casa de religión o templo) en Floresta. Había otros motivos, además de mi amistad con, y aprecio por, el dueño de casa. El templo está dedicado a Ogún, lo que lo hacía particularmente apropiado para asistir a la celebración del orixá en su día y los batuques siempre son, en lo del pai Alfredo, una verdadera fiesta, en el sentido más completo y positivo de la palabra. Son intensos, bien hechos, cuidados y con buena onda y disposición general. El hecho de que el pai de la nación cambinda Gustavo de Oxalá asistiera, como suele hacerlo, como alagbé invitado, era otro de los atractivos. El pai Gustavo es un magnífico alagbé: se planta ahí y canta, con devoción encomiable y sin moverse de su lugar, reza tras reza de batuque de su amplio repertorio. No parece que tuviera varios cientos de batuques encima, sino que canta como si siempre fuera el primero.
Ofrenda para Ogún
El batuque, como ya dije (ver “El (no) lugar de las religiones afro”, unos días antes) es la variante afrobrasilera más ignorada por el gran público, por estudiosos y artistas, tanto de esa nacionalidad como de otras. El principal motivo es que en Rio Grande do Sul, el estado en que se originó, la identidad regional o estadual está construída sobre los aportes de los inmigrantes italianos y alemanes. La identidad gaúcha es muy fuerte y permite construir una imagen de esta región radicalmente diferente de la del resto de Brasil -construída principalmente sobre la mezcla de las tres razas (blanca, negra e indígena) y el consiguiente sincretismo cultural.

Caramelos que serán repartidos entre los concurrentes

Rio Grande do Sul es un estado bisagra entre Brasil y el Plata, y su élite cultural suele encontrar más afinidades con Buenos Aires y Montevideo que con Río de Janeiro. Incluso existió (aún lo hace) un movimiento segregacionista que pretendía separar a esta provincia del resto de Brasil. Pero como consecuencia de esta imagen ideal del estado, la comunidad afro-riograndense siempre ha sido invisibilizada y sus aportes culturales no han sido incorporados a lo que se considera “cultura regional” –de manera similar a lo que sucede en Argentina y solía suceder en Uruguay, aunque en este país la situación está cambiando.

Saludando a los orixás antes de comenzar

Por este motivo, la religión de origen africana que se desarrolla en Rio Grande, el Batuque, ha sido ignorado –en ese estado y en todo Brasil- pese a su importante presencia en la economía religiosa local y a su exportación masiva hacia Uruguay y Argentina. A diferencia del candomblé, no se ha desarrollado “cultura” (secular) a partir de esta tradición religiosa. Sus orixás (casi los mismos que los del candomblé) no han sido incorporados a la música popular, y su música y sus danzas no trascienden los recintos cerrados donde se ejecutan durante las ceremonias religiosas. No hay grupos folklóricos que las hagan en escenarios ni profesores que las enseñen en sus clases. No han pasado para el lado de la cultura secular, sino que se mantienen como formas exclusivamente religiosas.

Invocación a los orixás al comienzo de la ceremonia